Historias Cortas

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Summary

🔥🔥 🔥HISTORIAS CORTAS🔥🔥🔥 ¡Sí! ¡Al azar como el infierno! 🤣 ¡No! No estarán editadas. 😅 ¡Sí! ¡Básicamente es SMUT en ESTEROIDES! 🥴 ¡No! No actualizo esto regularmente. 😬 Como siempre, disfruten 😈

Genre:
Erotica / Romance
Author:
Eliyang
Status:
Ongoing
Chapters:
4
Rating:
5.0 2 reviews
Age Rating:
18+

DULCE O TRUCO

Copyright © 2021 Eliyang Reservados todos los derechos.



DULCE O TRUCO


Tres fuertes golpes en la puerta rompieron el silencio.

—¡Dae, date prisa, mujer, se está haciendo tarde! — Esa era Aanya, mi compañera de cuarto, llamando a nuestro baño compartido por quinta vez. Ella estaba a punto de abrirlo de una patada.

«¡Mujer cavernícola!».

Ese era en realidad su disfraz este Halloween. Muy apropiado

—¡Solo un minuto más y me meteré en la ducha! Un, minuto, más… —le grité mientras movía cuidadosamente la navaja.

—¿Qué mierda estás haciendo?

—¡Afeitándome a la dama!

—¿Qué mierda?

—¡El coño! Me estoy afeitando la grieta. ¡Dame un minuto!

—Mujer, ¿por qué? Déjalo, tenemos que irnos. Muévete. —Aanya estaba más que molesta.

—¡No puedo hacerlo! Si lo vas a usar, mejor aféitalo, eso es lo que siempre digo —mencioné y volví a concentrarme en mi tarea. Ella se rió, pero pude escuchar en su risa un tono que decía “voy a matar a esta puta”. ¡Qué se joda! Tenía una maldita misión esta noche.

—¡Vete a la mierda! —me gritó.

Solo me afeitaba así si planeaba sacar a pasear a esta perra. Y, oh, será mejor que consiguiera una polla hoy porque realmente la necesitaba. Tenía la pierna apoyada en el lavabo y le estaba rezando a todos los dioses para no cortarme el pescado como si fuera un jamón de deli.

—Apuesto que quienquiera que te folles esta noche estará medio borracho, y demasiado apurado como para notar el arbusto, termina ya, mujer.

—¡Ja! ¿Y dejarlo medio peludo? ¡Ahora, esa será una noche que no olvidará! —Me reí ante la idea y volví a concentrarme.

«¡Ya casi! Solo el culo…».

—¡Estamos tarde! Si no te quisiera tanto, habría dejado tu trasero medio afeitado aquí.

—Pero me amas. ¡Soy tu mujer favorita! Saldré pronto, mamisonga.

—¡Arggg! —La escuché alejarse. Pasé la navaja por última vez antes de lavarla y bajar la pierna. Después de tirarla en mi canasta, dí un paso atrás y miré todo el combo en el espejo.

—Sí, eso servirá. Vamos a limpiarte, —dije en voz alta. No sé por qué le hablaba a mi coño a veces. Me metí en la ducha y me lavé el cuerpo lo mejor que pude en cinco minutos.

Íbamos a una fiesta de disfraces de Halloween de la universidad. Había sido una semana loca y era la primera vez que podía dejar mi escritorio en tres meses. El último año de la Escuela de Arquitectura me hizo trabajar como una esclava. Me había roto la espalda con este proyecto durante casi un año y, finalmente, estaba casi terminado.

¡Las chicas planearon esta noche hace una semana y las acompañé porque necesitaba una buena cogida! Después de todo el estrés por el que había pasado, solo quería recibir una follada hasta quedar sin sentido, gritar a todo pulmón mi orgasmo y luego volver a mi puto escritorio para cortar cartón.

Como no tenía ningún disfraz por ahí ni había preparado uno, solo tomé el vestido negro más pequeño y corto que tenía y me lo puse. Debajo, un sostén de encaje y un cordón de hilo dental que me gustaba llamar tanga. Me subí a mis tacones más altos y fui a maquillarme.

Quería follar, y no me importaba mucho con quién. No iba a quedarme el tiempo suficiente para averiguar cuál era su nombre. Estar tan cerca de la graduación era motivación suficiente para no querer que un hombre causara estragos en mi vida. Puede pedirle a su mamá que cocine y limpie para él. Esta chica iba a planear su vida, ganar su propio dinero y no depender de ningún hombre.

Me miré en el espejo. Mis ojos asiáticos tenían forma de almendra, y un tono marrón oscuro. Mi cabello era negro y lacio y mis mejillas regordetas combinaban perfectamente con mi cara en forma de fresa. No estaba gorda, pero tampoco era un esqueleto.

Una fiesta de disfraces…

No tenía nada para disfrazarme. Es decir, podría decir que me vestí de prostituta, pero…. para ser honesta, eso serían todas las otras chicas allí también.

Tomé mi delineador en mis manos y lo miré antes de decidirme. ¡A la mierda! Si iba a actuar como una, bien podría llegar a la fiesta disfrazada de una. Dibujé un gran punto negro en mi nariz y luego bigotes en cada mejilla.

