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JOSIAH || ESCORPIÓN #1.5

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Summary

Siempre hay dos versiones de una historia, y en este caso no hubo excepción. Ella es la mujer del Escorpión, pero también es la única mujer por la que es capaz de sacrificar su propia vida. Durante seis años ella sufrió en silencio y a veces a gritos, pero él se destruyó a sí mismo por el único recuerdo de aquella mujer que amaba. PUNTO DE VISTA DEL ESCORPIÓN. LIBRO 1.5 DE LA TRILOGÍA ESCORPIÓN.

Genre:
Romance / Erotica
Author:
Milly Pire
Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
5.0 2 reviews
Age Rating:
18+

06 de enero de 2020



FILADELFIA

Unos ojos grises aparecen en mi mente.

Un dolor sordo se instala en el centro de mi estomago cuando la consciencia me hace regresar. Por un minuto me mantengo allí para disfrutar la sensación punzante que me recuerda que sigo estando vivo, junto a esa jodida presión detrás de mi cabeza que me hace mantener los ojos cerrados durante unos segundos más.

Siento mi boca seca cuando abro mis labios para decir el nombre de la mujer que necesito tocar antes de enloquecer.

«—Quedate conmigo y te prometo que me quedaré en Filadelfia...»

Los recuerdos se agolpan tan rápido en mi mente que por un segundo estoy desorientado al saber que es lo que ocurrió anteriormente, tratando de unir las piezas para darle forma al torrido agobio en mi pecho.

El cementerio.

Alguien me disparó.

Disparos...

¿Ella estaba bien? Joder. Era el único blanco de los disparos. pero aún así el terror de que algo le hubiera pasado me sobrepasaba. Estaba sangrando, podía oír sus sollozos y eso me quebraba hasta el dolor más que el impacto de bala en mi espalda y mi pecho. ¿Dónde estaba mi mujer?

Oígo unos pasos acercarse y mis ojos se abren de golpe, ignorando la incomodidad detrás de mis corneas ante la luminosidad de la habitación que comenzaba a dar vueltas a mi alrededor. La mujer delante de mi se detiene de golpe, pareciendo asustada de ver lo que sea que había en mi mirada. Ella no es mi mujer, ¿donde estaba mi mujer? Joder, si alguien la había hecho esperar afuera haría que su polla guindará de algún puente por intentar alejarla de mi lado.

—¿Dónde esta ella?—preguntó con mi voz cargada de impaciencia, quitando los malditos soportes de mis brazos y odiando la bata que se pega a mis bolas y me hace querer lanzar maldiciones al azar. Esa jodida punzada se aplaca cada vez más en la parte trasera de mi craneo, pero no me detengo en mi intento de ponerme de pie.

—Tranquilo...—dice ella, corriendo en mi dirección e intentando detenerme en mi intento de ponerme de pie.

Mi mano de dispara a la suya, tomándola con fuerza justo cuando un grito ahogado sale de sus labios y sus rasgos se transforman en puro terror. Intenta retroceder, pero solo me limito a mirarla y observar como sus rasgos se van volviendo cada vez más atormentados.

—No me toqué...—gruñó soltando su mano y lanzando dagas en su dirección, ella retrocede y me observa como si fuera un demonio mientras hace una mueca de dolor y frota su mano.—¿Dónde esta ella?

Si ella me hubiera visto siendo tocado por otra mujer, como el infiernos que se cabrearia.

—¿Quien es ella?—pregunta la mujer entrometida, pasando sus manos por su pantalón rosa y mirándome con cuidado.—Si me dice su nombre, puedo buscarla y...

La puerta se vuelve a abrir y por unos segundos siento la necesidad de suplicar que sea ella, pero es Stoo el que se detiene en medio de la habitación y observa a la temblorosa mujer con instrucciones en su mirada. Strals entra detrás de él, lanzando miradas furtivas en mi dirección y pareciendo esconder algo en su rostro.

—Puede salir ahora mismo.—dice Stoo a la mujer, haciendo una señal a la puerta con un asentimiento.

—Tengo que chequear...

—No es necesario, he chequeado su ritmo antes y esta bien.—la interrumpió él, tomando su antebrazo y sacándola de la habitación.—Puede irse en este momento.

Ella no hizo nada por protestar, estaba seguro que estaba aliviada de que la sacarán del mismo radar que el lunático que por un segundo rompe su mano.

