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La edad oscura

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Summary

En un mundo medieval atormentado por bestias y demonios, un joven de origen humilde llamado Exlurth, perdera todo, en su desdichada tiene la oportunidad de unirse a Los Cazadores de la Oscuridad, un grupo de guerreros expertos en la caza de criaturas sobrenaturales que amenazan a los reinos. Mientras Exlurth se adentra en el peligroso mundo de la cacería de bestias, descubre que los reinos están al borde de una guerra devastadora. Un ambicioso rey busca expandir su dominio y conquistar los reinos vecinos, sumiendo a la tierra en la oscuridad y la tiranía. En medio de esta creciente amenaza, un guerrero mestizo llamado Ajax emprende una misión peligrosa para rescatar a una princesa que ha sido secuestrada en elpaís del hielo. Nuestros protagonistas deben enfrentar sus propios demonios internos y luchar contra las fuerzas malignas que amenazan con sumir a los reinos en la destrucción total. En "La edad oscura", la lealtad, el valor y la determinación serán puestos a prueba mientras los protagonistas se embarcan en una emocionante y épica odisea para salvar su tierra natal y descubrir su verdadero destino en medio de la oscuridad y el caos.

Genre:
Fantasy / Drama
Author:
Nork Stark
Status:
Ongoing
Chapters:
14
Rating:
5.0
Age Rating:
18+

El caballero que intentaba sonreír.

Sobre los hombros de Brandon se posaba el amargo recuerdo de las vidas cegadas por sus manos, por momentos parecía olvidar quién era y solo recordaba la sangre recorriendo sus manos, aquellas horribles acciones le habían válido el título de caballero, una porción de tierra y dinero para juntar un par de piedras para levantar una pequeña torre gris, se alzaba por encima de los brados verdes y de los sembradíos que habían logrado plantar con la plata ahorrada por años.

Aquella mañana era alegre y jocosa, Brandon trato de callar sus recuerdos oscuros para centrarse en las primeras cosechas que ya habían daba sus recompensas. El sol era amable con sus rayos, en el patio de aquella nueva torre, el viejo Landom, Otis, Petre, el pequeño Exlurth y otros chicos de los cuales aún no sabía sus nombres, recogían los frutos de la tierra, la esposa de Ser Brandon, Dría y la pequeña Ema disfrutan de aquel momento.

Sir Brandon sabía lo que significaba, mientras él se probaba en batalla, ellas habían tenido días duros, días en los que habían tenido que mendigar y soportar abusos, pero ya nunca más, pues incluso si algo le pasaba a él, a ellas dos le quedaría la tierra y sus cosechas para comerciar.

Aquello lo hacía feliz, pero cada instante de felicidad que tenía lo llevaba de vuelta a los amargos actos realizados por sus manos, recordaba a los soldados, aunque más que soldados eran campesinos con picos, incluso había niños entre ellos y también mujeres, a todos los asesino en el más alto modo Berserk, ese pecado nunca lo dejaría.

—Gracias a los dioses bendecidos sean, nuestras súplicas les han gustado—, exclamó su esposa. —Cielo, estás ido por completo.

—Lo siento—, respondió mientras daba una sonrisa amable

—Te decía que necesitaremos más granjeros, ellos no darán abasto—

—Tonterías, yo les ayudaré— le dijo, al tiempo que notaba la molestia en su rostro.

—Podemos hablar a solas—, le pidió su esposa.

—Ahora, justo cuando ellos me necesitan—

—No estaran peleando de nuevo o si—, interrumpió la pequeña.

—No, amor—, le decía a su hija mientras pasaba la mano áspera por aquel cabello liso y cobrizo.

—¡Una mano sir!—, exclamó uno de los chicos, eso no le gusto para nada a Dría.

Caminaron juntos hacía aquella torre, camino tras de su esposa, confiando en que esto no lo hiciera ver débil ante su gente, su esposa había sido maltrata por su madre y por su hermana, así que había forjado un carácter fuerte, aunque al conocerla era muy dócil con él, parecía a gusto obedeciendo, a Brandon le daba igual era la madre de sus hijos y habían sido amantes desde mucho antes de que siquiera Brandon entrara en el Gremio del cazador.

El olor de aquella mañana era relajante, el pasto había sido cortado con machetes y desprendía un simpático olor, se detuvieron en la puerta de la torre, a Brandon le gustaba, quizá a otros les parecía pequeño, pero en su caso, luego de una infancia compartiendo cama con hermanos, primos, pasando frío sin ninguna frazada y solo pan podrido en las tripas, aquello era una mansión.

