You have the control..
Sus feromonas son ácidas, está demasiado triste y se siente solo.
Sentado en el suelo, secando sus lágrimas que parecen cascadas cayendo de sus ojos; se pregunta ¿por qué?
¿Por qué sigue así? Si se suponía, ya había mejorado.
Realmente no quiere volver a lo de antes. Pero ya es tarde porque se encuentra hundido.
Y ¿acaso no ha dado suficiente? Él ha dado suficiente.
Entonces sigue preguntándose ¿por qué le pasa todo eso?, realmente quiere ser feliz pero hay algo que siempre lo deja sufriendo.
—¡Hola, soy Harry! Recibí tú mensaje. Estoy bien, he conseguido un trabajo e hice un amigo allí mismo. —escucha cómo suelta una risita a través del mensaje de voz. —Me agrada, ¡oh! Y te extraño mucho. Te mando besos, espero estés bien.
¿No le ha dicho te amo?
Louis vuelve a derramar lágrima tras lágrima, y ha estado así durante una hora. Escuchando la voz de su novio quién se ha mudado de Doncaster para estudiar la universidad en algún país lejos de allí.
No quiere ser egoísta, pero necesita a Harry de vuelta.
Deja escapar un sollozo cuándo por su mente cruza la imagen de Harry olvidándose de él y enamorandose de ese tal amigo nuevo.
Realmente había trabajado en dejar de pensar tanto en ello, estaba seguro de que podía esperar el regreso de Harry, no importaba si pasaban años.
Él lo iba a esperar.
Pero en ese momento, sólo sentía el miedo de ser reemplazado.
Había hablado con el ojiverde, prometiendo que no le daría molestias una vez encontrara en qué entretenerse. Y ahora que Harry le comentó aquello, lo único que hizo fue llorar.
No le diría nada, no tenía porqué.
La felicidad del menor, era la felicidad de Louis.
Su teléfono vibró en una llamada, el castaño se aclaró la garganta y secó sus lágrimas para ver de quién se trataba.
"Malik :)"
—¿Sí? —sorbiendo su nariz contesta.
—¡Vamos a casa de Vanessa! Hoy llegaron sus primas. Dios, son hermosas y todas omegas.
Louis tuerce el gesto, incómodo.
—Zayn, no quiero. Realmente no estoy bien, y aunque lo estuviera no iría. —contesta cortante, enojado. Ahora su olor es picante. —Pero ¡hey! Gracias por preocuparte por tu mejor amigo. —comenta con sarcasmo.
Puede oír un carraspeo del otro lado.
—Lo siento mucho Louis. —la voz de Zayn se suaviza. —¡Tú te lo pierdes!
Y la llamada es cortada, dejando al ojiazul con una decepción más.
¿De verdad Zayn era digno de hacerse llamar "mejor amigo" de Louis? Éste empezaba a dudarlo.
Lo necesitaba en ese preciso momento, y el moreno no estaba.
¿Qué haría? No podía pedir ayuda.
¿Cómo podría? No se atrevería.
Era un río con temor a convertirse en océano.
Respiro pausadamente, cerrando sus ojos con algo de fuerza, poniéndose de pie y empezando a limpiar su rostro.
Mira a su alrededor ¿qué tiene? Nada.
La respuesta a su mayor miedo está frente a él, la soledad.
Y estaba seguro de que ya había superado ese miedo. Su padre tenía razón, los miedos nunca se irán. Sólo crecen junto a uno.
Es triste, ¿no? Para él. Todo, todos y a la vez nadie, pueden salvarlo.
Gritar es su única opción.
Pero sólo será escuchado por esas cuatro paredes que lo rodean. Sabe que todo será cómo antes.
Y antes no era algo bueno.
No puede dejar de pensar en cuán solo está ahora, y el miedo de perder a Harry lo ha empezado a atormentar ya.
Porque hay personas mejores que Louis.
Chilla de frustración al pensar más y más.
