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🌸Trust in me💐 ||Kookmin||

Summary

Confía en mí es el mismo libro que "Te esperaré" pero escrito desde la perspectiva de Kook. Si te gustó ese libro, te encantará este, puesto que podrás ver la historia como nunca la viste. Adaptación Confía En Mi Autora J. Lynn No copias ni adaptaciones Todos los créditos a la autora original Que la disfruten 😊💜

Genre:
Romance / Other
Author:
Leila Garro
Status:
Complete
Chapters:
31
Rating:
★ 5.0 1 review
Age Rating:
18+

CAPITULO 1

Lee Taemin era un cruel hijo de puta.

Ir a astronomía era la ultima cosa que
quería hacer a las nueve de la mañana, especialmente desde toda la clase, me recordaba la primera vez que entre a la clase del profesor Drage y el por qué había hecho una apresurada y no planeada salida de primer año.

Y realmente no necesitaba los burlones mensajes de Taemin diciendome porque programar clases antes del mediodía era poco saludable.

Considerando que con, oh, no sé, dos horas de sueño, y aun podía saborear el tequila, y otras cosas en las que realmente no quería pensar, que habían sucedido anoche, era un ejemplo ambulante sobre cómo no
tener un saludable y feliz primer día de clases.

Observé la puerta de astronomía cerrarse y luego miré de regreso a
mi móvil. El mensaje de Taemin de burló de mí. Sáltatela.

Tengo cerveza. X-Box. FIFA 2013.

Bueno, mierda. Esa era una jodidamente buena tentación. Nam había destrozado nuestra Xbox el fin de semana pasado, durante un brutal enfrentamiento de Call of Duty. Iba unos minutos tarde a clases. ¿Astronomía o fútbol en la Xbox? No era una decisión realmente
difícil.

Decidido, me giré y comencé a responderle a Taemin cuando las
puertas dobles se abrieron como si un tornado hubiera entrado a través del
hueco de las escaleras. Alcé la cabeza justo al momento para ver algo
pequeño y rojo dirigirse directamente hacia mí, rápido. No había nada que pudiera detener la colisión.

Un pequeño cuerpo me golpeó y rebotó, brazos sacudiéndose
como una víctima ahogándose. La mochila, que parecía pesar más que su dueño, cayó al suelo.

Estirándome por instinto, me disparé hacia delante, dejando caer mi
propia mochila y envolviendo un brazo alrededor de su cintura, pero la mochila se fue en una dirección y los contenidos por el otro. Aún se
tambaleaba, como uno de esos muñecos inflables a los que golpeas.

Apreté mi agarre, inmovilizándolo antes de que se hiciera algún daño
severo. Saltó. Oscuro cabello cobrizo voló hacia delante, golpeándome el
rostro. El olor a bayas y algo almizclado y bueno me llenó.

Mierda, Pastelito de Fresa acababa de atropellarme.

Me reí y deslicé el móvil en mi bolsillo, a punto de dejarla ir, entonces el chico se tensó.

Cada músculo pareció ponerse rígido. Tan pequeño como era, apenas alcanzaba mis hombros, pareció hacerse más pequeño repentinamente, encorvándose.

¿Estaba herido? ¿Y por error había confundido de Universidad con una secundaria
cercana?

-Guau -dije-. ¿Estás bien, cariño?

No hubo respuesta por casi medio minuto, y comencé a preocuparme realmente.

Luego respiró profundamente, haciendo que su pecho tocara el mío. Me congelé ante la sensación de sus curvas.

Definitivamente no era un estudiante de secundaria, a menos que estuvieran desarrollándose de formas en la que no lo habían hecho cuando estuve allí. Y si era así, estaba jodidamente envidioso de esos
chicos.

Bien, ahora me sentía como si necesitara una ducha, porque incluso eso me perturbó. ¿Seguía borracho? Iba a optar por un sí.

-Oye -traté de nuevo, suavizando mi voz-. ¿Estás bien?