—Bien habla—, le dijo en tono serio.

—Eres un caballero ahora—, le dijo su esposa.

—No tienes que recordármelo, yo fui el que se ensució las manos no tú—.

Ella era una muchacha morena, tenía un cabello negro como la noche, ojos pequeños, era de complexión robusta, un poco más alta que el promedio, de curvas generosas y de hermosa sonrisa.

—De que sirve, de que sirve lo que hiciste si no es para seguir subiendo y asegurando el futuro de tu hija, ya está en la edad, debes buscar un buen marido, alguien de un poderío económico mayor al nuestro—.

—Tiene 10 años—, le reclamo a su esposa, —acaso eres consiente de lo que dices, querías que ya no la entrenará y lo hice, pero no te permito casarla, no hasta que tenga la edad y que sea con alguien que ella quiera.

—Sí, dejaste de entrenarla y ahora te enfocas en ese niño—, ella ya parecía lista para llorar, —Solo te pude dar muerte y no vida, tus niños, nunca...

—Ya basta—, le dijo mientras la abrazaba.

—Yo solo quiero que ella viva bien y nos lo debe, por lo que hicimos por ella y su futuro, yo tuve que soportar los golpes, humillaciones y cuantos gritos puedas contar de mi hermana, todo por un techo, no quiero eso, te conté cuándo ahorre para una linda diadema para ella, era hermosa debiste verla, todo para que la envidiosa de Hazmi le cortara todo el cabello y me dijera que Ema no era digna de la diadema, que debía darcela a su hija.

—Pero ella no eligió nacer en nuestra cama—, le dijo mientras la apartaba de sus brazos.

—Hablando de otra cosa—, le espetó Dria, —No te he visto rezar, siempre es bueno honrar a los dioses, sin dios no somos nada y todo lo que logremos no servirá.

—Lo olvidé querida—, le dijo Brandon mientras se alejaba de ella, reflexivo sobre como su esposa pasada de la tristeza a la rabia en segundos, aunque a veces solía ser dulce.

"Ella cree que los hijos nacen para servir a los padres, pero esa deuda, la deuda de dar vida es imposible de saldar, yo creo que ellos no nos deben nada, su nacimiento aquí fue cosa nuestra no de ellos", Pensó Sir Brandon para sí mismo.

Ayudo a los siervos a recoger las cosechas, pero Ema no estaba ahí, antes su padre la había forzado a usar el arco, ahora su madre la forzaba a usar vestidos y actuar como una dama, a él le parecía una triste locura, su padre había sido un pobre miserable y él había hecho cosas espantosas para ser caballero, ya no creía poder escalar más.

"Nacemos pobres y morimos pobres, no hay más, por eso no creo en ningún dios, que clase de dios crearía un mundo dónde los hijos de los nobles tienen todo sin hacer nada, mientras los de abajo que luchaban día a día no podran subir jamás", aquellos eran los pensamientos que recorrían su mente, Sir Brandon no era un hombre considerado alto, pero si de gran fuerza y ágil movilidad, tenía el cabello rojizo hasta los hombros, la nariz ancha, sus ojos eran azul claro, poseía algunas pecas cerca de la nariz, era ancho del tórax pero tan rápido como cualquier chico esbelto.

—Sir, podría contarnos algunas historias de su época como miembro del Gremio—, dijo el viejo Landom.

—Vamos Landom—, le respondió, —Tu difunta esposa me limpiaba el culo, si no hay nadie del exterior cerca no me digas Sir.

—Ya me acostumbré—, respondió Landom entre carcajadas, hasta el pequeño Exlurth que nunca hablaba se río de aquello.

—Sir, perdón, Brandon, he jefe—, dijo Otis medio tartamudeando, —es cierto que parte mañana?

—Pasado mañana Otis—, dijo Brandon con melancolía, —Los extrañaré, sobre todo porque son muy tontos y me necesitan—, todos estallaron en carcajadas de nuevo, mientras cargaban en una carreta los granos.

—Otra revuelta, me imagino— replicó Landom, — por los dioses, lord Listre es...

—Basta Landom—, le interrumpió Brandon, —Soy un caballero ahora, debo informar a mi señor feudal sobre cualquier señal de revuelta en mis filas.

—Disculpas sir—, se limitó a decir Landom.

—Descuida Landom, eres mi amigo, todos los son, siempre seré uno de ustedes, es solo que...

—Brandon, no tienes que dar explicaciones— dijo en tono amable el viejo Landom.

—Si, Sir, lo seguiremos siempre— exclamó Otis con su voz gruesa.

—Otis seguro estaría robando pollos de no ser por usted— señalo Petre entre risas.

