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𝚂𝚎𝚍血への渇き(𝚂𝙻𝙳3) - 𝚟𝚔𝚘𝚘𝚔𝚖𝚒𝚗

Summary

-Saga LD Libro 3 (Último) Cuando un humano psíquico le salva la vida, Jungkook Jeon no puede dejar de pensar en el pequeño hombre, incluso cuando Jimin se va, ignorando el vínculo entre ellos. Decidiendo que necesita un cambio o nunca tendrá la vida que quiere, Jungkook opta por mudarse a la manada delta. Antes de poder llegar, Jungkook recibe una llamada de auxilio. Una caza ilegal ha sido organizada, y alguien necesita su protección. Cuando llega, descubre que el hombre que salvó a Taehyung es el mismo hombre que lo salvó a él y ambos son sus compañeros. Pero alguien está decidido a matar a Taehyung y Jimin tiene algunos demonios emocionales que le impiden aceptar plenamente el vínculo de compañeros entre los tres, y Jungkook tiene que usar todas sus habilidades para protegerlos. Si el destino elige a los compañeros destinados a estar juntos, no puede dejar de preguntarse por qué pone tantos obstáculos en el camino para que estén todos juntos.

Status:
Complete
Chapters:
10
Rating:
n/a
Age Rating:
18+

CAPÍTULO 1

—Tienes que beber mi sangre —exclamó Jimin, con desesperación, mientras sostenía su muñeca junto a los labios del herido.

—No puedo —se quejó el moribundo.

Jimin sabía que su nombre era Jungkook, pero no podía contarle al hombre cómo lo sabía. Había algunas cosas que; simplemente, no podía compartir con los extraños.

—Tienes que hacerlo. Si no lo haces, morirás. —Jimin lo había visto en su visión. Su visión lo confundía, pero sabía que Jungkook necesitaba beber de él o moriría. No importaba lo que su visión le dijera, no podía dejar que eso sucediese.

—¡Entonces moriré! —gruñó.

—¡Por favor!

—No lo entiendes. No tengo el control de mí mismo. Si te muerdo, no seré capaz de dejar de… —El hombre apartó la mirada.

—¿De qué? —La mirada que Jimin recibió del rubio, fue significativa. Se sonrojó, cuando una intermitente imagen de los dos, piel a piel, apareció en su mente, y luego continuó—: Es lo que tienes que hacer. No puedes morir.

—Si insistes —gruñó Jungkook y rodó sobre la espalda de Jimin, tan rápido, que apenas tuvo tiempo para respirar. Antes que pudiera parpadear, el hombre estaba robándole toda su ropa.

Se apresuró a ayudarlo, porque tenía miedo de que se muriera si no bebía algo de sangre pronto. Jungkook aplastó sus labios contra él, exigiendo su sumisión. Con mucho gusto se la dio, fundiéndose en el firme cuerpo.

—No estoy preparado —jadeó Jimin cuando Jungkook tomó sus rodillas y las empujó contra su pecho.

—Lo siento. Voy a tratar de ser lo más suave posible.

El hombre gruñó mientras empezaba a empujar su dura polla en el culo de Jimin. El hombre debió haber utilizado su propia saliva como lubricante, ya que no había tiempo para estirarlo. Cuando Jungkook se empujó, gritó por la quemadura y la mordedura de intenso dolor.

—Estoy bien. Apenas quema —dijo cuando se dio cuenta que el hombre encima de él, se había congelado cuando gritó—. Sigue adelante. Se desvanecerá a medida que te muevas.

Jungkook pareció tomar sus palabras y movió sus caderas, suave, pero rápidamente.

—Mi ángel —susurró antes de besarlo de nuevo.

Rodeó con sus brazos el cuello del hombre más grande, amando la sensación del macizo cuerpo.

—Bebe —dijo, inclinando; sumisamente, su cabeza y dejando al descubierto su cuello para Jungkook—. Necesitas beber. Está bien, lo entiendo.

