Write a Review

"ᴇɪᴇɴ ɴᴏ ᴀɪ" → 永遠の愛 [ᴷᵒᵒᵏᴹⁱⁿ ᶠᵉᵐᵉⁿⁱⁿᵒ] |ᴼˢ|

All Rights Reserved ©

Summary

Eran tus dos perlas doradas lo único que necesitaba ver para llenar el hueco que en mi corazón se formaba cada que te ibas. Era tu hermoso cabello rubio quebradizo lo que necesitaba oler para comprobar que fueses real y no una de las tantas alucinaciones que constantemente se daban. Necesitaba ver tus hermosos labios rosados sonreír al notarme, que de tu boca saliera aquella angelical y dulce voz que me provocaba un enorme estremecimiento de pies a cabeza. Necesitaba sentirte, saber que eras real, que tú no te irías, que tú no me abandonarías, que tus te amo fuesen siempre con completa sinceridad, porque ya no soportaba siquiera tenerte un día más lejos de mí, era una necesidad completa el tenerte eternamente para mí. → Historia completamente mía. → KooKMin femenino. → Jk top! →Jm bottom! →Drama, fluff, romance.

Genre:
Romance / Drama
Author:
Miri❇
Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
n/a
Age Rating:
16+

Capítulo único

— Lo lamento, JungKook... pero me enamoré.

La mencionada quería siquiera asimilar aquellas duras palabras llenas de desamor pero con completa sinceridad, quería comprender el porqué después de estos veinticuatro años que la vio crecer año tras año, ahora le dejaba, ahora le decía que ya no quería absolutamente nada con ella. Que se había enamorado, que le había olvidado, que solamente había sido una confusión en los anteriores años, que nunca sintió un verdadero amor por JungKook, sino una simple atracción que terminó dañando a la castaña.

JungKook sólo se atrevió a sonreír, sus labios temblaron por el llanto que se acumulaba duramente, aquel bonito natural color carmesí que siempre resplandecía en sus labios, ahora había disminuido, porque incluso su cabeza comenzaba a doler y el mareo por aquella dolorosa confesión llegaba abruptamente.

JungKook la amaba, la amaba con toda su alma porque fueron demasiados años en conocerla, la vio desde pequeña correr por su bosque del cual, tenía que proteger por orden de su madre naturaleza. JungKook no envejecía, su edad no existía porque no era necesaria. La habían creado así tal cual, dando la edad de aproximadamente veinticinco años, cuando en realidad, llevaba cientos de años cuidando el hermoso lugar. La pequeña Jin le había enseñado las caricias de los humanos, le había demostrado que no todas las personas eran monstruos como para dañar su ambiente. JungKook se había enamorado de eso, de esa magnífica actitud y personalidad que sólo Jin podía tener.

¿Pero qué había pasado?

JungKook ahora se encontraba de frente con su enamorada, quien con seguridad y sin mostrar un gramo de inocencia, le había confesado que se había enamorado de un chico, un guapo chico y que lo de ella y JungKook sólo había sido temporal, algo pasajero, una confusión que tuvo de momento por haberla tenido desde pequeña.

Jamás lo olvidaría, había sido un seis de diciembre cuando la pequeña Jin corría tiernamente en su bosque, besando las húmedas hojas y riendo cuando el agua le mojaba sus bonitos labios carnocitos. JungKook se había vuelto su amiga, su compañera, anualmente se veían y una semana completa convivían sin parar. Los padres de Jin solían visitar aquel templo y la pequeña Jinnie siempre se escapaba para ver a su amiga. Luego se despedían y hasta el otro año se reencontraban. Así fue, y todo era simplemente una bonita amistad, pero la amistad se esfumaba y el supuesto amor que había nacido lindamente entre ambas se daba. Jin crecía, su mente se abría, no podía negar que JungKook era realmente atractiva y aquello fue desde siempre.

Año tras año el amor parecía aumentar de manera preciosa, donde ambas incluso habían compartido tiernos besos y encuentros realmente únicos difíciles de reemplazar. Y lo peor de todo, era que justamente el año pasado Jin le había prometido que estaría con ella siempre, que le sería fiel a lo que juntas habían formado, pero ahora, Jin se encontraba segura y con un bonito vestido de dolor rosa pastel, las bonitas zapatillas de tacón bajo la hacían verse totalmente preciosa, más de lo que ya era. Sus cabellos rubios seguían estando tan bien cuidados y brillosos, era como si los rayos del sol la alumbraran específicamente a ella, como si hermosamente la propia naturaleza supiera que ella era perfecta para su vida, pero no, no era así, porque de hecho JungKook ya se encontraba con un profundo nudo en la garganta, su bonita túnica blanca y sus pies descalzos sobre la tierra, aunque verdaderamente no sentía nada de su cuerpo. Estaba fría, porque ella había sido la primera persona que había amado, y juraba que sería la única...

— ¡Cariño!

Jin volteó sobre sus hombros con una sonrisa, notando que se trataba de su pareja y un bulto cargando en su brazos.

— Se llama TaeHyung, lo conocí en el trabajo, tenemos una hija — soltó Jin segura, decidida, no mostrando un gramo de compasión ante los sentimientos de la castaña, quien por cierto soltó un jadeo tras escuchar eso, llevando rápidamente una mano a su boca.