—Un viejo como yo, un bocazas como Petre, un tal Otis que ama comer, Silvio y Pelcas tan austeros, vaya que somos un gran grupo, Sir, usted nos junto—. aquello les hizo reír de nuevo.

Brandon sintió una especie de golpe de felicidad al verlos reír ahí junto a él, un par de horas mas trade se despidió de ellos amablemente con la excusa de que no había dormido bien la noche anterior.

Quería estar con ellos, pero tenía mucho en que pensar, quizá Ema debía dejar de jugar y encaminarse en la busqueda de un buen esposo o quizá su esposa hablaba tanto que uno le daba la razón para que olvidará el asunto, llevaba consigo un trozo de pan y queso en la mano, se sentó a disfrutarlo bajo un l y frondoso árbol de Ceiba, cuándo se dio cuenta estaba dormido, pero aquello no le trajo paz, más bien lo contrario, vio los largos campos ardiendo, se vio a sí mismo tomándose la poción Berserk, una que solo debe usarse contra Monstruos, pero la uso con simples aradores de tierra, vio las tripas salidas del estómago, vio cabezas rodar y extremidades quemadas tras la masacre, pero lo que más le quitaba el sueño eran los niños entre el montón de huesos y cenizas, aquello lo despertó súbitamente pero decidió fingir que dormía, al final si consiguió conciliar el sueño pero Exlurth llego ya pasado el medio día

—Le he traído su almuerzo, Sir— le dijo Exlurth tímidamente.

Exlurth era un joven de 14 años, pequeño producto de comer mal en toda su infancia, nunca conoció a sus padres y sus primeros días los paso en un convento, Exlurth había borrado esos recuerdos de su memoria, después de dejar el convento Exlurth se convirtió casi en un esclavo, su dueño era un criador de cerdos que lo tenía paleando mierda y le daba latigazos cuándo el torpe y tímido niño hacía algo que no le gustaba, tenía la espalda llena de cicatrices y las manos con cayos, aquel niño tenía un tupido cabello negro, patillas largas, una nariz un poco grande, ojos negros, pero había algo que Exlurth tenía y no los otros de su edad, fuerza, si bien ya estaba engordando seguramente para estirarse, los años paleando pesadas mierdas de cerdo habían servido.

—No tengo hambre— le dijo, —Traes las espadas de práctica?.

Exlurth solo asintió con la cabeza, sobre su espalda cargaba un viejo escudo abollado, Exlurth aún estaba sucio, vestía viejos arapos rotos pero útiles para revolcarse y sacar las zanahorias del suelo.

—Habla Exlurth, en la batalla los soldados deben gritar, si quieres ser uno bueno debe ser una máquina de ruidos y astucia, debes ser más espabilado—, le dijo al niño.

—Si, Señor—, respondió él.

—Bien pon a salvo la comida y entrenemos—.

Y así empezó aquel choque de espadas sin filo, Exlurth era terco, aunque ya dominaba el peso del escudo, seguía siendo torpe, no se movía lo suficiente, una y otra vez lo derribo, pero una y otra vez Exlurth se levantó, por una hora entera chocaron espadas y en ese tiempo Exlurth no se quejó, ni siquiera pidió agua o una pausa, incluso viéndose bañado en un charco de su propio sudor, no paro.

—Exlurth, debes aprender a moverte—, le grito, — eres lento, así nunca serás soldado, te he enseñado a esquivar pero no haces caso, eso o eres realmente estúpido, estúpido, feo, pobre, mas te vale ser bueno en la espada o como granjero, por...—. Brando no pudo decir más, Exlurth frunció el seño para contener alguna que otra lagrima.

"He sido muy duro con el chico, maldito sea yo".

—Lo intento sir—.

—Lo sé, eres un buen chico Exlurth y esa es una gran habilidad, una que no puede entrenarse.

Aquellas palabras hicieron sonreír al niño.

—Señor— dijo el tímido niño, —Cree que pueda unirme, al, al, gremio—.

—Si, pero no serás de elite, para ello debes soportar las pócimas y eso empieza a los 7 años, ya a los 13 es muy tarde para iniciar el proceso.

—Uh, he nada—, dijo él.

—Habla Exlurth, has la pregunta—.

—Usted por qué renuncio —

—Que por qué — dijo Brandon tras esbozar una sonrisa, —porque se podía niño, ahora es imposible en mis tiempos creíamos que los monstruos ya no existían, así que muchos servían a sus reyes o en mi caso a mi señor feudal, en fin, volvamos

Se encaminó junto al niño hacía dónde Otis y los demás resguardaban las cosechas al costado de la torre bajo un techo improvisado de tejas. Término de ayudar a Landom y los demás con los últimos granos de cebada y llego el ocaso, Brandon supo que debía hablar con su esposa, al llegar a la entrada de la torre vio a su esposa, quién estaba sospechosamente feliz.

