Luna de Sangre

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Sinopsis

Los vampiros vivían tranquilamente en las sombras hasta la llegada de los suguinem, criaturas que se alimentan de humanos y vampiros por igual. El clan media luna decide ayudar en secreto al pueblo mortal en el que habitan, a causa de esto son invitados al castillo Drácula por órdenes de su descendiente. Sin embargo, el pasado de los integrantes del clan surge de la oscuridad para revelar sus secretos. Uno de los vampiros más cercanos al rey Benetem formo planes de traición a sus espaldas que involucran a uno de los miembros del clan media luna. Cuando las barreras que ocultaban los secretos y conveniencias propias caigan ¿Quién tendrá el valor para enfrentarse al responsable de estos actos?

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1.

1. Suguinem.

«Alguna vez, alguien me dijo que tenemos grilletes hechos de sangre y maldiciones en cada una de sus gotas.

La sangre nos recuerda nuestro origen, aunque intentemos rechazarla siempre será esa parte de nosotros que no podemos cambiar.

La sangre nos maldice y nos bendice, la mía fue condenada hace doce generaciones y decidimos olvidarlo.

Hemos jugado en una ruleta rusa rezando por no recibir el tiro».

La luna brilla en su máximo esplendor esta noche, mis primeros recuerdos con conciencia propia se tratan de mí y la extraña obsesión que sentía por aquel astro brillante, siempre se mostraba tan perfecta en el cielo nocturno que en ocasiones llegué a envidiarle.

Los recuerdos de una infancia lejana se desvanecen al recibir los tirones de cabello ocasionados por las ramas de los árboles que están en el improvisado camino frente a nosotros.

Una vez más, caminamos por el bosque durante la noche, tenemos que aprovechar la oscuridad al máximo. Mudarse ha sido constantemente la parte a la que mejor me he acostumbrado en estos años.

—Este podría ser un buen lugar para alimentarnos. —el líder del clan se detiene.

—Ya era hora de que dijeras eso. —pronuncia exhausto Edwin, uno de los miembros del clan.

—Seguro estabas por desmayarte. —habla Marian en un tono divertido.

—¿Qué les parece si dejamos las burlas para otro momento y ahora nos concentramos en lo que es importante? —recalca el líder.

—Está vez estoy de acuerdo con Gaston. —hablo mientras me acerco a ellos.

—Nos honra con el sonido de su dulce voz, señorita —Edwin me mira con diversión—. ¿Qué te mantiene de tan mal humor esta bella noche?

—¡Oh, nada! Es solo que no me han permitido disfrutar de una tranquila y silenciosa caminata por el bosque.

Me doy la vuelta y me alejo de ellos un par de pasos.

—¿Interrumpimos en tu momento de melancolía, Linale? —pronuncia Marian con falsa curiosidad.

Ignoro las palabras de mis compañeros para desviar mis pensamientos a mejores asuntos.

El líder de nuestro clan, Gaston, nos reúne en un círculo contando hasta el número tres para separarnos y dirigirnos en distintas direcciones en búsqueda de nuestro alimento de esta noche.

El grupo comienza a correr en el momento que escucharon a Gaston decir “tres”, desordenados como siempre, delatan su presencia con el ruido de las hojas secas en el mohoso suelo. Yo por el contrario camino con calma hasta estar detrás de los vastos arbustos en los que me detengo a escuchar la naturaleza.

El silencio y el sosiego predominan en el aire, dedico un par de segundos para agilizar mis sentidos hasta que logro encontrar el sonido de una respiración calmada. Me dirijo hacia ella silenciosamente, pero en cuanto el ciervo nota mi presencia se aleja a toda velocidad de mí.

De los pocos momentos que valen la pena desde que obtienes la inmortalidad este es uno de ellos.

Corro tras el animal igualando su velocidad, segura de cada uno de mis movimientos me impulso al correr para dar un salto y de ese modo atrapar al ciervo. Mientras el pequeño trata de escapar yo lo sujeto con fuerza y acerco mi rostro a su cuello para después clavar mis colmillos en él.

Un par de minutos después vuelvo al punto de reunión arrastrando al agonizante ser.

—No me sorprende que seas tú la primera en capturar algo, Linale.

Habla Gaston manteniéndose recargado en un árbol con los brazos cruzados frente a su pecho.

—Por supuesto, los demás no son capaces ni de atrapar un ave —hago una pausa cuando estoy frente a él—. Y me imagino que tampoco lograste nada.

