Capítulo 1 - Kat
...Kat...
Acabo de cumplir 21 años y hoy empiezo mi nuevo trabajo. Dicen que poca gente logra entrar a este lugar. Tengo muchísima suerte, porque conseguí el puesto para ayudar en las investigaciones.
Tras terminar mi carrera universitaria en ciencias y biología, esta era la empresa de investigación científica más grande del país.
Suelto un quejido fuerte. Tenía que pasar justo el día que empiezo: me vino la regla. Esperaba que tardara al menos un par de días más en bajarme.
Metí tampones y compresas de sobra en el bolso para mi jornada en el centro de investigación. Me dijeron que entrara a las diez de la mañana. Me pareció un poco tarde, pero el dueño de la empresa insistió en que esa fuera mi hora de entrada.
Conduzco mi cochecito durante cuarenta y cinco minutos. Está a media hora de la ciudad, más otros quince minutos por un camino secundario hasta llegar al centro. Aún no sé exactamente qué voy a hacer allí. Solo me dijeron que tenía que ver con encontrar una cura. No me explicaron para qué, solo que venía de distintos animales y que debía trabajar mezclando diferentes cepas.
Al llegar, veo que hay menos coches de los que esperaba. Detrás del enorme centro de investigación hay un bosque. El camino de subida fue precioso. Ver esto me hace sentir mejor, porque aunque está lejos y bastante apartado, es lo que uno espera de una instalación de este tipo.
Aparco el coche y salgo. Me dirijo a las puertas principales y entro al inmenso edificio. Me acerco a lo que parece ser la recepción, donde hay un chico joven y guapo con el pelo azul brillante.
—Hola, empiezo a trabajar hoy.
—Espere allí, por favor —dice sin levantar la cabeza para mirarme. Señala un grupo de sillones blancos—. Oh, genial... Blanco... —maldigo para mis adentros. Ahora me siento muy incómoda. Me senté, agradecida de haberme puesto también una compresa.
Mientras espero sentada, un par de tíos con bata de laboratorio pasan por delante. No puedo evitar mirarlos. Tienen los ojos azules y verdes más increíbles que he visto nunca. Se me quedan mirando fijamente mientras pasan.
Una voz a mi lado rompe el hechizo y me saca de mi ensimismamiento. —Tiene que perdonarlos, no están acostumbrados a ver a muchas mujeres por aquí. —El chico del pelo azul está a mi lado. Ni siquiera me di cuenta de cuándo se movió de la recepción hasta mi sitio.
—¿Ah, sí? ¿Entonces trabajan pocas mujeres aquí?
—Debió de impresionar mucho al jefe para estar trabajando aquí. —No respondió a mi pregunta.
—Gracias, supongo.
—Bueno, bajará en un minuto.
—Vale, gracias —murmuro mientras vuelvo a mirar a los dos tipos que pasaron. Ya se habían ido. Cuando me giro para decirle algo al recepcionista, ya está de vuelta en su mesa. Debió de moverse tan rápido y en silencio que ni lo noté. Estaba aquí mismo hace un segundo. No le doy más vueltas y me quedo esperando.
—Buenos días, Kat. —Jason es el dueño de la empresa. Me contrató después de que varios estudiantes cualificados se presentaran para el mismo puesto. Sinceramente, pensé que no me darían el trabajo.
—Oh, buenos días, señor —lo saludo con una sonrisa cálida.
—Sígame, por favor.
Sin perder tiempo, se da la vuelta y empieza a caminar. Tuve que darme prisa para seguirle el ritmo. Atravesamos un par de laboratorios que están separados. Se puede ver a los trabajadores tras el cristal. No noté que movieran la cabeza, pero estaba segura de que sus ojos me seguían al pasar. Fue casi espeluznante.
Y, como si me leyera la mente, Jason se detuvo. —No se preocupe por ellos. No la morderán... mucho. —Me guía hasta otra sala donde hay varios trabajadores con batas blancas. Me lleva a un puesto de trabajo.
—Bien, aquí es donde trabajará usted. Asignaré a Ryan y a Bambi para que la ayuden al principio.
Ahora tengo a dos tíos justo detrás de mí, dos tipos muy sexis. Siento cómo el calor me sube por todo el cuerpo al tenerlos tan cerca. Mi mente va a mil por hora.
«Joder... tengo que controlarme mientras esté aquí dentro». Espero haberlo pensado y que nadie me haya oído. —¿Perdona, pero por qué se llama Bambi?
—Porque cuando empezó estaba un poco inestable. Y cuando lo ves correr... bueno, corre como Bambi —susurra el tal Ryan con voz ronca.
—No corro como Bambi. —Sus preciosos y enormes ojos azules se clavan en los míos. Siento casi como si me estuviera atrayendo hacia él.
—Aún se cabrea porque lo llamamos Bambi. —La voz de Ryan era mucho más profunda. Sus seductores ojos ámbar me atraparon. Ya me costaba mantenerle la mirada sin sentir que estaba a punto de abalanzarse sobre mí o algo así.
—También es el más joven de nuestro equipo. —La voz de Jason me trajo rápidamente de vuelta a la realidad—. Aquel de allí es Ruffalo. Intente no cruzarse en su camino.
