La llegada
—Este día lo vi tan lejos. Me cuesta trabajo creer que ya no eres una bebé —La voz de mi madre hecha un hilo, al igual que su aspecto.
Ella ni siquiera pudo dormir. La escuche caminar por toda la casa y lloraba cada vez que entraba a mi habitación. Ella no sabe que yo la escuchaba.
—Mamá, por favor ya deja de llorar, o me pondré peor que tú —Le advierto—. Te prometo que estaré bien y que vendré a verlos siempre que tenga oportunidad.
Pero mis palabras parecen no tener sentido para ella pues sigue llorando descontroladamente. Para mi fortuna ha llegado mi padre a salvar la situación: —Lía, ya vámonos. No querrás perder tu vuelo.
Me apresuro a tomar la última maleta que queda para subirla al taxi, pero mi madre me gana y se aferra a ella para que yo no la tome. Juro que jamás en la vida la había visto así: tan descontrolada, con la cara tan roja de tanto llorar. Ella siempre había sido una mujer fuerte, o al menos eso siempre aparentaba frente a mí. Una mujer sencilla en sus finales treinta, cabello castaño y corto, y unos pequeños ojos marrones que encantan a cualquiera. Siempre vistiendo de una forma tan sencilla pero con sus toques de elegancia que la hacen ver tan jovial...Pero hoy se olvidó de eso. Su pijama esta toda arrugada y sus cabellos están completamente despeinados.
—Cariño, por favor deja que la niña suba sus cosas, ya vamos un poco tarde.
Mi padre logra arrebatarle la maleta, mientras ella se cruza de brazos. Sus ojos, llenos de lágrimas, los clava en el suelo. Ahora se ve molesta. Y no entiendo porque, si ella sabía que este día llegaría tarde o temprano. De hecho, ella fue quien se apresuró a organizar mi maleta el día que llego mi correo de confirmación a la universidad.
—Esta es una gran oportunidad para mí, mamá, yo solo quiero que estés orgullosa —Mi voz comienza a temblar y la sensación de romper en llanto aparece de pronto.
Mi madre por fin regresa su mirada hacia mí y corre a abrazarme.
—Yo siempre estoy orgullosa de ti —Sus brazos me rodean por completo, inundando mi rostro en su pecho. Y las ganas de llorar se han apoderado de mí, porque sé que no la veré en un largo tiempo. No volveré a escuchar su voz por las mañanas al despertarme, ni probare su comida. Tampoco veré su sonrisa al recibirme después de la escuela—. Por favor cuídate mucho y cualquier cosa que suceda por favor llama. No importa la hora.
Mis lágrimas se quedan estancadas, sabiendo que si desbordan, no lograre irme y perderé mi vuelo.
—Por supuesto que lo haré, mamá. Los llamaré en cuanto llegue.
Oculto mi rostro de ella al tomar mi mochila. Pero antes de subir al taxi le doy un último abrazo. Inspiro todo lo que puedo de ella; sabiendo que tardare meses en volver a hacerlo. Con gran esfuerzo me separo para subirme al taxi. Me advierto mentalmente no mirarla de nuevo... pero caigo en tentación.
El taxi arranca al igual que mi llanto, porque mi madre se ha quedado a media calle llorando, mientras me ve partir.
—No llores, pequeña, ella estará bien. Esto es por tu bien —La voz de mi padre me tranquiliza. Él no está llorando, pero tampoco se ve feliz de que me vaya—. Eres joven, Lía, tú vida apenas comienza y sabíamos que tarde o temprano te irías para iniciar tu vida.
—Volveré, papá. En cuanto gradué regresare.
Sus enormes ojos azules me ven a través del retrovisor y distingo una pequeña sonrisa formarse al escucharme decir eso.
—Oh, cariño, yo en serio quiero eso. Pero no sabes lo que te espera allá. Quizá vuelvas de la mano de un chico y llegues a darnos la noticia de que te casaras —me ruborizo de inmediato, al igual que me remuevo incómoda en el asiento—. No lo sé. Serán tres años de cambios y aventuras para ti, mi pequeña.