Aanya abrió abruptamente mi puerta.

—¿Terminaste, mujer? ¿Qué estás haciendo?

—Mi disfraz. —la miré desde el espejo mientras se acercaba.

—¿Qué eres? ¡Oh, que linda, eres una ratoncita!

—No, no soy una ratoncita. ¡Soy una rata! —grité y me giré para verla.

—¿Qué? —Los ojos de Aanya se agrandaron.

—¡Una rata! ¡Eek! —Chillé con ambas manos delante de mí como si fuera a atacarla, y fingí tener dos dientes delanteros enormes.

—¡Estás jodidamente loca! ¡Dios mío! —La expresión en su rostro no tuvo precio.

—Los ratones son demasiado lindos, ¡quiero ser temida! —dije, orgullosa de mi lógica para esta mierda de última hora que me estaba dibujando en la cara.

—Buena suerte encontrando a un tipo que pueda entenderte con lo loca que estas. —se rió, y me di la vuelta para seguir aplicándome el maquillaje.

—Oh, vamos, sabes que no quiero ningún hombre en mi vida, solo pollas. ¡Oh! Me encantan esas. —canté, hice un pequeño baile y sacudí mi trasero. Aanya se rió más fuerte.

—Vamos, rata loca, vamos a buscarte una. —Aanya tomó el suéter que yo había tomado prestado la semana pasada y salió de mi habitación. Terminé de arreglarme, me peiné y escondí un condón en mi sostén antes de irme. Justo debajo de mi teta. No estaba planeando ser la mamá del bebé de nadie. Salimos del departamento y nos encontramos con Sam y Mia en la entrada del edificio, esperándonos.

—¡Ustedes dos idiotas! ¡Hemos estado esperándolas aquí durante quince minutos! ¿Dónde estaban? —Mia gritó y caminó como un pingüino hacia nosotros. Encogí mis hombros, miré sus pies y vi sus tacones estúpidamente altos, justo como los míos. ¡Mierda! No es de extrañar por qué estaba tan enojada. A pesar de que acababa de salir por la puerta, ya me dolían los pies.

—¡La rata aquí se estaba afeitando el culo! —La maldita Aanya anunció cuando un grupo de chicos pasó caminando junto a nosotras. Me miraron y se rieron entre dientes. ¡Qué vergüenza!

—¡Más alto Aanya, la gente del otro lado del maldito campus aún no te ha escuchado! —Le di una palmada en el brazo, y ella se rió antes de pasar su brazo sobre mí, y todas comenzamos la caminata de cinco cuadras hasta nuestro destino.

Llegamos a la fiesta y encontramos justo lo que esperaba encontrar, música a todo volumen, gente borracha, vasos rojos por todas partes, gente bailando en cada esquina y ese hedor agrio a alcohol derramado. ¡Sí! Estaba en el lugar correcto.

Todo el mundo estaba disfrazado. Hubo algunas personas que hicieron un mayor esfuerzo, algunos se nota asaltaron la tienda en el último minuto y luego estaba yo, una rata de delineador de ojos. ¡Hagamos esto!

Tan pronto como entré, vi la cosa más rara que jamás había visto en una de estas fiestas. Estos idiotas decoraron el lugar y colocaron una gigantesca estatua de un monstruo peludo azul de una película infantil en la entrada.

«¿Qué mierda?».

—¡Qué demonios! —Me reí, se veía suave. Sentí curiosidad y me acerqué. Sin pensarlo dos veces, lo pinché. Tenía que hacerlo.

—¡Ay, me gusta! —Era un poco duro, pero el pelaje era esponjoso y suave. Estaba pasando mis dedos por la piel cuando la maldita cosa se movió y gritó.

—¡Booo!

—¡¡Ahhhh!! ¡Mierda! —Salté fuera de mi piel, tropecé con mis tacones de aguja y estaba a punto de caer directo a mi perdición cuando sentí que un par de fuertes brazos peludos me sujetaban por la cintura y me levantaban.

—Cuidado, princesa. —dijo con una voz profunda y deliciosa que casi me derrite. Después de que estuve lo suficientemente estable sobre mis pies, me dejó ir. Dando una rápida mirada detrás de mí, vi a la multitud de imbéciles riéndose a carcajadas. Bajé mi falda, tratando de cubrir un poco mi trasero. Yo era el blanco de la broma.

—¡Rata! —respondí, y moví a un lado mi cabello negro como la noche en un intento de hacerlo lucir decente.

—¿Disculpa? —El tipo de voz profunda se perdió con mi comentario.

—Rata, soy una rata esta noche, no una princesa. —Se rió, el sonido de su risa era celestial.

—¿Qué? ¿Nunca habías visto una rata así de rica antes? —dije con mi voz seductora y descaradamente modelé e hice un giro para él.

—Nunca en mi vida. —dijo y juro que su tono se puso serio.

«¡Ok, rayos! Ah, pues…».

—Dae, ven, —me llamó Aanya. Le di una mirada antes de regresar mis ojos a la enorme pared de pelaje azul.

