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shame(less)

Summary

Apenas tiene 19 años, ¿sabes? Pero Harry está tan cansado... y siente, a veces demasiado. Su sensación más reciente es el abandono de sí mismo, motivado por el deseo de que sus 19 dejen de ser un apenas para que pasen a ser el final, porque si el resto de su vida era eso prefería estar muerto. Donde la suerte y el ángel se cruzan, donde Harry y Louis aprenden a bailar a oscuras. Gracias por leer ♡

Genre:
Romance / Drama
Author:
fflowerq999
Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
n/a
Age Rating:
18+

único

● shame ●


-Ya van dos semanas.- Louis agudizó el oído mientras masticaba, sintiendo el peso de la culpa y ser una mierda asquerosa de persona en el pecho.- El maricón no apareció más.


-Seguro le ofrecieron dos monedas para que entregue el culo y aceptó, la muy puta.- Se burló el imbécil mayor, pero su voz sonaba inquieta.- Estaba vivo cuando lo tiramos al campo, deja de tocarme la polla.


-Pero...-


-Dije que basta.- Cortó filoso, y su siervo le hizo caso.


Louis salió de allí cinco minutos después, el tiempo que le llevó averiguar la dirección de su casa.




● Harriet ●


Louis se enamoró de ella en el instante que la vio. Sus rizos largos, su rostro de ángel y sus mejillas rojas por el frío y la vergüenza. Era alta, más que él de hecho, pero no le importaba ni un poco, porque Harriet sería su esposa en el futuro, lo sintió en el fondo de su corazón.


Era nuevo en el instituto del pueblo, un burro de 22 años mezclado con adolescentes, pero no tanto realmente. Eran gente de campo, todos allí, con sus cosas buenas y malas, sobre todo con las peores costumbres del tradicionalismo que pasaron de generación en generación hasta ellos, dejándoles un peso demasiado áspero en los hombros.


Trabajar la tierra de un patrón con más dinero en su bolsillo que él en su vida fue lo que consumió su juventud, pero su hermana había muerto por fin y él era libre para estudiar, un deseo que guardó en el fondo de su corazón, lejos hasta de sus propios ojos.


El colegio rural no tenía tope de edad, todos podían ir, pero no había nadie realmente joven allí, nunca duraban. Sin embargo, él era el más grande de su curso, la segunda división del último año. Harriet estaba en la otra.


La veía por los pasillos, caminando rápido y con los ojos clavados en el piso, esquivando cuerpos con destreza y cuidando que ni un centímetro de su piel se asome, guardándose para los ojos que realmente la mereciera. Louis jamás pudo apartar los ojos de su esbelto y suave cuerpo una vez que la veía, y que su corazón hiciera una fiesta de carnaval cada vez que ocurría le daba la seguridad de saberse enamorado, realmente enamorado de esa mujer que no conocía.


No necesitaba conocerla para amarla, estaba convencido de eso. Aunque tal vez debió haberlo hecho antes de esa noche, cuando la encontró tirada en un campo cualquiera, helándole la sangre al verla pálida y golpeada, con un hilo de sangre deslizándose por sus lastimados labios.




● el peor principio ●


-Joder, joder, joder.- Corrió al reconocer el descontrol de largos rulos cuando se acercó al bulto desconocido entre el pastizal.- Mi amor, no.


Derrapó a su costado con la polla en la garganta de los nervios, apurándose a tomarle el pulso. Pudo respirar al encontrarlo firme, y el terror en sus venas se disipó un poco al verla con toda la ropa puesta, intacta.


Se quejó desmayada cuando la levantó como el bruto que era, pero necesitaba sacarla de allí lo más rápido posible. Y realmente rezaba por no estar lastimándola más por algún hueso roto o algo peor, pero la noche estaba demasiado fría como para esperar.


La llevó a su casa con rapidez, jadeando por el esfuerzo de caminar tanto con Harriet encima, la chica era más pesada de lo que parecía. Pero lo logró, y pudo acostarla en su cama antes de moverse para buscar todo lo posible para curarla.


Vivía solo. Sus padres habían muerto cuando era un niño, dejándolo cuidando de su hermana dos años menor, Félicité. Se encargó de que vaya a la escuela y aprenda a defenderse, pero nada lo preparó para verla vomitar sangre cuando creyó que estaba sola. A sus quince años dejó la escuela por completo para dedicarse a trabajar de lo que sea, dejando con dolor su ingreso modesto en una buena granja, necesitaba más. Llevar a su hermana al hospital era cada vez más difícil y costoso, incluso con su bicicleta reparada, y los dos dejaron de rezar por ella cuando los médicos le advirtieron que su cáncer era terminal. Casi 7 años de médicos, viajes y desgaste, de no soportar verse por el agobio y el dolor, de mantener la esperanza de que por lo menos viviría y no lo dejaría solo. Pero le tocó enterrar a su hermanita también, y se convenció de que su fé era una mierda.


Ver a Harriet le hizo sentir por primera vez en mucho tiempo, algo más que vacío y monotonía absurda, algo más que dolor sordo. Fue su suerte y Louis lo sabía, y era por eso que no estaba dispuesto a dejarla ir también, se negaba a que la vida siga robándole así.


Seguía en la misma posición cuando volvió con una olla de agua caliente, paños, gasas, alcohol y jabón desinfectante. Con la toalla más limpia que encontró se ocupó de limpiarle el rostro con el mayor de los cuidados que podía darle, arrugando los labios con dolor al verla tan golpeada. Había dejado de sangrar, pero tenía los ojos hinchados por los golpes y la boca rota, aunque su nariz se había salvado de milagro. Le desinfectó los cortes y los cubrió con gasas, admirando que seguía siendo hermosa.


Frunció el ceño confundido cuando repasó su cuello con los dedos y se chocó con un bulto, pero se negó a pensar en las catástrofes que eso podía significar. No vaciló en cortarle la remera que la cubría para curarla, se disculparía luego por lo irrespetuoso de verla en ropa inte-Era un hombre.


Alejó su cuerpo inmediatamente, sintiendo asco y furia recorrerle las venas. Asco de sí mismo por mirar a un hombre, furia por el otro de atreverse a parecer una mujer. Estaba todo golpeado y lleno de cicatrices francamente grotescas, pero no sangraba demasiado ni le sobresalía ningún hueso, su hospitalidad llegaba hasta allí.


-Eh, tú.- Dijo duro, apretando su hombro con fuerza para que despierte, sin éxito. Lo que sí funcionó fue el guantazo, porque el cabrón se despertó de golpe, saltando lejos.- Vete de mi casa.


-¿Qué...?- Su voz suave le hizo apretar los dientes.- ¿Dónde...?


-Que te vayas de mi casa.- Lo interrumpió, ganándose la primera mirada. Y joder, esos ojos no deberían sacudirlo así.- ¿Te gusto que me miras tanto?


-Tú eres el de la escuela.- Murmuró sin entender, y se tensó cuando sintió el frío en su piel desnuda.- ¿Cómo...?


-O te levantas y te vas o te saco de los pelos.- Escupió nervioso, parándose sin saber qué hacer.- No te quiero aquí.


-¿Cómo llegué aquí?- Pudo terminar la frase por fin, y trató de, sin éxito, cubrirse.- Louis, ¿cier...?


-¿Cómo mierda sabes mi nombre?- Levantó la voz, haciéndolo respirar hondo.- Estabas medio muerto en el medio del pastizal y te ayudé, vete antes de que te mande de nuevo allí.


-¿Por qué?- En serio odiaba esos ojos.


-Porque pensé que eras otra persona.- Escupió con asco.- Créeme que te hubiera dejado ahí tirado.


-¿Pensabas que era una chica?- Bajó los ojos, pero llegó a distinguir cómo brillaban por las lágrimas contenidas. Lo odió.- Por eso me miras, por eso me ayudas...-


-Te miro porque eres asqueroso.- Le mintió sin vacilar, apretando los dientes cuando lo escuchó jadear.- Porque caminas por ahí como una puta pretenciosa, no sirves para nada más que mostrar todo lo que nadie debe ser. No eres una mujer, no eres un hombre.- Lo veía inmóvil.- Eres nada, tuve que dejarte ahí tirado, joder, me ensucié las manos.


-Lo odias, ¿verdad?- Su voz sonó temblorosa, pero levantó los ojos muertos a los suyos, desafiándolo.- Odias que te ponga como nadie solo con verme, odias mirarme y saber que tengo una po...- Se quedó sin aire y sin poder terminar, Louis le había girado la cara de un guantazo.


-Escúchame, zorra.- Dijo muy serio, frente a su rostro.- Si fueras una mujer tal vez te dejaría chuparme la polla, pero no eres ni eso, eres un maricón de mierda que no sabe lo que es ser un hombre.- Apretó los dientes.- Lo más cerca que estás de sentirlo es cuando entregas el culo, y como no pienso tocarte un pelo de tu asquerosa cabeza vas a irte y no dirás nunca que estuviste aquí, porque te partiré el cuello frente a todo el mundo.


-¿Para qué me sacaste de ahí?- Jamás se había enfrentado a algo tan difícil como ver su mirada muerta, enterrada por sus palabras de mierda.- ¿Por qué me ayudaste si tanto asco te doy?


-Porque pensé que eras Harriet.- Se alejó con brusquedad.- Y soy un caballero.


-Eres un pobre imbécil.- Quiso ponerse de pie, pero gritó cuando un nada amable Louis lo ayudó agarrándolo del pelo y tirando de él, lastimando aún más su destrozado cuero cabelludo.- ¡Suéltame!


-Te dije que te vayas.- Escupió furioso, arrastrándolo con fuerza cuando se cayó de culo, importándole poco lastimarlo. Lo quería fuera.- No te quiero ver la puta cara otra vez.


-¡Louis, mierda, suéltame!- Casi suplicó llorando del dolor, quedándose sin aire lo lanzó al frío por la puerta abierta.- ¡Joder, qué te hice!


-Nacer.- Y le cerró la puerta en la cara, sin medir el peso de sus palabras.


Salió de allí media hora después, con dinero en los bolsillos y preservativos, directo al putero del pueblo, dispuesto a recordarle a su cuerpo que él era un hombre. Y no lo vio, pero el rizado seguía ahí, sin poder moverse de lo destrozado que se sentía y el frío que lo congelaba. Estaba medio desnudo a mitad del invierno, no sabía dónde estaba y Louis iba a matarlo si tocaba su puerta de nuevo.


La entrada de la casa de Louis era tan buen lugar para morir como cualquiera. Pero cuando salió enojado tiró sus abrigos a la basura, y sacó fuerzas de algún lado para ponerse de pie e irse de allí. Su cama era un mejor lecho para pegarse un tiro.


Tuvo la desgracia de nacer llamándose Harry. Era precioso, un bebé que reía siempre, apenas lloraba ni daba problemas, un pequeño sol. Pero empezó a crecer y su carácter no se forjó, por lo que su padre creyó que unos golpes lo arreglarían. Funcionó, porque Harry no volvió a sonreír ni acercarse a su madre por contención, pero por más que lo golpeara su cara bonita siempre se curaba y volvía a ser hermosa, al igual que su cuerpo que seguía provocando a pesar de estar marcado por las cicatrices más horribles que se le ocurrieron hacerle.


Tenía 15 años la tarde que volvió de la escuela y encontró su casa vacía. Sus padres no volvieron esa noche, ni la siguiente o la siguiente a esa, y tuvo que aceptar que no lo harían nunca cuando cumplió un mes en soledad. Dejó sus estudios cuando encontró un trabajo de mierda, el que le dio de comer con dignidad. Su patrona fue amable al principio, una vieja desagradable que le tocaba el culo cada vez que podía, pero nunca pasó de eso, no hasta que cumplió los 18. La anciana era artista plástica, de las pretenciosas que venden cuadros caros y de mierda, esa era su vida, y la muy sucia estaba obsesionada con él, así que le propuso un trato: el sueldo de un mes a cambio de una pintura cada vez, pero desnudo


Cuando estás roto no tienes nada que perder, ¿sabes? Así que posó con indiferencia cada vez, sabiendo que esas pinturas con su rostro se venderían por todos lados. Esperaba estar muerto para ese momento de igual forma, ¿cuál era el problema?


Volvió a la escuela, y su infierno conoció un nuevo círculo, el peor de todos. Nunca superó el abandono de sus padres, mucho menos el desprecio acérrimo de su padre, y mejor ni hablar de sus cicatrices, algunas hechas por él mismo durante los momentos que el dolor emocional lo abrumaba hasta el punto de necesitar del dolor físico para distraerse. En la escuela no lo molestaban mucho, se esforzaba por desaparecer de la vista de todos y mantener sus rizos cubiertos, pero la vuelta fue brutal.


Amanda, la vieja degenerada, le prohibió cortarse el pelo. No se quejaba, de hecho le gustaba, pero los hombres no llevan el pelo largo como las putas de cabaret, y que siguiera llegando a clases así solo era una provocación. No hubo un día donde no le recordaran que era un asco, un error, un maricón que buscaba polla en cualquier lado, un vicioso que se dejaba el pelo largo para que lo follen como perra mientras le destrozaban la cabeza. Sus piernas de muslos rellenitos comenzaron a ser manoseadas a cada oportunidad, al igual que su culo que comenzó a ser perseguido y hostigado.


