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𝚂𝚊𝚗𝚐𝚛𝚎への憧れ - 𝚔𝚘𝚘𝚔𝚖𝚒𝚗

Summary

De acuerdo con los miles de años de combinada experiencia, ellos pensaban que el aristocrático Consejo de Vampiros encontraría una solución mejor. Cualquier otra cosa puede ser más acertada que esto. ¿Esclavitud humana? ¿Fecundación? ¿Harenes? ¿Están locos? Se ha promulgado el antiguo rito para asegurarse un heredero y ahora estoy obligado a encontrar un compañero y poner un bebé en él. ¿Qué pasa si creo en el verdadero amor? ¿Qué pasa si no quiero alimentarme de seres humanos nunca más? La solución se presenta antes de que pueda averiguar qué hacer a continuación. Jimin Park. Un precioso y musculoso vaquero con hoyuelos, que acaba de mudarse a la ciudad y es completamente ajeno de lo que es. Porque no es sólo un ser humano. Es un Ferax. Y su poderoso destino está gritando mi nombre. Esperaba luchar contra el Consejo Superior hasta la muerte. Y aún podría tener que hacerlo. Excepto que la razón de mi lucha será por el verdadero amor. Voy a salvar a Jimin y a nuestro bebé, a toda costa.

Status:
Complete
Chapters:
12
Rating:
5.0 2 reviews
Age Rating:
18+

CAPÍTULO 1

Una pálida y cérea luna se asomaba, ensombrecida por las nubes, con plateados rayos en el cielo de la ciudad. Brillaba sobre una silenciosa masa de hombres y mujeres en movimiento, estaban callados, menos por el suave golpeteo de zapatos hechos a mano en el suelo de baldosas de mosaicos de mármol. Ocasionalmente, hubo el crujido de un vestido largo y adornado con abalorios o el carraspeo de una garganta, pero nadie habló mientras ascendían por las escaleras y pasaban, bajo las abovedadas cúpulas del techo y; a continuación, a través de las enormes puertas talladas del palacio para entrar en un gigantesco espacio plagado de fríos y duros cuerpos envueltos en sedas y terciopelos hasta La Sala Immortale di Decidere o El Salón de la Decisión.

O El Salón de Decidir, como Jungkook prefería pensar de él. No se incluía en las majaderías aristocráticas en las que había nacido ni en los antiguos nombres, tan cargados de pesadas y cristalizadas promesas, le molestaban por el modo en que se esforzaban por explicarlas. En cambio, se concentró en la suavidad de sus propios pasos contra el pulido parquet, las caras de los pocos vampiros a su alrededor que podía tolerar, y en el entorno adornado de la propia sala.

En las sólidas placas de roble talladas con intrincadas formas retorcidas de demonios, ángeles y bocas humanas gimiendo, forjadas con expresiones incomprensibles de agonía y éxtasis. Jungkook había estado aquí varias veces antes, pero cada visita le producía nuevas sensaciones, nuevas reacciones con el espectáculo. A veces parecía como si las figuras se movieran entre las turgentes serpientes de los frescos, otras veces como si las paredes pudieran desmoronarse totalmente al menor contacto.

Sólo Dios sabía lo que los mortales podían hacer de tal cosa en esta era sin magia, maldecidos como estaban con un rango limitado de percepciones. Probablemente enloquecerían al ver este espectáculo, si no estaban adecuadamente preparados, y nadie se había atrevido a arriesgarse durante quinientos años.

Las paredes aún mostraban las cicatrices de las antorchas de los aldeanos, acordonadas con terciopelo en homenaje a vidas pasadas, pero de reciente duelo. Aquí también se congregaban las madres y los padres, hermanos y amigos de los fallecidos y muchos arrojaban frescas rosas rojas por los rincones carbonizados del vestíbulo de entrada, en conmemoración de esta antigua batalla como si sólo hubiera ocurrido ayer.

Jungkook finalmente permitió que su imperiosa mirada azul hielo se dirigiera al frente, mientras ocupaba su lugar entre las grandes familias de su línea de sangre en las enormes cámaras resonantes de la sala central.

