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Tomb Raider: El Sello Áureo

By Meldelen

Adventure / Action

El diario de Selma


Cuando Lara recobró el conocimiento, se arrepintió al instante de haberlo hecho. La cabeza le martilleaba y seguía teniendo la vista nublada. Trató de incorporarse, pero la mente empezó a darle bandazos y dejó caer de nuevo la cabeza sobre la mochila que le habían colocado como almohada.
- Será mejor si no te mueves.- oyó la voz de Kurtis.
El hombre estaba agazapado en un rincón del túnel. Había encendido una pequeña fogata y estaba cociendo algo que no olía muy bien. Vio cuatro bultos tirados en un rincón...
- ¿Eso que estás asando no será lo que yo pienso? – murmuró Lara, pasándose la mano por los ojos.
- Carne de mantícora.- dijo él- El único antídoto contra su propio veneno.
Kurtis se acercó ella y le tendió un trozo de carne grisácea. A Lara le dieron náuseas.
- No pienso comerme eso.- dijo, tozuda.– Ya estoy mejor, no me voy a morir.
- Cierto.- corroboró él- Pero te quedarás ciega en un par de horas.
Lara gruñó y se metió aquello en la boca. Afortunadamente, por muy repugnantes que fueran a la vista, las mantícoras sabían a pollo.
Se adormeció casi inmediatamente.


Kurtis se incorporó y examinó a su alrededor. El incidente de las mantícoras iba a jugar en contra de su plan, pero no lo estropearían si actuaba con presteza.
Tras cargarse a la última mantícora (cosa fácil con la magnífica precisión del Chirugai), había depositado el cuerpo de Lara en un recodo oculto del túnel. Sin embargo, la sangre de las mantícoras, los restos de la fogata y los cadáveres los delatarían, si antes no los descubrían los de Gunderson.
La madre de Kurtis, Marie Cornel, era una india de la tribu matriarcal de los navajos. Como Kurtis había pasado la mayor parte de su vida junto a ella, Marie, que era mujer de acción (como Lara) le había enseñado a su hijo cosas que sólo saben hacer bien los indios: rastrear la presa sin ser descubierto, moverse con el mayor sigilo y discreción, hablar lo menos posible, eliminar todas las pistas que evidencien que has pasado por cierto sitio... Y en efecto, Kurtis lograba pasar desapercibido allá donde fuera, no intervenía si no era estrictamente necesario y se mantenía en la sombra. Del mismo modo, era capaz de hacer que los de Gunderson ignoraran que habían estado allí.
Rápidamente sacó a rastras las mantícoras y las arrojó en medio del túnel, junto a una bifurcación. Recogió con sumo cuidado la arena mojada en sangre y la esparció sobre ellas, luego enterró la estructura de combustión y distribuyó la arena de manera que no pareciera que nadie la había removido.
Si todo salía bien, los del Gunderson tomarían el camino de la derecha, pues las señales de batalla se prolongaban a lo largo de ese túnel. Sin embargo, según el mapa que Selma había trazado, el camino que conducía a la salida era el izquierdo.
Satisfecho, Kurtis volvió junto a Lara, se sentó a su lado, apagó la bengala y la veló durante un buen rato.


- ¡Eh!- gritó uno - ¡Aquí!
- Pero, ¿qué es eso?
Los mercenarios contemplaban asqueados las decapitadas y despellejadas mantícoras.
- ¡Son demonios!- gritó de nuevo -¡Yo me largo!
- ¡Y un carajo! – gritó otro- ¡Tú apechugas aquí como todos!
Las mantícoras estaban tiradas a la entrada de un túnel que tiraba hacia la derecha. Había sangre que continuaba hacia delante y se perdía en la oscuridad.
- Ésos se las han visto con estos bichos y han tirado por ahí.
Pero otro miraba hacia la izquierda y dudaba.
- ¿ Y si es una trampa? Mejor nos dividimos.
- El jefe nos dijo que no lo hiciéramos. Cuando menos seamos, peor lo tendremos.
- ¡Pero si sólo son dos!
- ¿¿Dos?? ¡La mujer vale por cuatro! Mira lo que han hecho con esas cosas.
Y acabaron tirando por la derecha. Kurtis, oculto en la oscuridad, sonrió.
Contratiempo arreglado.


