única parte
El ser humano estaba destinado a sufrir decepciones en su vida, eso era algo de lo que Louis era muy consciente. Sin embargo, no fue hasta que cumplió catorce años que experimentó esa decepción de la que tanto le hablaban en su propia piel.
Aquella decepción no había sido otra más que presentarse como alfa.
Desde que tiene memoria, él siempre había deseado ser un omega. Uno igual de fuerte y valiente como lo era su madre. Y pese a todas las contradicciones que llevaba una casta catalogada como inferior, él, aún así, lo deseaba con todas sus fuerzas.
Jamás se sintió como un alfa, nunca sintió aquel deseo de dominio que los caracterizaba, ni la necesidad de tener un omega para cuidar y proteger. Todo lo contrario, era él el que quería ser cuidado y tener un alfa que se encargara de sus necesidades.
Louis deseaba poder enfrentarse al mundo para decirles que todo lo que a él le gustaba iba en contra de lo que era considerado correcto, deseaba decirles que eso era tampoco era algo malo. Que no era menos por quien amara, por ser quién era o por la ropa que usara.
Él deseaba poder decirles que no era débil. Pero sus sueños y su realidad eran dos cosas distintas y la única opción que encontró fue la de fingir que, en realidad, le gustaba ser un alfa. No era lo suficientemente fuerte para soportar comentarios hirientes y miradas despectivas.
Louis anhelaba ser un omega, pero él sabía que jamás podría serlo y eso lo destrozaba por dentro.
Su alfa acompañaba aquellos sentimientos, él debía reprimir sus instintos más bajos, resistiéndose ante el impulso de mostrar su sumisión a alfas de un rango más alto que él, debía evitar soltar sus feromonas para atraerlos. Era un martirio al que debía enfrentarse todos los días de su vida desde que tenía catorce años.
Tener un celo era aún peor para él.
Louis siempre había ido en contra de la normativa, así que no fue ninguna sorpresa que durante sus rutinas no quisiera a un omega. No se volvía agresivo, no entraba en frenesí, ni siquiera sentía la necesidad de utilizar su nudo. Se volvía maleable, buscando atención y cariño aún sabiendo que eso no sería posible, porque nadie además de un alfa podría darle lo que él necesitaba.
Así había comenzado a pasar sus celos solo, era una persona retraída y tímida y el paso del tiempo solo había empeorado aquellas características, transformándolo en un completo solitario. Nunca se atrevió a pedirle ayuda a un omega, no solo por el hecho de que no se sentía atraído a ellos, sino porque tenía miedo de lo que pensarían al verlo actuar de esa manera, porque no quería que supieran que era un alfa que quería ser omega, porque no quería ser un bicho raro.
Los primeros años habían sido aún más duros. Era un adolescente que no se sentía cómodo en su propia piel. Tuvo que aprender a lidiar con una casta que no deseaba, con los cambios en su cuerpo y los sentimientos confusos, con enfrentarse a la vida misma. A duras penas aprendió a controlarse, tropezando una y otra vez hasta aprender cuál era el camino correcto, pero a pesar de todo él lo logró.
Sus elecciones de vida—como la de pasar sus celos solo—no eran bien vistas por la sociedad, pero él no iba a dar explicaciones de por qué hacía lo que hacía. Conseguir un departamento solo para él fue un consuelo bendito.
Tener un lugar solo para él era magnífico, un espacio donde podía ser él mismo sin tener ojos prejuiciosos sobre su persona, donde podía hacer y deshacer las cosas a su antojo. Ya no tendría que buscar un lugar en donde pasar sus celos porque estaba rodeado de omegas.
En el pequeño espacio de su departamento, Louis se sentía libre.
Era feliz.
Y lo fue durante un largo tiempo, hasta que la renta aumentó y ni siquiera dos trabajos fueron suficientes para costear los gastos. Así que inevitablemente tuvo que verse enfrascado en la búsqueda de un compañero de cuarto, claramente no estaba muy contento con la idea pero era eso o mudarse y aquello no estaba en sus planes.
Tuvo que tragarse sus miedos e incertidumbres, no es que tuviera demasiadas expectativas acerca de su nuevo compañero pero al menos esperaba un mínimo de decencia, a alguien confiable y responsable. Jamás se imaginó lo que llegaría a su puerta.
Harry era un alfa de suaves rizos que llegaban hasta sus anchos hombros, una deslumbrante sonrisa de la que nacían dos hoyuelos adorables y el portador de los ojos verdes más bonitos que había visto en su vida.
