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Siete noches de pecado

Summary

«Siete eróticas noches en la ciudad del pecado, cada una de ellas más excitante que la anterior... » Violet Cayton no necesita un hombre. Al menos, eso es lo que sigue diciéndose a sí misma. Entonces, su jefe la manda a un viaje a Las Vegas para asegurarse de que Jeon Jungkook el hombre más sexy de toda la industria de la música satisface su imagen de chico malo. Pero antes de que se dé cuenta, el negocio se convierte en un placer extremo, cuando Jungkook saca a la luz su lado más travieso, y hace realidad cada una de sus fantasías más salvajes. Ahora solo tiene siete sensuales noches para cometer cada pecado que se le presente. Porque puede que una vez que Jungkook descubra su sucio secretito, no esté dispuesto a volver a satisfacer su lujuria.

Genre:
Romance / Erotica
Author:
Jeonmyhero
Status:
Ongoing
Chapters:
2
Rating:
n/a
Age Rating:
18+

Chapter 1

—No necesito un hombre. No necesito un hombre. No necesito un hombre.

Normalmente, Violet hacía sus afirmaciones matinales en casa, pero aquel día se le habían pegado las sábanas, y sus afirmaciones, así como su desayuno, se habían visto obligadas a esperar hasta que saliera de la oficina. Por suerte, estaba aprovechando unos pocos minutos sola en la sala de descanso, con un donut y el libro de autoayuda que estaba leyendo, un manual adecuadamente titulado "No necesitas un hombre para ser feliz."

Bajó el tono de voz incluso más al pronunciar la siguiente serie de frases.

—No necesito un pene que me dé placer. No necesito un pene que me dé placer. No necesito un pene que me dé placer.

Aunque quizás, no fuera mala idea descartar esa serie de su repertorio. Pronunciar aquellas palabras solo la hacía pensar en penes.

—Soy responsable de mi propio placer. Soy responsable de mi propio placer. Soy responsable de mi propio placer —desde luego, aquella frase aludía a la masturbación. Y ella no tenía nada en contra de ello. En realidad, estaba segura de que a cualquier chica podría parecerle una manera útil de superar una noche larga y solitaria. Pero decírselo a sí misma era como aceptar que la masturbación sería suficiente, para siempre... y bueno, eso era todo un reto. Tendría que esforzarse más en sentirlo cuando dijera la frase.

Sin embargo, aún se sentía decidida y retomó la primera serie de repeticiones.

—No necesito un hombre. No necesito...

—Hablas precisamente como alguien que necesita un hombre.

Violet dio un respingo en su asiento. Levantó la cabeza para encontrarse con Kelly Mills, su amiga y colaboradora, una mujer rubia, bastante atractiva, alguien con montones de hombres en su vida. Kelly se encargaba de las relaciones públicas de Blue Night Records, la casa discográfica independiente que les daba un puesto a las dos, y además, estaba licenciada en psicología, algo que ella afirmaba necesitar en su línea de trabajo.

—No es verdad —le contestó Violet, al mismo tiempo que se reafirmaba en su idea de no necesitar un hombre. A pesar de lo poco que tenían en común, las dos se habían convertido en grandes amigas desde el día en el que Violet se mudó a Los Ángeles, hacía ya tres años. Así que se alegraba de que fuera Kelly la persona que había tenido la osadía de interrumpirla cuando hacía sus afirmaciones.

Kelly ladeó un poco la cabeza, con una expresión de reproche en los ojos.

—Alguien que normalmente tiene que decírselo a sí mismo.

—¿Qué?

Kelly cruzó los brazos bajo sus amplios pechos.

