𝙼𝚊́𝚐𝚒𝚌𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎においしい - 𝚔𝚘𝚘𝚔𝚖𝚒𝚗 [𝙾.𝚂]

Summary

Jimin, un alumno de intercambio estadounidense que está estudiando en Irlanda, no le hace caso a sus compañeros cuando le dicen que devuelva la moneda de oro que ha encontrado en el jardín. Ellos le advirtieron lo que sucedería si se guardaba el oro de un duende. Más tarde se preguntó si tendría que haberlos escuchado cuando un atractivo elfo llevando un kilt apareció esa noche para reclamar la última de las monedas perdidas de su olla de oro.

Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
n/a
Age Rating:
18+

ONE SHOT

Jimin plantó cuidadosamente la última de las semillas de zanahoria en el área detrás de la cabaña irlandesa donde vivía. Se limpió las manos en los vaqueros y estaba a punto de

levantarse cuando un destello de metal le llamó la atención. Recogiéndolo, se sorprendió ante lo que parecía ser una moneda de metal pequeña, aunque no la había visto antes. Regresó a casa con la cabeza baja, su atención volvió hacia el pequeño tesoro.

El objeto dorado brillaba mientras Jimin se inclinaba sobre el pequeño lavabo del baño y comenzaba a trabajar la tierra suelta con los dedos. Como era el único de sus compañeros de cuarto que utilizaba el jardín, era casi como si la moneda estuviera esperándolo. Le gustaba pensar que así era, al menos.

—Oye compañero, ¿tendrás un minuto? —su compañero le preguntó asomando la cabeza al interior del baño—. Ah… ¿qué tienes ahí?

Jimin se sonrojó y bajó la cabeza. De sus cuatro compañeros de cuarto, Hoseok era obviamente el más irlandés del grupo. Y su acento siempre hacía cosas en él. Cambió de posición contra el lavabo, tratando de ocultar su evidencia cuando el otro hombre entró totalmente al estrecho baño.

—Algo que me encontré en el jardín —dijo Jimin, sosteniéndola contra la luz para que el otro la viera. Era un extraño tipo de moneda desgastada, pero sin ninguna indicación de qué país procedía.

—Duende —dijo Hoseok, dando un paso atrás, a fin de no tocar el objeto—. Es mejor ponerlo donde estaba de nuevo. Ellos pueden ser realmente malvados cuando sus tesoros faltan.

Jimin se echó a reír y sacudió la cabeza.

—Sí, claro. ¿Otro de tus pequeños trucos tontos para estadounidenses?

Pero Hoseok no se reía mientras salía del baño.

—No, compañero. Ahora estás en Irlanda. No nos reímos de la gente pequeña. Mejor devolverlo antes de que se den cuenta.

Jimin lo vio salir con un suspiro entrecortado. Drogas. Tenía que mantener esa cosa controlada si iba a seguir viviendo en lo que equivalía a una casa de fraternidad irlandesa.

Terminó de lavar la moneda en el agua fría hasta que brilló. Había suciedad bajo sus uñas que necesitaban un buen lavado, pero no había mucho que pudiera hacer al respecto cuando un compañero le gritó que era el momento de apagar las luces. Él se habría reído y burlado del chico, pero todos ellos tenían clases por la mañana aunque no estaba presto a dormirse de nuevo. Aprendió de la manera difícil que los profesores irlandeses realmente toleraban mínimamente a los estudiantes que interrumpían su clase por llegar tarde, a diferencia de sus profesores en Montana.

Entró en su pequeña habitación, un lujo, ya que era privada, y dejó caer la moneda en la mesita de noche junto a su cama. Se deslizó fuera de sus vaqueros, prefiriendo dormir desnudo, mientras se arrastraba entre las sábanas y empujaba el edredón hasta taparse los oídos.

No estaba cansado, pero trató de hacer un esfuerzo para dormir. Intentó contar ovejas ya que había muchas por los alrededores de la cabaña. Era Irlanda después de todo, pero ellas habían sido movidas bajando la colina por el agricultor que poseía la tierra. Después de más tiempo dando vueltas, pudo deslizarse en un sueño inquieto.




Jungkook pisó el plano llamado Tierra en medio de un trueno y un poco de lluvia. Su kilt se empapó al pisar terreno irregular mientras se proyectaba en torno a los afloramientos de roca en dirección de la casa en la colina.

Su moneda había sido encontrada, la última de su tesoro que había perdido por el campo verde, más de un siglo atrás. Su sangre palpitaba con la necesidad de recuperarla. Sabía sin duda cuál era la habitación oscura que contenía su moneda y se movió desbloqueando la ventana que era solo un mínimo obstáculo para sus músculos voluminosos. Podría haber pasado fácilmente entre los muros de piedra, pero la moneda lo llamaba de tal forma que no podía pensar en otra cosa, y no quería correr el riesgo de quedarse atascado en la pared si perdía la concentración.

El suelo crujió cuando cruzó la habitación y fue hacia su tesoro. Extendió la mano hacia ella, pero el oro se deslizó entre sus dedos como el agua por lo que sólo rozó la pequeña mesa debajo. Muy bien, entonces, Jungkook pensó con un apretón mental. Intentaría de otra forma, si la moneda se negaba a acompañarlo de buenas maneras. Tiró de su fina camisa blanca. No la necesitaba para mantener el calor, ya estaba empapado de todos modos, y trató de atraparla con el material en su lugar. Una vez más el objeto se negó.