—¿Strals, donde esta ella?—pregunto en un gruñido.—¿Por qué no esta aquí conmigo? Si algunos de ustedes se atrevió a evitar que entrará por esa jodida mierda del protocolo, les meteré el mismo protocolo por el culo y lo sacaré por sus narices.

—Escorpión...

Entonces, de alguna manera lo siento. Algo está sucediendo, algo está jodidamente mal en este entorno y parece que es algo desagradable a juzgar por la mirada de descontento en el rostro de mi consigliere.

—Strals.—bramo en una advertencia.

Lanza una mirada a Stoo, quien se mantiene inexpresivo en su dirección y se encoge de hombros. No me sorprende, el bastardo apenas tiene emociones en su sistema más que la felicidad cuando esta matando o descuartizando a alguien.

—Esta en el cementerio.

Mi mirada se dirige de nuevo a Strals, frunciendo el ceño y preguntándome si estaba sedado o de otra forma no me explico lo que acabo de oir. Su tía había muerto, pero sabía que ella no la visitaría de nuevo una vez que estuviera a tres metros bajo tierra.

—¿De qué estas hablando?—inquiero con impaciencia, sintiendo ese jodido dolor en mi cabeza de nuevo, cada vez más fuerte.—Maldita sea.

—Pusimos en marcha lo planificado.

El maldito dolor pasa a segundo plano ante sus palabras, debatiendo en mi interior si debo darle un puñetazo para menos daños o vaciar el cartucho de mi pistola en su cabeza para usarlo como advertencia. Santa mierda, eso había sido una medida desesperada por preservar la armonía en la vida de mi mujer. Sabía que sería arriesgado alejarla de ese modo, pero necesitaba hacerlo para que ella pudiera estar feliz. ¿Si se supone que es lo correcto, por qué siento como si un camión hubiera aplastado mi pecho ante esa noticia?

—¿Por qué carajos lo hicieron sin mi autorización?

Quería golpearlos contra la cabeza del otro, atormentarlos por el dolor que seguramente le habían causado a mi mujer, aún cuando el plan había sido orquestado por mí desde que me enteré sobre la potencia de mis enemigos.

—DiFaro envió un mensaje con ese atentado, no se detendrá antes de destruirte y ella estaba en el camino.—informó Stoo, pareciendo haber memorizado eso durante horas y sin un atisbo de sentimientos en su expresión.

—Esto ocurrió a nuestro favor, ella misma lo vió herido y confirmó su muerte.—dijo Strals.

Ella me había visto sangrando. Mierda, no quería que ella viera eso. Lo último que quería es que la última imagen que ella tuviera de mí en su mente, fuera muriendo en sus brazos. La idea era irme de viaje y pretender que mi avión había caído, nunca le habría dejado pasar por el trágico momento de tener que sostener mi cuerpo sangrante en sus brazos.

—¿Por qué esta en el cementerio?

Strals aclaró su garganta.

—Su entierro fue hace dos días...

—¡¿Cómo que hace dos días?!—exclamé, ignorando la aguda punzada en mi cabeza ante mi tono.—¿Cuantos putos días estuve inconciente?

Stoo respondió, metiendo sus manos en sus bolsillos y mirando a Noah antes de volver a mirarme a mí.

—Cuatro días, señor.

—Ha estado yendó al cementerio todos los días.—apuntó Strals, pareciendo abrumado ante está información.

Había estado en el cementerio todos estos días, afuera estaba nevando y ella había ido al cementerio a llorar a una tumba vacía.

—Necesito ir allí.

Comencé a ponerme de pie, saltando los dolores en mi cuerpo debido al estiramiento luego de días. Necesitaba verla, comprobar que ningún disparo la había dañado, aunque sea de lejos. Quería ver si todo valía la maldita pena.

—Señor...—comenzó Strals, dando un paso en mi dirección, seguro para detenerme.

Levanté una mano, lanzó una mirada oscura en su dirección para hacerle saber lo que pensaba de que me detuviera cuando necesitaba estar en otro lado.

—No estoy preguntando si puedo hacerlo, lo haré.

Al menos de lejos, me consolarla saber que esto a mi alrededor no la estaba salpicando a ella.




