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NUESTRO SECRETO

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Summary

—¡Porque eres una gorda, Madison! —gritó Chace recordándome mi triste realidad —Estaba contigo por una apuesta —se burló rompiéndome por dentro. No iba a soportar que me viera llorar y quise escapar. De pronto, di media vuelta y mi cuerpo se estrelló contra un gigante de traje negro al que no pude verle la cara. Solo ví que se acercó a Chace y le dió un puñetazo. Regresó a mi lado y entonces lo miré. Era el socio de papá. Mi corazón latió apresurado. —¡No quiero verte llorar por él! —dijo Dan, poco menos que furioso —. Porque a mí... sí me gustas así —susurró inclinándose hacia mi, dejándome pasmada.

Genre:
Romance / Erotica
Author:
Margaret South
Status:
Complete
Chapters:
15
Rating:
4.5 40 reviews
Age Rating:
18+

1. MI AMIGO DAN

Vaya verano que estoy teniendo, pienso quitándome los shorts de mezclilla deslavada. Es medio día y se supone que no debiera exponerme al sol en este horario. Dice mamá que es lo peor que puedo hacerle a mi piel.

Soy blanca, más no del tipo extremo, así que no le hago caso y camino a la hermosa playa que está frente a nuestra residencia.

Disfruto de la suave sensación arenosa y sonrío.

Llego a donde está una seductora silla de playa. Me llama a tirarme sobre ella y no pienso negarme. Necesito broncearme un poco.

Llego hasta esa área y la suave brisa marina mece mis rubios y ondulados cabellos.

Abro el botón de mi prenda y la mezclilla cae a mis pies. Llevo puesta una blusa larga color hueso que de inmediato se desliza por mis muslos cubriéndome un poco las caderas. Es transparente en unas rayas horizontales. Su tejido suave permite que se vea mi bikini de dos piezas.

Vuelvo a mirar al frente como la playa privada en los Hamptons se extiende.

Suelto un suspiro y camino hacia la orilla del mar donde el suave oleaje me hipnotiza un instante.

De pronto recuerdo que olvidé mi teléfono móvil y regreso por él. Como una típica adolescente reviso mis mensajes de WhatsApp.

Necesito saber si el chico de mis sueños se ha comunicado. Desde anoche no sé de él, aunque estuvimos chateando toda la tarde. Más noche estuve en otro chat hasta la madrugada.

Frunzo los labios. No me ha llamado, espero que no se haya arrepentido de haberme invitado a su casa esa noche. Hará una fiesta para celebrar nuestro primer mes de novios. Bueno, realmente nadie sabe que somos novios. Conozco a un par de personas a las que no le agradaba, y ellos son papá y su socio.

Son unos ancianos amargados, pienso dejando de mirar el móvil. Qué decepción.

Sonrío al ver la foto de mis ancianos favoritos. Allí está papá que aunque no es precisamente el hombre más pendiente de su familia, sé que somos todo para él, especialmente mi madre, que es mucho menor por casi veinte años. Mamá tiene cuarenta y cinco años.

Papá es un grandioso empresario de la industria culinaria, y su socio, el vejete de Daniel... Sonrío al ver su foto en el WhatsApp, es horrible y odioso.

Yo misma le puse esa foto en la aplicación porque el muy amargado decía que no estaba para esas tonterías adolescentes.

Lo cogí descuidado y saqué esa foto que aún conservo en mi móvil y que cuando quiero molestarlo le digo que la uso para masturbarme.

Se molesta cuando hablo así, pero con él me siento libre de ser yo misma.

En realidad es hermoso, el hombre más guapo que he visto en mi vida, pero es mayor que yo y por lo mismo le gusta seguirme el juego.

Estuvimos chateando hasta la madrugada y finalmente aceptó fingir ser quien me invitara a salir esa noche, después él se retiraría a un evento muy adulto, como él.

—Eres un tonto hermoso —le digo a su foto en mi teléfono. Lo beso y sigo mi camino.

