PAINTED [KOOKMIN]

All Rights Reserved ©

Summary

❝Donde Jungkook es un pintor innato y Jimin su próxima obra de arte...❞ - | ⸙: Jimin x Jungkook | ⸙: Oneshot | ⸙: Violencia, gore | ⸙: 4900 palabras ᑫ ɒ i n Ɉ ǝ b ⏎ ⏝⏝⏝⏝ ⏝⏝⏝⏝ ⏝⏝⏝⏝ ║▌│█│║▌║││█║▌║▌║ - © ; idanikoiya 2018

Status:
Complete
Chapters:
1
Rating:
n/a
Age Rating:
16+

Capítulo Único

Un tenue rayo de luz se filtraba por la ventana, iluminando el lienzo teñido de diferentes colores frente a él.

Echó una mirada rápida al reloj en su pared el cual marcaba casi las 6:00 a.m., comprobando así que, efectivamente, se había quedado despierto toda la noche terminando aquella obra.

Sonrió, satisfecho consigo mismo, al ver la nueva obra para su galería terminada.

Se sentía nervioso preguntándose si a sus clientes les gustaría, aunque no había razón para ello, pues Jeon Jungkook era alguien famoso en el área de los artistas. Sus creaciones llegaban al corazón de todo quien las viese, claro está que con diferentes emociones; a algunas personas les causaban alegría, quedaban encantados, mientras a otras les causaban repulsión y, a la vez, se sentían atraídas y curiosas sobre ellas.

Apreció de nuevo su obra y la tapó con una manta de lino para que no se dañase mientras él estaba fuera de casa.

Cogió su cartera y salió de su hogar, sintiendo la fría brisa de otoño chocar contra su rostro. El cielo estaba teñido de un leve azul rosáceo y los pájaros recién se desperezaban para comenzar con su rutina de cantos mañanera.

Vagó sin rumbo un buen rato, con los auriculares puestos, escuchando algo de música clásica.

La mayoría de las personas lo consideraba alguien extraño, raro, aunque Jungkook no lo entendía.

Él se consideraba un chico normal, con gustos normales, es más, consideraba extrañas a las demás personas; ¿cómo les podía gustar aquellas canciones pegajosas que sonaban en la radio?, ¿cómo podían vestirse de manera tan colorida, como si fueran payasos o animadores infantiles?, ¿cómo podían juzgar sin conocer?...

Muchas preguntas sin respuesta.

Sus párpados pesaban y sentía sus piernas flaquear por el frío calando sus huesos.

Tenía sueño, mucho sueño...

Quería regresar a su casa, mandar la vida a la mierda y seguir durmiendo.

Pero lamentablemente tenía que seguir buscando inspiración para su próxima obra maestra. Tenía un espacio vacío en su galería de arte y quería llenarlo a como dé lugar.

Así que, para mantenerse despierto, decidió pasar a alguna tienda de autoservicio para comprar un café.

Por suerte para él había una justo al final de su vecindario, o bueno, ahora, justo en frente de él.

Abrió la puerta sintiendo el aroma de sobres de cafés y sopas instantáneas en sus fosas nasales. Avanzó decidido hacia donde estaban los cafés y demás "bocadillos y bebidas", y tomó un capuchino, para luego dirigirse a la caja.

Mientras, el joven vendedor de cabellos naranjas lo observaba expectante y, es que, no era muy común que a la tienda llegaran artistas famosos.

¿Cómo lo reconoció? Sencillo; Jeon Jungkook era inconfundible.

Su cabello azabache siempre tenía un peinado despeinado, que aunque era extraño, se veía bien en él. Su manera de vestir también era bastante peculiar; camisas manga larga de color blanco que seguramente eran de un par de tallas mayores, dado que dejaban ver sus clavículas, además de pantalones holgados que tapaban sus pies cubiertos por un par de timberland viejas.

Era extraño como Jungkook llamaba la atención de las personas y, a la vez, pasaba desapercibido.

"Cosas de artistas." pensó Jimin negando un poco antes de seguir acomodando los dulces tras la caja.

Jungkook terminó de elegir lo que compraría y, acomodándose las mangas de la camiseta, se acercó a la caja dispuesto a pagar.

