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ネトリ - [KOOKMIN]

Summary

ネトリ ᴅᴇғ. ᴘᴀʟᴀʙʀᴀ ᴅᴇ ᴏʀɪɢᴇɴ ᴊᴀᴘᴏɴᴇs ᴜᴛɪʟɪᴢᴀᴅᴀ ᴘᴀʀᴀ ʀᴇғᴇʀɪʀsᴇ ᴀ ʜɪsᴛᴏʀɪᴀs ʙᴀsᴀᴅᴀs ᴇɴ ᴇʟ ʀᴏʙᴏ ᴅᴇ ᴘᴀʀᴇᴊᴀ ᴏ ɪɴғɪᴅᴇʟɪᴅᴀᴅ, ᴘʀᴏᴛᴀɢᴏɴɪᴢᴀᴅᴀs ᴘᴏʀ ᴇʟ ᴘᴇʀᴘᴇᴛʀᴀᴅᴏʀ. | ʀᴏᴍᴀɴɪᴢᴀᴄɪᴏɴ: ɴᴇᴛᴏʀɪ. | ❝ ᴅɪᴄᴇɴ ǫᴜᴇ ᴇɴ ᴇʟ ᴀᴍᴏʀ ᴛᴏᴅᴏ sᴇ ᴠᴀʟᴇ ʏ ʟᴀ ʀᴀᴢóɴ ᴅᴇᴛʀᴀs ᴅᴇ ᴛᴏᴅᴏ ʟᴏ ǫᴜᴇ ʜᴀɢᴏ ᴇs ǫᴜᴇ ᴛᴇ ᴀᴍᴏ. ❞

Genre:
Drama / Romance
Author:
biebspirit
Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
5.0 1 review
Age Rating:
16+

チャプターシングル

Despertó con un costado de su cuerpo pegado a otro.

Siendo consciente de cuál era la identidad del individuo a su lado, optó por ponerse cómodo. Posicionándose de costado para posar su cabeza en el pecho duro de su acompañante y enredando una de sus piernas a las ajenas, consiguió sentirse satisfecho.

De momento. Podría querer más.

Por supuesto que quería más, siempre lo hacía, pero por ahora esto era todo lo que obtendría y estaba bien con ello.

Las sábanas enredadas por su cintura llegando hasta el cuerpo ajeno, cubriendo las partes bajas de ambos que se encontraban totalmente expuestas bajo estas, era prueba verídica de lo que había acontecido en aquella habitación la noche anterior.

Cedió a cumplir su capricho de posar su mano sobre el pecho desnudo donde descansaba su cabeza, con el fin de proporcionar caricias lo suficientemente fuertes para saciar su necesidad de más contacto físico con el otro, pero no tanto como para hacerle consciente de su presencia. Dichas acciones que llevaba a cabo, siendo tan íntimas como el mismo acto que dio lugar la noche anterior, del que ambos tenían el protagónico.

En esos momentos solo era consciente del retumbar en el pecho del hombre bajo él, solo era capaz de sentir el calor que emanaba contra su mejilla, lo dura y a la vez tersa que era la piel contra su mano. No quería pensar en una realidad además de esta. Fuera de esa cama, lejos de ese cuerpo no existía nada más.

Sonriendo levemente ante el pensamiento de su enamoramiento, se permitió cerrar nuevamente los ojos para disfrutar de las sensaciones a plenitud.

Estaba mal. No era correcto y mucho menos moral.

Así le atacó su subconsciente.

Lo amaba. Amaba a Jungkook. A pesar de sus acciones que podrían profesar lo contrario por la naturaleza de las mismas, parte de su realidad actual era esa, lo amaba con locura. Con este pensamiento contraatacó y se dio a sí mismo consuelo.

La ley moral universal le decía que aquello que hacía estaba mal, pero este también decía que estaba bien amar. Su actuar nacía en base al amor tan inmensurable que sentía por su prójimo.

¿Podía ser categorizado como una mala persona por estar enamorado?

¿Era aceptable amar en diferentes circunstancias, pero si él amaba de esta forma se trataba de algo inmoral?

¿Las demostraciones afectivas estaban bien para los demás, pero en su caso no era correcto?