Eso era verdad. A mis dieciocho años he recibido la oportunidad de irme a estudiar la carrera de Periodismo a una de las universidades más importantes de Londres. La directora del campus es amiga de mis padres, sin mencionar que es la madre de mi mejor amigo. Gracias a ella conseguí una beca para estudiar ahí.
Veo a mi padre bajar mis maletas, y mientras lo hace, grabo en mi memoria cada detalle de él: su estatura alta, tez blanca, sus arrugas en la frente y su cabello que poco a poco esta siendo cubierto por las canas. Mi padre tiene una sonrisa que encanta a cualquiera y que hace ver los problemas de una perspectiva mejor.
—Vamos, cariño, llego el momento —Mi padre toma las maletas, mientras sostengo mi documentación en mano. Los nervios comienzan a carcomerme y la idea de salir corriendo me esta tentando mucho—. ¿Llevas todo lo necesario?
«Me faltan ustedes» pensé, más sin embargo, me encuentro asintiendo con la cabeza.
—Por favor cuida a mamá —Le doy un último abrazo, sintiendo las ganas de llorar nuevamente.
—Nos llamas en cuanto llegues a Chicago —Asiento con la cabeza—. Y no te preocupes por nosotros, tan solo disfruta al máximo esta experiencia, mi pequeña —Le dedico una sonrisa triste, mientras cojo mis maletas y camino rumbo al abordaje.
Inspiro hondo, intentando no voltear a mirarlo, pero inconscientemente lo hago: él está parado mientras la gente pasa a su alrededor. Ni siquiera es capaz de borrar su sonrisa al verme marchar. Y es cuando la realidad me golpea de pronto: me estoy yendo por tres años a un país, el cual no conozco más que en fotos. Ahora comprendo mejor que estoy sola en esto y que dejare de ver a mi familia durante un buen tiempo.
La azafata me acomoda en mi asiento, mientras los nervios siguen carcomiéndome. Ver a tanta gente me hace sentir una niña pequeña entre adultos. Y la idea de que mi madre aparecerá desde el fondo del pasillo llega a mi mente, pero eso es solo la nostalgia jugándome una mala broma.
De nuevo inspiro hondo, tratando de hacer lo mismo que la última vez que viaje en avión: relajarme mientras me pongo los auriculares. El vuelo solo dura 47 minutos, por lo que basto la mitad de mi repertorio musical para entretenerme. Lo interesante viene ahora, que debo tomar mi segundo y largo vuelo.
"He llegado a Chicago. Ahora solo debo esperar veinte minutos para el segundo vuelo. Los quiero y los extraño mucho" envío el mensaje a mi padre y me dispongo a tomar asiento en la sala de esperar. Inspiro hondo como por décima vez, mis nervios están al tope, temiendo porque me pueda perder.
—No me interesa cuanto tenga que pagar, pero me urge ese boleto —Una chica de cabello extremadamente largo y color zanahoria, se ha puesto a gritonear en medio aeropuerto.
—Lo sentimos mucho pero ya no hay boletos a esa hora. Tendrá que esperar al vuelo de media noche.
— ¿Media noche? —grita la chica—. No puedo esperar hasta la media noche. Me perderé toda la bienvenida. Usted no me entiende, no puedo llegar a otra hora. Este vuelo tiene el tiempo exacto para llegar a mi destino. Me urge mucho, señorita.
La chica no parece grosera pero si desesperada. Y al parecer va sola, pues no veo a alguien más acompañándola. Me gusta mucho la ropa que lleva puesta: unos boyfriends jeans con forma de corazón en los bolsillos y una blusa blanca de una sola manga. Su cabello es lacio y le llega hasta la cintura, sin mencionar que el color le va muy bien.
—Lo lamentamos mucho, señorita, pero no podemos hacer nada.
La chica no dice nada, solo gira sobre sus zapatillas negras y toma su enorme maleta. Se para a escasos metros de mí y saca su móvil para teclear con frenetismo. Reviso la hora en mi móvil y descubro que ya es hora de abordar. Tomos mis pertenencias y mentalmente le deseo suerte a esa chica en cuanto paso a su lado.
Los latidos de mi corazón aumentan, nunca jamás he viajado tanto en avión, mucho menos a un país al que jamás he visitado. Bien, ahora me muero de miedo y presiento que la sensación desaparecerá después de las nueve horas que dure el viaje.