—Te veré por ahí. Es imposible no hacerlo, ya que, ya sabes… —Señalé su disfraz de arriba abajo. ¿Era realmente así alto o solo era el disfraz?

—Nos vemos, Rata. —Podría haber jurado que bajó la voz. ¿Era coqueteo lo que escuché en su voz? Oh, podría conseguirme una polla monstruosa esta noche.

Me giré, sostuve a Aanya por el brazo, y fuimos directamente a la mesa de las bebidas. Nos paramos junto a ella y no pude resistir la curiosidad y miré hacia atrás. Todavía estaba allí junto a la puerta, de cara a mí. Con esa maldita máscara enorme, no se sabía lo que estaba mirando.

Me comí descaradamente a ese monstruo peludo azul y morado con mis ojos, mordiéndome los labios, imaginando cómo se vería el hombre dentro del disfraz.

Volví a mirar a Aanya y la vi hablando con un chico.

—Vengan, les traeré unos tragos, chicas. —Un bicho de fraternidad ofreció con una de esas sonrisas perfectas. Podría apostar cualquier cosa a que el tipo era un saco de mierda.

—¡Seguro! —Aanya dijo, un poco demasiado emocionada. Lo seguimos hasta la mesa y nos entregó un vaso rojo a cada una. No sabía lo que había dentro, pero tampoco me importaba. ¡Era alcohol gratis!

Aanya y yo chocamos nuestras tazas.

—¡Arriba! —dijimos lo suficientemente alto como para ser escuchados por encima de la música a todo volumen. Me preparé para beber, y mientras me llevaba la copa a la boca, un destello azul cruzó frente a mí. Cuando me di cuenta, mi bebida volaba por el aire y estaba a punto de golpear la cara de ese tipo. Vi en cámara lenta cómo nuestras dos bebidas empaparon a ese tipo y la forma en que su rostro cambió de sobresaltado a enojado en cuestión de dos segundos.

«¡Oh no! ¡Mi alcohol gratis!».

El tipo de la fraternidad tiró su vaso al suelo, enojado. Lo vi salpicar y salté, tratando de evitar que me cayera sobre la pierna.

—¡Qué carajo, hombre! —gritó y se preparó para pelear, abriendo los brazos como para decir ‘ven a mí’. Miré detrás de mí y allí estaba él, el monstruo azul peludo.

Sin escatimar una palabra, me tomó por los hombros, me levantó como si no fuera nada y me puso detrás de él. Alcancé a Aanya y sostuve su brazo, y casi tropecé con su larga cola que estaba arrastrando por el suelo. ¡Pelea! ¡Estos dos estaban a punto de pelear! ¡Oh! Será mejor que saque mi trasero de aquí.

—Chica, vamos, esta debe ser una de esas peleas de fraternidad. —Aanya dijo nerviosa.

—Sí, no vine aquí para cojer este tipo de golpes. —dije mientras me alejaba con Aanya, y vi que el monstruo abría su brazo como para decir, ‘ven y tómalo’.

—¡Quién diablos te crees que eres, hijo de puta! ¿Hm? El diota de la fraternidad dio un paso más cerca y su amigo lo agarró por el hombro y tiró de él hacia atrás. Seguí caminando, dando pasos hacia atrás sin mirar a dónde iba para no perderme la escena.

—Hombre, ese es Sullivan. Cálmate amigo.

¡Sullivan! ¡SÍ! Eso es, ese es el nombre del personaje, Sullivan y Mike... Mike... Wi-algo.

Tan pronto como el hijo de puta escuchó eso, su rostro cambió. ¡Oh, mierda! ¡Se acobardó!

—¡Ven a mí, cabrón! —respondió el monstruo, y el tipo dio un paso atrás. —¿No? ¿No tienes las bolas? Eso es lo que pensé. —La voz profunda de la bestia azul dominó la música a todo volumen. ¡Sexy! ¡Maldita sea! Si yo fuera ese tipo, estaría jodidamente avergonzado. Eso fue casi lo mismo que castrarlo en público. —¡Haz eso otra vez y te voy a joder la cara! —le escuché decir a medida que avanzábamos y luego lo perdí de vista.

Me reí de lo gallina que se veía el otro chico y me di la vuelta. Aanya y yo encontramos un buen lugar donde Sam y Mia estaban bailando con algunos chicos, y como la música era perfecta, empezamos a bailar junto a ellos. Me solté y bailé como la nerd que era.

Debo haberme visto graciosa, vestido como una cuera y bailando como un idiota. Me estaba divirtiendo sin una sola preocupación en el mundo. Al menos por una noche podría soltarme. La música cambió a uno de esos ritmos sucios que dan ganas de mover el culo y me sentí tentada. Aanya comenzó a bailar sensualmente y la seguí. Detrás de Aanya, un tipo se acercó a ella y la sujetó por las caderas. Ella siguió bailando sensualmente y él se acercó más.

«¡Ay, hombre! Acabo de perder a mi cómplice».

Mi frustración duró poco. Sentí que alguien tocaba mis caderas y cuando miré hacia abajo, las vi. Manos de monstruo azul.

«¡SÍ!».