Todos podían amar y actuar bajo dicho pretexto, siendo observados por el mundo entero. En muchos casos eran simplemente ignorados, en el mejor de ellos eran aplaudidos y apoyados.

¿Por qué no era lo mismo para él? Solo estaba amando y era amado de vuelta, porque sí, la persona que yace en su cama, le profesaba aquello en cada encuentro, en cada oportunidad.

No se percató de la presencia consciente del otro hombre hasta que la vibración contra su mejilla le hizo terminar aquel dilema interno, indicándole que este estaba hablando a su persona.

Posó sus labios en el costado del pecho fornido dejando un beso en este como respuesta al saludo mañanero.

Al posar su cabeza de la forma que con anterioridad lo hacía, sintió una mano sumergirse en sus cabellos para comenzar caricias en su coronilla, mientras a la vez el brazo que a esta pertenecía le apresaba por los hombros.

— Me gustaría estar así contigo por siempre. — Declaró el rubio mientras volvía a cerrar los ojos para disfrutar de las caricias en su cabeza.

El contrario sonrió ante la ternura y amor que derrochaban las palabras del chico, pero su sonrisa fue desapareciendo hasta terminar en una expresión que delataba lo abatido que se sentía tras captar el peso que arrastraban las mismas.

Detuvo las caricias que proporcionaba a Jimin, pero no fue hasta que este se removió para quedar sentado en el espacio entre su torso y brazo donde antes reposaba sobre su cuerpo, que se percató de ello.

Estaba mirándole como si quisiera leer su rostro y encontrar la respuesta que no le fue dada con palabras. Lo supo por cómo sus pupilas se movían en distintas direcciones antes de finalmente conectar con las suyas.

Podría ver la desesperación en el rostro de mejillas abultadas y levemente sonrojadas.

— Te amo. — Fue lo primero que pudo articular al verlo.

Supo que había sido la respuesta correcta, incluso si en realidad no fue consciente de ella, cuando la expresión del chico rubio se distorsionó a una donde sus mejillas resaltaban más haciendo que sus ojos rasgados se convirtieran en dos líneas, proceso que culminaba en una sonrisa y la imagen más sublime que fuese capaz de presenciar en su vida.

Llevó su mano a la parte trasera del cuello del rubio para atraerlo hacia sí, capturando sus labios en un beso lento, lleno de sentimientos que solo era capaz de transmitir en acciones como esta.

El beso estaba destinado a aumentar su intensidad y terminar en algo más íntimo, pero fueron interrumpidos por el tono moderado de un teléfono celular.

Separándose sin remedio, Jimin observó el aparato electrónico sobre la mesa de noche junto a su cama que vibraba y mantenía su pantalla encendida dando a conocer el nombre del remitente.

Hoseok.

Apartó la mirada a la vez que su acompañante estiraba el brazo para tomarlo y procedió a desplazarse fuera de la cama hasta alguna otra habitación, con la intención de darle privacidad, o quizás, solo no quería ser golpeado por esta, su otra realidad.

Optó, sin realmente pensarlo, por entrar al baño, cerrando la puerta detrás de sí y apoyando su cuerpo a esta, cerró los ojos.

Aún podía escuchar la charla que mantenía el otro por el teléfono. No se trataba de un tema confidencial, mucho menos algo que no hubiese escuchado ya, pero le hubiese gustado no hacerlo ahora.

Pasados al rededor de dos minutos, soltó un suspiro, giró su cuerpo y tomó la perilla para hacer de nuevo acto de presencia en la habitación.

Una sonrisa le recibió en el instante que se hizo notar. Una sonrisa que ocultaba lastima en lugar de alegría o amor. Amor era lo que quería y constantemente obtenía hasta que este inevitable momento del día llegaba.

Le otorgó también una sonrisa, pero esta transmitía lo inconforme que estaba y a la vez su resignación.

Seguía de pie, con la puerta del baño a sus espaldas, observando los movimiento del otro, quien dejó la cama hasta llegar a él. Estando uno frente al otro, Jimin se vio obligado a levantar un poco el rostro para mirarle a los ojos. Ninguno sonreía ahora, solo se miraban esperando a ver quién de los dos daba el primer paso a declarar que debían volver a la cruda realidad.