—Buen día. —saludó el pelinaranja mientras configuraba la caja registradora.

Sin embargo, Jungkook no devolvió el saludo, pues estaba bastante sorprendido al ver al chico que tenía delante.

¡Eso era!, estaba seguro que aquel chico era todo lo que necesitaba para su próxima creación.

Jimin, mientras tanto, lo observaba con una sonrisa, un tanto incómodo bajo su atenta mirada.

—¿Va a pagar? —preguntó Jimin en un tono amable que logró sacar a Jungkook de su ensoñación.

Sacudió un poco la cabeza y negando asintió, contradiciendo su acción.

—Sí, claro. —colocó las cosas en la barra y sacó su cartera a la vez que Jimin registraba los códigos en la caja.

Necesitaba acercarse a él, ahora tendría que seguir un proceso que, esperaba, no tardara demasiado.

Pero todo tiene un comienzo y el suyo sería tener que ganarse la confianza del joven vendedor frente a él.

—¿Eres nuevo?

Jimin lo miró ladeando la cabeza confundido, sin saber a qué se refería el azabache precisamente.

—En la tienda, trabajando. —aclaró Jungkook al ver el rostro confundido de Jimin y éste inmediato asintió.

—Oh, sí, me mudé hace poco y necesitaba encontrar trabajo. —respondió tecleando los últimos códigos que faltaban.

Jungkook estaba bastante intrigado en él, necesitaba conseguir información antes de arriesgar cualquier cosa.

—¿Por qué?

—Uhm...—metió los dulces en la bolsa y sonrió levemente —. Necesito dinero para pagar mis estudios, bueno, algo personal —terminó de explicar tendiéndole la bolsa —. Son tres mil wons.

—Claro —le entregó el dinero algo frustrado, se equivocó al pensar que Jimin sería alguien más abierto —. Y respecto a lo del dinero, estoy seguro que podrías conseguir mucho más si trabajaras conmigo.

"Vaya que los artistas son raros." pensó Jimin negando para sus adentros, viendo como el extraño chico frente a él se acomodaba en una mano las bolsas con golosinas mientras que con la otra bebía un poco de café.

—¿A qué se refiere?

—Necesito a alguien que me ayude a limpiar y guardar mis materiales de trabajo —sonrió intentando brindarle confianza —. La paga podría interesarte, creo.

Era algo tentador, Jimin no podía negarlo, pero encontrar un buen trabajo de un momento a otro era algo demasiado bueno para ser verdad. Era normal que desconfiara.

Jungkook pudo ver un deje de duda en la ligera sonrisa que se formó en los labios de Jimin y añadió.

—He estado buscando un ayudante desde hace tiempo, pero por alguna razón nadie ha aceptado.

—Buenas oportunidades como esa no surgen de manera tan repentina — excusó Jimin —. No puede culparlos.

—¡Tonterías! —refutó Jungkook —. Toda buena oportunidad surge de la nada, las personas quieren una oportunidad así, pero cuando ésta se presenta se excusan con que no estaban preparados, por algo está aquella frase de "la vida te da sorpresas", y sí que las da, sólo queda aceptarlas —señaló —. Nadie está preparado para algo bueno, de hecho la negatividad es mucho más abundante en la sociedad actual, ¿qué pasa si a una persona le preguntas si cree que podría ganarse la lotería alguna vez en su vida?

—Lo va a negar —respondió obvio —. No es ser negativo, es ser realista.

Jungkook asintió tronando los dedos, señalando al llegar al punto que quería.

—Exacto —le dio la razón —. Las personas actualmente son demasiado realistas, son estúpidas. Bien como ha dicho alguien sabio por allí "El mundo real es para quienes no pueden imaginar algo mejor.", no ven más allá del presente y la realidad está muy lejos de los sueños.

Jimin quedó anonadado ante las palabras de Jungkook, se notaba a leguas que el azabache era alguien bueno con las palabras, su poder de convencimiento parecía ser excepcional, leve pero descarado, como si un ligero suspiro abriese una ventana.

Pero las palabras son engañosas y aquellas frases que parecen ser más intelectuales y cultas son también las menos sensatas.

Y esto, Jimin lo sabía muy bien.