— ¿T-tienes... una hija? — JungKook cuestionó con un terrible dolor naciendo en su corazón, un dolor tormentoso y lastimero que dudaba mucho que se fuera, un dolor que estaba segura que moriría con ello.

— Sí, él no sabe lo que pasó con nosotras — asintió Jin sin dejar de mirar a su pareja, la cual finalmente llegó a su lado, estrellando sus labios con los de la rubia — Tae, ¿recuerdas de la amiga que te platiqué?

Amiga... ya no era su conejita.

Taehyung asintió con una bonita sonrisa, mirando a la castaña.

— Es ella, se llama JungKook — tomó a la bebé en brazos, acercándose a la castaña —, Kookie, mira... es mi pequeña.

JungKook realmente quería llorar, quería arrodillarse y rogarle porque no se fuera, que ella realmente la amaba y dudaba mucho seguir en vida sin ella, que no soportaba siquiera que aquel hombre la besara, porque de tan sólo pensar que la había tocado... unas terribles e interminables náuseas llegaban de repente.

— E-es linda... — respondió JungKook, mirando en todo momento a los ojos color avellana de Jin.

— Ni siquiera la has visto — rió un poco, rodando los ojos para descubrir la manta de la pequeña, mostrándosela finalmente —. Vela.

JungKook con miedo y temblorosa bajó la mirada. Si era sincera no quería verla, no quería conocer a una pequeña donde el amor de su vida y un desconocido habían creado. No quería saber nada, sólo quería hundirse en aquella fría cascada y llorar para siempre, aquel hermoso y único lugar donde estaba dispuesta a pedirle a Jin que se quedara con ella a vivir en el bosque. Que nada le faltaría, aquel lugar en donde trescientos sesenta y cinco días planeó para aquello. Ahora sólo era parte un deseo y ya, un deseo que jamás sería cumplido.

Pero entonces al ver a la bebé, su corazón comenzó a latir con más calma, no podía negar que era un mismísimo ángel recién caído del cielo. Aquellos bonitos pero graciosamente hinchados párpados cerrados, le dio de alguna forma ternura. Sus labios a pesar de ser una recién nacida, eran parecidos a los de su madre, sólo que más rosados y levemente más esponjosos. Los ojos de JungKook brillaron y su boca se abrió para forma una sonrisa, tontamente llevando un dedo a la bonita mejilla de la bebé.

— Es hermosa — dijo JungKook, ahora viendo a la bebé, admirando su ternura con demasía.

— Cariño — Jin le habló a TaeHyung, quien le miró atento —, ¿me esperarías en el templo? en un rato te alcanzo.

— Claro, amor — sonrió el pelinegro, dando una reverencia a JungKook —. Mucho gusto, señorita. Con permiso.

Taehyung se alejó después de que JungKook le sonriera y de igual forma haciéndole una reverencia, entonces inmediatamente escuchó a Jin hablar.

— Conejita, lamento esto... — bajó la mirada triste, arrullando a su bebé —, sé que te di falsas esperanzas, y no merece esto alguien como tú — JungKook le prestaba atención, la tristeza llegando nuevamente —. Pero me di cuenta que si me quedaba contigo... ¿en un futuro qué me esperaría? yo envejecería, tú seguirías con tu mismo aspecto, ya no me amarías, todo acabaría mal...

— Primero — JungKook le cortó, endureciendo la voz —, es sorprendente que pienses por los demás sin antes saber lo que verdaderamente tienen pensado hacer — soltó molesta, volviendo la mirada a la bebé para sonreír de lado —, y en segunda, ya no des explicaciones, ya es tarde de todas formas.

— Quiero seguir viéndote, conejita — murmuró Jin, mirándole a los ojos —, quiero que JiMin te vea y te conozca, que seas una buena tía para ella, que le muestres el bosque como a mí me lo mostraste.

— ¿JiMin?

— Es el nombre de mi pequeña — sonrió, escuchando un quejido por la bebé —. Se llama JiMin, mi pequeña masita.

— Si es lo que realmente deseas... — JungKook negó con la cabeza, cerrando los ojos por un momento para después asentir —. Está bien, me volveré una gran tía...

———— ♠ ————

El año completo había sido una tremenda y fuerte tortura para la castaña. Recordaba a la perfección la peor maldita escena de su vida, no quería siquiera volverla a imaginar porque su corazón dolía, su cuerpo se dejaba caer constantemente en el pasto para soltarse a llorar. Su largo cabello castaño se ensuciaba por la poca tierra que había en el lugar, y eso sin mencionar su túnica blanca que ahora estaba hecha polvo y maltratada. El propio bosque se había nivelado a su emociones, a su sentimiento y por supuesto a su sentir. Algunos árboles se habían secado a pesar de seguir con vida. La cascada se había enfurecido de forma peligrosa, ya que sus corrientes eran terriblemente fuertes que se temía siquiera meter un pie al agua; la corriente parecía llevarte. El pasto ya no era verde. Era amarillo. En plena primavera. JungKook no podía creer cuán descuidado tenía todo, pero realmente no podía desviar el dolor y sufrimiento que en su pecho resguardaba.

Levantándose del pasto seco, se acercó a la cascada.

No podía, ya no podía vivir.

Sabía que al final del río un enorme vacío había y caías sobre grandes rocas que pudiesen matarte. Y así lo había elegido JungKook, porque incluso no había sido suficiente tener que cargar con la responsabilidad que su madre naturaleza le había brindado. No merecía ser dueña de un bosque tan precioso.

