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¿Por qué se divorció Loretta?

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Summary

En el mundo aristocrático se rigen por un velo social de ilusiones, apariencias y mentiras en el cual desarrollan vidas, amores, pasiones y una lucha por tener el control de acuerdo a sus propios intereses. Sin embargo, los secretos siempre se asoman a la luz, desatando una guerra donde el poder, la ambición y el odio amenazan con destruir a quienes se topen en su camino. Y entre todo el vertiginoso caos, el hombre que ha esperado pacientemente, ¿podrá llegar al corazón de la mujer que siempre ha amado? ¿ o la historia se repetirá nuevamente? Un amor no correspondido. Una nueva oportunidad para amar. Una traición imperdonable. Un divorcio inevitable. Y todo ronda la misma pregunta. ¿Por qué se divorció Loretta?

Genre:
Romance / Mystery
Author:
Cristina
Status:
Ongoing
Chapters:
11
Rating:
5.0
Age Rating:
18+

Capítulo 1 - La fiesta de té

Capítulo 1 - La fiesta de té

Loretta Brienne Orilleni, nacida de una familia de condes, fue conocida por todo el imperio como la niña con la suerte del trébol de cuatro hojas. La pequeña nunca imaginó, como la tragedia por la cual terminó huérfana, la convertiría en una Princesa, gracias a la amabilidad de la Emperatriz Elizabeth.

Siendo educada y tratada como parte de la Familia Imperial, sorprendió al verse casada con tan sólo 15 años. Todos asumieron que se trató de un matrimonio político, siendo algo impredecible.

No obstante, la verdad, Loretta se enamoró del joven y futuro sucesor de Márquez, Joyce Hubbart. Un joven apuesto, considerado la persona más atractiva del Imperio. Su unión parecía haber sido hecha por los mismos ángeles, algo fuera de lo ordinario, y aún ahora, 10 años después, son considerados una pareja impecable.

Y era de esperarse; Loretta fue educada bajo tres bases: ser una dama recatada, una esposa abnegada y una mujer perfecta. Reglas que ha seguido al pie de la letra, siendo alabada por su intachable desempeño.

Con tan espléndidas cualidades no le fue difícil colocarse en la cima de los círculos sociales. Recibiendo interminables invitaciones, sobre todo de nobles élite, acorde a su altura.

Este fue el caso.

La fiesta de té celebrada en uno de los jardines imperiales, fue hecha para conmemorar el cumpleaños número 46 de la anterior Duquesa, Alicia Epps, la madre del actual Duque y una de las más distinguidas mujeres que ha reinado desde joven, en la capital.

Los eventos organizados por ella, son por supuesto tan exclusivos, y los pocos en lograr ser invitados no se atreven a negar su asistencia, mucho menos si se realizan en el Palacio Imperial.

—Es una pena que su marido no haya podido asistir hoy a la reunión de la Cámara de Lores, Marquesa Hubbart. Esperaba saludarlo una vez que terminaran sus asuntos —dijo la elegante mujer que festejaba, con un rostro tranquilo.

—No hay nada que se le pueda hacer. En estos momentos Joyce se está encargando de las medidas de seguridad en la zona de Mien —Loretta respondió con calma, levantando de manera elegante su taza de té. Varias jóvenes la observaron a detalle.

Siendo educada por los mejores tutores del Imperio, siempre mostraba una actitud destacable, provocando en las señoritas, que iniciaban en el mundo social, una atención extra a sus movimientos en donde quiera que asiste.

—Eso es bueno. Nunca es demasiado pronto para prevenir tragedias. El año pasado casi se desborda la presa, escuché que todavía están trabajando en las reparaciones —mencionó la ex Duquesa Epps, asintiendo. Las otras mujeres no dudaron en hacer lo mismo. Ya sea si lo pensaran o no, nadie quería llevarle la contraria a tan importantes personajes.