Quedó flechado al instante.
Y lo que le encantó de él más allá de su atractivo aspecto fue su excepcional personalidad, era un buen compañero, era gentil, atento, dulce y el alfa perfecto para Louis.
Posiblemente solo era su enamoramiento hablando por él, pero parecía no encontrarle defectos, lo que lo llevaba a preguntarse si el alfa siquiera era real o era un producto de su mente que anhelaba un compañero.
Tal vez, Harry no era perfecto para todos pero era prefecto para Louis.
Se enamoró tan rápido que apenas fue consciente. Se sentía correcto y él solo quería perseguir esa sensación.
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Louis se removió incómodo ante las miradas de ternura que estaba recibiendo, odiaba a la gente entrometida y odiaba aún más que se entrometieran en sus asuntos. Se encontraba en una tienda, recorriendo el lugar con su mirada en busca de la manta perfecta.
Era un alfa que hacía nidos.
Las personas a menudo solían pensar que solo era un alfa muy dedicado a su omega, comprando cosas para poder hacerle un nido. Ese pensamiento colectivo muchas veces lo había salvado de dar explicaciones, pero no dejaba de ser incómodo cómo todos aprobaban sus acciones, cómo todos pensaban que era un buen alfa.
Si tan solo supieran que no había omega alguno, que aquella mantas y almohadas eran para el nido que había creado para él, que se sentía seguro durmiendo y pasando sus celos allí. Porque su instinto lo llevaba a construir ese pequeño espacio donde se sentía seguro, donde nadie podría interrumpir su tranquilidad.
Con su nuevo compañero, podía permitirse utilizar una pequeña parte de su paga para comprar mantitas y otras cosas suaves para agregar a su nido, aunque sus favoritas eran las prendas que Harry dejaba olvidadas y desprendían su exquisito aroma.
Era consciente de las miradas extrañadas que recibía por parte del alfa al verlo cada mes cargado de bolsas, usaba la pobre excusa de que estaba renovando su clóset y al parecer era lo suficientemente convincente para satisfacer su curiosidad.
A decir verdad, Harry jamás había pisado su habitación desde que se había mudado al departamento. Estaba demasiado asustado de que descubriera su nido, o peor aún, que le gustaban los alfas. Por eso no lo dejaba entrar y cuando salía cerraba su habitación con llave.
El alfa no se veía como el tipo de persona que juzgaba los gustos del resto y él con todo su corazón esperaba que fuese así, pero no podía arriesgarse. No soportaría que lo mirara con asco o que quisiera alejarse de él.
Es por eso que no podía confesarle sus sentimientos. No era lo suficientemente valiente como para enfrentar sus miedos, porque sabía que si quería intentar algo serio con Harry, debía enfrentarse a la sociedad. No podrían permanecer ocultos para siempre y tarde o temprano tendrían que salir al mundo. Y eso lo asustaba terriblemente.
Así que Louis decidió poner sus sentimientos bajo llave, donde pudieran estar seguros.
Era lo mejor que podía hacer.
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Su semana transcurrió regularmente, claro, si ignoraba el caos que habitaba su mente. Estaba estresado y comenzaba a pasarle factura a su cuerpo, tenía fuertes dolores de cabeza y le dolían los músculos, además de la gran inquietud que sentía su lobo. Su carga horaria de trabajo había aumentado y sus sentimientos por el otro alfa no lo dejaban dormir en paz.
Louis no notó lo enfermo que en realidad se sentía hasta esa misma tarde cuando regresó a casa. Porque no fue él quien se dio cuenta, fue Harry.
Sentía palpitaciones en su cabeza y le pesaban los párpados, lo único que quería era dormir en la calidez de su nido.
“Louis” escuchó la voz del alfa llamándolo, sonando demasiado fuerte para su gusto. “¿Te encuentras bien?”
“Estoy bien, solo…cansado” respondió en voz baja, cerrando los ojos por un momento, no sabía por qué se sentía tan mal. “¿Sucede algo?”
Sintió la mirada del alfa sobre él pero no le hizo caso, tardó un par de segundos en contestar, como si estuviera inseguro de hablar.
“Es tu olor…” habló con duda, eso lo hizo abrir sus ojos de inmediato.
“¿Qué?” fue lo primero que se escapó de sus labios, no se suponía que él pudiera percibir su olor.
Louis ocultaba su aroma con inhibidores, no solo por una política de seguridad en el lugar en donde trabajaba, sino también porque estaba demasiado asustado de que su olor delatara sus fuertes sentimientos por el alfa. Claramente, el mencionado no sabía acerca de lo último, él creía que solo era por trabajo.
