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"ʟᴏᴠᴇ ᴏɴ ꜱᴇᴀ" [ᴷᵒᵒᵏᴹⁱⁿ] 국민 |OS|

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Summary

Jamás en mi vida había visto algo tan altamente maravilloso, algo tan perfecto, algo tan brillante y destacado entre lo demás. Porque ahí, en la orilla del crucero, visualizando el oscuro mar, acompañado de una dulce melodía de violín junto con olas chocar, estabas tú. Tu figura tan bien formada y tus ojos mieles me atacaban, aquellos labios que cada que notaban mi presencia se dibujaban en una sonrisa, una sonrisa que hacía que mi corazón latiera de forma brutal. Era tan increíble que los dos fuésemos de dos mundos completamente diferentes; tú de la realeza, yo un mesero de lujosos cruceros. → Historia única/corta. → KookMin. → Romance, fluff, ficción.

Genre:
Romance / Adventure
Author:
Miri❇
Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
n/a
Age Rating:
13+

Do you love me?

Nota:

Jeon JungKook (mesero).

Park JiMin, (príncipe de Tailandia).




— Inmediatamente vuelvas del crucero, la princesa Kate Middleton ya estará en el palacio en tu espera — indicó el rey Park, palmeando por última vez la espalda de JiMin, quien con una sonrisa de lado asintió —. Suerte en tu viaje, hijo.

JiMin asintió nuevamente con la cabeza, tomando su maleta por primera vez en su vida, él mismo. La unión con la princesa de Grecia se aproximaba en exactamente dos semanas, mismas que JiMin había pedido para tener un auténtico y hermoso viaje en un crucero en los mares de Costa Rica, donde por cierto, de igual forma había pedido que le diesen la oportunidad de ir solo; sin guardias, o sin personal que estuviese encima de él todo el tiempo. Al principio el rey Park se negó ante ello debido a la posición que su hijo tenía, sin embargo, accedió después de todo debido a la insistencia de su hijo, poniendo como pretexto que en ciertas semanas se casaría y nunca jamás en su vida podría viajar solo.

En pasos lentos se acercó muelle que le llevaba directo a las hermosas escaleras de cristal. Nada raro ya que en su palacio había eso y probablemente más.

Agradeció a uno de los ayudantes del crucero en cuanto tomó su equipaje, quien le dio la bienvenida e inclinó la cabeza en reverencia, sabiendo obviamente de quién se trataba. Escuchó a sus espaldas al capitán murmurar: "Estén muy al pendiente de él". No pudo evitar rodar los ojos ante aquello, estaba sinceramente harto de que le tratasen como una muñeca de porcelana; como si fuese a romperse hasta en el más mínimo golpe. JiMin no gustaba ser lo que era, pero desafortunadamente no era algo que pudiese elegir.

Pasó una mano por su plateado cabello, dando un gran y profundo suspiro a la vez que ingresaba finalmente al crucero, notando que espacio se abría para que él pasara, recibiendo incluso reverencia por parte de los propios huéspedes. Para evitar gruñir tuvo que dar una bonita sonrisa de oreja a oreja, saludando a todos sin excepción para finalmente ingresar.

Rápidamente vio el número de su cabina, dirigiéndose sin esperar algún ayudante o asistente para que le ayudase a llegar. Era definitivo que nadie comprendería que él podía hacer las cosas por su propia cuenta.

Desviando al instante el sabor amargo que se daba en su garganta, llegó a su cabina, la cual en su interior se encontraban dos asistentes del camarote, quien al notar su presencia le dieron reverencia, ambas manos al frente, juntas, en seña de respeto.

—Bienvenido, alteza — murmuró una de ellas, accediéndole la entrada —. Lo hemos arreglado para usted, disfrute su estadía aquí.

—Gracias — JiMin sonrió, recibiendo la tarjeta de la cabina que la chica extendía —. Y también gracias por la bonita decoración.

—Cualquier cosa que necesite, no dude en llamarnos, los números se encuentran en el buró en caso de que algún servicio requiera — indicó la chica, ambas saliendo de forma respetuosa y en silencio de su lugar.