Quitándose la túnica blanca, la dejó caer al suelo, sus pies descalzos y las hondas de aire chocando de forma feroz con su rostro, provocó que le diera una corriente de frío. Su bonito cabello lacio se movía hacia atrás producto del aire que la propia cascada enfurecía. Bajo la túnica siempre tenía dos telas cubriéndole su parte íntima y sus bien desarrollados senos.

La madre naturaleza se lo había dicho: si tú estás feliz, el bosque será feliz, si estás triste, el bosque estará triste, si estás enojado, él también lo estará, si mueres, el bosque morirá.

Ahora entendía porqué el agua aumentaba la velocidad con su corriente, ahora entendía incluso porqué la tierra parecía moverse ante la fuerte caída que el río daba.

Llegó a la orilla, dispuesta a dar un paso para entrar al río, pero entonces se dio un pequeño grito de bebé, provocando que mirara sobre sus desnudos hombros, su cabello castaño moviéndose por el acto.

Al mirarle detalladamente pudo reconocer al instante aquella bonita bolita de arroz que hacía a penas un año había conocido. Jamás olvidaría aquellas bonitas mejillas que ahora estaban totalmente rojas por el probable esfuerzo que se había dado la pequeña en querer caminar.

Sonrió, sonrió tranquila mientras se acercaba, recibiendo a la pequeña de cuclillas, tomándole de sus regordetas manitas, sintiendo al instante lo suave que eran.

— ¿Qué haces aquí? — JungKook preguntó incrédula, como si la pequeña le fuese a contestar, quien sólo rió y se acercó hasta llegar al rostro de la castaña, rasguñando con su filosas uñas el mentón de JungKook — Auch, duele, ¿sabes?

— ¡Kook! ¡estás con ella! — Jin llegó y se dejó caer al pasto de rodillas tras la pequeña, abrazándola desesperadamente —, niña loca, ¿cómo es que corres tan rápido?

Le estaba viendo nuevamente. JungKook la miró de reojo, tragando duramente saliva mientras se levantaba del suelo.

— ¿Qué clase de madre eres para dejar a la pequeña sola? — JungKook soltó molesta. La verdad no quería imaginarse a dónde hubiese parado la pequeña si hubiera saltado a la cascada.

— L-lo lamento... entramos al bosque y quería ver las rosas rojas que siempre me mostrabas pero vi que estaban marchitas, me sorprendí, jamás en estos años el bosque había estado tan apagado. Entonces al voltear noté que JiMinnie se había ido. Debió ser el ruido de la cascada lo que llamó su atención. Gracias, Kook...

— Sé más cuidadosa, Jin — le regañó aún molesta, notando que Jin se levantaba con la pequeña JiMin en sus brazos, quien se retorció para querer ir con la castaña.

—L-lo lamento, de verdad lo lamento — cerró los ojos, arrullando a la pequeña —. Recién comenzó a caminar, y quería que vieras cuánto ha crecido. Nunca imaginé que corriera tan jodidamente rápido.

— Lindo gesto, gracias por traerla — soltó con sinceridad, sonriendo mientras estiraba los brazos a la pequeña — ¿Quieres venir, dulzura? — la pequeña sonrió, saltando entusiasmada mientras se aventaba a la castaña. Jin rió, mirando la bonita escena.

— Tal parece que te recuerda...

— No lo creo — JungKook comenzó a besar sus mejillas, provocando risitas en la pequeña.

— Los niños son inteligentes — Jin se encogió de hombros, detallando la escena —. La tratas como a mí de pequeña...

JungKook borró su sonrisa, poco a poco enfocando la mirada con Jin, quien aclaró duramente su garganta mientras se tomaba el pelo, enrollándolo en su dedo índice nerviosa.

— P-perdón, no debí...

— No, no debiste. Agradecería que no compares absolutamente nada, Jin — la mencionada cabizbaja asintió, apretando sus labios nerviosa —. De Todas formas, regresa mañana, ¿sí? se quedarán la semana completa, no olvides en traerla, jugaré con ella y le enseñaré el bosque.

Jin asintió con una sonrisa, elevando la mirada, notando que JungKook seguía besando la cabellera rubia de su pequeña además de sus mejillas sonrojadas.

———— ♠ ————

— Who... are... you...? cause you're not the girl I fell in love with, baby...

Who are you? Cause something has changed... you're not the same, I hate it

Oh, oh-oh, I'm sick of waiting for love, love... Oh, oh-oh, I know that you're not the one, one...

Cantar era una de las miles cosas que JungKook adoraba hacer en sus ratos libres en el bosque, y tener a la pequeña JiMin frente a ella, mirándole maravillada con una sonrisa resplandeciente, se estaba volviendo parte de sus pasatiempos favoritos. Exactamente diez años habían pasado, diez años donde año tras año Jin iba con TaeHyung y JiMin al templo, su estadía era de una semana y nuevamente regresaban a la ciudad.

La herida había sanado, no del todo cuando JiMin se iba y Jin volvía a sus pensamientos, pero entonces volvía, su mirada bonita llegaba y por arte de magia la hacía olvidar todo.

