Proyecto Humblood

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V.

Mis pasos eran lentos mientras volvía a la torre de vigilancia. Las náuseas se disiparon pero me sentía agotada repentinamente. Tome asiento en el comienzo de la escaleras dejando salir una maldición entre dientes, no quería que Tales me viera así porque comenzaría a preguntar y lo último que quería era hablar de Peter.

— Se enterará en cualquier momento, Tales.

La voz de Killard fue tan clara y fuerte que era más que obvio no se percataron que me encontraba a los pies de la escalera. La conversación debía ser muy interesante también, era casi imposible no ver a alguien llegar desde la altura de la torre.

— Podemos evitarlo.

— Tales, ¿cuando alguien no se ha enterado de lo que sucede aquí? —cuestionó Killard.

— Es diferente esta vez.

— ¿Que es lo diferente?

— Ella no tiene nada por lo que luchar aquí. Si se entera, ¿Que hará? No nos apoyará en lo absoluto. Que lo sepa o no, es indiferente.

— Hay que sacarla de aquí en ese caso. Estorba y es innecesaria, solo desanima a los otros.

— ¿Y como sugieres que hagamos eso? —Tales comenzaba a sonar irritado— Y no pienses en ignorarla porque es lo más estúpido que hemos hecho. Parecemos niños de jardín de infantes.

— Me dejas sin opciones.

— No las hay, Killard. La chica vino aquí porque su padre la trajo y de esa misma forma se va, queda de parte de nosotros encargarnos que no se entere de nada.

— ¿Y que? ¿le pondrás una venda en los ojos? —dijo Killard sarcástico.

— No, pero me encargaré de poner mi pie en tu trasero si no comienzas a tomar las cosas con seriedad.

— Bien, copiado. Informaré al resto del equipo sobre lo que sucedió con la radio de la chica y sobre mantenerla desinformada.

— Lo de la radio olvídalo, se pondrán a jugar con las suyas intentando sintonizar el canal de esos idiotas. Lo último que quiero es a Lloyd en mi trasero quejándose con el capitán por la intromisión.

— Ese idiota de Lloyd, se comporta como si fuera mejor mierda que nosotros.

— Lo es de cierto modo.

— Podrá seguir siendo coronel en apariencia y posición, pero moralmente es un besa traseros.

Tales río fuerte acompañado de Killard.

— Killard, a final del día cada quien tiene sus propios intereses, y cuando esté tiene sangre de por medio cualquier otra cosa queda en segundo plano.

— No creo que aplique para la princesa, la sangre no...

— Volví. —exclamé desde mi posición.

Las pisadas de ambos se acercaron hasta el borde asomándose. Me observaron con expresión contrariada esperando que dijera algo, pero no les iba a permitir saber que estuve allí escuchando, por lo que rompí el contacto para levantarme distrayendolos.

— ¿Todo bien? —Tales descendió.

Me hice para atrás.

— ¿Si? —sonó más a duda que afirmación.

— No suenas muy convencida. —Tales se hizo a un lado dejándome subir a la torre.

— Casi tiro el estomago por el retrete.

— ¿Que sucedió? —quiso saber.

Suspire quitando mi arma que pesaba más de lo normal en mi hombro, la deje reposando contra la pared y le di un vistazo a los dos hombres que me observaban cautelosos.

— Conocen a mi padre, ¿no? —ambos afirmaron— Entonces sabrán que no fue un encuentro... agradable.

Se miraron entre sí.

— Entiendo, siempre que veo a tu padre me dan ganas de sacarme los ojos. —intento sonar reconfortante Killard.

— No lo vale, deja tus ojos intactos. —dije con la comisura de mi labio un poco elevada por la diversión. Killard no era mucho de pensar lo que decía.

— Tienes razón. —concordó— Me voy a mi posición, la he dejado abandonada mucho tiempo. No vemos en el almuerzo, hombre.

Palmeo el hombro de Tales y se fue dejándonos a los dos. Me cruce de brazos dándole la espalda para pretender que vigilaba. Sentía sus ojos en la parte baja de mi cabeza, rebuscaba que decir para lograr averiguar si escuche algo de lo que conversaban.

— ¿Conversación difícil?

— No denominaría a nada con mi padre una conversación.

— ¿Discusión difícil? —volvió a decir.

— No te diré nada, Tales. Comienza a vigilar.

— ¿Ahora eres tu la que no quiere hablar?

— No quiero hablar de mi padre. —especifique.

— ¿Por qué vomitaste? —se fue por el otro extremo.

— Sólo pasó.

— Eso no es algo que sólo pasa.

Se detuvo junto a mi.

— ¿Cúmulo de emociones? ¿sobrecarga? Ni la más remota idea. —me encogi de hombros— Aunque si Rodríguez te pregunta fue un golpe de calor.

— ¿Rodríguez?

— Me vio en mi momento más glamuroso.

— ¿Fuiste a los dormitorios?