Estos versos suelen dar efecto con la mayoría de las personas, pero no en aquéllos que saben que la lengua es tal cual una flor espinosa.

—Me parece que usted es alguien que influye en la gente de manera sutil aunque dura, he de decir que ahora me sorprendo a mí mismo negando en declinar su oferta —confiesa Jimin y Jungkook le brinda una sonrisa que muestra sus dientes frontales. Jimin se tiene que dar una cachetada mental para ignorar el hecho de que por alguna extraña razón, él también quiso sonreír.

—Pues debería replantearse la idea, no sé, puedes ir a mi casa hoy a las cuatro para que hablemos de esto. —dejó su tarjeta de presentación con su dirección y avanzó hacia la salida —. Si así lo deseas.

—Lo pensaré —contestó Jimin y con ello Jungkook se dio por satisfecho.

Mientras, a la vez que lo veía alejarse, Jimin sentía unas enormes ansias de volver a verlo, y pasó de debatirse mentalmente si ir o no ir, a pensar en que ropa se pondría.

Definitivamente, Jeon Jungkook lo había atrapado.

—Joder... —se maldijo pasando una mano por su cabello en señal de frustración.

[...]

Jungkook pintaba tranquilamente el dibujo de una manzana en su ático, traía puesta su típica bata vieja para no ensuciarse tanto con sus materiales, estaba descalzo, con tan sólo un par de calcetines viejos, sus brochas estaban en el bote con el líquido color rojo y, a un lado de éstos, estaba la mascarilla que usaba cuando el olor de sus pinturas era demasiado fuerte.

—Ya está —descolgó al conejo que estaba degollado sobre el bote de pintura y lo metió en una bolsa para luego volver a guardarlo en la nevera.

Amaba ver la sangre bajar con cuidado por el lienzo y los colores que ésta tomaba al secarse. La manzana en un rato sería marrón, y dentro de algunos meses quedaría una mezcla de negro cenizo y marrón rojizo. Mientras la hoja que adornaba la cima de la manzana la pintaba con pigmentos verdes mezclados con hojas de mentas y aceite de oliva, su dibujo era toda una obra de arte.

Disfrutaba todo el proceso de pintar; elegir el diseño y los colores, conseguir y torturar a los materiales y, finalmente, pintar sus majestuosas obras.

La gente jamás imaginaria de que estaban hechas, puesto que siempre rozaba un aromatizante (combinado con fijador) que él mismo hizo.

—Es hermosa. —susurró para sí mismo apreciando su arte —. Pero lo será aún más mi próxima obra maestra.

Estaba completamente seguro de que un retrato de Jimin quedaría de maravilla en su gran galería.

Lo pintaría con muchos tonos hermosos y para eso lo necesitaba.

Su próxima víctima (o material, como Jungkook le llamaba), era demasiado grande como para cazarla solo, es por eso que necesitaba de su ayuda para atraerla.

Sí, su próxima víctima sería una mujer. Pero no cualquier mujer, claro que no, tenía que ser alguien especial, alguien que fuera digna de ser convertida en pintura para, valga la redundancia, pintar un retrato de Jimin.

Así que, tras pensar mucho, llegó a la conclusión de que su víctima debería ser la señora Jeon.

Su propia madre.

Era una mujer hermosa y de alta clase, siempre aparentando preocuparse por los demás aunque no viera más allá de sus propias narices.

Nunca se preocupó por Jungkook, en realidad, siempre lo detestó por querer ser artista.

"Te morirás de hambre, los artistas son unos vagos." Eran sus palabras cuando Jungkook le expuso su sueño de ser pintor. Tan sólo tenía 5 años.

Aunque, en cuanto la desmesurada fama comenzó a alcanzarlo, incluso dio un par de entrevistas hablando de lo orgullosa que se sentía de que su hijo hubiera triunfado y que, como madre, siempre lo había apoyado.

Hipocresía en su máxima expresión.

Disfrutaría en sobremanera ver la sangre de aquella detestable mujer en su cuadro.

Estaba tan sumido en sus pensamientos, que no escuchó cuando su timbre comenzó a sonar y en la puerta se comenzaron a escuchar golpeteos.

Salió de la habitación y bajando las escaleras se dirigió a la sala de estar para ver quien había llegado.