-Cuando aún no hubo respuesta, presioné dos dedos debajo de su barbilla. Su piel se sentía suave y demasiado fría.

Preguntándome si era posible que una persona se desmayara y permaneciera de pie, alcé gentilmente su cabeza, mi boca abriéndose para preguntarle de nuevo, pero las palabras murieron en algún lugar entre mi cerebro y mi boca.

Parpadeé, porque como un completo idiota, creí que cambiaría lo que veía. No es que quisiera cambiar lo que veía, pero, maldición...

¿Qué chico no tenía una debilidad por un pelirrojo?

Lindo no alcanzaba a describirlo. Sus ojos eran chiquitos y de un cálido whisky. Tenía pequeña nariz y sus mejillas abultadas pomulos firmes quijada puntiaguda. Sus labios eran de un suave color cereza y gruesos.

El tipo de labios que pertenecía al tipo de boca que podría y llevaría a un hombre...

-Sueltame. Ahora. Mismo.

La rigidez en su voz, teñida con un apenas controlado pánico, hizo
que dejara caer inmediatamente su brazo y retrocediera un cuidadoso
paso.

Se bamboleó un poco ante la pérdida de soporte, y casi lo alcancé de nuevo, pero valoraba mis pelotas.

Algún día me gustaría tener un hijo o algo así, y tenía el presentimiento de que si lo tocaba de nuevo, no sucedería. Sacando hilos de grueso cabello de su rostro, se apartó cautelosamente de su mochila.

Gruesas pestañas manchadas se alzaron y, por un momento, ninguno de nosotros de movió; luego su mirada se movió por mi rostro y luego hacia abajo.

El chico me evaluaba descaradamente.

Quizás mis bolas no se encontraban en peligro. Un bonito rubor se extendió a través de sus mejillas.

-Lo siento. Estaba apurado por llegar a clases. Estoy atrasado y... -Sonreí mientras me arrodillaba, recogiendo los artículos desparramados.

Cómo un chico podía tener tantos malditos bolígrafos estaba más allá de mí. Azul. Morado. Negro. Rojo. Naranja. ¿Qué mierda?, ¿Quién escribía con un bolígrafo naranja?.

Se unió a mí, agarrando el resto de sus bolígrafos mientras alzaba la cabeza de tal forma que una pared de cabello protegía su rostro.

-No tienes que ayudarme.

-No es ningún problema. -Cogí un pedazo de papel que resultó ser su horario. Una rápida mirada a sus clases confirmó que era de primer
año-. ¿Astronomía 101? Me estoy dirigiendo allí, también.

Taemin, la cerveza y la FIFA 2013 iban a tener que esperar.

-Estás atrasado. -Seguía escondiéndose detrás de su cabello- Realmente lo siento.

Recogiendo su último cuaderno, lo metí dentro de su mochila y me
levanté. Se la tendí, queriendo que mirase hacia arriba.

No sé por qué, llámame niño de mamá, pero me gustaba que mis chicos sonrieran y que no lucieran como si estuvieran al borde de las lágrimas.

-Está bien. Estoy acostumbrado a que los chicos se lancen sobre mí. - Su barbilla se alzó un poco y mi sonrisa se amplió-. Sin embargo, tratar de saltar en mi espalda es nuevo. Me gustó un poco.

Su cabeza se alzó de golpe y todo su cabello se deslizó hacia atrás.

-No estaba tratando de saltar en tu espalda o lanzarme a ti.

-¿No? -Mi teléfono vibró en mi bolsillo. Lo ignoré-. Bueno, es una
vergüenza. Si es así, este habría sido el mejor primer día de clases de la
historia.

Me estudió mientras apretaba la mochila contra su pecho; miré
hacia el pedazo de papel que sostenía.

-¿Park Jimin?

-¿Cómo sabes mi nombre? -soltó bruscamente. Qué cosita sensible. -Está en tu horario.

