En saturno || JAYWON ||

Sinopsis

En saturno, donde todavía somos.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

♡♡

He vuelto a soñarte. Tu aparición sólo me vuelve a hundir.

Imagino escenarios que quisimos vivir y que, sin embargo, no pudimos. Esta vez, por ejemplo, soñé con aquel deseo que soltaste en un susurro sobre mi boca en esa fría noche de invierno, cuando solías tener veinticinco: una familia.


La realidad es que no lo fuimos, al menos no con alguien más además de nosotros.


Ejendrar no estaba en nuestras posibilidades, ni casarnos, ni adoptar. Aún así, tuvimos un bello perrito. Dios, lo amé. Pero hubiera amado más un bebé, ¿te lo imaginas? Que venga de nosotros, con tu hermosa sonrisa. Quería que se pareciera sólo a ti, quizás con hoyuelos como yo, siempre los amaste. Me hubiera gustado que amarás el de nuestro bebé, si tan sólo hubiera sido posible su llegada…

Nunca te lo dije, pero a veces lamentaba tanto no poder darte un bebé. No sabes cuánto lo hubiera querido, darte eso que siempre quisiste. Darme aquel deseo a mí mismo.

Amor, ¿puedes perdonarme? Tenía tanto miedo de irme, de dejar todo lo que alguna vez conocí para escapar contigo a otro país, para poder tener la familia que siempre quisiste, para vivir una vida mejor, una que soñábamos desde niños. Me hubiera gustado, seguramente, pero fui cobarde, fui demasiado cobarde y ahora no puedo remediarlo. Viviré con el remordimiento un momento más, suplicando tu perdón.

Cariño, ¿recuerdas el día que nos conocimos? Llegaste al orfanato cuando yo tenía doce. Yo tampoco llevaba mucho tiempo ahí, unos tres años creo, ya mi cabeza está un poco oxidada como para recordar bien. Éramos muy jóvenes, inexpertos y propensos a aferrarnos a lo único cálido en nuestras miserias vidas. En la mía eras tú, en la tuya, yo.

Fui tan afortunado, cariño, siempre lo creí, desde que, entre ojos llorosos, te vi. Eras mi fortuna, mi suerte, la que ya no tengo.


El timpo fue muy cruel con nosotros, pasando tan rápido como si no tuviéramos límite. Pero sí lo tuvimos, más corto de lo que llegue a imaginar.


Nos imaginé de viejos, arrugaditos pero todavía sostendrias mi mano, me hablarías bonito y me besarias dulce, sintiendo el cosquilleo en mi corazón, justo como el primer beso de aquella temporada de otoño cuando tenía dieciséis. ¿Aún lo recuerdas? Claro que lo haces, solías mensionarlo seguido, diciendo lo nervioso que estabas cuando me preguntaste "¿Te puedo dar un beso, Won?", yo terminaba haciéndote burlas, pero es que siempre fuiste muy lindo con tus orejas rojas y pucheros infantiles que intentabas no hacer, porque "Yo soy alguien rudo, One", pero sabíamos que eras el más sentimental de los dos.

Eso me hace pensar en las tardes de películas de terror. Decías que me reconfortarias, que no debía asustarme porque sólo era una película, pero el primero en gritar eras tú, usando como escudo las almohadas y frazadas. Simplemente eras demasiado lindo.

Tuvimos una vida tranquila. No éramos como los demás niños que tenían una mamá y papá, ni alguien que nos quisiera adoptar, pero fue una buena historia, ¿no crees? A los dieciocho me fui contigo del orfanato, trabajamos, estudiamos y salimos adelante teniéndonos de apoyo a nosotros solos. Éramos todo lo que necesitábamos.

Pero las personas se cansan y cambian, buscan algo nuevo para salir de rutina y sentirse completos. A mí eso no me gustaba. Siempre lo relacione con el cambio drástico en mi vida. Mis padres había muerto cuando yo iba en jardín, y tuve que acostumbrarme a un nuevo lugar junto a mi tía. Hubo muchas cosas en ese tiempo que no me gustaron, como las noches en que ella traía hombres a la casa y trabajaba. O la oscuridad del pequeño cuarto. ¿Dónde habían quedado mis besos de buenas noches? Luego ella tuvo una sobredosis de cocaína que la mato, y me dejó a mí varado en un orfanato, lleno de nuevas cosas que no me gustaban. Los niños eran demasiado tristes, otros desinteresados y luego los malos. Los malos eran como mi tía, no me gustaban.

Las mujeres, bueno, algunas eran agradables, otras no tanto.

Tuve muchos cambios que no me gustaron, el único bueno fuiste tú, cariño. El único cambio que me alegra que ocurriera.

Pero tú siempre fuiste más normal que yo, más común. Y querías cambios como los demás.

Ya estabas acostumbrado a los cambios, de cierta forma. Desde bebé viviste en los orfanatos, siempre fuiste de ir de uno a otro, porque solías escapar todo el tiempo y retar a las hermanas. Pero después de que terminamos en el mismo orfanato, no lo hiciste más; aunque te costó, no te gustaba ver que me molestarán.

"Eras muy pequeño, ¿cómo podría dejarte? Eras una cosita tierna".


Pero, al final, me dejaste. Mas no puedo odiar ese hecho.


Los últimos meses juntos discutíamos mucho. Me gustaría haberte amado en despedida y no gritarte que eras un egoísta sin sentimientos.

Nunca me gustó la combinación de nuestros gritos llenos de cólera.

"Sólo digo que sería un buen cambió…".

"¿Buen cambió? Quieres que nos vayamos a un lugar que no conocemos. ¿Es que lo que tenemos no es suficiente para ti?".

"¡No! Mierda, no lo es, Jungwon. Quiero una familia, quiero salir a la calle sin estar al pendiente de que no nos miren, quiero algo mejor para nostros, para mí".

"Entonces… vete".

"¿Qué estás queriendo decir?".


No debí ignorar el temblor en tu voz. Ni el sonido de mi corazón partiéndose ante mis propias palabras.


"Terminemos, Park".


Nos conocimos en verano, nos despedimos en invierno. Es un poco poético, ¿sabes? Llegaste en una estación cálida, llena de colores brillantes, como si todo lo bueno viniera contigo y alejara mi pesar, mis inseguridades; todo lo que me lastimaba. Y te fuiste en invierno, frío, opaco, pero sin embargo, bello. Porque sí, te fuiste bello, mi amor, bello porque supiste ser egoista.


Ese día no discutimos, no lloramos, pero nos extrañamos sin separarnos. Y es que sé que fue la decisión más difícil que tomaste en tus cuarenta y un años, la más egoístamente hermosa: decidiste tu felicidad por sobre la persona que amabas más que a ti mismo, aquella que siempre estuvo en tu vida, pero que no supo amarte tanto como tú, que no supo arriesgarse a ser más feliz.

Pero lo fuimos, ¿no? Vivimos tanto, amor, pero me gustaría haber vivido más, contigo. Haber cumplido todo aquello que quisiste y pude darte, pero que no hice.


Así que, aquí estoy, doce años después, dando mi último "perdón" antes de partir. Esta es la última vez que te escribiré, cariño, pero no la última vez que te pensaré. Porque incluso sin estar, estoy, amor, ahí, adorando tu existir sin presente ni futuro, mas sí pasado, al que me sigo aferrando.


Te amo, desde mis doce, hasta mi "siempre".

Te escribe: quien te espera en Saturno, donde aún somos.





















"¡Atención!

Vecinos conmocionados: el hombre entró a la casa de su viejo amigo y lo encontró muerto.

Nuestros más sinceros pésames a los familiares de Yang Jungwon."