Sin mirar atrás, seguí bailando, haciendo mis movimientos más sensuales. Lo sentí acercarse, pero no lo suficiente como yo quería. Levanté los brazos y los crucé sobre mí, manteniendo el ritmo del balanceo sexy de mis caderas.

La bestia azul tomó más de mis caderas en sus manos y me acercó a él. Mientras bailaba, podía sentir el suave pelaje de su disfraz rozar detrás y entre mis piernas.

Me di cuenta de que trató de igualar mis movimientos, así que me recosté en su pecho y dejé caer la cabeza hacia atrás. Se sentía tan bien. Tan suave y cálido, abrazable, follable. ¡Mierda! Yo era una pervertida. Quería joderlo, el personaje. Me sentí como si estuviera en un parque de diversiones y estuviera a punto de ser follada por la mascota detrás de un juego.

Perdida en esa fantasía, imaginé las luces y los sonidos de la gente gritando en una montaña rusa mezclados con mis gritos de placer. Siendo follada duro y con velocidad por esta bestia. ¡Caliente!

Hice mis movimientos más sensuales, doblando mis rodillas y apretandome fuerte contra él. Sus manos me sujetaron con más fuerza por las caderas mientras yo me inclinaba ligeramente hacia adelante, queriendo sentir el bulto creciente en sus pantalones justo entre mi trasero.

Le di un latigazo a mi cabello y solté mis caderas. Bailé con él como si lo estuviera follando y él comenzó a hacer lo mismo. Sus movimientos fueron de balanceo de las caderas a embestidas sexuales. Nuestros cuerpos se encontraron con fuerza cuando chocamos uno contra el otro en el lugar correcto. Aceleré mis movimientos con la música y lo sentí abrir más las piernas y doblar las rodillas para que su polla pudiera tocar mi culo. Me incliné más hacia adelante y él comenzó a jalar mis caderas y hacerme que chocara contra él con cada sonido de la música.

—¡OH! ¡Joder! —dijo en voz alta con una voz que sonaba más como un gemido que otra cosa. Estaba duro y podía jurar que lo sentí moverse. ¡Sí! Me iban a follar duro esta noche.

Seguimos bailando así, ya medida que la música se hacía más rápida, igualé su ritmo y aceleré mis caderas, pero él dejó de bailar.

—¡Oh, mierda! ¡Oh, mierda! —gimió de nuevo y tiró de mi vestido hacia abajo. No me di cuenta de que mi vestido se estaba levantando y él ya debe haber visto mi trasero. Hizo lo mejor que pudo para cubrirme mientras yo seguía moviéndome contra él.

De repente, la música cambió a un ritmo lento y caliente, y él deslizó una de sus manos justo debajo de mi pecho y me atrajo hacia él. Una vez más, me eché hacia atrás y me relajé contra el suave pelaje. Debo haberle arruinado el disfraz para ese entonces. Ese disfraz debía de haber tenido una gran mancha húmeda en su entrepiernas.

Mientras bailábamos lentamente, cerré los ojos y sentí que sus manos subían y bajaban por mi cuerpo, sintiéndome. Uno de sus brazos peludos me rodeó con fuerza, sosteniéndome contra su cuerpo duro. El monstruo deslizó su otra mano por mi muslo y luego por el costado de mi torso, pero nunca tocó mi pecho. ¿Estaba acaso tratando de ser respetuoso?

«¡Y el monstruo era un caballero!»

Dio algunos pasos hacia adelante y nos alejó del medio de la multitud y nos acercó a la pared. La bestia azul tuvo cuidado de mantener mi trasero sobre su erección como si quisiera ocultarla. Me aferré a él cuando básicamente me llevó a una esquina. Tenía que pararse erguido para caminar, así que me sujetó por las caderas y me presionó contra su entrepierna mientras nos movíamos. Mis tacones se arrastraron por el suelo de madera. No me importaba. Esta bestia podría remolcarme con él a donde él quisiera. Siguió moviéndose hasta que nos llevó a una esquina.

—Manos arriba. —Su voz profunda me dio escalofríos. La bestia sexy tomó mis dos manos y las colocó en las paredes antes de mover sus manos de regreso a mis caderas.

Sabía lo que estaba haciendo. Intimidad. Su ancha espalda podría cubrirme entera. Aww, no solo era grande y sexy, también era lindo.

Empecé a mover mis caderas, queriendo sentirlo, y él hizo lo mismo. Pronto volvimos al baile de follar con la ropa puesta. Chocó sus caderas contra mí, y sentí su polla en sus pantalones peludos rozarse contra mi tanga.

—¡Aahh! —gemí, y él dejó de moverse. Lo vi quitarse los guantes de disfraz y tirarlos al suelo. Una vez que sus manos encontraron mi cuerpo, comenzó a mover sus caderas nuevamente. Sus manos eran cálidas y parecían fuertes. Tal vez el hombre dentro del traje de monstruo también era una bestia en la cama.

Intenté bailar al ritmo, pero su polla dura entre mis piernas y la sensación del suave y cálido pelaje del disfraz acariciándome por todo el cuerpo me distrajo por completo. Cuando sus manos se movieron hacia mí una vez más, no se contuvo. Agarró mis dos senos con sus fuertes manos y los apretó, pellizcando mis pezones a través de la tela.