-Oh. -Lanzó su cabello hacia atrás y un ligero temblor sacudía su mano cuando tomó el horario.

Cuando era pequeño, mi madre me dijo que tenía debilidad por los
perdedores. Palomas lastimadas. Perros cojos. Cerdos delgados.

Mi hermana era igual. Teníamos un sexto sentido cuando se trataba de
ayudarlos, y podría no saber nada de esta chico, pero obviamente era
nuevo en esta universidad, claramente se sentía incómodo, y por supuesto, tuvo un comienzo de mierda este día, además, me sentía mal por el.

-Mi nombre es Jeon Jungkook -le dije-. Pero todos me dicen Kook.

Sus labios se movieron como si estuviera repitiendo mi nombre, y me gustó cómo lucía eso.

-Gracias otra vez, Kook.

Inclinándome, cogí mi mochila y la lancé sobre mi hombro. Sacando
el cabello de mi rostro, sonreí con el tipo de sonrisa con la que conseguía lo que quería.

-Bueno, vamos a hacer nuestra entrada triunfal.

Me acerqué hasta la puerta de astronomía cuando me di cuenta de
que no se había movido. Mirándolo sobre mi hombro, fruncí el ceño
mientras el comenzaba a retroceder.

-Vas en la dirección equivocada,
cariño.

-No puedo -graznó.

-¿No puedes qué? -Lo enfrenté.

Los ojos de Jimin se encontraron con los míos y luego se dio vuelta y corrió.
Con la mochila golpeando su cadera y el cabello desparramado.

El chico huyó, realmente huyó. Me quedé boquiabierto.

¿Qué demonios había pasado?

La puerta se abrió detrás de mí, una profunda y ligeramente acentuada voz dijo—: Señor Jeon, ¿se unirá a nosotros hoy?

Mierda. Cerré los ojos.

—¿O planea quedarse de pie el tiempo que queda? —preguntó el profesor Drage.

Suspirando, me volteé. —Unirme a la clase, evidentemente.

—Evidentemente —repitió el profesor, sujetando un montón de
papeles engrapados—. El programa.

Cogí uno y luego, pensándolo bien, tomé otro. Sólo en caso de que
Park Jimin mostrara su rostro de nuevo.

***************

Taemin se inclinó contra la parte trasera de mi camioneta, una mano
empujando su castaño cabello, quitándoselo de su brillante frente.

Algunos hilos se atascaron entre sus dedos. —Está tan caluroso como las pelotas.

Para ser finales de agosto, estaba sofocante. Ni siquiera la sombra
que producían los grandes robles que rodeaban el aparcamiento trasero servían. Tenía miedo de entrar a la camioneta convertida en
sauna.

—Esa es la cosa más cierta que alguna vez has dicho. —Nam le dio
un vistazo a los árboles—. Está tan caluroso que la única cosa que podemos hacer es desnudarnos.

Lo miré. —Ya estás tan desnudo como necesitas estarlo, amigo.

Nam se miró y sonrió. Sin camiseta. Los pantalones colgando.

Sandalias. Nada más. —Sabes malditamente bien que podría desnudarme más.

Desafortunadamente, era verdad. Habíamos compartido un
departamento de tres habitaciones en la Universidad por los últimos tres años.

En apenas una semana de convivencia, Nam había perdido toda modestia. Había visto su cosa más veces de las que me importaba. Iba a graduarse en la primavera, como yo debería haberlo hecho, e iba a extrañar al idiota.

—Multa. —Taemin asintió hacia el parabrisas.

Suspiré, echando un vistazo. Un pedazo de papel color crema había
sido puesto cuidadosamente bajo mi limpiaparabrisas.

El aparcamiento estaba reservado para el personal, pero con la falta de estacionamiento en los alrededores, me permití a mí mismo estacionarme en cualquier lugar que pudiera encontrar. —La añadiré a mi colección.

—Que es inmensa. — dijoNam --Así que, ¿fiesta en casa esta noche?