Entre la multitud que recubrían las paredes, eligió a su amigo, Hoseok, de pie entre los demás miembros de su clan; el clan Jung, pero Jungkook sabía por experiencia que el traje exquisitamente adaptado de Hoseok tenía espacio en sus bolsillos para uno o dos libros delgados. Los miembros de su clan eran los eruditos, liderados por su intrépida líder, Verusha Jung. Sintiendo la atención de Jungkook, Hoseok alzó sus ojos y sonrió un poco, sus duros y afilados dientes brillando a la luz de las velas. Los dos amigos compartieron una quijotesca sonrisa y volvieron su mirada a la multitud reunida.

Sires y hermanos se mezclaban a la luz de la hoguera, y aún así ninguna voz se podía oír a pesar de la cacofonía de saludos.

De hecho, ésta debía de ser una reunión seria, para que Hoseok fuera sacado de su biblioteca, pensó Jungkook, la presencia de su amigo aliviaba algo su propia molestia por estar allí.

Hoseok Jung se había pasado toda su inmortal vida, sumergido en innumerables libros y documentos, absorbiendo todo lo que podía de los vampiros y la ley humana, el mito y la historia. Estaba poco interesado en influir en el mundo en el que había vivido durante varios cientos de años, simplemente deseaba contar sus historias y registrar lo que podía del paso de los años. Su reticencia a interferir nació de la disciplina académica; sin embargo, la intransigencia de Jungkook no era más que una ardiente veta de rebeldía. Se negó a quitar la vida humana, y si bien esto no era algo inaudito en el consejo, su fama de terquedad y principios inquebrantables lo volvió una figura impopular en la residencia.

Podía sentir a la multitud alejándose de él mientras buscaba un asiento, y agitó un brillante mechón de cabello negro azulado con algunas puntas rubias en la frente, agregadas sólo recientemente, sobre sus elevadas sienes de alabastro, simplemente por diversión. Puso los pies en el respaldo del asiento delantero, y sonrió diabólicamente a la fría figura que se giró frunciendo el ceño a sus mocasines de Gucci. Vio a Hoseok sofocando una risita, y lanzó un beso amistoso al atónito vampiro.

El propio padre de Jungkook estaba en algún lugar detrás de las cortinas de terciopelo que recubrían un extremo de la sala, esperando reunirse con el resto del Consejo Superior, la versión pálida, y sin sangre de cualquier gobierno humano, aunque nadie se refería a ellos como tales. Jungkook se burló al ver oscilar las pesadas cortinas. Otros vampiros percibieron el cambio en la atmósfera, y el interminable movimiento de los pies y los carraspeos de las gargantas finalmente cesaron mientras la multitud reunida se calló en sólo unos instantes.

Jungkook contó cerca de trescientas caras diferentes en la habitación, pero todos con el mismo brillo sobrenatural, la opalescencia de los ojos y el brillo acerado de los dientes de porcelana presionados contra los carnosos labios rojos. ¿Los habían contactado a todos como lo habían hecho con él?¿Con sueños de sangre fluyendo de la boca abierta de esta gran sala, torbellinos de optimismo pululando en los escalones exteriores y la ubicación y la hora comunicadas tan claro como una dirección de baliza sin una sola palabra hablada?

¿Quién está a cargo de esta mierda? Se preguntó Jungkook, no por primera vez. El maldito melodrama. El uso constante del idioma italiano. Ya no estamos en Italia, ¡habla en español, maldita sea! ¡Es mi cerebro, usa mi idioma!

Si tal violación fuera posible, querría saber quién estaba jalando interruptores simulados en su mente. No estaba seguro de lo que sucedía con los vampiros que ignoraron esta señal, pero en sus 386 años no había encontrado a nadie que pudiera responderle a esa pregunta.

La sala se silenció al instante, cuando el encumbrado Consejo Superior se acercaba para tomar su lugar en el tallado podio de ébano, en el centro de la habitación. Se habían tomado en cuenta las siete casas de vampiros, con una cantidad de escaños extendiéndose por detrás de la mesa del delegado de sus familias. La sala estaba llena a rebosar de vampiros que seguían tratando de llegar a sus casas, pero Jungkook ni siquiera estaba seguro de dónde estaba sentado. Ciertamente, podía examinar la cara de su anciano padre, el desdentado César Jeon, desde su posición entre la multitud. La familia Jeon, a la que Jungkook pertenecía, era conocida como los Libertarios. Él se encogió de hombros otra vez, capturando la mirada de su padre.