Mi repertorio musical se ha reproducido como una diez veces, he comido emparedados, me he parado como cinco veces al baño, he golpeteado el asiento del señor de enfrente para que deje de roncar... Y tan solo faltan dos horas más. Intento dormir un poco pero no puedo; los nervios no me lo permiten. Decido fijar mi vista hacia la ventana e intentar relajarme con la música de fondo.
Un golpeteo en la cabeza me despierta de golpe. —Lo siento —dice la señora que me ha golpeado con su enorme bolso. Aturdida, veo como comienzan a tomar sus pertenencias, así que me froto los ojos y me pongo de pie.
— ¿Llegamos?
—Sí, señorita, esperamos que haya disfrutado del vuelo —Ella me entrega la mochila y su mejor sonrisa.
Acomodo mi trenza de lado, y tomo mis pertenencias. Sigo a los pasajeros para que me guíen hasta adentro, mientras me siguen carcomiendo los nervios.
Comienzo a sentirme perdida al ver a tanta gente y sin reconocer a nadie. Mi corazón se ha acelerado, mis manos comienzan a transpirar... ¡Estoy entrando en pánico!
— ¿Y a hora qué hago? —La gente comienza a empujarme, pues me he quedado varada entre una multitud y con muchas ganas de llorar.
Los nervios no me habían dejado ver con claridad, pues frente a mi estaba un hombre alto, robusto y de piel oscura, sosteniendo un enorme letrero con la frase "Bienvenido a Royal Holloway" Detrás de él ya había un grupo de chicos charlando entre ellos.
Cojo valor y tomo mis pertenencias con mucha fuerza.
— ¿Es usted de la universidad de Royal Holloway? —Me sorprende que mis pantaloncillos aun estén secos.
—Mi nombre es Box, soy el encargado de recoger a los estudiantes extranjeros como tú. Me ha enviado Miss Lady.
Box me ayuda con mis maletas y me dirige con los otros chicos, ninguno de sus rostros se me hace familiar, pero se ven igual de asustados que yo. Y todos seguimos al grandulón, quien nos conduce hasta un camión con el logo y nombre de la universidad.
—Bien chicos, hagan una fila y cuando los vaya nombrando dicen "aquí" y suben a tomar su asiento asignado —Avisa Box.
Inspiro hondo, mientras observo a los demás uniéndose a otros y formando grupitos. Todos ellos se ven tan elegantes, usando ropas tan combinadas y peinadas como si estuviesen en un desfile de moda. Algunos ni siquiera se tomaron la molestia de quitarle la etiqueta a sus maletas nuevas. Por mi parte, utilizo una blusa blanca manga tres cuartos y unos jeans ajustados. No son tan sofisticados como el de los demás, pero al menos me hacen ver presentable y sentir cómoda.
—Christina Wood.
—Aquí — Responde alguien detrás de mí. Me he llevado la gran sorpresa al ver que es la misma chica del aeropuerto; aquella que pedía con urgencia un boleto para llegar a tiempo. La veo subir con mucha elegancia el autobús.
—Lía Mondragón.
Oh, Dios. —Aquí.
Escucho murmureos sobre mí, lo cual me pone aún más nerviosa. El primer escalón y mi mala coordinación me juegan mal y mi rodilla sufre las consecuencias. Las carcajadas no se hacen esperar.
—Guarden silencio —vocifera el grandulón. Una mano extendida esta frente a mí, la tomo y descubro que es la chica que subió antes que yo.
Sus ojos color miel son grandes pero bonitos, eso es lo primero que ves en ella, y después su largo cabello color zanahoria.
—Gracias, suelo ser muy torpe.
—Me pasa seguido —sonríe.
Noto que mi lugar de asiento es junto a ella, así que la sigo hasta el fondo del camión.
— ¿En serio te pasa seguido? —Ella toma asiento a lado de la ventana y sonríe avergonzada.
—En realidad no, pero quería hacerte sentir mejor —Y puedo sentirme mis mejillas arder—. ¿Cómo te llamas?
El último chico toma su asiento y Box vuelve a revisar su lista. Al terminar de contarnos, da la orden al chofer para que arranque.