El hombre ríe por lo bajo.

—¿Te he dicho que me impresiona tu nivel de observación?

—No es nada que no notaría cualquier otra persona.

Una risa escapa de entre los árboles dando a notar a Edwin.

—Linale y su modestia, no la dejas atrás ¿Cierto?

—Quisiera conservar ese poco de humanidad que aún permanece en mí. —hablo con firmeza.

—Deberías mirarte a un espejo. No puedes hablar de humanidad cuando estás cubierta de sangre.

Estoy a punto de contestarle cuando Marian interrumpe.

—No otra discusión sobre lo mismo, por favor terminen con esto porque muero de hambre.

La mujer se inclina ante el animal y lo toma por una de sus patas delanteras, los dos hombres imitan su acción mientras yo solo los observo.

En cada paso que damos nos acercamos al final del bosque, con cada minuto que transcurre los primeros rayos del sol comienza a salir desde el este. La mañana se hace presente con el sonido de las aves cantando, el tarareo de una canción ya olvidada llena el bosque de paz, aquello era la vieja e inconsciente costumbre de Marian.

La arboleda llega a su término dejando expuesto un camino de tierra frente a una cabaña, se trataba del lugar que habíamos estado buscando durante tres días y tres noches. Un escalofrió recorre mi columna vertebral acompañado de inquietud.

La naturaleza cubre los viejos tablones de madera que conforman uno de los muros denotando su estado de abandono, en su interior está cubierto de polvo, excremento de ratas y algunos cadáveres de animales. Otras criaturas del bosque han usado el sitio como su propio refugio, mismo acto en el que nos encontramos nosotros ahora mismo.

Tratamos de dejar nuestro “nuevo hogar” lo mejor posible para ser habitado, sobre todo, no dar de que hablar a las personas.

La mañana del día siguiente transcurre con una ansiada tranquilidad, una voz masculina interrumpe mi lectura matutina mientras entra en el salón, Gaston me da los buenos días y yo hago lo mismo.

Un par de horas después nos sentamos al comedor para planear nuestro rutinal programa:

Una vez por semana salimos al pueblo por provisiones,

Se nos tiene prohibido ser demasiado vistos por los locales,

Por esa misma razón tratamos de estar afuera solo lo más necesario posible.

—El plan lo saben de memoria —Gaston se dirige hacia nosotros—. Hoy saldremos todos para que los locales nos vean juntos y así se aseguren de que no somos un peligro para ellos.

—¿Y no lo somos? —susurro para mí misma.

—Iremos a la parte central del pueblo, ahí es donde están todos los comercios. —continúa hablando el líder.

—¡Excelente! Necesitamos cortinas nuevas. —interrumpe Marian.

—¿Cortinas? —expresa Edwin con curiosidad.

—Si quieren que las personas nos vean de forma normal tenemos que parecer normales y te puedo jurar que eso no lo es. —señala las ventanas.

Marian hace una observación innecesaria, pero lo ha hecho antes y sé que esto le da la oportunidad de atisbar a las mujeres y hombres del pueblo, desde los más ricos hasta los más pobres, con el fin de comprender cuáles son sus conflictos diarios.

Entender a los humanos hace más fácil aparentar ser uno de ellos.

—Concuerdo con ella, esas cortinas fueron populares hace cuarenta y seis años. —le doy la razón.

Los hombres solo asienten sin darle importancia, algunas veces me sorprende que no sean capaces de entender los mensajes ocultos que damos las mujeres... o cualquier ser vivo.

Caminando por las deterioradas calles de Locde Pace noto cómo las personas a nuestro alrededor se tensan e incomodan con nuestra presencia, algunos de ellos nos miran con curiosidad, mientras otros lo hacen con miedo.

La paranoia se torna comprensible al escuchar las horribles cosas que han aterrorizado al pueblo y sus mentes durante décadas.

Algunos de los pobladores saludan haciendo pequeñas reverencias, a pesar de las muchas veces que he vivido está situación aún me continúa sorprendiendo lo fácil que se puede impresionar a las personas que no han mirado más allá de sus alrededores.

Siempre que nos mudamos ocurre la misma situación en todos los lugares, aunque nos esforzáramos por ser invisibles en ocasiones es simplemente inevitable, llamar la atención resultaba ser ridículamente sencillo.