Fue su enamorado quien dio ese paso.

— Debo regresar. Ya sabes como es. — Claro que lo sabía, Jimin no podía ignorar por siempre algo que constantemente dolía. Aprendió a vivir con ello, la situación actual lo evidenciaba, pero la causa del dolor se mantenía incrustada en la herida y era removida casi a diario para recordarle que aunque intentara seguir adelante con ella, no podría.

No tenía ese derecho. No podía ser enteramente feliz en esto, no con él y mucho menos así.

— Lo entiendo. — Sus palabras no ocultaron la realidad detrás de ellas debido al nudo en su garganta que casi le asfixiaba.

— Aún podemos tomar el desayuno juntos.

La mano ajena fue posada en su mejilla donde le regaló varias caricias con el pulgar que fueron seguidas por un beso fugaz al Jimin asentir en respuesta.

No fue consciente de la desnudez de ambos hasta ver al contrario alejarse y llegar a un lado de la cama para tomar del suelo sus boxer y pantalones.

— ¿Sabes? — Llamó su atención mientras se metía en el pantalón. — Viéndote así, lo único que se me antoja para desayunar eres tú, cariño.

Sin poder ocultar una sonrisa, sintió a la par que su rostro se calentaba como un aviso de que la vergüenza le tiñó de rojo las mejillas.

Jimin caminó hasta la cama, a un poco más de un metro de donde se encontraba quién solo vestía un pantalón ahora y al que su vergüenza no le permitía dirigir la mirada, tomando sus boxer de los que el otro en la habitación le despojó con desesperación horas atrás.

— Podrías tomarme a mí ahora y algo de comida para el almuerzo. — Correspondió finalmente al coqueteo.

— Imposible. Entonces querría tenerte también al medio día. — Se detuvo a considerar algo más antes de continuar con una sonrisa subliminal. — Sería mortal la abstinencia incluso en la cena.

— Puedes tenerme para siempre si quieres. — Aquella confesión de Jimin que acarreaba mucho más que una insinuación sexual, fue respondida por el contrario con una silencio sepulcral y una leve expresión lastimera. Sabía que así sería, pero no era capaz de callar a su corazón, aún si sabía que darle esa libertad le dolería.

Fue abrazado por los hombros con una mejilla apoyada en el mismo lugar de su cabeza donde segundos más tarde le sería dejado un beso.

También esperaba algo como eso, esperaba cualquier respuesta no verbal que evitara la continuidad de la charla que incontables veces tuvo lugar entre ambos.

Lo aceptó, convencido de que eso era más de lo que merecía y mejor que lo que no le fue dado. Llevó sus brazos a la espalda de quien le sostenía para corresponderle.

Se quedaría con todo aquello que le permitiera tenerlo cerca, unos minutos más de la vida ajena siendo dedicados a él le bastaban aunque sintiera que dolía.

— ¿Realmente tiene que ser así...?

— Jimin, ya hablamos esto. —Recibió respuesta de inmediato. — Demasiadas de veces, de hecho.

El abrazo fue roto por el mismo que lo comenzó, quien le dio la espalda para tomar el resto de su ropa y encaminarse al baño. — Dejemos el desayuno para otro día. — El tono que usaba le dejaba ver que estaba exasperado, quizás molesto.

— Lo siento. Solo estoy cansado de esto. — Brotó de Jimin antes de siquiera poder pensárselo.

No lo hizo en el momento, pero incontables fueron las veces en que pasó las noches en vela, cuando el contrario debía darle su tiempo a su verdadera prioridad, intentando enterrar aquel martirizante pensamiento bajo el auto-consuelo.

La mirada del azabache descendió hasta plantarse en un punto fijo de la puerta en frente suyo de la que sostenía la perilla.

— Estuviste de acuerdo con ello en su momento. ¿qué cambió ahora? — Parecía que la perilla cedería a romperse por la fuerza que le ejercía.

— Antes no tenía nada, esto era mejor que eso, pero soy codicioso y teniendo esto no puedo evitar desear más, lo quiero todo.

— Y yo quisiera dártelo todo, pero...

