Write a Review

El ladrón del amor

All Rights Reserved ©

Summary

En el pequeño pueblo Canadiense de Charlevoix nadie es lo que parece. Ni siquiera la propia Nortia Rusddine, quien lleva caos allá por dónde va. Al menos hasta que aparece Ángel y hace que su mala suerte se evapore. Aunque no sin pagar el pequeño precio de perder su capacidad de amar. ****** Nortia Rusddine ha tenido una adolescencia movidita.Su vida ha sido una sucesión de desastres y accidentes hasta el día que conoció a Ángel. ¿Un dios prepotente? ¿Un brujo con intenciones ocultas? Nortia no tiene claro qué es Ángel ni cuatro años después de haberle ahuyentado. Pero sabe que él se llevó su mala suerte y le robó la capacidad para encontrar el amor. Ella es el Caos, él es la calma. En busca de la verdad, Nortia descubre que tiene que elegir entre sus poderes destructivos o el amor, que le está prohibido.

Genre:
Romance / Fantasy
Author:
Beca Aberdeen
Status:
Ongoing
Chapters:
16
Rating:
5.0
Age Rating:
16+

Capítulo 1

Nortia

Los sentimientos son como una receta de cocina. Para que tenga buen sabor, siempre se ha de usar más de un ingrediente. Una pechuga de pollo no sabe a nada sin la sal. Las fresas están más ricas acompañadas por nata montada y el chocolate está estupendo con una gota de brandy. Igual que una decepción llena el alma de tristeza y un momento feliz se ve ensombrecido por el miedo de que pronto pueda acabarse.

Pero ¿sabes qué? No hay nada que el alcohol no pueda arreglar. El alcohol combina con todo. Puedes confiar plenamente en que tu vida mejorará al añadirle el contenido de un vaso. O una botella, dependiendo de la gravedad del caso.

Con una copa de brandy en la mano, escuché con atención.

«Montamos las claras a punto de nieve».

Arrugué la nariz y busqué la batidora, empeñada en hacer el maldito tiramisú y decidida en comérmelo aunque acabara por envenenarme. ¿Que en la cocina yo era el equivalente de un tsunami para una ciudad costera? ¿Y qué? Era mi cocina.

Elegí el cuenco, lo dejé sobre la isla y cogí la taza de café. Justo entonces resonó el timbre y la taza escapó de mis dedos temblorosos, haciéndose añicos en el suelo de mármol. Dí un paso atrás para protegerme de los fragmentos rotos. Mi cadera chocó contra una silla y esta se inclinó peligrosamente. Dejé de moverme, a sabiendas de que cuanto más intentaba arreglarlo, más daño iba a hacer.

El desastre me trajo recuerdos de mi adolescencia, un tiempo cuando algo así me ocurría día sí día también. Cocinar era me acordaba de mi antiguo yo, la chica caos. El timbre volvió a sonar. Escapé de las imágenes con sacudir la cabeza y me encaminé hacia la puerta.

Kim, mi amiga, irrumpió en el piso antes de que tuviera tiempo de abrir la boca. Olisqueó el aire y vi la decepción en su rostro, cuando mi delantal manchado le informó de la situación.

—¿Otra vez cocinando? —inquirió con su voz chillona mientras se deshacía de las capas de ropa.

Cogí su abrigo y lo metí junto con el bolso en el pequeño vestidor. Encogí los hombros y la guié hacia la cocina.

—Solo estoy haciendo un postre.

Se detuvo en el medio del cuarto, estudiandolo con las manos en las caderas. Media docena de cuencos sucios llenaban el fregadero, una variedad de cucharas y cazos estaban esparcidos por la encimera, ocultas por bolsas con el contenido volcado. Había apilado en el medio de la mesa un montón de frascos que para que formaran la imagen del castillo de Disney, pero la realidad era que mi cocina parecía haber sido invadida por zombies en busca de comida.

—Sólo un postre, ¿eh? —se burló ella.

—Tiramisú, tu favorito —le informé con una sonrisa inocente. Saqué otro delantal de un cajón y se lo ofrecí.

Lo aceptó, cogió la goma que adornaba su muñeca, se recogió los rizos dorados en una coleta alta y se dobló las mangas del jersey hasta los codos.

—Creo que en el fondo echas de menos el caos, por eso te empeñas en cocinar.

Me estremecí en respuesta.

—Ni en mis peores pesadillas.

—Estamos despiertas y estoy lista para el combate.

Esa era mi Kim, nada la asustaba. Había sido la única que no se mojaba los pantalones cuando me acercaba a ella en el instituto. Bueno, la única no, pero… no quería pensar en él en esos momentos.