Su escuela era un infierno, su trabajo era un infierno, sus recuerdos eran un infierno, su puta cabeza inútil era un infierno. Apenas tiene 19 años, pero Harry está tan cansado... y siente, a veces demasiado. Su sensación más reciente es el abandono de sí mismo, motivado por el deseo de que sus 19 dejen de ser un apenas para que pasen a ser el final, porque si el resto de su vida era eso prefería estar muerto.


Louis fue un soplo curioso en su vida olvidable. No fue difícil descubrir sus ojos acosadores, principalmente porque eran distintos al resto. El chico lo miraba como si fuera el cielo más estrellado de la vida y lo perseguía como un cazador, admirando la belleza que había tenido la desgracia de tener. Miraba sus rizos, su boca y su cuerpo desde una distancia respetuosa, admirándolo realmente, y fue por toda su mierda ideal que lo destrozó más que nadie, porque le recordó lo que su padre le metió a golpes: estaba mal, era un error, no era un hombre el que debería recibir su belleza. No era una mujer, no lo sería nunca, tampoco un hombre, porque los hombres no tienen su cara de zorra, no era nadie.


Estaba cansado de vivir.




● dos semanas y estaré en casa ●


No hubo noche que Louis no la haya pasado en el putero de mierda. Se folló a todas las mujeres, no dejó un coño de ese lugar sin probar, y no le cobraron un solo centavo de lo bien que lo hizo. Pero aún teniendo a las mujeres más hermosas bajo él y gimiendo su nombre no podía sacarse de la cabeza esos ojos verdes hundidos en la oscuridad, y que no haya vuelto a la escuela lo torturaba más de lo que jamás pensó.


Volvió llorando la primera noche, sintiéndose asqueroso de haber follado así, como un animal despreciable, y encontrar que los abrigos del chico no estaban lo hizo sentirse peor. Joder, ni siquiera sabía su puto nombre.


Estaba asustado, nervioso y susceptible. Lloraba todos los días en su caminata de la vergüenza, del putero a su casa para arreglarse e ir a la escuela, y la ansiedad lo aplastaba cada día un poco más, porque Lucky no aparecía y no tenía forma de buscarlo.


Recordaba bien todo lo que le dijo, se grabó sus palabras de mierda bien a fuego en su memoria, todas mentira. Estaba confundido consigo, enojado con sus creencias y aterrado de recordarlo, principalmente porque seguía sintiendo cómo se le sacudía el mundo al verlo a los ojos en su mente, a pesar de que no era ella.


Louis seguía enamorado de su Lucky. No quería, daría un brazo por dejar de sentir todo eso, pero no podía escapar de su propia mente por más que lo intentó. A su razón no le importaba que su Harriet fuera un hombre, que sus pensamientos fueran una mierda pecadora y mala, su razón solo quería correr a buscarlo para arrodillarse y pedirle perdón, y suplicarle por la oportunidad de una vida juntos.


Ansiaba, deseaba tenerlo entre sus brazos, pero nunca pasaría, porque era un hijo de puta arrogante que no sabía cómo pedir perdón.


Pero la vida era una perra hija de puta que algo de aprecio aún le tenía, porque se encontró pedaleando con rapidez hacia la casa más lejana del pueblo, exactamente en la otra punta de donde estaba la suya, y se negó a sentirse peor. La contraluz lo dejó ver cuando derrapó en la puerta, y suspiró aliviado al verlo moverse y colgar ropa subido a una silla.


-¡JODER!- Gritó corriendo a la puerta y tirándole de una patada. Lucky se había colgado.- ¡¿QUÉ COÑO HACES?!


Vio con horror cómo los rizos bonitos le tapaban el rostro mientras se sacudía por la falta de aire, nunca dejando de correr. Lo alcanzó rápido, muy rápido, y cargó todo su peso otra vez para que la soga no le corte el aire de nuevo. Pero había sido lento, porque el chico no reaccionaba, aterrándolo por completo.


Acercó como pudo la silla con los pies, cuidando de no soltarlo ni un centímetro, y se subió apurado para sacarle la puta soga del cuello, jadeando con dolor al verlo tan roto.


-No es hora, mi amor, no lo es.- Murmuró frenético, bajándolo con cuidado y cargándolo otra vez. Cerró la puerta de una patada y miró para todos lados, sin saber a dónde ir, así que se metió por el pasillo, abriendo puertas hasta dar con una cama deshecha y algo de vida dentro de esa casa. Lo acostó con cuidado y se deshizo de su excesivo abrigo para poder revisarlo, tomando la sabia decisión de tomarle el pulso en las muñecas. Pudo respirar aliviado cuando lo encontró fuerte y tranquilo, y recién ahí pudo aventurarse a su cuello.


No era la única marca que tenía allí, y todas eran recientes, lo que le daba la certeza de que Lucky estaba jugando a la prueba y error, y por suerte había llegado a tiempo. Los golpes viejos ya casi no estaban aunque no habían sido cuidados, podía verlo. Pese a eso, la piel del chico seguía siendo preciosa, él seguía hermoso, dolorosamente hermoso, marcado y herido.


-¿Qué hiciste, Lucky?- Preguntó desesperado, acostándose a su lado. Su respiración era constante, seguía desmayado, así que lo puso de lado sin dificultad y se enfrentó al rostro que lo persiguió por días. Con cuidado acercó una mano a sus ojos y le abrió uno sin vacilar, necesitando que lo vea. Sus ojos reaccionaban, pero el rizado sencillamente seguía desmayado, y solo podía esperar.


Se puso de pie para sacarse las botas e hizo lo mismo con el chico, arropándolo como pudo. Afuera aún había luz, así que se acercó sin vacilar a las cortinas para esconderlos del mundo, y volvió a la cama donde se metió sin permiso de nuevo, esta vez en su espalda, para poder deslizar sus brazos por su cuerpo roto y pegarlo a su pecho. No tardó ni dos minutos en quedarse dormido.


Harry abrió los ojos con resignación. Le dolía el cuello como el infierno, le ardía mucho más que las otras veces, y sentía que tragar era una tarea difícil. Tenía calor y no entendía por qué todo estaba oscuro, incluso estaba en su cama con una suave respiración pegada en su cuello. Todo tuvo sentido, por supuesto, reconocería esas manos tatuadas en cualquier parte del mundo.


-¿Qué haces aquí, Louis?- Suspiró cansado, tosiendo de forma violenta por el dolor de hablar.


-Lucky.- Murmuró en su cuello.- ¿Estás despierto?


-Para mi desgracia.- Masculló, soltando todo el aire cuando lo apretó contra su pecho, estrujándolo.


-No vuelvas a repetir eso.- Exigió duro.- ¿Por qué coño hiciste eso?


-Porque se me cantó la polla.- Bufó, buscando soltarse.- Suéltame y vete de mi casa.


-No hay forma en el mundo que salga por esa puerta sabiendo que eres un puto peligro.- Negó.- Deja de hablar, te escuchas del asco.


-Ya estabas tardando en ser un pedazo de mierda.- Masculló pegándole un codazo para que se mueva. Pero Louis gruñó y lo apretó más.- ¡Que me sueltes!


-Cállate antes que te encinte la boca.- Mandó molesto.- No vuelvas a golpearme.


-Oh, no seas hipó...- Le tapó la boca sin vacilar y Harry vio rojo. Volvió a revolverse, respirando agitado, y Louis volvió a pegarlo a su cuerpo, suplicándole en el oído.


-Quédate callado, mi amor, por favor.- Harry se quedó duro.- Te colgaste, tengo que llevarte a un médico para que te revise, pero escucho cómo te duele. Silencio.


Harry le hizo caso, se quedó de costado y siendo abrazado, y Louis volvió a dormirse en su espalda, aflojando la mano que había quedado en su boca. No tiene nada que perder, ¿recuerdan? Se durmió a su lado.



-¡ABRE LA PUERTA, HARRIET!- Los dos saltaron por la violencia de los golpes en la puerta de entrada que Louis tuvo el tino de cerrar.


-¿Qué coño...?- Se levantó molesto, agarrando el velador que encontró en el camino. Harry lo siguió curioso.


-¿De verdad vas a abrir mi puerta a las...- Buscó el sol que aún estaba oculto.- ...seis de la mañana? No vienen a tomar el té.


-Te están buscando.- Murmuró pensando, teniendo el coro de gritos atrás.- ¿Pueden abrir esta puerta?


-Ya lo hubieran hecho.- Soltó una carcajada agria, pero comenzó a toser con fuerza, y Louis corrió a abrazarlo para que no haga ruido, absorbiéndolo en su pecho.


-¡STYLES, TE ESCUCHAMOS, ABRE LA PUTA PUERTA!


-¡LES VOY A ABRIR YO LAS GARGANTAS UNO POR UNO SI NO SE VAN DE AQUÍ!- Rugió harto, separándose y agarrando mejor el velador.- ¡FUERA DE MI CASA, MOCOSOS!


Se giró con una sonrisa cuando escuchó una risita, y lo vio con ambas manos tapando su boca para no hacer ruido. Adorable. Le hizo una seña para que salga de la vista y abrió la puerta con el velador en la mano y el ceño fruncido, pero sonrió satisfecho cuando vio que se habían ido corriendo como los cobardes que eran.


La sonrisa se le borró cuando escuchó la puerta cerrarse detrás suyo.


-Oh, Lucky.- Sonrió aceptando el reto.- Ya entré una vez, mi amor, pero acepto que quieras jugar con fuego.


Harry se movió curioso por la sala, pensando en el siguiente movimiento de Louis. Pero se quedó duro cuando se encontró con su escena, la soga colgada y la silla debajo, el lugar donde intentó decir basta. Tuvo que esperar unos días para poder moverse bien antes de poder planear todo a conciencia: el punto más alto para atar la soga, qué cuerda usar, cómo aguantar el peso, todo. Intentó colgarse dos veces antes de la interrupción, y en ambas la soga se cortó. Pero Louis llegó en la tercera, en la soga más gruesa y poderosa, la que no fallaría, la que lo dejó inconsciente en segundos. Ni siquiera sabe qué pasó, pero de repente se encontró siendo abrazado como si fuera lo único que valiera la pena en la vida antes de que lo llame su amor, convenciéndolo de que era un ángel, su Ángel.


-¿Qué estás pensando?- Le ladró caminando desde la cocina. Tiró el velador sobre el sillón y se subió a la silla, esforzándose para llegar al nudo de la soga. La enrolló rápido cuando tuvo la oportunidad y se bajó de la altura que le generó vértigo solo por el recuerdo de sentirse allí, cargando con el peso de la vida de Lucky en sus hombros.


-Ponla con las otras.- Murmuró sin ánimo, girándose a la cocina para prepararse algo caliente para beber. Que Louis hiciera lo que se le cantara la polla.


Lo que hizo, básicamente.


-¿Otras? ¿Cómo que otras?- Le exigió parándose frente a él.- ¿Por qué mierda te colgaste, lunático?


-Si te vas a quedar en mi casa no me jodas la paciencia, Louis.- Soltó el aire, queriendo esquivarlo, sin éxito.- Puto insoportable.


-Sí, lo que quieras.- Le restó importancia.- Dime por qué te colgaste.


-Extraño a mi gato, murió hace dos meses.- Hizo un puchero burlón, tratando de pasar de una vez, pero Louis era Louis y tuvo otros planes, planes que incluían cargarlo como bolsa de papas directo a la habitación.- ¡LOUIS!


-¡Deja de gritar, joder!- Le exigió, encerrándolos otra vez.- ¡Tardaba un minuto más en llegar aquí y te hubiera encontrado muerto, idiota!


-¿Y para qué viniste?- Reclamó poniéndose de pie luego de que lo tirara a la cama sin delicadeza.- ¿Me vas a sacar de los pelos de mi propia casa o qué mierda?


-La cabeza del culo te voy a sacar, por Dios, ¡te quieres suicidar!


-¡Sí! ¿Cuál es el puto problema?- Estaba furioso.- ¿Por qué insistes, qué te importa, joder? Tú mismo me dijiste que mi problema fue nacer.- Le escupió en la cara, y Louis bajó los ojos.- No eres el primero ni serás el último que viene aquí con cargo de consciencia, Louis, vete de una vez y déjame en paz.


-Si estás esperando que me disculpe por esa noche...-


-No espero nada de ti.


Se miraron orgullosos y enojados, sintiendo demasiadas cosas a flor de piel.


-No me interrumpas.- Masticó sus palabras, acercándose.- Pero bien que no esperes nada, porque no pienso pedirte perdón, como tú no me darás las gracias por salvarte la vida.


-Si ves a alguien colgado del cuello te juro que lo último que quiere es ser salvado.- Era venenoso, quería que se vaya.- Vete de mi casa.


-Tú no vas a quedarte solo de nuevo.- Apretó los dientes.- O nos quedamos aquí o nos vamos a mi casa.


-¿De verdad?- Rio cruzándose de brazos.- ¿Y quién coño te crees que eres ahora?