Más tarde estoy tumbada en otra silla de playa, mejor dicho, derretida en la silla, cerca de la piscina. Llevo puesto ese espantoso bikini de dos piezas, bicolor. Es pequeño y más pequeño se ve en mi gordo cuerpo. Si me lo puse fue porque necesito darme color en esta piel tan blanca e insípida, no porque me guste exhibirme.

Detesto mi figura, además de que soy bajita, tiendo a ser gorda por más esfuerzo que hago para cuidarme. Aunque el cuerpo no se compara con mi cara, es tan redonda, y mi nariz tan respingada. Soy rubia natural, con ojos verdes... Más eso nunca ha sido suficiente para atraer mucho la atención del sexo opuesto.

Mis pequeños dientes de ratón son otra cosa asquerosa.

Aún no logro entender por qué no heredé la mitad de la belleza de mi madre. La perfecta, bellísima y aún aclamada Sophie Beaumont. Soy un completo asco.

—Hola, princesa. —Me saluda Dan al llegar a mi casa esa tarde de verano.

Apenas escucho al adonis que tengo frente a mí, mi amigo Daniel, cojo rápidamente una bata que dejé cerca y me cubro. Me da pena que me vea con tan poca ropa; además, no soy lo que llamaría una delgada y curvilínea chica.

Dan se para cerca de mis pies y recorre mi cuerpo divertido. Sonríe.

—¿En serio, Maddy? —pregunta incrédulo—.¿Sigues con esos absurdos complejos de nena boba?

Se sienta a mis pies, jalo los shorts que traía puestos, y aunque todavía tienen arena no me detengo para sacudirlos.

Antes de que me los intente poner, Dan los arranca de mi mano y se para.

Se ensucia su perfecto traje formal y sin mayor drama se sacude con una mano, luego hace lo mismo con el short.

—No, señorita —dice, golpeando el trasero de mi prenda, lo cual a esa hora de la tarde, sin que mi novio me haya llamado me tiene molesta y más acomplejada que nunca—, anoche no estabas tan remilgosa como ahora —se burla de mi al recordar mi fingido tocamiento ante la webcam del móvil. —Cariño, ya es hora de superar ese estúpido complejo.

—Basta, Dan... —respondí molesta tratando de levantarme—Regrésame mi short —le digo enojada y me empuja sobre la silla—. ¡Dámelo!

Dan se ríe. Me enojo más.

—Quítamelo, pequeñita —susurra estirando un largo brazo hacia su espalda.

Mi bata cae y quedo en bikini delante de ese hombre vestido de traje oscuro. Sus profundos ojos azules me miran con un brillo especial, se está burlando.

—Dan, hablo en serio.

—Yo también —musita ronco, inclinándose hacia mí. Siento su aliento rozando mi nariz.

Aspiro su perfume varonil y por un momento me siento perturbada. Dan baja los ojos, mira fugazmente mis feos senos y aunque pienso cubrirme, me detengo.

Dan se hace para atrás, se sienta sobre la silla de al lado y se apoya con las manos.

Sus ojos pasean por mi cuerpo. Me cubro con los brazos tontamente.

—Eres una gallinita, Maddy... Maddy la gallina... —canturrea, con mi ropa en sus manos.

—Sabes que odio mi cuerpo...

—Pues no entiendo tu drama, nenita. Te veo normal. Poco agraciada, pero normal.

—Tonto... —replico y se burla de nuevo.

—¿Es todo lo que tienes? Anoche estabas más... De otra manera me habría aburrido chatear contigo hasta las dos de la mañana.

—Por si lo has olvidado —dije soltando los brazos —, a las dos de la mañana me dijiste: ya deja de joder niña, quiero dormir.

Dan levantó las cejas.

—Tuviste un orgasmo a costa mía, creí que ya te había dado lo que querías.

Frunzo los labios y le toco los hombros.

—¿Y tú no?

Dan sonríe.

—Una virgen puritana y además mentirosa nunca me ha excitado.