Me senté, apoyando los codos en la isla y las mejillas en las palmas, y dejé que Kim tomara el control de mi cocina. Bueno, Kim podría tomar el control del mundo, si quisiera; nadie se resistía a su encanto natural.

Puso una cafetera nueva, limpió el suelo y acabó el tiramisú con la gracia de una bailarina. El café salió tan fuerte que me anestesió la lengua, el suelo quedó empapado y el tiramisú un poco seco, pero ¿quién era yo para juzgar? Me imaginé bailando entre ollas y cucharas con la misma seguridad que ella y una sonrisa asomó en mis labios. Pero al instante recordé que una vez estuve a punto de morir quemada viva por querer freír un huevo, y se me pasó. Me limitaría a marcar los números de los establecimientos que ofrecían comida para llevar.

—Gracias —dije, con la boca llena de tiramisú.

—Prométeme que vas a hacer algo para solucionar esto —agitó las manos, señalando la estancia.

Sabía que hablaba de mi vida, no de mi batalla perdida con la cocina, pero me hice la inocente.

—Sthhh… El señor Horno es muy sensible, no quiero que piense que voy a despedirlo. Tiene una familia que alimentar.

Kim contuvo una sonrisa a duras penas.

—Deja de llamar a tus electrodomésticos por su nombre.

—¿Cómo quieres que les llame? Si ha nacido nevera es normal que se llame Nevera, si ha nacido mesa, me parece lógico dirigirme a ella como Mesa. Si tus padres te llamaron Kim, te gustaría apodarte… Michelle?

—Michelle es bonito. Nací en la Tierra y la gente no me llama Humana por eso —rebatió con lógica. Después le dio un sorbo a su café e hizo una mueca—. Y no me refería a eso y lo sabes porque es algo que debatimos mucho últimamente. Debes acabar el rollo de las supersticiones. Cuando íbamos al instituto estabas empeñada en creer que la mala suerte te perseguía, y al creerlo, tenías toda clase de accidentes. Y ahora te ha dado por decir que te han robado la capacidad de amar… ¿Qué se te va a ocurrir mañana?

—No era imaginación mía, Kim —protesté.

Odiaba que me echara la culpa de lo que me había ocurrido en mi juventud. No la tenía, y mis sospechas de que me habían quitado la capacidad de enamorarme estaban fundadas. Conocía al ladrón, pero, por segunda vez ese día, me negué a pensar en él.

—Los pensamientos hacen tu vida —insistió ella.

—Ahora mismo estoy pensando en Honolulu, un adonis de ojos verdes y en un cóctel exótico. Dónde está mi adonis, ¿eh? ¿Dónde está mi cóctel? —inquirí, alzando una ceja.

Kim se echó hacia atrás. Tiró de los rizos que formaban su flequillo y resopló. Me dedicó una sonrisa candorosa, lo que me hizo dudar al instante de sus intenciones. Con su cabello rubio y los ojos azulados, la nariz pequeña y la boca llena, Kim aparentaba ser un ángel. Al menos en lo que respectaba a su físico, su comportamiento era más bien de las tierras oscuras.

—Tienes casi veintiún años, es momento de acabar con las supersticiones, tirar las leyes de Murphy a la basura y abrirte a las posibilidades que ofrece la vida.

Me eché a reír a carcajadas, olvidándome de que tenía entre los dedos la taza de café. Por suerte (y no era que pudiera decir esta palabra muchas veces), la taza no se rompió y el poco líquido que quedaba se derramó en el plato.

Me levanté para dejar el platito en el fregadero.

—¿Crees que no lo he intentado? Lo más sensato que puedo hacer es aceptarlo. ¡Moriré sola! —me lamenté, como la más desgraciada reina del drama—. Ni un gato puedo tener, estaría hambriento conmigo.

Levanté los brazos y los dejé caer en un gesto de impotencia. La manga de mi camiseta rozó la mesa y enganchó la cucharita de café que chocó contra la taza de Kim, resquebrajando un trozo de la porcelana.

Mi amiga se mordió los labios.

—Vale. No puedes tener animales de compañía, pero un novio se puede alimentar por sí mismo. ¿Desde cuándo no te acercaste a un hombre?

Fruncí el ceño.

—Veo hombres todo el tiempo.

—No cuenta que los veas por la calle —replicó enseguida.

Maldición, ese café era bueno. Su cerebro jamás había sido tan veloz.

—He tenido clientes hombres.

—¿Hablaste con alguno? ¿Lo miraste a los ojos?

—Anoche vino Garrett con una pizza.