— ¿Que otra cosa debía hacer? ¿Darle un espectáculo al escuadrón y los auxiliares de la zona central?

— Tendrían algo de lo que hablar.

Bufé con pesar.

— ¿Que harás al volver a casa?

— Que cambio tan radical de tema. —lo mire pidiendo que sólo continuará— Debo ver a mi hijo.

— ¿A tu hijo? —me tomo desprevenida— ¿Que edad tienes?

— Treinta y cinco.

— Eres todo un señor con bastón. —me burle.

— Si, y a ti todavía no te quitan los pañales.

— Tengo veinticinco, los pañales no entran en mi día.

— No estas a mucho de tu bastón entonces.

— Oh no, disculpame. —agite mi mano— Tu estas diez años adelante en la carrera para obtener el bastón.

— Tu diez años atrás de conocimiento.

— ¿Te crees más sabio por ser mayor?

— No lo creo, lo soy.

— La edad no te hace sabio. He visto hombres adultos cometer más estupideces que un adolescente.

— Comenzando con tu padre. —insistió en llevar la charla a Peter.

— No quiero hablar de mi padre. — reitere con fastidió— ¿Que edad tiene tu hijo?

— Dos años.

— ¿Es difícil para ti?

— ¿No poder verlo a menudo? —asenti— De los quince días que paso en casa solo lo puedo ver cinco, así que si.

— ¿Malos términos con la madre?

— No me soporta.

— No pareces mal hombre.

— No soy mal hombre, pero definitivamente si mala pareja.

— Dejame adivinar... —golpee mi barbilla con el dedo— detestaba tu ausencia.

— Eso y cuando estaba allí al parecer no le dedicaba la suficiente atención.

— Los dos factores comunes en los divorcios de la milicia.

— ¿Y tu?

Me detuve a pensar.

— Mi mejor amiga será enfermera para cuando vuelva. Me arrastrará a muchos bares y lugares nocturnos para celebrar.

— Suena divertido.

— Suena divertido, pero preferiría volver y dormir una semana. Tengo el medidor de cansancio a punto de explotar. —admiti— No es una opción, lamentablemente.

— ¿Ningún familiar que visitar? —indago.

— Estas husmeando.

Los motores de los jeeps se encendieron. Mi padre abandono el complejo subiéndose a ellos, ladro ordenes al conductor y este arranco sin cuestionar.

— Ahí va mi familiar. —apunte al jeep que se hacía más pequeño en la distancia mientras levantaba una cortina de tierra.

— ¿Madre?

— No husmear, Tales.

— Esto es parte y parte, Evans. Tu sueltas y yo suelto.

Entre cerré mis ojos. Sonaba a truco pero no le di mucha importancia, mientras no habláramos de mi padre todo estaría bien.

— Mi madre esta más muerta que viva.

Me examinó sin comprender por un momento, luego la realización se pinto en sus facciones.

— No he hablado con mi madre o padre desde hace una década si te hace sentir mejor.

Abrí mi ojos impresionada por su actitud relajada ante un comentario que muchos dirían entre lágrimas.

— Lo dices tan a la ligera.

— ¿Quieres que llore?

— Resérvalo para cuando veas a tu hijo.

— Estas en lo correcto.

Ambos guardamos silencio sin tener más nada que decir. La conversación entre Killard y Tales aun estaba presente, pero no planeaba mencionarlo al menos hasta que pudiera pensar en las preguntas correctas que me guiarán a respuestas directas. Mantenerme al margen comenzaba a escaparse de mis manos, la radio y ahora la conversación tenían mi vena curiosa picando por saber más, añadiéndole la molestia del atrevimiento de Peter investigando sobre mis finanzas y no sólo eso, sino queriendo controlar el dinero que ganaba, todo se deslizaba como arena de mis manos. Lo veía como jugadas del destino que me empujaba a saber, dejando conversaciones y otras cosas para que yo simplemente cediera. Mi padre comenzaba a ser un enigma, ya no estaba tan segura de que lo único que estaba tras esas paredes fuesen solo pasillos y obviamente el equipo conocía algo que yo ignoraba tremendamente.

Que trabajo tan jodido.

El resto de la mañana transcurrió y nos mantuvimos en la torre de vigilancia cambiando de posiciones de vez en cuando. Con las dudas y preguntas saltando en mi cabeza me vi tentada a preguntarle a Tales, incluso abri boca mas que lista para soltar la bomba de preguntas pero no salio nada. No pude articular absolutamente nada. Inconscientemente me estaba protegiendo.

