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LA ENMIENDA DEL SR. WYATT || ESCORPIÓN #1

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Summary

Su nombre era pronunciado en voz baja para no llamarlo y su imagen era obligada a borrarse de las memorias para no desearlo. Josiah “Escorpión” Wyatt era un criminal despiadado y sin conciencia. Un mafioso que se creía dueño de esta ciudad y de cada cosa en ella. Él era la tormenta en la calma y el diablo en la tierra. Toda mi vida hice lo necesario para no tener que verlo con mis propios ojos, evitando los lugares donde él estuviera y manteniéndome bajo perfil. Siempre alejada de los problemas y de los tipos malos como él. Pero un día él llego a mi. Mi tía le roba dinero y él decide hacer lo que siempre hace, hacerla pagar con su vida ese error. Pero por alguna razón él acepto tomar una garantía de pago sin ninguna fecha limite y perdonar todo. El problema era que la garantía de pago que pedía era yo. __________ Historia original de la autora Milly Pire., por lo tanto no se admite ninguna copia o adaptación de la misma, ya sea parci al o total. Esto es un borrador, así que es posible que encuentres varios errores ortográficos.

Genre:
Erotica / Romance
Author:
Milly Pire
Status:
Complete
Chapters:
44
Rating:
4.8 44 reviews
Age Rating:
18+

PRÓLOGO

POV AINSLEY

2005

La puerta se abrió y salté a cubrirme con la cobija antes de que mamá me viera despierta, no quería que también me castigara. Conteniendo mi respiración, apreté mis ojos con más fuerza y deseé que no me viera.

Esperé a que mamá se fuera, pero en cambio se acerco a mi cama y pude sentir como el colchón se hundía con su peso. —Ainsley...

Pero no era la voz de mamá la que me llamaba, era la voz de mi hermana. Ella estaba aquí.

Destapé mi rostro con lentitud, porque aunque la lampara seguía encendida la sombra que rodeaba a mi hermana me hacía querer retroceder un poco lejos de ella. Pero ella se acerco más y bajo la cobija que tenía aferrada en mis manos, protesté pero mi queja quedo atorada en mis labios cuando me atrajo hacía su cuerpo. Sus hombros temblaban pero no estaba llorando, ¿también tenia miedo como yo? Ella siempre era tan valiente como la princesa que peleaba con el monstruo, mi hermana no le tenía miedo a nada. Solo le tenía miedo a mamá, pero todos le tenían miedo a mamá.

—Ainsley, tienes que escucharme bien. —susurro en mi oído, se separo de mí y miro hacia la puerta con rapidez antes de tomar mi mano y apretarla entre las suyas. Me quejé un poco cuando su fuerza hizo que mis dedos dolieran entre su agarre, pero ella lo ignoró y no soltó mi mano. Había humedad alrededor de sus ojos y su rostro estaba pegajoso, sus pestañas estaban llenas de lágrimas enredadas en sus pequeños vellos, justo como se veían mis compañeros de escuela cuando hacían una rabieta llena de lágrimas y mocos. ¿Entonces, si tenía miedo?—Saldré al pasillo un momento, pero en cuanto grité y tú lo oigas tienes que...—se detuvo y tomo una respiración, pasando su mano temblorosa por mi mejilla con suavidad. — ¿Harías algo por mí?

Haría cualquier cosa por ella porque la amaba. Eso era el amor, ella lo dijo una vez. Amar era hacer cosas para que la otra persona estuviera bien, aún cuando eso te afectará a ti. Sea lo que sea que significaba podría captarlo y lograrlo.¹

— ¿Qué quieres que haga?—pregunte, esta vez mi voz salió demasiado alta y ella abrió los ojos mucho antes de poner una mano en mi boca. Se detuvo un segundo y miro a la puerta, presionando su dedo en su propia boca en señal de silencio. Me sentí culpable, no quería que mamá descubriera que estaba despierta por mi culpa. No quería verla así, haría cualquier cosa para evitarlo.

