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JongDae Dice Mío (CHENMIN)

Summary

Lee MinSeok es mayor, inteligente, independiente... y un dulce sumiso. Recién divorciado, quiere liberarse, decide que es hora de explorar las fantasías que ha alimentado a través de un matrimonio largo y tedioso con un hombre cuya idea de sexo escandaloso era dejar las luces encendidas. En la parte superior de su lista de fantasías está conocer Dark Heaven, el club de BDSM pero MinSeok no está preparado para el poderoso efecto de un Dom. Cuando el Maestro Kim JongDae, uno de los Dom más populares en Dark Heaven, toma el control y le presenta los juguetes y las sensaciones que nunca ha sentido antes, se da cuenta de que él puede cumplir cada fantasía en su lista por sí mismo. Después de una noche de placer intenso, y a pesar de su atracción obvia, MinSeok se niega a verlo de nuevo.

Genre:
Erotica / Romance
Author:
ParkMinny_
Status:
Complete
Chapters:
11
Rating:
5.0
Age Rating:
18+

Capítulo Uno

Alguien debería encerrarme en un psiquiátrico.


Lee MinSeok tomó un soplo del aire fresco de la noche. La visita a un club de BDSM estaba en el tercer lugar de su lista de fantasías, pero había decidido no seguir el orden. Sólo por esta vez.


Con una sonrisa entusiasta y con el corazón palpitante, se quitó el abrigo que le llegaba hasta los tobillos y abrió la puerta del conocido club de Seúl llamado Dark Heaven.


MinSeok no había hecho nada ni remotamente tan aventurero en los últimos diez años, pero su tiempo para la locura había llegado finalmente. Ya no tenía marido, felizmente. Había perdido peso —miró hacia su estómago— bueno, algo de peso. Pero en realidad, no se veía tan mal para un hombre acercándose a los treinta y cinco.


En lugar de la caverna del pecado que MinSeok había esperado, la pequeña entrada era deprimentemente insulsa. Un puñado de personas, también vestidas con disfraces, formaban una fila para darle sus entradas al hombre detrás del mostrador. Unos minutos más tarde MinSeok llegó al frente.


El desenvuelto joven le sonrió.


—Hola, soy HeeChul, bienvenido a la noche de disfraces de Dark Heaven. Los miembros deben registrase aquí —el vestido del recepcionista parecía una versión del de Cenicienta pero muchísimo más corto, hacía juego con las botas altas hasta los tobillos. Había arrancado el corpiño, dejando sólo la malla celeste sobre su pecho.


MinSeok reprimió una carcajada. Tal vez el lugar no era tan insulso.


Después de años como enfermero, los cuerpos desnudos no lo perturbaban, pero nunca los había visto tan claramente exhibidos antes.


—Yo no soy miembro.


—No hay problema. Hey, me encanta tu disfraz. Notoriamente auténtico. Me encanta el arnés. ¿Lo compraste en Cream Soda?


MinSeok asintió con la cabeza.


—Ahí es donde me enteré de la fiesta temática de esta noche —y le había parecido como una señal del cielo. Allí había conseguido el disfraz perfecto—. Puesto que no he estado en un lugar como este antes, ¿hay algo que debo saber?


—Nah. Aquí tienes un formulario de adhesión y el descargo —el recepcionista empujó una tablet sobre el escritorio—. Complétalo, el código de membresía lo encontrarás en la bandeja de tu correo, así que cada vez que desees entrar, sólo debes colocar el código en el panel de la pared y listo. Si te das prisa, verás al Maestro JongDae dando una demostración de azotaina erótica.


—¿Al Maestro JongDae? —Una mujer joven en la fila chilló—. ¡Oh , eso es tan caliente!


Ella agitó la mano delante de su rostro tan vigorosamente que MinSeok casi le ofrece su mano para abanicarce también. Completó los formularios, los firmo y observó a los demás entrar. La satisfacción alivió sus nervios al ver los disfraces: trajes de mucama con delantales, animales, personajes de ficción, incluso profesores, doctores y estudiantes. Cualquier otra noche no habría tenido idea de qué usar para ir a un club de BDSM, pero esta noche se ajustaba perfectamente. ¿Cómo podría haberse resistido?