—¡Mío! —gruñendo con fuerza, comenzó a empujarse más rápido—. Ahora eres mío, de nadie más —dijo antes de hundir profundamente sus colmillos en la garganta de Jimin.

Aún estaba confundido por las palabras del hombre cuando dejó escapar un grito por el leve dolor, que rápidamente se convirtió en un placer abrumador. Se corrió con tanta fuerza que pensó que la parte superior de su pene podría reventar por la presión. Ola tras ola de su orgasmo lo golpeaba, cada una directamente relacionada con cada succión de sangre que Jungkook tomaba de su cuello.

¿En que coño se había metido? Abrió los ojos cuando este dejó de beber y miró profundamente a los ojos azules; casi violetas, del gran hombre, fijos en él. En el momento en el que el hombre gritó su liberación, ya estaba desvaneciéndose en el negro vacío. Múltiples orgasmos eran demasiado para que los manejara su virgen cuerpo.




Jimin se despertó en el asiento trasero de un coche, con una manta envuelta alrededor de su cuerpo. Gimió, incorporándose poco a poco. Le dolía el cuerpo en varios lugares, algunos buenos, otros no tan buenos. Sentiría el sexo de la noche anterior por unos días.

Oh, Dios, ¡Jungkook! Enderezándose en el asiento trasero del coche, escuchó voces. Se volvió para ver a varias personas de pie a unos metros de distancia. Sólo reconoció a una, Jungkook.

—No lo sé, mamá —espetó Jungkook—. Te he dicho que no recuerdo lo que pasó anoche. Me desperté junto a un hombre desnudo con el que; obviamente, tuve sexo. Encontré mi móvil y llamé a papá. Llegaron aquí y eso es todo lo que sé.

—¿Cómo que no te acuerdas? —gritó la mujer frente a él—. ¿Cómo pudiste tener sexo con un hombre? Y ni más ni menos que con un humano. ¿Te drogó? Apuesto a que lo hizo. Es por eso que no lo recuerdas. Jodidos humanos. Debería rasgarle la garganta.

—Preferiría que no lo hicieras —dijo Jimin. Podía ver la animosidad, en la cara de la mujer cuando se giró para mirarlo, e hizo que sus piernas temblaran. Dio un par de pasos hacia atrás, temiendo que realmente pudiera cumplir su amenaza—. No drogué a Jungkook.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Jungkook, acercándose a él, sólo deteniéndose cuando Jimin dio un paso atrás. Alzó una mano en un gesto de paz—. No vamos a hacerte daño, humano. Mi madre sólo está molesta. No te hará daño. Sólo queremos saber lo que pasó anoche.

No podía creer que lo estuviera tratando como a un completo extraño, no después de la noche anterior. Sus intestinos le dolieron como si alguien le hubiera dado un puñetazo. Envolvió sus brazos alrededor de su cintura para tratar de detener el dolor.

—Sí, como si pudiéramos confiar en que un humano diga la verdad —se burló la mujer.

Miró fijamente a la pequeña y cruel mujer. Tenía la mirada de Jungkook, el mismo color de pelo, aunque su rubio se estaba desvaneciendo y era menos brillante. Sin embargo; si se miraba más allá del leve ceño en su rostro, se podía ver la similitud entre ella y su hijo. Jimin estaba tan molesto y dolido en ese momento, que ni siquiera le importaba si lo mataban. Su corazón le decía que lo que había experimentado la noche anterior, con Jungkook, había significado algo. Su cabeza le decía que corriera por su vida.

Su enfado, por la forma en la que la mujer le hablaba, como si fuera barro bajo la suela de su zapato, finalmente ganó.

—¿Quieres dejar de decir ‘humano’ como si dijeras ‘bicho’? Puede que sea sólo un pequeño e insignificante humano, pero; anoche, le salvé la vida a tu hijo.

Eso calló a todo el mundo lo suficientemente rápido. Bajó la mano, dándose cuenta que estaba apuntando a Jungkook.

—Vamos a empezar con tu nombre, ¿de acuerdo? —preguntó Jungkook.