JungKook la adoraba, era una niña encantadora que siempre había gustado de estar con ella. Aún recordaba cómo en los años anteriores la pequeña JiMin había literalmente llorado al encontrarse en una zona repleta de luciérnagas, que tanto había sido el miedo que se colgó del cuerpo de la castaña, quien enternecida sólo se dedicó a reír.

Ahora JiMin tenía diez años, la pequeña se encontraba frente a ella admirándole. JungKook cantándole desde lo más profundo de su corazón y JiMin feliz de escucharla.

— Cantas hermoso, Ggukie — halagó la pequeña, aplaudiendo cuando JungKook sonrió avergonzada ante el acto. Ese bonito apodo le había brindado y lo amaba con toda su alma. Ella era su Ggukie y la pequeña su princesa.

— Eres un ángel precioso, ¿lo sabes, princesa? — JungKook se paró del verde césped, estirando sus brazos para tomar las manos de JiMin, ayudándola a levantar.

— ¡Lo sé! — sonrió, cruzándose de brazos mientras inflaba el pecho orgullosa, cerrando inclusive los ojos —. Soy un ángel al igual que tú, Ggukie.

— ¿A dónde te gustaría ir ahora? — se agachó a la altura de JiMin, retirando mechones de cabello dorado de su frente.

— Mm... ¿Y si vamos donde están las buganvillas? — sugirió JiMin pensativa, donde JungKook sin atreverse a pensarlo dos veces asintió, tomando a la pequeña de la mano para caminar junto a ella.

————— ♠ —————

Los años seguían, el tiempo cambiaba, JungKook era realmente feliz y por fin se había olvidado de algo que creyó jamás se olvidaría, que moriría con aquel dolor, que tendría que pasar llorando todos los días de su vida y llevarse al bosque consigo, así tal cual como había sucedido el primer año, el primer año antes de que llegase una pequeñita a su vida, y ésta vez no se trataba de Jin.

Había adquirido un hermoso cariño por la pequeña JiMin —que ahora, realmente ya no era pequeña—, su edad había alcanzado los quince años, quince años de conocerla, quince años donde en el transcurso pudo disfrutar verla crecer, verla formarse como toda una señorita de gran carácter y suficiente madurez para su edad.

desafortunadamente aquel año Jin y TaeHyung no habían ido, JungKook les esperó, esperaba ver a JiMinnie para mostrarle la zona de mariposas monarcas de duramente estaba en su temporada e invadía hermosamente el bosque, pero no, no habían ido, y JungKook se sentía terriblemente dolido y preocupado. Nunca en los años desde que Jin estuvo pequeña, había estado ausente un año, era la primera vez y de alguna forma le causaba un revoltijo a la castaña.

Creyó que no volvería, que Jin se había mudado con su familia a otro lugar y jamás volvería ver a JiMin. Sí, la amaba, la ama con todo su corazón porque JiMinnie a diferencia de Jin, se quedaba a dormir en el bosque con JungKook, le encantaba estar los siete días de la semana pegada a ella, y JungKook no se negaba y se encontraba sinceramente feliz en su compañía. No podía decir si era un amor como con el que se dio con su madre, y esperaba que no. No quería lastimar a su pequeña y por supuesto, no lastimarse ella.

Al siguiente año, donde se suponía JiMin ya tendría dieciséis, vaya fue la sorpresa que llegaron, sólo que ésta vez, a diferencia de que sólo viniese JiMin sola, a sus espaldas de encontraba Jin, un bonito vestido blanco que le llegaba a la altura de sus rodillas mientras que, la pequeña rubia un precioso short negro y una playera blanca de mangas largas, mostrándose un lindo collar plateado con una mariposa colgando. Ambas descalzas y acercándose a JungKook.

La castaña soltó un suspiro de alivio, levantándose rápidamente para correr hacia ellas, específicamente hacia JiMin, quien de igual forma corrió y ambas acortaron la distancia para darse un abrazo. A pesar de que la pelirrubia hubiese crecido, JungKook seguía siendo más alta, y eso permitió que la chica entrara en su cuello, respirando aquel característico aroma del bosque, aquel aroma que JiMin había echado de menos y se permitió a quedarse así, apretando entre sus brazos a la castaña.

— Princesa... ¿por qué no viniste el año pasado? — JungKook cuestionó triste, oliendo su rubio cabello, un aroma delicioso a frutos rojos se daba, provocando que cerrara los ojos y disfrutara de su esencia.

— Te echamos de menos — sinceró Jin, quien a espaldas de JiMin se detuvo, manteniendo ambas manos juntas, se veía nerviosa, JungKook lo notó.

— Jin — JungKook abrió los ojos, aún sin soltar a la rubia —, veo que te pintaste el cabello de negro, te ves bien — la mencionada sonrió, asintiendo con la cabeza mientras pasaba su cabello tras su oreja, aclarando la garganta.

— Gracias, conejita... — musitó, comenzando a parpadear rápidamente —, y no vinimos el año pasado porque... TaeHyung y yo nos separamos.

JungKook quedó sin palabras, incluso resaltando levemente los ojos para separarse de JiMin, inmediatamente acunándole el rostro, preocupada.

— Princesa, ¿te sientes bien? ¿te afectó mucho?

Jin frunció el ceño molesta, incluso abriendo la boca en seña de ofendida, negando con la cabeza mientras empuñaba las manos.