Quiere llamar a Harry para decirle que regrese, no lo suelte, ni lo abandone. ¿Cómo podría el ojiazul, vivir sin el otro?
Es algo imposible para éste.
(•••)
—¿Cómo te trata la vida? —Troy su padre alfa lo abraza y pregunta. Se aleja para mirar sus ojos. —No estás bien, ¿cierto?
Louis rompe a llorar, llenando la habitación con un aroma a tierra mojada junto con un toque ácido.
—No, papá. Me siento vacío y solo, roto, cansado... —logra formular entre hipidos y sollozos, cubriendo su rostro.
El hombre mayor lo envuelve con sus brazos, escondiendo la cabeza del joven en su cuello, masajeando su espalda.
—Oh hijo.. —empieza, con su voz gastada y vieja. —, la vida no es fácil. Pero aquí están mis abrazos cada que sientas el mundo caer sobre ti. Papá no te faltará más.
—Si me dices cosas lindas que me pongo a llorar más. —ríe un poco entre el llanto. Se siente bien que alguien pueda intentar sacarlo de ese hoyo sin luz alguna. —Papá, te amo tanto.
El anciano sonríe y le da un apretón.
—Te amo, hijo. Y sé que nada será fácil, espero lo sepas tú. Aquí estoy yo, dame ese dolor que yo podré con él, pero no sufras... Eres mi pequeño con el cielo en los ojos, no te nubles por favor.
Louis siente el pecho vibrar pero el llanto no se ha detenido, está bien llorar y que su padre lo abrace. Es lo que necesita.
—G-gracias. —susurra, roto y necesitado.
Se aleja lentamente de Troy, secando sus lágrimas con la manga de su sudadera, alza la vista y sonríe débilmente al anciano.
El aroma que su padre deja salir es cálido y lo hace sentir bien.
Troy alza una ceja.
—¿Quieres helado? Podemos ver alguna película o simplemente hablar de lo sucedido. —propone mientras se dirige con Louis hacia la cocina. Para frente al refrigerador, sacando el helado de vainilla.
—¿Podemos la segunda opción? —pregunta un poco apenado y tímido.
—¡Claro que sí! Lo que sea por mi alfa pequeño y pedazo de cielo.
Caminan a la sala, y se sientan en los sofás más cómodos que pueden existir en esos momentos. Louis da un respiro, apoyando su cabeza en el hombro de papá.
El mayor no dice nada y sólo abre el helado, dándole la cuchara a su hijo y mirando cómo come, mientras le acaricia la cabeza.
—He... Perdido por así decirlo, a un omega... —carraspea, saboreando. —, importante para mí. No se ha muerto, no, pero se marchó muy lejos de aquí para empezar con su vida y realmente me hace mucha falta, tengo tres semanas así, papá. No sé qué hacer.
Y a su padre se le rompe el corazón al escuchar la voz de su pequeño quebrarse ante la confesión.
Le apreta suavemente el hombro en señal de que está ahí, ayudándolo, escuchándolo.
Puede oír los sollozos nacer de Louis, mientras deja la cuchara dentro del helado y se aferra a su pecho mientras saca todo el llanto que ha guardado las últimas horas.
—Pequeño... Respira, todo mejorará. Estarás bien, el dolor nunca dura para siempre. —le dice en voz bajita, dándole un beso en la cabeza, sosteniéndolo.
Louis sigue perdido en el llanto, escucha las palabras pero no les halla sentido alguno... Sólo es un murmullo para él.
Pero aún así, logra contestar claramente:
—Me siento quemar... E-es un dolor agudo aquí.. —lleva débilmente su dedo hacia su pecho, apuntando su corazón. —Quizás me dé un ataque.
Vuelve a soltar una risita, apenas notable entre las quejas que lentamente van muriendo.
—Sh sh, nada te pasará mientras estés a mi lado. ¿Bien?
(•••)
Han pasado seis meses desde el último mensaje que Harry le dejó, y eso lo derrumbó por completo.