—Oye… —Una voz soñolienta llamó desde la cama—. Esa es mi moneda…

Jungkook soltó un suspiro irritado. Así que era eso. El joven había reclamado el tesoro y ahora tenía que convencer al pequeño humano para que se la devolviera. Un montón de reglas estúpidas si se lo preguntaban.

—Voy a darte un trueque por ella —susurró Jungkook, en cuclillas junto a la cabeza del hombre, para no despertar a los demás de quienes podía oír los ronquidos en las habitaciones vecinas.

Los ojos del hombre, de color marrón oscuro como una cerveza, se abrieron lentamente y bostezó.

—Guao. Sueño vívido.

Parecía estar más despierto, mientras luchaba por sentarse en la estrecha cama. Las sábanas caían alrededor de sus caderas y la mirada de Jungkook se pegó a una parte de la anatomía del hombre que estaba contento de ver despertar también.

El hombre era más delgado de lo que normalmente le gustaban sus amantes y tenía un acento extraño que nunca había oído antes en estas tierras. Pero sus labios estaban bien formados y su pálida piel parecía suave. Y había pasado una buena quincena desde que había tomado a un hombre en su cama.

Jungkook rozó sus dedos sobre la extensión pálida del estómago del hombre, y vio fascinado como los músculos ondulaban a raíz de su contacto.

—¿Qué vas a pedir? —preguntó Jungkook.

—¿A cambio de mi dinero? —El hombre negó con la cabeza lentamente, como si no pudiera entender lo que estaba pasando. Extendió la mano hacia la lámpara junto a la cama, pero Jungkook lo detuvo con una mano firme en su muñeca. Él podía ver bien en la oscuridad y el hombre no necesitaba estremecerse con el brillo esmeralda de sus ojos o los tatuajes de runas que cubrían su piel.

—¿Es un sueño?

Jungkook asintió y se arriesgó a correr la punta de su dedo pulgar sobre el pezón del hombre, sacándole un suspiro.

—Sí, esto es un sueño.

Cuanto más pudiera convencerlo de que estaba teniendo un sueño, mejor para los dos. No eran muchos los seres humanos que tomaban a bien que un extraño lo visitara en la noche.

—Pero es mi dinero. —Aunque el hombre estaba claramente afectado por los leves toques de Jungkook, su cabeza aún parecía bastante clara. Un desafortunado problema. Hubiera sido mucho más fácil si el hombre se hubiera derretido al instante, al igual que la mayoría de los amantes que Jungkook elegía.

Jungkook apretó los dientes. La moneda se debía dar voluntariamente. Él no podía simplemente golpear al hombre y llevársela a su antojo.

—Un trueque, entonces.

—¡¿Lo que yo quiera?!

La voz del hombre sonaba esperanzada. Jungkook asintió, antes de darse cuenta de que el hombre probablemente no podía ver mucho detalle con el fino haz de luz de luna que entraba por la ventana abierta.

—Sí. Cualquier cosa. —Había limitaciones, por supuesto. Siempre las había. Pero Jungkook de alguna manera dudaba de que este chico quisiera a alguien muerto o ser traído de la tumba—. Y luego me das el dinero.

El hombre sonrió y se recostó cómodamente bajo las pesadas mantas mientras cerraba los ojos.

—Hazme el amor.

El calor sorprendió a Jungkook, aunque no del todo. Claro, él quería que el hombre dijera algo por el estilo. Pero generalmente; cuando los seres humanos negociaban con sexo, eran groseros en sus peticiones. Este… sus palabras habían sido susurradas, como si no pudiera creer que las hubiera dicho.

—Yo… lo siento… —dijo el hombre a su lado, la preocupación tiñendo sus pensamientos, incluso en su sueño. Jungkook le hizo callar con un beso. Podía hacerlo de buena gana y alegremente. Había pasado mucho tiempo desde que había hecho el amor con alguien, en vez de los encuentros rápidos que había tomado últimamente.

La boca del hombre se movió fácilmente bajo la suya, entonces Jungkook alcanzó entre ellos y se desabrochó el kilt. Se quitó los zapatos antes de que la falda escocesa incluso llegara al suelo.

—Jimin… mi nombre es Jimin —susurró el hombre, mientras Jungkook movía los labios en el cuello del joven; y comenzaba a chupar suavemente la piel suave, conforme los brazos de Jimin llegaban alrededor de sus anchos hombros.

Jungkook dudó un momento antes de susurrar:

—Y yo soy Jungkook. —No sabía porque le había dado su nombre. Nunca había hecho esto en el pasado. Pero de alguna forma con este joven parecía correcto. Jungkook se trasladó lentamente por el cuerpo del joven, tocando y acariciando mientras lamía su piel pálida.

—Tu pelo es ondulado —dijo Jimin mientras sus dedos se enredaban en el grueso pelo del hombre.

—También es rojo —dijo Jungkook, mientras pasaba el calor de su boca por la cadera de Jimin.

Jimin se echó a reír.

—Un pelirrojo. Siempre tuve algo con los chicos de pelo rojo. Y tu acento… —Tragó saliva.

Jungkook se encogió de hombros. Su acento era el mismo que cualquier persona en el reino Fae, por lo menos aquellos que venían del viejo país.