-La única persona de este pueblo de mierda que vino corriendo cuando dejaste de dar señales de vida.- Siseó.- Si no puedes sumar dos más dos y eres imbécil no es mi culpa. No te voy a dejar solo.


-¿El pequeño Louis siente culpa?- Volvió a hacerle ese mismo puchero idiota, inclinando la cabeza a un lado.- Le dijo cosas feas al pobre Harry que se quiso colgar porque su vida es una mierda, ow, se siente mal. Adivina, idiota.- Volvió a su voz, tan arruinada como el principio.- Lo que dices tiene consecuencias, y de todos los hijos de puta que me hacen mierda a diario tú fuiste el peor.


-Lindo nombre, mi amor, mucho más hermoso que Harriet.- Deslizó sus palabras para tratar de esquivar las suyas, no pudiendo soportar la culpa.


-¿Escuchas algo de lo que te digo, maricón?- Se impacientó, y Louis miró a todos lados de la aislada y oscura habitación antes de acercarse por completo. Lo abrazó por la cintura y se puso en puntitas, necesitando llegar a su oído para contestar.


-Nada de lo que dije fue cierto, Harry, basta.- Sopló en voz baja. El rizado cerró los ojos, relajándose sin querer.- Soy humano, tengo miedos, pero estoy aquí porque tú eres la cosa por la que vale la pena vivir. Ni siquiera sé si no vas a meterme una bala entre los ojos por enfermo, pero me quedaré aquí aunque te de asco o me alejes, porque no estás bien y no voy a pasarte de largo.


-Tú...-


-Estoy enamorado de Harriet.- Le soltó abrazándolo más.- Pero Harriet no existe porque tú eres Harry, pero tus ojos son los mismos, y lo que me causas no cambió ni un poco. Me da asco estar en mi piel.- Confesó, porque las luces no estaban ni tampoco el sol, y en esa habitación solo estaban los dos, hablando demasiado bajo hasta para el polvo que volaba.- Me da asco que tú también tengas polla, me molesta porque no me importa, porque sigues siendo tú. Incluso con todo mi asco sigues dándome vuelta el mundo, Harry, no lo puedo evitar y no creo quererlo tampoco.


-Tengo mi huerta aquí.- Cedió luego de mucho, aún sin corresponderle el abrazo.


-Bien.- Murmuró sin moverse, porque no fue alejado.- No voy a moverme hasta que me empujes.


-¿Por qué me dijiste todo eso?- Preguntó bajito, y Louis cerró los ojos.- En tu casa.


-Porque debería darme vergüenza sentirme así por un hombre.- Fue sincero.- Pero aquí no hay nadie más que tú, y si no puedo admitirlo frente al mundo, lo haré en la oscuridad.


-No puedo creer que seas tan maricón.- Soltó una risita divertida, pero Louis sonrió porque le correspondió el abrazo por fin.- Si vas a ser un dolor en el culo, por lo menos quiero una promesa. Me lo debes.


-¿A quién quieres que mate? Pídelo y su cabeza es tuya.- Asintió convencido, emborrachándose al respirar sobre su piel.


-Jesús, ¿por qué eres tan violento?- Se quejó, pero Louis solo se encogió de hombros sin moverse, aceptando el cumplido.- Si vas a vivir en mi casa solo pido que nuestra vergüenza se quede afuera.


-¿Eh?


-A ver...- Apretó su nuca sin pensar, relajándolo aún más.- No quiero medirme en mi propia casa. No quiero que me mires con asco, que me jodas por mi pelo o por mi cuerpo, quiero ser yo sin tener que pensar en cambiar para que no quieras golpearme.


-No sé si entendiste bien la parte de que estoy enamorado de ti.- Le recordó molesto.


-Prométeme esa mierda, por Dios, ¿qué te cuesta?- Se quejó un poco, sintiendo que las emociones lo aplastaban, y Louis lo notó.


-Te prometo, mi amor.- Susurró en su oído, apretándolo todavía más, ya completamente pegado a él.- Que entre tú y yo, todo lo que creo deja de existir. Por ti dejo mi vergüenza de lado, si me lo pides lo haré.


-Sin vergüenza.- Aseguró.


-Sin vergüenza.- Juró, sonriendo al sentirlo derretirse contra él.- Basta de hablar, aún tienes las cuerdas vocales en la mierda.


-Quiero dormir.- Bostezó, quejándose un poco, pero gritó asustado cuando lo alzó de la nada, y volvió a hacerlo cuando le dio una nalgada fuerte. No sexy, fuerte.- ¡¿QUÉ COÑO TE PASA?!


-¡DEJA DE GRITAR, HARRY!- Le gritó más fuerte, caminando los dos pasos que los separaban de la cama para tirarlo otra vez, trepándose rápido para sepultarlo en un abrazo.- Duérmete ahora.


-Puto raro.- Murmuró resentido pero sin moverse, y Louis sonrió orgulloso.




●shameless●


Se despertó solo, horas después, y saltó alarmado fuera de la habitación, buscándolo con los ojos.


-Como perro guardián te mueres de hambre.- Harry le comentó en voz baja, saliendo de la cocina con una taza de té.- Me levanté hace dos horas.


-Ya no estoy para estas cosas, joder.- Se quejó robándole el té y dándole un sorbo, arrugando la cara del asco.- Ponle azúcar a esa mierda.


-Deberías apreciar el verdadero sabor de las cosas.- Chasqueó la lengua, alzándole las cejas cuando vio una chispa en sus ojos de cielo eternamente apagados.- Qué.


-¿Puedo probarte a ti, mi amor?- Sonrió despacio, riendo fuerte cuando le revoleó los ojos antes de darle la espalda, alejándose entre murmullos llenos de insultos.- ¡Dame tiempo, Lucky!


-Un guantazo te voy a dar.- Louis le sonreía demasiado como para tomarlo en serio.


-Te acepto dos si me dejas darte un beso.- Alardeó, pero se puso nervioso cuando se giró para verlo.


-Trato.- No tuvo tiempo de sorprenderse que Harry le giró la cara de un golpe, partiéndole el labio. Se la giró para el otro lado cuando lo volvió a golpear con fuerza, dejándolo sin aire y con la polla dura, pero definitivamente murió y llegó al cielo cuando le agarró el rostro con ambas manos y le plantó un beso duro en su boca lastimada, alejándose con la misma rapidez que al llegar.- Te golpearé otra vez si me dices que te quedaste con la polla dura, maricón.


-¿Puedo yo?- Reaccionó por fin, limpiándose la sangre del labio.- Digo, te arrastré por mi casa y no...-


-Cállate.- Lo pateó, sonriendo al escucharlo reír. Se quedaron parados en la cocina, Louis curioseando todo mientras Harry se bebía el té, pensando.- Entonces, no me mentiste.


-¿Con qué?- No le estaba prestando mucha atención.


-Me dejaste partirte la boca a golpes y besarte después, y no te quejaste.


-Era el trato.- Se encogió de hombros.- Me lo merezco, supongo. Golpeas para la mierda, por cierto.


-¿Te lo mereces? ¿Por qué?- Se giró solo para mirarlo con obviedad.- Fue la primera vez que me hablaste en tu vida.


-Y dije cosas que te empujaron a subirte a una silla para colgarte del cuello.- Volvió a darle la espalda. No le daba la cara para mirarlo.


-Okey...- Tosió incómodo, pero verlo con la espalda tensa y huyendo de la situación lo hizo avanzar para tocarle el hombro hasta que volteó.- Hola.


-¿Qué te pasa?


-Hola.- Amenazó otra vez.


-Dios, dame paciencia.- Masculló mirando al techo, pero volvió a sus ojos.- Hola.


-Soy Harry.- Sonrió, dejándole vislumbrar un hoyuelo muy hermoso.- Tengo 19 años, vivo solo y me salvaron ayer.- Le dio una sonrisa más tímida, pero fue lo suficientemente valiente para seguir mirándolo.- Al parecer tengo un ángel conmigo.


-Creo que soy más un perro idiota, pero si quieres verme como un ángel no voy a quejarme.- Lo miró con una sonrisa que no notó, demasiado suave e inusual.- Soy Louis, tengo 22, no tengo familia ni amigos.- Le alzó las cejas.- Pero tengo a mi suerte frente a mis ojos.


-La suerte no existe.- Refutó sin poder contenerse, pero Louis se limitó a sonreírle más.


-Si tú me puedes llamar Ángel yo puedo llamarte mi suerte, Lucky.- Avisó.- ¿Terminaste de mariconear?


-¿Tienes algo más importante que hacer?- Le frunció el ceño, señalándole la puerta.- Ahí, vete.


-Qué carácter, por Dios.- Suspiró dándole la espalda, sin poder contener la sonrisa que creció al escucharlo bufar.


-Exclamó la dulce princesa.- Masculló, sonriendo de lado cuando escuchó una carcajada estridente desde su habitación. Se tiró un chorro de agua caliente en el dedo para comprobar la temperatura, insultando a todos sus muertos cuando se quemó, pero pudo prepararle un té a Louis, con azúcar. Se giró con la taza en la mano justo cuando entró de nuevo, acomodándose la bufanda sobre sus capas de ropa. Automáticamente frunció el ceño, enojado.- Te preparé un puto té y te vas.


-¿En se…?- Parpadeó completamente sorprendido cuando Harry estalló la taza en la pileta, tirando todo y queriendo salir.- ¿Qué coño?


-Vete ya.- Escupió, y Louis pudo vislumbrar por primera vez lo roto que Harry estaba.- Puto té de mierda.


-Lucky, tú sales conmigo.- Aclaró despacio.


-En tus sueños, rarito. Vete.- Iba a llorar, ¿por qué iba a llorar? Pero unos brazos lo sostuvieron desde atrás y sollozó sin aguantar, quedándose duro dentro del abrazo apretado que estaba recibiendo.


-Te dije que no te iba a dejar.- Le recordó en voz baja, hablándole al oído.- Vamos a ir a mi casa a buscar mis cosas, compraremos algunas mierdas y volveremos aquí, mi amor, ¿está bien?


-Tu casa es lejos.- Se quejó, tratando de respirar mejor, algo que definitivamente logró cuando sintió un largo beso en su nuca.- Ángel…-


-Te llevaré en mi bicicleta y te dejaré tener tu momento Titanic cuando nadie nos vea.- Prometió.- Rodearé todo el pueblo para que puedas disfrutar el viento en tu cara y entiendas qué tan precioso es que estés vivo.


-Gracias.- Contestó sin saber qué decir, llorando en silencio. Pero Louis le recordó.


-Sin vergüenza, mi amor.- Y lo sostuvo cuando sollozó otra vez, apretándolo contra su cuerpo cuando fue lo suficientemente valiente para girarse y aceptar que no podía sostenerse solo.


Las ventanas estaban cerradas y el resto del mundo había quedado afuera, para Louis no fue difícil alzar a Harry para llevarlo de nuevo a la habitación, a la cama, a la seguridad. No lo tiró como hizo siempre, sino que se acostó con cuidado para que se acomode a su cuerpo, dejándolo esconderse en su cuello todo el tiempo que quisiera. No habló, tampoco cambió su posición de abrazarlo fuerte, solo dejó que llore hasta que se calme, sencillamente porque no tenía la más puta y retorcida idea de qué hacer. Al parecer, Harry sí.


-Siempre terminamos aquí.- Susurró con voz rota, removiéndose incómodo.- Me duele el cuello.


-Te colgaste con una soga, idiota, por supuesto que te duele.- Murmuró, pero lo abrazó más fuerte, aterrado.- Un minuto más tarde…-


-Basta.- Lo pateó.- Sigo sin entender por qué te importa tanto.


-Lo que tienes de bonito lo tienes de idiota.- Bufó.- Ya te dije que me enamoré de ti.


-Sí, ¿pero por qué?- Insistió, separándose para mirarlo. Louis se quedó callado, mirándolo muy serio sin darse cuenta, pensando que Harry era lo más hermoso que había pisado la Tierra. Sus ojos, su nariz, su boca demasiado roja por el llanto, sus cejas pobladas sin un solo pelo fuera de lugar. La piel lisa, sin un mísero vello, todo él era suave incluso con golpes por todos lados, era una jodida princesa.


-¿Conoces la historia de la princesa y el garbanzo?- El chico le alzó las cejas sin entender.


-¿La rubia hueca que durmió en una torre de colchones en vez de tirar uno en el piso y después se quejó?- Consultó, parpadeando confundido cuando una sonrisa radiante cruzó el rostro anguloso de Louis, llenándolo de arruguitas alrededor de los ojos.- ¿Qué tiene?


-La rubia hueca se despertó toda marcada y golpeada y aún así seguía siendo la princesa más hermosa del pueblo.


-¿Y eso que…? Ay, por favor.- Bufó, escondiéndose otra vez, con el ceño fruncido y sintiendo el rostro caliente sin saber por qué. Louis sonrió orgulloso, abrazándolo de nuevo.- No eres más maricón porque no te da el tiempo.


-Fuiste tú el que me besó a mi.- Señaló, abrazándolo más fuerte cuando se tensó.- No pienses idioteces.


