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Tomb Raider: El Sello Áureo

By Meldelen

Adventure / Action

La historia de la Amazona


Ivanoff se levantó y condujo a sus “invitados” hasta un proyector de transparencias. Lo encendió y colocó varias sobre el panel. Representaban una escritura en latín, de caligrafía temblorosa y difícil de entender.
- Loanna sabía hablar, leer y escribir en latín.- comenzó a explicar – Era una mujer muy culta. Hija de un señor feudal croata, al nacer había sido enviada a un convento. Al llegar a los dieciséis años la sacó de su encierro para casarla, pero Loanna se resistió cuanto pudo, y como era la niña de sus ojos, consintió en dejarla tranquila. Aquí relata cómo aprendió a montar, a luchar y a manejar todo tipo de armas. Era muy diestra con el arco y con la espada, una especie de Juana de Arco.
- No es común.- dijo Lara – Lo más normal es que hubiera sido enviada de nuevo al convento, como se solía hacer con las mujeres que se negaban a casarse.
- Loanna era especial. Por desgracia, no he podido encontrar ninguna referencia a ella en archivos o fuentes. No existe para la Historia, sólo en este manuscrito.
Lara examinó de cerca las transparencias. La letra de Loanna era fina y elegante, pero a medida que avanzaba la escritura de hacía más firme, como si la autora cobrara fuerzas.
Ivanoff retomó la palabra:
- Loanna narra con orgullo cómo el pueblo la quería como señora y sucesora en el señorío. Todos la llamaban la Amazona... quizá por eso Vlad Tepes la escogió a ella.
“El conde transilvano la conoció en una expedición de cortesía que hizo al señorío croata. Trató de raptarla, pero contaba con la defensa de los hombres de su padre. Así que decidió ponerle asedio al señorío. Sus tropas, compuestas por sanguinarios tártaros, eran muy superiores a los del padre de Loanna y durante semanas se dedicó a quemar sus campos y a pasar por cuchillo a todos sus vasallos. Finalmente, le dio el ultimátum: o le entregaba a su hija, o arrasaría con todo hasta no dejar piedra sobre piedra.
- ¿Nadie acudió en su ayuda? – dijo Lara.
- Temían demasiado al Empalador. Aquel desgraciado vendió a su hija, y de inmediato recibió la muerte, siendo empalado junto con todos los resistentes.
- Jo con el Drácula.- comentó Kurtis.
- Vlad se llevó a Loanna a Bran y la convirtió en su esclava y concubina. – continuó Ivanoff – No por mero capricho, le urgía cumplir la profecía pues los Nephilim estaban extinguiéndose a causa de la ardua lucha contra los Lux Veritatis.
“Pero entonces apareció un miembro de esta orden, que se camuflaba bajo el aspecto de un caballero. Fue el único capaz de plantar cara a Drakul. Pero el Empalador lo venció, y después de atormentarlo durante días, lo mató.
Ivanoff levantó la última transparencia y enseñó cómo el manuscrito se interrumpía bruscamente.
- Y esto es todo lo que Loanna nos cuenta, con admirable sangre fría por su parte, teniendo en cuenta que fue la víctima. No escribió más, como podéis ver, por lo que desconocemos si cumplió con lo que se esperaba de ella o si se dio muerte.
- ¿Y el original? - dijo Lara.
- Lo envié a Bucarest para que fuera archivado.
Ivanoff apagó el proyector y empezó a recoger las transparencias. Lara se giró hacia Kurtis, pero lo vio ausente, con la mirada perdida.
- Así que el tal Karel cree que eres la Amazona.- comentó Ivanoff – Eso significa que Vlad no logró salirse con la suya, a pesar de que escogió al parecer la mujer adecuada. Porque, la verdad, ha habido muy pocas mujeres que respondan a ese perfil heroico e indomable.
Lara seguía mirando a Kurtis, que parecía no estar allí. Sin embargo, la última frase de Ivanoff la hizo fruncir el ceño:
- La verdad, señorita Croft... no me gustaría nada estar en su pellejo.
Lara levantó la vista.
- ¿Y qué tiene que ver el tapiz con esto?
- Loanna lo tejió, obligada por Vlad Tepes.- dijo Kurtis.
Ivanoff miró al hombre, sorprendido.
- Pues sí... fue una especie de humillación doble, porque Loanna detestaba todas las labores del hogar y siempre decía que hubiera deseado nacer varón.
- ¿Por qué Omnia vulnerant, ultima necat? – dijo Lara.
El profesor se encogió de hombros:
- No lo sé. El refrán, junto con los símbolos de la guadaña y el reloj de arena, se atribuyen a la brevedad de la vida y la llegada inminente de la muerte. O bien Drakul quiso hacer una broma cruel, o fue Loanna quien, perdida toda esperanza, desahogó su ira en esta frase fatalista.
Lara le devolvió las transparencias y dijo:
- Te agradecemos que hayas colaborado con nosotros. Será mejor que desaparezcas de aquí un tiempo, puede que ahora seas el objetivo de Karel.
Ivanoff se rascó la cabeza.
- ¿Y a dónde iré? Éste es mi hogar. No, me quedaré aquí.
- Tú mismo. Vámonos – le dijo a Kurtis – aquí ya no podemos hacer más.
Se dirigieron hacia la puerta, pero entonces Ivanoff dijo a Kurtis:
- Ummm... esto... ¿no podrías hacerme una demostración de tus poderes? Lo del armario estuvo bien... no sé, revienta o haz volar algo.
Kurtis lo fulminó con la mirada.
- ¿Tengo cara de payaso de circo?
- Estoooo... no.