La risa de Jimin se detuvo abruptamente cuando Jungkook movió sus labios sobre la cabeza de su hinchado pene.

—Un sueño maravilloso —suspiró Jimin.

Jungkook vio como Jimin cerraba los ojos y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. Amó lo receptivo que era su amante humano mientras este suspiraba cada vez que la lengua del duende se movía sobre su pene.

Jimin se quejó en voz alta.

—Tu boca se siente increíble —dijo mientras empuñaba una mano sobre la sábana al lado de su cadera y otra en el hombro de Jungkook. Este se sorprendió de que el joven no hubiera tratado de poner sus manos sobre su cabeza para tomar el control, como hacía la mayoría. Ellos no lo habían conseguido ya que Jungkook nunca cedió voluntariamente el control, pero fue bueno que este joven ni siquiera lo hubiera intentado.

—Quiero probarte a ti también —confesó Jimin en voz baja. Jungkook miró hacia arriba, sorprendido y un tanto encantado con su audacia. Deslizó la boca fuera del pene, y sonrió por el chasquido que hizo al caer de sus labios para aterrizar suavemente en el vientre de Jimin.

Jimin dejó escapar un aullido de decepción, pero pronto se detuvo cuando Jungkook se trasladó a su lado. Tuvo un momento de indecisión e incertidumbre, al tratar de descubrir la mejor manera de alinear el cuerpo con el de Jimin, antes de que él moviera sus manos hacia sus caderas y se empujara hacia abajo por la cama.

Jungkook le dio espacio suficiente para moverse encima de él, colocando un musculoso muslo a cada lado de la cabeza de Jimin. El duende le sonrió cuando este empezó a lamer la cara inferior del pene, ansiosamente tratando de conseguirlo en su boca.

—Paciencia, Jimin —lo provocó, mientras se mecía contra los labios del joven. Gimiendo en voz alta, los sacó a los dos de su miseria mientras deslizaba su pene en la boca de Jimin que le esperaba. Al instante los suaves labios se sellaron alrededor de su eje, tomándolo ansiosamente tan profundo como pudo. Jungkook dejó caer la cabeza hacia atrás, gimiendo suavemente conforme cedía a la sensación de la boca del hombre caliente sobre él. Este humano se sentía tan bien, mejor que cualquier Fae que él tuviera en la memoria reciente, y eso era un número considerable de años.

Jimin vaciló y Jungkook miró hacia abajo para ver las manos del hombre deslizándose lentamente en su propio pene. Jungkook frunció el ceño, eso simplemente no pasaría. Eligió el ritmo, dejando que Jimin se relajara, luego abofeteando sus manos lentamente tomó la dura longitud del hombre contra su lengua. Los gemidos del joven aumentaron cuando Jungkook volvió a saborear el pene de Jimin.

El duende sólo había visto a los seres humanos participar en este acto algunas veces, pero nunca había pensado en hacerlo él mismo. Ahora se preguntó por qué había esperado tanto tiempo al sentir la boca caliente de Jimin encerrar su duro pene, chupando con un impulso rápido. El muchacho se retorcía debajo de él con necesidad, mientras Jungkook lamía y chupaba la longitud; acariciando la cabeza con su lengua, mientras sus dedos envolvían la base del pene del joven.

No duraría mucho más y Jungkook quería estar allí con él cuando llegara al clímax. No conocía mayor placer que compartir ese momento con su amante. Tendría que correr para alcanzarlo. Afortunadamente; a pesar de no tener experiencia, Jimin tenía una buena boca y los suaves gemidos de placer estaban empujándolo rápidamente más cerca del borde. Él se aseguró por un momento, presionando los dedos en la cintura de Jimin para afirmarse y mientras mantenía su boca en la cabeza del pene del muchacho, sintió la primera oleada de placer golpearlo.

Empujó descontroladamente en la boca de Jimin, mientras empujaba y chupaba su pene, cronometrados perfectamente, hasta que sintió a Jimin quedarse rígido contra él y el calor inundó su boca exactamente al mismo tiempo que su propio clímax golpeó y cayó contra la lengua de Jimin.

Jungkook se quedó allí por un momento, limpiando con su lengua al otro hombre y dejando a Jimin hacer lo mismo, hasta que sintió que este le soltaba y descansaba su cabeza contra la cama con un suspiro de satisfacción.

Se movió lentamente, su fuerza ida mientras se estiraba lánguidamente al lado de su amante humano.

—El mejor sueño que tuve nunca —susurró Jimin en la oscuridad. Jungkook se echó a reír. Estaba de acuerdo.

—¿Qué pasa con mi moneda?

Casi deseaba que el hombre quisiera añadir algún otro requisito; más de una vez, otra noche, cualquier cosa. Mientras que pudieran estar juntos un poco más. Pero oyó el estruendo del oro contra el colchón junto a él y supo que el hombre había cumplido su palabra.

—Feliz día de San Patricio —dijo Jimin con una sonrisa. Jungkook se obligó a ponerse en pie y tuvo que contener la risa. El joven había tomado un duende en su cama en el día de fiesta irlandés más famoso. Lástima que pensara que era sólo un sueño. Sin embargo, era lo mejor para ellos. Los seres humanos a menudo no se llevaban bien con el conocimiento de los duendes. Aún así, no pudo resistir depositar un suave beso en los labios del hombrecillo, antes de vestirse.