Entonces se dio cuenta que una señora estaba desnuda, con unas orejas de perro. Otro hombre se quitó el abrigo, revelando un delantal blanco… y nada más. Una pequeña insinuación de malestar se retorció en el estómago de MinSeok. Se había puesto unos pantalones militares y un arnés pectoral, quería dar la impresión de ser un soldado. Le dio al recepcionista la tablet y le preguntó:


—¿Tengo demasiada ropa?


—Por supuesto que no —dijo HeeChul verificando la información—. Los Doms van vestidos en gran parte, y muchos de los sumisos comienzan a quitarse la ropa. Lo hace más interesante cuando tienes que desvestirte, ¿no?


¿Desvestirme? ¿En un bar? ¿Yo? MinSeok había previsto sólo mirar. El pensamiento de realmente participar le envió un escalofrío de excitación por su columna vertebral.


—Bien.


MinSeok ingresó el código en el panel y luego abrió la puerta del lugar. Su sobresaltado aliento captó perfumes, cuero, sudor y sexo. Mientras el sonido de Love Shot lo rodeaba, se movió por la habitación poco iluminada llena de hombres y mujeres con disfraces varios. Qué divertido.


Caminó hacia adelante lentamente, tratando de no mirar como un estúpido. Las mesas y sillas de madera oscura cubrían el centro de la enorme sala. Una pequeña pista de baile tomaba una esquina en el extremo posterior, una barra de metal brillante, con dos barmans detrás de ella ocupaba el otro extremo. Todo bastante normal. ¿Dónde habían escondido las cosas pervertidas que sus novelas de romance erótico habían prometido?


Entonces pasó un hombre vestido con nada más que un aterrador arnés atado a su polla y testículos. MinSeok se quedó con la boca abierta. Casi podía sentir su equipo masculino encogerse con horror.


Sacudiendo la cabeza, se dirigió hacia la barra, entonces notó que las paredes a la derecha y a la izquierda sostenían un pequeño escenario.


Una plataforma estaba vacía. En la otra... MinSeok dio un involuntario paso hacia atrás, tropezó con alguien, y murmuró una disculpa, sin apartar la vista del escenario donde… seguramente esto era ilegal… un hombre estaba azotando a un sumiso encadenado a un poste.


BDSM. ¿Recuerdas, MinSeok?


Había leído acerca de látigos y cadenas y esas cosas, pero… ¿verlas? Whoa.


Presionó una mano sobre su acelerado corazón y reprimió el impulso de ir y arrebatar el látigo de él. Como si pudiera de todos modos. Parado tenía un buen metro setenta y cinco de alto, de sólida construcción, tenía la sensación de que si alguien fuera a darle un puñetazo, él simplemente lo amortiguaría. En consonancia con el tema de la noche, llevaba un chaleco de seda negro sobre una blanca camisa tradicional. Las mangas enrolladas mostraban musculosos antebrazos.


Por el contrario, su víctima estaba completamente desnuda, su piel brillaba con un intenso rojo oscuro por los efectos del látigo… No, esto se llamaba flogger, ¿verdad?


Las múltiples tiras acariciaban su espalda tan uniformemente que MinSeok podía nivelar su respiración al ritmo. Hipnotizado, se acercó, abriéndose camino a través de las mesas y sillas esparcidas alrededor del escenario, y eligió una mesa cerca de la parte delantera.


Azotaina. La palabra sonaba brutal, pero esto... esto era casi hermoso. El hombre abrió el flogger formando un ocho, golpeando un lado del sumiso, luego el otro. MinSeok se inclinó hacia delante, ubicando los codos sobre la mesa. Él nunca golpeaba sobre la columna vertebral o los costados, obviamente evitando sus riñones con una habilidad terriblemente impresionante.


Redujo la velocidad y se detuvo un momento antes de rozar los hilos sobre la espalda y las piernas. El sumiso estaba de frente a la audiencia, y MinSeok le podía ver la cara enrojecida y los ojos vidriosos. Estaba jadeando por el dolor o... el trasero de la víctima estaba inclinado hacia afuera, zarandeándose de una manera que implicaba excitación, no dolor.


Excitación.


Una sonrisa brilló sobre el rostro del hombre. Acariciaba la parte interna de los muslos del sumiso con las hebras de cuero, arriba y abajo, cada vez acercándose más a su culo. El sumiso gimió y se contoneó.


