Proyecto Humblood

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II.

De vuelta a casa todo fue tan silencioso que los pensamientos en mi cabeza me consumieron. Hubiese preferido que Alicia hablase sin parar todo el camino, pero solo deslizaba su mirada de las calles para dar un rápido vistazo a la expresión ilegible que se pinto en mi rostro. Sentía un montón de cosas y a la vez un adormecimiento recorría mi piel como si lo que paso fuese producto de mi imaginación. La rabia, tristeza y decepción se mezclaban y luchaban por tomar el foco central pero solo se volvía un desastre al que no podía dar nombre.

¿Que debería hacer ahora?

Creía que mi madre superaría su alcoholismo, tan absurdo como suene, una parte de mi, esa que contenía a la niña pequeña que quería la atención de su madre, confiaba que esta vez se encargaría de juntar su mierda y daría la cara por primera vez en años. Su nueva adicción destrozo en pedazos las ilusiones de esa niña, lidiar con el alcoholismo era una cosa pero el alcohol y también las drogas era algo mucho mayor que manejar. Estaba segura de algo, Juliana no dejaría de beber, así como tampoco sería la última vez que vería esas marcas en sus brazos. Ella no estaba dispuesta a mejorar, y ahora conmigo partiendo, solo seria una excusa más para sumergirse de lleno en las drogas y no volver nunca más.

Hice todo lo que estaba en mis manos para ayudarla y me llenaba de furia sentir esta culpa con la que no debería cargar. Por supuesto que no tenía nada que ver conmigo que mi madre decidiera arruinarse aun más antes que enfrentarse a su realidad, pero la culpa estaba allí, latente en mi pecho.

- Hablemos. -pidió Alicia mientras abría la puerta de nuestro lugar.

Entre yendo hasta mi habitación. Deje lo que había adquirido en mi escritorio tomando asiento en la silla frente a este, Alicia me siguió de cerca descansando su hombro en el umbral de la puerta.

- Juliana esta usando drogas.

No tenía otra forma de decirlo, no existía forma de hacerlo agradable.

- Gala, lo lamento.

La lastima en su voz añadió un gramo más de rabia a mi desastre interno. Moví la silla y abrí la portátil para solo evitar explotar contra Alicia.

- No hay nada que lamentar. -hable con voz plana- Si ella no lo lamenta, ¿por qué lo harías tu?

- Lamento que no tengas una madre que sepa apreciar todo lo que haces, mereces más que alguien que tome todo tu dinero.

- No le daré ni un centavo más. -me levante de mi posición tomando lo que compre para arrojarlo en la bolsa de lona. Necesitaba hacer algo, porque si continuaba en mi cabeza un segundo más me volvería loca- Puedo lidiar con el alcohol, pero las drogas son el limite para mi.

- ¿Estas segura?

Cerré el bolso y mire a Alicia.

- Si, lo estoy.

- Es la primera vez que te veo tan decidida y tengo miedo que solo sea por el calor del momento. -se acercó tomándome por los hombros- No te digo que le quites todo a tu madre, pero no le hagas las cosas tan fáciles.

- Hace unas horas me decías que no le diera el dinero a mi madre, ¿y ahora que no se lo quite?

- No me estas entendiendo. -golpeó su frente con la mano- Esta repentina decisión de no dar más dinero a tu madre es solo porque estas enojada, lo puedo ver. Noto la culpa en tus ojos.

- ¿Que debería hacer entonces?

- Continua ayudando a tu madre, pero de una manera más inteligente.

- ¿Cual es esa manera?

- No le des el dinero, compra lo que ella necesite y estarás aliviando al menos un poco la culpa. Se que confiabas ciegamente en tu madre pero, es una adicta a final de cuentas, su cabeza solo tiene una necesidad y es aliviar su desesperación.

- ¿Cómo se supone que haré eso? Estaré fuera la mitad del mes.

- Lo puedo hacer por ti mientras estés ausente. Me envías el dinero, hago las compras y se las hago llegar.

- No creo que sea buena idea. -me negué.

- Gala, noto cuán contrariada estas en el interior. Pensé que para ti seria sencillo desligar tu relación madre-hija pero ahora veo que es más complicado de lo que me imagine, debes de hacer esto gradualmente y puede que más adelante sea sencillo dejarla ir. Por ahora, comienza a pasos cortos porque sino te harás más daño a ti que a ella.

- ¿Crees que eso ayude?