—Es el distribuidor.

—Harley me visitó hace dos días —dije. Suponía que los hermanos no contaban, pero no había venido solo—. Trajo un amigo.

Entornó los párpados.

—¿El amigo que lo llevó porque su coche estaba en el taller? No me dijiste que subió.

Mi lengua se enredó. No podía permitirme mentir. Aún temía que el karma fuera a castigarme por cualquier pecado, devolviéndome a los oscuros días de mala suerte.

—No lo hizo —musité.

Kim se puso seria.

—¿Cuándo fue la última vez que abrazaste a otro ser? ¿O que te haya abrazado uno? ¿Cuándo fue que notaste mariposas en tu estómago?

Apreté los dientes. Hice memoria y los meses se convirtieron en años. ¿Tan sola estaba? No, la soledad era un estado de espíritu. No me sentía sola, no necesitaba que un hombre me abrazara, pero sí que empezaba a creer que había algo raro conmigo, ya que nadie lograba despertar a las dichosas mariposas.

—¿Cuándo te gustó alguien, románticamente hablando? —insistió Kim.

Abrí la boca pero ella me interrumpió.

—No cuentan los actores de las series ni los protagonistas de las novelas románticas —precisó—. Hablo de un chico real, uno que quisiste tocar. Te gustan los chicos, ¿verdad? No es que tengas miedo de salir del armario.

Suspiré. Sabía cuales eran mis gustos, encontraba atractivos a muchos chicos, solo que… no lograba sentir nada por ellos. Al menos, no lo había hecho en mucho tiempo.

—Ángel —susurré.

—Ángel —Kim asintió como si hubiese estado en mi mente.

—Éramos unos críos tontos… —tartamudeé—. Él solo apareció, hizo su magia y…

—¡Exacto! —exclamó Kim, levantándose para venir a ponerse frente a mí—. Con él ocurrió algo extraño. O al menos tú crees que te ocurrió algo extraño. Debes regresar a ese momento y analizarlo, para modificar las ideas que te metiste en la cabeza.

Con los labios fruncidos y la mirada perdida, negué con la cabeza. Ya no veía a mi amiga. En mi mente se formó la imagen de un rostro de cabello moreno, sonrisa torcida y unos impresionantes ojos azules que me atormentaban en sueños de vez en cuando, normalmente después de recibir uno sus mensajes.

Maldita sea, Kim. Había logrado que lo recordara.

Le di la espalda a mi amiga y busqué dos vasos en el armario. Los traje a la mesa y puse en cada uno la medida de un dedo de brandy. Sorbí del mío y le ofrecí el otro.

Kim volvió a sentarse. Apoyó un talón en la silla y se abrazó la rodilla. Sus ojos soltaban chispas. Me daba miedo cuando estaba enfadada.

—¿Qué pasó entonces?

—No quiero recordar el pasado. Déjalo así —le pedí, pues su insistencia empezaba a mosquearme.

Golpeó la mesa con una palma.

—Ni que no lo supiera. Amore, te conozco desde que usabas pañales y sé que ese tío te ha dejado tocada. Presta atención. —Se detuvo hasta que me giré para mirarla. Un escalofrío recorrió mi espalda al notar la energía que la rodeaba—. Cuando Ángel te aseguró que él te había quitado la mala suerte, le creíste y al pensar que ya no la tenías dejaste de tener accidentes. Excepto cuando cocinas —encogió los hombros—. Da la casualidad que él es el último chico que te gustó y desde entonces no has vuelto a interesarte por nadie. Por eso crees que Ángel te robó la capacidad de enamorarte a cambio de la mala suerte.

Me entró hipo y Kim me fulminó con la mirada.

—Tritón es macho y lo amo. Parece que no tengo problemas para amar a los perros. Eso es algo…

—Así que reconoces tener problemas con los hombres —ella aprovechó mi desliz y zarandeó el dedo índice frente a mi rostro.

—Puede que no haya encontrado a uno que me enamore —dije, esperando su apoyo. Quería que me dijera que tenía razón, que llegaría el hombre de mis sueños (al que no había soñado jamás), y que estaba como un cabra por pensar que Ángel me había intercambiado una maldición por otra.

—Pero tampoco lo buscas —acusó ella.

Solté un suspiro, recordando la pesadilla que había sido mi vida y comparándola con la tranquilidad de la que disfrutaba ahora.

—No quiero cambiar nada. Estoy muy bien como estoy —le aseguré.

—Estás bien siendo una persona sin sentimientos —arguyó mi amiga, asestando el golpe mortal.