Mis cejas se alzaron de golpe. —¿Ah?
Taemin sonrió mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

—Es una fiesta por el regreso a clases. —Nam se estiró, haciendo sonar su espalda mientras bostezaba—. Sólo una pequeña reunión.

—Oh, Dios.

La sonrisa de Taemin se extendió, y quise golpear su rostro. La última vez
que Nam había tenido una “pequeña reunión” no había habido ni siquiera
espacio para ponerse de pie. Los policías podrían haber estado
involucrados.

—Ordena algo de pizza. Necesito… —Nam se detuvo a media frase y
se volvió hacia una voluptuosa morena que pasaba.

En un parpadeo nos descartó, y dejó caer un brazo sobre los hombros de la chica—. Hola, chica, hola.

La morena se rió, envolviendo un brazo alrededor de la cintura de
Nam.

Me giré, alzando las manos. —¿Qué?

—Causa perdida. —Taemin rodó los ojos—. El idiota tiene ojos en la parte trasera de su cabeza cuando se trata de chicas.

—Muy cierto.

—Cómo consigue acostarse con ellas regularmente me supera.

—Es el mayor misterio de la vida. —Bordeé la parte delantera de la
camioneta, agarré la multa y luego abrí la puerta del conductor. El calor
me golpeó—. Maldición.

Taemin inclinó su cuerpo hacia mí. —¿Qué pasó contigo hoy? No respondiste mi mensaje. Pensé que la FIFA te había enganchado.

—Ay, ¿me extrañaste? —Me saqué la camiseta, enrollándola y lanzándola al interior de la camioneta.

—Tal vez lo hice.

Riéndome, agarré mi gorra del asiento y me la puse, protegiéndome
los ojos—. No sabía que estábamos saliendo.

—Me siento herido ahora.

—Te compraré una cerveza la próxima vez que salgamos.

—Eso funcionará. Soy fácil.

Sonreí. —Como si no lo supiera.

Taemin se rió mientras se giraba, poniendo los brazos sobre la base de
la camioneta. Su despreocupada sonrisa decayó mientras se ponía los
lentes de sol.

Conocía esa mirada. Nada bueno venía con ella. Muy pocas personas sabían cuán mierdera podría llegar a ser la vida de Taemin.

Era fácil para todos asumir que era diferente, debido a que Taemin era el tipo al que acudían para solucionar la mierda de los demás, incluyendo la mía.

Encendí el aire acondicionado y cerré la puerta, luego me uní a él al
lado de la camioneta. El metal se sentía caliente contra la piel debajo de
mi axila mientras me inclinaba, estirando la piel de mis pantorrillas.

—¿Qué sucede? -Una oscura ceja se alzó por encima de la montura de sus lentes. — ¿Vas al gimnasio o algo?

—Eso es lo que pensaba. —Me crucé de piernas, deshaciéndome del calambre—. ¿Quieres ir conmigo?

—Nah —dijo—. Me daré una vuelta por la granja.

—¿Cómo está Jack?

Una amplia sonrisa se extendió a lo largo del rostro de Taemin, haciendo que una joven profesora que pasaba junto a la camioneta tropezara sobre sus tacones.

—Está bien —dijo, su tono ligero, como siempre sonaba cuando hablaba de su hermano—. Ayer me dijo que
cuando creciera, quiere ser Chuck Norris.

Me reí. —No puede fallar.

—Nop. —Me echó una ojeada, mirándome por encima de sus
lentes—. ¿Cómo estás llevándolo tú?

—Bien. —Retrocedí, quitando las manos del pasamano—. ¿Por qué
preguntas?

Taemin alzó un hombro. —Sólo estoy comprobando.

Había días en que ese comentario me molestaba. En otros no me
provocaba nada. Afortunadamente para Taemin, era uno de esos días
cuando no me importaba.

—No voy a terminar en algún rincón susurrando “para siempre” en algún momento cercano. Todo está bien.