—¡Aahh! —A la perra desesperada y cachonda que hay en mí no le importaba si los demás podían oírnos. Esto se sintió tan rico.

—Joder, te necesito tanto. —Su voz estaba entrecortada. Este hombre sonaba como si estuviera a punto de correrse en sus pantalones.

—Yo también te deseo —dije con mi voz de puta y metí la mano entre mis piernas abiertas para sentir su polla en mi mano. Moví mi palma sobre el bulto peludo y gimió, echando la cabeza hacia atrás.

—¿En mi lugar? —Su voz se volvió oscura y llena de deseo. Él quería esto tanto como yo lo quería.

—No creo que pueda aguantarme hasta llegar allí. —dije con un gemido para hacerle saber que lo quería ahora.

Una de sus manos soltó uno de mis senos y viajó por mi cuerpo, metiéndose entre mis piernas. Pensé que jugaría antes de ir por el premio, pero no, de inmediato deslizó dos dedos dentro de mi ropa interior y los empapó en mi humedad.

—Joder, princesa, estás tan mojada para mí. —Respiró y deslizó sus dedos entre mis pliegues empapados, encontrando mi entrada. Sentí una ligera presión y luego un dedo grueso se deslizó dentro. Otro gemido desesperado escapó de mis labios.

—¡Ah! ¡Santa mierda! Mis uñas arañaron la pared. Por un momento, olvidé que todavía estábamos en una fiesta llena de gente. Empezó a mover su dedo hasta que se volvió resbaladizo y luego empujó el otro. Él sabía lo que estaba haciendo porque encontró mi punto G y comenzó a masajearlo. Mis ojos se cruzaron ante la sensación.

—¿Cómo se siente eso? —me susurró al oído.

—Tan rico. —Dejé escapar un gemido tembloroso y dejé que mi cabeza cayera hacia atrás. Movió sus dedos más rápido de una manera en la que sus dedos masajeaban el lugar correcto dentro de mí, y su palma rozaba mi clítoris.

«¡Un maldito experto!».

—¿Quieres que haga que te corras aquí, princesa, o quieres que te lleve a un lugar privado? —dijo sin detener los deliciosos movimientos de sus manos y el roce de sus caderas contra mí.

—¡Hazme correrme! Quiero correrme, —supliqué. Necesitaba esto.

Me acercó más a la pared, como queriendo ocultarme más y aceleró la mano. Cuatro segundos después, mis ojos estaban rodando hacia la parte posterior de mi cabeza y diez segundos después me estaba corriendo.

—¡Aahh! ¡Aaahh! —Me temblaba la pierna y mis uñas volvían a arañar las paredes en un triste intento de agarrarme a algo. Me sostuvo en el lugar, sin dejarme caer mientras mi cuerpo temblaba. Jadeé por aire cuando sentí mi coño latiendo alrededor de sus dedos. Disminuyó su movimiento y me dejó disfrutar de mi orgasmo con sus dedos todavía dentro de mí, masajeando suavemente mi punto G. Gemí con cada contracción en mis sensibles paredes. ¡Eso estuvo genial!

¡Santo cielo! Gemí muy fuerte. Apuesto a que todas las personas a nuestro alrededor escucharon eso. Sus dedos dejaron mi coño y me dio la vuelta, haciéndome mirarlo. Esos dedos húmedos acariciaron mis labios inferiores y los separé.

—Pruebalo. —La bestia ordenó. Su voz sonaba como un gemido. Metió ambos dedos en mi boca y los chupé. Mantuve mis ojos en su máscara, por un segundo olvidando que había un hombre detrás del disfraz. Por lo que sabía, Sullivan de la película de monstruos me acaba de masturvar hasta que llegue al mejor orgasmo que había tenido.

Una vez que terminé de chupar sus dedos, los pasó suavemente por mis labios y los bajó por mi barbilla. Su mano viajó por mi cuerpo y lo sentí tirar de mi vestido, cubriéndome.

—Ven, no puedo esperar más para tenerte. —Habló y antes de que terminara su oración, mi mano estaba en la suya y había comenzado a arrastrarme con él.

Me empujó entre la multitud de cuerpos sudorosos que bailaban y subimos las escaleras. Una vez arriba, comenzó a abrir todas las puertas, tratando de encontrar una habitación vacía. La mayoría de las puertas estaban cerradas con llave o ya había gente follando en ellas.

Había una larga fila para ir al baño y, cuando pasábamos, la puerta se abrió. Salieron dos chicas de él, y este hombre corpulento nos hizo entrar, ignorando las protestas de la gente en la fila.

—¡Oye, imbécil, espera en la fila! —Un tipo gritó y yo me reí. Me reí de la forma en que le importaba un carajo. Me empujó hacia adentro, cerró la puerta detrás de nosotros, me agarró por las caderas, me sentó en el lavabo y me abrió las piernas. Cuando lo vi arrodillarse frente a mí, mis ojos se abrieron como platos.

—¿Qué estás haciendo? —Mis ojos se agrandaron tanto que apuesto a que debo haber parecido una de esas caricaturas cachondas.