—Debe sentirse orgullosa del Marqués, siendo un hombre tan diligente y capaz. Aunque, es una pena que sus deberes se sobrepongan a los eventos a los que asiste la Marquesa —comentó una hermosa señorita de ojos color miel y cabello castaño claro, quien acariciaba el ostentoso collar de rubíes adornando su pecho, era algo excesivo para el evento y para el gusto de Loretta, quien observó por un momento el llamativo accesorio antes de dar otro sorbo a su té.

—Tiene razón, señorita Ariel, es una pena que no podamos ver al joven y encantador Marqués —esta vez habló otra invitada, la Condesa Granell, con una leve sonrisa—. Aún recuerdo cómo nos sorprendió a todos su matrimonio, teniendo ambos tan solo quince años.

La joven, de apenas 18 o 19 años, se sorprendió al escucharla y respondió con una actitud algo avergonzada— ¡Tan joven! Supongo que… así es el amor—comentó la señorita—. La entiendo, Marquesa…, mi amante y yo estamos tan enamorados y no me sorprendería si se declara pronto, de hecho —Sus manos acariciaban la piedra en el centro—, este collar fue un regalo como muestra de su amor hacia mí.

Todas las damas del lugar, observaron el llamativo regalo. Las más jóvenes quienes inician su camino a la cima, alabaron el collar, provocando en la señorita un sonrojo, las mayores, por otro lado, reaccionaron con tranquilidad limitándose a observar el artículo regalado una sonrisa. Cuando la enamorada joven quitó con suma delicadeza un mechón travieso de su rostro, sus mejillas continuaban ruborizadas, haciéndola ver incluso más encantadora, pensó Loretta. Mientras la tímida señorita sonreía, posó su mirada en la Marquesa, mirándola con ojos expectantes, anhelando un complemento.

Loretta sintiendo cierta incomodidad, se vio obligada a dar un complemento— Los collares llamativos no son de mi gusto, señorita Ariel, sin embargo, puedo ver la clara muestra de…

El tan esperado momento de la joven se vio interrumpido por la voz del anunciante al notar la presencia de tan importantes figuras— Hace su entrada el Príncipe Heredero, Desmond Von McNamee, junto a Su Gracia, el Duque Henrick Epps.

Todas las presentes se levantaron a saludar a los ilustres hombres, que entraban de manera casual junto con un par de caballeros escolta. Su imponente caminar contemplaba con sus magníficas apariencias.

—Saludos, Su Alteza.

Las jóvenes casamenteras, no perdieron tiempo, se acercaron apresuradamente mostrando su desesperación, lamentablemente, su deseos fueron frenados en el momento en el que el Príncipe levantó la mano y siguió su camino.

Sus pasos llegaron hasta la mesa principal donde se encontraba cierta personita— Tiempo sin vernos Loretta —dijo con rostro curioso—. Luces demasiado… delgada, ¿estás enferma? —interrogó Desmond sin perder de vista el semblante de la mujer a quien cuestionaba.

Sin inmutarse por el comentario, tomó la taza de té con gracias, la levantó y dio un sorbo al líquido con inmensas tranquilidad, luego lo miró a los ojos sin perder su rostro serio, ese que siempre le dedica.

—Estoy bien, Alteza —mencionó con una sonrisa mecánica—. Le agradezco su atención, aunque su principal preocupación debería ser, el encontrar una Princesa Heredera.

La comisura derecha del labio del futuro gobernante se levantó levemente ante el audaz comentario. Fue el único en reaccionar de esa manera, la mayoría de las presentes observaban la escena incómodas y otras tantas ofendidas ante la rudeza de la mujer.

—No creo que debería dirigirse en esa forma a Su Alteza Imperial, Marquesa Hubbart —enfatizó Ariel, orgullosa de sí misma.

Desmond, por primera vez dirigió su mirada hacia la joven sin tacto. No estaba dispuesto a dejar pasar su falta al interrumpir su conversación. La observó despectivamente, llamándole la atención el collar que cubría gran parte de su pecho.

Ariel se encogió de hombros ante la mirada penetrante analizándola a detalle. Y contrario a sus pensamientos enardecidos, Desmond expresó su piedad.