Justo cuando el reloj de Tales produjo un apenas audible ruido de alarma supimos que era hora de ir a la cafetería, abandonamos la torre y emprendimos rutinario. Una vez en el lugar solo tome unas galletas saladas porque mi estómago no se sentía bien aún, no tenía náuseas pero no me arriesgaría a provocarlas nuevamente con comida. Me senté en una mesa apartada y me dispuse a engullir las galletas paseando la mirada por la habitación. Algunos miembros de la guardia élite estaban allí, pero el equipo alfa los superaba en número. Nunca había visto a ningúno compartir palabras, y la conversación de Tales y Killard aclaraba un poco la razón. No me perdi como uno de los miembros de la guardia llevo su mano al oído y al segundo vi como movía sus labios soltando en voz baja una confirmación antes de hacer levantar a los que estaban con él para que lo acompañarán. En un par de pasos se posicionaron en la puerta bloqueando la salida. Busque a Tales con la mirada para medir su expresión, pero recién se daba cuenta de lo que sucedía por el golpe que le propinó Howard.

— Los superamos en número, payasos.

Trate de localizar al dueño de la voz pero me fue imposible.

— Si, no creo que esto sea muy bueno para ustedes.

Secundo Howard a quien sea que haya hablado en primer lugar. No podía decir si bromeaban o iban a ir a por ello.

— Guarden silencio y esperen a su superior.

— ¿A quien estas mandando a callar?

Howard estaba a mitad de camino de levantarse y saltar al cuello del soldado pero Tales lo sentó de golpe en la silla. Le ordenó que volviera a comer y Howard no acato la orden en el momento sino después que tiró un pedazo de su comida en el uniforme del integrante de la guardia élite. Los cuatro hombre en la puerta se mantenían inalterables.

Dos toques en la puerta bastaron para que se retirarán del bloqueo abriendo la puerta de la cafetería para quien estuviera allí. El capitán West dio un paso hasta dentro con sus manos en la espalda y expresión seria.

— Hemos recuperado a Walsh hace un par de horas. —comunicó con tono neutro.

— ¿Donde esta? —dijo Tales.

— En estos momentos se encuentra volviendo a su casa. Ha formalizado su renuncia unos minutos atrás.

Las reacciones entre los hombres eran varias, pero la predominante iba entre incredulidad y rabia. No conocía a Walsh tan bien como los demás, pero tampoco me parecía algo lógico.

— ¿Dio razones? —hable provocando que la atención fuera a parar en mi. Me encogi un poco en mi asiento pero me asegure de mantener la mirada firme.

El capitán West no lució muy alegre con mi intervención.

— Si las hay, no es su asunto, Evans. Ni lo conocía tan a fondo como para preguntar tal cosa.

— Ella no, pero yo si. —exclamó Tales— Exijo hablar con Walsh.

El capitán elevó sus cejas.

— Tus exigencias me importan poco, Tales. Como ya dije, Walsh se encuentra camino a casa y es imposible hablar con él.

Tales se levantó de golpe y a paso enfurecido salio de la cafetería.

— Tales, será mejor que vuelvas aquí. —no se inmutó— ¡Es una orden Tales!

Todos repitieron su acción pasando por encima del capitán, incluyéndome. Para mi sorpresa, lo que pensé era un ataque de ira por todo lo ilógico de la noticia del capitán, se convirtió en un intercambio de puños entre Tales y el coronel Lloyd. Este último se encontraba de espaldas hablando con dos de sus soldados frente a la sección delta, Tales no perdió la oportunidad lanzando todo su peso sobre el para que ambos fueran a parar al piso. Tales llevo la delantera por un par de golpes antes de que el coronel pudiera reaccionar y devolver con la misma fuerza lo que recibió. Todo se volvió un caos al Howard y Killard intentar separarlos pero terminaron intercambiando golpes también con otros presentes. Mire hacia todos lados sin saber que hacer, al no tener más opción recurrí a la última de mi lista.

— ¡Suficiente! —grite disparando dos veces al techo. Inmediatamente todos se agacharon protegiéndose del rebote de las balas— ¿Que demonios esta mal con ustedes?

— ¡Sargento Evans, esto es un complejo cerrado pudo asesinar a alguien!

— ¿Alguna otra mejor idea, capitán?

La vena en su sien estaba a punto de explotar y su mandíbula podría safarse por la fuerza con la que la apretaba.

— ¡Todos a trabajar, ahora mismo! —bramo mirándome directamente pero se dirigía a todos— ¡Y me importa muy poco si quieren saber sobre Walsh, lo que informe es lo que es!

Se marchó directo a su oficina sin permitir rechistar. Enfoque a Tales que quito bruscamente las manos de Lloyd para levantarse. Me acerque para ayudarlo tendiendo mi mano.

— Vete a la torre de vigilancia. —hablo entre dientes.

Arrugue mi expresión.

— No me iré a ningún lado. —me negué.

— Vete a la torre, es una orden. —pronunció puntualizando cada palabra.

— No eres mi superior. —refute.

Me lanzo una mirada cansada y se rindió conmigo hablándole a Killard.

— Llévala a la torre.

Killard dio un asentimiento de cabeza y me tomo por el brazo. Luche contra su agarre pero al Howard unirse me sometieron sin posibilidad de pelea.

— Comienza a cantar que sucedió con Walsh, Lloyd. No estoy para juegos.

Fue lo último que escuche de parte de Tales antes de que me sacaran de allí.

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