PERFECTO

Sinopsis

Jeon Jungkook es un alfa que tiene una vida perfecta: posee una considerable fortuna y una envidiable posición social. Su increíble atractivo hace qué las omegas debutantes lo miren embobadas y le garantiza la compañía de otras y otros omegas más sofisticados para sus noches. A pesar de todo, Jungkook sabe que debe encontrar el omega adecuado para casarse...lo que no imagina es quién atraerá su atención en la fiesta campestre de Glossop Hall : nada menos que Park Jimin, esa belleza de cabellera dorada a la que conoce desde la infancia, un omega independiente que siempre ha demostrado una profunda indiferencia hacia el matrimonio.

Genero:
Romance/Adventure
Autor/a:
Paulina
Estado:
Completado
Capítulos:
76
Rating
5.0 33 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Finales de julio de 1835

Ashmore, Dorset. En las cercanías de Glossop Hall, Inglaterra.


- ¡La madre que la trajo! - exclamó Jeon Jungkook mientras frenaba a sus caballos y comtemplaba con los ojos entrecerrados la loma que se alzaba a espaldas de Ashmore. Había dejado el pueblo atrás hacía sólo un instante y enfilaba el frondoso camino que llevaba a Glossop Hall, a un poco más de un kilómetro de distancia.


Nada más pasar las casas, el terreno comenzaba a ascender de forma abrupta. Un muchacho paseaba por el serpenteante sendero que bordeaba la loma. Desde la cima alcanzaba a verse el Solent (el Solent es un estrecho qué separa la isla de Wight del continente de Inglaterra, es una importante ruta marítima para pasajeros, carga y buques militares) ; y en los días despejados incluso se atisbaba la isla Wight.


No era de extrañar ver a alguien allí arriba.


- Y tampoco es de extrañar que nadie lo acompañe... - con creciente irritación, observó como la delgada ágil y elegante figura de cabello dorado ascendía por el sendero. Una figura de largas piernas que atraería sin remisión los ojos de cualquier alfa de sangre caliente. Lo había reconocido al instante: Park Jimin, el cuñado de su hermana Amelia.


Jimin debía ser uno de los invitados a la fiesta campestre de Glossop Hall; era la única propiedad importante de las cercanías desde la que podía haber llegado paseando.


De repente lo invadió la impotencia.


- ¡Maldición!


Había cedido a las súplicas de su amigo James, al que conocía de toda la vida, y pensaba detenerse en la propiedad de su familia de camino Somerset para ayudarlo a soportar el agobio de la fiesta que celebraban sus padres. Pero si Jimin estaba presente, bastante agobio tendría él...


Jimin llegó a la cima de la loma y se detuvo mientras alzaba uno de sus delgados brazos para apartarse los mechones dorados de la cara; acto seguido, alzó el rostro hacia el viento y contempló el paisaje antes de bajar la mano y seguir caminando hacia el mirador, de manera que acabó desapareciendo de su vista.


"No es asunto mío"


Las palabras resonaron en su cabeza. Bien sabía Dios que él mismo Jimin se lo había dicho con bastante asiduidad, de varias formas y casi siempre con palabras mucho más tajantes... No era su hermano ni su primo; a decir verdad no había ningún vínculo consanguíneo entre ellos.


Apretó la mandíbula, les echó un vistazo a los caballos, tensó las riendas que había aflojado...


Y soltó un juramento para sus adentros.


- ¡Wilks, despiértate hombre!- le arrojó las riendas al lacayo que hasta entonces había estado echando una cabezadita a su espalda. Echó el freno y bajó del carruaje - sujétalas, volveré enseguida.


Se metió las manos en los bolsillos del gabán y enfiló el estrecho sendero que llevaba la cima, donde se unía al que Jimin debía haber seguido desde Glossop Hall.


Lo único que iba a conseguir era meterse en problemas; como poco entablarían una discusión mordaz. Claro que la idea de dejarlo solo, desprotegido ante cualquier alfa que pudiera pasar por allí, era impensable. Al menos para él. Si hubiera seguido en el carruaje no se habría quedado tranquilo hasta verlo aparecer sano y salvo en la mansión.


Y dada la inclinación que Jimin mostraba por los largos paseos, habría tardado horas en regresar.


No le daría las gracias por su preocupación. Si sobrevivía sin que su ego acabara maltrecho y apaleado, podría darse por satisfecho. Jimin tenía una lengua muy afilada; no había modo de escapar ileso. Sabía perfectamente cuál sería su reacción cuando lo viera aparecer; la misma que había demostrado a lo largo de la última década, desde el preciso momento en que él se dio cuenta de que era un Omega muy deseable que no tenía ni idea de la tentación que representaba y que, por tanto, necesitaba la protección constante a causa de las situaciones en las que él mismo se metía de forma despreocupada.