Gunderson salió a la entrada de la excavación. Sus hombres llevaban máscara antigás, pero él ya estaba medio asfixiado por culpa de la gasolina de la porra...
Se quedó de una piedra al ver a Kurtis delante de sus narices. Le apuntó de inmediato con su ametralladora, pero el hecho de que Kurtis no hiciera ni un mísero ademán por defenderse lo inquietó todavía más.
- ¿Buscas esto, Gunderson? – le dijo con una sonrisa socarrona, enseñándole el puño.
El mercenario se preguntó si se refería al Sello Áureo (que llevaba en el dedo anular) o al gesto del dedo corazón levantado.
- Vaya, por fin te atreves a dar la cara, Trent.
- ¿Sigues vendiéndote al mejor postor, pedazo de escoria? ¿Para quién trabajas ahora? ¿Para ese Karel, no?
- Yo tengo una misión en la vida, tú no tienes dónde caerte muerto... hasta que caigas a los pies del Maestro.
De pronto, oyó un chasquido a sus espaldas, y al girarse se encontró con que Lara lo apuntaba a las narices. ¿Cómo demonios...?
- No te muevas.- le dijo Lara – Vamos, ni respires. Desde luego, ni se te ocurra gritar, porque para cuando lleguen los tuyos ya te habré levantado la tapa de los sesos.
Una trampa. Él lo había entretenido, mientras que ella, con un sigilo insuperable, se le había puesto por la espalda.
- No os saldréis con la vuestra.- dijo Gunderson – El Nephilim tiene planes para vosotros, y os encontrará allí donde os metáis.
- ¿Quién ha dicho que vamos a escondernos?- dijo Lara.
Entonces Gunderson sonrió.
- Cuando sepas qué es lo que va a hacer contigo, preciosa, desearás esconderte por el resto de tu miserable vida.
Lara frunció el ceño. ¿Qué pintaba ella en todo aquello?
- Basta de chácharas.- dijo Kurtis, desenfundando su arma – Métete en el túnel.
Gunderson dejó caer el arma y entró, y por instigación de Lara retrocedió hasta más allá del inmenso charco de gasolina. Sus hombres no podían ir en su ayuda, y en cuanto a sus cinco preferidos, estaban en alguna de las cámaras, y era demasiado arriesgado llamarlos.
Definitivamente estoy rodeado de idiotas, pensó.
- Adelante, Lara.- indicó Kurtis.
Ella, con una sonrisa perversa, sacó una bengala y la encendió.
- ¡Maldita seas, pedazo de p...!
Gunderson no pudo acabar la frase. Lara arrojó la bengala al charco y la gasolina prendió al instante. Gunderson tuvo que salir por patas, huyendo de la combustión, y de perdió en la oscuridad.
- Un buen plan.- concluyó Kurtis, guardando el arma.
Lara tuvo que reconocerlo: el fuego sellaría la entrada durante un buen rato, obligando a retroceder a Gunderson y a sus preferidos. En cuanto al resto, andaban perdidos por túneles secundarios, y la salida del exterior acababa de ser también sellada con otra detonación. Los de Gunderson lo iban a tener crudo para salir de allí.
- Deberíamos haberlo matado.- dijo Lara, mientras se encaminaban al sitio donde estaba aparcada la moto de Kurtis (sí, hasta eso había recuperado).
- ¿A Gunderson? – dijo él- Puede, pero al fin y al cabo, le tengo cierto respeto. Él fue mi mejor amigo hace mucho. Si lo he de matar, no pienso hacerlo así.
Lara sacudió la cabeza. Dichosos hombres, ellos y su maldito sentido del honor, qué poco prácticos eran.
- ¿Sabes lo único que no me ha gustado de tu plan? – dijo entonces – Que desde que hemos empezado no han parado de insultarme, y todo ha sido idea tuya.
Kurtis se echó a reír. Era la primera vez que lo hacía ...y le cambiaba la cara por completo, pensó Lara.
- Lo siento. Prometo compensarte cualquier agravio.
- En fin, - suspiró ella- como solía decir Calígula: “Que me odien, mientras me teman”.
Subieron en la moto y abandonaron la excavación, de regreso a Estambul. El plan de Lara era volver al apartamento de Selma en busca de información sobre el Sello. Lo que no sabían es que cada uno de sus movimientos respondía a las intenciones de Karel, que hasta ese momento les había dado ventaja.
La estrategia de quien sabe que va a ganar.