Se apartó de la puerta caminando por mi habitación.

- No se si eso hará un cambio, pero si se que no podrá culparte si no tiene de comer o le quitan el apartamento por no pagar a tiempo. Tu cumples con tu parte moral, que consiga el dinero para su porquería ella misma.

- Eso es lo que me preocupa. -le hice ver mi intranquilidad.

- Es una mujer adulta, no puedes decidir por ella lo que hará para obtener el dinero. Quizás su orgullo la haga darse cuenta de lo jodida que esta y que necesita ayuda.

Cerré mis ojos cuando el pinchazo en mi cabeza apareció.

- Esto era lo último que necesitaba el día antes de comenzar a trabajar.

Alicia me ayudó a llegar a la cama donde me recoste mirando el techo. Se tendió junto a mi en el espacio restante siguiendo mi mirada.

- Solo respira y pon tu mente en blanco. Deja de preocuparte por los demás solo un momento y piensa en ti, tu vida ha sido preocuparte por tu madre y ya es tiempo de minimizar un poco todo ese asunto.

- Es fácil decirlo, pero hacerlo es lo que es complicado.

- Lo se, no creas que soy insensible ante esto. Trabajaremos juntas para que esto funcione, así quizás puedas avanzar en la milicia y hacer más que reclutar cadetes.

La mire de reojo tratando de tomar un poco de su optimismo. Odiaba haberle mentido sobre lo que haría pero Peter fue claro. Nadie podía saber lo que haría.

- Si, quizás vuelva al desierto a caminar sobre minas. -dije irónica.

- No eso no, mejor quedate reclutando. Eres bastante persuasiva y muchos se van a enlistar.

La combinación del pánico en su voz y sus ojos abiertos a tope produjo que escapará una carcajada de mi boca.

- No es tan malo. -me encogi de hombros- Una vez le agarras el gusto, es divertido. Deberías unirte.

Volvió a sus pies rápido dejándome sola en la cama moviendo sus manos en negación.

- No creo que esa línea sea muy atractiva para un civil. Eres pésima, en realidad.

- Eres tan dramática.

Adopte una posición cómoda en la cama para conciliar el sueño.

- Si, duerme. -me tapó con la sabana- El día te está afectando la cordura.

- Ya vete a estudiar, Alicia.

Sus pasos se dirigieron a la salida de mi habitación.

- ¿A las cuatro de la madrugada? -pregunto para asegurarse de lo que habíamos hablado unos días antes seguía en pie.

- Me levantaré a las dos treinta para alistarme sin apuros y comer algo. Tocaré tu puerta a las tres treinta para que te levantes y partamos a las cuatro. Estaremos llegando a la base de Killen a las cinco.

- ¿A que hora dijo tu padre que te quería allí?

- Cero seiscientas horas.

- ¿Y eso es?

- Eso es a las seis de la mañana.

Dio dos pasos abriendo la puerta pero se detuvo.

- ¿Estarás bien?

No tuvo que decir más. Se refería a volver a ver a mi padre.

- Tendré que estarlo.

Volví mi cabeza para mirarla y enfatizar mis palabras. Asintió para sí misma y se retiró.

Volver a ver al hombre que me abandono a los doce seria un golpe que tendría que enfrentar con toda la fuerza de mi cuerpo. Iba a ser duro, por supuesto que si, pero no tenia otro opción más que tragarme cualquier resentimiento y trabajar. Ni siquiera tendría que verlo a menudo, según lo que había entendido. Estaría bajo el mando de otra persona que se encargaba de los equipos de seguridad y a él solo lo vería de ser el caso de meter la pata. Mi meta era mantenerme alejada de los problemas.

Mire el reloj en la mesa de noche y este apenas marcaba las cuatro de la tarde. Me decidí por dormir aunque era bastante temprano, quite la ropa y deslice una pastilla en mi boca que me ayudase con la tarea, en cuestión de unos minutos hizo efecto mandándome a dormir. Desperte unos minutos antes que la alarma de las dos treinta rompiera en mis oídos, la desactive y salí al baño en puntillas para no despertar a Alicia. Tome una ducha considerablemente larga y con agua caliente, tenia que disfrutar de la vida civil por última vez antes que mis duchas fueran de dos minutos y con agua fría. Volví a mi habitación cuando di por terminada la ducha y comencé a colocar el uniforme. Seque mi cabello y lo recogí, di un último vistazo a mi bolsa de lona para asegurarme que no olvidaba nada y con eso verificado la saque dejándola en el sofá de la sala llevando conmigo el sobrante del dinero que no utilice el día anterior. Para cuando dejaba el último plato limpio en el fregadero que utilice para comer el reloj marcaba las tres treinta, di dos toques en la puerta y el gruñido de Alicia al otro lado me informo que me escucho fuerte y claro. Mientras esperaba que se quitara el sueño de encima tome su cartera de la pequeña mesa de entrada dejando el dinero ahí.