Mientras estuviera fuera de su vista, lejos de su órbita, no era su responsabilidad. Sin embargo, si ése no era el caso y se encontraban en algún lugar estando desprotegido, se sentía obligado a mantenerlo a salvo. A esas alturas ya debería saber que era inútil luchar contra ese impulso.


De todos los omegas que conocía, Jimin era indiscutiblemente el más difícil; y no por su falta de inteligencia, porque en ese aspecto también superaba a los demás omegas. No obstante, allí estaba él... siguiendo su estela pese al recibimiento que le esperaba. Eso decía mucho de su propia inteligencia.


¡Omegas! Había pasado todo el trayecto reflexionando sobre el tema. Su tía abuela Clara había muerto hacía poco tiempo y le había dejado su casa de Somerset. La herencia había supuesto un punto de inflexión y lo había obligado a replantearse su vida y a redirigir sus pasos. Había llegado a la conclusión de que su estado tenía un origen mucho más profundo. Había comprendido por fin aquello que otorgaba sentido a las vidas de sus primos y sus cuñados.


Y era algo de lo que él carecía.


Una familia. Su propia familia, sus propios hijos. Su propio omega. Jamás le habían parecido importantes. En esos momentos se alzaban ante él como algo vital, como algo imprescindible si quería una vida plena.


Cómo vástago (descendiente) de una familia prestigiosa y acaudalada había llevado una existencia común hasta ese momento; no obstante, ¿qué valor tenía la comodidad frente a la vacuidad (falta de profundidad, vacío) que había descubierto en su vida? La incertidumbre no radicaba en su habilidad para lograr lo que se propusiera ( al menos no creía que pudiera tener problemas al respecto en ningún sentido), sino en el objetivo en sí, en la necesidad, en la razón de ser. Eso es lo que le faltaba.


Le faltaban las necesidades que hacían satisfactoria la vida de un hombre como él.


La herencia de su tía abuela Clara había sido el último empujóncito . ¿Qué iba a hacer con una idílica casa solariega en el campo sino habitarla? Necesitaba buscar un omega y ponerse manos a la obra para formar la familia que daría sentido a su vida.


Claro que no había aceptado la idea con docilidad. Durante los últimos diez años había llevado una vida ordenada y tranquila, en la cual las omegas sólo tenían cabida en dos ámbitos muy distintos, ambos bajo su control. A sus espaldas llevaba incontables relaciones sentimentales discretas, ya que era todo un experto a la hora de manejar (seducir, disfrutar, y por último descartar) a las omegas casadas con las que solía enredarse. Aparte de ellas, los únicos omegas con los que se relacionaba era con los de su familia. No iba a negar que en el ámbito familiar eran los omegas quienes gobernaban, pero puesto que había sido la norma desde siempre, nunca se había sentido limitado ni había considerado la situación como un reto que superar. Era un mal necesario y punto.


Su participación en las inversiones de la familia y en las distracciones de los eventos de la alta sociedad, junto con sus conquistas sexuales y su asistencia a las reuniones familiares que se sucedían a lo largo del año, habían hecho que su vida estuviera agradablemente ocupada. Jamás había sentido la necesidad de asistir a los bailes que preferían los jóvenes omegas en edad casadera.


Lo que lo dejaba en una situación insostenible, ya que deseaba casarse, pero no podía recurrir a los métodos habituales por temor alertar a toda la alta sociedad. Si era tan imbécil como para comenzar a acudir a esos eventos, la santísimas madres de omegas se percatarían de inmediato de que estaba buscando casarse... y comenzaría el asedio.


Era el último Jeon soltero de su generación.


Se detuvo al llegar la cima de la loma. El terreno descendía de forma abrupta a un lado y el sendero continua unos cincuenta kilómetros más hacia la izquierda, en dirección a un mirador excavado en la pared de piedra.


Las vistas eran magníficas. Allá a lo lejos, el sol arrancaba destellos al mar y entre la calina veraniega se vislumbraba la silueta de la isla Wight.


No era la primera vez que contemplaba el paisaje desde allí. Echó a andar hacia el mirador y hacia el omega que lo ocupaba. Estaba de pie junto a la barandilla, mirando el mar. Por su postura e inmovilidad, supo que no se había percatado de su presencia.


Apretó los labios y siguió caminando. No tenía porqué darle explicación alguna al omega. Llevaba diez años tratándolo con el mismo afán protector que dispensaba a todos los omegas de su familia. No le cabía duda de que esa era la relación que los unía. Jimin era hermano de su cuñado Luc, lo que le hacía tener sentimientos de protección hacia él a pesar de que no hubiera vínculos consanguíneos entre ellos.


En su mente, Jimin, era de la familia y había que protegerlo. Eso al menos era indiscutible.