Está de pie porque su padre lo ha hecho comer, sonríe porque Niall siempre aparece con alguna anécdota buena, y llora todas las noches y cada que se encuentra solo.
No puede verse dejando al rizado, siete años de noviazgo casi tirados a la basura. No lo puede permitir.
Otra lágrima se desliza por su mejilla al hacer recuerdo del anillo de compromisos que tiene guardado.
Porque cuando Harry regrese piensa dárselo.
También cuando Harry regrese tiene planeado no soltarlo.
Y cuando Harry regrese lo marcará.
El brillo regresará cuando Harry regrese.
Su garganta se desgarra en un grito de desespero interno, ¿y si Harry nunca lo hace? Su mente juega con él, y probablemente las esperanzas estén empezando a perderse.
No.
Él prometió esperar a su amado.
¿Realmente aguantará?
Tiene miedo porque esos meses son tan duros para él, no quiere ser reemplazado. No soporta la idea ni mucho menos el miedo que se esparce en cada parte de su ser y alma.
Escucha un Búho cerca de su ventana y eso lo hace alzar la mirada.
Y encuentra a un joven de cabello corto blanco y rizado de piel clara y ojos grises; con el Búho en el ante brazo, acariciándolo.
Un dulce olor a durazno llega a sus fosas nasales.
Quizás es su vecino, pero nunca lo miró antes por ahí.
¿Y cómo hacerlo? Si llevaba tiempo sin salir de su departamento.
Había perdido su trabajo, estaba seguro de que reprobaría su último examen de la universidad, la comida acabada y sin municiones para la semana y le cobrarían la renta en algunos días.
Realmente tenía días sin comer alguna sola cosa.
Apenas y tomaba agua.
Su rostro estaba tan descuidado, la barba le había crecido, tenía ojeras que se notaban demasiado y su piel estaba pálida. Ni mencionar el brillo desaparecido en sus ojos.
Quiso sonreír cuándo el chico lo miró, moviendo su mano en gesto de saludo; pero no lo logró.
—¡Soy su nuevo vecino! —habla claro para hacerse escuchar por el castaño. —¡Me llamo Mickey!
Louis rueda los ojos, entrando del balcón a su sala.
Tiene la necesidad de tomar el teléfono y llamar a Harry, preguntarle qué ha pasado con ellos. ¿Por qué lo ha olvidado? Porque eso ha hecho.
Y se siente tan mal.
Toca el aparato, encendiéndolo para mostrar la foto dónde Harry le está dando un beso en la mejilla.
Sonríe.
Por fin, lo hace en cuenta propia.
Lo apaga, dejándolo caer bruscamente en la mesa de nuevo.
Él se ha mantenido así por semanas, teniendo el teléfono frente, esperando una llamada o mensaje de su novio, algo.
Una señal.
Pero siempre llega el final del día, y no consigue nada más que dolor en su ser.
—Harry... No puedes hacerme esto. —su voz suena tan gastada y la garganta la tiene lastimaba y seca. —Sigo esperando por ti...
Esconde su rostro entre sus palmas, intentando retener el llanto que siempre está presente.
Suspira, por primera vez calmando esas lágrimas que lo han estado secando esos meses.
Cierra los ojos, pensando en que sólo es su cabeza quién le pone obstáculos para matarse pensando en cosas de Harry con ese amigo que hizo hace meses.
Sí, desde aquel día no se han vuelto a comunicar.
La puerta suena con golpes que al parecer, son una melodía.
Sorbe su nariz, poniéndose de pie y acomodando su cabello; para dirigirse y abrir la puerta.
Es él.
El mismo chico de hace unos minutos allá afuera.
Sus feromonas son dulces y suaves, omega.
—¡Hola! Me llamo Mickey. —extiende su mano en espera del castaño. No hay un saludo cordial. El ojigris baja incomodamente la mano. —Soy su nuevo vecino, el de arriba. Quise venir a presentarme hace dos meses pero jamás lo había visto fuera.