—Me llamo Lía. ¿Eres Christina, cierto?
—Por muy a mi pesar, pero puedes llamarme Tina.
— ¿Eres de Chicago?
Sus enormes ojos se abren escandalosamente, para después fruncir su ceño levemente.
—No, vengo de Los Ángeles.
—Lo siento si incomodé, es solo que te vi en el aeropuerto de Chicago.
— ¿En serio? No recuerdo haberte visto.
—Si. Estaba sentada a lado tuyo, pero creo que no me viste porque tecleabas mucho en el móvil. Me alegra que hayas encontrado un vuelo para poder llegar.
—Ah, sí —responde algo apenada—. Tuve que sobornar para conseguirlo. Juré que mi madre me había comprado el boleto a tiempo pero a la mera hora dijo que no me había comprado nada. Me puse un poco caótica porque pensé que no llegaría a la bienvenida.
—No te preocupes, está bien. No sonaste grosera, ni nada de eso.
— ¿Y a qué carrera vas?
—Periodismo.
— ¡También estoy en esa carrera!
No puedo creer la buena suerte que estoy teniendo.
—Estaremos juntas entonces. Ya no hay que separarnos —dice entrelazando nuestros brazos.
El autobús se detiene en la estación de trenes. Cada vez falta menos para llegar y sigo tan nerviosa cómo cuando salí de casa.
—Bien, con calma y en orden me van a seguir. Es hora de tomar el tren para llegar al campus.
Box nos conduce hasta tomar asiento, y yo creo sentirme en una película. El recorrido tarda unos cuarenta minutos entre murmureos y nervios. De verdad necesito controlarme, no quiero asustar a mi nueva amiga.
Al llegar, Box nos conduce hasta otro camión. Tina sigue con su brazo entrelazado al mío y así seguimos hasta llegar al campus.
—Wow —es lo único que puede salir de mis labios al ver que las rejas comienza a abrirse y dejan ver lo que parece ser un castillo color naranja sacado de un cuento de hadas—. Es infinitamente mejor a como se ven en las imágenes de Internet.
—No viniste al tour del mes pasado ¿cierto? No recuerdo a verte visto.
—No —instintivamente he bajado la mirada—. Mi abuela falleció a principios de este año, así que no hubo tiempo ni dinero para que pudiera viajar.
Tina se queda observándome, comenzando a ponerme incómoda. —Lo siento mucho.
— No te preocupes.
— ¿Puedo saber cómo es que entraste a este campus? —La miro de mal modo—. Lo siento, no quise sonar despectiva. Solo que pareces una chica muy sencilla, diferente a las superficiales de allá enfrente.
—Mis padres no tienen dinero, si es lo que estas preguntando. Si estoy en esta universidad es gracias a la beca que gane.
Los ojos de Tina no pueden estar más abiertos, mientras que de su boca solo sale un 'wow' Honestamente, no sé si debo sentirme ofendida o qué. Pero estoy comenzando a molestarme. Debí haber olvidado que estoy asistiendo a un campus privado lleno de riquillos que se creen "los todo poderosos" del mundo.
—Tú debes ser muy inteligente, Lía. ¿Sabías que esta universidad está capacitada para más de siete mil estudiantes y las becas son extremadamente limitadas? Necesitas ser una maldita genio para obtenerla.
—Leí algo así sobre las becas. De todos modos, no creo que a alguien de aquí le importe si tengo cerebro o no. Lo único que importa es el estatus social ¿no?
—Tú ves muchas películas para adolescentes —se burla— No te voy a mentir que si hay varios superficiales por aquí, pero también hay varios estudiantes que vienen de países de muy bajos recursos, y aunque no lo creas, el tener cerebro sí importa. Este campus es conocido a nivel internacional por sus altos rendimientos académicos. Aunque claro, hay sus excepciones para dejar ingresar a niños riquillos sin cerebro y que solo vienen a dar "prestigio" al campus.
Ella me ha dejado sin palabras. —Un claro ejemplo de esos riquillos sin cerebro soy yo —No puedo evitar sorprenderme—. Mis padres tuvieron que sobornar a los directivos para poder ingresar. Mi promedio es pésimo y mi familia rica e influyente.
— ¿Y porque eligieron esta universidad? En California hay buenas universidades.