—¿Jeon? —escuchó aquella melódica voz y sintió su corazón palpitar con repentina rapidez nuevamente.

Abrió la puerta y una sonrisa se hizo visible en su rostro al ver al pelinaraja, con su cabello bien peinado, una chaqueta de cuero azul y unos pantalones negros ajustados, además de calzar unas botas negras de estilo militar.

—Al parecer mi poder de convencimiento es bastante bueno. —lo dejó entrar.

—Eso me temo. —sonrió Jimin y se adentró en la casa de Jeon.

El ambiente era desesperadamente tranquilo, por fuera la casa tenía un diseño rustico, como si se tratara de una gran cabaña vieja en un vecindario fantasma, y por dentro, las paredes tenían colores pastel con manchas marrones, tal parecía que alguien había agarrado una brocha y salpicado lodo rojizo a las paredes, la alfombra de entrada tenía una frase sin sentido la cual tenía signos en vez de algunas letras:

L& M%#RT! €S !?J* & ¥L R?J# E& #!TE

Todo esto además de juguetes rotos y viejos sobre los aparadores, y cuadros demasiado infantiles sobre las paredes.

Parecía un escenario de algún videojuego de terror o filme tétrico.

Sin embargo, Jimin no se sintió intimidado en absoluto, al contrario, pensaba que todo era interesante, cada detalle de las paredes en lugar de causarle terror, le causaba curiosidad.

Quizás Jungkook no estaba solo.

[...]

Ambos se encontraban sentados en la sala de estar, Jungkook había hecho café para hablar de los detalles del empleo con total comodidad.

—Así que... ¿sería algo así como tu ayudante? —preguntó Jimin y Jungkook asintió.

—Parecido. —aclaró —. Me ayudarás a conseguir los materiales y limpiar mi lugar de trabajo.

—¿No voy a dibujar y pintar yo también?

—¿Sabes hacerlo?

—No.

—¿Entonces para qué preguntas? —rió Jungkook mirando a los ojos a un abochornado Jimin.

Jimin escondió su cabeza entre sus brazos pero volvió a su posición al notar lo infantil de su acto.

—Ya —se acomodó en su lugar —. Como sea, me he dado cuenta de otro detalle muy importante que se me ha pasado preguntar.

—¿Sí? —se llevó la taza de café a sus labios —. ¿Qué cosa?

—Tu edad.

—¿Mi edad? —se señaló a si mismo mientras Jimin asentía —. Ah, tengo diecinueve años...

Jimin abrió los ojos sorprendido y le lanzó un cojín que estaba cerca de él.

—¡Soy mayor que tú y me has estado tratando como alguien menor desde que te conocí!

—Fue esta mañana.

—Eso no importa, estoy seguro que tú ya sabías mi edad —se cruzó de brazos —. Qué irrespetuoso.

—Ya hyung, cállate y deja de escandalizarte por cosas sin importancia ¿sí?

—Sólo porque me dijiste hyung —cedió.

Siguieron charlando, discutiendo los detalles del empleo. Habían quedado en que Jimin trabajaría con Jungkook los Martes y Viernes, que eran los días que tenía algo de tiempo libre.

—Entonces nos vemos en unos días —se despidió Jimin y Jungkook lo imitó.

—Por supuesto, adiós.

Sin más, el pelinaranja se fue perdiendo de la vista del menor, pensaba no aceptar el trabajo, pero eso cambió en cuanto Jungkook se distrajo y echó un vistazo a la cocina.

El olor a óxido logró convencerlo.

[...]

Jimin se encontraba viendo películas con su mejor amigo, Kim Taehyung.

Reían de las escenas que les parecían graciosas y abucheaban a los actores cuando hacían algo que no debían. Todo esto mientras se daban un atracón de palomitas de maíz, frituras y demás chucherías que tenía Taehyung en su habitación.

—¡No entres allí! ¡Huye pendeja!

—¡Perra corre!

—¡No, no, no! —gritó Taehyung antes de que la protagonista entrara a la habitación —. ¡¿Por qué no hace caso?!

—Es una película.

—Ah, cierto.

Siguieron riendo, y sus carcajadas aumentaron aún más al ver como el asesino de la película desmembraba a la pobre chica.

