Mi Serendipia

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Sinopsis

La vida es algo muy curioso. A veces pasamos años buscando algo sin conseguir respuestas, y después, de la nada, como por arte de algún tipo de magia, pasan cosas así. Éstas cosas hacen que valga la pena estar vivo.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
katana
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Capítulo unico.

Ella estaba hecha trizas.

Sentía que sus entrañas ardían, como si dentro de su ser crecieran las llamas del infierno.

Su dolor era algo inexplicable.

Desde que tenía memoria sentía ese vacío, ese hueco hondo en el pecho, cargado de sentimientos turbios que la atormentaban día a día.

-¿Qué hice para merecer ésto? -pensaba todo el tiempo.

La verdad, no había una razón fija.

Capaz fue la falta de cariño familiar, o tal vez el maltrato psicológico constante de su padre.

Quizás fue el bullying que recibió en su infancia y adolescencia por ser diferente. O ese hombre que destruyó su seguridad y su tierno corazón.

Tantas pueden ser las razones para que una persona sienta que su vida no tiene sentido.

Que es un estorbo para los que la rodean.

Que su existencia no tiene la más mínima importancia.

A veces un comentario o una mala acción, por más pequeño que sea, puede destruir el futuro de una persona.

Sea como sea, ella estaba completamente rota.

Se paseaba por la vida cual alma en pena, esperando ser salvada, para así al fin, poder descansar en paz.

Buscaba todos los días con desesperación un motivo para quedarse, para seguir sobreviviendo.

Una chispa de luz entre tanta oscuridad.

Trataba de encontrar ese algo, o ese alguien que le diese sentido a su vida de hastío. Que llenara por completo ese hueco de amargura y pesar, y lo convirtiera en algo mágico y lleno de amor.

Era una persona solitaria, pero no por que lo quisiera, sino porque la vida le había enseñado que cuanto más te aferras a las personas, cuanto más te abres de forma emocional con alguien, más expuesto quedas y más rápido te destruyen.

Vivía con esa máscara que lo hacía sentir protegida.

¿Estaría ahí toda su vida? Quien sabe. No se puede predecir el futuro. Pero ella pensaba que lo podía evitar.

Lo bueno, es que aún teniendo su alma fragmentada, ella siempre lograba disfrutar esas pequeñas cosas que hacen que todos esos momentos de dolor se olviden. Una canción, el amanecer, una taza de café, un buen libro. Solía apreciar esos pequeños placeres, y sí que la hacían sentir viva! Aunque sea por un efímero momento, todo su sufrimiento era dejado en el olvido.

Cada uno de esos momentos hacían que su corazón siguiera bombeando.

Quizás en esos instantes, estaba la respuesta que buscaba para quedarse, sólo quizás, pero ella no lograba darse cuenta...

Podía estar rota, pero aún no estaba muerta. Algo en ella se aferraba a éste insano mundo con todas sus fuerzas. Algo hacía que a pesar de estar sola, quisiera quedarse.

No sabía que, pero algo en su corazón le decía que había algo allí esperando por ella.

Era una mañana muy fría, más bien helada. Como siempre se sentó en el césped de la plaza y recostó su espalda contra ese viejo y gran ombú que la acompañaba hace años. Sacó su libro, se puso los audífonos, le dió un sorbo a su café y suspiró hondo.

Estaba sumergida en sus pensamientos, cuando de repenté vió la hora en su celular y se dió cuenta que se le hacía tarde para el trabajo.

Iba caminando tan rápido, mirando hacia el suelo, que fue imposible evitar el impacto contra una persona que venía de frente.

Ahí estaba él.

Su mirada era la más pura que jamás haya visto. Sincera, calma y bondadosa.

Estaba embelesada.

Ese rostro perfecto lo había cautivado desde el primer momento en que sus ojos se cruzaron.

Y su sonrisa... La más hermosa que alguna vez le regalaron.

Él le extendió su mano y le dijo:

-¿Estás bien?- la tomó para levantarse del piso, sonrió avergonzada y bajó la mirada.

-Si, soy un torpe, disculpa!-dijo en voz baja.

-No, discúlpame tu, el torpe soy yo, iba apurado y no te vi. ¿Puedo invitarte un café como muestra de mi arrepentimiento?

Y es ahí cuando despierta.

Todos los días pasa lo mismo.

No sabía quién era, pero le agradecía al cielo por tener el privilegio de verlo en sus sueños.

Nunca intentó saber si era real, o era producto de su imaginación. Por que si, se sentía solitaria.

Los estudios y el trabajo no le dejaban casi tiempo para salir, y por lo tanto no tenia contacto con muchas personas, mucho menos una cita.

La verdad, tampoco buscaba una.