- No puede ser.

Llego a la sala restregando su ojo.

- ¿Qué? -busque alguna imperfección en mi uniforme.

- Pensé que nunca volvería a verte así, tan...-le tomó unos segundos encontrar la palabra perfecta- ruda.

- No puedo creer que hayas utilizado esa palabra. -agite mi cabeza- Ve a comer tu desayuno.

Agitó sus cejas para molestarme. Se fue a la cocina y me senté a esperarla en el sofá junto a mis pertenencias.

- ¿Prometes mantenerte alejada de misiles o cualquier cosa que te pueda quitar una pierna? -exclamó desde la cocina con la boca llena.

- Lo prometo. -replique.

- ¿Y prometes llamarme para hablar de mis finales? -se asomo desde la puerta.

- Sabes que la comunicación será limitada.

- ¿Que tan limitada? -quiso saber.

- Quizás dos minutos por persona a finales de la semana. O quizás solo me permitirán llamarte el día antes de salir para que me recojas, no lo se. No discutimos las cosas tan a fondo con Peter y el fue bastante superficial en el email.

Alicia hizo un sonido de disgusto.

- Me llamarás si te dan la oportunidad, ¿verdad?

- No es como que tuviera a alguien más a quien llamar.

Abrió su boca ofendida.

- Te voy a golpear.

- Claro, pero primero termina tu desayuno que se hace tarde. -me incorpore tomando la bolsa- Iré al auto.

Baje hasta el estacionamiento frente a nuestro edificio, desbloquee el auto y ocupe el asiento del pasajero arrojando mis pertenencias a la parte trasera. Unos minutos más tarde Alicia recorría el mismo camino hasta el auto ocupando el volante, le di las llaves y pronto nos encontrabamos en camino a la base de Killen. Hablamos de trivialidades todo el camino haciendo que los sesenta minutos de viaje que teníamos por delante se pasarán volando, aparte de detenernos un par de veces por la vejiga de Alicia no hubo otra cosa que nos retrasará y para mi suerte a las cinco nos encontrábamos aparcando a las afueras de la base.

- Sabes que puedo venir por ti en el momento que sea. -informó- No me importa si me llamas a las tres de la mañana y tengo que venir hasta aquí, lo haré. Si no te sientes bien o comienzas a sentir ansiedad, lo que sea, estaré aquí.

Rodé los ojos con una sonrisa.

- No necesito una mamá, te tengo a ti en su lugar. -bromee pero sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Gala, eres tan fuerte. -se arrojó hacia mi abrazandome con fuerza. Me mantuve así por unos minutos antes de separarse- Por favor, cuídate, ¿si?

- Alicia, voy a reclutar adolescentes, no voy a Afganistán. -la tranquilice sintiéndome mal por mentirle. Lo que haría técnicamente hablando no era peligroso, pero Peter insistió en mantenerlo en las sombras.

- Yo solo siento que esto es muy sencillo, y en la milicia nada lo es.

- Alicia, enviare adolescentes a la guerra, esto no tiene nada de sencillo.

- Ya, si, tienes razón. -agitó sus manos- Creo que deberías irte, comenzaré a llorar dentro de poco.

- Esa es mi señal. -me estire para tomar mi bolso, abrí la puerta y salí- Te veré en quince días, recuerda respirar antes de tus exámenes y preparar todo la noche antes así no olvidas nada, ¿entendido?

- Entendido.

Cerré la puerta dándole un asentimiento de despedida. Agitó su mano en respuesta mientras encendía el auto, le di la espalda y camine hasta la entrada. Los soldados allí me detuvieron y pidieron mi identificación, se las di y revisaron en el sistema antes de dejarme continuar indicando que esperaban por mi en la pista de aterrizaje de la base. Me tomo más de lo que me hubiese gustado ubicarme, había estado allí un par de veces pero no lo suficiente como para conocer cada rincón del lugar. Atravese los edificios hasta la zona plana donde se encontraba la pista de aterrizaje, junto a un hangar se encontraba un grupo de soldados y al verme adoptaron la posición de respeto hacia un superior.