JiMin exhaló, enviando las manos a su cintura, admirando la bonita y bella habitación que se presenciaba. El fresco aire acondicionado fue la temperatura a su gusto, donde fue inevitable no acercarse al cómodo colchón, sentándose en la orilla.

—Perfecto — musitó con una sonrisa, acariciando las sábanas del colchón —. Cómodo y suave, tal cual como me gusta — dijo con una sonrisa, escuchando unos pequeños toques a la puerta. JiMin se levantó, dirigiéndose a la puerta para abrir la puerta.

—¡Lo lamento, alteza! — inclinó la cabeza el mismo chico que había recibido su equipaje, el cual llevaba en sus manos —. ¡Le estuve buscando para traerlo a su cabina pero...!

— Hey~ — JiMin le tomó del hombro para que le mirara, donde al hacerlo, un sonrojo tuvo por parte del chico —. No hay problema, realmente no importa, no tienen que estar encima de mí, al contrario, quisiera que me dejaran disfrutar mi estadía en su bello crucero. Si necesito algo, yo iré a ustedes, ¿sí? — el hombre asintió emocionado, admirando a la vez, la belleza del príncipe —. Perfecto, que lo sepan tus compañeros, ¿me harías el favor?

— Claro que sí, ¿cómo gusta que le llamemos? — preguntó el joven, entregándole el equipaje.

— Me gustaría que todos me hablaran de tú y, que me llamen por mi nombre; JiMin — explicó, manteniendo aquella bonita y preciosa sonrisa que por cierto, el joven seguía sonrojado por ello, donde asintió con la cabeza tímido, permitiendo que JiMin cerrara la puerta, finalmente todos a bordo.




JiMin se sorprendió cuando despertó en el colchón con la misma ropa del día anterior. Miró con los ojos entrecerrados al reloj del buró, pudo notar que eran las diez con treinta y tres minutos. Increíble, primer día de su crucero y él se la pasaba por más de diez horas dormido, pero no se culpó, ya que en el palacio siempre debía estar desde temprano despierto para el control según su padre. Esto era magnífico sin duda alguna.

Se levantó de la cama finalmente para dirigirse al baño de su habitación, en el transcurso quitándose la costosa ropa que su padre le había obligado a llevar. La ropa cómoda y de su gusto por fin se la pondría. Sería la primera y probablemente la última vez.

Terminándose de bañar se vistió, una delgada playera blanca más unos vaqueros negros fue lo que necesitó. Eran apretados, JiMin había se acostumbrado a pantalones de vestir los cuales, siempre eran flojos.

Fantástico, pensó.

Sonrió al mirarse al espejo, abriendo por fin la puerta de su cabina para encontrarse con la señoritas de la noche anterior; las asistentes del camarote.

— B-buenos días, JiMin — una de ellas murmuró con miedo, notando como el chico sonreía.

— ¡Buenos días! — les regresó el saludo, sonriendo alegre —. Gracias por llamarme así, y para la próxima no lo hagan con miedo. Para mí no es falta de respeto.

Las chicas por fin sonrieron, adentrándose a su habitación para hacerle limpieza. JiMin solamente se encargó de irse, dispuesto a desayunar algo porque su estómago rugía de forma feroz. Notó la mirada de mucha gente, y no les juzgaba, la vestimenta en la que se encontraba JiMin era totalmente diferente a lo que él verdaderamente era. Su padre le mataría si se enterase.

Y si así fuera, no le importaba.

Después de tanto caminar y encontrarse con sin fines de lugares como; bares, piscinas, gimnasios, torneos de fútbol y de más, por fin dio a parar a un restaurante. Un restaurante donde tan sólo oler desde afuera la comida, sus piernas se movieron por sí solas a entrar. Quería ver el mar, pero realmente su estómago gruñía molesto y debía alimentarse. En cuanto entró, la poca gente sentada que había en el lugar quiso hacer reverencia pero JiMin negó, al contrario, él inclinándose y saludando con un: "buenos días", para sentarse en una mesa donde una sola silla había.

