Cuando sale la luna

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Sinopsis

Cuando a Sienna se le pide que cuide de un miembro de la manada cercana, famosa por ser despiadada, no se le permite contarle a nadie de dónde viene su nuevo amigo debido a que la manada es sumamente temida. Famosos por sus brutales tomas de poder y el trato que dan a los intrusos, la manada Black Mountain es un nombre que se susurra con terror entre los miembros de su propia manada. Imagina su sorpresa al descubrir que el futuro Alpha es su mate.

Estado:
Completado
Capítulos:
30
Rating
4.7 177 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Uno

¡Bienvenidos, ángeles!

Un par de cosas:

♡ No siempre menciono anticonceptivos o ETS, por favor asuman que los personajes se están cuidando y no están jugando a la ruleta rusa con el embarazo.

♡ Uso inglés británico. POR FAVOR no corrijan mi ortografía con el inglés americano (es súper molesto, lo siento 😩; no todo el mundo escribe las palabras con «z» o con una sola «s»).

♡ Dicho esto, si notan algún error gramatical, les agradecería mucho que me lo señalaran.

♡ Escribo romances adultos. Aparecerán las palabras «clítoris» y «polla». Si eso no les gusta, por favor retírense sin quejarse.

♡ Pueden seguirme en Instagram, naughtyxchristian.

¡Gracias y disfruten! L x


Punto de vista de Sienna.

—Gracias a todos por venir esta noche. Es genial ver a toda la manada reunida de nuevo. Me gustaría dar una bienvenida especial a los miembros que han estado fuera estudiando en la universidad. Es un placer tenerlos de vuelta con nosotros.

El Alfa Jon se dirige a la multitud mientras nos sentamos en silencio en las filas de sillas frente al pequeño escenario.

Las reuniones de la manada se hacen de vez en cuando, casi siempre cuando hay algo importante que hablar. Mientras menciona a los universitarios, pasea la mirada por todos y se detiene en mí. Yo le sonrío educadamente.

He estado fuera tres años por la universidad. Ya tengo veintiún años y hace tiempo que debería haber encontrado a mi pareja. Me las arreglo perfectamente sola y la universidad solo me ha hecho más independiente.

Si llegara a encontrar a mi pareja pronto... creo que le preguntaría dónde demonios se había metido.

Miro a una de mis mejores amigas, Cassie. Ella pone los ojos en blanco y finge un bostezo. Le sonrío con picardía, sabiendo lo mucho que odia estas reuniones.

Cassie es un espíritu libre. No tiene ningún interés en conocer a su pareja; disfruta demasiado de la atención masculina para eso. Dice que aún es muy joven y que se divierte demasiado como para atarse ahora. No es que sea una libertina, aunque se ha acostado con más chicos que yo.

Nuestra otra amiga, Kayla, es todo lo contrario. Es una virgen inocente que, gracias a Cassie y a mí, tiene la mente muy sucia. Quiere guardarse para su pareja y, aunque lo respeto, no es algo que yo buscara. Hoy en día, la mayoría de los cambiaformas pierden la virginidad antes de conocerse.

Lo más probable es que mi pareja no sea virgen, así que ¿por qué debería serlo yo solo por ser mujer?

El Alfa Jon termina por fin su discurso. Poco a poco, todos empiezan a salir del salón hacia la casa de la manada, donde se celebra una fiesta por el próximo solsticio de verano.

—Voy a ver a Cass y a Kayla —les digo a mis padres.

Mi padre frunce el ceño. Sé que quiere que me quede con ellos toda la noche. También sé que no le hace ninguna gracia Cassie ni sus influencias.

Tengo una relación complicada con mi padre. Es bastante estricto, o al menos intenta serlo. Yo me niego a hacerle mucho caso. Nuestra manada es segura; tenemos un muro gigante alrededor de nuestro territorio que nos protege. Somos una manada pequeña con poco territorio, así que nadie nos ve como una amenaza ni como un trofeo que conquistar.

Mis padres se criaron en esta manada, igual que yo. A diferencia de mí, ellos han aceptado todas las enseñanzas, mientras que yo tengo mis dudas. Mis padres no entienden por qué quiero irme a la ciudad. Ellos son muy felices en el pueblo donde vivimos dentro del territorio.

—Está bien, cariño. Nos vemos en casa. Envíame un mensaje si vas a llegar tarde —responde mi madre antes de que mi padre pueda protestar.

—Genial, ¡nos vemos luego! —grito por encima del hombro mientras me abro paso entre la gente para llegar a donde está Cassie.

Cassandra Blake es hermosa. Su cabello cae en ondas negras como el carbón hasta su cintura y sus ojos son de un gris impresionante. Tiene unas curvas de infarto y, si no fuera mi mejor amiga, probablemente la odiaría por pura envidia.