—Duerme bien, Jimin —susurró—. Y gracias por mi moneda.

Hubo un pequeño ruido en acuerdo mientras Jimin caía en un sueño profundo. Jungkook vaciló en la ventana de nuevo antes de sacudir la cabeza ante su estupidez y volar a través del aire de la noche. No era más que un ser humano. Sería una locura venir a verlo de nuevo. Él no tendría ninguna razón para visitar esta casa en el futuro. O cualquier casa; en cualquier lugar, para el caso. No ahora que había encontrado la última de sus monedas.

Se detuvo, volviéndose para escudriñar el cuarto oscuro. La moneda no tenía por qué ser encontrada.

Con una sonrisa y una risa empujó la ventana abriéndola apenas una rendija y la moneda se deslizó a través de ella. Aterrizó en una gran bolsa llena de libros. Allí, Jimin la encontraría en la mañana y Jungkook podía solicitar la devolución de su dinero otra noche. Con este pequeño pensamiento alegre, bailó su camino de regreso a la colina al lugar donde el velo entre los mundos era más delgado.

—Adiós por esta noche, pequeño Jimin. Nos vemos de nuevo pronto —susurró su promesa en el aire de la noche limpia antes de arrepentirse de su plan, sintiéndose más ligero de lo que había estado en los últimos años.




Bastones pesados se establecían delante de él, bloqueando su camino en el alejado túnel al momento en que entró en el reino Fae.

—Déjenme pasar. —Se volvió hacia los dos guardias. Ellos eran simples marionetas, seres creados con viñas retorcidas y vueltos a la vida a través de la magia. La artificialidad de ellos puso su piel de gallina.

—Buena voluntad, Jungkook —dijo un joven mientras se acercaba desde un túnel estrecho que daba hacia el sur. El Consejero de la Reina saludó a las dos creaciones, enviándolas de vuelta a sus esquinas a la espera de su siguiente tarea.

—¿Por qué tienes que atacarme? —gruñó Jungkook. El consejero de su madre le dio un pequeño encogimiento de hombros.

—La Reina reunió un tribunal. —Él movió sus dedos hacia Jungkook, instándolo a seguirlo mientras guiaba el camino a través de los estrechos pasajes subterráneos. Jungkook suprimió un gruñido enojado por haber sido ordenado por el hombre mucho más pequeño, pero fue de todos modos, curioso de ver lo que su madre había preparando.

El túnel desembocaba en una gran caverna. Por encima de su cabeza, vides entrelazadas se estiraban sobre el techo y luces Fae brillaban a lo largo de las paredes, iluminando el jardín zoológico lleno de invitados.

—Jungkook, hijo mío —llamó la Reina desde su trono cargado de flores—. Tienes que regresar del reino de los humanos.

—Sí, tengo que hacerlo —dijo Jungkook, dándose la vuelta y alejándose del pequeño hombre mientras caminaba a través de la multitud para llegar hasta la pálida mujer. Como de costumbre, ella estaba vestida con capas de gasa de seda que brillaban como telarañas espolvoreadas con el rocío de la mañana. Era casi demasiado hermosa para la vista, pero se obligó a mantener la mirada de todos modos.

—Has vuelto a mí diferente de lo que eras cuando saliste de mi reino —acusó ella—. No lo niegues.

Jungkook se encogió de hombros. Él no sabía si su madre se había enterado de su noche con Jimin. Pero en realidad, no importaba.

—Yo no estaba planeando esto. Encontré el amor en la cama de un varón humano. —Hizo una pausa, frunciendo el ceño a juego con sus labios. Él no había pensado en el amor antes, ni una sola vez en todos los siglos que había vivido. Pero sólo había caído y de alguna manera se sentía justo.

Hubo gritos de asombro de las personas más cercanas a él. Ellos no se sorprendían ante la idea de que se acostara con un ser humano, ya que a menudo eran las criaturas de elección para muchos Fae, cuando se trataba de parejas sexuales. Pero el amor era una idea completamente diferente.

—Esto no puede ser —susurró ella, una sombra de su peligrosa belleza se mostró por un momento, antes de aplanar la máscara nuevamente a su lugar—. Tienes que tomar una decisión. Quedarte aquí y nunca volver a la tierra de nuevo o ser exiliado por toda la eternidad.

Los murmullos surgieron a su alrededor. Había habido rumores de que había estado recibiendo trato preferencial durante años y; como el hijo de la Reina, no podía negar la realidad de ellos. Pero ahora parecía que su relación con la mujer le iba a costar muy caro. Respiró a fondo, mientras consideraba las palabras de su madre.

—También puedes usar la piscina de la clarividencia para ver a tu amante humano —le recordó su madre. La forma en que ella habló sobre Jimin hizo que sus labios se enrollaran sobre sus dientes. Hablaba de los seres humanos como si estuvieran muy por debajo de alguien como ella. Él suponía que lo estaban cuando alguien había visto tantas criaturas que iban y venían como su madre hacía.

—No sería lo mismo madre —dijo con calma—. He vivido lo suficiente de mi inmortalidad sin amor y elijo no vivir más así.

—El amor del que hablas es delirante, equivocado, ignorante…

Jungkook gruñó, parando inmediatamente el discurso de su madre. No estaba seguro de lo que era el amor, pero en ese momento, no iba a negar lo que sentía por Jimin. Sabía que era mucho más que deseo y pasaba bastante tiempo observando a los seres humanos para saber cómo ellos describían al amor. No era delirante o cualquier otra cosa que su madre quisiera llamarlo.