—Jimin Park —dijo en voz baja—. Y tú eres Jungkook Jeon.

—Está bien, Jimin —respondió Jungkook—. Así que te dije mi nombre anoche.

—No, no lo hiciste —contestó Jimin—. Simplemente sé cosas. A veces tengo visiones. Anoche tuve una en la que yacías moribundo en el suelo.

—Sí, claro. —Otro hombre soltó una risita—. ¿Como si fueras psíquico o alguna mierda de esas?

Se había encontrado con esto antes, personas que se negaban a creer en lo que podía hacer. Se acercó al hombre y le tocó el brazo, al instante su mente se llenó de imágenes.

—Tu nombre es Alexander. Eres el hermano menor de Jungkook. Estás casado con una mujer llamada Alice, pero ella no es tu verdadera pareja. Escondes el conocimiento de quién es tu verdadera pareja. Y conservas una colección de novelas románticas bajo la cama, en una caja escondida junto con los premios de la escuela secundaria.

—¿Cómo lo hiciste? —palideció Alexander.

—Mira, si puedo aceptar el hecho de que son hombres lobo —dijo, respirando hondo y tratando de calmarse—. Van a tener que aceptar que soy diferente. Simplemente sé cosas. No sé cómo o por qué lo hago. Sólo lo hago.

—¿Sabes lo que somos? —preguntó la madre de Jungkook, mirándolo con cautela.

—Sí, no fue muy difícil descubrirlo. —Se encogió de hombros—. Me siguen llamando humano, y todos gruñen mucho. Actúan muy parecido a otro hombre lobo que conozco, Rodrick.

—Es por eso que vine aquí —exclamó Jungkook, como si hubiera recordado algo importante—. Vine a buscarte, Jimin. Necesitaba saber lo que hiciste por Rodrick, ¿por qué lo ayudaste?

—Rodrick me dijo que estaba buscando a un amigo —recordó Jimin confundido—. Me dijo que había perdido el contacto. No recuerdo el nombre del hombre. Rodrick tenía algo de él, dijo que necesitaba encontrar a sus compañeros, que ellos sabrían dónde estaba.

—¿El hombre se llamaba Sebastián?

—Sí —dijo Jimin, recordando rápidamente. Frunció el ceño—. Sin embargo, esto ocurrió hace unos meses. ¿Qué tiene que ver conmigo?

—Rodrick no es amigo de Sebastián. —Suspiró Jungkook, limpiándose la cara con la mano—. Te utilizó para encontrar a los compañeros de Sebastián y secuestrar a uno de ellos. Lo torturaron, lo violaron, y otras horribles cosas que se le pueden hacer a un hombre.

—No lo sabía —susurró Jimin con horror, sintiendo que sus ojos le quemaban por las lágrimas—. Me dijo que tenía que darle algo a Sebastián, algo importante. Sólo quería ayudarlo.

—Entonces, ¿por qué te pagó? —Jungkook parecía sospechar.

—La gente me paga por ayudarlos —contestó. Empezando a ponerse a la defensiva—. Bien sea, para que los ayude a encontrar algo o a alguien, o para que les ofrezca asesoramiento.

—¿Así que utilizas tus habilidades para estafar? —cortó la madre de Jungkook—. Sí, eso es genial. Muy humano.

—No soy ningún artista de la estafa —espetó en respuesta—. No ayudo sólo a quienes me pagan. He ayudado a la policía a encontrar asesinos y algunos niños secuestrados. Me gusta ayudar, pero también tengo que pagar el alquiler. No cobro nada escandaloso, son unos honorarios por consulta. No sabes lo difícil que es tener un trabajo normal. Obtengo imágenes cada vez que alguien me toca. Sé cosas, de las personas, que no querría saber.

—Mamá, ¿puedes calmarte por favor? —espetó Jungkook—. Está bien, entiendo que no tenías la intención de ayudar a Rodrick a hacer cosas malas. Fui enviado para averiguar cómo sabías quienes eran los compañeros de Sebastián. Ya respondiste a eso. Ahora, ¿qué pasó anoche?