—Fíjate en mi vecina, la señora Freeland, por ejemplo. Tiene setenta y cinco años y no ha estado casada nunca. Es pintora, recorrió el mundo cuando era joven, adora a Fiona, su scottish terrier, y nunca ha necesitado un hombre. Nunca me ha dicho nada, pero ni falta que hace, se refleja en todo lo que hace. Simplemente es parte de ella. No siente la necesidad de ir por ahí dando explicaciones a la gente acerca de por qué no se ha casado o por qué no necesita un hombre, y la razón es porque está verdaderamente a gusto sin uno de ellos. Por otro lado está la señora Nelson, la mujer que vive tres pisos más abajo —Kelly dejó caer la barbilla en un gesto irónico y alternó su peso de una Sabrina de color rojo a otra—. Tiene cuarenta y cinco años y obviamente se siente sola. Siempre me está diciendo que no necesita un hombre que la haga sentirse completa, pero lo que le da poca credibilidad es lo condenadamente amargada y enfadada que parece cada vez que lo dice. Es posible que no quiera necesitar a un hombre. Pero está claro que necesita uno.

—¿Puedes repetirme otra vez qué es lo que quieres decir? —le preguntó Violet, con ambas cejas enarcadas.

—Decir que no necesitas un hombre una y otra vez indica que, te guste o no, sí lo necesitas. Y no es que eso sea un crimen, desde luego. Hay muchas mujeres que sienten verdadera emoción por el amor y el compromiso.

Violet se limitó a poner los ojos en blanco.

—¿Amor y compromiso? Por favor —no tuvo que decir más, ya que Kelly estaba al día de todos los desagradables detalles acerca de los engaños de su marido y de su reciente divorcio—. Lo último en lo que estoy interesada es en el compromiso. Y esa sí es la verdad.

Kelly asintió.

—Te creo. Después de lo que ha pasado, es normal que te resulte difícil confiar en un hombre. Pero yo te diré qué es lo que necesitas.

—¿Qué es?

—Parafraseando las palabras inmortales de John Mellencamp (es un autor e intérprete de música rock, muy conocido en los Estados Unidos), necesitas un amante, uno que no te haga perder la cabeza.

¿Un amante? Violet había tenido relaciones, había salido un par de veces con algunos hombres y, por supuesto, había tenido un marido, pero nunca había sido el tipo de mujer segura y despreocupada que puede tener a alguien al que considere como un amante. Así que, se remitió a su libro.

—Según esto, un buen consolador puede proporcionar el mismo tipo de satisfacción.

Kelly enarcó las cejas y habló con sinceridad.

—¿Tú tienes uno?

—No.

—¿Y por qué no?

Violet hizo una mueca con los labios.

—¿Aparte del hecho de que soy demasiado tímida como para ir a una de esas tiendas donde los venden? Bueno, quizás porque, de alguna manera, pasar una noche con un vibrador suena un poco... vacío, y también aburrido. Sé que algunas mujeres dicen que se pasa un buen rato jugando con ellos, pero...

Kelly levantó las manos para silenciar a su amiga.

—No digas nada más. Y escúchame. Tú necesitas un amante. Y ya que hablamos del tema, ¿cuánto tiempo hace que no tienes uno?

—¿Cuenta Wayne? —era su hipócrita ex marido.

Kelly sonrió.

—No me digas que es el último que has tenido. Quiero decir, llevas divorciada, ¿cuánto tiempo? ¿Unos seis meses?

Violet suspiró.

—Y separada durante un año antes de que ocurriera eso.

Kelly reaccionó como si Violet le acabara de anunciar la muerte de alguien querido.

—Por el amor de Dios, pobre chica. Levántate.

Violet parpadeó, sorprendida por la orden de Kelly, pero la imponente mirada que vio reflejada en sus ojos la obligó a ponerse de pie. Su amiga le puso las manos en la cintura y la llevó hacia el pequeño espejo que colgaba sobre el fregadero, en un rincón de la sala de descanso. La rodeó con sus brazos desde atrás y con destreza, desabrochó los dos botones superiores de la blusa de Violet; después, cubrió firmemente la parte inferior de sus pechos para levantarlos.