— Pero no soy él. — Le cortó Jimin volteándose para al fin encara a su enamorado, quien tampoco le miraba hasta ese momento.

— Tu mereces más. Algo mejor.

— Entonces dámelo.

— No es tan fácil como eso, Jimin. No actúes como sí no lo supieras. — Vociferó el chico, confirmándole al rubio que estaba molesto.

— Esto tampoco es fácil, aún así lo intento.

Jimin estaba dejando salir lo que se había guardado para mantener intacta aquella burbuja donde construyó su vida de ensueño, que si era reventada le proporcionaría una caía de cara al pavimento duro y frío que era su realidad.

Estaba siendo irracional porque sabía las razones de la situación en la que ambos se encontraban por decisión de ambos, y sabía también que el otro no tenía que cumplir con sus exigencias. Lo sabía y entendía todo, pero quería ser egoísta, incluso si ese derecho no se le concedía y tenía claro cómo culminaría dicho arrebato.

Los estaba lastimando, lo sabía. El chico frente a él no lo merecía y a él le hubiese gustado nunca hacerlo, pero eso implicaba lastimarse más a sí mismo sobre heridas que se mantenían en sangre viva, incapaces de sanar mientras mantuvieran el nosotros de esa forma.

Quizás el final que preveía era lo que quería. Quizás había premeditado todo. Quizás había planeado una despedida.

Quizás su desesperado intento por extender los momentos junto a quien le robó el corazón se debía a haber marcado desde el principio, su final.

— Jimin, basta. — Sentenció con el ceño fruncido. — Sabes que estoy con Hoseok y no puedo dejarlo, lo sabes desde el primer momento en que decidimos hacerlo de esta forma.

De forma apresurada y algo brusca por la molestia instaurada en su sistema, se acercó a rubio, buscando con desesperación indicios en su rostro de que estaba dispuesto a dejar aquella dolorosa conversación que no los llevaría a ninguna parte o al menos no a una buena, pero encontró en su lugar un ceño igualmente fruncido con los ojos bajo este brillando más de lo normal por las lágrimas que contenían.

Aquella imagen de la persona que amaba siendo lastimada y sufriendo en silencio el dolor que él mismo le causaba, era devastadora.

No quería que las cosas fuesen así, pero no podía pensar en una solución donde nadie resultara dañado, este nosotros que había construido con Jimin era la única opción que le permitía postergar el conteo regresivo para la detonación de una bomba que fue alimentada por sus malas decisiones en lugar de dinamita.

Jimin amaba a Jungkook. Dicho amor le llevó a convertirse en una persona que lastimaba a otra por su placer mundano, que se lastimaba y lastimaba a quién amaba.

Debió pensarlo y entender desde antes de tomar lugar en aquella traición al amor, que solo causaría dolor, pero se enamoró antes de darse cuenta.

No fue sino hasta que amó en la infidelidad, que padeció el dolor de dicha traición.

Viviendo en una falsa realidad confinada por cuatro paredes de un cuarto que tenía como único testigo la cama que al cambiar las sábanas ocultaba el rastro de innumerables muestras de afecto que mataban lento como el veneno, tanto al que lo tomaba como a quien lo daba.

— Me enamoré de ti. — Confesó el de cabello rubio, luchando con el nudo en su garganta para no quebrarse.

La persona a la que dirigió sus palabras cargadas de dolor, llevó ambas manos hasta su rostro para sostenerle, pegando sus frentes y dejando caer sus párpados, inhaló con fuerza.

— Es igual para mí. La razón detrás de todo esto es que te amo.

En ese momento odiaba percibir la sinceridad en sus palabras porque hubiese sido más fácil dar fin al nosotros, si no dedicaba tales confesiones que le brindaban un panorama lleno de imposibles sueños y ridícula esperanza.

— Nos amamos. — Asintiendo, Jimin subió sus manos, posándolas en el pecho contrario para crear una distancia que les permitiera mirarse a los ojos. Aquellos ojos que le expresaban todo lo que su portador no era capaz de poner en palabras y los que posiblemente vería por última vez ese día. Quizás su accionar solo intentaba aprovechar otra oportunidad para tomar algo sin el permiso del propietario. — Lo hacemos, pero esto no está funcionando como el amor habitualmente lo hace, porque decidimos lastimarnos y arrastrar a otros para demostrárnoslo.