—Le pasa por estúpida.

—Se lo advertimos —se encogieron de hombros y siguieron mirando la película.

[...]

No había sido una buena semana para Jimin. Irónicamente, había reprobado arte y ahora tendría que hacer ese maldito examen si quería asegurarse de tener un buen futuro y no terminar siendo un vagabundo sin oficio ni beneficio.

—Ojalá el profesor se tropiece y se le entierren los pinceles en el culo. —bufó cerrando su casillero y tomando su mochila para, por fin, partir a casa y no volver a aquella escuela hasta el lunes, pues era fin de semana.

Caminó hasta su casa, con los audífonos puestos en sus oídos e ignorando todo a su alrededor.

Lo único que quería era llegar a dormir y descansar de todo los problemas que traía en su cabeza.

Iba a sacar sus llaves cuando su celular comenzó a sonar, desconcertándolo un poco, pues no esperaba que nadie le llamara.

Contestó sin ver el remitente y se dio una enorme cachetada mental al escuchar la voz del azabache y recordar que había quedado a visitarlo después de clases ese día.

—¿Jimin, vienes en camino?

—S-Sí, en un rato estoy llegando. —mintió volviendo a guardar sus llaves en su mochila.

—Está bien —lo escuchó suspirar tras la línea —. Te espero.

Cuando Jeon cortó la llamada Jimin guardó su celular y, casi corriendo, se dirigió a la casa del menor.

Una gota de sudor escurrió por su frente mientras tocaba la puerta. Esperó unos segundos antes de escuchar un "Voy." proveniente del azabache y seguido ver la puerta abrirse.

—Hyung, pasa. —saludó Jungkook.

Jimin moduló una sonrisa y, después de hacer una pequeña reverencia, entró a la casa, dejando su mochila a un lado de la puerta.

—¿Estás bien? —el azabache a acercó a él preocupado —. Luces como si hubieras corrido un maratón.

—Y-Yo... —intentó hablar pero su voz aún sonaba cortada por el ejercicio antes realizado —. Vine corriendo.

—¿Por qué no tomaste el autobús?

—Es que... —pensó rápido en una excusa —. Me gusta hacer ejercicio y, ya sabes, ayudar al ambiente.

—No tenías dinero ¿cierto? — una sonrisa burlona apareció en los labios de Jungkook y Jimin, frustrado, asintió. No le gustaba exhibir sus necesidades, en realidad, no le gustaba hablar de su vida.

—Bien. —Jungkook tomó su mano inesperadamente y comenzó a guiarlo hacia la planta alta —. A partir de ahora tendrás dinero, sólo que deberás seguir mis ordenes.

—Suena a que me vas a violar. —soltó medio en broma medio en serio, provocando que Jungkook soltara una carcajada.

—No suena mala idea, quizás lo haría si no estuviera tan ocupado haciendo mi próxima obra —rió —. Por lo mismo he pedido tu ayuda.

El pelinaranja sintió sus mejillas arder, aclaró su garganta y soltó un simple "Ya", antes de entrar a la habitación.

—Aquí es mi área de trabajo, empezarás lavando todos los botes apilados en esa esquina. —señaló la esquina antes mencionada, donde había unos botes de pintura vacíos, algo oxidados y puestos unos sobre otros.

—Claro.

El menor salió de la habitación y, tras comenzar con su labor, Jimin no pudo evitar preguntarse qué clase de cosas hacía Jungkook en su labor como pintor.

¿Haría alguna especie de ritual para conseguir inspiración para sus pinturas? ¿Por qué todas ellas tenían tonos opacos y tristones?

Muchas preguntas, hasta ahora, sin respuesta.

Quizás si lo seguía...

Quitó esa extraña idea de su mente y siguió con su trabajo.

[...]

La esponja estaba manchada de diversos colores cálidos, soltando pequeñas burbujas teñidas cada vez que Jimin la exprimía para enjuagarla y lavar los botes y pinceles que estaban sobre la mesa.

Ya habían pasado un par de meses desde que comenzó a trabajar con Jeon Jungkook, siempre era la misma rutina; llegaba a la casa, charlaban acerca de temas triviales para después hacer cada quien sus deberes y, finalmente, Jimin se iba a casa con su sueldo en mano.