—Iré al pasillo y cuando grité tienes que salir de la cama y correr con todas tu fuerzas. —ordeno, lágrimas inundaron sus ojos de nuevo y mi próxima pregunta debía ser el porqué de su dolor, pero no me atreví a hacerlo porque no quería que se enojará más conmigo. Bajo su mano de mi boca y limpio su mejilla.

— ¿Por qué tengo que hacerlo?—pregunté, frunciendo el ceño. ¿Estaba soñando de nuevo con quedarme jugando hasta tarde con ella? Debía ser un sueño, desde hace unos días ella estaba enojada con todos y dijo que no me pediría nada más cuando no quise darle uno de los chocolates que me trajo el amigo de mamá, Richard.

— ¿Recuerdas el maratón que vimos en la televisión sobre correr?— asentí, esperando una pregunta sobre ello. Me gustaba cuando jugábamos a preguntas y respuestas con mamá, aunque ella siempre ganaba por saber más que yo— ¿Qué cuando más corrías tu cuerpo más fuerte se volvería? —preguntó ella de nuevo, en voz baja. Asentí por segunda vez, lo habíamos visto la semana pasada en Discovery, junto con mamá y Richard. — Pues, eso es lo que queremos. Corre y sal de casa. Luego nos encontraremos en el parque y jugaremos mucho, ¿te gusta la idea?

Dije que haría lo que me pidiera, pero eso era imposible. ¿Podría amarla sin hacer lo que ella pedía? Yo no me quería ir. Tenía sueño aún y además, era de noche. Estaba oscuro, habían monstruos allá afuera, tenía mucho miedo. Y mamá se enojaba cuando estaba en el patio hasta muy tarde, siempre dice que puede haber algo peligroso o puedo pescar un resfriado.No quería que mamá se enojará conmigo, pero tampoco quería ver a mi hermana triste. Quería volver a verla sonreír como cuando papá estaba aquí y todos nos quedábamos acostados en el jardín hasta tarde los viernes, buscando formas en las nubes y comiendo patatas fritas. Desde que papá se mudo con la abuela para cuidarla, tampoco lo había visto sonreír mucho.

— ¿Y mamá?— le cuestioné, poniendo mis brazos en jarras aún sentada. — Mamá se va a enojar y sabes que nos castigará a ambas. No me hagas ir afuera.

—Ella estará bien, ahora has lo que te digo. —dijo, con voz dura. Hizo un ademán con la mano, restándole importancia. Miro a la puerta durante muchos segundos. Un segundo, dos segundos... ¿más de diez segundos? hasta que volvió a mirarme y un sollozo salió de ella, aún no me atrevía a preguntar porque estaba llorando. — Por favor. Te lo pido, por mí. Si no lo haces estaré muy triste.

—Pero…

—Ainsley. —me cortó, con un ceño fruncido. Siempre se enojaba fácilmente. Mamá repetía constantemente que así era la adolescencia y que yo sería igual que ella algún día, solo que yo quería ser como ella ahora. Algunas veces me gustaba como era mi hermana, linda e inteligente. Soltó mi mano y tomo mi cara en las suyas. — Si no corres le diré a mamá que fuiste tú la que quebró una de las vasija de plata que le dio la abuela, y no el gato como siempre habías dicho. Te castigará y no podrás salir hasta que te gradúes de la escuela.

¿Hasta que me gradué de la escuela? Eso era demasiado tiempo...

Mis ojos se abrieron con horror. Kinsley no mentía, mi hermana no lo hacía. Mamá amaba esa vajilla y si se enteraba que la causante de su destrucción había sido yo estaría castigada y no iría a la casa de Mallory para su cumpleaños. Ya tenía el vestido para ello. Y todos mis amigos de la escuela irían. Mamá había prometido que me llevaría a comprar su regalo mañana. Era injusto y Kinsley lo sabía, ¿seguía enojada por lo del chocolate y por eso me estaba haciendo esto?

—Me castigará. —le dije, como si ella no lo supiera. Intentando poner un puchero, la miré. Siempre funcionaba. Kinsley siempre trataba de ayudarme cuando lo usaba, solo que esta vez ella no desistió de su idea.