El vampiro más mayor asintió casi imperceptiblemente y llevó su mirada hasta los frescos de los altos techos de la bóveda. Era un gesto familiar para Jungkook, que hacía tiempo que había perdido la esperanza de ganarse la aprobación de su padre. Se había resignado a su condición de oveja negra de la casa Jeon, y finalmente empezó a disfrutarlo.

Mientras los siete restantes ingresaban, Jungkook se dio cuenta de que se había sentado en la sección de la Casa Waldemar, dirigida por el pernicioso Walenty Waldemar, amigo desde hacía mucho tiempo de Argento Clemente, el líder supremo de todos los clanes de vampiros. La casa Waldemar era conocida como la Casa de la Política, o Trepas sociales, como eran conocidos entre otros clanes.

Sólo una fila por encima, se sentaban los vástagos de la Casa Tácitus, reunidos detrás de su líder, Gregory (la Casa de los Pacifistas). En el otro lado se sentaban los congregados de la Casa Yaalon, o Casa de Pious, liderados por Kali Yaalon, y Jungkook deseó haber escogido un puesto con cualquiera de estos grupos más que el que tenía. La risita sofocada de Hoseok hacía que tuviera aún más sentido.

Frente a él estaban las temibles pandillas de la Casa Tigris, o la Casa de los Salvajes, apenas contenidos por el cruel liderazgo de Sable Tigris. Esta casa tenía una mala reputación, que su reina encontraba exquisita, a menudo relatando el salvajismo y las naturalezas mercenarias de sus parientes.

Jungkook comenzó a sentirse nervioso por esta reunión de una manera como rara vez lo había hecho. La energía en la sala crepitaba y zumbaba con una tácita tensión.

—¡La Cámara pide silencio! —resonó la voz de su líder pretoriano Argento Clement, quien pese a su pacífico apellido, lideraba su propia casa enrevesada, la Casa de los Tyrants, sedientos de sangre. El anciano Argento no estaba simplemente satisfecho con dominar las vidas y las voluntades de la humanidad desde su posición como líder supremo de todos los clanes. Animó a los jóvenes tiranos de su casa para que también ejercieran su fuerza sobre los vampiros, amenazando con sangrientos enfrentamientos con cualquier casa que desafiara su voluntad en asuntos de gobierno y estado.

Argento; fiel al menos, a su nombre de pila, sacudió su resplandeciente larga melena de pelo color blanco-plateado, y dejó que sus ojos color índigo destellaran hacia las otras seis familias reunidas, cada uno de sus movimientos imitados por el idéntico conjunto de miradas que lo flanqueaban. Repitió su orden, a pesar de que no había ningún sonido.

—¡La cámara exige silencio! Se os ha convocado esta noche, no por un asunto insignificante, no es una nimiedad que deba ser eludida de sus hombros inmortales. Por primera vez, incluso en nuestras longevas generaciones, un cambio en la ley humana ha requerido una acción extraordinaria por parte de nuestra orden. Durante mucho tiempo, la ley humana ha preservado la continua sumisión para nuestra propia supervivencia, pero los cambios han continuado por algún tiempo. Los seres humanos viven más tiempo, aunque estoy seguro de que mi casa ha estado haciendo todo lo posible para reducir esto.

Hubo una gran ovación detrás de él, de la Casa Clement, acompañado por el tintineo de cascabeles plateados de risas sarcásticas surgiendo de sus aliados en la sala. Su líder les hizo un gesto hacia abajo sin volverse, una pequeña sonrisa apareció en las comisuras de su boca.

—Evidentemente, no hemos hecho lo suficiente. La esperanza de vida humana ha comenzado a superar los cien años, y aunque son meros momentos de la vida de un inmortal, están lo suficientemente asustados como para cuestionar la fortaleza de su economía en tales condiciones. Están preocupados por cosas ridículas, como la acumulación de inactiva riqueza, los impuestos de sucesiones, impuestos sobre la renta, cada vez más diezmos y donaciones, y algo llamado jubilación, lo cual; de hecho, todos deben intentarlo si no poseen las magníficas características de nuestra propia raza. ¡Compadezcámosles!