- Descanse, soldado. Busco al General Evans, se me indicó que esperaban por mi aquí.

Se miraron entre ellos.

- Una reunión se está llevando acabo en la oficina justo detrás de nosotros, sargento. -artículo finalmente uno- Desconocemos si allí se encuentra el general, acabamos de asumir nuestras posiciones.

- Continúe con lo suyo, soldado.

Saludaron por última vez cuando pase junto a ellos para ir a la oficina que señalaron. Deje la bolsa junto a la puerta y di dos toques anunciando mi presencia. Esta se abrió y un hombre de mi misma rango me recibió.

- ¿Sargento Evans? -preguntó.

- Afirmativo.

Estiró la mano y la estreche mientras se presentaba.

- Sargento Williams.

Se hizo a un lado dándome paso, tome mi bolsa y entre a la oficina. Di un vistazo a lo que estaba a mi alcance deteniendome en el hombre en el escritorio que me miraba con expresión dura y seria. Me tomo unos irrespetuosos segundos reaccionar antes de asumir la posición de respeto ante un superior. Me enfoque en mirar a la pared detrás de él pero sentía sus ojos como filosos cuchillos en mi rostro escudriñando cada parte de el, se levantó rodeando el escritorio hasta detenerse frente a mi. Recordaba que mi padre era alto, pero no tanto como para hacerme sentir como una jodida e insignificante partícula minúscula.

- Descanse, sargento.

Me mantuve rígida y con la mirada en cualquier lado que no fuera su rostro.

- Tome asiento. -ordenó y se apartó para volver a su posición inicial- Sargento Williams, prepare todo para el vuelo.

- En ello, señor.

Mientras Williams se retiraba, me acerque a la silla y la deslice sentandome. Peter se sentó recostando todo su peso en el espaldar totalmente calmado, yo estaba rígida por el contrario.

- Estoy sorprendido. -miro el reloj en su muñeca- Puntualidad impecable.

- Es lo que se me inculcó, señor.

Peter dejo salir un risa seca.

- Señor. -repitió mis palabras con burla- Pensé que este sería un emotivo encuentro padre-hija, supongo que es otra sorpresa.

- Conozco mi posición, señor.

- No mientas, si la conocieras no hubieses llamado a papi para que solucionará tu regreso a la milicia. -junto sus palmas- Al menos no eres una decepción a primera vista.

Apreté mi mandíbula.

- ¿Te enojaste? -me pico- Seguro eras tu quien esperaba un emotivo encuentro y soy una decepción a primera vista.

- En lo absoluto, señor.

Me miró sin expresión porque no esperaba una respuesta tan cortante de mi parte. Comenzaba a juntar los hilos de lo que intentaba hacer y no le iba a permitir hacerme caer.

- Bien, entonces, permiteme recalcar algunos puntos y añadir otros que no te hice saber vía email. -inhalo dejando sus antebrazos en el escritorio- Son quince días que pasaras en el complejo, sin celular o algún otro aparato electrónico que no te provean tus superiores. Los días de comunicación serán asignados por tu superior, todas las llamadas son escuchadas por terceros para proteger la información que pueda entrar o salir. Ahórrate el hablar con tu madre de tratos para obtener la porquería que consume. -hizo hincapié en lo último- Al llegar allí te harán firmar un acuerdo de confidencialidad, no puedes compartir ni charlar sobre lo que veas o escuches, ni siquiera puedes mencionar lo que haces en realidad. ¿Que cree tu madre que estas haciendo?

- Reclutamiento, señor.

Asintió satisfecho.

- Deberás proporcionar la dirección de tu domicilio y la de tus allegados.

Junte mis cejas extrañada. Era reglamentario proporcionar la dirección de tu domicilio pero la de otros familiares era un poco extraña.

- ¿Puedo preguntar para que son necesarias la de mis allegados, señor?

- Papeleo. -respondió con simpleza.

Dos toques en la puerta me detuvieron de replicar. Peter dio el visto bueno para entrar y Williams anuncio que todo se encontraba listo para partir. Mi padre se levantó y seguidamente lo hice yo tomando mi bolsa. Salimos de la oficina y él se detuvo de golpe provocando que casi me estampará contra su espalda. Se volteo encarandome.