Afuera del auto estaba nevando, la nieve caía contra las ventanas y resbalaban hasta abajo como un descenso anunciado. Algo en mi pecho duele al observar a través del vidrio polarizado, detallando cada aspecto de su rostro y deseando estar a su lado.

Se supone que estaba enterrado en un lugar apartado, pero desde mi posición en el auto podía ver cada expresión en el rostro de mi mujer. Su cuerpo estaba arrodillado en el medio de mi tumba, pasando su mano por el grabado en la lápida y sollozando por algún recuerdo lejano. Había bajado de peso, sus polumos se veían marcados y se veía tan frágil en ese intento de vestido que apenas se ajustaba a ella. ¿Cómo había podido bajar tanto de peso en tan pocos días? Mierda. Aprieto mis manos en puños, sintiendo el dolor en mi brazo debido a mi reciente adquirida conciencia y mi estado inactivo estos últimos días.

Ella había dicho que dejaría todo por mí, pero eso era un sacrificio que nunca le permitiría soportar. Era un bastardo egoísta, pero mi egoísmo tenía un límite cuando se trataba de ella. Tenía sueños y metas por cumplir. Era una mujer brillante que necesitaba expandir su inteligencia, no sería yo quien aplastará sus sueños y permitiera que años después me tuviera odio por alejarla de su pasión. Ella merecía el maldito mundo, y estaba dispuesto a ponerlo todo a sus pies.

—Stoo, necesito saber quien fue el tirador.

—Su nombre es Dean Sthepen, el sicario de Tristan en Texas.—responde desde su asiento delantero.—Sabemos que usted se quería encargar personalmente de él, está esperando en el sótano.

Asentí, agradeciendo en silencio que eso hubiera pasado.

Mi mirada se concentra en cada uno de los movimientos de Ainsley, pero aún así mi necesidad de matar al tipo crecía. Quería mentirme diciendo que me alejaría, pero si no hubiera pasado esto, estaba seguro que nunca la hubiera dejado ir. Habría puesto a toda una maldita ciudad a cuidarla, pero como el infiernos que nunca la hubiera dejado. Ese bastardo me hizo dejarla, aún por encima de mis propios planes. Me hizo tener que llevar a cabo esta locura.

—¿Tienen ubicado a Tristan?

Ese cabrón. Eliminé a su hermano y le permití quedarse con el mando en Texas, pero aún así me traicionó al juntarse con el viejo decrépito.

—No, al unirse con DiFaro estan convirtiendose en una alianza poderosa. Es imposible entrar directamente a Texas sin siquiera empezar una guerra.

Resoplé, negando con odio.

—La guerra empezó desde que Tristan decidió unirse con mi enemigo.

—Tenemos que actuar lento, saber donde atacar.—dijo Strals.

En silencio, estuve de acuerdo.

Seguía mirando a mi mujer. Ella seguía sollozando y con cada uno de esos sollozos y lamentos, mi corazón se quebraba un poco más. No era un hombre que llorara, estaba seguro que apenas podía recordar la última vez que había llorando en el pasado, pero ahora solo sentía esa molesta punzada destras de mis ojos que estaba conectado con mi pecho y parecía querer que soltará mi dolor. Me dolía, dolía tanto tener que alejarla y hacerle pasar por este dolor. Hacernos. Ambos estábamos sufriendo.

Ella no parece sentir el frío o hacer algún intento por abrigarse, pero veo como su cuerpo tiembla y sigue mirando fijamente la lápida sin parpadear.

—Esta congelandose.—digo a nadie en particular.—Strals, necesito que vayas allí y le entregues tu abrigo.

No pienso en mis palabras, incluso aunque me agobia la idea de que este llevando algo más de otro hombre, no quiero que ella enferme. Quiero que esto valga la pena. Ella debe brillar, necesita realizar todo lo que se proponga y no tenerme a mi para limitaría.

—Esta bien.

Observó con detenimiento cada movimiento de Strals, mirando como entrega el abrigo a ella y un segundo después ella levanta la mirada. Parece decirle algo, pero no logro decifrar que es.

Mi pecho se aprieta con un profundo dolor, mientras sigo observandola durante un largo tiempo. Incluso cuando Noah vuelve al auto, ella sigue allí. Inmóvil y pareciendo de porcelana. La observó durante horas, hasta que finalmente se va y puedo volver para regodearme en mi miseria. Eso después de aplastar al jodido sicario que mando Tristán.
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