—La eligieron porque era de las más lejanas. Mientras no me tengan cerca, ellos son felices.
Algo dentro de mí se estrujo. Sentí pena por ella. Tina no parece ser una mala chica, mucho menos superficial.
—Ahora que estaremos juntas yo puedo ayudarte en las tareas y proyectos.
—Bien, chicos, bajen en orden y no olviden sus pertenencias.
La universidad Royal Holloway College es sin duda el sueño de cualquier estudiante que desee ser el mejor en su campo. Tiene al mejor personal capacitado para formar a los profesionistas del mañana. Y me siento completamente honrada de ser aceptada aquí.
Tina sigue con su brazo entrelazado al mío, mientras yo sigo admirando la arquitectura que tiene el lugar que será mi hogar los próximos tres años.
—En serio, me siento soñada en este lugar.
Hay una mujer a la entrada con una carpeta en manos. Box le entrega su lista y la deja a ella como encargada.
—Buenas noches, chicos, me llamo Margo y soy la coordinadora del instituto. Les damos la más cordial bienvenida a este que será su nuevo hogar. Estamos emocionados de que hayan elegido este campus para prepararse académicamente —La chica se ve amable, su cabello oscuro resalta su piel blanca y ojos azules—. No los quiero entretener mucho, sé que están ansiosos de entrar y ver sus dormitorios, así que pasen. Adentro hay un pequeño festín para ustedes y las indicaciones del área de piso donde quedan sus dormitorios.
Soy arrastrada por mi nueva amiga, quien parece estar más emocionada que todos juntos. Dentro hay un enorme letrero que dice "Bienvenidos, Hollowers" por encima de todos. Los pasillos están adornados con globos naranjas y blancos al igual que serpentinas colgando del techo. Las paredes están adornadas por boletines de concursos del año pasado, y una enorme vitrina con trofeos y fotografías de todas las generaciones que han pasado por Royal Holloway.
No puedo creer que ya esté aquí, en la universidad. Ver las instalaciones me hace sentir orgullosa del esfuerzo que han puesto mis padres, y por supuesto que el mío.
—No puedo evitar enamorarme cada vez que veo este lugar —suspira Tina.
Los pasillos están tapizados de azulejos blancos y negros; son demasiado llamativos y no parecen tener fin. Y todos parecen estar llenos de estudiantes; todos están eufóricos, corriendo de un lado a otro.
— ¿Te parece que primero vayamos a ver nuestras habitaciones y ya después vamos a dar un mini tour? —Tina asiente con la cabeza.
Hay un montón de chicos buscando sus nombres en las listas de dormitorios. Descubro que Tina no tiene paciencia, porque empuja a todos hasta llegar al frente. Pasa de hoja en hoja hasta que se encuentra.
—No es novedad para mí, pero nos toca compartir habitación.
— ¿En serio?
—A eso le llamo destino, mi amiga.
Ella no me deja responder porque ahora me arrastra por todo el pasillo. Nuestras habitaciones están en el edificio de a lado, por lo que corremos por la calle principal hasta llegar. Tina me entrega mi copia de llave mientras ella se cuelga la suya.
Debo decir que siempre imagine que las habitaciones eran como en las películas clásicas: una sola habitación, dos camas y esas cosas. Pero en Royal Holloway hay dos habitaciones en una. El baño es perfecto, lo tiene todo, tiene una televisión pantalla plana, un pequeño radio, y hasta hay un mini sofá y libros en la mesita de estar.
—Esto parece más un departamento que una habitación.
— ¿Te molesta si elijo el dormitorio de atrás? —Niego con la cabeza, mientras ella salta hasta llegar a su puerta—. Bien, es hora de darte un tour, ya que no pudiste venir al tour oficial.
Ni siquiera logre instalarme correctamente, ella me ha jalado de nuevo al edificio principal, donde siguen habiendo muchos estudiantes eufóricos. Algunos se abrazan, otros gritan...Definitivamente esto es una locura. Una hermosa e increíble locura.
Tina me sigue arrastrando hasta una multitud de chicos que corren por el pasillo. La multitud hizo que mi nueva amiga me soltara y quedara atrapada en ellos.
