I — EL ECO DE UN NOMBRE
CREADO:SEARDKAZATO
CRONICAS DE UN VACIO ENCENDIDO
I — EL ECO DE UN NOMBRE
Hay nombres que no se pronuncian en voz alta porque el mundo tiembla al recordarlos.
El nombre de él era Aren.
Pero pocos lo decían ya.
Y aun menos se atrevían a hacerlo frente a frente, bajo la mirada de esos ojos opacos que parecían dos lunas muertas suspendidas en un cielo sin estrellas.
Aren.
Un nombre que alguna vez significó “chispa”, “vivo”, “aquel que camina con fuego”.
Ahora solo significaba hueco, fractura, memoria rota.
Lo llamaban Aren el Deshabitado.
No por crueldad.
Sino porque, al mirarlo, cualquiera podía sentirlo: en su pecho no había un corazón latiendo, sino un agujero en expansión, una grieta hambrienta que parecía tragarse todo lo que él había sido.
Pero nadie nació vacío.
Ni siquiera él.
Hubo un tiempo —lejano, casi un mito— en que Aren reía.
En que corría atravesando los arrozales del Valle Obscuro, brincando sobre los muros rotos, cargando del brazo a una joven de mirada suave y sonrisa de verano tardío.
Esa joven se llamaba Lira.
El mundo de Aren comenzó en ella.
Y en ella también terminó.