—Vamos a conseguirte un hombre, y tenemos que empezar por exhibir tus cualidades un poco más.

Era patético, pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien había tocado a Violet tan íntimamente, que incluso el inesperado agarrón de Kelly la había excitado un poco, provocando una sensación de hormigueo que se extendía directamente hacia la zona que cubría su ropa interior.

Pero todavía no se sentía preparada para tener una aventura sin sentido. O una que lo tuviera. Aquello la hacía descartar las aventuras. Y le hacía tener que volver a su libro.

—No lo sé, Kel. Simplemente no creo que los hombres o el sexo estén ya en mi lista de prioridades. Es esa la razón por la que hago estas afirmaciones. Quiero sacar ambas cosas de mi sistema.

Kelly caminó de vuelta hacia la mesa, y bajó la cabeza para observar el libro que todavía estaba abierto. Después, dejó escapar un exagerado carraspeo de desaprobación.

—¡Oh, Dios mío! Confía en mí, cariño, necesitas un pene. Todas necesitamos un pene. El pene es uno de los regalos que Dios le hizo a la mujer. Está claro que también nos otorgó los dolores del parto, y los periodos. Y nos ha mantenido oprimidas durante siglos enteros. Pero nos dio el pene, y eso compensa mucho, créeme.

Violet se limitó a suspirar. Después, volvió a abrocharse los botones de su blusa, escondiendo el escote que Kelly acababa de descubrir. Aquello no tenía sentido, ni el escote ni la conversación.

—¿Has venido aquí para hostigarme o tenías algún propósito en mente?

—Ay, lo siento, casi se me olvida. Tu moratoria acerca de los hombres me ha distraído totalmente. Jenkins quiere verte en su oficina —aquel era su jefe y el presidente de Blue Night—. En los pasillos se rumorea que tiene algún anuncio importante que hacer, pero nadie sabe de qué se trata. Así que será mejor que vayas a comprobarlo y así acabas con el suspenso por nosotros.

¿Así que un anuncio importante, eh? Era la primera noticia que Violet tenía, y siendo la mano derecha de Jenkins, solía saber qué era lo que estaba ocurriendo por allí. Así que, después de sacudirse las migajas de donut con una servilleta, metió su libro en el cajón de su mesa de despacho, volvió a mirarse el escote para asegurarse de que se había abrochado la blusa correctamente, cogió una libreta y un bolígrafo y se dirigió hacia la oficina de Jenkins. Golpeó suavemente la puerta abierta, al mismo tiempo que echaba un vistazo dentro.

—Violet, entra —le dijo él, con lo que ella pensó que era una sonrisa más que retorcida—. Y cierra la puerta.

Cari Jenkins era exactamente el tipo de hombre al que la gente solía llamar por su apellido. Elegante y calculador, un hombre serio que no se andaba con tonterías, el tipo de persona que se esperaría encontrar en una empresa importante y no en una pequeña discográfica independiente. Dicho aquello, Blue Night había crecido con rapidez en los últimos años, y no había que restarle mérito alguno. Con su pelo peinado hacia atrás y unos ojos igual de brillantes, también era el tipo de hombre con el que una no se siente nunca completamente cómoda, y Violet no había logrado superar aquello, incluso después de tres años como su asistente adjunta.

Después de cerrar la puerta, se acomodó en la silla que él tenía delante, y se preguntó cuáles serían exactamente las importantes noticias que tenía que darle.

—Kelly me ha dicho que querías verme. ¿Hay algún tipo de anuncio importante en marcha?

La mirada de su jefe se intensificó cuando se le escapó una risa. Obviamente, se sentía sorprendido, aunque no asustado de escuchar que sus empleados sospechaban que se estaba tramando algo.

—¿Un anuncio? Bueno, algo así, pero dependerá de la conversación que vamos a mantener. Pero primero, tengo que contarte un secreto. Y sé perfectamente que puedo confiar en que lo guardes, ¿no es así, Violet? Sobre todo, cuando se trata de algo que puede ser de interés para tu carrera.