— ¿Es en serio? — Jin negó —. Agradezco que sientas preocupación por JiMin, ¿pero en serio no preguntarás cómo me siento yo? — cuestionó molesta, llamando la atención incluso de su hija, quien abrió los ojos sorprendida, pegándose al cuerpo de la castaña, quien por cierto comenzó a acariciarle el cabello.

— No es que no importe, pero sinceramente me preocupé por cómo pudiese haberse sentido JiMin. Es su padre, y tengo entendido que eran unidos.

— Estoy bien — JiMin le sonrió, tomándole de las manos para sonreírle —. Papá viene a verme los fines de semana y nuestra unión sigue igual, pero mamá... — bajó la cabeza, borrando su sonrisa.

— No, no... — JungKook le tomó del mentón, haciéndola que levantara la mirada —. No te sientas culpable sobre porqué las cosas entre ellos cambiaron, ¿vale? debes entender que son problemas de pareja, de ellos dos, y tú no tienes absolutamente nada que ver... — dijo, ahora mirando a Jin, quien al parecer seguía molesta, respirando con fuerte intensidad mientras lágrimas se acumulaban en sus ojos —. Jin, lamento lo que te sucedió, eres una buena mujer, y sé que encontrarás a alguien que de verdad te valore como persona y te ame hasta el final de los tiempos. Esto debía pasar y pasó por algo, tómalo así.

Jin cerró los ojos, negando una y otra vez con la cabeza, comenzando a sollozar. Ella esperaba siquiera un abrazo de su parte, un abrazo de la primera persona de la que se enamoró, sin embargo no era así, porque se encontraba abrazando cálidamente a su hija, a su propia hija quien se veía feliz en sus brazos.

— Me voy... — dijo Jin, limpiando sus lágrimas —. JiMin, iré al templo, vuelve a tiempo si es que te quedarás toda la semana con ella.

— Sí, mamá, disfruta del templo — deseó la rubia, tomando la mano de JungKook con una resplandeciente sonrisa, jalándola hacia el bosque — ¡Ggukie, llévame a las luciérnagas ésta noche!

— ¿Ésta noche? ¿Luciérnagas? — la coqueta de JungKook arqueó una ceja incrédula, su cuerpo siendo jalado por el de la más baja — ¿Es que acaso ya no les tienes miedo?

— ¡No! ya no, o eso espero...

Ambas se fueron riendo, adentrándose al bosque hasta que las dos siluetas se perdieron. Jin sólo se atrevió a observar en silencio, las lágrimas cayendo por sus mejillas mientras que los sollozos se volvían constantes, su corazón dolía y vaya que sí, porque se dio cuenta que la había perdido, y sí, que también había sido una tonta por elegir a alguien que con el tiempo le haría daño.

————— ♠ —————

Los siguientes años tal parecía que la unión se forjaba más, ya que JungKook y JiMin pasaban más tiempo juntas. La rubia le hablaba todo el día de lo que en su vida se daba, que en la escuela habían muchos chicos guapos que le hablaban o pedían salir con ella, pero siempre les rechazaba porque los consideraba unos patanes que sólo la buscaban con una sola intención, y obviamente no estaba dispuesta a pasar por ello.

Y JungKook ya no podía negarlo, simplemente ya no, la pequeña la atraía, era su vulnerabilidad, su punto débil que verdaderamente no esperaba que algo le sucediera o enloquecería.

La amaba, era encantador presenciar aquellas dos hermosas perlas doradas en sus ojos. Sentir esos carnosos y suaves labios en su mejilla cada que se atrevía a besarle. Su aroma era delicioso cada que iba al templo a ducharse para volver con ella. Su único e inigualable aroma de frutos rojos se había vuelto su esencia favorita. Y no podía pedir absolutamente nada más en la vida que su presencia.

JiMin crecía, su edad ya era de diecinueve años, y realmente le sorprendía que siguiese manteniendo aquella hermosa y única personalidad. Era tierna, hermosa. Sus piernas eran largas y anchas, JungKook se volvía loca cada que la rubia iba con esos bonitos short y esas playeras escotadas donde sus pechos resaltaban. No podía negarlo, la mujer era sexy, tremendamente sexy a decir verdad. Trataba de no verse morbosa, porque realmente no era algo relevante su cuerpo, no quería verlo a cada rato pero era imposible muchas veces. Agradecía a todo cuando JiMinnie iba muy cubierta y con ropa floja.

Una mujer es arte, y JiMin no era la excepción.

Aquel año, su edad ya era de veinte, y JungKook la esperaba feliz para llevarla por primera vez a la cascada. Nunca solía dirigirla al lugar porque además de ser un lugar levemente peligroso si no sabes nadar, eran recuerdos falsos que alguna vez había deseado tener con su madre. Pero ahora, aquello estaba sepultado, y no volvería jamás.

En medio del bosque, sentada en el césped, JungKook mantenía un hermoso girasol en su mano. Acariciaba con la mayor delicadeza posible cada uno de los pétalos, incluso sonriendo enamorada porque sabía que aquel día JiMinnie vendría, su hermosa y grande princesa vendría, de sólo pensarlo su corazón latía peligrosamente.

Pero entonces saltó cuando notó que a su lado se sentaba Jin, quien vestida con un hermoso vestido largo de color azul turquesa, le sonrió, pasando su cabello hacia atrás.