— ¿Estás sugiriendo que terminemos con lo nuestro?

Su expresión ahora era dura, manteniendo la mandíbula apretada y el ceño fruncido aún más pronunciado.

— Sí. — Su respuesta fue inmediata. Con los ojos aún reteniendo las lágrimas, le ofreció una mirada llena de determinación para constatar aquello frente a quien ante la afirmativa, le lanzaba ahora una mirada rota en súplica. — Si realmente me amas, harás esto por mí y por ti, porque si me amas, sientes que esta situación es dolorosa, lo que es igual para mí. Sí me amas, si realmente me amas tanto como yo a ti, serás capaz de entender que es necesario dejarnos ir porque el verdadero amor a veces implica sacrificios si es en pro del bienestar y la felicidad del otro. Te amo tanto que necesito alejarme porque no quiero hacerte más daño, ese hecho es más doloroso que el no tenerte junto a mí.

— No quiero perderte, Jimin. — Negando con la cabeza múltiples veces, se permitió liberar las lágrimas que venía reteniendo.

— No lo harás porque jamás habrá alguien a quien pueda amar con la misma intensidad y devoción.

El más bajo le regalaba ahora una sonrisa que no dejaba ver sus dientes y tampoco llegaba a sus ojos, pero se mostraba comprensiva, cargada de afecto por él.

— ¿Haces esto por Hoseok?

— De lo único que puedo yo culparte, es de enamorarme, adueñarte de mi corazón y tomar todo de mí, pero no concederme lo mismo.

— Joder, Jimin esto es injusto. — Sentenció en un tono más bajo de lo normal, mientras pasaba una de sus manos por su rostro en clara señal de frustración. — Hago todo lo que puedo para demostrarte que te amo.

— ¿Por qué no puedo tomarte de la mano en la calle? — Lanzó una pregunta aparentemente tonta, pero que a él le arrebató múltiples veces horas de llanto.

— No tenemos ese tipo de relación, lo nuestro es diferente, es mucho más especial y profundo para considerar relevante algo tan condescendiente como eso, no necesitamos una etiqueta y nos amamos más fuerte sí lo tratamos como nuestro secreto. Nos entregamos el uno al otro en cuerpo y alma. Eres tan mío como yo soy tuyo, lo hicimos claro el uno para el otro.

— Yo quería un nosotros como aquellos. Te lo dije, quería todo.

— ¿Cuál es el punto en hacerlo todo tan innecesariamente complicado?

Jimin soltó una carcajada sin pizca de gracia. Dio de baja a su plan de llevar las cosas con calma, no estaba funcionando con el otro. — Oh, soy yo quien hace las cosas complejas, porque por supuesto fue idea mía montar toda esta mierda de una relación a espaldas de mi pareja. — Había explotado en cólera, su rostro comenzaba a tornarse completamente rojo, la vena en su cuello parecía que iba a reventar.

El aludido solo guardó silencio unos segundos, con el rostro ausente de cualquier reacción a lo anterior, sus manos en cambio estaban hechas puños y mantenía la vista clavada en alguno punto del suelo enmaderado, todo lo que se escuchaba en la habitación era la respiración acelerada del chico más bajo.

Ahora veía que se había equivocado con Jimin.

El chico que le repetía infinitas veces al día cuán enamorado estaba, haciéndole pensar que era su alma gemela, quien le entendía en su totalidad, en el que había pensado como el amor de su vida, terminó siendo solo otro jodido imbécil que se ponía histérico porque no hacía con él lo que las parejas acostumbraban, le reclamaba por no darle algo que estaba claro jamás ocurriría.

— Entendido. — Fue todo lo que pronunció para dar un paso hacia atrás, encorvó su cuerpo para tomar su ropa que en algún momento de la agitada situación había terminado en el suelo e hizo su camino hacia el baño. — Se terminó. Voy a arreglarme y me largo. Ahí lo tienes.