Argento se burló abiertamente ahora, y su gente se rió detrás de él. Jungkook se encrespó al escuchar el desprecio en la voz del anciano y trató de llamar la atención de su padre. César Jeon evitaba cuidadosamente la mirada de su antiguo favorito.

—Para preservar sus patéticos contratos sociales, se ha aprobado una nueva ley en Nueva York declarando que los bienes de cualquier humano deben pasar a manos de un heredero en un plazo de 150 años, o serán confiscados por el estado. Nunca pensé que veríamos tal día en los Estados Unidos, pero parece que algunas tendencias europeas atraviesan los mares. Baste con decir que el lujo que los primos estadounidenses hemos experimentado, en comparación con nuestros hermanos romanos, podría llegar pronto a su fin. Es posible que todos intenten abrir cafeterías y lavanderías durante toda la noche para ganarse la vida o arriesgarse a comer ratas en las alcantarillas para vivir.

Argento nunca pudo resistirse a lanzar algunos puyazos a las ramas europeas de la familia, a aquellos poderosos antepasados romanos quienes les cedieron su nombre y sus preciosos retrocesos lingüísticos pretenciosos pero que aún inspiraban un cierto desprecio en él. Parecía que Italia no trató bien a Argento y el viejo vampiro todavía estaba amargado.

—¿Qué debería importar, se podría pensar? ¡Bien, en efecto! No debería importar en lo más mínimo. Todo esto no tendría sentido, pero han fracasado, desconcertantemente, para eliminar a los parientes vampiros del registro de los pagos atrasados. Aquellos de ustedes que son lo suficientemente tontos como para haber dejado constancia de su estado, y han hecho ostentación pública de sus dones, corren ahora un gran peligro de perder todo lo que poseen por un estado que no les sirve. Después de todo, no necesitáis un sistema de alcantarillado, gestión de residuos, escuelas, hospitales, o agua potable. Sin embargo, ¿nos harán contribuir por el lujo de nuestra manada? No hermanos, ustedes se han reunido aquí hoy para que podamos tomar una decisión juntos para abordar esta grave intromisión en la santidad de nuestros estilos de vida. —Argento superdignificado suspiró—. Prudentemente, de corazón, nosotros; el consejo de los siete, promulgamos un rito sagrado olvidado hace tiempo de nuestra historia. Con agradecimiento a la Casa Jung, nuestros eruditos, por su consulta sobre estos asuntos arcanos. —Argento asintió hacia la líder de la Casa Jung, Verusha, quien tenía una expresión solemne en su suave y opalina cara. Jungkook vio a Hoseok fruncir el ceño desde el otro lado de la sala.

Esto era malo. Todo esto se veía muy mal.

—¡Debemos promulgar el rito de Sanguis! —Argento echó hacia atrás la cabeza y graznó, y se encontró con el efusivo rugido de su clan de Tyrants. La sangre de Jungkook (o más bien, la sangre del cerdo que había consumido antes de venir) se congeló en sus venas. Los miembros de la casa en la que estaba sentado cacarearon y murmuraron retumbando, pero ninguno se inclinó hacia su reclinada figura por una palabra. No podría haber contestado incluso si alguno lo hiciera.

Sanguis. ¡No! De seguro que esto no. ¿Nadie objetaría? ¿Nadie se opondría a una práctica tan bárbara? ¡Esclavitud de seres humanos! ¡Abominación! Ese viejo diablo de Argento Clement, luchando toda su vida para crear su harén soñado, su conjunto de cerdas reproductoras, una nueva y repulsiva forma de degradar y dominar a la humanidad, ¡arrancada de las páginas de la historia más oscura de las familias vampíricas!

Sable, Kali, y Verusha estaban sentados como estatuas en la mesa principal. Esta no era su carga para soportar, ya que el rito de Sanguis sería ejecutado por sus parientes masculinos.

Kali y Verusha inclinaron su cabeza en señal de dolor por lo que se les pediría hacer a sus hermanos e hijos, mientras Sable lanzó una amplia sonrisa a su teniente, que le devolvió la sonrisa, exprimiéndose obscenamente a sí mismo en respuesta. Gregory Tácito, el líder pacifista, se quedó pensativo como siempre, pero su frente por lo general lisa, estaba llena de surcos de preocupación. Verusha Jung escaneó los documentos mientras escribía a ciegas con la otra mano, una erudita ante todo peligro.