—Yo también quiero saborearte. —El monstruo tomó mi tanga y la movió a un lado.

—Oh, no es necesario. Ya me hiciste correrme.

—Yo lo quiero. Quiero hacerte sentir bien. —Su voz profunda me derritió.

Colocó mi taco en la parte superior del tocador y se acercó más.

—Tan jodidamente hermosa. —Alcanzó su máscara y lo detuve.

—No te la quites. —Se detuvo. Apuesto a que estaba confundido.

—Me excita la idea de que me folle un gran monstruo azul. Sí, soy así de loca. Él se rió y asintió.

—Está bien, Rata Sexy. No me la quitaré, pequeña. —Lo sentí pasar sus manos por mis muslos y abrir más mis piernas antes de que se rió entre dientes e hiciera una pausa. —Nunca pensé que quisiera follarme una rata tanto como lo quiero ahora, —se rió y yo me reí con él.

Tratábamos de tener sexo, pero no podíamos dejar de reír. Su risa sonaba tan hermosa. Respiró hondo para controlarse y levantó la máscara, lo suficiente para dejar salir la boca. Me preparé para el impacto y él pronto pegó sus labios a los míos inferiores y los chupó descuidadamente.

—¡Oh, mierda! —chillé. Era bueno, demasiado bueno. Su lengua sobre mí se sentía divina. Lamió mi entrada y luego movió su lengua hacia arriba, encontrando mi clítoris.

—¡Aaahh, joder! —Volví a gemir y sostuve su máscara. Su lengua experta lamió pequeños círculos alrededor de mi cogollo y luego lo chupó suavemente.

Alguien llamó con fuerza a la puerta.

—¡Oigan, idiotas, vayanse a follar a otro lado! —La gente seguía protestando afuera, pero a él le importaba un carajo. Yo no quería ser la razón por la que otro adulto se orine en los pantalones.

—¡Mmm! Tan rico. —Me saboreó.

—Esto se siente genial, pero olvídalo, ya me corrí, —dije con voz entrecortada en contra de mis propios deseos. Lo quería allí, devorando ese coño como un animal.

—Nah, quiero que te sientas bien, —dijo rápidamente antes de volver a comerme. Mis ojos rodaron, pero lo detuve.

—Ya lo hiciste. Fóllame ahora, quiero sentirte. —Tiré de él más para que se pusiera de pie, y una vez que lo hizo, agarré su erección por encima del disfraz.

—Ok. —Lo escuché tragar y lamerse los labios. Dios, este hombre me iba a matar.

—Date prisa, —supliqué. Quería que me follara antes de que la gente empezara a derribar la jodida puerta.

—OK. —Puso sus manos en sus pantalones y se congeló. Me quedé allí, con las piernas abiertas para él y mordiéndome los labios con anticipación.

—Ah, mierda… mmm… yo… lo siento. Nosotros... no podemos. Olvidé traer un condón. No estaba planeando…

—Está bien, tengo uno. —Anuncié, sintiéndome orgullosa de mi manera de planear por adelantado. Metí la mano entre mi pecho y le entregué la cálida bolsa de aluminio, y él se rió.

—Siempre lleva uno. Nunca se sabe, las cosas pueden calentarse cuando menos lo esperas, —expresé mis sabias palabras y él asintió.

—Ahhhhh.. pero puede que no encaje…

—¿Qué? —¿De qué mierda estaba hablando?

—No importa, lo intentaré. —Parecía convencido, pero yo todavía estaba confundida. Se bajó los pantalones lo suficiente como para liberar su verga, y tan pronto como vi su polla, jadeé.

—¡Eso no va a encajar! —exclamé en voz alta, y él se rió. Lo tenía grande como una bestia. Ese hijo de puta tenía una polla de monstruo de verdad. ¡Maldita sea!

—Lo haremos encajar, no te preocupes. —Él pensó que estaba hablando del condón. ¡A la mierda el condón! Era mi coño lo que me preocupaba.

Abrió el aluminio, se lo puso con cuidado y empezó a desenrollar. Se veía apretado en él. Joder, este hombre necesitaba una puta bolsa de compras. Eso no puede ser bueno.

—¿Qué pasa si se rompe? —Pregunté y debió notar que estaba preocupada porque terminó de rodar y tomó mi cara entre sus manos.

—Me retiraré y se acabó el juego. No te preocupes, no me voy a correr adentro, aunque el condón esté bien. Lo sacaré, lo juro. —Se subió la máscara, se acercó y me besó suavemente en los labios.

—¿Confías en mí? —Siguió besándome suavemente, y me olvidé de todo, de todas mis preocupaciones y de los malditos golpes en la puerta.

Asentí con la cabeza hacia él. No parecía ser un asno. El monstruo azul no había sido más que un caballero dulce y tierno conmigo todo el tiempo. Siguió besándome hasta que se volvió intenso, tomó mis caderas y tiró de ellas hacia él, hasta que llegue al borde del lavabo.

Se inclinó más y besó mi cuello.