Harry se encontraba sorprendido, siempre se había preguntado a qué olía Louis. Si su olor sería dulce o tal vez más fuerte y amaderado como el de la mayoría de los alfas, aunque en su interior el tenía la ligera sospecha de que no sería así. Pero solo eran suposiciones de su parte porque jamás había podido olerlo, hasta ahora.
Coco y petricor.
Aquel aroma intensificado golpeó sus fosas nasales, dejándolo absolutamente embelesado. Se sorprendió por lo bien que le sentaba a su personalidad, fuerte pero no abrumador, con toques dulces que lo volvían completamente adictivo para su nariz.
Sin embargo, un olor tan fuerte solo podía significar una cosa.
“Louis, estás entrado en celo” y con esas palabras firmó su destino.
“No, no puede ser” balbuceó. “No se suponía que…”
“¿Te has sentido estresado últimamente?” lo interrumpió, intentando llegar a una respuesta. “Lo más probable es que se haya adelantado.”
Louis tiró con fuerza de sus cabellos, sin saber cómo reaccionar a su frustración. Siempre había sido muy meticuloso con las fechas de sus celos, llevando un especial cuidado para que jamás le tocaran estando cerca de Harry, dándole tiempo al alfa de buscar un lugar donde quedarse. Pero nada de eso sucedería porque había sido un maldito irresponsable.
¿Cómo es que no se había dado cuenta?
Todas las señales estaban allí, el malestar, el cansancio, la inquietud que sentía su lobo. Ahora lo podía ver con claridad, pero era demasiado tarde.
“Ey, está bien, ¿de acuerdo?” dijo suavemente, sintiendo el descontrol de emociones que estaba atravesando. “Puede pasarle a cualquiera, estarás bien.”
Lo que Harry no sabía es que Louis no solo estaba preocupado por su celo adelantado, sino porque sabía cómo actuaba cuando estaba atravesando uno. Por el momento estaba tranquilo, pero dentro de unas horas comenzaría a soltar feromonas en busca de alguien que pudiera complacerlo, haciendo nidos para llamar a su alfa.
No podía dejar que Harry lo viera así pero tampoco podía echarlo así como si nada. Se encontraba entre la espada y la pared.
Estaba tan frustrado consigo mismo y se sentía tan mal que no pudo evitar que sus ojos se humedecieran, soltándose a llorar de inmediato. El alfa de Harry se alteró al verlo de esa manera, con el corazón estrujado al ver las lágrimas caer de sus mejillas. Él quería consolarlo.
Con cuidado de no asustarlo, se sentó a su lado. Envolviéndolo en un abrazo al pasar su brazo por sus hombros, su cuerpo se sacudía suavemente a causa del llanto, así que con delicadeza frotó su espalda. E inconscientemente lo marcó con su aroma, intentado reconfortarlo.
Sus acciones causaron efecto, ya que Louis se movió para quedar más cerca del lugar en su cuello que desprendía su aroma, tabaco y menta. Harry se encontraba algo desconcertado por su forma de actuar, pero no había indicios de malestar en su ser, de alguna forma se sentía correcto. Como piezas encajando en su lugar.
Louis se removió varias veces en busca de una posición más cómoda, hasta que finalmente el pequeño alfa terminó sobre su regazo y con la nariz enterrada en su cuello.
Él se puso nervioso, se conocían hace varios meses, sí, pero jamás habían tenido esa clase de contacto físico, jamás habían estado tan cerca. Louis era una persona demasiado retraída y tímida como para acercarse y él tenía miedo de asustarlo así que simplemente le daba su espacio. Pero todo eso se había esfumado ahora porque el alfa lucía completamente cómodo encerrado entre sus brazos.
Las lágrimas se habían secado de su rostro, tenía las mejillas rosadas y sus ojos de encontraban brillosos. Pero ya se había calmado, así que lentamente creó un espacio entre ellos, lo suficientemente lejos como para ver su rostro pero aún demasiado cerca como para besarlo.
“¿Mejor?” cuestionó, trazando figuras imaginarias sobre su espalda, no quería despegarse de su lado.
Obtuvo un pequeño asentimiento, sabía que el alfa estaba avergonzado, el suave rosa de sus mejillas y el cómo huía de su mirada lo delataba. Lo encontró completamente entrañable.
“¿Quieres que te lleve a tu habitación?” preguntó suavemente, sin querer romper la atmósfera de tranquilidad en la que se encontraban.
