Daddy's Girls, Libro 1

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Sinopsis

Elizabeth Gardner es una "Daddy’s girl" de 25 años, la reina de hielo que nunca pierde el control, que ahora se encuentra acorralada contra las lujosas paredes de un jet privado: el jet de Vincenzo Garcia. El despiadado heredero del trono de la Costa Este no pide; él toma, y ha decidido que ella es suya. Mientras sus manos la recorren posesivamente, su tacto enciende en ella un calor perverso que desafía cada regla que se ha impuesto. Con cada estocada que acelera el pulso, su mundo se desmorona y sus muros cuidadosamente guardados caen bajo la fuerza de su deseo crudo y oscuro. Lo que comienza como un encuentro prohibido se convierte en un peligroso juego de obsesión, donde cada roce abrasador y cada aliento robado los sumerge más profundamente en una pasión que los consume por completo.

Genero:
Romance
Autor/a:
Nina J.P
Estado:
Completado
Capítulos:
60
Rating
4.9 42 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Daddy’s Girls, libro 1

Bajo la superficie de la sociedad prospera un imperio clandestino. Lo dirige un hombre conocido como Daddy. Sus chicas son más que hermosas: están entrenadas para todo. Desde camareras y acompañantes hasta espías y asesinas. Son tan hábiles como peligrosas. Las chicas de Daddy son impecables en su ejecución y letales en sus misiones.

Esta es la historia de Elizabeth Gardner, una de las mejores de Daddy. A sus 25 años, domina su oficio a la perfección. Usa a los hombres como herramientas para su placer y beneficio profesional. Para ella, los hombres no son más que un medio para lograr un fin.

Pero cuando se cruza con Vincenzo Garcia, todo cambia. Él es despiadado, poderoso y el primero en la lista para convertirse en el Don más temido de la costa este. Es un hombre que nunca acepta un no por respuesta. Tras su encuentro inesperado, él quiere a Elizabeth. Y no dejará que nadie se interponga en su camino.

Capítulo 1

Elizabeth

Bip, bip, bip.

—Aarrgghh... —gruñí. Alargué la mano para golpear el despertador. El aparato se volcó y cayó al suelo, pero la maldita cosa no dejaba de sonar.

—¿Puedes apagar eso? —refunfuñó una voz masculina y profunda a mi lado.

Parpadeé y miré al hombre que estaba en mi cama. Es cierto. Él.

Los recuerdos de anoche volvieron de golpe. Estaba de vuelta en la costa este, matando el tiempo antes de mi próximo encargo para Daddy. ¿Y este tipo? Solo era una distracción. Un tipo cualquiera que conocí de fiesta. Tenía buen cuerpo y no estuvo mal en la cama. Pero no era alguien en quien pensaría dos veces después de hoy.

—Buenos días, preciosa —dijo él. Sonrió mientras se estiraba. Sus ojos azules se quedaron fijos en mí, disfrutando claramente de mi cuerpo desnudo.

Puse los ojos en blanco. Los hombres son tan previsibles.

Era guapo, eso se lo concedía. Tenía el pelo rubio, músculos definidos y unos hoyuelos bonitos al sonreír. Pero el encanto se esfumó en cuanto salí de la cama. La diversión de anoche terminó y solo quedaba este momento incómodo. Él creía que podía impresionarme. Pensaba que su carisma me atraparía de alguna forma.

Pero los hombres como él solo eran juguetes para mí. Los usaba y luego los desechaba cuando terminaba. No era el primero y, desde luego, no sería el último.

—Tengo que trabajar —dije secamente. Me puse de pie y agarré mi ropa. Sentía sus ojos recorriendo las curvas de mi cuerpo, pero lo ignoré.

Él sonrió con suficiencia, sin inmutarse lo más mínimo. —Vuelve a la cama, cariño. Tengo algo mejor para empezar bien el día.