- Esto es sencillo, Gala. -bajo su tono de voz para que solo yo pudiera escucharlo- Si lo arruinas, no dudes que estarás fuera de inmediato, no creas ni por un segundo que me importa el hecho de que eres mi hija. Eres un soldado a mis ojos y todos los soldados son reemplazables.

- Entendido, señor.

No pude ocultar el ligero temblor en mi voz.

- No me temas. -puso su mano en mi hombro- Puedo ser un buen padre, pero tu tendrás que ser un buen soldado para ganartelo.

Me hice para atrás asintiendo mecánicamente. Una vez más dejo salir una risa seca.

- General Evans, Sargento Evans, el avión espera.

Williams miro entre los dos. Peter fue el primero en avanzar y por inercia lo seguí. Embarcamos el avión y me asegure de obtener un asiento alejada de mi padre. Con nosotros ubicados el avión despegó y durante las dos horas que duró el trayecto lo único que hice fue mirar por la pequeña ventana redonda a unos metros de mi mientras repetía una y otra vez las palabras de Peter en mi cabeza. Era muy poco lo que recordaba de mi padre cuando aún no se había marchado, nunca hablaba ni con mi madre ni conmigo. Llegaba tarde en las noches y se iba temprano en las mañana. En mis cumpleaños solo me dejaba una tarjeta y un billete de cinco dólares, nunca hubo abrazos o besos. Y ahora entendí el porqué.

El avión aterrizó y la compuerta trasera de abrió. Espere a que Peter saliera y lo seguí de cerca, se cumplieron los protocolos típicos de saludos hasta que finalmente me introdujo al capitán con quien más charla entabló.

- Esta es la sargento Evans. -me señaló.

Procedí a hacer el saludo militar y cuando el capitán dio el visto bueno, volví a una posición normal.

- Capitán West. -se presentó- Leí tu expediente, esperemos que no sea pura palabrería.

Honestamente desconocía mi expediente actual, pero esperaba que estuviese hablando de mi carrera de francotirador y no del montón de reportes e informes sobre mi madre traspasando los límites de la base para encontrarme.

- Serás parte del equipo alfa -informo Peter-, y el capitán es tu superior.

- Espero sus ordenes, señor. -me dirigí al capitán.

- A la formación, Evans.

Salude por última vez a mi padre y me dirigí a donde indicó el capitán posicionandome a la distancia pertinente y en el lugar que me correspondía. Note que sólo eran hombres y ellos no dejaron de notar mi presencia tampoco. Siempre era lo mismo, por lo que no me extrañe. Desentonaba además, ellos usaban uniformes negros mientras yo tenía el habitual de la armada.

- ¡Atención!

El capitán West anunció la presencia de mi padre y todos asumieron su posición de respeto. Peter se detuvo delante de la formación y aclaro su garganta.

- El equipo alfa vuelve a su funcionamiento regular, cumplirán con sus horarios cómo estaba estipulado bajo el mando del capitán West. -rompió contacto con la formación y se dirigió a West- Espero un informe de rendimiento a final de los quince días, si hay que deshacerse de alguien no dudes en informarlo.

El capitán confirmo que había entendido todo y se despidió de mi padre. Deje escapar el aire de mis pulmones cuando mi padre ya no estaba a la vista prestando atención a lo que decía West.

- Bienvenidos al complejo IC de las fuerzas armada. -comenzó a ladrar en tono militar- Al pasar por esa puerta, dejarán cualquier aparato electrónico y este se les dará de vuelta al cumplir su periodo de trabajo. Sin excepciones. -camino alrededor de nosotros con las manos en la espaldas- Para quienes ya conocen las instalaciones, retirense y prepárense para iniciar el turno. -todos se retiraron, excepto otro soldado y yo- Sanders, Evans, siganme.

Al igual que yo el otro soldado llevaba su bolsa de lona y vestía diferente, seguro no lo note porque estaba hasta delante. Examine el edificio de concreto gris al que caminábamos que constaba de tres torres unidas a varios edificios de planta única. Usamos la misma puerta que lo demás pasando por un control donde me despojaron de mi celular y urgaron en mis pertenencias cual criminal.

- Continúen, son más lentos que mi jodida abuela.

Alargue mis manos para tomar mis cosas y seguí al capitán.