-Fuiste tú el que se dejó golpear por un beso mío.- Soltó molesto, pero su risita divertida lo relajó, porque el mundo no los veía con los muros bajos cuando estaban allí dentro.



-Harry, te voy a atar a la bicicleta si no dejas de dar vueltas.- Lo amenazó, acercándose para sacarle la escoba de las manos.- Afuera, ya.


-No quiero.- Se negó en redondo.


-Son las tres de la mañana, no nos van a ver.- Lo arrastró, ya sin paciencia. Harry le había puesto excusas todo el día.- No tengo ropa y no te voy a dejar solo, suma dos más dos.


-No quiero ir a tu casa.- Insistió.- Me sacaste al puto frío de los pelos, no quiero volver ahí.


-Me esperas en la esquina entonces.- No cedió, empujándolo con la ropa de ambos afuera, sin importarle si tenían llaves o no.- Sube.


-¿Dónde se supone que voy a subir?- Le alzó una ceja, con los brazos cruzados y el abrigo sirviéndole de escudo.


-Aquí.- Fue obvio, señalando el caño entre sus piernas, pero rodó los ojos cuando se le cayó la mandíbula de la sorpresa al malinterpretar su seña.- No me molestaría que te me sientes en la polla, imbécil, pero me refiero al caño.


-Peor.- El que le alzó las cejas ahora fue Louis, divertido.


-No te vas a caer, princesa delicada, sé cómo andar así.- Harry lo miró mal, muy mal.


-¿Sacas a pasear a tus zorras así?- Dijo sarcástico y molesto, queriendo matar a alguien de repente.


-Agh, joder, justo a mí me toca el psicópata celoso irracional.- Miró al cielo.- Gracias, hijo de puta.


-Oh, vete a la mierda.- Escupió dándose la vuelta, apurándose cuando escuchó la bicicleta caer a la tierra otra vez. Louis lo abrazó por detrás pero se revolvió, alejándose rápido.- Lejos.


-En ese caño la llevaba a mi hermana todas las putas semanas al hospital, idiota, tres horas ida y vuelta, ¿te parece que te voy a subir a donde puedas lastimarte?- Perdió la paciencia por completo.- A mis zorras las follo, ¿por qué coño piensas que las llevo a pasear en bicicleta, por Dios?


-Entonces tienes zorras.- Se enojó peor.


-¡Pero me cago en Dios!- Gritó dándole la espalda, pero volviendo para enfrentar sus ojos enojados.- Sí, Harry, tengo una fila de zorras detrás mío que ni siquiera me cobran de lo bien atendidas que las dejo, ¿cual es el puto problema? Tengo 22 años, no soy un virgen que ve un coño y explota. Ahora sube a la puta bicicleta.


-No quiero.- Repitió.


-Perfecto, vamos caminando entonces.


-¡No!


-¡No te pregunté!- Lo empujó para no partirle la cara.- ¡Mueve el culo!


-Insoportable.- Masculló cuando se quedó sin argumentos, y se acercó a la bicicleta tirada sin amagar a levantarla. Louis se subió y acomodó, y lo ayudó a equilibrarlo en el caño luego de subirle la capucha y acomodarle la bufanda para que no lo reconozca nadie.- Me voy a caer.


-Agárrate de mí.- Murmuró solo para él, y pedaleó despacio para que se acostumbre. Al principio lo sintió tensarse y agarrarse con fuerza de sus muslos, pero terminó deslizando los brazos alrededor de su cintura, escondiéndose en su estómago para que el frío no le moleste.- ¿Tienes miedo?


-Tengo frío.- Corrigió aún escondido y algo tenso, sintiendo la velocidad.- ¿Y mi momento Titanic?


-Son las tres y media de la mañana.


-¿Y mi momento Titanic?- Repitió, haciéndolo sonreír.


-Caprichoso.- Susurró.


Llegaron rápido, trató de apurarse lo más posible, al punto de llegar jadeando a la puerta. Harry estaba tenso, pero tenso en serio, negado a mirar y Louis apretó los dientes, recordando sus palabras. Se bajó con todo el cuidado del mundo para no separarlo, y comprobó que nadie los espiaba alrededor antes de agarrarlo de las piernas para pegarlo más a él, esperando a que suba de su estómago a su cuello para poder alzarlo y que no vea alrededor.


-Te voy a dejar en la habitación de mi hermana mientras agarro lo necesario.- Le dijo en voz baja, empujando la puerta que jamás tenía llave.


-Me dijiste que no tenías familia.- Señaló con voz ahogada, casi inentendible.


-No tengo.- Repitió.- Félicité murió el año pasado.


Harry no supo qué contestar a eso, y Louis no esperaba realmente una respuesta. Lo bajó en la habitación que no había vuelto a abrir y salió sin mirar nada de lo que había allí, estrujándole el corazón al rizado que se dio cuenta que prefirió exponerse a su propio dolor antes que hacerle mal.


Louis fue rápido. Metió toda su ropa en el bolso del hospital, también todos sus ahorros y cosas de valor. No tenía televisor, tampoco radio o teléfono, esa casa ya no era suya, por lo que no había nada para despedir. Se le heló la sangre cuando intentó abrir la puerta de Félicité y no pudo, pero Harry salió al instante de allí, con los ojos bien cerrados pero sin dejarle ver nada.


-No tienes que entrar.- Murmuró.- ¿Listo?


-Sí.- Una pequeña sonrisa se instauró en su rostro.- Te voy a alzar otra vez.


-Puedo caminar.- Murmuró levantando los brazos para que le sirvan de guía, pero volvió a sentir que se le incendiaba la cara cuando Louis entrelazó con cuidado sus dedos, tirando de él.


Salieron de la casa sin mirar atrás, y Louis siguió caminando luego de levantar la bicicleta, prefiriendo alejarse para el lado contrario a la casa de Harry así podía subir al rizado con los ojos abiertos, no quería que se lastime.


-Bien, abre ya.- Habló en voz baja, soltándolo. Se colgó el bolso lo mejor que pudo y volvió a subir a la bicicleta, ayudándolo otra vez a acomodarse.- ¿Estás listo?


-Arranca, ángel.- Contestó tranquilo, volviendo a esconderse en su cuerpo.- Quiero dormir.


-Quince minutos.- Prometió, esforzándose para pedalear otra vez con más peso extra.


Tardaron el doble en llegar, pero Harry no se quejó ni por asomo, ni siquiera lo pensó. Lo sentó en el sillón para que pueda recuperar aire y se metió en la cocina directamente, poniendo agua en la pava para un té. Peló una manzana con rapidez y la cortó en cubitos, metiéndolos en un bowl junto a una banana cortada y uvas, muchas uvas, porque notó que a Louis le gustaban. Volvió a la sala con el bowl de frutas y el té caliente ya azucarado, pero frunció el ceño al verlo dormido.


-Louis.- Llamó, sin respuesta.- Louis.- Lo pateó, pero nada, y suspiró resignado. Se sentó a su lado y comió algunas frutas, pero él también estaba cansado, así que se ocupó de sacarle las botas y acomodarlo para levantarlo con esfuerzo. Llegó con dificultad a la cama y los acostó, tapándolos sin intentar desvestir al chico, y se coló entre sus brazos para volver a esconderse en su cuerpo, le gustaba ser abrazado al dormir y Louis nunca lo soltaba. Sonrió cansado cuando se estiró dormido bajo él y enredó sus piernas, girándose para protegerlo con su cuerpo y enterrar el rostro en su pelo, quedándose allí. Se quedó dormido tres respiraciones después.




● you and I ●


-Vas a aprender a pelear.- Se sacó la remera, envolviendo su puño con ella. Quería enseñarle, no joderlo a golpes.


Harry se giró soplando un rulo fuera de su rostro, concentrado en limpiar. Se había levantado con la necesidad de limpiar de punta a punta su casa y de alejarse de los ojos controladores de Louis.


-Ya sé pelear.- Contestó receloso.


-Claramente no.- Bufó, empujando el sillón para hacer espacio en la sala.- Te encontré tirado en el medio del campo, todo roto.


-8 contra 1.- Siseó ofendido.- Te recuerdo que a ti te partí la boca de un solo golpe.


-¿Tengo cara de que me importe?- Mintió, ignorando la segunda parte de su discurso.- Si no te sabes defender no sabes pelear, Harry, levanta el culo y ven aquí, o iré a buscarte


-¿Qué parte de...?- Ya lo estaba haciendo enojar.


-Ahora somos dos.- Le ladró.- Van a tener que matarme primero a mí si quieren tocarte otra vez, y por Dios que me llevaré conmigo a todos los posibles. Pero cuando caiga tú tienes que saber pelear, joder, ven aquí y no me hagas perder la paciencia.


Se cruzó de brazos con el ceño fruncido, analizándolo. Pero era Louis, no tenía sentido discutir, el hijo de puta terminaría ganando siempre.


-¿Es necesario que estés medio desnudo o qué?- Se soltó el pelo para atárselo mejor, mirándolo con las cejas alzadas y acercándose. Louis sonrió burlón.


-¿Te distraigo, mi amor?- Le tiró un beso, riendo cuando le mostró el dedo medio.- Cuando quieras, princesa.


-No se puede hablar contigo.- Masculló mirando para otro lado, sin poder disimular la sonrisa que le partía el rostro. Estúpido Louis.


-Ven, quiero ver lo que sabes.- Le sonrió.- Quiero mostrarte algo luego.


-Se me ocurren tantos comentarios en este momento.- Rio, recordando que estaban solos, y que Louis era como él, se sentía como él.- Y todos incluyen a tu polla.


-Mi princesa delicada.- Rio, envolviéndole los brazos en la cintura para tirar de él y plantarle un beso duro en la mejilla. Lo soltó tan rápido como llegó.- Ahora golpéame como si tuvieras una polla entre las piernas, maricón.


-Si tanto la quieres ver, cabrón…- Y le soltó un golpe que pudo esquivar.


Llevaban tres semanas viviendo juntos. Louis no lo dejaba solo ni para ir al baño; en serio, había sacado la puerta cuando se asustó al no poder abrirla cuando Harry se bañaba (la había trabado por dentro), y puso una cortina en su lugar, al igual que con todas las puertas que había en la casa. Se armó un infierno de gritos, por supuesto, porque Harry no sabía vivir con alguien, menos con alguien que se preocupara por él, y Louis estaba desesperado por su lucha interna de mandarlo a la mierda o abrazarlo fuerte para que nada malo vuelva a pasarle. Los gritos se convirtieron en cosas volando con la mayor fuerza posible a la cabeza del otro y un fuerte guantazo de Harry, seguido de un llanto histérico y un abrazo férreo lleno de pequeñas disculpas susurradas.


-Perdón, perdón, perdón.- Suplicó aterrado.- No te vayas, perdón.


-Lucky, Dios.- Soltó el aire, apretándolo tan fuerte como él. Sentía el rostro pesado y ardiente, como si su mejilla izquierda pesara más que todo su cuerpo, pero tener a Harry temblando entre sus brazos era más doloroso.- No me voy a ir, mi amor.


-Perdón.- Repitió angustiado.- Desde que tengo 15 años vivo solo, no sé qué estamos haciendo y yo…-


-¿Cómo que 15?- Lo interrumpió, pero el chico negó aún metido en su cuello, y Louis apretó los dientes para tragarse el enojo. Lo alzó a pulso y Harry se acomodó como cada vez, y terminaron como siempre en la cama, con el mayor abrazándolo por la espalda y las piernas enredadas con las largas y torneadas del otro.


-Me gusta estar así.- Susurró mucho rato después, sin saber si Louis lo escuchaba o no.- ¿Está mal?


-¿Por qué?- Murmuró en su oído, haciéndolo estremecer.


-No debería gustarme que un hombre me abrace.- Dijo avergonzado, pero se acurrucó más en él.- Soy débil, lloro todo el tiempo y…-


-Tienes 19 años y una vida de mierda, Harry, si no estuvieras así diría sin dudar que eres un psicópata.- Bruto como siempre. Harry soltó una risa sin querer.- Los hombres también lloramos aunque no nos guste, y cualquiera que te diga que no lo hace te miente.


-Tú no lloras.- Le señaló, haciéndolo soltar una carcajada amarga.


-Enterré a mi hermana que solo tenía un año más que tú luego de verla sufrir por demasiado tiempo, si no lloro ahora es porque no tengo más lágrimas, Harry.- Se acomodó mejor tras él.- Que no me veas no quiere decir que no lo haga.


-¿No te da vergüenza?- La curiosidad fue más fuerte, porque se giró con cuidado entre sus brazos para poder mirarlo, quedando más cerca de lo que imaginó.- Estás muy cerca.


-No pienso moverme.- Avisó en un susurro, mirándolo directo a los ojos.


-No te pedí que lo hagas.- Contestó en el mismo tono.


-Sí.- Volvió a su pregunta.- Pero soy humano, y lloro. ¿Te molesta?- El rizado negó.- ¿Y entonces por qué tanto problema?