—Madre, lo siento, pero no puedo ser como era —susurró Jungkook, su voz casi rompiéndose mientras las lágrimas se reunían en sus ojos.

La Reina asintió, su velo brilló cuando bajó la cabeza para ocultar sus propias lágrimas.

—Si realmente no puedes, entonces renacerás como otro. Debes hacer tu propio camino en esta nueva vida. Estos seres humanos son finitos, criaturas frágiles. Debes cuidarte de ellos y de ti mismo. Me temo que no vas a disfrutarlo. Eres demasiado viejo para recordar como era ser un niño. Y aunque me gusta llamarte mi hijo, esos años no son los más agradables.

—¿Un niño? No puedes decir…

La pequeña boca de su madre se convirtió en una sonrisa.

—Oh sí, tu espíritu será colocado en el cuerpo de un niño. Hay mucha muerte en el mundo de los seres humanos, especialmente aquellos tan pequeños como los bebés recién nacidos, y ya he seleccionado a uno perfecto… Una familia amorosa, una madre que no tendrá que llorar cuando esté sobre la tumba de su hijo muerto. Su hijo murió, pero él puede vivir a través de ti.

Jungkook balanceó la cabeza. Eso no estaba bien.

—Pero voy a ser un niño mientras mi amante envejece. Y nunca lo conoceré.

Su madre se levantó del trono de hiedra y se acercó a él.

—No Jungkook, tú siempre vas a recordar todo. Y esa es tu maldición, me temo. Vas a ser un adulto en el cuerpo de un niño. A los cinco años sabrás más acerca del universo que cualquiera de lo que tus amigos puedan entender. Pero aquí está la parte que te gustará, encontrarás a tu amante humano nuevamente a los treinta años, cuando él venga a la tierra que llaman Irlanda. Te voy a enviar de vuelta en el tiempo hasta el momento exacto de la muerte del recién nacido. Y creo que tendrás una forma totalmente diferente en los años setenta, como un niño pequeño, de lo que fuiste como duende.

—¿No puedes simplemente dejarme caer en la Tierra? ¿Tal como soy? —rogó Jungkook—. Nunca me reconocerá como ser humano. Él me debe conocer o todo esto será en vano.

Su madre lo miró con lástima.

—Los seres humanos de este siglo son especiales, no como los de cuatrocientos años atrás, donde yo podría fácilmente haberte dejado caer de vuelta en el reino humano, diciéndote que hagas lo mejor de todo esto. Ahora los seres humanos tienen números y piezas de plástico con imágenes en ellos, como si su mundo no fuera lo suficientemente complicado sin estos sistemas. No puedo simplemente crear esos conocimientos para ti, como bien sabes. Debes experimentarlos por ti mismo. Y como ser humano ya lo sabes, tendrás que hacerlo. Tendrás tus recuerdos. Úsalos para mostrar lo que realmente eres. Asiste a una pequeña universidad fuera de la ciudad, la llaman Dublín. Encuéntralo allí después del Día de San Patricio, 32 años a partir de ahora. Él estará allí donde lo visitaste la noche anterior. El tiempo es un jardín fluido… ya sabes esto. Utilízalo para tu beneficio y ve a conquistarlo.

Hizo una pausa, respirando.

—¿Todavía quieres hacerlo? Todavía estás a tiempo para volver y pasar la eternidad aquí, entre tus amigos. Conmigo.

Jungkook tragó en seco. Había tanta esperanza expresada en la petición de su madre. No quería hacerle daño. Pero no podía darle la espalda al amor con Jimin, ahora que lo había encontrado. Para los humanos, el amor significa algo diferente que para un Fae. No estaba seguro de si el hombre le aceptaría una vez que se encontraran nuevamente. Pero tenía que intentarlo.

—Tengo que estar con él, madre. Lo siento.

Ella asintió y puso una mano eternamente pálida en su mejilla. Jungkook se inclinó profundamente en su calor y aspiró el olor de su madre por última vez. Ella siempre olía a lilas ondeando en el sol del verano. Cerró los ojos.

—Te amo, hijo mío —le susurró. Jungkook advirtió la calidez de sus labios en su frente cuando le besó por última vez antes de que su mundo estallara en una ola de luz blanca y ruido ensordecedor.




Jimin se estiró lánguidamente ante la brillante luz solar. Unos embutidos estaban siendo fritos en la estufa y podía oír voces que venían de la cocina. Luchó por deslizarse dentro de sus vaqueros y salir de la cama. Estaba tan cansado, incluso después de tener una buena noche de descanso, y un gran sueño. Pensar en Jungkook le trajo una sonrisa inmediata a sus labios. Confía en él para soñar con algún dios del sexo hecho hombre, en su primer mes en Irlanda.

Entró en la cocina y miró hacia arriba, asustado, cuando la risa parecía cesar en torno a él.

—Uh… ¿Hola? —dijo, vacilante, mientras tomaba un pedazo de pan tostado y extendía algunos granos en el mismo.

Namjoon; el mayor de ellos, le dio una mirada extraña.

—Hola a ti. No oí que se abriera la puerta del frente. ¿Tuvimos un invitado durante la noche?