—Querías que te follara un monstruo, pequeña, tu deseo está a punto de hacerse realidad. —Esa bestia caliente me chupó el cuello y supe que dejaría un recordatorio ahí para que yo pensara en él durante las próximas semanas.

Mientras continuaba besando mi cuello y sus manos se movían sobre mi cuerpo, sentí su carne caliente acercarse a mi entrada.

—¡Ahh! —Me estaba derritiendo en su calor. Se presionó contra mí con más fuerza y ​​la cabeza se deslizó hacia adentro, estirándome.

—¡Aahhh mierda! —Mis manos se aferraron sobre sus hombros, y llené mis dos manos con el pelaje azul, aguantándome de él como si mi vida dependiera de ello. Se apretó más contra mí y no se detuvo hasta llegar al fondo.

—¡Santa madre de! —Eché la cabeza hacia atrás. ¡Tan rico! Me llenó por completo.

—¿Te gusta esa polla, princesa? —preguntó con una voz oscura y entrecortada, y juro que pude escuchar que lo dijo con una sonrisa. Asentí con la cabeza repetidamente.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Joder! ¡Sí!

Se rió y me dio una estocada lenta y larga. Debió haberle parecido gracioso lo cachonda que estaba por él.

—Soy enorme y estoy duro como una roca, cariño. Necesito asegurarme de que no te duele antes de empezar a follarte —dijo mientras me daba otro empujón lento. ¡Oh! Me gustó como se escuchaba eso.

—¡Ahhh! —Estaba tan delicioso que no podía formar palabras. Vio mi pierna temblar y me la acarició.

—¿Quieres que vaya más rápido? —Mantuvo su ritmo lento y sensual y todo lo que pude hacer fue morderme los labios y asentir rápidamente.

—Aguantate de mí, —ordenó, y agarré el pelaje con más fuerza en mis manos. Esa bestia tomó mis caderas en sus enormes manos y poco a poco aceleró su paso.

—Ahh, joder, princesa, estas apretada, tan jodidamente apretada. —Se movía cada vez más rápido y yo apenas podía contener los fuertes gemidos. Hubieron más golpes fuertes en la puerta.

—¡Podemos escucharlos follar, pervertidos! —Nos gritaron y los ignoramos.

—Tu... coño… es perfecto, —murmuró entre dientes mientras me embestía. Apuesto a que él también estaba teniendo problemas para pronunciar las palabras. Puse mi mano sobre mi boca, tratando de ahogar algunos de mis propios gemidos, pero él me la bajó.

—Démosles algo que escuchar. Quiero que grites por mí. — El monstruo azul profundizó sus embestidas, y crucé mis ojos. Mi boca se abrió y los dejé salir. Grité de placer.

—¡Tan jodidamente bueno! —gruñó y mantuvo su ritmo constante. Gemí en voz alta y pronto él también. Sin importarnos un carajo.

De repente, se detuvo abruptamente, me hizo ponerme de pie, me dio la vuelta y levantó mi pierna, colocando mi rodilla en el tocador.

Vi en el espejo cómo dobló las rodillas y se colocó detrás de mí. Me iba a follar frente al espejo.

—Quiero que mires como este monstruo te destruye el coño, —dijo con esa deliciosa y profunda voz, y me di cuenta de que estaba jugando con mi fantasía. No pude contener la sonrisa y la pequeña risa que se me escapó.

Bajó la parte superior de mi vestido, junto con mi sostén, liberando mis senos. Se llenó las manos de ellos y rodó mis duros pezones entre sus dedos antes de pasar sus manos por mis caderas y deslizar su polla dentro de mí de nuevo. Esta vez, no me dio la oportunidad de adaptarme. Empezó a martillarme contra el tocador, rápido y furioso.

Nos miré en el espejo y me concentré en mis pechos rebotando con fuerza antes de que mis ojos viajaran a la sonrisa que tenía la máscara de monstruo. Me estaba follando como una bestia, pero con una linda y dulce sonrisa.

—¡Ah! ¡Eh, mierda! Mmmm… —expresé mientras mi cuerpo golpeaba con fuerza contra el pelaje. Sí, ese disfraz ya se arruinó.

—¿Te gusta eso? —cuestionó en voz baja y envolvió una de sus enormes manos alrededor de mi cuello. No apretó fuerte, solo lo suficientemente firme como para hacer que esto se sintiera más sexy.

—¡Ah! ¡Sí! —Mi pierna tembló, y él fue más rápido. Yo estaba tan cerca. En cualquier momento.

—¡Aahh! ¡Se siente bien, pequeña! —Me golpeó el trasero con fuerza y ​​supe que mañana tendría una marca allí. Mi piel ardía, pero él me la frotó. ¡Sí! Finalmente un hombre que me puede dar una nalgada adecuada.

—¡Oh, mierda! Estoy cerca. —Mis ojos se cruzaron una vez más y él debió haberlo visto en el espejo porque apretó la mano en mi cuello y se profundizó más.

—¡Ahh, pequeña, ahh, joder! —Levantó una pierna sin perder velocidad y también puso un pie en el tocador. Me metió su monstruo en un ángulo perfecto e inmediatamente dio en el lugar correcto.