—Es bueno escucharlo. —Taemin sonrió mientras retrocedía, su cabeza
girando hacia donde la joven profesora había desaparecido—. Fiesta en tu casa, ¿cierto?

—¿Por qué no? —Me dirigí hacia el lado del conductor—. La mitad
del campus estará allí, estoy seguro.

—Cierto. —Taemin se giró—. Te veo más tarde.

Entré al frío interior de la camioneta y salí del aparcamiento. Mi
perezoso trasero necesitaba ir al gimnasio del campus oeste, pero también quería acostarse en un sillón para tomar una siesta.

Girando hacia la izquierda en una señal de pare, pasé más allá de
los dúplex al lado derecho mientras una pelota volaba hacia una de las
puertas, golpeando a uno de los tipos en la parte trasera de la cabeza.
Riéndome, me estiré hacia…

Algo rojo llamó mi atención.

Mis ojos se movieron como misiles, buscando la fuente, y maldije. Mis
ojos se estrecharon.

¿Ese era Pastelito?

Un árbol oscureció mi visión por un segundo y luego el reapareció, el sol haciendo que la amplia pulsera alrededor de su muñeca destellara.

Diablos, sí, era el.

Ni siquiera pensé dos veces lo que hice después. Sonriendo, giré la
visera hacia atrás y maniobré hacia la derecha, bloqueando la carretera.

Jimin saltó de regreso al bordillo, sus chicos ojos ampliándose. Mientras
presionaba el botón para bajar la ventanilla del pasajero, su boca se abrió.

Sonreí, feliz de ver que Pastelito había sobrevivido a su primer día de clases.

—Park Jimin, nos volvemos a ver.

Miró a su alrededor, como si creyera que podría estar hablándole a
alguien más. —Jeon Jungkook… ¡Hola!

Me incliné hacia delante, poniendo un brazo sobre el volante. Lucía tan malditamente lindo de pie allí, moviendo su pulsera nerviosamente.

— Tenemos que dejar de vernos así.

Mordiéndose su grueso labio inferior, su mirada se movió hacia abajo, centrándose en mi tatuaje mientras pasaba su peso de un pie a
otro.

Pastelito era lo que definitivamente describiría como raro. Tal vez era
por el hecho de tener una hermana menor, porque la necesidad de
hacerlo sentir cómodo me golpeó, duro; era como pelear en una batalla
perdida.

—¿Tú corres hacia mí, yo corro hacia ti? —elaboré—. Es como si fuéramos una catástrofe a punto de ocurrir.

Silencio.

Traté una vez más. —¿A dónde vas?

—A mi auto —dijo, probándome que podía hablar—. Voy con el tiempo justo. —Se removió de nuevo—. Así que…

—Entiendo. Súbete, cariño. Te puedo dar un paseo.

Me miró como si lo hubiera invitado a subirse a la parte trasera de mi
furgoneta de secuestrador.

—No, estoy bien. Está justo encima de la colina. No es necesario.

—¡No hay problema! —Nunca había conocido a un hombre tan
malditamente resistente a la cortesía

—. Es lo mínimo que puedo hacer
después de hacerte correr.

—Gracias, pero…

—¡Oye! ¡Kook! —Mark salió de la jodida nada, trotando más allá de
Jimin—. ¿Qué haces?

Extrañamente irritado, mantuve la mirada sobre Pastelito,
conteniendo la urgencia de empujar al tipo fuera del camino con mi
camioneta.

—Nada, Mark, trato de tener una conversación.

Jimin alzó una mano, moviendo sus dedos, y luego bordeó a Mark y
mi camioneta. Lo seguí con la mirada mientras Mark parloteaba sobre
alguna mierda que no podía importarme menos que un comino.

—Mierda —murmuré, recostándome en el asiento.

Jimin huyó de nuevo.

Y yo tenía esta loca necesidad de darle caza.

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Dina del rocio : Me encanta la intriga, la venganza y el amor de por medio es fascinante ...hará ahora la estoy amando

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