Jimin se había mantenido en un shock luego de su agresiva reacción, pero escuchar lo anterior le había golpeado tan duro que logró desestabilizarlo, solo hasta entonces siendo capaz de dirigirle una mirada consciente a la otra persona en su casa, quien caminaba en dirección contraria a la suya para lograr su cometido. Sin poder evitarlo, su labio inferior comenzó a temblar, pero se obligó a morderlo para intentar detenerlo.

No era el final que hubiese querido, pero lo tenía al fin y al cabo. No podía dar marcha atrás ahora. Si era así como se habían dado las cosas, solo le quedaba hacerle frente.

¿Lo había arruinado? Quizás, pero no había nada capaz de remediarlo, o de eso se quería convencer porque necesitaba más que pasar la página, cerrar el libro.

Solo unos segundos después de ver al que antes le acompañaba en la cama mientras le hacía cariños en el cabello, desaparecerá en el baño, fue capaz de mover su cuerpo, sintiéndose abatido, se encaminó con pesadez hasta su pequeña sala, tomó asiento en el sofá más grande de espaldas al camino hacia la salida principal, posando las palmas sudorosas de sus manos sobre sus piernas aún desnudas y la mirada en la extensión de piso frente a sí, pestañeó múltiples veces de forma acelerada para disipar las lágrimas que picaban en una amenaza con rodar por sus mejillas y hacerle todo un desastre en sollozos.

Le dolía el pecho. A decir verdad, le dolía todo el cuerpo, pero era más consciente del dolor latente en aquel lugar porque se hacía el doble intenso con cada respiración irregular que luchaba por tomar.

Las malditas ganas de llorar no querían abandonarle a pesar de sus esfuerzos, pero no se dejaría derrotar, no hasta que el causante de tanto dolor estuviese lo suficientemente lejos para que, incluso si imploraba a los gritos porque sus brazos le rodearan de nuevo y su calor le abrazara hasta que se sintiera reparado, no fuera escuchado.

No tenía tanga fuerza de voluntad como lo había demostrado en la mayor parte de su discusión, era el amor de su vida con quien hablaba, si este le hubiese abrazado cuando comenzó a ponerse histérico o sentirse roto, él se hubiese retractado de todas y cada unas de sus palabras con tal de no perder para siempre el pecho que le reconfortaba con palpitaciones calmadas contra su mejilla, las manos en su espalda dando caricias que dibujaban formas irregulares sobre esta y el abrazo que le protegía de cualquiera que fuese el mal acechándole. No hubiese sido tan fuerte porque es justo lo que ahora necesitaba y siempre había deseado.

El golpeteo de unos pasos pesados por tan características botas, le sacaron de sus pensamientos al hacerse mucho más clara la cercanía del individuo que las portaba.

Jimin permaneció en la misma posición hasta que los pasos ajenos se detuvieron antes de abrir la puerta que marcaría su salida definitiva de la casa y su vida, no pudo ser testigo de la expresión que llevaba el otro, demostrando que estaba igual de devastado, necesitado y hasta arrepentido por ser partícipe de instaurar el caos en esa mañana que terminó por condenar su relación al fracaso.

Aún sin moverse un milímetro de su lugar, el de cabellos rubios esperó obtener algunas palabras finales del que yacía plantado en el marco de su puerta principal. Una señal de que aún podrían darse una segunda oportunidad para cerrar su historia en mejores términos, algo en lo que pudiese pensar cada que llegase a recordar la existencia del nosotros que le permitió construir juntos, sin instaurar en su pecho un dolor agudo, o un simple adiós.

Una vez más, esperó por algo que jamás llegó.

El retumbar de la puerta principal al ser cerrada le sacudió, haciendo caer al suelo desde su pecho, los trozos de su corazón que se mantuvieron juntos todo este tiempo, estando rotos desde su primera declaración de amor al ahora ausente Jeon Jungkook.

Aquel hombre que profesaba con total sinceridad corresponder sus sentimientos, pero tenía a alguien más a quien entregó de sí, todo de lo que Jimin deseó ser poseedor.

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amalia3026: Its a fun quick read

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tfhemmer5: Another home run on this one as well. Damn keep up with your best self. WONDERFUL just like you're other books. Everyone needs to read this trilogy of books. Nothing but the best.

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dontknowlove26: I can't believe I am so far in the series all ready there is no way it should be almost done 😞 Great read Thank You!

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