— Veamos... — tomó el menú del centro de la mesa, rápidamente leyendo. Casi dio un grito cuando notó que su comida favorita se encontraba en el menú, al querer levantar la mirada para llamar al mesero, él ya se encontraba al frente de la mesa con una bonita sonrisa de oreja a oreja, incluso unas arruguitas formándose a los costados — A-ah...

— Buenos días, joven~ — cortésmente saludó el mesero, quien llevaba una playera blanca de vestir de manga larga junto con un corbatín y unos pantalones de pinza negro. Su cabello castaño oscuro se dividía en dos del frente, dándole una apariencia totalmente hermosa, JiMin tragó saliva y parpadeó, regresándole la sonrisa —. Espero sea bienvenido tanto en el crucero como en el restaurante, cualquier inconformidad puede hacérmelo saber. Jeon JungKook y estoy a sus órdenes.

JiMin quedó callado unos breves segundos para mirarle fijamente a los ojos color avellana del hombre, quien de igual forma le miraba con un hermoso brillo cristalino. Ambos conectaron miradas, JiMin con el menú en sus manos y JungKook con una pequeña libreta mientras que con la otra una pluma. JungKook parpadeó una y otra vez nervioso, carraspeando duramente para quitar el congelamiento de la escena.

— ¡Ah! — JiMin sonrió nuevamente, bajando la mirada al menú para fingir que nada ocurría, seguido de señalar con su dedo en un cierto punto de la carta —. Quisiera unas arepas venezolanas.

— Claro que sí — apuntó, sus orejas sintiéndolas calientes — ¿Como inicio le gustaría algo en especial? — JiMin negó, volviéndole a mirar —, de acuerdo ¿algo para tomar? — arqueó una ceja en su espera, volviendo de igual forma a mirarle, escena que nuevamente se repitió durante unos segundos.

— Mm... — JiMin llevó un brazo arriba de la mesa para recargar su codo, seguido de dejar caer su mentón en su propio puño, guiñándole después y de forma coqueta un ojo —. Sorpréndeme.

JungKook se atragantó con su propia saliva, finalmente poniéndose rojo de toda la cara, asintiendo con la cabeza nervioso mientras se dirigía a pedir su pedido. JiMin le miró irse, negando una y otra vez con la cabeza enternecido. Miró la ventana a su lado, presenciándose desde su lugar el bello y enorme mar. El sol estaba fuerte, y se daba a notar en el lugar, pudo notar los bellos rayos cayendo al mar de forma única. Disfrutó unos segundos antes de percatar que en su propio reflejo a través de la ventana, él de igual forma se encontraba con un bello color carmesí en sus mejillas. Agrandando los ojos se tocó las mismas, sintiendo que estaban calientes.

No podía negar que una fuerte tensión se había dado entre él y aquel guapo mesero. Y le había gustado.

— Aquí tiene — JungKook llegó finalmente, dejando una taza de café en la mesa.

JiMin sonrió ante el bello intento de corazón en el café, fue inevitable no mirarle por quinienta vez al joven castaño, quien emocionado de igual forma le miró.

— En un momento le traigo lo demás, ojalá lo disfrute — dijo JungKook, tragado duramente saliva mientras de nuevo regresaba, yéndose de la vista de JiMun.

— Lindo — murmuró JiMin para sí mismo, regresando su vista al café, tomando la oreja de la taza para llevarla a sus labios, sintiendo el exquisito y dulce sabor del mismo revuelto con crema. Definitivamente quería gritar al sentir la bomba de perfección en su boca.

Al minuto, JiMin notó desde su lugar que nuevamente el castaño se aproximaba, ésta vez con su comida favorita, donde inmediatamente babeó al oler el platillo. El restaurante tenía todo tipo de comida, y era entendible debido a los cientos de personas de diferentes lugares en el crucero

Su platillo fue puesto a un lado de su café, donde JiMin sonrió y agradeció con una sonrisa. Teniendo a éste chico frente a él, es lo único que podía hacer, su mandíbula incluso comenzaba a doler de tanto sonreír.

