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Summary

❝Hogar es aquel lugar en el que te sientes refugiado, aquél que es tu consuelo y te mantiene firme... ❞ - | ⸙: Mini os (drabble) | ⸙: Kookmin (Jungkook x Jimin) | ⸙: 1000 palabras u.u | ⸙: Fluff H o ɯ ǝ ⏎ ⏝⏝⏝⏝ ⏝⏝⏝⏝ ⏝⏝⏝⏝ ║▌│█│║▌║││█║▌║▌║ - © ; idanikoiya 2019

Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
5.0 1 review
Age Rating:
16+

Capítulo Único


El sonido de las pesadas gotas de agua golpeando fuertemente contra su impermeable lo tenía sin cuidado. El frío de la noche tampoco era algo por lo que preocuparse, ni siquiera los potentes truenos le atemorizaban.

Ninguna de esas cosas era impedimento para él, no importaba que su mamá lo regañara por haber salido de su casa pasada la media noche. Su mejor amigo lo necesitaba y él estaría allí.

Caminó un par de metros más antes de sacar las llaves de su bolsillo y meterlas en la cerradura para abrir la puerta.

Aquella casona era lo que cualquiera llamaría su casa soñada, el gran portón enrejado dejaba ver el amplio jardín, lleno de estatuas, fuentes, flores y arbustos silvestres, además de contar con dos columpios que, aunque ya nadie usaba, seguían impecables gracias al mantenimiento que le daban los dueños.

Varias veces había escuchado a los niños pasar por la calle frente a la casa y decirle a sus mamás "mami yo quiero vivir allí", las señoras asentían por asentir, a sabiendas que en sus vidas podrían habitar un lugar como ese.

Él también consideraba la gran casona como su hogar soñado, pero no precisamente por los lujos que ésta tenía.

Quitó su impermeable y sus botas, y los dejó cerca de la entrada.

—Hyung...

Comprendió la situación apenas ver la mirada cristalina del azabache, usaba sólo una pijama de doraemon, por lo que supuso estaba apunto de dormir antes de que comenzara la tormenta.

No hubo falta decir palabra alguna, sólo se acercó a él para rodearlo en un abrazo y dejar que llorara en su hombro.

Palmeó su espalda con cariño y besó su frente, antes de alejarse y tomar con ambas manos su rostro.

—¿Por qué no me llamaste antes? —preguntó secando las lágrimas con sus dedos —. Hubiera alquilado alguna película y comprado algo para comer.

El pelinegro sorbió la nariz antes de responder.

—Lo siento Jimin, yo de verdad creí que... —negó escondiendo su rostro entre sus manos, estaba avergonzado por hacerlo ir tan tarde —. Pensé que podría controlarlo y esto no pasaría otra vez, no quería molestarte.

Tomó sus manos con delicadeza y las apartó mientras le sonreía con ternura.

—Kookie, no seas bobo, sabes que no me molestas —dijo haciendo aparecer una sonrisa tímida en el rostro del azabache —. Mejor vamos a tu cuarto, en mi mochila traje un par de libros y algunas galletas que hice con mi mamá en la tarde. No son de chispas de chocolate, pero igual saben bien.

Jimin ensanchó su sonrisa al ver como los ojos de Jungkook brillaron al escuchar la palabra "galletas". No podía creer lo tierno que era el muchacho de dieciséis años.

—Está bien hyung. —asintió —gracias.

Subieron las escaleras y pronto se encontraron en la habitación.

El familiar olor a vainilla y almendras llenó las fosas nasales de Jimin apenas entró. Se dirigió al cajón donde Jungkook guardaba las cobijas y lanzó una al menor quien no tardó en envolverse en ella mientras comía las galletas que había traído, seguido se sentó en la cama junto a él y lo tranquilizó jugando con sus cabellos.

Una rutina que no dejaba de fascinarle.

—¿No tienes frío? —preguntó Jungkook al terminar de tragar, analizando la expresión del mayor —. Tápate, te vas a resfriar.

—Estoy bien así, no tengo frío.

—¿Seguro?

—Sí Kookie, no tengo... —el ruido de un trueno, seguido de la total oscuridad lo interrumpió —. Frío — finalizó.

El corazón de Jungkook comenzó a latir fuertemente, de manera inconsciente buscó la mano de Jimin por sobre la cama.

—Aquí estoy —acarició su espalda —. No pasa nada.

Se relajó ante el tacto de su hyung y se acercó más a él, acurrucándose en su pecho mientras Jimin lo arrullaba.

Allí se sentía feliz, Jimin era la única persona que tenía en el mundo, pues sus padres viajaban muy seguido por su trabajo y, cuando estaban en casa, no hacían más que dormir y quejarse de la ineficiencia de los empleados de su empresa.

Tampoco tenía más amigos, de vez en cuando platicaba con algunas personas en internet después de sus clases en línea, sin embargo la mayoría de ellas vivían en otros países. Jimin era su único y mejor amigo, y aunque no fuera el único siempre tendría el primer lugar en su corazón.

Alzó su rostro, observando el perfil de su amigo desde ese ángulo, aunque no era el mejor, para él Jimin siempre se veía precioso.

—¿Qué tanto me ves? —se rió alborotando sus cabellos —. ¿Te gusto mucho?

—Sí hyung, me gustas mucho.

Jimin escondió su rostro entre sus manos abochornado, a veces olvidaba lo sincero que podía ser Jungkook.

—Hyung, no te pongas rojito —Jungkook se cruzó de brazos mientras veía como su mayor ocultaba su rostro —. ¡El que debe estar apenado soy yo!

—¿Tú? —Jimin descubrió su rostro y ladeó su cabeza confundido —. ¿Por qué?

—Porque yo fui el que te hizo venir a las dos de la mañana sólo por mi tonto miedo a las tormentas —jugó con sus dedos, siendo interrumpido por la mano del mayor.

—Pero fui yo quien decidió venir Kookie, además me gusta estar aquí —envolvió su mano con la de Jungkook y le sonrió —. Contigo.

Jimin tampoco tenía una vida perfecta, muchas veces había pensado en abandonar sus estudios para poder trabajar y apoyar a su mamá con los gastos del hogar, su padre los había abandonado poco antes de que a la señora Park le diagnosticaran cáncer y aunque afortunadamente fue eliminado a tiempo, su madre insiste en que todavía no se recupera completamente; ahora estaban viviendo de la pensión que cobraba su mamá, pero el ambiente en su casa era demasiado pesado.

Si no fuera por el chico azabache de infantiles ropas, probablemente su vida sería miserable.

—¿Sabes Jungkookie?

El azabache ladeó la cabeza, esperando que continuase.

—Tú también me gustas mucho.

Jungkook sonrió y lo abrazó nuevamente, sujetándose a Jimin con fuerza.

Dejaron el resto de las galletas en la pequeña mesita de noche y se dispusieron a dormir, podrían seguir con sus monótonas vidas luego.

Ahora sólo querían disfrutar de la calidez y el amor que les brindaba el otro.

Estaban en casa.


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