También me da envidia que mida un metro sesenta. Con mi metro setenta me siento como una giganta y lo odio. Cass es segura de sí misma, sexy y a veces demasiado imprudente.

—Por favor, Diosa, dime que vamos a salir esta noche. ¡Es tu primera noche de vuelta! —Cass pone morritos y yo suspiro, sabiendo que mi padre no lo aprobará.

Qué más da, al carajo.

—Sí. Vamos a mi casa a arreglarnos —digo, sonriendo al pensar en lo mucho que eso enfadará a mi padre.

—¡Yujuuu! ¡Mira, ahí está Kayla! —Cass señala detrás de mí y me giro para ver a Kayla sonreír y correr hacia nosotras.

Kayla Blackwood es un metro sesenta y cinco de pura dulzura e inocencia. Tiene unos pechos grandes y un vientre plano, dos cosas por las que la mayoría de las chicas matarían. Tiene el pelo rubio, liso y por los hombros, y los ojos más azules que he visto en mi vida. Es alegre, amable y se le da fatal guardar rencor.

Y luego estoy yo. Soy la alta y delgada, con una figura normal, muslos anchos y un culo que apareció de la nada. Tengo las curvas abajo.

Las chicas vienen a mi casa, para disgusto de mi padre, y nos preparamos para salir. Dos horas y tres botellas de vino después, las tres estamos listas, arregladas con vestidos ajustados y pestañas postizas.

Vamos al club más popular de la ciudad, justo al otro lado de la frontera de nuestro territorio. Es principalmente un pueblo de humanos y no pertenece a ninguna manada. A los cambiaformas les gusta venir aquí porque no hay problemas por invadir territorio ajeno.

Otras dos horas después, Cass y yo estamos en la barra pidiendo más tragos para las tres.

—No entiendo cómo sigue siendo virgen —comenta Cass mientras vemos a Kayla bailar con un chico, restregando su cuerpazo contra él.

—Lo sé. Aunque me da pena; en cuanto los tíos se enteran, se vuelven locos —pongo los ojos en blanco y bebo con ganas la copa que el camarero me pone delante.

—¡Ya te digo! ¡Parece que entran en celo o algo así! —bromea Cass y nos acercamos a Kayla.

Aparto al chico y tomo su lugar. Bailo detrás de Kayla mientras Cass baila delante, dejando a mi amiga en un sándwich de protección.

Nos quedamos hasta que cierra el club. Kayla liga esa noche, y Cass liga muchísimo, pero yo no me lío con nadie.

Las tres nos desplomamos en la cama de Cassie a las cuatro de la mañana y dormimos hasta la tarde.

Me despierto con un dolor de cabeza horrible, hundida en una cama llena de chicas semidesnudas. Me escurro por el borde de la cama para no despertar a las chicas que tengo a cada lado.

Cassie vive sola; sus padres le compraron esta casa. Me meto en la ducha, agradecida de haberme desmaquillado antes de dormir anoche.

Me envuelvo en una toalla para secarme. Cuando vuelvo a su cuarto, las chicas ya están despiertas y tomando té. Hay una tercera taza esperándome sobre el escritorio.

—Eres un ángel, gracias —le digo a Kayla cuando me pasa la taza.

—¿Y qué vamos a hacer hoy? —pregunta Kayla.

Miro por la ventana, contenta de ver que ha salido el sol.

—Tengo que ir a casa a desempacar todas mis cosas de la universidad. Mi padre está molesto porque todo está amontonado en el pasillo —hago una pausa para poner los ojos en blanco.

—Pero primero vamos por un café —sugiero, y las chicas asienten de acuerdo.


Una hora después, entro por la puerta de mi casa. Mamá levanta la vista cuando entro en la cocina y sonríe aprobando mi ropa. Llevo una falda de tubo larga y una blusa de seda que ella me compró.

Mis padres siempre quieren que me vea elegante. Yo suelo usar mucho chándal y sudaderas, para horror de mi madre.

—Hablé con el Alfa Jon anoche. Hay un cambiaformas que se unirá a nuestra manada por unas semanas. Le dije que te encantaría ayudarlo a instalarse. Ya sabes, enseñarle el lugar y presentárselo a todos —dice mi madre con alegría, haciendo que mi padre baje el periódico y frunza el ceño.

—¿Tiene pareja? —pregunta mi padre con severidad, y yo suelto un gran suspiro.

—Tranquilo, papá. No me va a devorar —bromeo, y él me mira con los ojos entrecerrados.

—Eso no tiene gracia —murmura malhumorado y vuelve a su periódico.

—No, no tiene pareja —responde mi madre, sonriéndome con picardía.

Se muere de ganas de que encuentre a mi compañero.

—Está bien, yo le enseñaré todo —suspiro de nuevo, molesta porque mi madre siempre me anda ofreciendo de voluntaria para todo.

Cojo mi bolso y las llaves y conduzco hacia la casa de la manada, donde viven el Alfa y su familia.