MinSeok inhaló lentamente, tratando de amortiguar la excitación crepitando por sus venas.


El hombre comenzó la flagelación de nuevo, por la parte baja de la espalda del sumiso, el culo y los muslos. Repentinamente, alteró el patrón y golpeó despacio las tiras entre sus piernas, directamente sobre sus testículos. El sumiso se quedó sin aliento.


Lo mismo hizo MinSeok. Había estado tan inmerso que sintió como si el látigo lo hubiera golpeado a él... allí.


Su interior se fundió en un charco de calor líquido. El recepcionista le había informado correctamente… se trataba de una flagelación erótica. Menos mal.


La música cambió, comenzando el final dramático del movimiento, e incluso las conversaciones murmuradas se apagaron. MinSeok casi podía oler la excitación en la sala, y sus manos formaron puños. Tan violento... tan excitante.


El Dom estaba azotando los muslos del sumiso ahora, los golpes moviéndose gradualmente hacia arriba, aún más duros que antes. Y otra vez golpeó los hilos ligeramente entre sus piernas.


El chillido del sumiso se convirtió en un bajo gemido. Luego su espalda, debajo de sus muslos, y hacia arriba lentamente. La tercera vez que le pegó a su polla, el sumiso gritó y llegó a su clímax, retorciéndose en sus cadenas.


Un hilo de sudor corrió por el hueco de la base de la columna vertebral de MinSeok, y su respiración entrecortada. ¿Cómo podría algo como esto… unos latigazos… ponerlo tan caliente?


La multitud aplaudía mientras el hombre liberaba a su víctima. Aunque víctima no podía ser la palabra correcta, no con esa expresión de satisfacción en su rostro. MinSeok parpadeó sorprendido cuando una mujer joven saltó al escenario y tomó al sumiso en sus brazos. Después de un beso muy cargado de lengua, la pareja se detuvo el tiempo suficiente para que los Doms se dieran la mano y para que el sumiso besara la parte de atrás del mango del flogger.


¿Él había azotado a un sumiso que no era suyo?


MinSeok tragó duro. Su fantasía de un amante amarrándolo, tal vez incluso azotándolo, parecía pálido al lado de la realidad de lo que acababa de ocurrir.


A través de la sala, un hombre y una mujer comenzaron a preparar el equipo sobre la plataforma vacía. A medida que la música cambiaba, la multitud se dividió: algunos al otro escenario, algunos a la pista de baile. Quedándose solo, el hombre que había hecho la flagelación limpió el puesto y colocó su arma dentro de una bolsa de cuero. Sopesando la bolsa por encima del hombro, bajó los escalones del escenario y fue detenido por un pequeño grupo… MinSeok resopló… ¿de admiradores? ¿Los Doms tenían admiradores?


Sacudiendo la cabeza con desconcierto, se dio la vuelta para buscar una camarera. Tal vez debería añadir "Probar a un caliente Dom" a su lista. MinSeok sonrió. Su ex siempre se había burlado de sus planes de cinco-años para lograr sus metas, como si la desorganización fuera mejor. Habría tenido un paro cardíaco si hubiera visto su lista de fantasías.


Ningun camarero a la vista. Volvió su atención hacia el escenario y suspiró por la decepción. Vacío, al igual que muchas de las sillas a su alrededor. La mayoría de las personas se habían trasladado al otro lado.


Un golpe le llamó la atención en la mesa junto a la de él, y jadeó como un idiota. El hombre del escenario estaba parado allí con la bolsa de cuero a sus pies. Sobre la mesa había una levita negra y gemelos pasados de moda que él debería haberse quitado antes de iniciar su demostración.


Lo observó mientras se bajaba las mangas de su camisa. Sus ojos oscuros parecían casi negros, y su cara era delgada y dura. Con líneas de dolor y risa alrededor de su boca y ojos, y su cabello negro bien recortado, debería estar alrededor de los treinta. Y cuando se movió los músculos ondularon y estiraron los hombros de su camisa blanca.


Parece que mis Daddy Issues estarán decepcionados de mi. Se rió. Sin embargo, MinSeok ni siquiera consideró coquetear.