—¿Es ese el tipo de collares que usan hoy en día las jóvenes en las fiestas de té? —preguntó arrugando aún más su entrecejo, enmarcando abiertamente el detalle que muchas de las presentes no se atrevieron a decir.

Sin embargo, la joven no lo notó— Oh… Es un regalo de mi… amante —titubeó la joven en un tímido tono, avergonzada por tener que confesárselo al soltero más codiciado del Imperio.

—Ja —Una burla salió de los labios de aquel arrogante Príncipe— Debe ser un amante muy tacaño como para regalarle algo de tan baja calidad, casi puedo ver lo falso de los rubíes.

El rostro de Ariel se volvió tan colorado como su joyería, no se sabría si fue por las palabras de burla profesadas por Desmond o la humillación obtenida al momento de escuchar las sutiles risas a su alrededor.

Olvidándose de la insolente joven, el hombre soberbio se dirigió a la Marquesa nuevamente, agregando con una mirada intensa, trayendo el recuerdo de varios años atrás.

—Esa baratija mal hecha, me recuerda a aquel collar que te regalé en tu decimoquinto cumpleaños. Aún lo conservas ¿verdad? —preguntó ladeando levemente la cabeza.

Deseaba decirle que no, pero la calmada mujer, sabía que no podría deshacerse de ese regalo, incluso si el verlo avivaba malos recuerdos. Así que lo guardó en las bodegas del Banco Duran tratando de olvidar su existencia, aquella atada al amargo momento de hace 10 años.

—Así es Alteza ¿Cómo podría deshacerme de tan esplendoroso regalo? — Loretta habló con calma, esperando complacer su retorcido humor y dejar de ser arrastrada a conversaciones vergonzosas, o a recuerdos no olvidados.

—Me alegra escucharlo, me sentiría herido si descubriera que alguien más lo tiene. —Las palabras que el Pequeño Sol del Imperio expresó con una alegre sonrisa, contenía muchas implicaciones escondidas en cada una de ellas, habiendo compartido gran parte de su vida con él, sabía lo suficiente para conocer lo que había en su corazón.

—Puedo traerlo en mi próxima visita, si así lo desea, Alteza —reafirmó un poco irritada, satisfaciendo su petición y tratando de relajar la situación.

—No, está bien. Con saber que todavía lo conservas es suficiente —Finalizó Desmond.

Después de eso, la joven humillada por el Príncipe Heredero se retiró de la fiesta de té casi llorando. La Marquesa, la vio irse con el corazón abatido, sintiendo pena por los sucesos. Entonces, el dolor de cabeza que había contenido aumentó gracias a esa absurda conversación.

—¿Por qué no asistió el Marqués a la reunión? Esperaba su importante opinión con respecto al comercio con Randoll —dijo en un tono burlón. Tanto Desmond como Joyce nunca han sido cercanos, mucho menos discutían asuntos diplomáticos, por lo que Loretta sabía que le estaba echando en cara la poca atención que su marido, a los ojos del Príncipe Heredero, estaba teniendo con ella.

—Mi esposo está ocupado —informó.

—Me lo imagino…—replicó dando otro vistazo a la expresión que mostraba ligeros signos de malestar— ¿Estás bien? Realmente te ves demacrada —El Príncipe tocó su mejilla con cuidado, inmediatamente Loretta colocó su mano sobre la de él sonriendo levemente y con un movimiento hábil la apartó de su rostro asegurando se encuentra bien, pero Desmond no parecía feliz con su respuesta, ni tampoco tenía intenciones de retroceder, lo cual la molestaba mayormente, sabiendo que sería un problema si se esparcieran rumores raros acerca de los hermanastros.

—Me alegra ver que Su Alteza se preocupa mucho por su hermana —habló en un tono suave la ex Duquesa, tal vez leyendo la mente de la dama a su lado, por su parte, la Marquesa Hubbart giró su cabeza para evitar al insistente Príncipe, únicamente para encontrarse con otra mirada, esta vez proveniente de uno de los escoltas del duque.