— Eh... — JungKook señaló su propio labio nervioso, indicándole al de cabellos plateados pero no entendía.

— ¿Qué sucede? dilo — se encogió de hombros, restándole importancia para que, después de unos segundos entendiera, soltando una risita tierna — ¡Ya entiendo! ¿tengo espuma del café?

— Sí, eso mismo — asintió JungKook con timidez, volviendo a colocar las manos tras él respetuoso — ¿Necesita algo más, joven?

— Sí — JiMin asintió al instante y JungKook agrandó los ojos en su respuesta —. Límpiame.

JungKook casi cayó al suelo de rodillas.

— Con una servilleta, claro — aclaró JiMin para después volver a reír, incluso sus ojos formándose en una bonita media luna que JungKook amó presenciar.

— Claro que sí, con su permiso — tomó una servilleta de la misma mesa, doblándola en dos para llevar la punta con la ayuda de sus dedos, a los labios de JiMin, aquellos apetecibles e hinchados que JungKook adoró el tacto, donde rápidamente al limpiarle guardo la servilleta en el bolsillo de su pantalón.

— Gracias, joven Jeon JungKook — elevó una elegante ceja, guiñándole después un ojo —. Si necesito algo más, no dudes que te llamaré, gracias.

JungKook sin más y temblando, asintió con la cabeza, dando una última reverencia para alejarse de su mesa.




JungKook sabía con perfección que sólo se tratarían de dos semanas, dos semanas en donde sin duda alguna, los días pasaban de forma lenta, y no sabía si era por el duro trabajo de día con día en el restaurante o, porque las horas con la presencia del príncipe JiMin se convertían en segundos. Al principio, ni siquiera sabía de quién se trataba si no es porque su propio jefe se lo dijo. Por un momento quiso creer que el joven JiMin le coqueteaba, pero al parecer no, todo era parte de que los de la alteza les justaba tratar así a sus empleados. O eso quería creer.

Las dos semanas habían pasado, semanas donde día con día la presencia de JiMin siempre se daba en el restaurante donde JungKook trabajaba; desayuno, comida y, si era posible cena. Hubo veces donde JiMin recibió otros meseros que de igual forma trabajan en el restaurante y él simplemente pedía de manera respetuosa que fuese JungKook quien le atendiera. Era una emoción inexplicable para el castaño, un sentir en su corazón nunca antes dado, incluso sólo esperaba las horas ya contadas para la llegada de JiMin al lugar. Le encantaba llevarlo a la mesa misma de la primera vez, y todo gracias a que en el crucero iban familias, parejas, o grupos de amigos, y al parecer, JiMin era la única persona que se encontraba viajando solo.

Nunca se dio la oportunidad de tener una charla, por más que JiMin quiso iniciar, JungKook rápidamente lo desviaba, y no era porque no quisiera, sino porque, estaba estrictamente prohibido tener ese tipo de cercanía con los clientes o en éste caso, huéspedes del crucero. Quería saber más haya de su nombre y su comida favorita. Quería saber cuáles eran sus colores favoritos, qué es lo que más prefería; si el día o noche. Qué olores le gustaba, cuáles eran sus pasatiempos favoritos, entre millones y millones de preguntas para conocerle.

Pero no, a JungKook le daba en cierta parte miedo.

Aquella tarde, JiMin no había ido al horario de la comida, y era la primera vez que faltaba. Trató de no hacerse de una idea negativa, lo único que esperaba es que estuviese bien. Era el último día del viaje.

— Vaya, vaya — llegó el jefe de los camareros, recargándose en una de las mesas, las cuales, todas sin excepción se encontraban vacías —. Me manda a decir el capitán que, cerremos el restaurante, han organizado un pequeño baile y la comida que se está dando es completamente gratis, es cortesía del príncipe — elevó ambas cejas, frustrado —. Así que, hay que cerrar, mañana a primera hora los espero. Hagan la limpieza para poder irnos. Si gustan pueden ir al baile, sólo que ya saben, no pueden tener encuentros con los huéspedes para evitarnos problemas.

