Capítulo 1
Capítulo 1 – Lo que Dejaste Atrás
“Dicen que la vida es un chiste cruel disfrazado de milagro.
Yo solía reír. Ahora... solo trato de seguir respirando.”
Soy Peter Parker.
Algunos me conocen como Spider-Man. Otros, como el tipo que siempre llega tarde a todo pero eso de igual
Pero para una persona muy pequeña en este mundo, soy algo mucho más importante: ya que soy papá.
No fue planeado. No fue parte del guion de superhéroe.
Pero cuando Mary Jane me dijo que estaba embarazada, sentí que el universo entero se detuvo, que todo el ruido de Nueva York se calló por un instante.
Me asusté. Y luego sonreí. Porque por primera vez pensé que la vida me estaba dando algo hermoso sin cobrarme un precio.
Le pusimos Mayday a nuestra hija
Una risa chiquita, un cabello rojizo como el fuego de su madre, y unos ojos que me recordaban que, sin importar lo que pasara allá afuera, yo tenía un motivo para pelear.
Pero el mundo no suele dejar que la alegría dure.
Un día, Mary Jane ya no estaba en casa
no fue por una pelea, ni una lágrima... solo una carta
Cuando la fui a revisar esta carta decía:
“Lo siento, Peter. No puedo con esto. No puedo con ella. No puedo contigo. Cuídala. Cuida de ella mejor de lo que yo pude. – MJ”
Intenté contactarla. Llamadas, mensajes, amigos en común
Pero Nada.
Fue Como si el viento se la hubiera llevado.
Durante semanas me repetí que era temporal, que volvería, que había algo más detrás de todo esto.
Pero entonces llegó un mensaje. Fue alguien anónimo, no supe quien era ya que después me apareció como contacto borrado, pero lo que venía en eso era Una foto donde se mostraba a ella . Ella, besando a un hombre que no conocía. Pero el que puso el mensaje parecía que si ya que me dijo su nombre....Paul.
Y otra línea de texto que me partió en dos cuando puso:
“Ella ya tiene otra vida. Supéralo.”
No grité.
No lloré.
Solo me quedé ahí, sentado, con el teléfono en la mano, sintiendo que mi pecho se vaciaba.
Lo peor no fue la traición.
Lo peor fue que por un segundo... quise odiarla.
Pero no podía. No podía odiar a la mujer que me dio a Mayday.
Así que seguí adelante.
Y tuvo un sacrificio....Colgué el traje.
Me convertí en padre a tiempo completo.
Con la ayuda de mi tía May, aprendí a cambiar pañales a las tres de la mañana, a calentar biberones sin quemarlos, a cantarle bajito para que no llorara.
Y de alguna forma, en medio de todo ese caos, la vida volvió a darme algo extraño.
Un trabajo.
Bien pagado.
Demasiado bien pagado para alguien como yo.
No decía que no, claro. Pero cada vez que veía mi cheque, algo dentro de mí se preguntaba: ¿Quién me está ayudando? ¿Por qué?
Quizá debería haber buscado las respuestas.
Pero entre turnos de trabajo y noches sin dormir, uno aprende a aceptar los pequeños milagros sin hacer demasiadas preguntas.
Así que mi vida empezó a estabilizarse poco a poco
La cuenta de ahorros creció
Pensé en comprar un auto.
Pensé en llevar a Mayday de viaje, en que viera la playa por primera vez.
Pensé en que, tal vez, podría volver a ser Spider-Man algún día, cuando ella fuera un poco más grande y quien sabe, si ella sale como yo quizás le pueda enseñar como una posible heredera. Pero la verdad prefiero que sea normal para así no tenga la suerte que tuve antes de tenerla
Por un momento, me sentí... feliz.
Cansado, agotado, ojeroso, pero feliz.
Hasta hoy.
La tarde estaba cayendo cuando llegué al apartamento.
Las luces estaban apagadas, pero eso no era raro; tía May siempre cuidaba de Mayday mientras yo trabajaba, y a veces se quedaba dormida en el sillón con ella en brazos.
Pero el silencio era demasiado pesado.
El aire se sentía... roto
Peter—¿Tía May? —llamé, dejando las llaves sobre la mesa.
Nada.
Avancé un paso y el corazón me dio un vuelco.
Mi tía estaba en el suelo, respirando, pero inconsciente.
Corrí hacia ella, arrodillándome a su lado, chequeando su pulso.
Estaba bien. Aturdida, pero viva.
Entonces lo vi.
Un papel en el suelo que estaba Doblado con cuidado, como si alguien lo hubiera dejado allí para que yo lo encontrara.
Mis manos temblaban cuando lo abrí y leí
“Si quieres volver a ver a tu hija, ven solo.”
Debajo de la frase, una dirección.
Un lugar que reconocí al instante.
Un almacén abandonado en la zona industrial.
Mi respiración se volvió hielo.
Sentí cómo mi cuerpo entraba en modo automático.
Revisé la casa.
La cuna estaba vacía.
Las mantas tiradas al suelo.
Mayday ya no estaba allí.
El rugido que me salió del pecho fue ahogado, como si el dolor me estrangulara.
Por un instante pensé en llamar a la policía.
Pero entonces recordé la nota.
“Ven solo.”
Mis manos se cerraron en puños.
No sabía quién estaba detrás de esto.
No sabía qué querían.
Pero si creían que podían tocar a mi hija y salir ilesos... estaban a punto de aprender qué tan peligrosa puede ser la araña cuando tocas su telaraña.
Respiré hondo.
El Peter Parker cansado, roto y agobiado desapareció.
El Spider-Man que había colgado el traje, regresaba.
Pero esta vez no sería por Nueva York.
No por la justicia.
No por los inocentes.
Esta vez, sería por ella.
Por mi hija.
Y que el mundo arda si alguien intenta impedirlo.
CONTINUARA
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