—Por supuesto —dijo ella, esperando que él no pudiera ver cómo su estado nervioso la hacía tragar saliva sin parar. Violet odiaba los secretos. Profesionales, personales, no le gustaban fuera cual fuera su naturaleza. Después de todo, se había divorciado a causa de un secreto, una aventura secreta para ser más concretos. Pero aquello sonaba como si de todas formas estuviera a punto de saber otro.

—He observado cómo has ido evolucionando en este negocio durante los últimos años, Violet. Aprendes con rapidez, eres inteligente, responsable y le gustas a la gente. Además, eres una persona agradable. En una ciudad como Los Ángeles no siempre encuentras mucha gente que lo sea, y eso hace que seas un buen producto.

¿Era un buen producto? ¿Cuándo había ocurrido eso? Bueno, no importaba, quizás aquello significara que fuera a recibir un aumento. ¿Quizás un aumento secreto que solo iba a recibir ella? Estaba claro que podría guardar un secreto como aquel.

—Gracias, señor Jenkins. He disfrutado mucho aprendiendo tanto acerca del negocio musical desde que comencé a trabajar aquí.

—Puede que no te des cuenta de ello, Violet, pero es probable que conozcas los pormenores de esta compañía mejor que la mayoría de las personas que trabajan en esta oficina. Te he escuchado hablar por teléfono con la gente, desde artistas a distribuidores, y sabes lo que haces. Hasta cierto punto, creo que es un pecado dejar que sigas en el puesto que tienes ahora.

Ante aquellas palabras, Violet se sorprendió. Aquello no parecía tratarse solamente de un aumento.

—Quiero prepararte para que seas la próxima representante de A&R de Blue Night —dijo Jenkins, y ella se esforzó por evitar que se le abriera la boca de asombro.

¿Pretendía ofrecerle a ella, la pequeña Violet Cayton de Centerville, Ohio, el puesto más codiciado de la discográfica? La mayoría de la gente que trabajaba allí, empezando por el chico que traía el correo, y que había aceptado el trabajo en Blue Night, aspiraban a avanzar algún día hasta llegar al atractivo puesto de representante de artistas y repertorios, que se encargaba de buscar y contratar a nuevos talentos. Ella, por el contrario, no había barajado aquella posibilidad. Simplemente necesitaba un trabajo, una entrevista. Trabajar en una buena compañía discográfica le había parecido más que satisfactorio. Pero ser la representante de aquella firma... vaya, aquello era demasiado.

Entonces, cayó en la cuenta.

—¿Jungkook abandona? ¿Se va a alguna de las grandes discográficas?

Jeon Jungkook era Blue Night Records para la industria y los paparazzi. Tenía un atractivo que podía dejar a cualquiera sin respiración, y aquello, combinado con su imagen de estrella del rock, lo hacía deliciosamente fotogénico, sobre todo cuando salía de fiesta con bandas de rock o iba del brazo de la última sensación femenina del pop. También era el único representante de A&R de Blue Night y era tan conocido y tenía tanto éxito en los negocios que no había necesidad de contar con alguien más. Violet atribuía a Jungkook los logros de la empresa, tanto como a Jenkins.

Su jefe seguía sonriendo, todavía estaba en el mismo lugar pero tenía una postura rígida.

—Es aquí cuando viene el secreto.

—Ah —Violet contenía la respiración, a la espera.

—Esto es lo que pasa —le dijo su jefe, que había ladeado la cabeza— A pesar del obvio éxito que Jungkook ha tenido, con el paso del tiempo ha empezado a... se ha convertido en un estorbo. Si no me crees, pregúntale a Kelly, es ella quien atiende las llamadas de los reporteros, quien responde a los rumores. Pero estoy seguro que no hará falta que le preguntes, porque todo el mundo lo sabe ya.

