Cuando olvidé tu Nombre

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Sinopsis

Adrian Blackwell lo tenía todo: poder, riqueza… y un pasado que lo perseguía en silencio. Elias Rivera lo tenía todo menos eso: amor verdadero y una vida sencilla que parecía demasiado frágil para el mundo que lo rodeaba. Cuando sus caminos se cruzan, el destino los une en un lazo intenso e inevitable. Pero, ¿qué pasa cuando el recuerdo se rompe y el amor se desvanece? LGTB Omegaverse

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Eliam Huron
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo 1 – Destinos entrelazados

La universidad bullía de voces, pasos apresurados y hojas sueltas que volaban con el viento. Entre todo ese caos estudiantil, él estaba ahí: Adrian Blackwell, el alfa de la familia más influyente de la ciudad, rodeado de amigos y miradas curiosas que lo seguían a donde fuera. Elegante, seguro de sí mismo, con ese aire de quien nunca había necesitado esforzarse demasiado para tenerlo todo.

Elias Rivera lo vio por primera vez en la biblioteca, mientras cargaba un montón de libros más grandes que su propio bolso. No había nada especial en aquel día, salvo la sensación incómoda de ser observado. Alzó la vista y lo encontró: Adrian lo miraba fijamente, como si algo lo hubiera detenido en seco.

Elias bajó los ojos enseguida, incómodo. Sabía quién era Adrian, todos lo sabían. Era un mundo ajeno, un lujo lejano. “No tiene nada que ver conmigo”, se dijo en silencio, volviendo a sus apuntes.

Pero Adrian no apartó la mirada. Algo en el aroma de Elias lo había golpeado con fuerza, como un recuerdo que nunca había vivido. Su corazón, acostumbrado a latir con calma y control, se aceleró de golpe. Era absurdo, irracional… y sin embargo, inevitable.

Días después, volvió a encontrarlo. Esta vez en un pasillo desierto, donde Elias buscaba a toda prisa su salón de clases. Adrian se acercó con paso firme, sus ojos brillando con una seguridad que solo escondía desconcierto.

—Tú… —murmuró, casi sin pensarlo—. ¿Cómo te llamas?

Elias lo miró como si lo hubiera insultado. Sus mejillas se encendieron, no por atracción, sino por la absurda diferencia entre ellos.

—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó con cautela.

Adrian sonrió, esa sonrisa que tantas veces había usado para conquistar, pero que ahora temblaba de verdad.

—Porque desde que te vi, no puedo dejar de pensarlo.

Elias dio un paso atrás, negando con la cabeza.

—No me confundas con alguien que puede interesarte. Soy de clase media, vivo en un departamento diminuto con mis padres, y apenas me alcanza para estudiar aquí. Tú… —lo miró de arriba abajo, con esa elegancia imposible de ocultar— eres todo lo contrario.

Adrian guardó silencio. Nadie jamás se le había enfrentado así, nadie lo había mirado sin admiración o interés. Y sin embargo, en lugar de sentirse herido en el orgullo, sintió algo mucho más peligroso: fascinación.

—Precisamente por eso —susurró—. Porque eres lo contrario a todo lo que conozco.

Elias se quedó helado. Hubo un instante, fugaz, en el que sus miradas se encontraron de verdad. El tiempo se detuvo. Y aunque ninguno de los dos quería admitirlo, lo supieron: algo los había marcado desde ese momento, como una cuerda invisible que tiraba de sus corazones en direcciones opuestas y, a la vez, irremediablemente hacia el mismo destino.