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Vuelo del Navegador

By Mr_Wordcraft All Rights Reserved ©

Mystery / Scifi

Chapter 112

Vuelo del Navegador:

La nave se movía silenciosamente, ésta, un punto tímido sumergido en la inmensidad del espacio, el hecho tornándose irónico al tomar en cuenta con la increíble velocidad con la cual viajaba el Navegador. Pero el espacio es eterno, incalculable, un misterio que aumenta en cada instante, lo cual hacía de esta misión una redundante, e inútil. Aun así, el Navegador volaba. Adentro, su cuerpo dormía, detenido en estado de hibernación, la única manera en la cual semejante viaje sería posible sino solo por el bienestar psicológico del piloto. En el espacio, la distancia es incomprensible, va más allá de cualquier punto de referencia imaginable; nunca te podrían preparar para la realidad de lo que es la exploración espacial, una verdad que el Navegador ya hace mucho había cruelmente aprendido. Por esta razon, dentro de la nave, el Navegador soñaba. Aunque esto iba más allá de un sueño, porque ahí su conciencia residía dentro de la consola, donde en ella el Navegador era creador y señor de su dominio, un plano hecho para su diversión como método para pasar el tiempo, y donde todo deseo era hecho realidad, el espacio doblándose bajo su voluntad. Aquí vivía sus días, en un paraíso hecho a su gusto donde la realidad y el deseo se mezclaban, creado para apaciguarlo y distraerlo de la realidad, de la pesadilla que es el espacio.

Dentro de este dominio, el tiempo pasaba de manera diferente, un instante parecía una eternidad, y el tiempo era suficiente para olvidar, y creer vidas enteras. Ahí el Navegador vivía, prisionero de sus fantasías y sus apetitos, donde con su voluntad deseo montañas, riquezas, placeres; deseo todo bien material imaginable e incluso todo aquello que solo existe en la mente. Todo existía para su disfrute, nada estaba fuera de su control o más allá de su poder, tanto así que comenzó a favorecerlo, a creer en su propio poder olvidando la realidad de su situación a favor de este paraíso propio donde su voluntad era ley. Fue en este momento en el que el Navegador se perdió.

Las alarmas comenzaron a tocar, las luces acompañándolas fielmente en una incesante orquesta adornando la cabina de rojo, el color reflejándose del pulido metal, esto fue lo primero que presenció el Navegador. La cama retractó sus correas, doblándose por la mitad mientras que se paraba. La parte baja tornándose hacia dentro y las esquinas de la base volviéndose reposabrazos para el Navegador, acomodándolo hacia el frente. El traje, sincronizado con la nave, le inyectó químicos para despertarlo, enfocándolo en la situación actual. El Navegador siempre odió el proceso puesto que no era natural, no era tanto enfoque lo que le inyectaban sino pánico, y así despertó. A su alrededor todo explotaba en sonido, diferentes alarmas para diferentes problemas, pero la mirada del Navegador viajó expertamente por la cabina, localizando qué botón golpear en la consola y eliminando el grito, pero el color seguía.

Intentó leer la pantalla frente a la silla pero las palabras parecían garabatos, seguían temblando y cambiando. El Navegador pateó la consola pero de nada funcionó. El texto no significaba nada, y no importo. No tomó nada más que mirar fuera de la nave para ver el problema. La nave registraba que estaba en una línea de colisión con un planeta, algo fuera de los cálculos de la zona y no revelado en el escaneo del cuadrante, un planeta fantasma. No era tan raro que se le escapara un planeta, su tecnología era limitada y con espacio a errores, pero la nave y el Navegador seguían en pánico, porque lo que la consola no entendía era que el Navegador ya estaba en el planeta. No estaban en una línea de colisión, ya habían chocado.

El Navegador inmediatamente comenzó un chequeo del sistema pero la computadora seguía igual, incomprensible. Sin embargo, él conocía el sistema de memoria y pudo navegarlo sin problema. La luz del escaneo brilló verde, contestando que aparentemente el planeta era habitable, o por lo menos lo suficiente como para ameritar exploración por parte de la compañía. Fue entonces que la capa exterior de la nave cambió forma inmediatamente convirtiéndose en una esfera y manteniendo al Navegador estable mientras que ésta giraba como una rueda, buscando un espacio cómodo donde comenzar la desembarcación. Cuando lo encontró, la capa exterior tomo la forma de un capullo de flor, plantándose en la tierra mientras que la silla alzaba al Navegador, el espaldar forzándolo a pararse. La nave, entonces, comenzó a abrirse, acostando sus costados sobre el suelo hasta que solo quedaba el Navegador sobre la plataforma, expuesto a los elementos.