—Entonces, has lo que te digo. Si no lo haces se lo diré, ¿vale? —dijo, con voz suave, esperando mi respuesta. Con inseguridad, asentí. — Recuerda lo de nuestra promesa. Cuando grite, tú corres. ―extendió su dedo hacía mí con una sonrisa que no le llego hasta los ojos, como lo hacía siempre siempre ― ¿Pincky Promise?

Asentí rápidamente, arrodillándome en la cama y extendiendo mi dedo hacía ella para unirlo. ―Pincky promise.

No estaba del todo segura, pero si no lo hacía podría estar castigada. Me soltó y se puso de pie. Sus ojos se estaban entornando mientras se daba la vuelta y caminaba a la puerta. De vuelta a la oscuridad, ¿por qué iba hacia ella?

—Kins, tengo miedo. —susurre, apretando mi cobija de nuevo en mis manos.

Eso la detuvo en su camino. Se giró y permaneció así unos instantes de nuevo, totalmente quieta. Me estaba asustando, ella estaba actuando extraño. Hasta que corrió con suavidad hacia mí y me atrajo hacia ella, aplastando mi cuerpo contra el suyo y acariciando mi cabello. Sus manos temblaban, una vez me confesó que eso pasaba siempre que el miedo la envolvía y se veía sin salida, y que se detenía cuando tomaba un vaso de leche. Quizás ahora va en dirección a buscar uno en la cocina. ¿Debería pedirle uno para que mi propio miedo se fuera?

—No hay nada que temer, tontita. Todo estará bien. —dijo con sus brazos aún en mí, sus hombros temblaron y cuando dejaron de hacerlo se apartó. Sus ojos estaban húmedos, y algunas lágrimas rodaban por su mejilla. — Tú recuerda que te amo, Ainsley. Y mamá y papá también lo hacen, sin importar lo que pase o lo que alguien diga, todos lo hacemos. Eres y siempre amada en la vida por muchas personas, aún cuando no estemos. Serás el ángel de muchos desafortunados que buscaran ese brillo en tu corazón para iluminar la oscuridad que tanto temes y que hay en sus almas. Nunca dejes que nadie te deje en la oscuridad, porque tu eres luz. Recuerda eso siempre, hermana. Nunca aceptes algo menos que eso, nunca aceptes lo malo cuando mereces lo bueno.

No entendía del todo estas palabras, pero podría recordarlas. O al menos, lo intentaría. Ahora había otra cosa que me hacía sentir curiosidad.

— ¿Por qué estas llorando? —pregunte con tono acusatorio, si no había nada que temer no debería estar llorando. Por primera vez, no le creía que no pasaba nada. Nunca me decían nada, mamá siempre me dejaba fuera de todo. — ¿Qué tienes?¿Te duele algo?¿Quierés que llame a mamá?

Ella no respondió. Simplemente, me dio un beso en la frente paraluegolevantarse, dejando un agujero en el colchón donde su rodilla se había presionado. Seguí su figura en la escasa luz, mientras ella caminabaa la puerta. Apreté de nuevo mi cobija contra mi pecho y respire por la nariz, intentando que el dolor de pánico en mi estomago se fuera.

—Pronto amanecerá y podrejugar en el patio. —me dije, sintiendo como mis manos temblaban.—Plantaré nuevas flores en el patio.

Mamá tenía un hermoso jardín, papá lo había comenzado para ella antes de mudarse aquí. Ella amaba las flores, ella siempre sabía como hacerlas crecer y decía que crecían con su amor. Yo estaba creciendo con el amor de todos, cada día me sentía tan alta como esos girasoles que cultivo el año pasado. Sí, me encargaré con mamá de hacer crecer ese jardín.

De nuevo, alguien grito y me apreté contra el marco de la cama. ¿Cuando acabaría la noche? Mis ojos picaban, mi estomago rugía por el miedo y mi cuerpo estaba temblando.

Un estruendo se oyó en la otra habitación. Solté un grito pequeño, respirando con pesadez y sintiendo como mis ojos parecían comenzar a humedecerse. Mi hermana dijo que todo estaría bien, quería creerle. Sentía que debía creerle.