Kurtis paró la moto enfrente del apartamento, después de un agotador viaje desde Capadocia. Lara se bajó y se acercó a la puerta, pero entonces se quedó parada.
- ¿Qué ocurre?- dijo él.
Ella se puso un dedo en los labios, y luego le indicó la puerta. Estaba entreabierta.
Ambos se arrinconaron a cada lado de la puerta, sacaron las armas....
- Una, dos...¡tres!
Lara abrió de una patada la puerta y entraron a saco con las pistolas por delante.
El apartamento de Selma era un milagro de la naturaleza: nadie hubiera podido explicarse cómo en tan poco espacio cabían tantos trastos. Y a causa de ello supieron que estaba vacío... pero su anterior ocupante les había dejado una tarjeta de bienvenida.
En la pared había un texto escrito con una sustancia oscura, compuesto por símbolos como los que había en los domicilios de Von Croy y Vasiley: la escritura Nephilim.
- Es sangre.- dijo Lara, acercándose.
No había cadáver, ni tampoco intervención policial. Parecía que Karel lo había escrito con su propia sangre.
Kurtis estaba atento a los símbolos, y entonces lo oyó murmurar en una lengua extraña.
- ¿Entiendes la escritura?
- Mi padre se encargó que aprendiera bien la lengua enemiga -contestó él-. “Entonces dijo Yahveh: No permanecerá mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne”.
Lara exclamó:
- ¡Eso es un versículo del Génesis, el mismo que habla de los Nephilim! Está haciéndose el interesante con eso de que él es eterno y nosotros simples mortales.
Ella se apartó y de inmediato empezó a registrar las estanterías y los papeles del despacho de Selma. Había que encontrar información sobre el Sello, y dar con alguna pista, la que fuera. De momento, estaban en un punto muerto.
- Ve a descansar .- le dijo ella – Yo puedo arreglármelas sola.
Lo cierto es que Kurtis no tenía ni idea de cómo sus piernas lograban sostenerlo aún.
- Si encuentras, algo, avísame. – dijo.
Se fue al cuarto de baño y aprovechó para ducharse y afeitarse (tenía una barba espantosa). Al quitar las vendas sucias, apareció la herida, aún cosida. Se tocó el vientre y luego la espalda. El aguijón de Boaz le había entrado por detrás y salido por delante sin dañar de gravedad ningún órgano y dejando intacta la columna. Si hubiera creído en los milagros, aquello hubiera sido uno en toda regla.
Durante un momento, dejó de pensar en sí mismo y recordó, inquieto, el resto del mensaje de Karel. No había querido revelárselo a Lara, era muy sagaz y hubiera deducido lo que él empezaba a sospechar.
“Ven, amada mía, hermosa mía,ven de nuevo a ser coronada”.
Era un texto del Cantar de los Cantares. Podía sonar muy romántico, pero en boca de aquel demonio tenía una ironía cruel. Y recordaba las palabras de Gunderson: “Cuando sepas qué es lo que va a hacer contigo, preciosa, desearás esconderte...” Definitivamente, decidió no decirle nada por el momento. No valía la pena preocuparla. Tenían más cosas en qué pensar.