Los intrigantes ojos pertenecían a un hombre alto de tez bronceada, la observaba extrañamente, quizás querría decir algo porque caminó hacia ella apresuradamente.

—¡Loretta! —Escuchó la voz de Desmond llamarla, sin embargo, lo ignoró con mayor fuerza, limitándose a cerrar los pesados ojos, invadida con el deseo de que pronto acabara el evento.

Entonces, fue cobijada por la sensación de ser sujetada con firmeza antes de que su cuerpo cayera al suelo inconsciente y se perdiera en un extraño sueño.

...

El largo pasillo parecía interminable conforme caminaba, el lugar aparentaba estar solo, desértico, abandonado, entonces se detuvo. Los extraños sonidos provenientes de una de las habitaciones se hicieron cada vez más fuertes y claros, cubriendo los ligeros pasos de quien transitaba. Los gemidos eran la clara prueba de lo que estaba pasando.

La curiosa mujer, que caminaba en esa dirección, se acercó a la puerta ligeramente entreabierta, sólo para encontrarse con una escena impactante.

Aturdida por lo que le mostraban sus ojos, cubrió su boca para no ser descubierta. Los ruidos lascivos hechos por la pareja, era algo que nunca había oído en su vida.

El hombre de gran tamaño, que empuñaba por la espalda a la joven, sometía una delgada cintura meneando su cuerpo a gran velocidad, dejándole ligeras marcas rojas en la blanca piel. La mujer lejos de sentirse inconforme pedía por más aferrándose a las sabanas y jadeando con descontrol.

—Más, más… ahhh —repetía una y otra vez, invitándolo a acelerar sus movimientos, volviéndolo loco de lujuria.

El hombre golpeó el trasero de la mujer que movía las caderas aceptando las fuertes embestidas por detrás, y lejos de molestarla un gemido placentero salió de sus labios carnosos.

—Oh mierda, eres tan obscena —aseguró el imponente hombre mientras golpeaba nuevamente, pero esta vez con más fuerza, las nalgas de la excitada amante que suplicaba ser empuñada con total violencia.

La joven, que no tendría más de 20 años, se retorció de placer, suprimiendo su grito en la almohada en donde su rostro estaba enterrado.

La atmósfera en la habitación pareció subir de temperatura, haciendo juego con la candente pareja que desprendía un fuego abrasador. Sus cuerpos compartían la intimidad al restregarse el uno contra el otro, parecía que no saciarán su deseo incluso después de frotar sus partes más privadas con descaro hasta el cansancio. El acto del que se atrevieron a hacer sin prestar atención a sus alrededores en cierta forma les dio una excitación extra.

La espectadora permaneció inmovil todo ese tiempo. Lo intentó, no obstante, no pudo apartar la vista de la salvaje escena. Incrédula de lo que presenciaba, sentía que esto era algo irreal, tal vez un sueño. Quizás por eso los ruidos se fueron apagando poco a poco. Sin embargo, el acto final, en el que el hombre eyaculó en el rostro de la complacida amante la trajo a la realidad.

Y antes de ser descubierta, la mujer dejó el lugar apresurada con una expresión de incredulidad.

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Ambre: J'adore l'intrigue, les personnages. Il y a aussi pas mal de suspense et j'ai vraiment hâte de connaître la fin. C'est simple je dévore cette histoire. Bravo a l'auteur j'adore votre travail.

Carmen Mita: Súper intrigante, esperando la segunda parte

Trudi: Awesome continuation. I hope this series continues irs

María Del Carmen: Buena redacción, signos bien colocados que hacen fácil la lectura y comprensión

Shakeicha Young: Really loved it!!

Stephanie: Eine sehr gute gestaltwandlergeschichte, ich liebe solche Geschichten

Army gurl: I love this novel soo much

Mya: This story is my first one on this platform and I and in love. I used to love reading but lost it and this story restored my love for reading. 100% recommended It has a amazing plot and story.

Bam.jk8338: Estuvo bien redactado y bien explicito, eso me gustó

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