El Navegador miró a su alrededor, su respirar agitado por los químicos y lo inmediato de la situación, su cuerpo en tensión esperando que algo sucediera ante tan aparente silencio. Pero nada ocurrió, estaba solo, rodeado por flora exótica nunca antes vista por él. Atrás, la nave cerraba, de ella saliendo un sonido como aquel que hace una gota cayendo en líquido, antes que, a su lado, levitando, apareciera Ara. El Navegador la vio y su respirar se calmó. La presencia de Ara, aunque artificial, era mejor que nada. De todas las herramientas asignadas a él, Ara era su más preciada. Ara levitó sobre su cabeza, su forma diminuta y esférica cabía en un puño, pero al igual que la nave su forma era maleable, y de momento, brillando de rojo, se expandió, enviando un pulso. A su vez, el visor presentó un mapa que se completaba cada vez más que Ara repetía el proceso, moviéndose rápidamente entre varios puntos a su alrededor.

Después de unos momentos, el Navegador ya tenía una idea más clara su ubicación. Aun así, el mapa no ayudaba mucho ya que el pulso no sabía discriminar en su imagen, y no pudiendo diferenciar entre flora y bestia. Por esta razón, Ara se acercó. Ara protegía al Navegador de todo aquello que tuviese la intención de lastimarlo, todo para que el Navegador terminara su misión, ya algo que habían hecho innumerables veces —¿Hola, Ara, me extrañaste?— pregunto el Navegador, su voz ronca, gastada por el tiempo. Ara solamente levitó a su alrededor, el eco de la pregunta rebotando en el aire, acompañado levemente por el zumbido de su vuelo. Aun así, el Navegador sonrió, agradecido por la compañía. Hizo su camino hacia la nave, poniendo la palma de su mano sobre su superficie provocando que la nave y el traje se comunicaran. De su costado salió una gran gota, la cual el Navegador agarró, y desprendió, colocándola en su espalda donde se integró al resto del traje, la mochila arropándolo.

El Navegador, ya preparado, torno hacia Ara —Vamos, niña, tenemos mucho trabajo que hacer. — comentó, su voz cansada, pero Ara, obviamente, no contesto. Comenzó a caminar, sobre su hombro derecho y saliendo unos pies sobre su cabeza Ara mantenía su vuelo, cumpliendo su función de protectora y centinela para él mientras que éste buscaba un punto más alto. No le tomó mucho tiempo, con la ayuda de Ara, y la constante administración de químicos para incrementar el rendimiento. el Navegador no tuvo dificultad para encontrar y escalar la montaña más cercana. Ya cumplido esto y parado sobre la cima, junto a Ara, exclamó —!Ya sabes que hacer, Ara! Hazlos orgullosos.— Y con esto Ara se elevó, muy a lo alto, mas allá de las nubes blancas que adornaban el cielo morado. El Navegador no tenía que especificar la función del comando. Todos los acompañantes estaban diseñados con la capacidad de aprender y así permitir mayor fluidez en el trabajo en equipo. El Navegador, entonces, desprendió su mochila, colocándola sobre el suelo del planeta preparándose para su parte, notando cómo la palidez de la gota resaltaba sobre la superficie oscura del planeta. Miró hacia arriba, ya no podía ver a Ara pero en su visor ella mostraba su posición, estática, esperándolo, ahí fue que deslizó su mano izquierda sobre el antebrazo, interactuando con su pantalla e imponiendo los códigos de activación sin mirar, ya experto en el procedimiento.