Amanecía cuando regresaron al hotel. Estaban tan muertos de cansancio que se metieron en sus respectivas habitaciones sin intercambiar una palabra.
Casi diez horas después, Lara despertó. Se había quedado dormida sobre la cama. Una brisa fresca entraba por la ventana. Se levantó, entró en el cuarto de baño y se dio una ducha para quitarse restos de sangre y suciedad. Envuelta en la toalla, examinó frente al espejo el brazo que le había retorcido Gunderson. Estaba amoratado, pero por suerte no le había roto ni dislocado nada.
Mientras se extendía una pomada por la zona, pensó disgustada en el escaso éxito que habían tenido hasta el momento. De pronto, sonó el teléfono.
Lara lo descolgó y oyó una voz familiar hablando en griego:
- ¿Qué tal se encuentra, señorita Croft?
Era el hombre que había llamado en el barco, el que se había disculpado por el atentado del tal Karolis.
- ¿Quién demonios es usted? – espetó Lara - ¿Mi médico de cabecera?
- Disculpe mis métodos, pero no tenemos otro remedio. Ante todo, me presentaré, me llamo Minos Axiotis, soy griego.
- De eso ya me había dado cuenta.- gruñó Lara.
- Le aviso para decirle que está en peligro.
- ¿En serio? No tenía ni idea.
Se hizo el silencio al otro lado de la línea.
- Señorita, deje esos sarcasmos. El asunto es muy serio y usted lo sabe. Él los está utilizando para descubrir la información que necesita. Sobre todo, tenga mucho cuidado. Puede que hasta ahora se haya sabido cuidar sola, pero le aseguro que un Nephilim no es comparable a los enemigos con los que se ha enfrentado durante toda su vida.
- Pero...
- Está vigilándola. Sea discreta y, sobre todo, no se separe del señor Trent. Él es el único que puede protegerla... y usted la única que puede evitar su muerte.
El tal Minos colgó, y Lara se quedó una vez más con la palabra en la boca. Furiosa, colgó de golpe e instintivamente se acercó a la ventana.
Se quedó rígida al mirar la calle. Había alguien vigilándola.
Lo reconoció de inmediato. Piel blanca, cabello rubio, ojos azules. Vestido de negro como la Muerte. Frío y letal.
Joachim Karel.
Le miraba fijamente y le sonreía. Era una sonrisa vacía, sin calor, sin significado, tan fría que cortaba el aire.
Lara le sostuvo la mirada con desafío, con rabia.
No te tengo miedo, pensó en silencio.
Cerró la ventana de golpe y se apartó, pero entonces la voz del Nephilim sonó en su mente, como si le hubiera hablado.
Ya vendrá el miedo.
Se giró de nuevo hacia el cristal, pero había desaparecido. La calle estaba desierta, barrida por los vientos.

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