— Hola, conejita — le saludó, notando que la castaña fruncía el ceño y miraba hacia atrás, en busca de la rubia —. JiMin está dormida, llegó del viaje casada y se quedó dormida inmediatamente que llegamos — explicó, haciendo que JungKook sonriese.

— Qué alegría, es bueno que descanse después de tan largo viaje — soltó JungKook con alivio, regresando la mirada a Jin, dejando el girasol encima de su túnica blanca, en sus piernas — ¿Cómo estás?

— Bien — sonrió tranquila, mirando el verde pasto —, la verdad es que, lo de TaeHyung ya no es algo que me afecte ni nada... pero si vine yo sola contigo es porque hay algo que me inquieta — JungKook frunció el ceño confundida, leves mechones de cabello castaño le cubrían su bonito rostro, Jin sonrió de lado, suspirando ante eso —, seré totalmente directa... ¿Estás enamorada de mi hija?

JungKook palideció, porque incluso sus ojos los resaltó ante la brutal noticia, abriendo la boca para después cerrarla, desviando la mirada al pasto, no encontrando un punto fijo en qué concentrarse. Su corazón bombeaba rápidamente y la presencia de Jin junto con su pregunta la hacia querer correr y huir.

— Veo que sí — dijo Jin nuevamente, soltando una pequeña risita — ¿Ves a lo que me refería? — le cuestionó ruda, llamando la atención de JungKook.

— ¿De qué hablas? — preguntó dudosa.

— ¡Tengo cuarenta y cuatro malditos años! — exclamó furiosa, comenzando a llorar — ¡Tú jamás hubieses seguido con una persona como yo! ¡te hubiera dado asco! ¡me habrías dejado de amar con tan sólo ver mis cambios! ¡no hubiera existido un fin entre nosotras!

— No, Jin... — JungKook soltó una risita incrédula, negando con la cabeza —. Si hubiese estado contigo, te habría amado hasta el final de los tiempos, te hubiese dado el amor que bien mereces y te habría hecho infinitamente feliz. Por mucho que hubieses envejecido, te habría amado hasta la muerte.

Jin lloraba, las lágrimas caían feroces sobre sus mejillas y sorbía la nariz de vez en cuando, el llanto no podía parar. Las manos las había empuñado sobre el pasto aún sin dejar de mirar a JungKook, quien de igual manera le miraba.

— ¿Entonces por qué me dejaste de amar? — preguntó Jin, llevando las manos a los hombros de la castaña, acercándose a su rostro.

— Porque me rompiste el corazón — respondió JungKook sin miedo, dirigiendo ambas manos a las de Jin, bajándolas lentamente —, y tú hija me lo ha curado, le volvió a dar vida — se levantó del suelo, incluso dejando que el girasol cayera para después comenzarse a ir, adentrándose al bosque. Jin sólo se quedó llorando, queriendo aceptar la peor pérdida de toda su vida.

——— ♠ ———

JungKook después de aquella amarga mañana, había tomado una siesta, en donde al despertarse quiso ir a la cascada para tomar un baño. Su túnica la había lavado hace ya tiempo atrás, así que sólo se dedicó a comenzar a desprenderla, pero sus actos pararon cuando en la orilla de aquella enorme y peligrosa cascada se encontraba alguien sentada, alguien en un bonito traje de baño color amarillo. JungKook horrorizó, corriendo porque sabía que era JiMin quien estaba ahí. Exclamó a todo pulmón su nombre y JiMin le miró sobre sus hombros coqueta, su suave, quebradizo cabello rubio se movió precisamente a la hora que volteó, alterando al instante el corazón de JungKook, quien ya había llegado para caer a su lado.

— Joder, princesa... — JungKook soltó un jadeo, recuperando el aire —. Te he advertido que jamás vengas a la cascada sola...

— Perdón, Gguk — JiMin se encogió de hombros tímida, levantándose de la piedra sensualmente, moviéndose de lado a lado para mostrarle — ¿Qué tal? ¿te gusta?

JungKook le miró desde abajo con la boca ligeramente abierta. Era imposible no ver aquellas hermosas y largas piernas. Su cintura era delgada, su vientre era totalmente plano y la daba la curva perfecta a sus caderas. Sabía que si miraba más arriba iba tener un derrame nasal porque sabía que su chica tenía un majestuoso y exquisito cuerpo, así que sólo se decidió a cerrar los ojos, levantándose de igual forma para mirar la cascada, sonrojada.

— ¿P-por qué viniste vestida así? — cuestionó JungKook nerviosa, tragando saliva duramente —. C-claro, no es que me moleste, pero... es la primera vez que vienes así.

— Lo sé, lo lamento — envió ambas manos juntas a sus glúteos, sonriendo tímida —. Quería entrar a la cascada contigo, desde niña siempre tuve ganas. Además, no me contestaste la pregunta.

— Te ves hermosa, princesa. Lo sabes, no hay necesidad de decirlo porque ya deberías saberlo.

— Entonces mírame, Gguk — pidió JiMin, su voz sensual presenciándose.

— V-vayamos a la cascada, ¿te parece? — sugirió JungKook, mirando lentamente a la rubia, quien victoriosa sonrió y asintió con la cabeza. JiMin giró para dirigirse a la parte más baja de la piedra para entrar con JungKook, quien por cierto desvió la mirada cuando notó aquel bonito cuerpo frente al suyo — mierda — bufó molesta, negando con la cabeza mientras se dirigía con ella.