Quizá era por nuestra apariencia o por el hecho de vivir en una cabaña en un punto medio entre el bosque y el pueblo. La mitad de los locales no entendían por qué cuatro personas que no compartían ni un solo rasgo físico vivían juntos, mientras que la otra mitad creía la historia de “los hermanos huérfanos”.

Era de poca relevancia lo que pensaran respecto a nosotros, a no ser que realmente fuera algo importante, para el limitado tiempo que habitábamos en un pueblo antes de huir a otro, los simples y vacíos pensamientos de unos pueblerinos no eran algo de importancia.

En la plaza tomamos caminos separados, o al menos eso hicieron Marian y Edwin, yo no tuve la oportunidad.

—Te acompaño, Lina.

Gaston coloca su brazo junto a mí para que lo sostenga mientras caminamos.

—Sabes que no tienes que hacerlo. —menciono.

—Es por precaución.

Sus palabras me molestan.

—No me trates como si fuera una bestia peligrosa. —respondo con notorio enfado.

—Solo trato de ayudar ¿Por qué siempre debes estar a la defensiva?

Ojalá pudiera responder a esa pregunta.

—Sé que no querías volver aquí. —Gaston insiste en hacerme hablar.

—No es mi lugar favorito del mundo.

—¿Pero eso por qué es?

—No necesito un discurso, Gaston. Recuerdo cada detalle…

—Linale yo no… —me interrumpe

—Deja de torturarme. —hablo mientras me alejo de él.

Para mí ya es suficiente tener que lidiar con mis propios pensamientos como para soportar los de él.

Camino por el pueblo tratando de silenciar mis pensamientos al mismo tiempo que observo con calma cada uno de los comercios, lucen tan distintos de como los recuerdo, pero su esencia sigue siendo la misma.

Disfrutaba tanto de mirar cada pequeño detalle del pueblo que decidí no prestarle demasiada atención al hombre que me seguía, llevaba un par de minutos caminando detrás de mí mientras su corazón se mantenía acelerado.

Trate de ignorarlo lo más posible, pero me fue imposible cuando se atrevió a dirigirme la palabra.

—¿Se encuentra sola, señorita? —habla mientras se acerca a mí.

—No es algo de su importancia, señor. —pronuncio con firmeza.

—Lowell, puede llamarme Lowell.

¿Por qué se presenta? ¿Acaso no fui clara con mi disgusto?

—Por supuesto, Lowell. No le concierne nada de lo que yo haga.

—Una de las nuevas señoritas en el pueblo camina sola como si estuviera familiarizada con el lugar, a pesar de que todos desconocen su apellido ¡Claro que es de mi importancia!

El enfado comienza a aparecer en mí como una pequeña chispa al querer encender fuego.

—Es muy peligroso para una hermosa dama caminar sola, si la ven con alguien podrían poner en duda su pureza y los rumores aquí se esparcen bastante rápido.

¡Claro! Solo es un imbécil tratando de manipularme con el miedo a perjudicar mi reputación. Sus palabras me son suficientes para terminar con esta conversación.

Su horrible presencia me hace acordar a una persona de mi pasado, alguien en quien no he querido dedicar ni un solo momento de mis pensamientos.

Intento dar la vuelta para alejarme lo más posible de él, pero el hombre camina tras de mí hasta que está lo suficientemente cerca como para tomarme del brazo.

—No puede venir aquí creyendo que es lo mejor que ha pisado estas tierras, porque permítame decirle que no es tan bonita como lo cree y sigue siendo una completa desconocida.

—Que comentario tan irrelevante. —dejo salir una carcajada.

Pero enserio ¿Cuándo yo he dicho eso? ¿O en qué momento se lo hice creer? Los hombres son bastante confusos.

—Lamento si lo hice pensar cosas incorrectas, pero disfruto de ser una desconocida. —hablo con diversión.

—Debería reconsiderarlo pronto dejara de tener edad casadera y nadie quera desposarla. —pronuncia con desagrado.

Eso fue suficiente para mí, me suelto de su agarre y camino lejos.

¿Cómo se atreve a ser tan inapropiado y decir cosas como esas? Cosas en las que dejé de estar interesada hace mucho tiempo, su mundo no es más que una triste historia para mí.

En mi existencia solo me he encontrado con dos hombres tan despreciables, él es el segundo y sin pensarlo dos veces Cormac, mi difunto esposo, mantiene el primer puesto.