Jimin frunció el ceño hacia el hombre y balanceó la cabeza.

—No. No lo sé. ¿De qué estás hablando?

—Estabas gimiendo en voz muy alta —explicó Namjoon, lo que hizo que la cara de Jimin estallara en llamas. Sabía que probablemente hizo mucho ruido. Pero ahora sólo quería ir a esconderse debajo de las sábanas y ocultarse por un tiempo. Trató de escabullirse de vuelta a su habitación, pero la mano de Hoseok en su hombro lo detuvo.

—Probablemente sólo fue un sueño. Todos los hemos tenido. Siéntate —le dijo, tratando de tranquilizarlo de la mejor manera posible.

—Pero hay moretones en sus caderas —señaló Namjoon, agitando una cuchara de madera hacia Jimin.

—No los hay —protestó Jimin en voz alta mientras miraba hacia abajo—. Oh.

Hoseok le mostró una silla y lo ayudó a sentarse mientras Jimin apoyaba la cabeza en sus manos.

—Así que ayer por la noche… él… y entonces yo… pero… Oh.

Namjoon le entregó un vaso de leche.

—Se ve muy complicado.

Hoseok chasqueó la lengua mientras Jimin recibía un plato y comenzaba a apilar alimentos.

—Lo fue. Él no me atendió cuando le dije que no se quedara con la moneda de oro. Un duende llegó por ella.

La cabeza de Jimin se disparó y corrió a su habitación. Comprobó la mesita de luz en silencio, sabiendo que había puesto la moneda allí, justo al lado de su teléfono y su cartera, pero cuando no la vio comenzó a temblar, hasta que la vio en su mochila. La tomó, pero casi pegó un grito cuando sus dedos lo sintieron caliente en lugar del frío metal que estaba esperando.

—Todavía tienes la moneda, ya veo —dijo Namjoon desde la puerta. Jimin se volvió para ver también a Hoseok con él.

Hoseok se adelantó y tomó la moneda entre sus dedos antes de que pudiera detenerlo.

—Devuélvemela, es mía.

El hombre resopló ante él.

—Es una moneda de duende. Estas marcas en tus caderas prueban eso. Has sido visitado por un elfo anoche. Y ahora que ya te visitó no me hará ningún daño a mí.

—Ah, ¿sí? —respondió Jimin—. ¿Así que él no consiguió su dinero de vuelta?

Hoseok se detuvo y volvió la moneda sobre la palma de su mano.

—Huh. Han escrito sobre ella. Yo no lo vi ayer.

Se lo entregó a Namjoon, el experto en el hogar de todas las cosas viejas.

—Runas, ahí mismo —dijo Hoseok, señalando. Jimin estiró el cuello para ver de lo que estaban hablando, pero todo lo que vio fueron algunos rasguños a lo largo del borde. Namjoon lo empujó de nuevo en su mano y retrocedió rápidamente.

—Es tuya. Guárdala.

Jimin frunció el ceño.

—¿Por qué? ¿Qué es esta runa?

Namjoon negó con la cabeza y empujó hacia atrás a Hoseok.

—Wynn. Es la marca de los deseos. Has sido reclamado por un duende.

(N/A: El nombre de la runa, Ƿenne o Wenne, significa “alegría, dicha”).

Jimin estaba a punto de reírse cuando vio las caras serias de los otros dos.

—Oh, mierda.

—Eso lo resume todo, amigo —dijo Hoseok con una sonrisa descarada—. Por otro lado, la noche de sexo debe haber sido muy buena para él si quiere mantenerte a su alrededor.

Jimin se echó a reír y puso la moneda en su bolsillo trasero. Ser reclamado por Jungkook no parecía tan malo.

Se comieron el desayuno a toda prisa, a continuación, se apresuraron a sus clases con Hoseok conduciendo el viejo sedán. Jimin todavía no había conseguido acostumbrarse a conducir por el lado equivocado del camino. Con apenas el tiempo suficiente, Jimin corrió hacia su primera clase cuando estacionaron en un pequeño aparcamiento, a pocas cuadras del pequeño campus.

Se deslizó en su asiento; sudoroso y jadeante, poco antes de que su profesor de historia entrara.

—¿Jimin Park? —llamó, blandiendo un trozo de papel en la mano.

—¿Sí, señor? —respondió Jimin, mientras se escabullía en su asiento. Nunca había sido llamado para nada. Y no había violado ninguna regla de la escuela. Su mente empezó a correr, preguntándose qué podría ser ese pequeño pedazo de papel, mientras que su maestro se acercaba a él.

—El profesor Trendlehoot solicitó su presencia inmediata —dijo el hombre, colocando el papel gastado sobre la mesa delante de Jimin.

El extraño nombre tiró de sus pensamientos.

—¿Quién? —Nunca había oído hablar de ese profesor y ciertamente no estaba en su clase.

—Trend-le-hoot. —Su maestro le habló como si no hubiera oído—. Ve fuera del edificio, hacia la derecha, baja por tres edificios y lo encontrarás.

Jimin asintió y dobló la citación. Se la guardó en el bolsillo cuando el profesor se aclaró la garganta.

—¿Qué estás esperando? Ve ahora. El profesor dijo que era urgente en su nota.

Su boca se abrió.

—¿Pero no puede esperar hasta el final de la clase? —preguntó. Los otros estudiantes estaban empezando a inquietarse a su alrededor, y se sintió un poco extraño siendo el centro de atención para su diversión.