Mientras tanto, Jungkook quería salirse de su piel, atravesar las multitudes reunidas, arrancar la refinada cabeza de Argento y el grácil cuello de sus nobles hombros, y rociar su sangre robada sobre su aullador grupo de bonitos perros.

Vio a Hoseok leyendo atentamente y se preguntó si su amigo estaría aún escuchando el anuncio entre manos. Cuando notó que Hoseok y Verusha se detuvieron, exactamente, en el mismo momento, con sus rostros en blanco, Jungkook se dio cuenta de que estaban, de hecho, estudiando juntos, intercambiando información en una secreta correspondencia, compartiendo entre ellos sus ojos y oídos. Esperemos que encuentren una manera de salir de esto, pensó Jungkook y volvió su atención, de nuevo, a la mesa principal.

Argento volvió a pedir silencio.

—Como algunos de vosotros sabéis, el Sanguis no ha sido promulgado durante muchos siglos, y los que recuerdan la última vez que este ritual se hizo cumplir, pueden tener sentimientos encontrados hacia él. ¡Pero podéis estar seguros, de que no hay otra manera! Debemos de tener una nueva cosecha de los herederos de vampiros, un ala mortal para el ejército eterno de la noche. Debemos criar descendientes para ocuparse de nuestras fincas y gestionar los asuntos humanos de la propiedad. ¡Tendremos una generación nacida del hombre! Todos los aristócratas masculinos reunidos aquí deben buscar a compañeros humanos, tantos como podáis. El receptáculo humano es débil, y muchos morirán teniendo nuestras nuevas familias. Si un receptor está débilmente constituido, uno no busca preservarlo de todos los males, compra docenas más, así nunca estará sin un receptor. Así también, con los compañeros humanos, debéis encontrarlos. Encontrad tantos receptores como sea posible, y llenadlos con vuestra semilla. Traed todos vuestros compañeros elegidos a este lugar en el Solsticio de Verano, y allí se vincularán con vosotros por todas sus miserables vidas.

Esto provocó sofocados jadeos de las Casas de Tacitus, Jung, Jeon, y Yaalon, casas con filas engrosadas por los pacifistas y vampiros llamados “vegetarianos”, que dedicaban sus vidas a la preservación mutua de humanos y vampiros. Algunos llevaban siglos sin tomar una vida, otros vivían en completa soledad, sin ganas de entrar en uno u otro mundo con gusto.

—Somos conscientes de que puede haber reticencias en la comunidad, pero entended ésto: el debilitamiento de uno de nosotros es el debilitamiento de todos. En caso de que la jurisdicción de la ley humana te quite tu propiedad, puede abrir las puertas a todo tipo de tortuosidad burocrática para los parientes de los vampiros. Por tanto, si algún vampiro masculino de la aristocracia es incapaz de traer un ser idóneo para el solsticio, todas sus posesiones serán confiscadas por el Consejo Superior Vampírico, y redistribuidas entre los miembros más entregados de nuestro grupo —se burló Argento, y asintió con la cabeza a Walenty Waldemar, el trepa que tomó esto como su señal para sacar una larga pluma de punta roja del centro de la mesa, hundiendo la punta afilada de la pluma profundamente en las tiernas venas de su muñeca.

La sangre fluyó en el pergamino que tenía ante de él sobre la mesa. A continuación, le entregó la pluma a Jeon, quien lanzó una intensa mirada sobre su agrupado clan, alzó sus hombros con suavidad en un gesto de solemne súplica impotente, y hundió la punta en su propia muñeca.

Uno por uno, la pluma fue rodeando la mesa, sin que ninguna casa se atreviera a plantear ninguna palabra de objeción.

Cuando Argento recibió la pluma en su mano, retiró hacia atrás sus mangas de seda con una fluida floritura y clavó la manchada punta contra su propia carne.

Jungkook no pudo soportarlo más.

Saltó de su asiento y subió sobre su silla en milisegundos. Ignoró los ceños fruncidos de la Casa Waldemar y se llevó las manos a la boca.

—¡OBJETO! —gritó, sin saber qué más decir, cómo poner fin a estos trágicos procedimientos—. ¡No se merecen esto! —gritó, sintiéndose más indefenso que nunca, incluso cuando otras voces se unieron a la suya.

