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Diosa de La Luna

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Capítulo 2

Luego de lo que parece una eternidad, pero que solo pudo haber sido un par de minutos, mi cuerpo se mueve hacia el bufé, como en un trance; tomo una de las magdalenas de chocolate y la como despacio, escaneando en la multitud buscando a... «¿Qué estoy haciendo? ¡Lo acabo de conocer!» Río en mi mente por lo chiquilla que estoy siendo, no puedo creer que un chico me esté sacando de balance. Alrededor, los presentes beben y charlan, esbozo una sonrisa irónica. Hay humanos entre nosotros y no tienen ni idea de la clase de criaturas que los rodean. Ja, si supieran.

«Probablemente saldrían corriendo asustados. O se volverían locos. O ambas cosas. Nunca se sabe cómo van a reaccionar ante lo desconocido».

—Luna, hola. —Un delgado cuerpo aparece de imprevisto a mi lado, abro los ojos preocupada porque alguien la haya visto hacer eso.

—Bea, ¡por los Dioses! Hay mortales presentes —mascullo entre dientes, tomándola bruscamente por un brazo y tirando de ella hacia una esquina; me irrita todavía más cuando suelta una risita.

Ups... lo siento, es la costumbre. —Sí, claro—. Quería comentarte algo —susurra, está envuelta en satén que se extiende hasta medio muslo con zapatos altísimos, el maquillaje es mínimo y trae su melena rubia suelta, cayendo detrás de sus hombros—. Iremos a Crystal esta noche, quiero que inventes una excusa para que tú y tu amiga pulgosa no vayan.

—¿Disculpa? —No puedo creer su descaro. Espera, sí puedo. Bea es directa, ruda y no tiene pelos en la lengua—. ¿Por qué siquiera consideraría eso? —pregunto, poniendo distancia entre nosotras y preparándome para uno de sus comentarios hostiles.

—Haremos cosas de adultos, ya sabes. —Hace un gesto que indica que debería ser obvio para mí—. No necesitamos estar cuidando de ti o de esa... —Arruga la nariz con desprecio—. Mestiza —culmina. Algo en mí se remueve, quiero tanto darle una lección por osar insultar a mi mejor amiga. Sé que no debo, no aquí—. Queremos divertirnos, la presencia de ustedes nos obligaría a cohibirnos.

Oh, ya sé por dónde va esto. Bea está encaprichada con mi hermano desde el año pasado, sin importarle que somos primos; muy lejanos, pero primos, al fin y al cabo. Intenta, sin lograrlo, que Braden le preste un cuarto de la atención que brinda a Kyanna, y claro, la cambiaformas es un obstáculo para sus planes de seducción.

—Lo lamento, mi queridísima prima. —Mi voz se tiñe de sarcasmo—. Kya y yo estaremos ahí esta noche y cada vez que queramos. Y permíteme advertirte algo... Si intentas cualquier cosa que pueda perjudicarla, voy a hacer todo lo que esté en mis manos —advierto mientras alzo la mano cerca de su cara, magia fluye a través de mis dedos, formando hilos de poder que van de un dígito a otro—, para que no se vuelva a repetir —concluyo chasqueando los dedos, dejando que una ráfaga de energía atraviese su cuerpo; Bea se tambalea. No fue más que un corrientazo, no quise llamar la atención, pero fue suficiente para provocarla y, ahora, con el rostro rojo de ira, da un paso hacia mí, sus ojos marrones cambian a puro fuego, intentando intimidarme—. Cuidado, Bea, alguien puede encontrar extraño que estés a punto de convertirte en una antorcha así de la nada. —Le guiño antes de dar la vuelta y adentrarme en la pista.

Eso fue arriesgado, aunque se lo merecía, así que no me siento mal. Nadie me vio, entonces nada pasó, ¿cierto?

Avanzo sin mirar al frente, por lo que no me percato de que hay alguien en mi camino y acabo tropezando; abro la boca para disculparme por mi torpeza, pero se me traba la lengua, no logro formular ni una sola palabra mientras contemplo esos ojos violetas. Logra evitar que me caiga y atraiga el interés de los invitados al sujetar mi brazo y tirar de mí hacia él.

El calor se su cuerpo envuelve el mío, mi rostro queda a centímetros del suyo y no puedo hablar o dejar de mirar sus ojos. Son hermosos.

—Nunca dijiste tu nombre —comenta, dejando de lado mi estropicio, me siento agradecida. Da varios pasos hacia atrás, sin mirar y, aun así, esquivando a las demás parejas sin dificultad.

—No esperaste a que te lo dijera —replico, sin poder contener el reproche por su brusca partida.

—Sobre eso... lo siento, mis amigos pueden ser algo brutos a veces —dice con un deje de diversión, pero en su rostro no hay indicio de ello, me pregunto si lo imaginé.