-Me enseñaron que llorar está mal.- Susurró encandilado, tratando de entender por qué miraba a ese rostro barbudo y masculino y se sentía en paz.- Tienes cara de hombre.


-Menos mal.- Soltó una risita que no pudo contener, levantando las cejas a su rostro ligeramente rojo.


-Yo no.- Louis negó, dándole la razón.- ¿Por eso me dices que estás…?


-Enamorado.- Dijo lento y serio, un poco molesto porque Harry ni siquiera era capaz de terminar la frase.- Te digo que estoy enamorado de ti porque lo estoy, tu rostro no tiene nada que ver.


-¿Eh?- Parpadeó.


-No podría bajarte el pantalón y ver que tienes una polla.- Explicó como pudo, apretándolo fuerte para que no se aleje.- No me gustan los hombres, Harry, pero te miro y sé que mataría por ti sin pensar si me lo pides.


-Pero a mí sí me gusta tu rostro.- Esquivó sus ojos, nervioso.- Eres precioso, Louis, muy masculino. Me gusta.


-Está bien.- Se acercó despacio, con una sonrisa enorme que no pudo controlar, y apoyó con cuidado su frente contra la suya.- Cuando creía que eras Harriet me volvías loco, sigues siendo el mismo ahora, Lucky, pero entiende que seas hombre o mujer no me importa, me enamoré de ti de todas formas.


-Nunca me dijiste por qué.


-No tengo idea.- Se encogió de hombros.- Mi hermana siempre me decía que el amor no es racional, que no pide permiso y se mete cuando quiere.- Cerró los ojos.- Tenía razón, como siempre.


-Leí una vez que puedes pasar toda tu vida amando a una persona sin tocarle nunca ni un pelo.- Sintió algo raro en el estómago cuando Louis abrió los ojos para mirarlo con paciencia.- ¿Crees que es verdad?


-¿Lo crees tú?- Refutó, sonriendo con suavidad y animándose a deslizar con cuidado una mano bajo su ropa hacia su espalda. Harry se tensó pero no se alejó, atento, y Louis sonrió un poco más.- Porque yo te estoy tocando.


-¿Y si yo nunca te toco a ti?- Se relajó de a poco, al ritmo del pulgar que acariciaba su piel.


-Pero si ya lo hiciste.- Rio un poco, acercando aún más el rostro a él, sintiendo su respiración contra la suya.- Me besaste, me dejas abrazarte cada noche.


-Contesta mi pregunta, por favor.- Se puso un poco nervioso, pero Louis no lo soltó, sino que lo apretó más e hizo lo que nunca, se deslizó hasta su cuello y se escondió ahí, acomodándose a gusto.


-Creo que puedes pasar toda una vida amando sin tocar.- Admitió.- Nuestra vida es larga, mi amor, nunca digas nunca.


-¿Pasarías una vida sin tocar si te lo pido?- Se removió, levantando despacio los brazos para abrazarlo, apretándolo solo un poco.


-Sí.- Fue sincero.- ¿Me dejarías convencerte de lo contrario?


-Sí.- Susurró, enterrando la nariz en su pelo sin poder dejar de sonreír, sintiéndose un adolescente idiota.- ¿Sin tus zorras?


-Dios.- Rio de forma perezosa, a gusto con su nuevo lugar.- Sí, Harry, sin mis zorras.


-Bien.- Dijo feliz, sin tener ni la más puta idea de qué había pasado en esa charla.


Los dos sabían que acostados en la cama podrían hablar de cualquier cosa. Se sentían intocables ahí, bajo las mantas y abrazados, lejos de los ojos de todo el pueblo y el mundo que podría matarlos a piedrazos por dormir así. Fue de esta forma que empezaron a conocerse, entre susurros y preguntas de Harry que eran demasiado grandes como para que Louis pueda contestarlas todas.


No volvieron a la escuela, y Louis tampoco dejaba a Harry solo bajo ningún punto de vista. Sabía que no estaba bien, que aún tenía pesadillas y pensamientos intrusivos cada vez que se miraba al espejo, no estaba dispuesto a perderlo solo por salir al pueblo. Necesitaba ayuda profesional como la que tuvo Félicité, pero no estaba seguro de que mencionarle ese asunto fuera una buena idea, Harry lo colgaría del mastil de la entrada del pueblo si le sugería ir al psiquiatra. Mientras tanto, le enseñaría a pelear.


-¡Hijo de puta, esa dolió!- Harry gritó tirado en el piso, mirándolo mal.


-¡Levanta el culo, joder, no lograste darme ni un golpe!- Estaba enojado. Le había dicho que sabía pelear, ¿por qué le mintió?


-¡¿No dijiste que me ibas a enseñar?!- Le gritó también, levantándose la ropa para ver si la patada que le había dado no lo había lastimado.


-¡¿No dijiste que ya sabías?!- Le contestó más fuerte, agarrándolo a lo bruto del brazo para ponerlo de pie.


-¡NO VOY A GOLPEARTE!


-¡HAZLO!- Harry le dio un cabezazo que le estalló la nariz, y Louis sonrió.


Se golpearon en serio, peleando para ganar. Harry tenía más fuerza, pero era lento y un poco torpe, y Louis aprovechaba su altura para pegarle desde otros ángulos, tratando de esquivar las piernas del chico que pagaban fuertes empujones.


-¡Pelea sucio si tienes que hacerlo, estamos hablando de tu vida contra otro hijo de puta!- Lo alentó escupiendo sangre y volviendo a tirarse sobre él, mordiéndole un brazo. Harry gritó pero le pegó un rodillazo en la entrepierna, dejándolo fuera de combate al instante.- …justo así.


-¿Estás bien?- Jadeó, limpiándose la sangre de la nariz.- Ángel.


-No.- Lo miró obvio, respirando hondo y acordándose de todos los muertos del chico.- Me dejaste estéril, hijo de puta.


-¿A quién te vas a follar tú para tener hijos, pedazo de mierda?- Lo miró enojado, rodando los ojos cuando negó.


-Tráeme hielo.- Masculló.- Te estoy diciendo que se me cae la polla y tú estás pensando que me voy a ir con otra.


-Preséntame a la amiga si te vas.- Bufó, alejándose, ignorándolo cuando le tiró un almohadón a la espalda.


-A mi polla te voy a presentar, cállate de una vez y tráeme el puto hielo.


-Te escuché, joder, espera.- Sacó hielo y lo envolvió en un trapo, volviendo con el ceño fruncido.- Aquí, infiel.


-No puedes estar hablando en serio.- Rio sin poder evitarlo.- Ven aquí.


-No.


-Que vengas.


Se sentó con el ceño fruncido a su lado y le puso de forma brusca el hielo sobre la entrepierna. Louis soltó una risita y lo abrazó por la cadera, tirando de él para que caiga sobre su pecho.


-No entiendo de qué te ríes.- Le recriminó, girándose para quedar frente a su rostro.


-De tu culo celoso y absurdo.- Se mordió el labio inferior, levantando las cejas.- Mi princesa tóxica y violenta.


-Ay, por favor.- Se revolvió para alejarse, sin poder hacerlo.- Si yo te digo algo como eso seguro sales a matar a alguien.


-Por supuesto.- Dijo obvio.- Si eres mío.


-Oh, Ángel.- Suspiró con pena fingida.- ¿Quién te mintió así?


-¿Ah sí?- Dijo sedoso.- Perfecto, me voy a…-


-Terminas esa frase y te dejo sin polla.- Y para enfatizar apretó más el hielo, haciéndolo sonreír.


-Vamos a salir.- Cambió por completo de tema.


-Mañana tengo que ir a trabajar.- Dijo al mismo tiempo, y se miraron confundidos.- ¿Salir?


-¿Trabajar?- Lo miró atento.- ¿De qué?


-Es que no va a gustarte la respuesta.- Masculló alejándose un poco, por las dudas.- Soy modelo.


-Ajá.- Le alzó las cejas, acercándolo de nuevo para no revolear el hielo, porque intuía que eso no era todo.


-Todos los meses me retratan.- Louis lo miraba serio, esperando.- Desnudo.


-¿Disculpa?


-Ya escuchaste, Louis, no me hagas repetirlo.- Se despeinó, nervioso, ya anticipando el infierno que le desataría por eso.


-¿A dónde tienes que ir?


-¿Qué?- Se descolocó por completo.


-Te pregunté a dónde tienes que ir.


-A la casa de Amanda.- Tosió.- La...-


-Esa vieja asquerosa, puta rara de mierda.- Insultó por lo bajo, soltándolo y alejándose molesto. A Harry se le llenaron los ojos de lágrimas.


-No me sueltes.- Susurró a un paso de llorar, alarmando al otro que al instante de verlo lo abrazó de nuevo, más fuerte y con ambos brazos, tirando el hielo a algún lugar.- ¿Por qué te alejaste? Te doy asco, ¿verdad?


-Nunca.- Prometió, completamente enojado pero atento al chico.


-No me gusta mi trabajo, pero es el único que tengo.- Explicó bajito, y realmente entendía, Louis lo hacía.


-Te debo tu momento Titanic, mi amor.- Cambió de toma por completo, pero no sabía qué hacer.- No sé qué contestarte de tu trabajo, pero puedo llevarte a pasear para que sonrías.- Habló sobre su pelo, y sonrió antes de seguir.- Porque no eres una de mis zorras, ¿ves?


-Como si pudieras volver con tus zorras luego de estar conmigo.- Alardeó con más confianza, Louis lo hacía sentir así.


-Ese es mi chico.- Dijo orgulloso.- Mañana seguiremos entrenando.


-¿No te alcanzó con que te rompa la polla, Ángel?- Rio.


-Levántate, insolente.- Lo retó, pero cerró los ojos y sonrió cuando Harry le dejó un beso dulce en la mejilla antes de hacerle caso.


Se bañaron y curaron los golpes, sin importarles que la mañana comenzara a avanzar. Harry cocinó mientras Louis arreglaba una de las miles de cosas rotas que había en la propiedad, y comieron en silencio, sentados en el techo para que el sol los calentara un poco. Louis quería dormir pero ya no podía hacerlo sin Harry, por lo que el rizado tuvo que acostarse con él y la compañía de un libro, dejándolo descansar mientras se entretenía con la novela que le interesó y Louis robó para él. ¿Su Ángel? El último romántico, definitivamente.


Se levantó despacio para preparar la merienda, sabiendo que solo tenía unos minutos antes de que Louis se levantara de mal humor y lo busque para reclamarle que lo dejó solo. Efectivamente, solo pasaron 10 minutos antes de que unos brazos lo envuelvan por detrás.


-Deja de irte cuando duermo.- Reprochó.


-Es la única forma.- Se defendió.- Si te despierto me insultas pero me abrazas más fuerte, quería mi merienda.


-Sigo sin estar de acuerdo.- Negó, metiendo sus manos bajo las capas de ropa, acariciando su suave piel.


-Te hice té.- Ofreció girándose un poco para sonreírle, pero Louis se deslumbró.- ¿Qué?


-Estoy enamorado de ti.- Susurró sincero.- No solo por un flechazo, te conozco y mucho, y sigo enamorado de ti, más que antes.- Recorrió su rostro con los ojos, absorto.- Eres tan hermoso, por Dios.


-Ángel, Dios.- Soltó el aire sin saber qué decir.


-No digas nada.- Lo calló.- No espero una respuesta, pero si aprendí algo en esta vida es que nunca está mal decir lo que siento.


-No sé cómo se sienten las cosas.- Trató de explicar, confundido, sin notar que estaba nervioso, a punto de llorar.- No entiendo, no…-


-Mi amor, hey.- Se alarmó por verlo así.- Tranquilo, respira.


-Odio ser así.- Respiraba cada vez peor.- Odio no entender, no sentir, no…- Louis lo calló con un beso.


No se movió, se mantuvo en puntas de pie en su espalda, aún abrazándolo, pero estirado a su boca para cubrirla con la suya. Necesitaba que respire, que se calme y vuelva a su eje, y sabía que él podía darle la misma paz que Harry le regalaba, así que lo besó. Le latía el corazón como si estuviera en una maratón y sentía un poco de tensión en su boca y la de Harry, pero contenerlo funcionó, porque comenzó a respirar mejor y a relajarse, soltando sus labios hasta sonreír un poco, aún con Louis sobre él. Cuando lo notó sonrió también, y se animó a dejar un pequeño beso antes de alejarse a su oído para hablarle.


-Quiero que me escuches y no te enojes.- Empezó, acariciando su piel, y continuó cuando asintió.- Quiero llevarte al psiquiatra.


-No.- Lo cortó al segundo.


-Déjame terminar.- Siseó, apretándolo contra él.- Te quisiste suicidar, Harry, y eso no es una causa, es el resultado de muchas cosas malas. Por favor, mi amor.- Suplicó.- Lo necesitas y lo sabes.


-Crees que estoy loco entonces.- Rio con veneno.


-Creo que sufriste mucho y necesitas ayuda.- Lo cortó.- Félicité tampoco sentía emociones, se negó a sentirlas hasta que lo logró, fue su forma de protegerse.- Negó, perturbado. Siempre le dolería hablar de ella.- Tú ya no lo necesitas, me tienes a mí para cuidarte.