Se sentía mal por tener ese tipo de pensamientos con su niña, se suponía debía protegerla y amarla, no querer ser algo más. Debía cumplir la promesa que ella misma se había hecho de jamás decirle a JiMin lo que sentía, y que si ésta llegase con un chico lo aceptaría totalmente. Porque la amaba y lo que ella amara sería respetado.

JiMin entró a la cascada y JungKook quitándose la túnica quedó en sus dos prendas cubriéndole las partes íntimas. Ahora que lo recordaba, sería la segunda vez que se mostraría de aquella manera ante JiMin, la primera había sido cuando la encontró de bebé, antes de querer saltar por la cascada. No estaba avergonzada, no era algo que ocultara porque sabía que JiMin la veía de una forma probablemente maternal o familiar. Y estaba bien, lo aceptaba.

Al entrar sintió lo fría de ésta, era deliciosa, estaba en su totalidad acostumbrada a la temperatura, y tal parecía que JiMin igual, porque a pesar de la leve corriente que había, ésta nadaba excelente, acoplándose al agua.

Ella estaba feliz, probablemente por eso la cascada estaba feliz.

— Ggukie — JiMin le habló, notando su cuerpo semidesnudo — ¡No sabía que tenías esos atributos escondidos! — resaltó los ojos, admirando su cuerpo —. Sabía que eras un bombón, pero no a tal grado.

JungKook rió, acercándose.

— ¿Qué te ocurre, dulzura? — preguntó con gracia, nadando hacia ella —. Hoy estás más coqueta de la normal, ¿sucedió algo? ¿quieres contarme algo?

JiMin nadó hasta llegar a ella, enredando sus piernas en la cadera de JungKook mientras de igual forma, sus manos la enrollaba al cuello de ésta. La castaña sonrojó, agarrándola de la cintura.

— ¡J-jiMin! — tartamudeó JungKook nerviosa, ida y sin palabras de lo que estaba pasando. El cuerpo de JiMin se sentía muy bien al rozar con el suyo bajo el agua, pero se sentía mal por ello, porque estaba rompiendo la promesa que ella misma se había puesto.

— Así bajo el agua no peso, ¿cierto? — JiMin miró a JungKook desde la leve altura, enterneciendo cuando notó que ésta estaba completamente roja —. Te ves linda sonrojada — sus manos que sostenían el cuello de JungKook, fueron subiendo hasta llegar a su cabeza, donde plantó un tierno y cálido beso en su frente para después, pegar su cabeza en sus propios pechos, acariciándole la coronilla —, tierna, tierna, muy linda, Ggukie~.

JungKook ya no pudo, ya no podía, su parte baja cosquilleaba y sus manos temblaban en tocar algo más que sus simples caderas, y eso no podía permitírselo. JiMin la amaba, pero no de la misma forma.

— ¡Dulzura, basta! — separó a JiMin sin tratar de lastimarla, mirándola a los ojos — ¿qué te sucede? ¿por qué haces esto?

— Estoy celosa...

JungKook poco a poco le soltó, frunciendo el ceño confundida para encogerse de hombros, pasando un mechón de cabello tras la oreja de JiMin, queriendo ver con claridad su rostro, el cual se encontraba cabizbajo.

— ¿Celosa? ¿por qué lo estarías? — JungKook por fin preguntó, aún mirando con fijación al rostro de la rubia, quien comenzó a sollozar y levantó la mirada ruda, tomándole de las mejillas para jalarla y estrellar sus labios con los de ella. JungKook palideció, su corazón bombeando como loco, queriéndola separar pero se dejó llevar, se dejó consentir por aquellos delicioso labios que se movían en sincronía y a la perfección con los suyos, sus labios se movían de forma lenta, tortuosa, JungKook no podía cerrar los ojos porque temía a que fuese un sueño, pero no, no era así, frente a ella estaba la propia JiMin besándole, apretándole y pegándose a su cuerpo.

Fue luego que después de un eterno minuto JiMin se separara, sin dejar de soltar el rostro de JungKook.

— Mamá me contó lo de ustedes — confesó con la mirada hacia el agua, frunciendo el ceño molesta —. No me gustó lo que te hizo, me enojé con ella por lo que te hizo y todavía tuviese el descaro de presentarte a mi papá y a mí.

— Dulzura...

— Déjame hablar, JungKook — interrumpió, llamándole por primera voz a su nombre, provocando que la mencionada temblara, sus ojos comenzando a picar —. De verdad lamento lo que te hizo, no sé si me odiaste cuando me conociste. Soy hija de la persona que amaste y de un hombre que te la arrebató, de verdad... lamento eso, Gguk... — comenzó a sollozar, negando con la cabeza —, lamento éste beso pero, te amo... te amo y ya no me lo puedo callar.

— También te amo, dulzura...

— ¿Me amas de la forma en que yo te amo? — cuestionó directa, mirándole a los ojos con una ceja alzada, sus ojos dorados brillaban por las lágrimas y JungKook no podía soportarlo —. Responde.

— Me prometí...

— ¡Jamás te haría daño! — soltó segura, tomándole las mejillas para pegar su frente con la de ella, sin dejar de llorar —. Jamás te dejaría... jamás te abandonaría, jamás te lastimaría porque no lo mereces, JungKook... estaría contigo siempre aún si llego a vieja y tú sigues de ésta forma — soltó llorando, sintiendo que JungKook le limpiaba las lágrimas con sus pulgares —, no me rechaces...