Vale, por la mirada que me dio, estoy segura de que gruñó o hizo algo para decirme que me mantuviera alejada.
—Y esos son James, Dallas y Brendan.
Los tres me gruñen al unísono y se me quedan mirando. Me siento muy cohibida por estar aquí.
—La dejaré en manos de Ryan. Él le enseñará lo que tiene que hacer. —Dicho esto, Jason se marcha.
Cuando Jason mencionó que me dejaría en las capaces manos de Ryan, vi que a este le brillaron los ojos, cambiando de color, y se le dilataron las fosas nasales. Quizá solo sean imaginaciones mías, porque me siento supersensible con tantos tíos alrededor.
Con varios pares de ojos encima de mí, parece que están listos para comerme o hacer algo inimaginable. Me pongo roja, esperando que no noten los pensamientos tan guarros que estoy teniendo con todos ellos. Guau, ojalá dejen de mirarme así.
—Venga, déjame eso. —Ryan se inclina, me quita el bolso y lo pone debajo de la mesa. Al incorporarse, estoy segura de que me ha olido.
—En... entonces... ¿se supone que me vas a enseñar qué hacer? —tartamudeo toda nerviosa.
Ryan me mira y se lame los labios mientras deja escapar una especie de gemido.
—Puedo olerlo desde aquí. —Una voz desde el otro lado de la sala me hace sonrojar. Ahora me pregunto: ¿acaso huelo mal?
El que se llamaba Dallas hizo un ruido extraño, como un gruñido.
Ruffalo, del que me advirtieron que me alejara, refunfuñó: —Putos animales.
—Perdona por lo que hacen. Hace mucho que no están cerca de una hembra en celo. —Bambi suena muy dulce e inocente al hablar, pero ¿estoy segura de que ha dicho que estoy en celo?
—Perdona, ¿qué has dicho?
Una voz desde el fondo de la sala le dice a Bambi que se calle. Esto se vuelve más raro por momentos. Ryan hace que vuelva a centrar mi atención en la mesa y en lo que hay sobre ella.
—Bien, supongo que será mejor que te enseñe lo que tienes que hacer aquí.
—¿Puedo... puedo ir al baño primero, por favor? —Siento que me voy a desmayar por el calor.
Bambi se ofrece a acompañarme. —Ven, te enseñaré dónde está.
Le doy las gracias y cojo mi bolso. Al agacharme, oigo un gruñido al unísono. Sin embargo, cuando los miro, todos parecen estar muy ocupados. Con cara de confusión, sigo al tal Bambi hasta el baño.
Le doy las gracias mientras se aleja. Entro al servicio para cambiarme y luego me lavo las manos. Cuando estoy terminando, se abre la puerta y entra uno de los tipos que vi en la recepción al llegar.
—Hola —digo por educación.
Cuando habla, dice un par de cosas que me resultan extrañas: —Mm, ya veo. Hueles bien.
—Ah, ¿sí? Vale, gracias, supongo. —Cojo mi bolso y me giro para salir, pero la puerta se abre de golpe y me golpea la cara. Es Dallas, y me pide perdón.
—Tienes un pequeño corte en la mejilla. Deja que te lo limpie.
Me coge de la mano y me lleva de vuelta al lavabo. Coge una toallita de papel, la moja en el grifo y me da toques suaves en la cara. Sus ojos están muy cerca de los míos. Sé que hicieron algo raro, pero bajó la vista rápido. Al terminar, hizo un movimiento veloz; juraría que me lamió la cara.
—¿Me... me has lamiado?
Se inclina más hacia mí. —¿Preferirías que te mordiera? —Un destello rojo cruzó sus ojos. ¿Qué cojones ha sido eso?
Justo entra Bambi y la situación se vuelve muy incómoda.
—Me cago en la leche, Dallas. —Bambi está cabreado con él—. Vamos a sacarte de aquí y a llevarte de vuelta a tu puesto.
Me saca del baño pidiéndome perdón por el comportamiento de Dallas. Al volver al laboratorio, el aire llena mis pulmones. Me doy cuenta de que estaba aguantando la respiración.
Este está resultando ser un primer día muy extraño, y eso que aún no he empezado. Ahora es el turno de Ryan. Se pone justo detrás de mí y empieza a explicarme las cosas y lo que debo hacer.
Siento su aliento en mi cuello. Sus labios casi rozan mi piel, provocándome escalofríos por todo el cuerpo, sobre todo cuando sus manos guían las mías. Es como si estuviera entrando en un éxtasis orgásmico. No puedo concentrarme en lo que me enseña. Mis ojos flaquean y mi respiración se vuelve pesada.
No entiendo qué pasa, pero parece que el experimento soy yo. No puedo controlarme. Las manos de Ryan me acarician y sus labios me besan el cuello.
—Oh, Dios, creo que me voy a correr.
El estruendo de un cristal rompiéndose contra el suelo me saca de mi trance. Miro a mi alrededor y veo a todo el mundo trabajando.
Ryan está a mi lado y me sonríe. Luego sigue explicándome el trabajo. Cuando termina, me deja a mi aire y me siento a trabajar. ¿Qué está pasando? ¿Me lo he imaginado todo?