El profesor negó y señaló la puerta. Jimin no trató de argumentar por segunda vez, recogió sus cosas y se dirigió fuera de la clase, sus mejillas rojas en llamas cuando salió al pasillo. Respiró hondo, haciendo caso omiso de la voz en su cabeza que se preguntaba qué había hecho mal para atraer atención por parte de un profesor desconocido y siguió las instrucciones hasta un edificio que nunca había notado antes.

—Bien… bien… mejor simplemente lo hago —murmuró para sí mismo mientras caminaba.

La primera puerta a la izquierda tenía una gran placa de bronce en ella, proclamando que era la oficina del Profesor Justin Trendlehoot. Jimin respiró hondo y llamó a la puerta.

—Entre. —Una voz profunda resonó más allá. Jimin subió su mochila más alto en su hombro y entró. Se sorprendió al ver a un atractivo hombre apenas unos años mayor que él sentado detrás del gran escritorio caoba. La puerta se cerró ruidosamente y Jimin se estremeció al oír el sonido.

—¿Profesor Trendlehoot? Soy Jimin. Usted envió una nota para que yo viniera a verlo, señor —dijo Jimin.

El hombre se levantó lentamente de su escritorio. Él no había parado de observarlo y comenzó a caminar lentamente en su dirección. Jimin estaba comenzando a sentirse incómodo y se apoyó contra la puerta. Sus dedos encontraron el pomo de la puerta fría y empezó a abrirla, mientras los labios del profesor se posaban contra él.

—Señor, yo… —Jimin tartamudeó, cuando el profesor lo dejó tomar aire. Su corazón le latía violentamente y estaba empezando a temblar.

—Eres tú —susurró el hombre, cuando comenzó a pasar los dedos por la mejilla de Jimin y por la longitud de su cuello—. He estado esperando años, casi una vida para los seres humanos, pero finalmente estás aquí.

Jimin se apretó contra la puerta tanto como pudo.

—Señor, no sé a qué se refiere. No soy quien cree que soy. Soy Jimin…

—Jimin Park. Estudiante transferido desde los Estados Unidos. Has vivido en una pequeña ciudad la mayor parte de tu vida. Vives con un grupo de jóvenes en una pequeña casa de piedra en la colina —ofreció el profesor.

Jimin asintió y siguió mirándolo fijamente en silencio.

Los labios del profesor se convirtieron en una sonrisa.

—Duermes de lado y prefieres dormir desnudo. Y ayer por la noche tuviste a un hombre en tu cama, y pensaste que era un sueño. Pero luego te despertaste y la moneda había sido movida.

—¿P-p...profesor? —tartamudeó Jimin, mientras sentía que la sangre desaparecía de su rostro.

—Mi moneda está en tu bolsillo izquierdo, Jimin. Y todavía recuerdo 33 años más tarde para mí, un par de horas para ti, lo bien que se sentía tu boca en mi pene, mientras gemías debajo mío —susurró el profesor y luego tomó la boca del joven de nuevo.

Jimin se empujó hacia atrás, necesitaba espacio para respirar mientras observaba los extraños ojos marrones y una cara que nunca había visto antes. Pero lo que este hombre sabía… Lo que él dijo… Jimin negó con la cabeza. Esto no estaba sucediendo. Estaba atrapado en una oficina con un profesor loco:

—¡Ayuda! —gritó mientras se giraba y golpeaba la puerta con los dos puños—. ¡Que alguien me ayude! ¡Él está loco!

La mano del hombre se colocó sobre su boca, silenciándolo instantáneamente, mientras usaba su otra mano para sostener las muñecas de Jimin contra la puerta, por encima de su cabeza. Su estructura era mucho más grande y empujó a Jimin contra la puerta, manteniéndolo en su lugar.

—Silencio, Jimin. Escucha mientras te cuento una historia.

Jimin se detuvo debajo de él. ¿Todos los locos hacen monólogos, antes de asesinar a sus víctimas indefensas? Oh Dios, iba a morir en esta oficina y nadie lo sabría jamás.

—Mi nombre con el que fui criado, es Justin Trendlehoot —le dijo el profesor al oído—. Es un nombre ridículo que no quiero volver a oír caer de tus labios. Si esto no le doliera tanto a mi madre humana lo habría cambiado hace mucho tiempo por el que tenía hace siglos, antes de que mi madre; mi madre biológica, tomara mi espíritu y lo pusiera dentro de un muchacho hace más de treinta años. Mi nombre; por nacimiento, es la forma en que me conoces. Yo soy y siempre fui, Jungkook. Aunque ya no puedo ser un duende o ser capaz de ver a las hadas. Pero durante siglos, mis amigos y yo hicimos trueques con los seres humanos y apuestas entre nosotros sobre quién podía encontrar su oro más rápido una vez perdido. Durante siglos, evité jugar ese juego. Hasta que una noche, hace unos cien años atrás, estando borracho en una noche de depravación y alcohol, mi olla de oro se perdió para mí por toda Irlanda. Busqué las monedas por años, hasta que encontré la última de las piezas en tu jardín ayer. Por cierto, todavía tienes suciedad bajo las uñas, un cepillo las limpiaría bien. Tuve que hacer un trato contigo para obtener la moneda de vuelta. Tú querías hacer el amor y yo felizmente tomé tu oferta. Me hiciste sentir mejor de lo que me sentí en años, y entonces dejé la moneda, con ganas de volver de nuevo bajo el pretexto de recuperarla.