—Amor, ven, ven a ver a tu hija—, le dijo Dria mientras tomaba su mano.

La pequeña Ema tenía un vestido rojo, le quedaba perfecto, su cabello lucía una hermosa y colorida diadema que brillaba entre su pelo.

—Una auténtica dama—, dijo Dria.

—Te gusta esa ropa?— preguntó Brandon haciendo caso omiso de su esposa.

—Si padre—, le dijo ella, —Debo verme hermosa mientras llego a la edad deseada.

—Perfecto le lavaste el cerebro bruja—, le dijo a su esposa.

—Lo siento—, dijo ella, —Es muy joven para casarse, pero tarde o temprano lo hará, el mundo es oscuro y peligroso, tu siempre lo dices, sabes que es necesario, ella ya casi madura obviamente empieza a sentir que lucir bella es una necesidad, debes entenderlo amor, sé que has tenido una vida dura y sé que nunca te di un hijo, pero las cosas pueden mejorar, Ema será una gran mujer, no en la batalla, pero si de otras maneras, mejor que yo eso es seguro, no quieres ver la orgullosa en un castillo con un gran salón.

—Claro—, se limitó a responder.

—Se te marca mucho la panza—, escucho decir a su esposa, —Jali querida, lleva a mi hija a su cuarto.

—Si señora—, dijo la muchacha chimuela.

—Que nos pasó amor—, le dijo Dria, —como llegamos a esto, recuerdas cuándo te cantaba y sonábamos con una granja y caballos, con...

—Con niños—, continuó él. —No hay niños, pero al menos espero darte amor por el tiempo que me quede, solo deja de ser tan bruja—.

Dría le dedicó una sonrisa genuina, llevaba un vestido de tono azul con flores lilas que ella misma había bordado.

—Se que soy amargada a veces, que puedo decir mi padre era un alcohólico violento, mi madre llego a odiarnos porque decía que mi padre nos quería a mí y a mi hermana en su cama, que en paz descansen ambos, a y mi hermana, se sentía mi dueña cuando vivía en su casa, pero al menos ahí te conocí.

—Nunca te agradecí por esperarme—, le dijo él con un tono cálido, —a pesar de que podía morir en cualquier momento.

—Y lo haría siempre—, dijo ella con la voz más dulce que pudo, mientras daba un beso leve pero lleno de calidez a su esposo.

Pero aquel cálido y dulce beso se vio abruptamente interrumpido, un fuerte temblor sacudió los cimientos de aquella pequeña torre, afuera se oían gritos, Dria lo sujeto fuerte del brazo.

—No salgas—, le dijo.

Debo hacerlo—, se limitó a decir.

—¡Señor, ellos ya vienen!—, grito Petre—Son tres, tres hombres con cabeza y patas de toro.

La Sala se lleno de todos sus siervos, eran doce en total de esos solo nueve eran hombres pero solo él, Otis y Petre, podían pelear

—Mi señor, que hacemos— preguntó Landom.

—Pelear—, respondió, —sean valientes mis amigos, Dria ponte a salvo, ve arriba con la niña y las otras chicas.

Papi— grito su hija.

—No bajes— le ordenó.

—Exlurth ve con ellas—, se dirigió a su esposa,— amor dale a Exlurth la posición negra, para que me la traiga—.

Volvió a ver a Exlurth, — tráeme esa posición y luego ponte a salvó.

Afuera se escuchó un grito espantoso, pocas cosas aterraban más que los rugidos de un minotauro, justo en ese momento una enorme piedra destrozó la puerta, acto seguido una hacha hecha con piedra pulida entraba tras el impacto, tal era la velocidad que Brandon apenas pudo esquivarla, pero no tuvo tiempo de poner a salvo a su esposa.

Cuándo el hacha finalmente cayó al suelo, el viejo Landom yacía decapitado, el pobre no supo ni que le golpeó, Otis tenía el abdomen rasgado, se encontraba en una triste agonía, Ronmes uno de los nuevos había sido aplastado por los escombros, pero lo peor vino al ver a su esposa, el hacha la impacto de lleno, yacía en el suelo partida a la mitad, su torso a un lado goteando sangre y sus piernas y cintura casi al extremo opuesto.

