Gastrea

Sinopsis

Los seres humanos se ven irremediablemente atraídos por lo que consideran perfecto. La luz de la utopía les resulta demasiado hipnotizante, hasta el punto de olvidar que, mientras mayor es el fulgor, más fácilmente oculta la gran sombra que deja a sus pies. Ese lugar perfecto que oculta sus tinieblas, es Gastrea; una ciudad de ensueño, tecnología y desarrollo, donde solo los elegidos pueden acceder. Jeon Jungkook es un hombre lleno de sueños y esperanza. En busca de su vida soñada y cumplir una valiosa promesa con Park Jimin, su amigo de la infancia, va a Gastrea. Sin embargo, a diferencia de Jimin, un prestigioso investigador científico, Jungkook no fue elegido, no fue considerado apto, por lo que recurre a métodos turbios para poder adentrarse. A sus ojos llega entonces la cruel verdad. Cuando los sucios secretos comienzan a salir a la luz, Gastrea, la ciudad de las luces y la perfección, deja de ser perfecta a los ojos de Jungkook. Porque al encontrar a Jimin, descubriría que ya no era el mismo de antes. De la misma manera en que los insectos se queman vivos en la hoguera, persiguiendo la luz, el hombre puede llegar a ser consumido por sus propios ideales, hasta el punto de perderse a sí mismo. Hermosa portada por @abyss_nanai, en Wattpad. Muchísimas gracias.

Genero:
Scifi/Other
Autor/a:
Saky_23
Estado:
Completado
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prefacio

Los ojos de Jungkook se abrieron al sentir las gotas de agua en su frente. Llovía otra vez. Su pequeña cabaña, desaliñada, y casi en ruinas, se mojaba por todos lados cuando llovía. Tenía poco más que una cama y una minúscula cocina; el agua debía ser cargada de un pozo cercano, y tenía que usar un baño público en pésimas condiciones. Sus ropas siempre estaban harapientas, y eran pocas las mudas de las que disponía. Sin embargo, no era Jungkook el único que vivía de esa manera, todos en Ghost Town enfrentaban esa realidad.


Esa ciudad, como su nombre lo indicaba, era un fantasma inexistente en Gastrea. Mientras los elegidos vivían la vida de sus sueños, llenos de comodidades y abundancia, los que habían decidido intentar perseguir el sueño de una vida perfecta estaban allí, muriendo de hambre en medio de aquel basurero, asolados por el peligro y el miedo.


Antes de atravesar los cincuenta metros de muro blindado que protegían a Gastrea, todos creían que una vez dentro, encontrarían una manera de integrarse y ser aceptados. No podían haber estado más equivocados. Jamás hubieran podido imaginar que un lugar así existiría ahí dentro. Uno al que acababan afluyendo interminablemente personas, pero que jamás colapsaba; porque, misteriosamente, poco a poco iban desapareciendo en esa misma medida. Nadie decía nada, no se atrevían. Asumían que era el precio a pagar por seguir con vida, los varios intentos fallidos de entrar a la ciudad principal, en que los drones habían asesinado sin piedad a todos, les hacían pensar eso. ¿Por qué si no, los dejarían permanecer allí?


Nadie se preguntaba a dónde iban los desaparecidos, o por qué eran llevados. No tenían tiempo para preguntárselo, pues no podían seguir adelante, ni volver atrás. Los coyotes, como se les llamaba a quienes los guiaban al interior burlando la seguridad mediante sobornos y contactos, solo hacían el viaje en un sentido. Los que intentaron regresar, se encontraron con el mismo destino que aguardó a todos los que enfrentaron a los drones: la muerte. No había escapatoria, solo resignación.


Sin embargo, a pesar del desalentador panorama, Jeon Jungkook no se había rendido. Tenía una promesa que cumplir con Park Jimin, el amor de su vida, el hombre al que se había entregado en cuerpo y alma.


Cuando llegó la noticia de que Jimin había sido escogido para entrar a Gastrea, Jungkook se alegró demasiado; porque aunque suponía una separación inminente, significaba el cumplimiento del sueño de la persona que amaba, de trabajar en uno de los laboratorios centrales. Hasta cierto punto, era obvio que la postulación del Dr. Park fuese aceptada, eran pocos los científicos de su calibre en el país, su juventud no le restaba talento y dedicación. Jeon solo tendría que esperar unos meses hasta que su solicitud fuese procesada y aceptada, para volverse a ver. Pero el destino tenía preparado algo diferente, y Gastrea no parecía necesitar un boxeador lesionado y retirado como él. Fue no apto.


Jungkook no tenía nada que perder, ni nada que dejar atrás; pero sí tenía algo por lo que seguir adelante: Jimin. No escatimaría en los medios para llegar hasta donde estaba. Tenía cómo hacerlo. Demoró meses en localizar sus contactos y reunir el dinero, que le costó varias lesiones en peleas ilegales. No obstante, nada de eso importaba ya, estaba dentro, solo restaba ser paciente, inteligente y mantener un perfil bajo.


—JK, ¿me escuchas? —La conocida voz de Kim Namjoon, su mejor amigo, llegó a sus oídos.


Jeon sacó el intercomunicador, algo obsoleto y maltratado, de abajo de su almohada. Había algo de estática, pero el mensaje se transmitía.


—Fuerte y claro —respondió.


—Es hoy, a las veintidós en punto, en las coordenadas que te envié.


—Entendido. —Sonrió ante su triunfo—. Cambio y fuera.


Tomó una pequeña mochila con lo imprescindible, y se dispuso a dirigirse al punto de encuentro. Todavía faltaban un par de horas, pero para escabullirse sin ser visto, lo mejor era marchar con tiempo. Nadie sospecharía ante su ausencia. No había hecho relación con nadie, era un simple ermitaño. De seguro, simplemente asumirían que había desaparecido, tal y como lo acababan haciendo todos en algún momento.


—Ha llegado la hora, Jimin. Al fin podré verte otra vez.