Otro grito y salté, saliendo de la cama.

— CORRE —grito la voz de mi hermana, sonando mal desde algún lugar de la casa. Cada vez más lejos, dejándome lejos...— AINSLEY, CORRE

¿Debía hacerle caso?

Sin pensarlo, corrí a la puerta. Si no lo hacía le diría a mamá y no quería eso. Mire por el pasillo, todo estaba en silencio y oscuro, pero ignore eso junto con las siluetas que en la oscuridad parecían monstruos. Me aleje de ellas, tan lejos como había escuchado a mi hermana antes. Corrí a las escaleras y baje a toda velocidad. Era diez escalones, tantos para mis piernas cortas y aún así logre llegar abajo. Tan pronto como lo hice corrí a la puerta que daba al patio, insegura si debía hacerlo o no. Pero había un pestillo en ella y era muy alta para mi cuerpo de baja estatura Mamá lo ponía para que no entraran ladrones, pero los ladrones eran altos y podrían quitarlo fácilmente. Debía decirle eso cuando despertará, los ladrones podrían intentar quitarlo.

Podría tomar la escoba, pero estaba en el patio y Kinsley dijo que saliera rápido y corriera aún más rápido.

De pronto, una idea ilumino mi cabeza. ¿Y sí no le hacía caso y me escondía hasta que ella saliera y podría ir tras ella?

La oscuridad me daba miedo. No cualquier tipo de oscuridad, la oscuridad de la noche. A veces, cuando no tenía sueño y mamá se iba luego de contarme un cuento para dormir, podría oír el susurro de los monstruos mientras conversaban. O quizás, mientras devoraban niñas como yo. Mamá siempre dice que los monstruos son las personas, pero he visto a personas realmente lindas. Otras no tanto, pero son amables y eso de alguna forma los hacían lindos. ¿Cómo podría convertirse una persona en un monstruo solo por su forma de ser? ¿Les saldrían escamas y cuernos?

—Pequeña mía. —susurro una voz detrás de mí, haciéndome saltar. Giré, reconociendo al instante la voz de mi papá y la seguí, aunque estaba aún más oscuro. ¿Venía desde la cocina?

— ¿Papi? —lo llame, pero no veía nada. La oscuridad era la única cosa que veía, ¿podía ver la oscuridad o debía decir que no veía nada? Hasta que finalmente prendió el pequeño foco en la sala y pude verlo. Camine hacia él con cuidado y haciendo un mohín en mis labios. — Papi, tengo miedo. Mamá y Kinsley estaban gritando y yo estaba sola. ¿Podremos ir a ver que les sucede?

Él me hizo una señal para que caminará a sus brazos y cuando lo hice me alzó en ellos. Apretándome en un abrazo de oso como lo había hecho Kinsley hace pocos minutos. ¿Qué pasaba con todo el mundo dándome abrazos? Hoy no era mi cumpleaños. Quizás, más tarde podría subir y abrazar a mami también. Ella era la única que faltaba por abrazar.

—Lo sé, pequeña. Ahora todo estará bien. —susurró en mi cabello y plantó un beso en mi mejilla luego. —Papi esta ahora contigo, siempre lo estará. —dijo, y me soltó de nuevo. Dejándome de pie en el suelo. Su cuerpo se estremecía como si estuviera llorando. La última vez que lloró fue cuando el abuelo murió, ¿Había muerto la abuela ésta vez?. Me acerque para abrazarlo de nuevo, pero me detuve cuando un sonido me hizo tener aún más miedo. Mire sus manos, en ellas había una pistola como la que usaba el amigo de mamá. Pero Richard era policía, papá no.

— ¿Papi, qué es eso? —pregunte enojándome, él no podía tener eso. Crucé mis brazos sobre mi pecho y lo miré — Mamá dice que no es bueno tener esas cosas y además, tú no puedes usar eso. Es sólo para hombres malos y policías, y tú no eres uno de ello…

Un explosión ocurrió y solo pude ver como papá me señalaba con el arma antes de que un grito saliendo de mis labios haciéndome detener mis pasos. Silencie mis palabras cuando un dolor profundo se centró en mi estómago y el sonido que escuche antes volvió a oírse, pero esta vez más cerca. Mucho más cerca. ¿Un monstruo? ¿Estaba comenzando a devorarme? ¿Era su cena de la semana? ¿O simplemente, me había resfriado?