Brandon corrió desesperado al cadáver de su esposa y lanzó un grito desgarrador, uno de esos que parten el alma en pedazos, una parte de él se odio en aquel momento, culpándose por no salvarla.

—Mi señor, ya viene—, le dijo Petre al borde del llanto, Petre al ver que Brandon no hacía nada salió corriendo hacia ma parte de arriba de la torre, junto a los pocos que quedaban

—Mi amor, al menos te dije palabras dulces antes de perderte—. Brandon acaricio el cabello suave de su amada, cerró sus ojos y beso su frente, — te seguiré— le susurró.

En ese momento Brandon se puso de pie, tomo los afilados machetes de Landom y Otis quién ya había muerto, una muerte en silencio, digna de un hombre, decidido a intentar vengarse aunque el precio fuese su vida, en ese momento los vio, dos eran pequeños, de un metro con setenta quizá, el otro era de color rojo y media casi nueve pies, tras su espalda se veía la sombra de un aterrador espadón del tamaño de Petre quién media casi dos metros. Brandon pudo ver cerca de dónde había estado la entrada tres cuerpos más, yacían aplastado bajos los escombros

Brandon no dijo más, enfundo un machete y tomo una antorcha, emprendió la carrera contra aquel que estaba más cerca, aquellas pisadas resonaban en la tierra, Brandon lo esquivo en un despliegue de velocidad inigualable y puso la antorcha justo en el rostro de la criatura, desenfundo el otro machete ahora ya con la mano libre, golpeo los tendones del toro, el cual bramo de dolor, pero su piel era tan dura que las heridas del minotauro parecían superficiales, trato de cornearlo de nuevo, pero Brandon lo volvió a esquivar, paso por debajo de sus piernas y de nuevo dos tajos a los tendones, la bestia cayó de rodillas.

Brandon en un despliegue de habilidades motivado por la inconmensurable perdida, lanzó tajos tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos estaba bañado en sangre, a sus ojos el cuerpo del mino-tauro yacía echó un coladero, sangraba por doquier y hasta los ojos le había arrancado, Brandon ni siquiera recordaba el momento en el que le cerceno el cuello a la bestia.

Brandon miró a los dos restantes y dio un grito de guerra, tan fuerte que el mismo Mino-tauro el que era pequeño retrocedió, fue en ese momento que el rojo gigante se movió, apartando de un golpe al pequeño, de su espalda saco aquella espada colosal, bramo con ira, tanta irá que el miedo recorrió a Brandon desde la médula a los huesos.

"Puto, cobarde, no dudes, se hombre, ese hijo puta la mato, ella era buena, Landom y Otis también, debes joderlo", se dijo a sí mismo.

—Vienes del infierno a por mí, por mis pecados— dijo Brandon, pregunta que por supuesto no tuvo respuesta.

El mino-tauro rojo lanzó golpes que parecían abofetear al aire, Brandon esquivaba aquellos ataques que destrozarían hasta a un mamut, intento cortar los tendones de nuevo, pero aquella bestia era lista, su espada era enorme, aquello le permitia atacar desde la distancia, en uno de esos brutales ataques Brandon vio su oportunidad, golpeó directo el brazo de aquel ser horrible, pero no dio resultado, uno de sus machetes se rompió en dos.

La bestia roja lo corneo tan fuerte que voló por los aires, ni siquiera había caído cuándo escuchó y sintió la tierra sacudirse, la bestia estaba lista para asesinarlo, hasta que una flecha impacto en la espalda del demonio rojo, Brandon vomitaba sangre y le costaba respirar, tenía el abdomen perforado, a pesar de la vista borrosa pudo ver a lo lejos a su hija con arco y flecha, Petre estaba ahí y también Exlurth, Brandon estaba ya acabado y lo sabía, Exlurth jamás llegaría y él no podría moverse para ir por ella.

"Acá se revela mi último pecado secreto", pensó.

El Gigante mino-tauro, quién resistía como si nada la leve lluvia de flechas, hizo una seña al otro que emprendió la corrida hacía su hija y sus últimos siervos.

Brandon desde el suelo tomo aire y a como pudo grito; —Exlurth, bébela, bébela ahora, tu lo harás —.

Sintió la mirada de aquella enorme bestia, pero hizo caso omiso, alcanzó a ver como Exlurth tomaba la pócima, ya su visión estaba bloqueada por el color rojo de su propia sangre, de repente la bestia estaba sobre él, con la espada alzada, la baba del ser le caía en las ropas, al tiempo que sentía el sabor de su propia sangre en la boca.

"Es un buen niño, nuestro niño, Dría, nuestro niño". Aquel fue el último pensamiento de Brandon.

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