— ¡Lía! —grita con desesperación.
Mis piernas se aflojan, sé que voy a caer, así que intento sostenerme de algo para amortiguar el golpe, cuando en realidad solo he arrastrado a alguien conmigo. La multitud pasa sobre nosotros, sin consideración alguna.
Oh, Dios, esto no puede estarme pasando. Dos veces en una noche, eso ya es mala suerte.
El chico logra levantarse, se sacude furioso su chaqueta de cuero, pero no es capaz de mirarme o siquiera ayudarme a ponerme de pie.
— ¡Fíjate, niña! — grita furioso. El chico se gira para mirarme: su cara esta un tono más allá del rojo, sus grandes ojos color limón me ven a matar, y estoy segura que si yo hubiese sido un chico, él me habría golpeado hasta sangrar.
—Lo siento, no fue mi intención.
—Ryan, no es un buen momento para que te tires a las nuevas. Sam quiere verte ahora y sabes que no le gusta esperar —Un chico de piel bronceada, cabello oscuro y muy relamido se le ha acercado. Ambos tienen cara de pocos amigos.
—No seas idiota, que esta puberta me tiro.
Ambos me ven como me siento justo ahora: una tonta. Así que bajo la mirada por tanta vergüenza, no sin antes haberme disculpado de nuevo.
—Malditos pubertos, siempre siendo unos torpes — Lo escucho decir mientras se da la media vuelta e ignora mis disculpas.
—Qué tipo tan insoportable —Tina aparece detrás de mí, con los brazos cruzados—. Perdón por no ayudarte, pero esos idiotas que corrían me arrastraron con ellos.
— ¿Y estas bien? —Ella asiente con la cabeza—. Bien, mejor vayamos a nuestro dormitorio, porque si sigo en los pasillos, terminare con las rodillas ensangrentadas.
— ¿Tienes hambre? —me pregunta mientras caminamos de vuelta—. Yo no tengo, pero si tú tienes podemos pasar por algo a la cafetería y después irnos a la habitación.
—En realidad no tengo hambre. Además, necesito llamar a mis padres para que sepan que llegue bien.
—Claro, solo recuerda que a nosotros se nos tiene prohibidos los móviles, así que escóndelo bien.
Agh, había olvidado que universidad tiene ciertas normas para los de nuevo ingreso. Las más importantes son: usar uniforme y no usar móvil en horario escolar.
Tina esta en mi habitación, viendo como pierdo la paciencia por no obtener respuesta, así que mejor comienza a hacerme conversación. Descubro lo mucho que ha sufrido a causa de sus padres, la falta atención que le ponen, y el poco autoestima que refleja cuando le pregunto sobre sus gustos.
—Yo tampoco tengo amigos — confieso—, siempre la pasaba en casa y nunca me di tiempo para salir a fiestas.
—Al menos era decisión tuya. Yo tenía que pagarles a los chicos para que me dejaran entrar a sus fiestas, para que se juntaran conmigo... para todo.
—Ahora puedes contar conmigo —Tina sonríe, después revisa su reloj de pulso y noto que sus ojos se agrandan.
— ¡Son más de las once! Joder, es hora de irnos a dormir —Salta de la cama y toma su maleta—. Buenas noches, Lía, descansa y nos vemos mañana.
—Hasta mañana, Tina.
Inspiro hondo, admirando nuevamente mi nueva habitación: es espaciosa, femenina y me hace sentir tranquila. Pienso en las decoraciones que le haré, lo que puedo agregarle para hacerla mejor, pero eso será después, ya que ahora debo descansar. Tina dijo que aunque mañana es sábado, darán un discurso de bienvenida y un nuevo tour a los que no pudimos venir antes. Declaramos que este fin de semana será para conocer las instalaciones, planes de estudio y al personal educativo.
Es demasiado tarde para mí, ni siquiera puedo sacar la pijama y cambiarme. Solo arrojo la maleta al suelo y me dejo caer a la cama. Mis ojos comienzan a pesarme, mientras mi cuerpo se relaja. Honestamente, creí que tendría dificultades para dormir en mi primera noche fuera de casa, pero no fue así.
Primera noche fuera de casa.
Primera noche de tantas que estoy segura, serán inolvidables para mí.