—¡Aahh! ¡Ahí! ¡Joder ahí! ¡No te detengas! —gemí, sintiendo que estaba a punto de desmayarme de placer. Nunca pensé que una polla podría sentirse tan bien, tan celestial. Gemí lo suficientemente fuerte como para que toda la fiesta pudiera escucharme. Unas cuantas embestidas más y perdí la voz. Todo mi cuerpo se tensó y me vine. Me vine fuerte, pero él no dejó de follarme. Mi cuerpo perdió su fuerza y ​​me incliné hacia adelante, temblando.

—¿Te corriste, pequeña? ¿Ya te corriste, princesa? —preguntó con esa voz deliciosa, profunda y entrecortada de él mientras mi cuerpo estallaba en escalofríos. Sonaba como si él hubiese estado esperando que yo terminara para correrse.

Asentí con la cabeza y lo sentí cambiar la velocidad. Movió mis caderas hacia él y gimió fuerte antes de retirarse, se quitó el condón y se masturbó. Lo vi masturbándose rápido, tratando de correrse y me sentí mal. Me hizo correrme dos veces, y todo lo que hice fue abrir las piernas y tomarlo.

Me di la vuelta y me puse de rodillas.

—¡Oh, joder, princesa! ¿Está segura? —Sabía lo que él quería hacer, y todo lo que hice para hacerle saber que estaba lista fue asentir y separar los labios.

Puso una mano sobre mi cabeza y acercó su pene a mi cara.

—¿Dulce o truco? —Suavemente me abofeteó la mejilla con su polla húmeda antes de seguir masturbándola.

—Dulce, quiero las golosinas, —bromeé, y él se rió.

—Ok, abre la boca, —ordenó, y separé mis labios para él. Puso su cálida y esponjosa cabeza en mis labios y se masturbó más rápido.

—Has sido una buena rata. —Empezó a reír y su risa se convirtió en un gemido cuando llegó al orgasmo. Solo él se reiría en medio de su orgasmo. Sentí que el líquido espeso y salado rezumaba de su cabeza rosada y esponjosa y caía directamente en mi boca. Podía sentir su pene latir en mis labios, así que cerré mis labios alrededor de él y lo chupé.

—¡Aahh! ¡Aahh! ¡Pequeña! ¡Ah! ¡Santo cielo, princesa! —Lo vi disfrutar de su orgasmo. Acarició suavemente mi cabello mientras lo chupaba. Una vez que su pene dejó de latir, me levanté y escupí su semen en el lavabo.

«No, nunca trago».

Me abrazó por detrás y besó mi cuello.

—¡Eso fue asombroso! Gracias. —Levantó la mano y me di cuenta de que estaba a punto de quitarse la máscara.

—¡No, espera! No te la quites. —Lo detuve una vez más.

—¿Qué?

—No te la quites. No quiero ver tu cara. —confesé y me enjuagué la boca. Se acercó y puso una mano en mi cadera.

—¿Por qué? —Sonaba confundido. Moví su mano y fui a buscar papel higiénico para limpiar el desastre que hicimos entre mis piernas.

—No quiero que esto se vuelva... personal. —Me limpié y lo vi meter su polla dentro de su disfraz.

—¿Qué quieres decir? Acabamos de hacerlo… —No lo estaba entendiendo. Pensé que estábamos en la misma página. Joder, esto iba a ser incómodo.

—Lo sé, pero eso fue todo, una follada. No quiero ponerle cara a la verga. ¿Sabes a lo que me refiero? No quiero lazos. —Tiré el papel y fui a lavarme las manos.

—Yo… pensé que podríamos salir luego y conocernos. Puedo invitarte a cenar esta noche y podemos ir a mi casa… —Siguió insistiendo, y arreglé mi taco, preparándome para escapar de esa trampa antes de que quedara atascada.

—No, gracias. Mira, estoy ocupada, OK. No tengo tiempo para esto. —Señalé entre nosotros.

—Respeto eso. No tomaré mucho de tu tiempo. Es solo que siento que tenemos una conexión. No quiero que perdamos esto. —Movió su mano hacia mi y yo retrocedí.

—Aww, eres dulce, pero esto termina aquí. Fue genial, de verdad, pero se acabó. —Me encogí de hombros y caminé más cerca de la puerta donde la gente afuera seguía llamando.

—¿Tú... acabas de usarme? —preguntó, y pude escuchar la incredulidad en su voz.

—Oh, no lo diría de esa manera, pero… más o menos. ¡Lo siento! —Otro encogimiento y corrí de allí. Abrí la puerta y salí corriendo. Empujé a la gente para que me abrieran paso y empecé a buscar a mis amigas. Me alegré de que no siguiera detrás de mí. Si no podía encontrarlas, tendría que hacer el camino de la vergüenza de regreso a nuestros dormitorios yo sola.

¡Maldita sea! Él era tan lindo. Pobre tipo. Me dio sus golosinas y yo le jugué un truco. Yo era un idiota.

Apuesto a que no olvidará el Halloween en el que una rata lo engañó. De seguro que yo no olvidaré el Halloween en que un monstruo me folló.



~*~*~*~*~*~**~*~*~*

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