Le eché un vistazo. Seguía despatarrado en la cama, con su erección matutina a la vista. Intentaba tentarme, pensando que podría echar otro polvo.

Divertida, recorrí con la mirada sus abdominales marcados y la marcada línea que bajaba hasta su cadera. Vi la arrogancia en sus ojos. Por un segundo, casi lo considero. Pero no. No valía la pena llegar tarde por él. Tenía cosas más importantes que hacer y, francamente, mejores planes que esperar.

—Fuera —sentencié con frialdad mientras iba hacia el baño—. Vete antes de que salga de la ducha.

—Vamos, ¿hablas en serio? —se quejó él. No esperé a que respondiera.

Mientras el agua caía sobre mí, sentí que los restos de la noche anterior se desvanecían. Los hombres como él se olvidan fácil. Eran placeres temporales; herramientas que usaba para conseguir lo que quería. Nada más.

Para cuando salí del baño, ya se había ido. Perfecto. Me gustaba más así.

Me vestí rápido: camisa blanca, pantalones negros, la pistola en su funda bajo la chaqueta y el cuchillo guardado en la bota. Daddy me había enviado de vuelta a la costa este por una razón. No pensaba decepcionarlo.

El trayecto al aeropuerto fue corto. Cuando bajé del coche, el aire de la mañana me espabiló por completo. Estaba allí por un motivo: escoltar a una clienta en un jet privado.

Al acercarme al avión, se detuvo un flamante Escalade negro. La primera persona en bajar fue una chica joven, de unos 18 años. Tenía el pelo cobrizo sobre los hombros y vestía ropa de marca que apestaba a dinero.

—¡Hola! Soy Valery. Tú debes de ser mi guardaespaldas —dijo ella con entusiasmo, tendiéndome la mano.

Se la estreché brevemente. —Encantada. —No le dije mi nombre. Yo solo era un reemplazo y ella no necesitaba saber nada más.

Entonces, él bajó del coche.

Y de repente, mi mundo se tambaleó.

Era alto, mediría un metro noventa o más. Tenía unos hombros anchos que hacían que su traje a medida pareciera esculpido sobre él. Cada uno de sus movimientos rebosaba poder y control. Pero fueron sus ojos los que me dejaron helada. Eran de un color ámbar oscuro, intensos, clavados en mí como si pudieran ver a través de mi alma.

Había algo en su forma de moverse y en su porte: decidido, confiado, depredador. No solo caminaba; dominaba cada centímetro del espacio a su alrededor. Yo había pasado años perfeccionando el arte del control y el uso de los hombres para mi beneficio. Pero en ese momento, ante él, sentí que ese control se me escapaba.

En el instante en que sus ojos se encontraron con los míos, sentí que el mundo se reducía solo a nosotros dos.

Intenté que no se me notara. Había tratado con hombres poderosos antes, tipos que creían poseer todo a su paso. ¿Pero este hombre? Había algo distinto en él. Él no solo quería poseer las cosas; parecía capaz de hacerlo.

A medida que se acercaba, el aire entre nosotros se volvía más espeso. Estaba cargado de una energía que no sabía definir. Su mirada me recorrió lenta y deliberada, haciendo que se me acelerara el pulso. Se me erizó la piel bajo su escrutinio, pero no era miedo lo que sentía. Era algo mucho más peligroso.

Un aroma a ámbar y madera flotó en el aire cuando pasó a mi lado, dejándome sin aliento por un momento.

—¿Vienes? —Su voz era suave como el terciopelo. Me acarició los oídos de tal forma que mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera procesarlo.

Asentí, obligándome a mantener la compostura, aunque algo en mi interior había cambiado. El hombre que tenía delante no solo era atractivo. Era algo mucho más peligroso: una tentación que no podía permitirme. Y aun así, no podía apartar los ojos de él.

Lo seguí por la escalerilla hacia el avión. Cada paso me hundía más en algo que no estaba segura de poder controlar.