—Tuve una visión en la que estabas muriéndote —explicó. Abrazó sus brazos, más fuerte, en torno a su cintura—. Salí a buscarte. Cuando llegué cerca del lugar de mi visión, luchabas con otros tres tipos. Gritaban algo acerca de que no eras de su manada y que estabas en su territorio.

—¿Y no lo ayudaste? —gritó la madre de Jungkook. Sintió que sus orejas comenzarían a sangrar en cualquier momento. La mujer era tan cruel que hizo que sus ojos se humedecieran, o tal vez era el polvo en el aire—. ¿Dejaste que lo golpearan?

—Hola, ¿me has visto? —le preguntó sorprendido. Hizo un gesto señalando a su delgado cuerpo—. Mido uno setenta y peso cincuenta y ocho kilos. Sí, claro, habría sido de gran ayuda. —Decidió hacer caso omiso de ella a partir de ahora. No estaba ayudando nada. Se volvió hacia Jungkook—. De todos modos, para cuando llegué a tu lado, la lucha había terminado y los hombres te habían dado por muerto. En mi visión vi que bebías de mi cuello. Así que te dije que bebieras. Eras un caos sangriento, así que pensé que necesitabas un poco.

—¡Bebiste de un humano! —gritó la mujer—. ¿Estás unido a él?

—No lo sé —susurró Jungkook. Sus cejas se juntaron. Parecía estar tratando de recuperar su perdida memoria, de rellenar los espacios en blanco—. ¿Qué pasó después de eso?

—Al principio dijiste que no —dijo Jimin. Podía sentir el calor en su cara cuando se sonrojó—. No estabas seguro de que pudieras controlar tus impulsos. Te dije que estaba bien, no iba a dejar que te murieras porque temieras que no te dejara tener relaciones sexuales conmigo. Así que lo hicimos. Me mordiste en el cuello y bebiste. Eso es todo lo que recuerdo hasta que desperté en el asiento trasero de ese coche.

—Tuviste relaciones sexuales con mi hijo mientras estaba medio muerto —la madre gritó—. Pequeño perverso, ¿cómo pudiste hacerle eso a mi hijo? No es marica. No sabía lo que estaba haciendo. ¿Te gustó? ¿Fue una manera fácil de echar un polvo, aprovechándote de un desamparado hombre?

—Ya he tenido suficiente de ti —gritó Jimin, señalando hacia ella—. Todo lo que sale de tu boca son insultos hacia mí. ¿Crees que esto fue divertido para mí? ¿De verdad crees que era así como siempre soñé perder mi virginidad? ¿Con un hombre al que no conocía, sangrando por todo su cuerpo, siendo áspero, y haciéndome daño? Por supuesto que no era su intención, pero me dolió. Estaba dolorido. Estoy dolorido y para colmo ni siquiera lo recuerda el maldito.

Dio un paso atrás cuando el rostro de Jungkook palideció y su mandíbula cayó. Sabía que el hombre debía estar sorprendido por las palabras de Jimin, pero ¿tenía que mirarlo totalmente estupefacto? Era como si nunca hubiera considerado tener relaciones sexuales con Jimin si no hubiera sido en una situación tan desesperada. Hizo que le doliera el corazón y le diera un vuelco en el estómago.

—Fui a buscarlo porque tuve la visión de su muerte y no podía ignorarlo. Tenía que hacer algo. Así que, sí, dejé que me follara y que bebiera de mi sangre, sólo para despertar y encontrarme a un pelotón de fusilamiento apuntándome. Un simple agradecimiento habría sido jodidamente agradable.

Se dio la vuelta y salió corriendo. Se dirigió a casa sin mirar atrás. Esta había sido la experiencia más humillante de su vida. Jungkook era; obviamente, hétero, y no quería a Jimin.