Siento pena de la mujer que se una a Lowell en matrimonio.

Una vez de vuelta en la cabaña el disgusto de mi reciente encuentro aún perdura en mí, así que decido entrar directamente en mi habitación sin pronunciar palabra alguna a mis compañeros, lo último que deseo es tener que repetir el momento tan desagradable que viví.

Los días pasan tan rápido que apenas y me es posible notar que ya han transcurrido dos semanas desde nuestra llegada al pueblo.

He tratado de mantenerme entre estas paredes lo más posible, pero me ha sido inevitable no visitar el cementerio. Conservo bastantes recuerdos de aquel lugar, para mí son momentos muy oscuros en mi pasado y aun así continúo aquí, frente a mi tumba.

Estoy de pie frente a una lápida con mi nombre, mi familia lo hizo cuando mi esposo fue asesinado por una bestia del bosque que se infiltró en nuestra casa, su cuerpo quedo completamente destrozado.

Las autoridades no lograron encontrar mi cuerpo y era físicamente imposible que yo hubiera podido sobrevivir ante tal ataque, así que hicieron esta tumba en mi memoria.

La dedicatoria dice:

«Linale Sanginali de Lewis

1724 – 1744

Querida hija, hermana y esposa».

Agradezco que mantuvieran mi apellido de soltera antes que el de casada.

Junto a mi lápida se encuentran las de mis hermanos y padres, lo único que me hace sentir mejor es que no la hayan hecho junto a mi esposo.

—Sabía que estarías aquí —la voz de Edwin me toma por sorpresa—. Encontrarte en este sitio se está volviendo una costumbre nuestra.

—Solo ha ocurrido tres veces. —le recuerdo.

—Y dos han sido en los peores momentos, ¿Te encuentras bien? ­—su voz está en calma.

Mi falsa fortaleza desaparece cuando hace la pregunta y no tardo en desmoronarme.

—Es este lugar, odio lo que pasó aquí —reformulo mi última oración—. Odio lo que hice... y cada día desde hace cuarenta y seis años me tormenta ese pensamiento.

Siento el nudo en mi garganta formándose.

—Todos nos arrepentimos de algo, Lina —se acerca a mí para abrazarme—. Pero debemos dejarlo atrás.

—Desearía que hacerlo fuera tan sencillo como decirlo. —sollozo.

Nuestra relación en ocasiones puede ser difícil por nuestras diferentes personalidades, pero él me ha acompañado la mayor parte de mi vida y me ha ayudado cuando más lo he necesitado.

Pasamos unos cuantos minutos juntos hasta que emprendemos el camino de regreso a la cabaña.

El día comienza a caer, las nubes cubren el cielo y una extraña sensación me invade acompañada de una espesa niebla gris que comienza a cubrir el bosque, por la expresión de Edwin noto que él siente lo mismo.

Ambos comenzamos a caminar entre los arboles de grandes copas mientras observamos nuestro alrededor tratando de encontrar el problema.

De pronto alguien me toma por detrás de los hombros y me arroja lejos, cuando lo miro me percato de que no es un humano o un vampiro, es otra criatura.

Después de derribarme se lanza sobre Edwin para atacarlo, él logra esquivarlo y mientras lucha con la criatura yo me pongo de pie para golpear al ser frente a mí.

El hombre de cabello negro y yo atacamos a la bestia, cuando aparecen dos más la situación se vuelve complicada.

Los minutos parecen horas y por más que lo intente no logro dar con las debilidades de la criatura, lanzo patadas, rasguño, la arrojo, la muerdo, etc.

Empiezo a creer que será imposible conseguir alguna ventaja, hasta que la golpeo con mi puño atravesándole el pecho y al instante se desintegra.

Edwin imita mis acciones y así logramos deshacernos de los seres.

Su sorpresa es tan evidente como la mía, ambos desconocemos lo que sea que fuere lo que nos atacó y eso es muy peligroso considerando el tiempo que hemos estado aquí.

Corremos a la cabaña para informarle los hechos a Gaston, con la esperanza de que él nos dé una respuesta.

—Pero ¿Qué fue exactamente lo que los atacó? —el líder expresa su confusión.

Su confusión no nos da consuelo.

—¿No estás prestando atención? ¡Ya te lo dijimos!, no sabemos lo que era. —Edwin es firme en sus palabras.

Recuerdo la apariencia de la criatura antes de hablar.