Lara se pasó la noche entre papeles. Revisó prácticamente todo el despacho de la joven arqueóloga, y fue “tomando prestado” todo lo que le parecía interesante. Leyó y leyó hasta que los ojos le dolieron, pero no encontró demasiado. O bien Karel había eliminado parte de la información, o es que ésta no existía.
Hasta que echó mano del diario de Selma.
El librito estaba cargado de rabia y dolor por los tristes acontecimientos que había vivido la joven en los últimos meses. Pero entre las hojas halló algo muy valioso:

“Hemos encontrado una inscripción en hebreo en una de las paredes de la necrópolis. Hablaba sobre algo conocido como el Sello Áureo. Por lo que hemos logrado traducir (la inscripción estaba en muy mal estado) se trata de un objeto que entraña en sí una clave. Quien posea esa clave (la Verdadera Opción, dice el texto) podrá elegir entre el bien y el mal, entre el triunfo de la Luz de la Verdad y el Ángel Caído. Hablaba también sobre una Amazona, pero no he podido saber qué decía de ella.Por desgracia, no hemos podido deducir más. La inscripción contenía un mapa que supuestamente localizaba el lugar donde se escondía la clave, pero los de la Cábala atacaron el otro día a mis operarios y destruyeron la inscripción.”

Lara arrancó de inmediato la hoja y llamó a Kurtis, que se acababa de pegar una siesta de rey. Le enseñó la anotación y dijo:
- Luz de la Verdad se refiere, cómo no, a Lux Veritatis. El Ángel Caído es Karel. Todo encaja con lo que me contó Gunderson cuando entró en mi casa.
- Pero seguimos sin tener la clave, y no tenemos el mapa...- dijo Kurtis, aunque de repente calló.
- ¿Qué pasa?
Kurtis se sacó el Sello del dedo y se lo tendió a Lara. Ella lo cogió y lo examinó de cerca.
En el anillo había un grabado. Tenía forma circular, pero al mirarlo de cerca, era fácil distinguir que se trataba de un mapa.
- No puedo creer que hayamos tenido tanta suerte. – dijo Lara – Aquí hay algo que me mosquea. Digo yo que si Karel no hubiera querido que lo descubriéramos, hubiera removido cielo y tierra para quitarnos el Sello.
- ¿Para qué? – dijo Kurtis – Nos lleva muchísima ventaja. Está claro que él ya lo sabía, y ahora quiere que le sigamos como perritos falderos.
- ¿Significa eso que el Sello no tiene valor en sí mismo? ¿Qué sólo es un indicador?
Eso parecía. Lara volvió a mirar el mapa de cerca. Era una zona montañosa, pero no había nombres grabados.
- Es la cordillera de los Cárpatos, o al menos eso es lo que decía mi padre.- apuntó Kurtis. – Siempre me había preguntado qué era esa estrella de la izquierda, como la localización de un tesoro o algo así.
Lara le devolvió el Sello y se devanó los sesos buscando algo que le llamara la atención de ese lugar. De repente, se dio una palmada en la frente:
- ¡Ya lo tengo! ¡El conde Drácula!
- ¿Qué?
- ¡La cordillera de los Cárpatos atraviesa Rumanía, la antigua Transilvania! ¡Es la tierra del conde Drácula!
- ¡Es verdad! Drácula era un Nephilim – Kurtis soltó una carcajada – La verdad, más acertado no puede ser.
Para dar veracidad a sus palabras, Lara había ido en busca de un atlas y estaba examinando la zona. Las cosas quedaron muchísimo mas claras cuando vieron que la estrella coincidía exactamente con el antiguo condado de leyenda.
- Entonces la clave está en el castillo de Drácula.- dijo Kurtis – Para que luego digan que las historias de viejas son inocentes.
- Nunca son inocentes.- dijo Lara, y sonrió – Próxima parada: ¡Rumanía!

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