No había sentido la misma conexión que Jimin había sentido la pasada noche. Sintió como surgían las lágrimas mientras gritaba y finalmente comenzaron a caer. Siguió caminando, no queriendo que ninguno de ellos lo viera llorar.

Se sentía devastado. Había renunciado a su virginidad con un hombre que lo había follado; más o menos, a un lado de una desierta carretera. El hombre ni siquiera recordaba haber tenido relaciones sexuales con él. Y su familia lo atacaba, culpándolo de todo. Era la peor de sus pesadillas hecha realidad.

Jimin, ¿me oyes? ¿Por favor, vuelve? Lo siento. Mi madre puede ser muy idiota. Si puedes oírme, eres mi compañero. Por favor, vuelve y hablemos. La voz de Jungkook vibró en el cráneo de Jimin. Hizo todo lo que pudo para no tropezar por el impacto de poder oír al hombre en su cabeza. Siguió caminando, haciendo como que no lo había escuchado.

No quería tener nada más que ver con esto. Su corazón estaba ya hecho añicos. Sólo quería encontrar un agujero oscuro para esconderse y morir.




Jungkook estaba lleno de dolor al ver al bello hombre alejarse de él. ¿Cómo podía no recordar haber estado con Jimin? Sí, siempre le habían atraído los hombres, pero nunca había satisfecho esa necesidad; en su lugar, siempre se había citado con mujeres. Pero algo sobre Jimin lo atraía. Se entristeció cuando este no escuchó sus pensamientos y no se dio la vuelta.

Realmente esperaba que Jimin fuera uno de sus compañeros. Sabía que sentía un tirón por él, uno fuerte. Realmente pensó que era su compañero, hasta que el hombre siguió alejándose. No lo escuchó. Su compañero lo habría hecho.

No podía recordar nada de la noche anterior excepto que un ángel vino a salvarlo. Oh, el sabor de aquel ángel era el cielo, completamente adictivo. Confiaba en que el ángel fuera Jimin, pero ahora después de lo que había sucedido esa mañana, asumió que era la forma en la que su cerebro, intentaba darle sentido a la noche anterior. Era una pena. Le hubiera gustado pasar el resto de su vida con ese ángel.

—Muy bien, vamos a buscar tu coche para que podamos volver a casa —dijo, Connie; su madre, pasando un brazo alrededor de él.

Estaba tratando de ocultar lo enojado que estaba con su madre. No podía entender que se comportara así con la gente gay. Desde siempre había sabido que era gay, pero nunca había actuado como tal, debido a los sentimientos de su madre.

Siempre había esperado que el destino fuera amable y lo emparejase con hombres; así, podría decir que fue el destino y no tendría que explicar que prefería a los hombres. Pero al ser el Delta de su manada, y el hijo del Alfa, su misión consistía en encontrar a sus dos compañeras, mujeres, y tener una casa llena de cachorros.

Pensó en los niños, claro que le gustaba la idea de tener niños. Simplemente no podía conseguir; pensar siquiera, en tenerlos con una mujer. Tenía citas de vez en cuando, algo ocasional, pero sólo porque tenía que hacerlo. Era la única manera que podía fingir que era un hombre duro.

Jungkook miró por la ventana del coche, sin decir una palabra; aparte de dirigir a su madre hacia donde había dejado su coche. Había hablado con sus padres sobre la manada Delta antes de ir a investigar al Alfa Rodrick. Sus padres fueron muy contundentes en su negativa respuesta. No querían que se alejara de su familia. Y; por si eso fuera poco, habían oído que los deltas que ya formaban la manada eran gais. No toleraban eso.

Cuando Jungkook vio por sí mismo a la pequeña manada de seis hombres, le gustó la forma en que se trataban. Amaban a sus compañeros y aunque eran muy diferentes entre sí, no tenían reparos unos con los otros. Estaban reconstruyendo la ciudad, y vivían sus vidas. Todos parecían muy felices.