Violet asintió brevemente y suspiró. Había rumores. Rumores que decían que Jeon Jungkook realizaba un proceso moderno de selección entre los artistas, y contrataba a mujeres solo después de acostarse con ellas. Rumores que decían que se lo pasaba en grande con los músicos con los que pasaba el rato. Era el chico malo oficial de la escena musical de Los Ángeles.

—Solo que no me daba cuenta de que el comportamiento de Jungkook tuviera un impacto tan importante en el negocio de Blue Night —después de todo, aquello era Hollywood, allí se llevaba el estilo de vida rock 'n' roll— Afortunadamente, ha sido algo que hemos visto venir lentamente. Pero ahora, tengo a Claire Starr amenazando con demandarnos, afirmando que Jungkook no iba a darle un contrato a no ser que se fuera a la cama con él —Starr iba a ser una nueva maravilla de Blue Night, una cantante que había causado sensación con su primer hit y cuya mala actitud la había sacado a patadas de una buena discográfica que además de cultivar artistas, sigue con ellos pese a sus altibajos—. Podría ser algo sin importancia ya que somos nosotros quienes no la seleccionamos, pero por otro lado, es el tipo de publicidad que puede acabar con nosotros y, sea o no cierto lo que ella dice, el comportamiento general de Jungkook lo hace plausible —una sonrisa esperanzadora volvió a aparecer en el rostro de Jenkins—. Entonces, ¿quieres escuchar mi propuesta?

Era triste, pero a pesar de lo excitante de la situación, todo aquello había hecho que a Violet le entraran sudores. Aparentando tranquilidad, dijo:

—Por supuesto.

—Quiero anunciar que vamos a añadirte como agente representante debido a tu evolución en la empresa durante los últimos dos años, y expresaré mi deseo de que Jungkook te forme como tal, empezando con su viaje de exploración a Las Vegas la semana que viene. Quiero que vigiles todos sus movimientos. Él te pondrá al tanto de todo, te presentará a gente, te enseñará cómo distinguir a una estrella de un éxito pasajero. En cuanto al futuro de Jungkook, me mantendré prudente hasta que veamos qué es lo que ocurre con Claire. Pero en el momento en el que ella decida demandar, estará fuera. Eso puede ocurrir la semana que viene, el mes que viene, o nunca, tendremos que dejar que las cosas sigan su curso. De una manera u otra, te quiero preparada para encargarte de todo. Y... si resulta que Jungkook puede limpiar su imagen y cambiarla por una más profesional para Blue Night, no te dejaré en la estacada. Si acabo manteniendo a Jungkook en nómina, puedo afirmar con total seguridad que seguiremos haciendo mucho dinero, y los necesitaré a ambos ahí afuera, buscando talentos nuevos. Mientras tanto, todo lo que te he contado acerca de Jungkook debe quedar entre tú y yo. Para el resto del mundo estás formándote para un nuevo puesto, no para el de Jungkook. ¿Está claro?

Ella tensó los labios, estaba intentando ocultar de nuevo cómo los nervios le hacían tragar saliva compulsivamente.

—¿Y eso incluye a Jungkook? ¿Él no tiene ni idea de que va a estar preparándome para ocupar su puesto cuando tú lo despidas?

Jenkins respondió con una inclinación de cabeza breve pero concluyente.

«De acuerdo, resumamos lo que acaba de pasar. Tu jefe te acaba de ofrecer la oportunidad de tu vida. Y para conseguirla, todo lo que tienes que hacer es mentirle al hombre más sexy que has conocido nunca. Durante una semana. Quizás algo más. Ah, y también tienes que mentir a todos los demás, claro».

Sintió cómo se le revolvía el estómago.

—¿Puedo contar contigo, Violet? ¿Estás conmigo en esto? ¿Por un trabajo de ensueño?

—Desde luego —¿Qué otra cosa podría decir?

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