No con este. Era demasiado... demasiado intimidante. No como un joven entusiasta modelo de ropa interior, todo magnífico y espléndido, sino de una manera mucho más peligrosa.


Oh, por supuesto que es peligroso… él tiene un flogger, y sabe cómo usarlo.


Toda su minúscula experiencia con el BDSM venía de la lectura de novelas eróticas.


Siempre había querido intentar algunas cosas, pero ChangMin se había reído de él y se negó a hacer cualquier cosa para animar su vida sexual. No es que incluso hubieran tenido una vida sexual en los últimos años. ChangMin apenas era dos años mayor que él pero había sido criado a la antigua.


Sus horizontes se habían ampliado definitivamente desde el divorcio, pero no lo suficiente para que saltará dentro de las cosas seriamente retorcidas. MinSeok había planeado simplemente mirar y anotar algunas ideas para agregar a su lista de fantasías, pero ciertamente no hacerle un pase a un muy, muy experimentado practicante de BDSM.


No importa cómo de magnífico luciera.


No babees. MinSeok intentó inclinarse hacia atrás casualmente, pero encorvado en el arnés era imposible. Frustrado, volvió su mirada hacia el otro escenario, donde una mujer vestida como una maestra de escuela envolvía cuerdas alrededor de una mujer joven que vestía únicamente una falda. MinSeok consiguió mantener su atención allí por, oh, un buen minuto, antes de regresar al hombre.


Frunció el ceño. Él estaba tratando de conseguir abrochar un gemelo en su camisa y fallaba miserablemente. Por alguna razón, los dedos de su mano izquierda no se doblaban. Su gruñido frustrado cambió la imagen en su mente de un wow que hombre a alguien que lo necesitaba.


MinSeok se acercó, le quitó la mano a un lado, y rápidamente enlazó el gemelo de plata.


—Listo —con una sonrisa, le dio unas palmaditas en el brazo para reconfortarlo—. Ahora.


MinSeok miró hacia sus intensos y poderosos ojos, y cada célula de su cuerpo se disolvió. Él lo inmovilizó con esos ojos oscuros, estudiándolo como si pudiera ver a través de su alma.


Se acercó, obligándolo a inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Cuando MinSeok contuvo el aliento, los labios de él se curvaron en una leve sonrisa.


—Ni siquiera pensaste antes de venir a mi rescate, ¿verdad? —Preguntó, y su voz era tan profunda y suave como todo lo demás en él.


Debería disculparme.


—Yo... Yo…


—Cállate.


Su garganta simplemente se cerró por completo, y las líneas de la risa alrededor de los ojos de él se arrugaron ligeramente.


—Sumiso —murmuró—. Pero ningún sumiso alejaría las manos de un Maestro y tomaría el control. ¿Eres nuevo?


No esperó una respuesta, sino que pasó un dedo hacia abajo de su mejilla, su cuello, a través de su pecho.


Su toque quemó a través de MinSeok, dejándole una dolorosa necesidad. El temblor dentro de su estómago se exteriorizó hasta que sus piernas se tambalearon.


—Por favor —susurró.


El Dom inclinó la cabeza.


—¿Por favor, qué, mascota?


—Por favor, no te burles de mí —sintiéndose como un idiota, un muy confundido y excitado idiota, bajó la mirada y trató de dar un paso atrás.


Su mano se cerró alrededor de la parte superior del brazo, con la suficiente firmeza como para hacerle saber que no iba a ir a ninguna parte.


—Mírame —un dedo debajo de su barbilla le levantó el rostro. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa—. Muy nuevo, ya veo.


—Sí —su siguiente esfuerzo para moverse hacia atrás encontró el mismo resultado, nada.


—Un sumiso no tiene por qué llamar a cualquier Dom que no sea el suyo propio Señor, pero si se acerca a un Dom por su cuenta y luego reacciona de esta manera —su dedo dejó su mentón para acariciar sobre sus labios temblorosos—. Entonces debe dirigirse a ese Dom como Maestro.


Plenamente consciente de la calidez de su dedo aún sobre los labios, se sintió como si se estuviera ahogando en el aire derretido.


El Dom hizo una pausa y luego lo instruyó:


Sí, Maestro.


Oh no. No caeré de nuevo.


—Sí... Señor —MinSeok no dejaría que este hombre lo dominará de esa forma.