—¿Y tú eres como tus amigos? —indago.

—Me voy a reservar la respuesta y dejar que lo descubras por ti misma. —Me guiña y no puedo evitar sonreír—. ¿Bailas? —pregunta una vez que estamos prácticamente en medio de la pista. ¿Qué debería hacer? ¿Aceptar sin preámbulos o hacerme la difícil? No es que tenga mucha experiencia con el género opuesto; acabo asintiendo. Me toma en sus brazos y me guía al ritmo de una balada, inclina su cabeza hacia abajo y su aliento le hace cosquillas a mi oreja—. Quizás después decidas por fin decirme tu nombre.

Dioses, ¿cómo es posible que no me reconozca? Que no perciba el olor de Braden o de su propia hermana en mí, que no se percate de mi relación con ellos. Cierro los ojos y hundo mi rostro en su pecho, inhalo y la esencia a dulce y chocolate penetran mis sentidos, cielos, ¡qué bien huele!

—También me gusta tu aroma —susurra, ¿cómo supo lo que estaba pensando? Hasta donde sé, los oscuros solo pueden leer la mente de los humanos, y hablando de vampiros...

—Espero que eso no signifique que quieras beber mi sangre, eso no sería muy agradable. —Me alejo unos centímetros para mirarlo a los ojos, se ven más oscuros ahora, un destello de rojo cruza a través de sus orbes—. Además de que no te lo permitiría.

—Te aseguro que, si quisiera tomar tu sangre, lo haría y no pondrías resistencia, por el contrario, es probable que te ofrezcas —declara, muy seguro, quiero demostrarle que se equivoca, no soy una presa fácil—. Y me refería a tu aroma natural, a ti como especie.

—¿Y a qué huelo? —pregunto curiosa, no uso perfumes o colonias debido a que los químicos desatan una cadena de estornudos en Kyanna, Braden es sensible a los olores fuertes también.

—Al viento que recorre el océano en noches de luna llena. —No bien termina de expresarse y estoy retrocediendo, rápido. ¿No será que sí sabe quién soy y está jugando conmigo?—. Con un toque picante que me recuerda a las especias míticas. ¿Estás bien? —Frunce el ceño, confundido porque he detenido el baile.

—Eh, sí, claro. —Fuerzo una sonrisa, de pronto tengo la necesidad de huir. Despierta demasiadas emociones desconocidas que no sé cómo manejar, tengo que buscar un lugar en el que pueda respirar libremente y calmar mis nervios—. He recordado que tengo algo que hacer —miento sin pensar, lista para marcharme. Su mano me sujeta cuando doy dos pasos lejos de él y me obliga a mirarlo.

—Puedo escuchar los latidos de tu corazón, cuando se te ocurra engañar nuevamente a un vampiro... procura controlar tu respiración.

¡Qué metedura de pata! Muerdo mi labio, inquieta y dispuesta a disculparme, pero somos interrumpidos por la persona a quien menos deseaba ver.

—Arath, me prometiste un baile. —Se dirige directamente a él.

Deja ir mi mano y lamento haber actuado así, sobre todo sabiendo que, si Solangel tiene su mirada jade puesta en él, no tengo oportunidad. Ella por fin me mira, hace una mueca de hastío y me dice:

—¿Qué es lo que miras? No creo que se te haya perdido algo por aquí —espeta, todo en su lenguaje corporal grita que me largue, que estoy sobrando aquí—. Si nos disculpas, tenemos un baile que hacer —insta, tirando de un mechón rubio que le cubre media cara.

No contesto, sería perder el tiempo; observo cómo lo lleva hacia un costado y sin perder el tiempo, comienzan a danzar una pieza romántica que en este momento me parece de lo más indeseable.

—No sé cómo es que puedes ser tan dura con la mayoría y a ella no eres capaz de hacerle frente. —La voz de Kya suena mi lado, estaba tan distraída que no la sentí llegar, así como no percibí a Solangel.

Si este es el tipo de reacción que provoca Arath en mí, debería mantenerme lejos. Es peligroso.

—No vale la pena —murmuro—. Siempre se sale con la suya y desde que se graduó, se aprovecha de su rango cada vez que puede, técnicamente es mi superior, ¿qué podría hacer?

—¿Y él? —Señala a su hermano—. ¿Acaso él tampoco lo vale?

—Se fue con ella, eso dice mucho. —Kya se coloca frente a mí, impidiendo que me siga torturando con la vista—. Además, nos acabamos de conocer. ¿Todo bien con Braden?

—Si hubieras reaccionado, ella no habría ganado. Solo te quedaste ahí mirándolos como una boba —objeta, evitando que cambie de tema.

En eso tiene razón.

