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Tomb Raider: El Sello Áureo

By Meldelen

Adventure / Action

La arqueóloga turca



Turquía. A caballo entre Oriente y Occidente, su ciudad principal, la más hermosa, había cambiado de nombre tres veces: de Bizancio a Constantinopla, para luego volver a ser Bizancio, y en la actualidad era Estambul. Allí estaba Lara, tratando de pasar desapercibida entre la multitud, cosa imposible en ella, pues si ya llamaba la atención entre los occidentales, tanto más allí.

Por ejemplo aquellas mujeres veladas, vestidas de negro, fulminando con la mirada a aquella descarada británica que se paseaba a su viento fresco exhibiendo su larga trenza oscura y su atlética anatomía. Toda una desvergüenza a ojos de aquellas honorables madres y esposas.

- No tendrá un hombre que le mande ser decente y la proteja.- refunfuñó una.

- ¡Ah! – suspiró la otra - ¡Qué lástima!

Lara, que lo oyó y por supuesto, lo entendió, se giró y les dedicó una despreocupada sonrisa, mientras pensaba: Viejas brujas. Las ancianas, escandalizadas por su actitud, escupieron en el suelo a su paso.

Lo cierto es que el pueblo turco empezaba a cansarse de las tradiciones. Unas cuantas personas se cruzaron con la exploradora y la miraron.


Prueba de esta paulatina liberación era la persona a la que Lara se disponía a visitar. Se llamaba Selma Al-Jazira, y era arqueóloga: ni llevaba pistolas ni hacía locuras; en este aspecto, Lara era especie única. Respetable miembro de National Geographic, que le subvencionaba las excavaciones en la región de Capadocia y experta en mitología hebraica y simbolismo satánico.

- La gran Lara Croft – dijo la joven arqueóloga, estrechándole la mano – Es un honor conocerla.

- Háblame de tú, Selma. Aún no estoy tan vieja.- bromeó ella. – Iré directa al grano: ¿has oído hablar de la Cábala?

Ella parpadeó, confusa.

- Por supuesto. Es la cosmología mistérica de la religión hebraica.

- No me refiero a esa Cábala. Me refiero a los que creen en el retorno del Nephilim.

Selma se quedó boquiabierta, y de inmediato hizo pasar a Lara, y ante su estupefacción, empezó a cerrar puertas y ventanas.

- Perdona, ¿nos están espiando?

- Aquí la Cábala es un secreto a voces. Todos lo conocen pero nadie habla de ello. ¿ Cómo sabes tú eso?

Lara meditó un poco. Finalmente, decidió que debía empezar a confiar en alguien si quería avanzar en la búsqueda.

- Déjame que empiece por el principio. ¿Conocías al profesor Werner Von Croy?

- Sí, trabajé con él hace un par de años.- dijo Selma – Otra gran figura de la arqueología. Fue asesinado hace poco, según oí.

Y de repente, palideció al recordar quién era sospechosa de su asesinato.

Lara levantó una mano.

- Antes que nada, déjame contarte la verdad. Todo empezó cuando Werner me llamó, aterrorizado, desde París, pidiéndome que fuera a su apartamento cuanto antes...


Selma escuchó todo el relato con la boca abierta y retorciéndose los dedos de vez en cuando. A Lara no se le escapó que, cuando mencionaba los nombres de los miembros de la Cábala, en incluso al propio Kurtis, parecía reconocerlos. Cuando acabó, se hizo un rato el silencio.

- No me crees, ¿verdad? – aventuró Lara.

- Sí, te creo.- dijo Selma – Todo lo que has dicho es verdad. Todo coincide con lo que llevo años estudiando... y con lo que ocurrió aquí. - entonces bajó la voz: - Hace unos meses, yo me hallaba trabajando con mis colegas en mi excavación en Capadocia, cuando encontramos algo bajo la arena del desierto. Una necrópolis Nephilim.

Lara la miró sorprendida.

- No sabíamos qué hacer. Las criaturas que allí había, encerradas en cámaras de piedra, no eran humanas. Todas estaban muertas... excepto una.

- El Durmiente.- dijo Lara.