Quiso quedarse en ese mismo momento, pero sabía que tenía que terminar de investigar a Rodrick. Ese hombre le había puesto los pelos de punta desde el momento en que lo conoció. De alguna manera, era capaz de enmascarar su olor a delta. Siempre había sido capaz de hacerlo. Sin saber muy bien cómo lo hacía, esto lo ayudaba en asignaciones especiales, como infiltrarse en el grupo de mercenarios de Rodrick.

Rodrick había sido condenado a muerte y su ejecución se llevaría pronto a cabo, si no había ocurrido ya. Al menos había una razón por la que alegrarse.

Todavía tenía que ponerse en contacto con Sebastián para contarle lo que había descubierto de Jimin. Jungkook no creía que fuera prudente informar al Consejo sobre sus conclusiones. No sabía lo que harían si tenían conocimiento que un ser humano, sabía de su existencia.

El viaje de regreso a Indiana no era tan malo, aunque le llevaría unas pocas horas, eso le daría tiempo para pensar en Jimin. Sabía que iba a lamentar; durante el resto de su vida, haber lastimado al pequeño y hermoso hombre.

Lo que es peor, ni siquiera le había dado las gracias. Jimin le salvó la vida y sacrificó mucho por él, sólo para conseguir mierda de parte de su familia y de él.

Deseaba poder echarle la culpa de todo al estado de shock en el que se encontraba, pero en el momento en que fue consciente de lo que había sucedido, pensó que tal vez; simplemente, sería mejor dejar al pobre Jimin solo.

Realmente, ¿qué podía decirle para que se sintiera mejor?

Lo siento, no recuerdo que folláramos. No hagas caso a mi madre es una idiota. Y sí, soy realmente gay. Jimin no lo había oído cuando trató de hablar con él a través de sus mentes. No podían ser compañeros, y todavía no podía recordar haber estado con Jimin, así que; realmente, dejar solo a Jimin era lo mejor para los dos.

Jungkook se enjugó las lágrimas que caían por sus mejillas. No podía hacer nada al respecto. Se había acabado. Tenía que olvidar toda esta situación y seguir adelante. En este momento, tenía que hacer frente a otra cuestión. Tenía que enfrentarse a sus padres para decirles que había decidido trasladarse a la manada delta, iba a ser un infierno.

En vez de dirigirse directamente a su casa, se detuvo frente a la de sus padres para acabar de una vez. Podía ver las luces en el interior de la casa y sabía que sus padres estaban esperando a que llegara a casa y los llamase, por lo que se sorprendió cuando su padre salió de la casa.

—Hijo, ¿cómo te encuentras? —le preguntó su padre cuando se acercó a su encuentro—. Tu madre me dijo que habían ocurrido algunas cosas que nunca discutiríamos, pero me preocupaba que necesitaras hablar.

—Sí, papá —dijo, frunciendo el ceño ante lo que su madre le había dicho a su padre, típico de ella—. Pero no de lo que pasó. Quería hablarte sobre la manada delta.

—Absolutamente no —dijo su padre con severidad. Hizo un gesto con la mano en el aire como para cerrar el asunto. Eso sucedía mucho en su familia—. Ya lo hemos discutido y decidido en su contra.

—No, tú y mamá lo decidieron —dijo, cuando todas las esperanzas de una conversación civilizada se habían evaporado—. Los visité en mi última misión, y he tomado una decisión. He decidido que voy a-

—Te lo prohíbo —gruñó su padre, cortándolo.

Puso los ojos en blanco cuando vio a su madre saliendo de la casa para unirse a ellos. ¡Jodidamente perfecto! Tal vez debería llamar a la cadena de noticias locales para que todos pudieran ver esta disputa familiar.

—Soy tu padre y tu Alfa. Te lo prohíbo.

—No importa —dijo Jungkook en voz baja, no estaba dispuesto a gritar ni discutir acerca de eso—. Tengo treinta y tres años de edad, padre. Soy un adulto, y más que eso, el mandato del consejo dice que es elección de cada delta decidir en qué manada vive. No tengo que ser liberado de mi actual manada si decido mudarme. Es completamente mi decisión. Vine a discutir esto como un adulto, pero como eso no va a suceder, simplemente te informo de mi decisión.