-Tu hermana tenía…- Se mordió la lengua antes de seguir hablando, antes de recordarle el destino de Félicité y lastimarlo más.- ¿Y qué se supone que haré? ¿Sentarme con un desconocido y decirle que mi padre me golpeaba? Sorpresa, no soy el primero ni seré el último.


-No serás el primero ni el último en ir a terapia.- Apuntó, usando su última carta.- Seguimos siendo tú y yo, Lucky, jamás voy a juzgarte por hacerlo, ¿tú lo harías si fuera al revés?


-No eres tú el que…-


-Pregunta de sí o no, mi amor.- Lo retó.


-No.- Bufó.- Es demasiada mierda, Louis, no sé si quiero hacerlo, y no puedes obligarme.


-Jamás lo haría.- Le dio la razón.- Pero no tienes que ir el primer día y contar todo, es un proceso. A mi hermana le sirvió.- Soltó el aire, aceptando que si Harry se animaba él también podía hacerlo.- Y a mí también.


-¿Eh?- Se dio vuelta al instante, bajando los ojos para clavarlos en los suyos.


-No fue constante.- Admitió, haciendo fuerza para no bajar los ojos.- Pero necesario. Hubo un tiempo que tomé pastillas para dormir, las sesiones me ayudaron a llevar la enfermedad de Félicité y a saber qué hacer.- Sonrió con amargura.- 2022, mi amor. Actualízate.


-Ni siquiera tenemos cable, idiota, ¿de verdad piensas que en este pueblo vivimos actualizados?- Se burló un poco, levantando con cuidado las manos para sostener su rostro.- ¿Estás bien?- Louis negó.- ¿Vas a acompañarme al doctor?- Ahora asintió.- ¿Vas a volver tú?- Se encogió de hombros.- De acuerdo.


-Puedo llevarte al mismo que Félicité.- Le ofreció, cerrando los ojos al sentirse a gusto con su rostro entre sus manos.- Te gustará, lo llamaré mañana.


-¿Es afuera del pueblo?- Le preguntó, ilusionado de repente, y Louis tuvo una idea.


-Nos vamos ya.- No dio lugar a réplica, y Harry lo siguió curioso, dándole un último sorbo a su té ya frío.


Harry terminó de abrigarse bien antes de salir, riéndose un poco al ver lo impaciente que su Ángel parecía. Estaba apoyado en su bicicleta, luchando contra su gorrito y su pelo, pero se quedó quieto cuando Harry lo ayudó con cuidado antes de asegurarse que nadie los veía.


-Listo.- Susurró, dejando una última caricia en su rostro.


-Mira.- Le dijo emocionado, moviéndose para mostrarle la bicicleta. Le había soldado un nuevo caño debajo del que se sentaba Harry, y le había puesto una chapa que simulaba un pequeño asiento para el chico, con un almohadón y todo.- Así estarás más cómodo, y si te paras aquí…- Se sostuvo de él para pararse como pudo en el caño.- Tendrás tu momento Titanic sin que tengas miedo de caer.


-¿Cuándo hiciste esto?- Estaba sorprendido, pero no podía dejar de sonreír emocionado y halagado.


-Mientras arreglaba cosas.- Se encogió de hombros, ansioso.- ¿Te gusta?


-Ay, Ángel.- Rio, dando un pasito más cerca para sonreírle y sostener su mano por un segundo.- ¿Cómo no va a gustarme? Si lo hiciste pensando en mí.


-¿Quieres saber qué otra cosa hago pensando en ti?


-Es imposible hablar contigo.- Negó soltándose, demasiado sonriente para que Louis lo tomara en serio.- ¿A dónde vamos?


-A ser felices.- Se burló, haciéndolo reír. Se subió y lo ayudó a hacerlo, dejándolo que se esconda otra vez en él, comenzando a pedalear a la salida del pueblo.


-Quiero ver, ¿puedo ver?- Sonaba emocionado.


-Sí.- Rio, parando para que se siente mejor, usándolo como respaldo. Lo hizo sonreír cuando agarró sus manos en el manubrio, y tarareó cuando dejó un beso en sus rulos.- Vamos.


-Ahora en serio, ¿a dónde vamos?


-Iba a llevarte a pasear para que tengas tu momento Titanic, pero podemos ir a buscar a Liam a la ciudad.- Harry giró la cabeza para mirarlo.- Sé que quieres salir del pueblo.


-¿Quién es Liam?- Era más curioso que celoso.


-El psiquiatra.- Volvió a besar sus rulos.- Tiene unos 30 años, está casado con un hombre y Félicité lo amaba, decía que era su mejor amigo. Me tuvo mucha paciencia.- Admitió con una sonrisa.- Realmente creo que puede hacerte bien, Lucky.


-No tengo dinero para pagar eso, Ángel.- Le señaló.


-Trabaja en un centro estatal, no cobra las consultas.- Negó tranquilo.- Quiero hablarte de una idea, y me gustaría saber más de tu trabajo.


-Te vas a enojar conmigo.- Negó.


-Harry, yo también tuve que salir a trabajar de lo que sea, no es contigo el enojo.- Murmuró.- Pero tú vas a enojarte conmigo si te propongo arrancarle la cabeza a esa degenerada asquerosa, así que pasemos a mi idea.


-No sé dónde guardas tanta violencia.- Rio, apretando sus manos y cerrando los ojos para disfrutar del viento.


-Tengo que volver a trabajar.- Explicó.- Y soy bueno con la mecánica. Quiero abrir un taller.


-Pero el pueblo ya tiene uno.- Señaló, recordándole que no existía la competencia en ese lugar.


-Caro y malo.- Bufó.- Tienes que estar de acuerdo, es tu casa.


-¿Tienes las cosas para empezar?- Louis asintió.- Hazlo entonces.


-Gracias.- Sonrió, pedaleando más fuerte.- ¿Qué quieres hacer tú? No te digo ahora.


-Es una pregunta muy difícil para contestar, Ángel, hace tres semanas me colgué con la intención de…-


-Harry.


-Perdón.- Suspiró.- Cuando era niño quería ser maestro, pero mi papá me enseñó que eso es de mujeres.


-Tu papá era un imbécil.- Sentenció.- Tienes que terminar la escuela para estudiar y ser maestro.


-Tengo que trabajar.- Se acurrucó en él.- En la casa somos tú y yo, y…-


-Me gusta como suena eso.- Lo interrumpió con una sonrisa, haciéndolo reír.


-Maricón.


-Sí, demasiado.- Dijo con asco, haciéndolo reír más.- Puedes ayudarme en el taller, o hacer otra cosa que no te haga sentir mal.


-¿Y si te digo que quiero seguir con lo que tengo?


-Hazlo entonces.- Contestó serio, para nada feliz, y Harry sintió que su corazón latió demasiado rápido. Louis era realmente un ángel.


-¿Quieres venir mañana conmigo?- Preguntó.


-Creí que estaba claro que iba a ir contigo.


-Me gusta que seas así.- Sonrió, aceptando con paz el beso que dejó en sus rulos.- Me gustas tú.


-Me gustas también.- Sonreía como el idiota orgulloso que era.- ¿Quieres tu momento Titanic?


-¿En serio?- Hizo un ruidito feliz cuando lo sintió asentir.- ¿Me paro?


-Con seguridad, mi amor, sino vas a tambalearte.- Indicó, estirándose bien para que pueda apoyarse con más seguridad. Harry se irguió y él lo sostuvo con la cabeza desde su cintura, mirando para arriba con una sonrisa.- Abre los brazos y grita lo que quieras, te tengo aquí.


-¡LOS ODIO A TODOS, HIJOS DE PUTA!- Gritó a todo pulmón, siendo acompañado por las carcajadas de Louis que seguía pedaleando rápido.- ¡CÓMANSE UNA POLLA!


-Mientras que no sea la tuya.- Rio, besando su cintura por sobre las capas de ropa.


-¡MI ÁNGEL ES MÁS FUERTE QUE USTEDES!- Louis no era capaz de sonreír más.- ¡MAMÁ, PAPÁ, LA ESCUELA, TODOS PUEDEN IRSE A LA PUTA MIERDA!


-Y Amanda.


-¡TAMBIÉN TÚ, VIEJA ASQUEROSA, PUTA RARA DE MIERDA, JODER, MUÉRETE DE UNA VEZ!- Se estaba dejando la garganta allí, pero gritar era tan, pero tan liberador que no podía dejar de hacerlo.- ¡SIGO AQUÍ A PESAR DE USTEDES, HIJOS DE PUTA!


-Ese es mi chico.- Susurró orgulloso, dejándolo gritar.


Harry se quedó callado luego de un rato, pero no volvió a sentarse, sino que sostuvo la cabeza de Louis en su cintura y disfrutó del viento. Se sacó el gorro y se soltó el pelo, sonriendo al sentir sus rulos largos volar con libertad. Pero quería más.


-Ángel.- Llamó, ganando su atención al instante.- ¿Puedes pararte conmigo unos segundos?


-No puedo soltar el manubrio.- Avisó.- Puedo darte unos segundos.


-Sí.- Sonrió feliz, volviendo a ponerse derecho. Louis tomó velocidad, mucha, y se irguió aún pedaleando, hasta poder hacer equilibrio y quedar contra su espalda, abrazándolo con fuerza por la cintura.


-¿Feliz?


-Mucho.- Sonrió, cerrando los ojos y abriendo los brazos, riendo fuerte cuando Louis lo besó por un largo momento en la mejilla.- Gracias.


-Siempre.- Juró, sonriendo contra su mejilla cuando volvió a gritar al viento.


-¡ESTOY ENAMORADO DE UN HOMBRE Y NO ME IMPORTA LO QUE DIGAN!



-Llegamos.- Jadeó, sintiendo que tenía las piernas hechas de gelatina.


-¿Puedes caminar?- Arrugó la nariz, mirando alrededor. Pero nadie les prestaba atención, eso le dio valor.- Ven, te llevo en la espalda.


-No… sí.- Se rindió, sonriendo un poco al verlo agacharse frente a él.- Gracias, mi amor.


-Cuando quieras, Ángel.- Susurró, saltando un poco para acomodarlo. Rio cuando lo apretó con las piernas y lo sostuvo, sintiéndolo pequeño en su espalda.- Me gusta ser quien te lleva ahora.


-Me llevaste a la cama dormido, varias veces.- Señaló, indicándole por dónde caminar.- Ugh, no traje el candado para la bicicleta.


-¿Es necesario?- Consultó bastante sorprendido, frunciendo el ceño por la risita que sintió en su oído.- No te rías de mí.


-Perdón.- Besó su mejilla con libertad.- Estamos en la ciudad, mi amor. Aquí somos libres, pero si dejo esa cosa sin candado tendremos que volver caminando a casa.


-¿Libres?


-Sí.- Dijo lento, cuidando sus palabras.- Yo estoy enamorado de ti y tú gritaste al cielo que estás enamorado de un hombre, aquí no estamos mal.


-Estamos mal donde sea.- Negó, tenso, y Louis suspiró pero no insistió, quedándose callado.


-Bájame.- Pidió, pero el rizado negó.- Harry.


-Estás enojado.- Afirmó.


-No.- Aseguró.- Respeto tus creencias, Harry, pero no me pidas que las predique también.


Lo bajó de mala gana, y Louis afianzó las piernas antes de agarrar la bicicleta y caminar, haciéndole una seña para que lo siga. Harry lo acompañó sintiéndose mal, porque Louis le demostraba todos los días que ellos estaban bien juntos, que podían robarse esos momentos al tiempo, donde estaban juntos y se sonreían como amantes, queriéndose bajo la oscuridad de la habitación que compartían.


-¿Louis?- Una voz extraña llamando a su Ángel lo devolvió a la realidad, y frunció el ceño al ver un hombre sonreír genuinamente feliz. Era alto, casi como él, y tenía una sonrisa agradable que Louis estaba correspondiendo sin problemas, justo frente a sus ojos. El hombre estaba bien vestido y con un maletín, y terminó de salir del edificio para acercarse al chico y abrazarlo con fuerza, algo que Louis aceptó y correspondió sin vacilar.


Harry jadeó y se alejó un paso, guardando las manos en el bolsillo de su abrigo y girándose para no mirar, sintiendo las lágrimas subir a sus ojos. Pero se negó a dejarlas salir, sino que se alejó unos pasos más con decisión y apretó los dientes, pensando en cada uno de los momentos que compartió con Louis ese último mes, como prometió no irse de su lado, como…


-Vuelve aquí, mi amor.- Louis lo envolvió con delicadeza por detrás, casi sin tocarlo y hablándole al oído.- Puedo abrazar a todo el universo, pero el único al que amo eres tú.


-No me importa.- Mintió de forma horrorosa, aún enojado.- Si no me vas a abrazar bien, no me toques, ¿o tienes miedo que tu amiguito te vea conmigo?


-Dios, estás tan celoso.- Rio, aplastándolo con un abrazo muy fuerte, poniéndose en puntas de pie para besar su mejilla con fuerza, repetidamente.- Tan putamente lindo, joder, es imposible no enamorarse de ti.