El pelinaranja se preguntaba por qué Jungkook se tardaba tanto en la habitación de al lado, bien podría ir a echar un vistazo, pero había algo que lo detenía.

Tenía miedo.

No, no de lo que pudiera haber allí, sino que tenía miedo de las ansías y la curiosidad insana que sentía al pensar en todos los secretos que podría ocultar el azabache.

Pero había llegado el día, por fin saciaría su curiosidad y obtendría una respuesta de sus dudas, estaba decidido.

Entraría a la habitación.

Buscó una oportunidad para cumplir su cometido, y ésta llegó en cuanto Jungkook le dijo que iría a buscar unos materiales a casa de sus padres, Jimin asintió despreocupado y esperó a escuchar el cerrojo de la puerta principal que le hacía saber que ya se encontraba completamente solo.

Enjuagó los últimos botes que le quedaban y los dejó cerca de la ventana para que el sol pudiera secarlos. Y sin más, abrió la puerta de su cuarto de trabajo, para dirigirse a la tan misteriosa habitación.

Sus piernas temblaban un poco por el frío que hacía conforme se acercaba, nunca había caído en cuenta de que el pasillo se encontraba climatizado. Sus manos comenzaron a sudar de los nervios y las limpió con torpeza en su pantalón, secándolas para así poder abrir la puerta de madera que se encontraba frente a él.

Se sorprendió al descubrir que no tenía llave, al parecer no tendría que ocupar los pasadores de cabello que le había quitado a la hermana menor de Taehyung.

Giró la manija lentamente, empujando un poco a la vez que escuchaba un chirrido.

Al abrir la puerta ese conocido olor a óxido inundó nuevamente sus fosas nasales, incluso juró sentir el extraño sabor sobre sus belfos.

No podía ver nada, todo se encontraba en completa oscuridad así que, al no encontrar el interruptor, tomó su celular y prendió la lámpara que éste traía.

Al encenderlo y alumbrar una parte de la pared sus ojos parecían salirse de sus orbitas ante lo que veían, la pared era de una tonalidad azúl pastel y en ella se encontraban diversos dibujos infantiles, había estrellas, soles, árboles, incluso muñecos de palitos simulando ser personas, todos estaban hecho de aquel liquido rojo que era esencial para la vida.

Sangre. Había mucha sangre.

Pero eso no era lo peor, al alumbrar la pared frente a él ahogó un grito con sus manos y se preguntó en qué mierda se había metido.

Un largo alambre iba esquina a esquina de de la pared, y en él se encontraban colgadas diversas partes del cuerpo; piernas, brazos, lenguas, cabezas, genitales, órganos, y debajo de ellos se encontraban los botes que Jimin lavaba para ganarse un buen dinero. Parecía una jodida carnicería.

Decidió iluminar las paredes restantes, encontrando en ellas largos pliegos de lienzo con los dibujos a medio terminar de Jungkook, plasmaban paisajes, frutas, edificios antiguos y renacentistas, pero lo que logró erizar su piel, fue el último dibujo que contenía una imagen demasiado familiar para su gusto.

—S-Soy yo... —murmuró aún aturdido por todo lo que acababa de ver.

El sonido de la puerta lo hizo volver a la realidad y al voltear, se encontró con el rostro inexpresivo de Jungkook, quien arrastraba una bolsa negra.

—Veo que encontraste mis obras. —dijo más para sí mismo que para su curioso asistente —. ¿te gustan? —dejó a un lado su mirada seria para regalarle una sonrisa que dejaba ver sus dientes frontales, dándole una imagen infantil, pero tétrica en aquel contexto.

Jimin no respondió, simplemente se dio la vuelta y pensó en lo asquerosamente perturbador y grotesco que resultaba todo aquello, pensando en que probablemente, Jungkook necesitaba ayuda.

—Jungkook... —soltó llamando su atención y el nombrado dejó la bolsa negra en el suelo para ir con él.

—¿Sí?

—Esto es... —intentó buscar las palabras adecuadas para todo aquello que sentía, pareció meditarlo hasta que encontró una respuesta —. Malditamente bello.