—¿Cómo puedes…

—No tienes sentimientos —me interrumpió ella.

—Soy una sentimental hasta la médula —la contradije.

—Demuéstramelo.

—¿Cómo? —farfullé en un hilo de voz.

—Enamórate.

—¿Qué?

—Ángel te quitó la mala suerte y luego desapareció de tu vida.

No lo hizo, yo le eché, pensé, pero era una estupidez recordárselo y ofrecerle más arsenal para atacarme. Además, ella no sabía del trato que había hecho con Ángel, uno que, por aquel entonces, pensaba que era una tontería. Suponía que si lo supiera, la respuesta de Kim sería que lo mismo les pasaba a los humanos que vendían sus almas y después se sorprendían de que el Infierno era real.

—En tu cabeza, el “hechizo” de Ángel salió mal, porque con la mala suerte se llevó tu capacidad para amar.

—Tampoco es un brujo —intervine.

Más bien tenía el aspecto de un dios, soñé durante un instante.

—De cualquier modo, que tú creas que él te robó la capacidad de enamorarte es la clave de tu problema. Debes buscarlo para saldar las cuentas. Debéis poner fin a vuestra historia para que tú puedas empezar otra. Dices que no quieres volver al pasado, pero sigues viviendo con miedo de que vaya a regresar.

Solté un bufido nada elegante, porque me había pillado.

«Los pensamientos hacen tu vida», repetí para calmar el temblor que notaba en mis manos con la simple idea de volver a verle.

Había dejado atrás la mala suerte, con o sin amor. Tenía una buena vida, un trabajo que me gustaba, amigos, pues Kim aún entraba en esta categoría. ¿Qué más? Familia. Sí, mis hermanos y mi madre. Y lo más importante, la gente que se acercaba a mí no acababa accidentada. No quería arriesgarme a destruir la tregua que el universo me había concedido.

Nortia Rushdie estaba contenta con su vida actual. Con ser una chica normal en lugar de ser única y especial. Alguien a quien todos señalaban por la calle, en el instituto y en el supermercado. Ni en broma quería volver a eso o a la lista de apodos con la que se podría escribir un libro. La chica desastre. Caos. Mayhem. Los que me conocían entonces sabían que debían mantenerse alejados. Lo malo era que en mi ciudad no había nadie que no me conociera. Había sido muy duro crecer con una diana en la espalda. Con murmuraciones cada vez que entraba en un sitio, con malas miradas o risas burlonas.

Hasta ese día… el día que llegó Ángel.

Continue Reading Next Chapter
Further Recommendations

burrichristine: Schöne Liebesgeschichte ❤️❤️❤️

doreenL: Einfach schön. Ich konnte garnicht aufhören.

Alina: J adore a quand la suite

annalaville: This is a great novel, such wonderful romance it is worth reading, just want to read more and more this is great.

Stephanie: Sehr schön geschrieben

annemirl56: Toller Schreibstil wie immer und sehr erotisch 😘😘muss auch dabei sein, sonst istces langweilig 😘

Shakeicha Young: Really enjoyed this read!!!

Shakeicha Young: Loved this story

Amy: The plot, as usual, is excellent.Author still needs to work on describing people, scenes, buildings, etc (fuller if you will)…. In order to slow down the fast pace & provide a backdrop for the action.For example, the first time she walks around Blake’s pack- her impressions… big, small, beautiful...

More Recommendations

jjapes: Gelungene Story. Hier und da ein paar Wort und Satz Fehler-lässt sich aber dennoch flüssig lesen. Danke dir fürs teilen deiner Phantasie!

gamer281: Was soll ich sagen, mit jedem Buch immer besser.

annemirl56: Gefällt mir sehr gut! Gut und zügig zu lesen.. deine Bücher laden zum entspannen ein.Danke dafür 🫶🫶🫶

Melanie: Sehr toll geschrieben 👍. Bin gespannt wie es weiter geht. Würde es jedem gerne weiterempfehlen der auf Wolfgeschichte steht.

Saloni Acharya: The whole series is so good. It’s like you can’t keep it down without reading it the whole way and then start the next one. Time flies and you don’t realise it’s late night and you have to go to sleep 😂. The characters are awesome with strong plots and love every couple. 😍🥰

marilyn: It's awesome to hear about all these shifters finding their fated mates. I can't wait to hear more about them. I also want to hear about the cubs. And for Daryl to find his mate.

About Us

Inkitt is the world’s first reader-powered publisher, providing a platform to discover hidden talents and turn them into globally successful authors. Write captivating stories, read enchanting novels, and we’ll publish the books our readers love most on our sister app, GALATEA and other formats.