Había usado la frase antes, bromeando con los médicos del hospital, sarcásticamente con idiotas, pero ahora reverberaba a través de él como el sonido de un bombo.


MinSeok pudo notar el desafío en su propia voz y el Dom sonrió.


—Bien.


Un chico vestido sólo con medias de red y una corbata de repente se dejó caer de rodillas junto a la mesa.


—Maestro JongDae. ¿Puedo servirle de alguna manera?


El Dom dio la vuelta.


Liberado de su mirada, MinSeok trató de retirarse, pero su mano, dura y despiadada lo apretó. La sensación de ser controlado inundó sus sentidos.


Su corazón estaba acelerado como si hubiera recibido una inyección de adrenalina, pero con su atención desviada, se las arregló para tomar una estabilizadora respiración. Soy un hombre maduro, un administrador, inteligente y profesional. ¿Por qué me siento como un ratón acorralado? Y esto lo encendió como si alguien hubiera abierto un grifo de hormonas.


MinSeok miró al chico de rodillas e hizo una mueca. No sólo estaba dispuesto a darle al Maestro JongDae cualquier cosa que él quisiera, sino que también era rubio, esbelto, hermoso. Y joven.


MinSeok no era nada de eso. Escapa. Definitivamente momento de escapar.


—Gracias, pero no —le dijo JongDae al sumiso de rodillas, sacudiéndolo de manera cortés pero firme.





( _________ 💙 _________ )





Otro joven. JongDae sofocó un suspiro. Los entusiastas sumisos parecían demasiado subdesarrollados. A JongDae le gustaban los hombres jóvenes, sin embargo, los interesantes sumisos mayores por lo general estaban comprometidos, o tenían problemas emocionales. No había conocido a un sumiso bien equilibrado en mucho tiempo.


Estoy solo. Tenía una gran casa vacía y recientemente había tomado consciencia de lo mucho que le gustaría tener a alguien para abrazar en la noche, con quien hablar por las tardes, para compartir todo, desde un nuevo postre a los logros y fracasos del día. Podía encontrar un cuerpo dispuesto demasiado fácilmente, pero no un corazón abierto, una mente interesante, y un espíritu independiente.


Pero él... JongDae volvió su atención al sumiso que se había atrevido a ayudarlo sin pedir permiso. No era un jovencito, probablemente atravesando la treintena. Su rostro tenía líneas que decían que había conocido la tristeza. Que había reído. Por la forma en que enérgicamente había alejado sus manos del gemelo, él estaba acostumbrado a estar a cargo. Por la derretida mirada en sus ojos cuando JongDae lo había tocado, él era sumiso.


Muy atractivo. Y extrañamente familiar. ¿Había visitado el club antes?


Pero él seguía tratando de irse. ¿Por qué? Por supuesto, un Dom podría poner nervioso a un sumiso inexperto, pero él definitivamente había mostrado su interés antes... antes de la interrupción. Sus ojos se estrecharon. Él sumiso arrodillado era joven y bonito. Pero podía sentir la tensión en su cuerpo desde que el otro sumiso llegó. ¿Está inseguro de su aspecto?


JongDae tiró de su brazo otra vez y realmente le frunció el ceño.


—No creo que hayamos terminado nuestra conversación —dijo JongDae.


Su mirada se levantó. En la barra oscura, sus ojos parecían celestes. Su cabello, un color negro, estaba muy bien peinado. Esa sería la primera cosa que él arreglaría.


Le tendió su mano libre.


—Mi nombre es JongDae.


Tan cauteloso como un gato arriba de un árbol, MinSeok se las arregló para decir cortésmente:


—Es un placer conocerte, JongDae.


Esa amable, baja voz se profundizaría después de que se corriera un par de veces. Sus dedos se cerraron sobre los de MinSeok, y mantuvo su otra mano envuelta alrededor de su brazo. Ahora lo tenía seguramente atrapado, y el conocimiento apareció en sus ojos. Su respiración se aceleró, chasqueó la lengua sobre sus labios, y se tambaleó, casi imperceptiblemente, hacia él. Sí, la sensación de estar controlado lo excitaba.


Ahora, ¿no luciría encantador con cuerdas?


—¿Y tú eres...? —Preguntó JongDae.


—MinSeok.