Los meseros asintieron, comenzando sin pensarlo dos veces, a limpiar. JungKook plantó una sonrisa de oreja a oreja, apresurándose para siquiera, mirar al chico desde lejos por última vez.




La noche había caído, las estrellas brincaban en el cielo ante el movimiento del barco, el sonido de las pequeñas olas chocar entre sí encajaban con perfección ante el profesional músico que se encargaba de tocar el violín, donde todos maravillados, le grababan además de darles ánimos ante su bella experiencia. El baile había acabado, sin embargo, la gente no parecía conocer límite, ya que a pesar de todo, seguían pidiendo baladas o musica suave que congeniara ante la bonita noche que ese día se daba.

Muchas personas del crucero habían invitado a JiMin a bailar, por supuesto, chicas, pero siempre se negó, agradeciendo como siempre de manera respetuosa y humilde. Quería esperar, quería esperar para siquiera mirarle desde lejos, JiMin había notado varios empleados caminar de un lado a otro por el baile, era por eso que había pedido que la comida que brindara el pequeño salón, corriera a su cuenta. Pero no, nunca le notó.

Mucha gente le miraba de reojo, y JiMin sabía perfectamente porqué. A él le encantaba vestir de manera elegante, sí, pero a su gusto, no al de los demás. Aquella noche una linda boina se daba en su cabeza, una playera negra cubriéndole hasta el cuello junto con una chamarra negra, los vaqueros negros pegados quedaban a la perfección con sus botines negros. No se veía mal, había que reconocerlo, sin embargo, a la vista de lo demás, no parecía ser así, y realmente no le importaba.

— Oh... por eso no le reconocí.

JiMin miró a su lado, reconociendo al instante aquel guapo castaño. Sus ojos brillaron y jadeó en respuesta, dándole finalmente una bonita sonrisa. Recorrió la mirada al cuerpo trabajado del hombre, quien tenía un pantalón de mezclilla azul y una playera negra de mangas cortas, se sintió tímido.

— Es raro verte sin tu uniforme — dijo JiMin con una sonrisa de lado —. Qué alegría que vinieras, ya es tarde.

— No le encontraba, hoy se ha vestido de forma totalmente diferente, se ve bien, con todo respeto.

— ¿Eres formal aún estando fuera de tu trabajo? — JiMin enternecido preguntó, acercándose.

— Lo soy, y más aún cuando se trata de usted; una apuesto hombre, humilde, educado y considerado con los demás — soltó de repente, tragando saliva cuando JiMin se acercó.

— Háblame de tú, no de usted — se encogió de hombros, sonriendo —. Me alegra que vinieras.

— Me alegra verl... — cerró los ojos con una sonrisa, negando con la cabeza para corregir — verte.

— JungKook... — JiMin le miró a los ojos, su corazón latiendo a mil por minuto y sus manos temblando —, quisiera... — cabizbajo, negó con la cabeza —. No, nada.

— ¿Quieres tomar algo? — JungKook rápidamente cambió tema, encogiéndose de hombros con una sonrisa —. Vamos con mi amigo el barman, te recomendaré unos cócteles que sin duda alguna te encantarán.

— Claro, sí — JiMin asintió emocionado, esperando que JungKook caminara para él caminar a sus espaldas, visualizando la espalda ancha del hombre, sonrojándose al instante para sonreír — No te meterás en problemas, ¿verdad? — JiMin cuestionó con preocupación, sentándose en una de las sillas altas de la barra, mismo acto que JungKook hizo.

— No, tranquilo — eso esperaba.

Pidieron unos cócteles riquísimos en recomendación de JungKook, quien le entregó la copa a JiMin, una copa con un líquido pintado en un hermoso color amarillo, JiMin sonrió.

