La flecha que nos unió » Alec Lightwood [Fanfic]

Sinopsis

🏹 | Fanfic. Finalizado. Atenea Sageness, conocida por su destreza en Idris, acaba por azares de la vida en el Instituto de Nueva York. Dónde no solo conocerá a promesas de La Clave, tales como Alexander Lightwood, también se verá envuelta de problemas y rodeada de caos. •──•──•✦•──•──• Historia terminada. Déjate llevar, abre tu mente y descubre una historia única. ¡Anímate! •──•──•✦•──•──• portada hecha por: @tanficticia 💓🥺✨ •──•──•✦•──•──• ☞︎ escrita durante: 2019-2022. fanfic subido por primera vez: 9 de septiembre de 2019. fanfic finalizado el: 30 de diciembre de 2022. ☞︎ basada en la temporadas 1 y 2 de la serie. disponible en Netflix. •──•──•✦•──•──• ➢ fanfiction, alexander lightwood x fem oc.

Estado:
Completado
Capítulos:
54
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

CAPÍTULO 1

C1. Visita inesperada.


La morena miraba a su alrededor con confusión, no sabía dónde Ragnor la había llevado. Había mucha juventud en aquel extraño lugar, suspiró y se concentró en mirar a su alrededor. Vio a una figura femenina que le resultó muy familiar, pero al ver el color de pelo que traía, arrugó su frente con confusión. Vio a su alrededor con atención, no tardó en darse cuenta de los demonios que había en aquel extraño antro. Siguió con sigilo a uno. Había ido tras una cortina de color azul marino. Se acercó a uno y entrelazó sus brazos. Y le sonrió con inocencia.

—Bonito traje. —Murmuró Atenea, viéndolo con falsa inocencia.

Este solo hizo brillar sus ojos, haciendo rodar los ojos a la morena con exasperación. Odiaba que intentaran parecer humanos. Al entrar vio como la de la cabellera de color platino estaba bailando para entretener a los demonios. Esta frunció el ceño al ver como la observaban.

«Menudos babosos» Pensó suspirando la morena.

Cuando iba a ver el rostro de la joven, vio como dos jóvenes –uno moreno y otro rubio– se habían puesto a matar demonios, cuando iba a unirse, el moreno, le disparó una flecha haciéndola gemir de dolor. Al ver que no desaparecía el moreno miró a su parabatai en busca de una explicación. Este solo ladeó la cabeza con confusión mientras seguía matando demonios. La chica sacó la flecha y buscó su estela, cuando la encontró, repasó su iratze activando la runa de curación. Los tres shadowhunters restantes vieron de reojo a la morena –comprobando que estuviese bien– y se sorprendieron al ver como desglamurizaba sus runas y sacaba un cuchillo serafín. Uniéndose a la pelea. Cuando vieron las habilidades de la morena, se sorprendieron al ver la destreza y la habilidad que tenía. Algo llamó la atención de la chica, una cabellera anaranjada.

«Maldita mundana, ahora quiero comer una zanahoria» Pensó recordando que no había comido nada desde hacía horas.

Al parecer era la única que se había dado cuenta de la presencia de la mundana. Tras un suspiro se puso delante de esta matando a los demonios que se acercaban a ella. De repente, la mundana, vio algo que la hizo jadear con sorpresa.

—¡Cuidado! —le gritó la mundana viendo como un demonio se posicionaba detrás del rubiales sin que este lo viese.

Atenea se fijó en eso, distrayéndose levemente. Con rapidez, el rubiales lo eliminó. Tras varios demonios muertos, pudieron respirar tranquilos y mirar a las dos jóvenes que habían aparecido durante su misión. Alec agradeció la presencia de la morena había evitado que la de la cabellera anaranjada interfiriera en su misión. Antes de que, ninguno pudiese decir nada, la mundana, huyó del lugar con nervioso y con miedo, mucho miedo. La morena suspiró con decepción al ver que un agradecimiento por sus esfuerzos jamás llegaría por la boca de esta. Miró con atención en los tres shadowhunters que tenía delante. Se dio cuenta de que, la de pelo platino, se había quitado lo que parecía ser una peluca dejando su pelo negro caer por sus hombros. Elevó una ceja al ver como esta no la había reconocido.

—Vaya, Belle, ¿no me recuerdas? —Rompió el silencio, Atenea viendo con atención a la morena.

Esta jadeo con sorpresa al oír el apodo que había pronunciado aquella chica, solo había una persona que la llamase de aquel modo.

—¡Atenea! —Gritó con emoción Isabelle, lanzándose a los brazos de la joven.

Tanto el rubiales como el moreno, las vieron con confusión, ¿acaso conocía a su hermana? Tras unos minutos, abrazadas se separaron. Isabelle miró con diversión a sus dos hermanos.

—Chicos, ella es Atenea Sageness, mi mejor amiga en Idris, y bueno ahora, aquí, en New York —explicó viéndolos con diversión, Isabelle.

—¿Izzy, dijiste Sageness? —preguntó con sorpresa, Alec Lightwood.

Esta asintió un tanto confundida.