—Sí, te sienta bien —miró hacia abajo a sus ojos, disfrutando del ligero temblor de sus dedos sobre los suyos—. ¿Es esta tu primera vez en un club de BDSM, MinSeok?


—Sí.


—¿Y cuánto tiempo llevas aquí?


—Ni siquiera una hora.


Ni siquiera. La expresión implícita lo desequilibró. Y JongDae definitivamente lo había empujado, seguía empujando, eso no era apropiado u honorable para hacerle a un dulce novato. Cuando abrió sus manos y lo soltó, el sentimiento de pérdida lo sorprendió. Quiero quedarme con MinSeok.


Pero las elecciones, siempre le pertenecían a la parte sumisa… a menos que y hasta que MinSeok le cediera libremente esas opciones a él.


—¿Quieres un guía, o prefieres explorar por tu cuenta?


MinSeok dudó. No quería un guía. A pesar de su obvia atracción hacia JongDae, prefería observar el lugar por su cuenta.


JongDae casi se rió de su propio disgusto. ¿Estaba demasiado acostumbrado a la adulación, no? MinSeok podría temblar, pero no se arrojaría a los pies de nadie, y eso sólo aumentaba su interés.


—Está bien —corrió un dedo por su mejilla, marcándolo como suyo con una indefinible forma de dominación—. Te veré más tarde, entonces.





( ________ 💙 ________ )





Cuando el Maestro JongDae se alejó con un paso fácil y seguro, MinSeok se quedó mirándolo. JongDae sólo lo había tocado con un dedo, y su pulso se había incrementado a taquicardia grave.


MinSeok había leído libros sobre BDSM, pero ninguno había captado realmente el poder que una posición dominante podía ejercer. Ese caminar, esa conversación intimidatoria, había manejado con destreza sus ojos y su... su presencia entera... tan hábilmente como había utilizado ese flogger. Que alguien me ayude.


Después de tomar una respiración, sacudió la cabeza, le dijo a su cuerpo que dejara de reaccionar, y se dirigió a la barra. Una botella de agua surgió de pronto.


La diversión y el agua helada funcionaron, y en unos pocos minutos, su auto-control regresó. Apoyando su espalda en la barra, miró a su alrededor.


Mucha gente, pero ningún Maestro JongDae a la vista. La decepción lo embargó, más frío que el agua helada. Y qué estupidez estar decepcionado después de haberlo rechazado. Pero había hecho lo correcto. JongDae era simplemente demasiado, demasiado… su botella se detuvo a medio camino de su boca… se había acobardado totalmente, ¿no?


MinSeok había tomado todas esas resoluciones para deshacerse de su imagen de Señor Decoro, dejando ir su pensamiento Soy-un-esposo-y-no-un-hombre-sensual, sin embargo, cuando un hombre impresionante mostraba su interés, se había escapado literalmente.


Por supuesto, su plan para una vida emocionante, no había incluido salir con un tipo que disfrutaba manipulando látigos, pero aún así...


Lo haría mejor la próxima vez. Por el momento, necesitaba explorar el lugar. Aparte de las demostraciones sobre los escenarios, no había visto ninguna de las escenas que había leído. Pero la gente seguía desapareciendo bajando las escaleras cerca de la parte de adelante, así que tal vez las cosas divertidas sucedieran en el nivel inferior. Tomó la botella y se encaminó más allá de un grupo de personas, entre ellas una mujer de cabello negro que llevaba un corsé rosa y blanco. MinSeok notó su vestido de color rosa brillante y sonrió, recordando al recepcionista.


En la parte inferior de la escalera, se detuvo, sintiendo como si hubiera descendido literalmente al infierno. Mierda, algunas de estas personas necesitan un examen psicológico. Como el chico dejando que un tipo le clave agujas sobre el pecho. Con el más puro reflejo, MinSeok cruzó los brazos sobre su pecho cuando el hombre empujó otra aguja, justo a través del pezón del chico.


Ahora esto estaba simplemente mal. Tal vez debería ir al auto y traer su botiquín de primeros auxilios.