— El amarillo es mi favorito — dijo con entusiasmo, tomando la copa y rozando sus dedos con los del castaño, donde al sentir la calidez, JiMin tembló para finalmente tomar el recipiente con ambas manos.

— ¿De verdad? los míos son muchos, pero el que más destaca es el azul — elevó su propia copa, la cual era de ese mismo, JungKook se sintió dichoso al notar el temblor en el rubio.

— ¿De verdad? el azul es lindo~ — sinceró, chocando su copa con la del castaño, ambos al mismo tiempo dándole un gran trago al cóctel.

— JiMin...

— Dime, JungKook — JiMin le prestó atención, su corazón latiendo con una gran y fuerte intensidad.

JungKook no podía, lo sabía completamente. No podía declarle sus sentimientos a JiMin, y menos a él, aun príncipe muy conocido y destacado entre los demás. Nunca había creído que el enamorarse consistía en dos simples semanas, no lo creía capaz, pero no iba negar lo que sentía, lo que el chico le hacía sentir con simplemente atraerlo a su mente.

Pero era un amor imposible.

Era sólo una bonita experiencia temporal, no le diría nada, ni siquiera buscaría la forma de contactarlo. JiMin era un príncipe y él un mesero. Jamás en los años que llevaba de trabajo había sentido algo así, sabía con exactitud que era único, irreemplazable, porque incluso su corazón lo reclamaba, le exigía buscarle, tomarle, acariciarle, siquiera... tocarle.

Pero es el único contacto que tendrían; una limpiada de espuma en su boca y, un roce de dedos por pasarse las copas.

— No es nada — dijo finalmente, dándole otro trago a su cóctel, sintiendo en su mejilla izquierda un beso.

La sangre hirvió en todo su cuerpo y sus mejillas se enrojecieron, notando que JiMin a su lado sonreía tímido, ambas manos en medio de sus piernas mostrándose avergonzado.

JungKook sólo llevo la palma de su mano a su mejilla, mirándole.

— Gracias, JungKook — dijo por fin JiMin, comenzando a levantar la mirada para ver a los ojos del castaño. El mar se lograba escuchar desde sus lugares y el violín aún seguía con sus bellas melodías —. Me diste las dos mejores semanas de mi vida, nunca te olvidaré — tomó la copa entre sus manos, dándole un último trago para dejarla sobre la barra, bajando de la silla alta.

— J-jiMin...

— Y lo que tú sientes... — JiMin sonrió, tomándole de hombro, acariciándole —, es mutuo. Cuídate siempre.

JiMin se fue, se estaba yendo. JungKook no podía detenerle, porque sabía que no debía, no era destinado a él, simplemente era temporal, algo de dos semanas, algo de momento que jamás tendría un futuro. Eran de diferentes mundo, dos mundos completa diferentes. JiMin de la realeza, JungKook un mesero de lujosos cruceros.

Al siguiente día que era el fin del las dos semanas, JungKook le miró irse, agradeciendo mentalmente al chico de cabellos plateados, quien con su equipaje en la mano bajó del crucero, su familia recibiéndole con sonrisas y abrazos.

Él... definitivamente tampoco le olvidaría, siempre sería su prioridad por mucho tiempo, o por lo menos, hasta que el sentimiento se fuera. Y estaba bien, todo había sido altamente hermoso.

Las mañanas en el desayuno, en la tarde la comida y, la mayoría de noches de igual forma le acompañaba. Siempre en su vida, le tendría como un recuerdo único y hermoso.

Y finalmente lloró arriba del crucero, despidiendo junto a sus compañeros, a los huéspedes que se dirigían al muelle a sus respectivos hogares, fue cuando pudo notar que JImin volteó sobre sus hombros, una corriente de aire llegó de repente y los cabellos plateados de JiMin chocaron en su bello rostro, aquel rostro que le dio por última vez una sonrisa, con unas lágrimas recorriendo de sus mejillas.

Estaba bien...


Los dos lo estarían...


Ambos habían disfrutado de ello, de aquel bonito sentimiento, de aquello llamado:

Amor sobre el mar.


Fin.





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