La mochila se movió en respuesta y poco a poco comenzó a pararse, estirándose hacia arriba antes de que la parte superior se desprendiera. La masa tornó hacia adentro, convirtiéndose en una gran pelota antes de dividirse en seis partes, seis esferas que junto a Ara ascendieron hacia los cielos. Desde este punto, el Navegador solo tenía que esperar, Ara y las esferas harían el resto, propagándose sobre la zona. En la espera, el Navegador se mantuvo en la montaña. El sonido natural poco a poco retornando mientras que la vida se iba acostumbrando a su presencia. Llantos y gritos de bestias desconocidos pronto reverberaban. Esa noche, el Navegador deseó por Ara. Aun así, no podía evitar admirar la belleza que lo rodeaba, apreciando cómo la estrella madre del planeta descendía, el cielo tornándose un increíble rojo con la despedida, bello ante sus ojos. No fue hasta ya caída la oscuridad que Ara y las esferas retornaron, —¿Cómo estuvo tu viaje, vieja amiga?— preguntó el Navegador, alzando su mano en gesto de bienvenida, las esferas silenciosamente regresaban a la masa de la mochila. Ara mantuvo su silencio, pero tan pronto ésta regresó a su órbita sobre el Navegador éste vio el mapa aparecer parpadear repentinamente frente a su visor.

Esa noche el Navegador exploro el mapa, este uno muy complejo y completo, repleto de un sin número de data gracias a la unión de Ara y las esferas, estas funcionando como conjunto para expandir las limitadas funciones del acompañante. Gracias al estudio fue que encontró la estructura. No era posible saber con seguridad que era exactamente, pero de solo mirarlo se notaba la discrepancia entre esta y la superficie. Localizando su posición en el mapa este nóto que no estaba muy lejos del área, por lo menos no en comparación con el tamaño del planeta. La curiosidad lo consumió ante tanta especulación, comenzó a desear algo. El descubrimiento de semejante posibilidad acelero su pálpito, sino tan solo por lo que esto significaba para la historia, y para sí mismo, si sus sospechas eran ciertas. Aun así, no podía adelantarse, primero tenía que encontrar la estructura. —Mañana será un buen día, Ara, estoy seguro.— comento, antes de dormir esa noche.

Despertó temprano, la luz de la estrella recayendo salvajemente sobre él mientras que el calor penetraba levemente el traje, de todos modos la temperatura dentro de él se mantenía estable. El Navegador, junto a Ara, admiro el vacío. Debajo de ellos no se veía mucho, nada más allá de la flora cubriendo la totalidad de la superficie, una alfombra de colores que desde su altura parecía diminuta, no había distinción. Aun así, el Navegador pudo percibir movimiento, no dudaba que el mundo estaba repleto de vida, interesantes todas de por sí pero no su meta, quería descubrir la verdad sobre la estructura, y admirarla. Parándose lo más hacia fuera posible este extendió sus brazos, imaginandó como debía de saber la atmosfera del planeta. Se tornó hacia Ara, y pregunto— ¿Crees que me puedas ganar?—

El Navegador se lanzó al vacío, la flora mezclándose dentro de la velocidad y perdiendo todo nivel de detalle mientras caía, sus manos abiertas ante la superficie y una gran sonrisa en su rostro. Fue entonces que activó la mochila, cambiando su forma casi instantáneamente, estirándose, expandiéndose sobre su espalda y más allá antes de volverse rígida. El jalón de la estructura aguantó la caída del Navegador, permitiéndole el vuelo. Ahora, más cerca de la superficie, este podía apreciar la diversidad que lo rodeaba, su visor aumentando la resolución de la imagen cada vez que éste mostraba interés. —¡Ara, muéstrame la estructura!— éste exclamo después de un tiempo, sabiendo que Ara estaba cerca, aunque no pudiera verla. Su voz sonaba emocionada, no parecía estar muy lejos. A la velocidad que iba no debería tomarle mucho llegar a la estructura.

Más tarde, el Navegador encontró la estructura a la distancia, su forma era masiva. Más allá que una montaña, su brillo rivalizaba la luz de la estrella, reflejándola sobre la superficie a su alrededor a tal punto que sintió la necesidad de abatir sus ojos de ella, por miedo a perder la vista. El Navegador continúo su vuelo, oscureciendo su visor para continuar, dejándose llevar por el mapa antes de descender sobre la superficie, los propulsores de las esferas proveyendo control y estabilidad en el aterrizaje. Ya más cerca, este pudo apreciar lo que la estrella no le permitía, lo que el mapa no revelaba inclusive con todo su avance y detalle. Una gran montaña, mucho más allá de lo que él jamás hubiera visto en sus exploraciones, hecha completamente de cristal.