En cambio, se adentró más en la habitación. La música del piso de arriba se mezclaba con los sonidos de la carne golpeada, gemidos, gritos fuertes, el chasquido de un látigo, un gemido largo y tembloroso. Una serie de crujidos sonó demasiado cerca, y MinSeok saltó, miró a su alrededor, y luego soltó una carcajada. Había apretado su botella de agua con tanta fuerza que el plástico se había arrugado. Ruidosamente.


Puso los ojos en blanco. Con suerte nadie le gritaría ¡boo!, o se iría directo a un paro cardíaco.


En la segunda parte del lugar, se dio cuenta que lo observaban. Bien. Movió las caderas al caminar. Soy sexy. Entonces un sumiso joven pasó por delante vestido con sólo un tanga, toda piel firme y figura perfecta. Correcto. Soy tan sexy como la ropa que estoy usando. MinSeok podría haber perdido algo de peso y eso mejoraba un poco las cosas, pero las cosas seguían siendo así pasando los treinta años.


Una hora o así más tarde ya conocía un infierno de mucho más sobre lo que la gente pervertida hacía para divertirse. Observar la demostración de azotaina de JongDae no lo había preparado para bastones o látigos negros, a pesar que nadie en el lugar estuvo acorde a su habilidad, por no hablar de cera caliente, agujas, mordazas y máscaras. Mientras un dominante aplicaba una línea de pequeñas ventosas hacia arriba de la espalda de una mujer, MinSeok se preguntó si las copas de cristal tocarían más puntos... íntimos.


Mentalmente lo agregó a la lista de cosas para intentar... algún día y sólo el pensamiento envió una bala de excitación directamente a su polla.


Como si no estuviera lo suficientemente excitado. Unos pasos más allá, miró por una gran ventana dentro de una muy auténtica ambientación de mazmorra medieval. Un sumiso de cabello negro estaba esposado a la pared de piedra, y un hombre en jeans abofeteaba al pobre sumiso entre las nalgas, haciéndolo ponerse sobre las puntas de sus dedos del pie. Un minuto más tarde, el Dom cayó de rodillas, separó las nalgas del sumiso, y puso la boca sobre su culo.


MinSeok tragó saliva y se abanicó la sobrecalentada cara mientras se alejaba. Sorprendente y erótico.


Para el momento en que había recorrido la sala, el arnés se sentía como dedos huesudos clavándose en sus costillas.


Encontrando un sillón vacío, se desplomó sobre él. Se suponía que los soldados siempre estaban firmes en el lugar que se les decía pero este soldado estaba agotado.


MinSeok habría sido un pésimo soldado.


Probablemente es una pésima persona aficionada al BDSM también. Pero observar cosas como la forma en que ese cinturón había golpeado el redondo trasero del sumiso lo puso realmente... caliente.


Tal vez, mientras estuviera aquí, podría intentar un poquito, sólo un bocado, no una comida completa.


Pedirle a alguien que le ate las manos o algo así. Un escalofrío recorrió su interior ante la idea de en realidad actuar algunas de sus fantasías.


Con la boca repentinamente seca, se bebió lo último de su agua tibia. En primer lugar tendría que encontrar a un Dom. Podría observar alguna demostración. Pero las muestras escenas aquí parecían más personales. Más íntimas. Si JongDae quisiera zurrarlo, él preferiría hacerlo aquí que en el piso de arriba.


Se ahogó con el agua. ¿Qué diablos había traído a JongDae a su mente?


Bueno, MinSeok sabía la respuesta a eso. Cualquier persona lo desearía, con esa devastadora combinación de modales amables e implacable autoridad. Y sin pensar en su voz tan suave y profunda… como el chocolate. La piel de gallina se erizó hacia arriba de sus brazos, y suspiró.


Desesperado, MinSeok sólo estaba desesperado. Y el Maestro JongDae estaba fuera de su liga.


Necesitó a alguien menos intimidante.


Miró a su alrededor. Hmmm. No ese viejo de allá ni aquel gordo. Estudió en la otra dirección y vio a un rubio alto, tal vez en sus treinta años.


Más bien guapo. Estaba de pie con las manos detrás de su espalda, mirando una escena cercana.


Cuando miró a su alrededor, su mirada se reunió con la de MinSeok y le sonrió. Tú. Sí, tú. Ven aquí, cariño.


El Dom parpadeó y se dirigió hacia MinSeok.


—Hola. ¿Eres nuevo aquí?


—Así es.



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