-Ángel.- Se quejó con una sonrisa, y Louis consideró como una victoria que no se aleje.- ¿Quién es ese?


-Tu futuro psiquiatra.


-Ni de coña.- Negó, molesto de nuevo.- Te quiere follar.


-Está casado.- Le recordó.- Y me importa un coño cualquiera que no seas tú.


-¿Lou?- Louis cerró los ojos con dolor y Harry se sonó el cuello al escuchar el apodo.- Hombre, ¿vienen a cenar? Zayn va…-


-Hola.- Harry se giró con una sonrisa odiosa en el rostro quedándose entre los brazos del chico.- Lou y yo vinimos juntos.- "Lou" apretó su sonrisa en el hombro tenso del chico.- Soy Harry.


-Es un gusto.- Le sonrió con más formalidad que a Louis, sin dejar de ser cálido.- Soy Liam, es un gusto conocerte. ¿Quieren venir a cenar? Mi esposo preparará pizzas caseras, mientras más mejor.


-¿Lou?- Llamó, dejándole la decisión.


-Vamos.- Lo soltó, pero buscó sus dedos y los entrelazó con decisión.- Estamos en bicicleta, te seguimos.


-Harry es más alto que Fizzy, ¿lo llevas en el caño también?- Rio sin maldad, pero Harry se ofendió profundamente, y Louis habló antes de que lo mande a la mierda.


-Le hice un lugar para que esté más cómodo.- Dijo orgulloso.


-A mí me gusta.- Aclaró mirándolo mal, y el hombre alzó las manos.


-Perdón, perdón, no quería sonar así.- Se disculpó de forma sincera, pero Harry le rodó los ojos.


-Lucky…- Le avisó serio, pero notó que estaba de verdad incómodo, así que tiró de él, dándole una mirada a Liam para que espere lejos.- ¿No quieres ir?


-Tú sí quieres.- Murmuró mirando al piso, jugando con los dedos del chico en su mano.


-No es lo que pregunté, mi amor.- Señaló en voz baja, relajándose.- Estamos paseando, ¿recuerdas? Puedo enseñarte la ciudad, caminaremos y comeremos algo nosotros.


-No me vas a dejar por Liam, ¿verdad?- Consultó muy en serio, aterrado y cansado de que todas las personas que pasaron por su vida lo dejen. No podría superar nunca la partida de su Ángel, su Lou. No de Liam, suyo.


-No, princesa celosa.- Se acercó con cuidado y se puso en puntitas de pie para cerrar la distancia y dejar un suave beso en la mejilla, preparado para que lo aleje. Pero no lo hizo, y se sintió feliz.- ¿Qué hacemos entonces?


-Vamos.- Suspiró, luchando contra sus demonios y recuerdos.


Era realmente muy difícil. Harry estaba acostumbrado al dolor, a llorar sin entender por qué, a darse cuenta demasiado tarde que las cosas se estaban yendo a la mierda. Había momentos en que bajaba su guardia y la agonía lo destrozaba en un segundo, y allí cometía errores, como decidir que colgarse del puto techo era una idea inteligente.


Era muy difícil porque no entendía el por qué de las cosas que hacía: no entendía por qué tenía que frenarse de agarrar a Louis y besarlo todo el tiempo, porque le habían enseñado a base de sangre y dolor que eso estaba mal. No entendía qué le generaba ese desagrado irracional a ese Liam que apareció de repente, pero quería tirarlo abajo de un auto. Lo que nadie entendía, a veces ni él mismo, era que no tenía emociones, no las percibía, no podía entenderlas hasta que no crucen un punto de no retorno, y era algo tan jodidamente peligroso que prefería no pensarlo.


Subieron la bicicleta a la camioneta y se sentaron los tres adelante, Louis en el medio del fuego. Lo dejó mirar por la ventana en paz, era la primera vez que estaba en la ciudad después de todo, y se encargó de que la charla sea inofensiva y amena, no quería poner más incómodo al chico.


-Estamos en la etapa final para adoptar.- Le contó orgulloso, llamando la atención de Harry que se giró a mirarlo sin disimular.- Un adolescente, está yendo a casa algunas tardes para adaptarse, está emocionado.


-¿Van a ser padres?- Louis contuvo la respiración.


-Sí.- Giró la cabeza un segundo para sonreírle feliz.- Se llama Theo. Zayn y yo no queríamos ser padres al principio, pero los años fueron pasando y cambiamos, los dos estamos de acuerdo en que los niños grandes son lo nuestro, y Theo llegó en el momento justo. Tiene 15, sus padres lo…-


-Liam.- Lo cortó seguro y el hombre se calló al instante, atento a Louis que miró a su… acompañante.- Felicitaciones, serán padres increíbles.


-Felicidades.- Dijo también, perdido, y la camioneta quedó en silencio. Hasta que Harry olvidó que allí también estaba Liam, y volvió a abrir la boca.- ¿Ángel?


-Dime.


-¿Nosotros vamos a tener hijos?- Hasta Liam se quedó duro.


-¿Quieres tenerlos?- Preguntó sin saber qué decir.


-No sé.- Murmuró.- No sé cuidar de mí mismo, no puedo tener hijos.


-Eso es mentira.- Le reprochó.- Toda nuestra vida por delante, ¿recuerdas?


-Mmm.- Soltó el aire, dejando caer la cabeza para usar su hombro de almohada.- Sería un padre de mierda.


-¿Por qué?- Liam no llegó a morderse la lengua a tiempo, incluso aceptó la patada algo fuerte que Louis le pegó por hablar.


-Porque el único padre que conozco es el mío.- Si estaba con Louis podía responder cualquier cosa. Además, ese tipo sería su psiquiatra.- Y no me fue muy bien. ¿Esta es la primera sesión? Porque no traje dinero para pagarte.


-Y después el bruto soy yo.- Louis rio relajándose un poco, dejando caer su cabeza sobre la de Harry, disfrutando de tener su mano entre la suya.


-¿Quieres empezar terapia conmigo?- Liam se sorprendió mucho.- Lou, ¿tú igual? No me parece correcto atenderlos si son pareja.


-Agh, hijo de puta, tú no sabes cuándo cerrar la boca, ¿verdad?- Louis gimió tapándose los ojos y Harry soltó una risita.


-¿Qué dije?- Se confundió, hablando un poco indignado.


-Crecí en el mismo pueblo que él.- Harry comentó en voz baja.- Hazme caso cuando te digo que mis creencias son mucho más fuertes que las suyas.


-¿Vas a entrar a mi casa, con mi esposo, creyendo que estamos enfermos?- Preguntó muy en serio, porque no metería a alguien así a su hogar.


-¿Qué coño me importa a mí lo que hagas?- Se ofendió.- Me importa una mierda, Liam, no te conozco.


-Pero…-


-De acuerdo, frena aquí, nosotros nos vamos.- Louis lo cortó con frialdad. Ni de coña iba a dejar que juzgue a su chico.- Encontraremos otro psiquiatra.


-¡No! Perdón.- Tuvo la decencia de mostrarse avergonzado.- Por favor, cenen con nosotros. Hace mucho que no te veo, Lou, y si Harry está contigo quiere decir que es un chico increíble.


-Te dije que te quería follar.- Comentó en voz baja, sacándole una risa. Gracias al cielo, Liam no escuchó.


Zayn era todo sonrisas dulces cuando llegaron, y desarrolló rápidamente una fascinación por los rulos de Harry, algo que Louis no apreció, definitivamente. Lo abrazó de forma posesiva por la cintura cuando Zayn acarició su pelo por tercera vez, y Harry no pudo evitar reír de verlo todo serio y de mal humor, fingiendo mirar para un costado mientras lo abrazaba con fuerza contra su pecho.


-¿Todo lo que me dijiste sobre Liam?- Le dijo en voz baja en un momento que el matrimonio se fue.- Recuérdalo y repítelo para ti.


-Es mierda pura, si te toca el pelo una vez más le cortaré las manos y se las haré tragar.- Harry estalló a carcajadas, relajándolo un poco.


-Mírame.- Murmuró, armándose de valor. Louis lo hizo de mala gana, abriendo mucho los ojos por la sorpresa cuando le sostuvo el rostro con suavidad antes de acercarse y dejar un beso suave y tímido en sus labios, un beso muy rápido y muy corto, pero un beso al fin.- Grité al viento por ti, Ángel, ¿no te alcanza?


-Me besaste.- Susurró, sonriendo despacio, y Harry bajó los ojos, pero asintió.- ¿Te gusto?


-¿Qué es esa idiotez de pregunta, Louis?- Lo miró por pura indignación, pero cerró los ojos y sonrió cuando se acercó a dejarle otro beso suave.- Sí, Ángel, me gustas.


-Tú a mí.- Sonrió como demente, buscando sus ojos.- Te lo dije, una vida es mucho tiempo para pasarlo sin tocar.


-Te me acercas en polla y te la corto.- Avisó muy en serio.


-Despacio, mi amor, no eres el único que tiene que acostumbrarse al cuerpo del otro.- Rio feliz, deseando reclamar esos labios por fin, con un beso de verdad.- Seré feliz si me dejas besarte siempre.


-Lo discutiremos en casa.- Negó, alejándose un poco cuando volvieron a entrar. Y Louis fue feliz.


La cena fue buena. Al principio, Harry estaba tenso, necesitaba el contacto de Louis para calmarse pero no se animaba a pedirlo o buscarlo, le daba vergüenza ser así. Pero vio curioso todos los intercambios que Liam y Zayn tuvieron, las risas compartidas y los toques inocentes pero constantes, y pudo por fin acercarse a tomar la mano de su Ángel que no lo dejó ir otra vez.


La noche cayó rápido y por completo, no les resultó difícil a los dueños de la casa convencerlos para que se queden por seguridad, tenían una habitación extra y no molestaban. Liam les dio un cepillo de dientes, disculpándose por no tener más, y les mostró la habitación en el sótano, dejándolos con una sonrisa para que descansen.


Harry fue el primero en lavarse los dientes y meterse al baño, y casi se cae al tropezarse con sus propios pies al ver a Louis medio desnudo frente a él, bostezando como si nada.


-¿Por qué estás casi desnudo?- Exigió.


-No voy a dormir con ese pantalón.- Dijo obvio, metiéndose en el baño.


Harry abrió y cerró la boca sin saber qué hacer, porque hace horas le dijo a Louis que aleje su polla de él, pero ya no estaba tan seguro de querer eso. Porque, por favor, el cabrón estaba buenísimo.


Se metió en la cama, impaciente por abrazar a Louis y dormir, pero cuando finalmente lo tuvo a su lado bajo las mantas y con la habitación a oscuras su cerebro tuvo otro plan.


-Enséñame a besar.


-¿Qué?- Se ahogó con su propia saliva, y casi se desnuca para verlo.


-Mi primer beso fuiste tú, cuando te giré la cara de dos golpes.- Explicó rápido.- Enséñame más.


-Harry, ¿estás borracho?- Se preocupó un poco, no lo había visto tomar. Pero el chico no apreció su comentario.


-No me enseñes una mierda.- Masculló dándose vuelta.- Olvídalo.


-Agh, mierda, no.- Bufó, abrazándolo con fuerza por la espalda.- No te enojes conmigo.


-¿Por qué me preguntas si estoy borracho entonces?


-Porque hasta hace unas horas estabas convencido se que estábamos mal.- Le recordó.- Date vuelta.- Sonrió como idiota cuando le hizo caso, quedando frente a él con una mueca triste. No lo miraba, no parecía querer hacerlo, pero no se alejó cuando se acercó.- ¿De verdad quieres que te bese?


-Sí.- Se mordió el labio, angustiado.- ¿Está mal?


Louis cerró la distancia como única respuesta, besando sus labios con suavidad. Harry cerró los ojos, relajándose, pero Louis no hizo nada nuevo, y se separó a los segundos.


-Ese beso ya lo conoces.- Le dijo en voz baja, cerniéndose sobre él mientras se lamía los labios.- Presta atención a este porque es importante para el siguiente.


Volvió a bajar a su boca, estremeciéndose al sentir las manos de Harry deslizándose por su espalda. Abrió con cuidado los labios para atrapar el superior de Harry que copió instintivamente su acción, permitiéndole tomarse su tiempo en ese simple beso que le abriría a Harry las puertas de un mundo nuevo.


-Vuelve aquí.- Pidió cuando se alejó de ese beso simple, la antesala del verdadero beso que se moría por darle.- Ángel…-


-Quiero que me sigas ahora, mi amor, ¿bien?- Su asentimiento fue todo lo que necesitó.


Harry lo abrazó por la cadera cuando Louis levantó una mano para sostener su rostro y bajó a su boca por fin, atrapando sus labios en un beso lento.


Tenían los ojos cerrados, y respiraban despacio y juntos, acomodándose al nuevo contacto. Louis ladeó un poco la cabeza y Harry lo siguó instintivamente, girándola para el otro lado y abriendo los labios para seguir sus movimientos con suavidad, de forma tímida, complacido de notar que podía tener más de Louis de esa forma. Se acomodó despacio al vaivén de sus labios y a los chasquidos que interrumpían el silencio de la habitación, y fue entregándose cada vez más, abriendo más la boca y acelerando el beso, siguiendo a Louis que deslizó la mano en su rostro a sus rulos, tirando de él mientras lo aplastaba con su cuerpo. Harry gimió por el contacto inesperado, y Louis se volvió loco. Se separó a la fuerza.