- Esta es la zona de convergencia y por allí es donde entrarán a la zona central del complejo. -caminamos al túnel ancho y largo que daba al espacio donde se veían un montón de computadores y personal caminando de aquí allá. Al poner pie allí, una chica se acercó tendiendo dos tarjetas al capitán- Sus tarjetas de acceso. Les permitirán moverse libremente según sus posibilidades, junto a las puertas hay un lector que les hará saber si es un haré restringida o si tienen acceso a ella. -tomamos las identificaciones y el capitán se detuvo en el medio de la zona central- Sección Charlie y Delta -apunto a dos aberturas en lados opuestos- son los caminos que llevan a los otros lugares del complejo y se encargarán de monitorearlos hasta el límite permitido. Deberán asegurarse de estudiar el mapa a profundidad para evitar problemas de ubicación. -siguió hasta entrar a la sección que denominó Charlie donde caminamos un par de metros hasta una puerta doble- Aqui es donde pasarán los ratos cuando no estén en turno-pasamos al resto del equipo que terminaba de instalarse hasta la última litera disponible- Su uniforme, radio y armamento. Alistense.

- Si, señor. -hablamos al unísono.

Me asegure de tomar la cama de abajo, dejando reposar mi bolsa allí. Me deshice del viejo uniforme reemplazando todo por lo nuevo. Una vez lista me dispuse a esperar por las siguientes ordenes.

- Equipo alfa, atención. Serán diez diurnos y diez nocturnos, como siempre, cada uno conoce su disposición. Sawyer, nocturno y Evans, diurno, ¿copiado?

- Copiado, señor.

- Cómo siempre me encontrarán en la zona de control monitoreando las cámaras de interiores y exteriores. Siempre respondan a sus radios y nunca las desconecten, ¿entendido?

- Si, señor.

West asintió satisfecho.

- Equipo alfa diurno, saquen sus traseros de aquí y asuman sus posiciones. -ladro y me comencé a desplazar fuera- Evans.

- ¿Señor?

- Tales responderá a tus dudas de existir alguna.

- Copiado, señor.

Continúe hasta unirme al grupo.

- Bien, atención -mire al que llamaba la atención de todos- Andrews, Rodríguez, Killard, Walsh y Nomes a Delta. Howard, Johnson, Evans y Quinn conmigo aquí en Charlie.

Todos hicieron un sonido nasal de afirmación dividiéndose según la orden. Seguí al que tenia la voz de mando en nuestro equipo y quien suponía era Tales. Nos adentramos más a fondo en la sección Charlie, poco a poco los demás fueron tomando sus propios rumbos mientras permanecía con Tales.

- Evans, por este turno estarás conmigo. Soy Tales, por cierto. -aclaro mi duda- La sección Charlie lleva hasta la torre dos y tres, son zonas clasificadas y poseen su propio equipo de seguridad. Puedes caminar libremente por todos estos pasillos, tu tarjeta te dirá cual es el límite. Una vez que este pequeño aparato de aquí no muestre luz verde -paso su identificación por un lector que parpadeo en verde abriendo la puerta de metal frente a nosotros-, sabrás que debes volver por donde viniste.

- Entendido, señor.

- No necesito de formalidades, no soy tu superior ni nada por el estilo. Llamame Tales y con eso será suficiente.

- ¿Alguna otra cosa?

- Esto es un consejo más que todo. Asegúrate de no intentar husmear, maten perfil bajo y en el margen.

- ¿Algo que deba saber?

- Exactamente eso es lo que no tienes que preguntar. Tu no debes saber nada, estas aquí para patrullar y nada más. -me miró severo- Espero que no seas de los soldados que hacen oídos sordos y les gusta empujar los límites establecidos.

- Respeto lo que se me dice y establece.

- Excelente, entonces.

Tales se detuvo junto a una puerta.

- Me quedare aquí, tu continua dos puertas más. Regresa a la una treinta para el almuerzo.

Pase mi identificación por el lector de la puerta. Se abrió y continúe según lo indicado por tales. Los pasillos contaban con otras puertas a sus extremos pero no tenían un lector, solo un panel numérico o lector de huellas. No husmear, mantenerme al margen.

Tal parecía que mis días de trabajo consistirian de caminar por pasillos y estar como planta junto a puertas. No me molestaba, pero quince días con esa misma rutina se harían largos y tediosos, el pago con el montón de ceros cobraba sentido. Al menos compensaba el estar parada aquí. Suspire recargando mi peso en la pared. No había granadas o misiles, para mí era todo un paraíso.

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