Su sonrisa se ensanchó ocultando sus ojitos brillosos, acompañando la sonrisa que modulaba el azabache.

El pelinaranja estaba en lo cierto, Jungkook necesitaba ayuda y él iba a dársela.

—Me alegra que te gusten mis creaciones. —miró sus manos teñidas de rojo y señaló la bolsa —. Es mamá... Q-Quiero pintar tu dibujo con los mejores materiales, Jiminnie...

Jimin sonrió enternecido, haciendo desaparecer sus ojos y tomó su mano, llevándolo hasta la bolsa para poder abrirla.

Jungkook captó la indirecta y desató el nudo, para luego meter la mano y sacar la cabellera castaña que sobresalía de allí, haciéndole constar a Jimin que se trataba de una mujer.

—Es hermosa... —murmuró Jimin al ver el rostro de la mujer, pero arrugó la nariz al ver un detalle que no había notado anteriormente —. ¿Por qué sigue viva?

Jungkook terminó de sacar a la mujer de aquel plástico negro y la dejó en el suelo, con cuidado de no dañarla mucho todavía.

—Para eso necesitaba tu ayuda Jiminnie, quiero que tú elijas la procedencia de los materiales...

El pelinaranja sonrió en respuesta y sin más, se acercó a las extremidades que había visto colgadas anteriormente, sacando un escalpelo que estaba enterrado en una pierna.

Mientras realizaba esa acción, la mujer despertó entre sollozos y lamentos, quejándose al sentir sus muñecas y tobillos apresados.

Estos quejidos empeoraron en el momento en que abrió los ojos.

—¡Ayuda! ¡sáquenme de aquí! —gritó esperanzada por que alguien la escuchara.

—Shh... —susurró Jungkook y ella levantó su mirada esperanzada al ver a su hijo, pues ingenuamente creía que éste la salvaría.

—Kookie, hijo, ayúdame. — jadeó aún apresada y con dolor en sus entumecidas extremidades.

—Silencio. —ordenó —. No me gusta que mis materiales griten, es raro.

La mujer ladeó la cabeza confundida, no entendía de que estaba hablando su raro hijo.

—¿Materiales...?

Y al mirar alrededor cayó en cuenta de la situación en la que se encontraba.

—N-No... —murmuró sintiendo las lágrimas amenazar con salir —. Hijo, no hagas ninguna tontería, por favor... Soy tu madre...

Jungkook sonrió risueño, intentando contener una carcajada que salía por la emoción. Se agachó quedando a su altura y acarició sus mechones castaños.

—Lo sé, eres muy importante para mí. —se acercó a ella regalándole una sonrisa tranquilizadora —. eres muy especial y... Por eso te convertiré en lo más hermoso que alguien haya visto.

—No, ¡no, ayuda! —comenzó a gritar nuevamente y Jungkook bufó —. ¡Auxilio, mierda!

—Jimin... —lo llamó e inmediatamente el pelinaranja se acercó a él para acatar la orden que Jungkook le fuera a dar.

—¿Sí?

—Córtale la lengua.

Jimin asintió con una sonrisa tímida y se acercó a la mujer tendida en el suelo, su mirada suplicante lo asqueó al instante por lo que tomó su sin hueso y la cortó con el escalpelo.

La mujer gemía aún más del dolor, se retorcía, sus mejillas estaban totalmente empapadas de lágrimas y su boca comenzó a sangrar desenfrenadamente, pronto el río de sangre proveniente de su boca formó una laguna en el frío piso que rodeaba su cabeza.

—Ya puedes elegir Jimin...

El nombrado sonrió en respuesta y se acercó a la dolorida señora Jeon.

Observó un área donde la piel se veía suave y se decidió por ésta.

Y sin más, cortó su cuello salpicándose un poco en el acto, seguido realizó cortes también en su estómago de manera vertical dejando ver la carne expuesta, de igual manera repitió las acciones en la blanquecina piel de sus muñecas, escuchando los jadeos y la respiración agitada de la mujer que poco a poco se iba apagando.

—Ya está lista~ —canturreó.

El azabache asintió feliz, acercándose al cuerpo sin vida de su progenitora con un cuchillo carnicero, cortó cada una de las extremidades sin cuidado alguno, escuchando el crujir de los huesos y el suave deslizar de la carne, el vestido amarillo que vestía la señora Jeon se había teñido de un rojo oscuro al igual que el suelo en el que se encontraba.