—Su piel era áspera de color negro, tenía colmillos grandes, caminaba encorvado y sus ojos eran rojos ¿No te suena familiar?

—Lo lamento, pero no sé de lo que están hablando. Nunca he visto nada así. —su voz es sincera.

¿Qué tan mal es que una persona que ha vivido por más de doscientos años no reconozca a una criatura peligrosa? Las bestias no aparecen de la nada, alguien debería saber algo que nosotros no.

Como si fuera el destino la puerta se abre de golpe dejando ver a Marian entrando con una joven en los brazos, la coloca sobre el sofá mientras nosotros nos acercamos con curiosidad.

—¿A caso es Amelia? —pregunta Gaston.

—Sí, es ella. La encontré en el bosque luchando con una criatura —Marian saca de un armario una caja con vendajes y antisépticos—. Le causó estas heridas. —nos muestra su brazo cubierto de sangre.

—¿Quién es Amelia? —pregunto.

—Es la líder del clan Nocturnos. —responde Edwin.

Marian maneja habilidades extraordinarias con la curación, es un talento que ya poseía antes de ser convertida en vampiro.

La mujer hace lo suyo a la perfección como naturalmente lo suele hacer. Amelia despierta un par de horas después de ser sanada, Gaston se encarga de explicarle como ha llegado aquí y lo que ha pasado después de eso. En cuanto logra volver en si misma nos comenta lo sucedido.

—Uno de los miembros de mi clan fue atacado en el bosque, así que decidí encargarme de la situación.

Hace una pausa recordando lo ocurrido.

—Cuando llegamos al lugar donde sucedió, Alexander se transformó en uno de ellos, en un suguinem. Apenas logre librarme de él.

—¿Un suguinem? ¿Qué es eso? —expresa con duda Gaston.

El rostro de Amelia palidece por completo, parece que hablar de este tema la perturba.

—He hablado con miembros de otros clanes y ellos con los habitantes de las primeras colonias, dicen que desde hace un par de meses se han presentado ataques de este tipo entre la comunidad vampírica y lo que es peor, con los mortales.

Ataques como estos en la sociedad humana podría poner en riesgo nuestro estilo de vida y nuestro anonimato.

—Son creados debido a una especie de infección entre los vampiros. Vuelve a las personas en criaturas peligrosas, y solo basta una mordida para convertirte en uno de ellos. Esta información ya ha llegado a oídos del consejo —Amelia continúa con su explicación—. Enviaron grupos de búsqueda para rastrear y eliminar estas criaturas que ellos mismos han llamado suguinem.

—Esto es terrible... —las palabras del líder salen solas de sus labios.

—¿¡Solo terrible!? —exclama Edwin—. Esto no solo nos pone en peligro a nosotros, también a los humanos.

Amelia se pone de pie entre los dos hombres.

—Es riesgoso, pero perder la calma no cambiara nada. Solo tenemos que mantenernos alertas.

Más tarde algunos miembros del clan nocturnos llegan en búsqueda de Amelia, en cuanto ella se marcha Gaston se desploma en el sofá con una mano sobre su frente expresando preocupación y cansancio.

—¿Te encuentras bien? —pregunto mientras tomo asiento junto a él.

—Algo muy extraño está ocurriendo, me temo que puedan significar cosas malas.

—Tal vez sea peligroso, pero el concejo se está encargando de eso. —intento tranquilizarle.

—Lo que me preocupa es que ellos estén por los alrededores.

Con esa oración entiendo lo que realmente le preocupa.

—Aun temes que me busquen ¿Cierto?

—Temo que te asesinen sin siquiera dejarte explicar lo sucedido.

Pienso que, aunque se me permitiera dar explicaciones ¿Qué les diría?

“Me enojé y asesiné a personas inocentes solo por hacer una rabieta”.

Nada de lo que yo pudiera decir lograría evitar mi muerte. Constantemente he pensado en eso y no logro hallar una salida razonable de la situación. Si el concejo llegara a encontrarme me asesinarán y ya lo he aceptado, pero Gaston no.

—Eso no va a suceder —Marian toma asiento al otro lado del líder—. Ha pasado mucho tiempo desde el incidente, si quisieran matarte ya lo habrían hecho.

Me parece que esto es una situación tan inusual, los vampiros que asesinan en masa son condenados a muerte y sucede casi inmediatamente, ya me tendrían que haber encontrado.