—¿Ah no?

Dan pone los brazos en su espalda y ahora soy yo la que me inclino hacia él.

Sigue sonriendo, entonces me inclino más y ahora soy yo la que lo rozo con mi aliento.

Mi rubia y despeinada melena acaricia su varonil rostro. Suspira fingiendo aburrimiento.

Aprieta los labios y lo miro. Son bellos como todo en él.

Paso la punta de mi lengua por mis labios secos y eso atrae su atención, lo pone serio, esperando ver hasta dónde llega mi atrevimiento.

Pongo las manos en sus amplios hombros, son fuertes. Me apoyo para hacer mi ataque lento y persuasivo.

Monto sus caderas a horcajadas y ése movimiento lo sorprende. Lo noto en su reacción. Se pone realmente serio.

—Uy que cara, Dan, ¿te desagrada que esta gorda te monte?

Aprieto mis manos en sus hombros y giro mis caderas sobre su sexo, como si fuera una jinete. Su mandíbula se aprieta.

—Madison... —advierte mirándome fijo.

—¿Qué? ¡Esto es divertido! —sigo moviéndome contra sus muslos.

De pronto siento algo duro bajo la tela de su pantalón, algo que frota mi vientre y lo estimula.

Ambos nos miramos. Dan me traspasa con la mirada oscura. De repente un espasmo ataca directo al centro de mi sexo, sé que debo parar. Dan es mi amigo... nada más.

Me pasé de la raya, pienso. Me avergüenza mi actitud y enrojezco.

—Perdón, solo quería molestarte y veo que lo conseguí.

Torpemente intento levantarme y me empujo con los brazos. Dan pone sus manos en mis caderas y resbala mi pierna derecha haciendo que caiga sobre su pecho, empujándolo sobre la tumbona.

—¡Cuidado! —gruñe Dan apretando mi inexistente cintura.

—Perdón... me resbalé...

Mi estómago vuelve a sentir algo tenso presionando bajo él y me vuelvo a apoyar ahora en el duro torso de mi trajeado amigo.

Dan se endereza llevándome consigo. Se levanta como si yo fuera delgada y no me suelta al instante. Cuando lo hace casi pierdo el equilibrio.

—¡Eres una... tonta! —me reprocha apartándose súbitamente. Poniendo distancia entre ambos.

Sus ojos parecen echar fuego. Se arregla el saco y me mira muy molesto.

—Dan... —musito con debilidad —Lo siento... ¡Dan! —le grito sin que me haga caso.

Lo veo marcharse muy enfadado. Creo que su reacción fue exagerada.

Hago una mueca. Sea lo que sea buscaré disculparme. Dan es un gran amigo. Lo ha sido desde que lo conozco y de eso ya pasaron dos años.

Suspiro mirando a lo lejos su espalda ancha. Me muerdo el labio inferior. Es un gesto que odia, pero lo hago desde niña y al recordar que siempre me lo está corrigiendo sonrío.

Realmente necesito estar bien con él. Siempre me ha tratado con dulzura, con atención especial. Ni siquiera mi indiferente padre está tan preocupado por mis sentimientos de inferioridad respecto a mi cuerpo. Dan siempre me dice que soy bella, que no debe importar lo que piense la gente.

Suspiro cuando desaparece en la casa. No sé qué le pasa últimamente. Ha estado muy sensible. Sé que no le gusta mi novio, con quien tengo poco tiempo saliendo y con quien estoy teniendo mis primeras experiencias íntimas. Dan lo sabe y me ha pedido que tenga cuidado.

Aún soy virgen, pero pronto dejaré de serlo. Ese chico realmente me gusta. Buscaré a Dan. Sonrío llenándome de entusiasmo. Después de todo me llevará mañana a esa fiesta con mi novio. Papá no sabe. Ese es uno de nuestros secretos. Solo mío y de Dan.

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ystew78: I really appreciate your writing style and I really enjoy the story so fare are you going to write a sequel

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