- Exacto. Y apenas una semana después, apareció él. Eckhardt. - la joven se levantó y empezó a dar vueltas por la sala, como alma en pena. - Vino a la excavación cuando yo estaba en una conferencia. No supe nada hasta que fue demasiado tarde. La mayoría de mis operarios habían sido sobornados . . . él y ese horripilante Karel se llevaron al Nephilim... y mataron a los que se opusieron. Uno de ellos era mi novio.

- Lo siento.- dijo Lara.

- Cargaron el molde de piedra en un camión y se lo llevaron. No he vuelto a saber nada más hasta que, hace un par de semanas, él llegó aquí.

- ¿Quién?- preguntó Lara.

- Kurtis Trent.

Lara se quedó de piedra, pero decidió ponérselo difícil.

- Eso es imposible. Kurtis está muerto. Como te he dicho, el charco de sangre que encontré... nadie, por muy fuerte que sea, podría ponerse en pie después de haber sangrado tanto.

- No vino por su propio pie.- dijo Selma – Lo trajeron.

- ¿Quién?

Selma se sentó de nuevo, esta vez a su lado.

- No los conozco. Eran varias personas, ancianos la mayoría. Tenían pinta de ser miembros de alguna secta.

- ¿Los Lux Veritatis?- dijo Lara- Se supone que Kurtis es el último.

- Fueran quienes fuesen, ¡le salvaron la vida! Me encomendaron que cuidara de él, me dijeron que había estado hospitalizado el tiempo suficiente para asegurarse de que su vida estaba fuera de peligro, y apenas pudieron, lo trasladaron aquí, a Turquía... a mi casa.

- ¿Por qué tú? – preguntó Lara- ¿Quién eres tú?

- ¿Yo? Nadie. Al principio me resistía a acogerlo, pero ellos insistieron en que era necesario, hasta que la persona que debía venir a buscarle lo encontrara.

Entonces, la arqueóloga turca la miró inquieta.

- ¡Ellos sabían que tú ibas a venir, Lara!

- Tonterías.- dijo ella, pero entonces todo cuadraba. Kurits la había estado llamando... ¿pero por qué tan lejos?¿Por qué en el estado en que debía encontrarse? Se levantó. - Tengo que verle de inmediato.

- Ya no está aquí.- suspiró Selma. Eso le sentó como un jarro de agua fría. Antes de que pudiera abrir la boca, la turca continuó: - Estaba fuera de peligro, pero muy débil. La herida era horrible... y no había curado muy bien. De noche tenía grandes accesos de fiebre, y deliraba llamándote... gritando tu nombre. - Lara casi se hubiera reído al ver la expresión ensoñadora de su rostro. - ¿No es romántico? – aventuró Selma.

La exploradora británica levantó una ceja en su más típica actitud de sarcasmo.

- Te equivocas, Selma, si piensas que entre él y yo hay algo.

- ¡Oh! - exclamó ella, y pareció decepcionada – El caso es que no hace ni un día, se marchó. Sólo me dejó una nota de agradecimiento, que de inmediato quemé. Tengo la impresión de que tanto tú como él estáis en peligro.

Quien está en peligro eres tú, pensó Lara, y de inmediato dijo:

- Muy inteligente por tu parte. ¿Sabes dónde ha ido?

- En la nota, él decía que tú sabrías encontrarle. – y esbozó una sonrisa traviesa- Confía mucho en ti para conocerte tan poco.

- Cuestión de necesidad.- dijo ella. Y entonces tuvo una idea.- Selma, tú eres la directora de la excavación de Capadocia. Autorízame a entrar en ella.

- Tienes vía libre.- dijo Selma – Ni siquiera necesitarás un pase. Está abandonada, National Geographic me ha retirado la subvención y es probable que la cierren. ¡Todo por culpa de la Cábala!

Lara se levantó. No había tiempo que perder. Apoyando su mano en el hombro de Selma, le dijo:

- Abandona Turquía. Cuanto antes. Tengo a los hombres de la Cábala detrás de mí, y hasta ahora se han dedicado a matar a quienes me han dado apoyo o información.

Ella asintió, asustada, y entonces dijo:

- Comprendo, gracias. Y no dudes que te apoyaré si llegas a tener serios problemas por lo de Von Croy.

Horas después, cuando Gunderson y los suyos entraron a saco en el apartamento, Selma Al-Jazira se encontraba a miles de kilómetros de allí. A salvo.

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