—Sí, supongo —suspiro—. Quería preguntarte... —Intento nuevamente cambiar de tema—. ¿Iremos al club con Braden o moriremos del aburrimiento en mi habitación más tarde?

—Lo primero, obviamente —responde—. Y no seas tonta, a él le gustas —asegura, no entiendo por qué insistir.

—Ni siquiera sabe quién soy. ¿No te parece eso extraño? Que seas mi mejor amiga y nunca me haya cruzado con él; que sea el compañero de mi hermano y no hayamos sido presentados... A lo mejor nuestros caminos no están hechos para entrelazarse.

—Pero, Luna... acaban de hacerlo —dice suave—. Y vale, puede que no estén hechos el uno para el otro, sin embargo, eso no significa que debas ceder ante Solangel, te conozco mejor que eso. Si quieres ser su amiga por lo menos, ¡ve y ponla en su lugar! —Su voz se torna firme—. Tú eres Luna Kayde y nadie tiene por qué tratarte como una paria.

—¡Pero eso es lo que soy! —exclamo bajito, recordando el último par de años—. ¿Por qué no puedo subir de rango? Soy la única en mi familia que no ha avanzado a la edad debida. —Siento que se me llenan los ojos de lágrimas y me esfuerzo para no derramarlas—. Mi madre estaría avergonzada de mí, mi padre espera que pronto asuma mi rol junto él y yo no quiero tener que elegir. Si no sucede algo pronto... —Mi voz se rompe, Kya no duda en ofrecerme consuelo entre sus brazos.

—Eh, calma, ¿sí? Las cosas se pondrán bien, ¿sabes cómo lo sé? —inquiere mientras me lleva a un área despejada, había olvidado dónde estaba; espero a que me ilumine, ahora mismo estoy al borde de un colapso—. Porque eres fuerte, porque te lo mereces. Porque, aunque estés teniendo este momento de debilidad, mañana te repondrás y te esforzarás al máximo. Yo estaré contigo, te acompañaré en cada paso como sé que tú harías conmigo, ¿comprendes? —Asiento, poco a poco notando cómo el nudo en mi pecho se va aflojando—. Eres mi mejor amiga, te quiero como a una hermana y estamos juntas en esto, ¿de acuerdo? —Asiento de nuevo, esta vez con una sonrisa.

—¿Promesa? —Levanto mi palma y espero a que ella una la suya.

—Promesa —corresponde, recostando su frente en la mía—. Venga, debemos quitarnos estas ropas si queremos estar cómodas en el club. Tienes que prestarme algo, no traje nada conmigo, pensé que iría directo a la cama después de la celebración.

—Lo mío es tuyo —le recuerdo entrando a mi alcoba; una vez que el vestido, los guantes y las medias se hallan fuera, me adentro en mi gran armario junto a Kya—. ¡Oye! Han vuelto a aparecer tus orejas, lobita. No me dijiste cómo lo conseguiste. —Es curioso cómo quiso ocultarse entre nosotros cuando no se molesta en hacerlo por los humanos, quienes creen que son falsas, un cintillo mono para el pelo.

—Compré una poción por internet, me costó varios cientos —se queja.

—Si me hubiera graduado, yo podría haber hecho tu poción.

—No vayas allí —ordena, me encanta cuando se pone mandona, suelto una risita—. Y tenías razón, a Braden no le molestan, de hecho, preguntó por ellas y me dijo que no era necesario ocultar lo que soy.

—¿Acaso no fue eso lo que te dije también? —la provoco.

—Oh, cállate.

Juntas escogemos algo cálido, pero que todavía resulte bonito, es apenas el final de la primavera en Londres y todavía llueve mucho.

Una vez estamos listas, nos dirigimos al primer piso, cuando vamos a la mitad de las escaleras mi amiga se detiene. Golpea su frente con la palma de su mano a la vez que dice:

—Demonios, ¡casi lo olvido!

—¿Qué pasa? —inquiero, preocupada.

—Tenía que hablarte de algo importante —dice bajito y mira a todos lados para asegurarse que nadie la escucha—. Con todo el jaleo de la fiesta y mis nervios por Braden, lo postergué.

—¿De qué se trata? —Ella luce alarmada, debe ser algo muy importante si se ha puesto así por no decirme—. Me estás asustando —admito.

—Aquí no —determina en un susurro, todavía preocupada sobre ser escuchadas—. Volvamos a tu cuarto o a un lugar más privado.

—De acuerdo. —Sostengo su mano y tomo una decisión rápida—. Ven. —Tiro de ella hacia arriba de nuevo y recorremos todo el pasillo hasta dar con una escalera que da a la parte trasera de la casa, giramos a la derecha y tomamos otro pasillo, al final hay otra escalinata estrecha que da al sótano. Sin duda, el espacio que más privacidad ofrece mi hogar, nadie entra aquí.


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