—¡Ara! ¿Lo ves? ¡Es hermoso!— Exclamo, mirando hacia arriba donde Ara levitaba, señalándole como un niño, como si de alguna manera la impotencia de la estructura pudiese ignorarse. Ara, por su parte, se acercó más a él. El único sonido alrededor era solamente el sonido de sus pasos y su respirar agitado mientras que este corría para acercarse más al área. Fue entonces, que pudo apreciar la estructura. La montaña era hermosa, de eso no cabía duda. La manera de la que esta salían pilares puntiagudos, cada uno de ellos un color diferente, algunos rotos y tirados en el suelo, otros llegando más allá que inclusive las nubes. Su majestuosidad era un regalo para cualquiera que la encontrara pero frente a esta, la meta residía. Porque alrededor de la base de la montaña, inmensa aun que era, había una serie de arcos, unos rotos por los cristales colapsados y otros intactos, que le daban la vuelta entera a la montana, aun así, era suficiente. —¡Ara, esto es evidencia!— exclamó, acelerando el paso, acercándose a los arcos.

Lo más probable fue la emoción, pero el Navegador no percibió el acercamiento de la bestia. Si no hubiese sido por el zumbido de Ara lo más probable lo habrían tomado. Este miro hacia arriba, la masa enorme cubriendo la luz de la estrella, una gran bestia de grandes alas y puntiagudos cuernos descendía sobre él, su volar poderoso y seguro, su grito alto y aterrador, un depredador en busca de presa. Ara, inmediatamente, entro en acción, expandiendo su forma antes de ascender sobre el Navegador, comenzando su ataque. —¡Ten cuidado!— grito el Navegador hacia los cielos, mirando a Ara girando alrededor de la cabeza de la bestia, agitándola, distrayéndola. Fue en este momento que el Navegador corrió. Su corazón palpitaba fuertemente, tenía miedo, miedo de lo que le podía pasar a Ara por culpa de él y su distracción, pero sabía que no debía mirar hacia atrás, sabía que no podía a ayudar a Ara más allá que saliéndose de su camino.

Detrás de sí escuchó los gritos de la bestia, alejándose, por encima de él retumbaba el grito ya a la distancia. Sin embargo, Ara no retornaba. Su corrida lo llevó a la base de la montaña, rápidamente tomando refugio bajo uno de los pilares que tanto habían capturado su atención. Allí notó la escritura que lo adornaba. Su atención viajaba entre el interés por lo que veía y la preocupación por Ara. No podía apreciar la escritura porque su corazón no dejaba de palpitar, su visión seguía temblando y la escritura también. Fue ahí que cayeron. El Navegador tuvo suficiente tiempo para apreciar la bestia caer, ahora, a la distancia, se podría pensar majestuosa, antes de que su cuerpo hiciera un terrible sonido al regresar a la tierra. No se atrevió a mover, todo pareció detenido, pero en la espera la bestia no se movió, ¡Ara lo había hecho! Rápidamente interactuó con la computadora, pulsando un botón para demarcar la posición de Ara haciendo aparecer un pequeño retículo sobre su visor, señalándola.

Ella voló hacia él, pero de solo mirarla él sabía que algo andaba mal, su vuelo característicamente orgulloso temblaba, —¡No!— gritó, extendiendo su mano, corriendo hacia ella, y alcanzándola antes de que esta colapsara, aguantándola en su palma. Él la agarró y la guardó en su pecho, cubriéndola con su cuerpo antes de esconderse debajo de un arco. Ya ahí, abrió su palma, mirando fijamente a Ara, ésta, se expandió una vez más, calentando levemente su mano, antes de que su piel se deshiciera, dejando atrás una pequeña pelota de metal. El Navegador lloró, impotente ante su situación, rogando. Fue ahí que escucho el llamado del cristal, una canción, guiando su mano hacia él, y ahí el Navegador la reposó, sintiendo la energía y la verdad llenando su cuerpo. En sus manos seguras tomo a la mochila y Ara, uniéndolos, aplicando intención y energía a la masa. Después de unos momentos, se movió la diminuta figura y, luego, escuchó su llanto.

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