Louis quiere cerrarle la puerta en la cara, no tiene ganas de una charla con alguien que no sea Harry.
Conocelo, necesitamos distracción.
—Hmm. ¿Quieres pasar? —invita sin gana alguna, pero siendo amable, se hace a un lado mientras el chico de cabello blanco entra tímido. Estúpido alfa interior el suyo. —¿Algo para beber?
—Caf..
—Sólo tengo agua, eso te daré.
Mickey se queda callado al instante, asintiendo.
—Disculpe, ¿puedo saber su nombre? —se acerca a dónde Louis, sonriendo de la misma manera en que lo hizo en el balcón.
El mayor no quiere hablar, pero hay algo en esos ojos grises que lo hacen querer contestar.
—Louis Tomlinson. —lo hace, contesta frío, distante, cortante y enojado. Vuelve a pensar en Harry, ¿qué le diría si encontrara a ese chico y Louis en casa, solos? Se moriría de los celos. —Toma.
Le extiende el vaso con agua en la nariz, alejando un poco a éste aún con su sonrisa.
—Qué amable, muchas gracias. —le da un sorbo, siguiendo a Louis a la sala de nuevo. Toman asiento frente a frente. —¿Hace cuánto lleva viviendo aquí?
—Siete años.
Mickey escupe el agua.
—¡Oh, discúlpeme! ¡No fue mi intención! Yo lo limpio... —murmura con gesto de levantarse y secar con su camisa la mesa.
Louis lo detiene con un solo gesto de mano.
—No hay problema.
—De verdad, lo siento, no quise y-yo..
El ojiazul quiere reír ante la mueca de desespero del chico, buscando algo con qué secar.
Lindo omega.
—Déjalo así, yo lo limpio. —se pone de pie, yendo a la cocina para buscar alguna tela. La encuentra y vuelve a la sala para limpiar el agua derramada. —¿Cuántos años tienes? —pregunta sin mirar a los ojos a Mickey.
Éste sonríe sin ser visto por Louis.
—Veintidós.
La edad de Harry.
Tomlinson quiere morir allí mismo. Sus labios se tuercen en mueca de dolor al recordar que en unos meses será el cumpleaños del ojiverde.
—Qué joven.
—No es para tanto, ¿cuántos años tiene usted? —por la curiosidad en su voz, puede percatarse que es una cualidad del chico.
—Veintiséis. Tratame de tú. —sigue contestando frío.
Probablemente Mickey también quiera irse pronto lejos de Louis.
—Uh, ¿y estás solo?
Cómo no tienes idea, vivo ahogándome en un mar de remordimiento y ansiedad, silencio junto con olas que simplemente me alejan de la orilla, ya no estoy seguro, sólo estoy solo.
—No, mi pareja se fue de viaje pero regresará pronto. —oh, pobre mentiroso. Alza la mirada, conectando sus ojos con los del otro. Sonríe sintiendo algo en el pecho después de tantos meses.
Y es diferente al dolor... Es...
—Hmm, ¿eres casado? —su tono se vuelve agudo, cómo si la pregunta le hubiera ofendido.
¿Louis debería decirle que sí? Porque la verdad, no lo estaba. Sólo estaba en espera del regreso de su amado, quién probablemente no lo llamaría más.
—No, es mi pareja de departamento.
La sonrisa de Mickey se ensancha, mostrando alegría. ¿Por qué siente alegría sin saber que Louis está muriendo lentamente?
—Entonces, ¿eres soltero? —Louis realmente espera que no intente coquetearle o llevar algo más lejos.
Niega con la cabeza, borrando poco a poco su sonrisa.
Se pone de pie, acomodando la sudadera que tiene puesta.
—Bien señor preguntas, la visita ya terminó. —alza del brazo a Mickey, arrastrándolo por la sala hasta la puerta principal.
¡No! Quedátelo.
—¡No, espera, aún no nos conocemos bie..
La puerta es cerrada fuertemente cuándo ya está fuera del departamento de Louis.