Casi se rio de la expresión de asombro en las caras de sus padres cuando caminaba de regreso a su coche y se subía a él. Nunca antes les había hablado así. Era su hijo, el mediano de tres, el obediente, el que todos ignoraban a menos que necesitaran su ayuda. Y siempre los ayudaba en todo lo que necesitaban, porque eran su familia.

Pero ya era suficiente. Necesitaba empezar a vivir su vida de la forma que quería, o siempre sería miserable. Bueno, más miserable de lo que ya era, y eso era muy muy miserable. Era hora de tratar de vivir su propia vida y tomar sus propias decisiones.

Paró en la tienda de camino a casa, compró suministros para embalar y sonrió. No podía recordar la última vez que había hecho algo para sí mismo, para hacerse feliz. Se sentía realmente bien. De regreso al coche, llamó al Alfa de la manada delta, Zac Sheehan.

—¿Hola?

—Hey, Zac —dijo, sintiéndose repentinamente nervioso—. Soy Jungkook Jeon. ¿Tienes un minuto? Tengo un par de cosas que hablar contigo.

—Sí, claro, espera —dijo Zac.

Hubo una pausa antes que escuchara al hombre susurrándole algo a alguien, y luego regresara a la línea.

—Bueno, ya estoy aquí, ¿qué pasa?

—Bueno, en primer lugar, quería hacerles saber que he encontrado al hombre que Matt mencionó —dijo, esperando sonar calmado mientras hablaba de Jimin—. Resulta que el hombre es un psíquico, y Rodrick le contó una jodida historia acerca de ser amigo de Sebastián. Engañó al hombre para que lo ayudara a localizar a los compañeros de Sebastián, diciéndole que necesitaba devolverle algo.

—Bueno, eso resuelve ese misterio —dijo Zac—. ¿Ese hombre va a ser un problema?

—No, está bien, parece que no quiere tener nada que ver con los cambiaformas lobo.

Después de lo ocurrido, ¿podía culparlo?

—Jimin se sintió realmente mal cuando le dije lo que Rodrick hizo con la información. Verdaderamente creía que sólo estaba ayudando a dos amigos a reencontrarse.

—Está bien, ¿qué es lo segundo? —preguntó Zac, sonando curioso.

—Espero tu permiso para unirme a la manada —dijo rápidamente, antes de perder los nervios—. No estoy contento con mi manada. Estoy cansado de estar tan solo, y cuando estuve ahí, la manada tenía un gran ambiente. Podría construir mi propia casa. He ahorrado dinero, con el que estaría dispuesto a contribuir. No sé cuales son las necesidades de la manada, pero-

—Jungkook, más despacio. —Zac se rio entre dientes—. Ya discutimos la posibilidad de que te unieras la última vez que llamaste para informarnos sobre la búsqueda de Jimin. Nos gustaría que te unieras a la manada, así que no te preocupes, hombre. Estás dentro.

—¡Eso es genial! —exclamó. Se sentía muy emocionado. Tenía un hogar, un lugar a donde ir, en el que podría ser él mismo—. Voy a hacer las maletas y alquilar un camión. Debería estar allí en una semana.

—Está bien, suena bien, hombre —respondió Zac—. Puedes quedarte aquí hasta que acabes de construir la tuya. La casa de Sebastián por fin está terminada, por lo que, Dobry, Alastar y él se están mudando. Mi lugar parece ser el alojamiento de todos mientras hacen sus arreglos.

—Bueno, sólo soy yo. —Sintió su tristeza como un gran peso en el pecho. Agarró fuertemente el volante para mantenerse bajo control—. No he encontrado a mis compañeros todavía, así que no molestaré mucho.

—Vas a encontrarlos —dijo Zac—. Van a caer en tu regazo cuando menos te lo esperes.

Jungkook esperaba que Zac estuviera en lo cierto. Realmente lo hacía.

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