—Jiminnie, cuelga los materiales y pon los botes para que pueda comenzar a pintar. —ordenó obteniendo un asentimiento por parte del pelinaranja, quien tomó un brazo como si nada y lo colgó en el alambre sobre la pared, poniendo un bote debajo de éste para retener la sangre que caía.

—Listo Jungkookie.

Jungkook se alejó del cadáver en su piso y tomó el caballete que estaba a un lado para acercarlo al bote que tenía su apreciada y vital "pintura".

—Jiminnie...

—¿Mande? —preguntó desde su posición, aún colgando el resto de las partes de la madre del pelinegro.

—T-Te quiero y eres muy lindo... —sus mejillas se tiñeron de rojo mientras soltaba esas palabras —. Espero que te guste mi creación.

—Yo igual te quiero Jungkookie. —respondió acercándose a él y besó su mejilla rápidamente, manchando sus labios con la sangre que éstas tenían.

Jungkook sonrió feliz de que Jimin no lo considerara extraño, sintiendo su corazón palpitar fuertemente. Tomó el pincel y manchó la punta con el liquido rojo en la cubeta, para luego dar pequeñas y precisas pinceladas al dibujo frente a él.

—¿Qué estás pintando esta vez, Jungkookie?

Estaba demasiado concentrado creando su obra de arte que no notó el momento en que la puerta de su habitación se abrió, dejando entrar a su doctor quien, como siempre, venía acompañado de un señor grande y de apariencia robusta al cual prefería ignorar.

—L-Lo estoy dibujando a usted. —respondió acomodándose las mangas de su camisa blanca y siguió pintando el dibujo para su adorado psiquiatra.

—¿De nuevo? —preguntó el doctor Park entre enternecido y perturbado, pues era la vigésima vez que su tierno paciente lo dibujaba.

—S-Sí, Kookie quiere mucho a Jiminnie... —sonrió y Jimin revolvió sus cabellos enternecido, para después anotar los datos obtenidos en su libreta de chequeos.

—Y yo también te quiero mucho. —le sonrió, para después salir de aquella blanca habitación, sintiéndose vigilado por todos aquellos dibujos de su rostro esparcidos por las paredes y pintados con colores rojizos.

Jungkook, a pesar de su condición, siempre sería su pintor favorito.

-

Hola (:

Espero que les haya gustado este intento de gore kk x"dd

Ya saben, intento actualizar aunque sea un oneshot por mes, ah.

Como datazo, les digo que el tapete de Jungkook decía "La muerte es roja y el rojo es Arte", idk.

En fin, las amo. Gracias por leer <3

Continue Reading
Further Recommendations

Jason Huskey: The story has a lot of promise. Good character development and a good storyline.

lapatrick74: This was a very good story 💗💗💗💗

Erika: I love how sweet this story is becoming from such a tragedy

Kimi : Really captivating book

Fer Gonzalez: Keep going girl love it

Andrea Revilla Cisneros: The story develops so well, everything tying at the end! Goosebumps all the way!

Mahogany: To be honest this book is amazing the plot is good even in the beginning,middle,and end. And that’s coming from a person with adhd. Just read the book and I will see.

Nita Snyder: Good so far. Hopefully updates will quick

More Recommendations

Kristin: Such a great story

Tia jayde: I love this book, speaks to me on many levels

mrsmek: This book was different than the books that I usually read, but so were the Shifter series, and I absolutely loved them. This book keeps you on your toes... just when you think you know who the Sapphire Dreamer is, you second guess yourself.And the love triangle made me want her to be with both.....

niharikamahanta: Pls upload the remaining story. Also waiting for stories of Ibrahim, Jahangir and Amir. Thanks....for the lovely stories

Amy Harris: Gnc vj jjkk mkhg bjhgg full kkk you can call me at work when you get a chance could have the

About Us

Inkitt is the world’s first reader-powered publisher, providing a platform to discover hidden talents and turn them into globally successful authors. Write captivating stories, read enchanting novels, and we’ll publish the books our readers love most on our sister app, GALATEA and other formats.