— Dulzura... — JungKook sonrió mientras de igual forma lloraba, lamiendo sus propios labios para hablar —, yo... te amo demasiado, jamás te dejaría por mucho que crecieras...

— ¡Y lo sé! — Sonrió JiMin, dándole un pequeño beso en sus labios, uno tras otro para nuevamente besarle con pasión y deseo, ambas bocas abriéndose y sus lenguas conociéndose en el transcurso. JungKook lloró, aferrándose a aquella delgada cintura, donde ambas tuvieron que separarse para tomar aire, mirándose fijamente a los ojos —, sé que jamás me dejarías... yo sí te conozco, y jamás lo harías...

— Pero... vives en la ciudad, princesa — le recordó JungKook, entristeciendo —. No quiero que dejes lo que amas sólo por mí.

— Dejaré algo, pero por la persona que amo — le acarició dulcemente, sonriéndole —. Puedo ir cada año a la ciudad, me quedaría aquí contigo, a cuidar el bosque por siempre. Estando contigo tengo todo, no necesito nada más.

JungKook jadeó sin querer todo aquello, pero no lo creía porque muchas veces había deseado con tenerla en sus brazos de aquella manera y jamás se había dado. Ahora era real, JiMin frente a ella le había confesado que correspondía a sus sentimientos, que ambas habían sentido lo mismo sin siquiera decirse.

Claro que no la odió, jamás lo hizo, ni incluso recién nacida. Ella había sido su salvación de todas las formas posibles, JiMin le dio esperanzas en la vida, le dio esperanza en seguir cuidando el bosque, y ahora JiMin quería compartirlo con ella. No podía pedir más, no necesitaba nada más.

Entonces sonrió, asintiendo con la cabeza para volverla a acercar a su rostro, besándola nuevamente y con pasión, un beso donde ambas sonreían y sobre todo, con ayuda del sonido del agua caer por la cascada, disfrutaban.

JungKook se había dado cuenta que Jin había llegado con una sola intención buena, que a pesar de que en su momento la hizo sufrir de la forma más detestable posible, ahora se encontraba gratamente feliz y agradecido, porque le había dado vida al verdadero amor de su vida. A su simple y sencillamente...

Amor eterno.

Fin.

————— ♠ —————

Antes que nada, quisiera agradecer a las personas que me están felicitando por mi cumpleaños. ♥

Justo a las doce de la noche muchas personas me felicitaron y literalmente me puse a llorar a tales horas, y ahora despertar, y ver que me han felicitado por todos lados me llena mucho el corazón justamente en estos malos momentos.

Gracias♥

Y bueno, les traigo éste bonito os que si soy sincera amé muchísimo, y lo subo especialmente por lo de mi cumpleaños, jsjsjs, es como un regalo de mí, para ustedes y para mí jsjsj.

Les amo mucho, besos y gracias a las personas que se quedan para apoyarme porque me quieren y no para quedar bien conmigo. Eso es algo significativo y valioso para mí.

♥♥♥♥♥♥♥♥

Continue Reading
Further Recommendations

Heather: Way to go writer. This book sucks you right in from beginning to end, I could not put it down. The way the author writes, I was crying from beginning to end for the little girl. But it all worked out in the end for her, finally a family to love her.

Mari: For the moment I started to the end I loved it. I simply couldn't stop, amazing plot, characters and very well written story. Congratulations for the amazing work!!!!

Ines de Gruisbourne: Wow, ich liebe diese Story jetzt schon! Schreibe auf jeden Fall weiter. Es ist traurig und wunderschön zugleich! Ich kann Emily auch wirklich gut verstehen, ich hoffe nur, dass ihr nichts mehr Schlimmes passiert, während sie in NY ist. Kehre bitte schnell zu Landon zurück.Ich freue mich auch sch...

dawnsigouin: It's shaping up to be another great story. No surprise there. I appreciate your work.

C.D.: So far, so good. I am into the storyline, and I am enjoying the book I am looking forward to more

Nethra: Short but soo good 😊👍🏻. There's a lot of meaning in each chapter giving lessons about life. I really enjoyed it even it makes me cry so much but ended happily ever after ❤️🤗. Expecting a lot like this from the author.

Libra: Me gusta la historia megusta que es cortita

Army gurl: I love this novel soo much

More Recommendations

annemirl56: Toller Schreibstil wie immer und sehr erotisch 😘😘muss auch dabei sein, sonst istces langweilig 😘

Meegan: About to start book 4 omg I'm so so addicted to this series

Saloni Acharya: The whole series is so good. It’s like you can’t keep it down without reading it the whole way and then start the next one. Time flies and you don’t realise it’s late night and you have to go to sleep 😂. The characters are awesome with strong plots and love every couple. 😍🥰

LaQuiche: Amazing for this slow build up to be so satisfying! Definitely a guilty pleasure!

marilyn: It's awesome to hear about all these shifters finding their fated mates. I can't wait to hear more about them. I also want to hear about the cubs. And for Daryl to find his mate.

About Us

Inkitt is the world’s first reader-powered publisher, providing a platform to discover hidden talents and turn them into globally successful authors. Write captivating stories, read enchanting novels, and we’ll publish the books our readers love most on our sister app, GALATEA and other formats.