-Este es el último.- Jadeó contra su boca, chocando sus labios otra vez antes de que pueda recuperarse. Harry volvió a gemir y Louis empujó su lengua a la suya, profundizando el beso a niveles que jamás se imaginó, haciéndolo estremecer cuando acarició su lengua de forma sinuosa, provocándolo para que se acerque más a él mientras aventuraba sus manos bajo la remera, subiendo por su piel y arañando sin mucho cuidado a su paso, haciéndolo gruñir de forma bastante animal, besándolo con más fuerza.


La fuerza con la que Harry volvió a tirarse sobre él los hizo rodar, pero siguieron besándose cada vez más fuerte, mandando a la reverenda mierda todo lo que aprendieron de la vida, sacándose la vergüenza junto a cada prenda de ropa que comenzó a volar sin que se dieran cuenta. No fue hasta que sus torsos calientes y desnudos chocaron que volvieron a la realidad.


-Mierda.- Harry jadeó apartándolo de un empujón, pero Louis volvió a gruñir al acercarlo posesivo.


-Tú no te vas a ningún lado.- Ordenó volviendo a besarlo sin importarle nada más, gimiendo al encontrar el mismo deseo correspondiéndole.


-Mierda, Louis, no.- volvió a empujarlo cuando sintió una mano apretar con firmeza su polla sobre la ropa interior, la última resistencia.


-Dame un motivo.- Exigió jadeando contra sus labios.


-Porque estoy diciéndote que no.- Espetó, y el chico se alejó de él como si fuera fuego.


-Joder.- Se despeinó mirándose la polla dura dentro de su ropa interior, pero no volvió a acercarse.- Mierda, Lucky, no puedes decirme que estamos mal luego del huracán que somos juntos


¿Qué no entiendes?- Escupió repentinamente furioso, con él, con Louis y con la vida. Se acercó de nuevo solo para agarrarlo de la polla con intención de demostrar su punto.- Esta polla que tú tienes aquí es igual a la que tengo yo entre las piernas, Louis. No está bien.


-Lo único que no está bien aquí es que creas que voy a dejar que te vayas luego de que me mostraste lo que es el cielo, mi amor, deberías conocerme mejor.- Y embistió su mano para probar su punto, haciéndolo cerrar los ojos.


-Ángel.- Reprochó ya sin saber qué hacer, y Louis lo vio


-Tú crees en tu cielo.- Murmuró mirándolo a los ojos cuando volvió a enfocarlo.- Y yo creo que el precio de la eternidad en el infierno bajo las peores torturas que existen es una mierda si significa que puedo pasar un minuto contigo entre mis brazos. Soy como tú, Lucky.- Insistió.- Y no lo cambiaría por nada del mundo, porque te amo aunque sea un idiota, te amo incluso cuando está mal. No me importa nada que no seas tú.- Remarcó.- No me importa que me parta un rayo mañana, que me maten a patadas por ser un maricón, no me importa nada más que tú y lo que me haces sentir.- Se mordió la lengua para poder seguir hablando con firmeza.- Me das vida, mi amor, no puedes decirme que querer vivir está mal, porque tu Dios te puso aquí para que ames y te dejes amar, y me puso a mí frente a ti para que lo hagas.


-No me hables de mi Dios cuando te besé como lo hice.- Suplicó, pero tiró de él para tenerlo más cerca.- No cuando estoy dispuesto a pasar lo que me quede de vida contigo siendo mi cielo y mi cruz.


-Oh, Lucky...- Suspiró, pero lo interrumpió.


-No pienso aceptar menos que las estrellas y la puta Luna, Louis, me merezco todo lo que existe en la Tierra.- Le avisó.- Si digo que sí te estaré dando mi corazón, te daré todo lo que tengo y quedará en tus manos la responsabilidad de que siga latiendo.


-Tú ya tienes el mío en las tuyas, y lo único que hiciste fue cuidarlo porque sabes que dañarlo es dañarte.- Estaba a punto de explotar.- Te daré más que el mundo, Harry, todo lo que existe es tuyo, todo lo que no exista y quieras también será tuyo, lo fabricaré para ti como sea, porque te amo.- Repitió claro.- Y tú me amas a mí, y vamos a vivir hasta el final juntos, pasando cada día como los pecadores que somos.


-Ángel...-


-No puedes decirme que sentirte así está mal.- Susurró buscando su mano para llevarla a su propio pecho, haciéndolo sentir sus latidos.


-No.- se rindió demasiado fácil, demasiado necesitado.- No puedo ni quiero, porque te amo y no me importa que esté mal.


-Ese es mi chico.- Susurró con una sonrisa demasiado grande.- Esto es nuestro, Lucky, pondré la cabeza de todo aquel que se atreva a decir lo contrario a tus pies


-Eres un bruto incorregible.- Rio enamorado, viendo con ojos de amor a la bestia salvaje y guarra que era su corazón.


-Soy lo que quieras.


-Mi ángel.- Susurró, dándole las gracias por primera vez.- El que llegó a tiempo y me regaló el resto de mi vida.


-Te buscaré en la otra cuando esta termine.- Juró.- No será suficiente admirarte si no es para toda la eternidad.


-Te amo, maricón.- Murmuró con una risita, mirándolo sonreír orgulloso.- Gracias, Ángel.


-Siempre.- Prometió acariciando con suavidad su nariz, compartiendo el primer beso esquimal que los reconfortó más que cualquier cosa.- Entonces…-


-Por Dios, sí.- Exclamó antes de acercarse él para partirle la boca de un beso desesperado, volviendo a rodar para quedar sobre él, mandando a la mierda a su Dios, su padre, su crianza y su vida, porque su Ángel lo besaba de una manera que ni siquiera soñó, eso era lo más importante del mundo.



5 meses habían pasado. Harry tenía 20 y Louis 24, y habían cambiado. Ya no había abrazos cuidadosos ni roces fortuitos, ahora Louis lo agarraba del culo cada vez que lo veía en la casa y le plantaba un beso largo, de esos que te dejan con las piernas temblando. Harry bailaba por ahí, dando vueltas y limpiando, ayudando a Louis con su taller y siendo todo precioso, a los ojos de su Ángel, claro. Le sonreía y cocinaba para él, le preparaba baños y lo abrazaba en sus siestas, y se sentía feliz cada vez que volvía del pueblo con un libro robado más, animándolo a leer.


Los dos tenían la confianza suficiente para que quede solo en la casa al menos un rato, y eso iba de la mano con la terapia de Liam. Los dos mostraron aversión a las pastillas para la depresión y la ansiedad, terminaron resolviendo que Harry no tomaría nada solo si seguía al pie de la letra las indicaciones médicas e iba a la consulta una vez a la semana. Tenía que tomar sol, mucho sol, levantarse temprano todos los días, bañarse y cambiarse antes de desayunar, abrir las ventanas de la casa y terminar sus tareas. Como no quería caminar por el pueblo, tenía que salir en bicicleta con Louis, haciendo ejercicio diario, tomar mucha agua y escribir en un cuaderno todo lo que pensara, sin censurar ni media palabra. Y funcionó, aunque no fue fácil.


Seguía teniendo pesadillas y de repente se encontraba llorando, con cambios absurdos de humor, pero Louis nunca se fue de su lado. Depresión severa, trastorno de ansiedad, trastorno límite de la personalidad, bipolaridad, agorafobia, disociación con sus emociones y recuerdos bloqueados por el trauma, Harry era eso. Pero para Louis, Harry seguía siendo su suerte y su amor, no importaba cuántas "etiquetas de loco", Harry le decía así, le pusieran.


-Ángel.- Llamó acercándose a él. Tenía los ojos rojos y pequeños, una muestra clara de que había llorado, y frunció el ceño antes de tirar de él a sus brazos, examinándolo con cuidado y a plena luz del día, tranquilo de saber que estaba en la ciudad y podía tocarlo con libertad.- Liam quiere hablar contigo.


-¿Qué pasó?- Preguntó alejándose de su bicicleta con candado al instante, siguiéndolo.- Lucky…-


-Habla con él.- Negó sin mirarlo, ya sintiéndose culpable.


-¿Pero estás bien?- Ya estaba temblándole un ojo del estrés.


-Dije que con él.- Y lo empujó al consultorio de su psiquiatra, cerrando la puerta.


-¿Qué le pasa?- Soltó a bocajarro, mirándolo nervioso. Liam parpadeó sorprendido.


-Le dije que quería hablar contigo sobre el pueblo.- Le señaló la silla con intención, pero no le hizo caso.- Harry vivió todo lo malo que le pasó allí, en esa casa, en ese pueblo. Me dijo que no puede ni mirar cuando salen en bicicleta, que espera a estar lejos para hacerlo. Y me gustaría hablar sobre las opciones…-


-Nos mudamos entonces.- Lo cortó, dejándolo sin palabras.- ¿Era eso?


-...sí.- Apretó los labios para no reír, sin poder creer que Harry estuviese tan preocupado por la reacción de Louis cuando era tan, pero tan obvia.- ¿Quieres traer a Harry para hablar de esto?


-¡Harry, ven aquí!- El bruto se limitó a abrir la puerta y gritar, pero fue suficiente para que vaya a él, todo nervioso e inseguro.


-No es necesario que nos mude…-


-Nos vamos a mudar.- Lo cortó seguro.- No vamos a vivir en un lugar donde te sientas mal.


-Pero tu taller…-


-Lo puedo poner en cualquier lado.- Sonrió engreído.- Soy bueno en mi trabajo, mi amor, donde lo ponga me irá bien.


-Le comenté a Harry que puede terminar la escuela aquí, y seguir estudiando.- Tosió, empujando la opción de vivir en la ciudad.


-Por mí, cualquier lugar estará bien.- Se encogió de hombros.


-Hablemos esto en casa.- Pidió cohibido, y Louis asintió antes de saludar a Liam y sacarlo de allí.


Llegaron al pueblo sin hablar y con rapidez, Louis había desarrollado una increíble fuerza en las piernas. Entraron a la casa que de repente se sintió pesada, y Louis entendió todo sin necesidad de hablar.


-¿Te gusta la ciudad?- Le preguntó subiendo con él a rastras al techo, el único lugar seguro.- ¿Quieres vivir allí?


-No tenemos dinero para eso.- Negó.


-Vende esta casa.- Se encogió de hombros.- Yo le vendí al Estado la mía para pagar el tratamiento de Félicité, con el dinero que me quedó compré mis herramientas. Esta casa es más grande, la comprarán a buen precio.


-¿Cuándo la vendiste?- Se confundió.- Estabas viviendo allí.- Louis sonrió.


-Nadie fue a sacarme, ¿por qué iba a irme?- Harry sonrió, apoyando su cabeza en el hombro de Louis que miraba el cielo.


-¿Estás seguro que quieres irte?- Susurró.


-Lucky, este pueblo puede prenderse fuego que no va a importarme.- Fue sincero.- Íbamos a irnos de todas formas cuando empieces a estudiar para ser maestro.


-¿Ah, sí?- Se sorprendió.


-¿Dónde vas a estudiar eso si no es lejos de aquí?- Fue obvio.


-¿Me acompañarás a vender esta casa?


-Me pelearé para que te den el mejor precio, y más.- Asintió, sonriendo feliz cuando escuchó una risita antes de recibir un beso largo en la mejilla.


Se mudaron un mes después, y la vida para ellos volvió a empezar.




● la suerte del ángel ●


-¡Ángel, ya llegué!- Un Harry de 22 años entró con una sonrisa enorme a su casa. Tenía el pelo corto y brillante, y buscaba con los ojos por todo su hogar para dar con su Ángel, que apareció con la cara toda sucia por el hueco de la cocina.- ¿Por qué estás todo sucio?


-Tengo una sorpresa para ti.- Le sonrió orgulloso, y sacó un brazo para mostrar su punto, sosteniendo un gato naranja, diminuto y dormido en su mano.


-¿Por qué…?- Parpadeó confundido.- ¿Por qué tienes un gato?


-Hoy me acordé del día que te colgaste, la mañana siguiente.- Dijo sin tacto, pero para Harry estaba bien.- Me dijiste que se te había muerto el gato, así que…- Estiró el brazo.- Toma.


Harry estalló en carcajadas.


-Ay, Ángel.- Negó acercándose, mordiéndose la sonrisa para no reírse en su cara. Agarró con cuidado al gatito y Louis sonrió orgulloso, abrazándolo cuando se ganó un beso.- Gracias, mi vida.


-Tienes que ponerle nombre, y hay que llevarlo al veterinario. Tenemos que comprarle alimento y juguetes, las piedras que…- Harry lo calló con un beso, sintiéndose feliz.


Louis no tenía por qué saber que nunca jamás tuvo un gato. Era alérgico de hecho, pero ese sería otro problema.


● fin ●


Gracias por leer ♡


🌼



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