Prólogo-Erase una, un reino
♛PRÓLOGO.-Érase una vez, un reino.♛
-Ubicación:Castillo real de Doral
-Hora:8:00.am
──────PASADO──────
[CUANDO TODO EMPEZÓ]
Hace 18 años atrás.
Narrador Omnisciente:
────ERASE UNA VEZ un reino que se llamaba Doral, ubicado en lo alto de un frondoso bosque un gran castillo brillaba, tan dorado como los rayos mismos del sol matutino que lo iluminaban. Las puertas doradas y plateadas del gran castillo, se abren. El día estaba soleado, el cielo azul, el sol brillante como siempre y las nubes blancas como la nieve. El olor al césped verde recién cortado inundaba el lugar mezclándose con el del olor a tierra mojada por los días de lluvias pasados.
En las simas de las copas de los árboles los pájaros cantaban alegremente mientras mostraban sus barrigas al sol, los peces nadando en el gran lago que se ubicaba junto al castillo, hacían su repentina aparición cerca de la superficie para poder absorber algo de la calidez del sol matutino para luego volver a ocultarse en las oscuras y frías sombras del agua. Era una mañana perfecta. Pero esa perfección no lograba ser tan perfecta como lo que había dentro del castillo.
El niño se encontraba jugando en los pasillos del dorado castillo persiguiendo su sombra, cuando de repente escucho dos voces masculinas discutir detrás de una puerta. Con la inocencia que todo niño demuestra él sintió curiosidad y terminó acercándose a la puerta de un color plateado tan brillante como las doradas paredes que la rodeaban.
Entonces colocó su oído contra esta y logro escuchar con más claridad, alcanzando así a distinguir que una de aquellas altaneras voces pertenecía a su propio padre y la otra era a su tío. Sintiendo aún más curiosidad el pequeño chiquillo divisó que en el picaporte de la puerta había una rendija por donde se colocaba la llave y a través de ella los rayos de luz se filtraban. Colocó entonces uno de sus ojos ahí para poder observar la escena que se desarrollaba al otro lado de la puerta. Pero lo que vio lo dejó más que perplejo.
Su tío parado frente a su furioso padre con ambas manos en el aire mientras que era apuntado con un arma, el brillo de esta le dio en el ajo al niño segándolo momentáneamente. Él se refregó el ojo con su pequeña manita y regreso una vez más al ojo de la cerradura y vio como su padre apretaba el gatillo del arma en su mano. La bala derribó al tío del niño en cuanto está impactó contra él dejándolo en el suelo sin movimiento alguno mientras que su hermano caminaba hacia el cuerpo inerte.
El pequeño se alejó de la puerta rápidamente retrocediendo contra la pared que había a sus espaldas sin poder moverse a ningún lado. El padre abrió la puerta y encontró al pequeño recostado contra la pared, no le sorprendió verle allí, en su lugar intentó quitarse la sangre que manchaban sus manos pasándolas por las piernas del pantalón ya que hacerlo en la camisa sería inútil puesto que esta ya no era blanca como lo había sido unos segundos atrás, si no que estaba manchada de un escarlata brillante. Una vez que estuvo conforme con la ¨limpieza¨ de sus manos, observo al niño para luego hacer contacto visual con él.
—Hijo, no te sorprendas de lo que hoy has visto. Debes acostumbrarte ya que esto es lo que deberás hacer de ahora en adelante para continuar en el poder. Esta es una tradición familiar de la cual nadie puede escapar. Para seguir en el poder, se debe matar.
El padre se fue caminando por el angosto pasillo del castillo y antes de doblar, se dio vuelta y miró al pequeño niño y le gritó.
—Lo entenderás cuando seas mayor, ahora disfruta.—Le guiñó el ojo y le dedicó una sonrisa para seguir caminando.
El pequeño Alex se sentó en el suelo y apoyó su espalda contra la pared dorada, y agarró sus pies y escondió su cara llorando.
—Mi padre no es un héroe, es un monstruo—dijo susurrando mirando a la puerta cerrada.
Alex se levantó de la alfombra roja y sacudió su ropa elegante de príncipe, una camisa blanca y un pantalón ajustado negro y en sus pies tenía zapatos de cuero negros relucientes con brillo sin una pizca de suciedad. Su vista se dirigió al gran ventanal, vio que el sol se oculto y las nubes eran grises, pero aquello solamente era el inicio de una tormenta, las gotas de lluvia no tardaron en caer al gran césped verde del reino y como la lluvia golpeó contra el cristal de la gran ventana. Su vista volvió al frente de la gran puerta dorada y plateada.
Miro la puerta cerrada, se acercó y tomó la perilla de la habitación principal, tiró la puerta hacia atrás y entro a la habitación, se dio vuelta y cerró la puerta con mucho cuidado de que no lo descubrieran.
Se dio media vuelta y vio a su madre mirando el cadáver de su tío. La mujer levantó su vista y vio a su pequeño hijo Alex, parado de lejos frente de ella.
—Madre—la llamó el pequeño niño. Mientras que se acercaba a su madre y a su difunto tío.-Diremos a la prensa que fue un suicidio—añadió sin culpa el pequeño príncipe.
—Pero ¿Qué pasara cuando descubran la verdad?.— pregunto la mujer preocupada- levantándose del suelo aun con la mirada fija en el cadáver.
—Nadie se enterara de la verdad, madre—dice el pequeño niño. -Lo que pasa en el palacio, se queda en el palacio—añade.
La mujer asiente con la cabeza dando a entender que está de acuerdo con las palabras de su primogénito. Ambas figuras, madre e hijo se abrazan en silencio. Después del abrazo se separan y miran el cadáver en la cama principal.
La reina llamó al mayordomo y le da la orden de que tape el cuerpo sin vida con la sábana blanca de la cama. En la sábana blanca, se puede ver una mancha grande de sangre en la parte del abdomen del cuerpo. El mayordomo no se opone en la orden de la reina y cumple su deber y se retira de la habitación principal silenciosamente.
Madre e hijo miran por última vez juntos el cadáver tapado con las sabanas blancas en la cama y se retiran de la habitación principal, silenciosamente. El rey da la orden al mayordomo de llamar a servicios médicos, refiriéndose a una ambulancia. También a la autoridades, refiriéndose a la policía (de la ciudad) y también a la policía forense. Para no generar sospechas(en el pueblo y en la ciudad) de que la realeza no tenía nada que ver con la muerte del tío del príncipe.
Una vez retirado el cuerpo del palacio, las puertas del palacio se abren y dejan ver a la familia real, ya que llamaron a la prensa y dan el comunicado de la muerte del tío del príncipe diciendo que fue un suicidio y la realeza después se retira adentró del palacio, cerrando las puertas doradas y plateadas tras de ellos.
Y consigo se llevan oculto el gran secreto. En el castillo se escondían grandes oscuros y siniestros secretos que tarde o temprano, saldrán a la luz.