—Vaya, veo que mi apellido impone por aquí —murmuró un tanto divertida, Atenea.

—Bueno, el mal educado de mi hermano, es Alec Lightwood y yo, soy Jace Wyland. —dijo con una sonrisa ladina el rubiales.

Está solo sonrió levemente viendo a ambos. Con rapidez se deshizo del moño que traía hecho con anterioridad en su cabeza, dejando caer su gran melena por los hombros.

—¿Te ha enviado La Clave? —masculló viéndola con seriedad, Alec.

Esta solo negó levemente.

—Creo que le tienes devoción a esa asquerosa manera de pensar que tiene La Clave —murmuró haciendo una mueca de desagrado, Atenea.

Jace rió levemente.

—Me cae bien, sabe analizar muy bien a las personas —murmuró con diversión, Jace.

Alec se acercó a la morena y se sorprendió levemente al notar que era de su misma altura, según le habían dicho la joven Sageness apenas rozaba el metro setenta, él medía casi dos metros, con confusión vio cómo está traía unos tacones demasiado altos como para que esta pudiese hacer las misiones con comodidad. Se recompuso centrándose en lo que le iba a decir.

—¿Cómo sabemos que no eres una seguidora de Valentine? Es bastante extraño, que venga alguien aquí, sin el consentimiento de La Clave —preguntó con seriedad, Alec.

Tanto Jace como Isabelle miraron con expectación la respuesta de la chica. Está al percatarse de la desconfianza que tenían rodó los ojos. Y miró al mayor de los Lightwood elevando una ceja y desafiándolo con la mirada.

—Mi odio por La Clave como mi odio por Valentine son equitativos, puedes estar totalmente tranquilo, ninguno de los dos posee algún argumento de mi admiración, puedes estar tranquilo, y además, debes saber algo, Alexander, es muy sencillo marcharte sin el consentimiento de La Clave, solo hace falta tener narices para hacerlo, y bueno, cielo, aquí estoy, dispuesta a ver cómo acabas perdiendo la cabeza por cada célula de mi cuerpo —explicó con una sonrisa ladina, Atenea.

—¡Por el Ángel! Te he echado tanto de menos —Exclamó con emoción, Isabelle.

Alec rodó los ojos con exasperación al oír el argumento de esta, pese a ello, algo dentro de él, la creyó y la admiro por la sabiduría que portaban sus palabras.

—Espera, ¿también eras así en Idris? ¿cómo sigues con tus runas? —preguntó con diversión, Jace.

Esta sólo emitió una pequeña risa.

—Que haya venido a otro lugar, no quiere decir que, cambie mi forma de ser, rubiales. El apellido que llevo, es tan importante, que muy poca gente se ha atrevido a decir algo sobre mi impertinente comportamiento. —Dijo Atenea, viendo al rubiales para después mirar al pelinegro. —Y bueno, tú, como me reportes a La Clave, pienso machacarte, hasta que me pidas perdón por ello. —Le amenazó viéndolo con seriedad.

Para la sorpresa de los presentes, todo rastro de diversión abandonó el rostro de la joven Sageness. Este solo se acercó al rostro de la joven viéndola con seriedad.

—Debí haberte dado en el corazón, Sageness. Lamento haber disparado la flecha hacia un lugar tan superficial como el hombro —murmuró con una sonrisa burlona, Alec.

Esta rió con sorna y lo observo a los ojos.

—Sí querías flecharme, Lightwood, puedes hacerlo sin necesidad de usar tu arco. —le respondió con burla, la joven.

Se giró y cuando iba a dar un solo paso se giró de nuevo con su rostro impregnado de seriedad.

—Y eso de que no duele, mis ovarios, Lightwood. Estaré encantada de que lo experimentes y ver cómo cambias de opinión. Pues, creo que hay lugares más dolorosos en un hombre que dispararle en el corazón, ¿no? —Masculló viéndolo con una sonrisa ladina.

Este tragó saliva sonoramente al oírla, haciendo que esta sonriera con suficiencia. Miró a la pelinegra quien la observaba con una sonrisa y le tendió la mano.

—¿Qué tal si nos ponemos al día, Belle? —preguntó con una sonrisa sincera, Atenea.

Esta asintió con emoción y entrelazó sus brazos para empezar a andar. Jace solo río al ver la cara que tenía su hermano, estaba impregnada de confusión, temor y sorpresa. Jace hubiese dado lo que fuese por haber podido hacerle una foto, pues pocas veces se le veía con aquella expresión.

—Espía no sé si será, pero un tanto molesta si que es —masculló Alec con molestia, viendo cómo ambas pelinegras reían mientras se veían entre sí.

Jace solo volvió a reír levemente y le dio una palmada en la espalda.

—Te vas a morir por cada uno de sus huesos, parabatai, ambos lo sabemos —dijo Jace obligándolo a avanzar mientras la diversión no abandonaba su rostro.

Este solo pudo rodar los ojos y bufar ante la idea de su parabatai. Le parecía bastante disparatada, por no decir, imposible. Y sin más, se dirigieron hacia el Instituto abandonando aquel antro.