Hace 3 meses venía viendo a éste chico en sus sueños, y una parte de ella ya se había acostumbrado a verlo. Habían días en que no quería despertar sólo para que esos ojos no dejaran de mirarlo.

Tenía una belleza irreal. Cualquiera en su sano juicio se habría vuelto loco por alguien así, aún siquiera sin conocerlo.

Algo le decía que detrás de esa sonrisa brillante y esos ojitos color miel tan dulces, había más, mucho más. Y tenía que averiguarlo.

Pero ¿Cómo encontrar a alguien que en verdad no sabes si es real?

Necesitaba encontrar a ese hombre misterioso que hacía que sus días cada vez fueran más felices, quería con todas sus ganas agradecerle por brindarle su calidez y su sonrisa, lo anhelaba más que a nada.

Cualquier intento de encontrarlo fue en vano. Buscó en internet todas las opciones que se cruzaron por su mente, hasta llegó a buscar "como sacar a alguien de un sueño", pero después de leer lo que puso, se dió cuenta que ya empezaba a delirar y desistió. La idea de que existiera era muy poco probable, o quizás no, pero no se iba a volver loca por eso. Así que dejó que los sueños sólo sucedieran y siguió con su monótona vida como normalmente hacía.

Pasó un año entero antes de dejar de soñar con él.

Y otro más para que lo olvidara.

Despertó a las 6 am, preparó todo lo que tenía que llevar al trabajo y se puso en marcha. La cafetería estaba llena, así que fue directo a la plaza, ahí había un hombre que vendía un café muy rico en un puesto de la calle. Con su bebida hirviendo en la mano, se dirigió a su lugar de todos los días.

Hacía 3 meses estaba yendo allí antes del trabajo. Ese lugar le daba paz.

Lo había encontrado de casualidad, una vez que se perdió yendo a una entrevista. No sabía por que, pero le resultaba familiar.

Era una zona bastante apartada, tranquila, apenas pasaban 3 o 4 autos en una hora. Aunque quedaba bastante lejos del centro, donde estaba situado su lugar de trabajo, valía la pena ir hasta allí todos los días.

Era el lugar perfecto para empezar sus mañanas.

Como siempre guardó todo corriendo y se dispuso a irse, ya que se le había hecho tarde.

Cruzó corriendo la calle, revolviendo dentro de su mochila para encontrar el dinero para el autobús. Cuando fue a levantar la cabeza ya era demasiado tarde. Estaba en el suelo, su celular en un costado y su mochila frente a ella con todas sus pertenencias fuera.

Estaba a punto de abrir la boca para insultar a el o la responsable, pero al levantar su mirada, su asombro fue tanto que lo único que pudo hacer fue balbucear algo que ni ella misma comprendió.

-¿Estás bien?- dijo él mirándola preocupado y extendiendo su mano para ayudarle.

-Ssssi, sss-oy una to-torpe, disculpame!-dijo en voz baja.

-No, discúlpame tu, el torpe soy yo, iba apurado y no te vi. ¿Puedo invitarte un café como muestra de mi arrepentimiento?

Su corazón estaba a punto de salir de su pecho. Sentía que su cara ardía y no podía responder.

Estaba frente a él. La persona que la hizo tan feliz sin saberlo. Estaba literalmente frente al hombre de sus sueños, esos sueños que nunca eran completos pero que llenaban sus días de alegría. Y todo estaba sucediendo igual.

Había decidido dejarlo en el pasado hace mucho ya, como un simple recuerdo, uno muy hermoso sin dudas.

Pero ya no era un recuerdo, ni siquiera era un sueño, era real, tan real que en ese momento dudó si estaba despierta o seguía dormida.

Él seguía mirándola, pero ahora extrañado. Veía que movía sus labios, pero no alcanzaba a escuchar nada, estaba como en un trance. Hasta que reaccionó..

-Perdón, quizás fui muy atrevido al preguntar algo así, olvida lo que dije. Bueno, discúlpame de nuevo. Adiós.

Se armó de coraje y dijo:

-Espera!!!- Lo miró con esa sonrisa encantadora que ya conocía de memoria- Si, quiero tomar un café contigo.

-Empecemos de nuevo- dijo estirando su mano para saludar- Un gusto, soy Katana.

-El gusto es mío Katana, soy Efraí.

No se sabe si fue el destino,una casualidad o simple coincidencia. Lo único real, es que se sentía tan feliz que no le importaba nada más en ese momento que conocerlo. Sea cual sea el caso, algo le decía que sus días de agonía y soledad iban a terminar muy pronto.

La vida es algo muy curioso. A veces pasamos años buscando algo sin conseguir respuestas, y después, de la nada, como por arte de algún tipo de magia, pasan cosas así.

Éstas cosas hacen que valga la pena estar vivo.