—Lo siento, princesa, yo no estoy bien. ―negó, pasando sus manos por su rostro. —Te amo tanto. Solo que no puedo parar, necesito acabar esto. Las voces son fuertes y necesito hacer lo que dicen para que paren. Te amo. Te amo. Te amo. Las amo a las tres. —susurró papá, estaba llorando. Lo sé porque sus labios temblaban mientras hablaba, haciendo que no entendiera bien sus palabras. Y su cuerpo parecía temblar también. Quise decirle que no llorara, que estaría bien. Que siempre que me dolía la panza mamá me cuidaba y que en el estante de la cocina había medicina, pero de nuevo el sonido y el dolor volvieron a aparecer en otra zona. Esta vez mi pierna dolió tanto que tuve que caer al piso. Dolía mucho. Era como las quemaduras que me hacía cuando hurgaba en la cocina, pero éste era más doloroso. Un sollozo salió de mí y quise gritar tanto, pero papá podría tener miedo. Así que solo me abrace y lloré en silencio, apretando mis labios mientras el dolor se hacía más fuerte.

—Papi, duele mucho...—solloce, lágrimas estaban cayendo y aún así el dolor no paraba. Seguía allí, aferrándose a mí y extendiéndose por todo mi cuerpo con rapidez. Quemaba y ardía. ―Mamá tiene jarabe y...

Un sonido volvió a resonar y luego papá cayó en el suelo, un líquido negro salió de su boca y su cabeza. No, no era negro. Era rojo. Solo que mi vista se hacía cada vez más frágil. Mis sollozos aumentaron, pero si me movía dolería aún más.

—Papi...― lo llame, sin moverme para que no me doliera más. ― Despierta, papi... tengo miedo. Tengo mucho miedo...

No quería estar sola, mi hermana vendría y me daría jarabe para mi dolor.

Me sentía cansada, adolorida y sorprendida. Podía sentir un líquido corriendo por mi cuerpo, empapando mi pijama y me encontré preguntando si mamá se enojaría al verme mojada. Me castigaría y Kinsley se enojaría por no haberle hecho caso. Pensaría que no la amaba por no hacer algo por ella.

De repente, el dolor cesó. Mi cuerpo se sintió como si hubiera durado todo el día en la piscina y estuviera florando, por eso mis ojos comenzaron a cerrarse. Tenía sueño, estaba tan cansada. Todo se volvió negro, pero esta vez no les temía a los monstruos, la oscuridad se volvió calma y pacífica. La oscuridad me abrazo y estuve cómoda con ella. Todo era paz e indoloro. Un lugar tranquilo y hermoso.


Registro 25/05/2005:

«Un siniestro crimen se registró la madrugada de este viernes en el sur de Alabama. Cobrando un saldo de tres muertos y un herido, llevado a cabo por uno de los muertos de este lamentable hecho que luego de haber acabado con la vida de sus víctimas decidió acabar con la suya.
La policía del condado de Alabama dio un registro de la identificación de las víctimas como: Kinsley Paisley (15), Bretanny Stanford (39) y Arthurt Paisley (42); mientras que Ainsley Paisley (05) se encuentra recluida de gravedad en cuidados intensivos tras ser herida con arma de fuego en el tórax, hombro y pierna. Hasta el cierre de nuestra edición aún no hay avances en la recuperación de la única sobreviviente del círculo familiar.
Se maneja como un crimen pasional, luego de que Paisley entrara en la casa asesinando a sangre fría a la madre de sus hijas y su ex esposa, para luego hacer lo mismo con sus hijas. Finalmente, poniéndole fin a su vida tras suicidarse. Familiares cercanos afirman que Paisley había estado luchando contra la esquizofrenia que padecía desde joven, agudizándose luego de la ruptura de su matrimonio.»

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