Jimin gimió, interrumpiendo al hombre. Sus muñecas estaban doliendo y no podía estar atrapado contra la puerta por más tiempo. El profesor dejó que se apoyara sobre él, lo que le permitió relajarse mientras le daba un poco de espacio. Jimin ansiosamente lo tomó, mientras forzaba profundamente aire a sus pulmones.

—¿Estás bien? —preguntó el hombre en voz baja. Jimin se obligó a asentir.

—Profesor…

—Jungkook —dijo el hombre con voz ronca.

—No sé si creo en ti —dijo Jimin, y se volvió para mirar al hombre.

El hombre asintió con la cabeza y tiró de Jimin para sentarse en el sofá delante de su escritorio.

—Siéntate y escucha. —Se sentó junto a él mientras Jimin intentaba ponerse cómodo en la gran pieza de mobiliario—. Cuando salí de tu habitación, me dirigí directamente al reino Fae. Me detuvieron apenas crucé el velo. Mi madre, la Reina Fae, estaba irritada porque yo me había enamorado de un humano. Me dio la opción de quedarme y no verte más o vivir como ser humano. Elegí ser humano. Me pusieron en el cuerpo de un niño nacido muerto y fui criado como cualquier niño humano lo haría: fui a la escuela, comí las comidas, veía la televisión como un buen jovencito. He desarrollado un gusto por los dedos de pescado, aunque por qué se les llama así nunca lo sabré, ya que los peces no tienen dedos.

Jimin miró al hombre.

—¿Así que estás diciendo que eres Jungkook, que eras un elfo, y ahora eres un humano que come dedos de pescado?

—Y que tuve un delicioso encuentro sexual contigo anoche. Creo que los humanos llaman a esa postura sesenta y nueve, ¿no? —dijo el hombre con una sonrisa perversa.

Jimin sintió que se ponía muy colorado.

—Uh, sí. Así lo llamamos en los Estados Unidos, de todos modos. No sé como lo llaman aquí. Así que eres un elfo…

—Yo era un elfo. Ahora soy humano —recordó el hombre. Jimin negó con la cabeza.

—Bien…

El hombre puso los ojos en blanco.

—Bien entonces, si no me crees. Pregúntame algo que sólo tú y tu amante elfo sabrían. Pregunta lo que quieras.

Jimin frunció los labios mientras se obligaba a ir a través de los detalles de la noche anterior, con atención de la crítica a todo lo que se podría haber perdido.

—¿Cuál era el color de tu pelo?

—Era rojo. Desafortunadamente ahora no soy… ¿Cómo fue que me llamaste? Oh sí, un pelirrojo —dijo el hombre con una sonrisa mientras la boca de Jimin caía abierta—. Mis disculpas. Traté de teñirme una vez, pero quedé naranja. Una vista desagradable. ¿Siguiente pregunta?

—Uh… ¿Cómo entraste?

El hombre, quien estaba empezando rápidamente a pensar que podía estar diciendo la verdad, miró por la ventana abierta detrás de ellos.

—La ventana estaba abierta. Salí de la misma forma.

Jimin asintió. Lo recordaba bien.

—¿Qué escribiste sobre la moneda?

El hombre negó con la cabeza.

—Yo no escribí nada sobre ella.

Jimin frunció el ceño.

—Acabas de perder todo el crédito y has vuelto a ser un loco.

El hombre soltó un bufido.

—Muy bien, entonces, eres un terco. No escribí nada sobre la moneda en tu bolsillo. Mis sentimientos por ti empezaron en lo físico que nos ligó. El oro; especialmente para los elfos, es extremadamente importante. Cuando yo era uno, era casi una necesidad física tener mis monedas de oro conmigo todo el tiempo. Ellas tenían que estar en mi línea de visión, lo que hacía que salir de mi habitación en el palacio Fae fuera un poco un dolor en el culo. Ahora, incluso como ser humano, mi moneda; esa pequeña pieza de oro, me llama desde tu bolsillo. No necesito tocarla. Tampoco voy a rogar por ella. Pero soy consciente de que está aquí. Y en cuanto a lo que estaba inscrito en su superficie, la palabra es Wynn. Eso significa deseos. Al igual que el deseo que quisiste anoche, cuando me pediste hacer el amor contigo y tomé tu pene en mi boca, después de besar y lamer tu hermoso y magro cuerpo. —Sonrió, mientras la boca de Jimin comenzó a vibrar mientras trataba de formar palabras.

—¿Jungkook? —susurró Jimin.

—¿Sí, Jimin? —respondió, su sonrisa extendiéndose y haciendo brillar su rostro.

Jimin le devolvió la sonrisa.

—¿Harías el amor conmigo?

Jungkook se rió y comenzó a quitarse la camisa.

—Ciertamente. Ya sabes, los seres humanos han hecho un pequeño invento maravilloso que he estado esperando para mostrarte. Lo llaman un anillo para el pene, y vibra. Verdaderamente extraordinario. Me gustaría saber como se sentirá en tu contra, mientras mi pene está enterrado profundamente en tu culo.

Jimin rió y comenzó a trabajar el botón de sus vaqueros. No podía esperar a descubrirlo.



FIN

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