Argento hizo una mueca como si hubiera pisado descalzo un caracol y puso los ojos en blanco.

—¡¿Dónde está tu LEALTAD?! —gritó Walenty Waldemar en lugar de Argento—. ¡No les debemos nada a los humanos, fíjate en las manchas fuera de esta misma sala si lo dudas! ¡No es el momento de ponerse sentimental con tus alimentos, familiar Jeon, y ahora, especialmente menos! El armisticio ha terminado entre nuestra especie. ¡Si ellos pueden recopilar nuestros impuestos, entonces podemos coleccionar a sus muertos! —gritó Walenty, y recibió gritos de apoyo cuyo volumen era desproporcionada con respecto a su número.

La sangre en el aire, había agudizado los sentidos de todas las bestias de estas aristocráticas familias. Estaban dispuestos a tomar lo que ahora creían que era de ellos: las mentes y los cuerpos de los involuntarios humanos, los recipientes para sus propios hijos vengativos. El solsticio de verano traería mareas de sangre como Jungkook nunca había presenciado.

—Tus objeciones llegan demasiado tarde. ¡Esto ha sido decidido por tí! ¡Acepta tu destino, Maestro Jungkook, y resígnate a las órdenes de tus superiores! Tienes hasta el solsticio, tres meses a partir de esta noche. ¡Para todos los fornidos hijos de nuestras casas, que vuestra simiente sea fuerte, vuestros receptores dignos, y vuestra progenie hermosa! —declaró Argento Clement, dirigiendo su acerada mirada a Jungkook antes de inclinar la pluma contra su carne, permitiendo que las gruesas gotas rojas cayeran sobre el pergamino, completando el decreto con la sangre derramada de las siete familias.

Las casas estaban de acuerdo. Tenían hasta el Solsticio de Verano para cumplir, o perder todo, menos la piel de sus espaldas.

—El Ritual de Sanguis se hará. Elijan sabiamente a sus compañeros, busquen fuerza física, y mentes tranquilas. Su pareja será su posesión, por lo que satisfácete con él. —ronroneó Sable Tigris—. Muslos fuertes y espina dorsal para soportar vuestra carga. Cuerpos musculosos y de fuertes huesos para nutrir a nuestros bebés. Tomad a los machos humanos por la fuerza o con astucia, pero tomadlos. ¡Háganles saber lo que es ser amado con la fuerza de un vampiro! —Declaró, y sus bestias salvajes vitorearon nuevamente, junto con las casas de Waldemar y Clement.

La muñeca de Argento estaba siendo fuertemente vendada por Brutus, su descendiente favorito. Jungkook lo vio inclinarse para susurrarle algo en la concha de la oreja del vampiro, y el musculoso hombre de traje impecable tembló al oírlo. Ambos hombres lanzaron lascivas miradas hacia el antiguo asiento de Jungkook, pero el vampiro más joven ya se había ido, sus pies flotando silenciosamente más allá de los monumentos conmemorativos en el vestíbulo y las serpenteantes escaleras del exterior, irrumpiendo a través de las pesadas puertas para sentir el aire frío de la noche en su acalorado rostro, y sintiendo sus rotos sollozos haciendo eco a través de las desiertas calles de la ciudad.

Sentía sus frías y ágiles extremidades hormigueando con una extraña sensación de miedo, incluso cuando sus instintos vampíricos se hicieron eco de la promesa sagrada con la que había sido subyugado.

Jungkook sintió que su cuerpo respondía a la misión que se le había encomendado a él y a todos los aristócratas masculinos. Su lujuria encendida, pudiendo sentir a una rata en un contenedor de basura a cien metros de distancia, oler las pulsaciones de cada criatura viviente, cada centímetro de su carne estaba dispuesto para la caza del receptor que Argento ordenaba.

Jungkook se alejó rápidamente de la residencia, hacia la oscuridad de la noche de la ciudad de Nueva York. Tenía la esperanza de romper el hechizo que aquel espantoso lugar proyectaba sobre él. Pero la visión de Brutus y el resto de la casa Clement animando y celebrando con ardiente fervor, la fría y calculada decisión del Sanguis, no lo dejaba.

Rezó a los cielos en busca de una solución, a un Dios que no escuchaba a los de su especie. No esperaba ninguna respuesta.

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