Sus ojos azules se abrieron con sorpresa. “Yo…” dijo rápidamente. “¿Podemos quedarnos aquí?”
Louis no quería ir a su habitación, no quería que su momento con el alfa terminara porque sabía que apenas supiera la verdad no querría volver a verlo.
“Nos quedaremos aquí, si eso es lo que quieres” ofreció, obteniendo un asentimiento de inmediato.
Permanecieron en esa posición por un largo tiempo, no sabía cuánto exactamente pero se habían sentido como horas. La respiración del alfa era pausada y soltaba pequeños suspiros que le causaban escalofríos en su piel, se encontraba durmiendo plácidamente sobre su pecho y él no quería despertarlo. Quería dejarlo descansar pero podía oler cómo su aroma se volvía más espeso, indicando que tendría que irse pronto.
El cuerpo de Louis estaba reaccionando a él, sabía que tenían que separarse o se verían envueltos en una situación muy incómoda. Así que se levantó con cuidado, cargando al alfa por sus muslos para llevarlo a su habitación.
No había soltado el agarre de su cuello, parecía no querer abandonar aquel lugar y él no se lo iba a impedir.
Abrió la puerta con cuidado de no dejarlo caer, era la primera vez que veía la habitación de Louis. Era muy similar a la suya pero con más decoración, estaba rodeada de luces de hada y pósters de diferentes artistas pegados a la pared, y el fuerte aroma del alfa flotando por el lugar. A pesar de que había muchas cosas que mirar, solo una se llevó su completa atención.
Había un nido.
Había un jodido nido en el centro de la cama. Su corazón se aceleró, el único aroma que cubría el lugar era el del alfa y ahora el suyo, pero no había nadie más, ese nido no le pertenecía a nadie más. Ahora entendía que era lo que escondía en esas bolsas que traía cada mes, y por qué era completamente reacio a mostrar su habitación.
Era el nido de Louis.
Su mente se llenó de imágenes del alfa eligiendo cuidadosamente mantas y objetos para decorar su nido, sabía que los omegas usaban los nidos como un método para llamar a sus alfas.
Louis estaba llamando a su alfa.
Ese pensamiento causó estragos en su interior.
“Mí nido” balbuceó el alfa, removiéndose entre sus brazos. “No, no, no puedes…”
“Está bien, amor” intentó tranquilizarlo, acariciando con dulzura su cabello. “No te molestaré más, te dejaré aquí y me iré.”
Su alfa protestó ante sus propias palabras, no quería irse pero sabía que era lo correcto.
“¡No!” protestó. “Quédate, por favor, no me dejes.”
Reafirmó el agarre a su cintura, aferrándose a su cuello con más fuerza. Lo único que balbuceaba era “no me dejes”.
Sintió una presión en su pecho, se encontraba en un debate interno. Su lobo le exigía quedarse para cuidar de ese alfita porque sabía que lo necesitaba, pero su parte racional lo frenaba.
¿Qué pasaría si Louis se arrepentía?
¿Y si lo rechazaba? ¿Qué haría si no quería verlo más?
¿Podría soportar no verlo más?
Los pensamientos negativos estaban invadiendo por completo su mente, pero decidió ignorarlos porque Louis lo necesitaba, porque él quería quedarse allí.
“Louis” lo llamó, su corazón estaba acelerado. “Mírame, por favor.”
Sus brillantes ojos azules le devolvieron la mirada, dejándolo un poco sin aliento, sus pupilas estaban dilatadas y sabía que era uno de los últimos momentos en los que estaría plenamente consciente, así que debía asegurarse de que Louis verdaderamente quería esto.
“Necesito que me digas si en verdad quieres que me quede aquí, si quieres que te ayude” pidió, marcando la seriedad de lo que estaba preguntando. “Quiero que me des una respuesta clara.”
“Lo estoy” respondió de inmediato. “Te quiero aquí, conmigo.”
Eso era todo lo que necesitaba. Tomó el rostro de Louis entre sus manos, tomándose un momento para observarlo detenidamente, acariciando sus mejillas. Luego, unió sus labios en ese tan ansiado beso.
Se besaron hasta quedar sin aliento, respirando sobre las bocas del otro. Harry estaba extasiado con lo suaves y dulces que aquellos belfos eran y él quería más.
“¿Me dejas entrar a tu nido?” preguntó sobre sus labios, robando todos sus suspiros con más besos. Louis asintió y esa fue su señal para actuar.
Ambos se recostaron con cuidado sobre las mantas que conformaban el nido, observó la visión de Louis recostado debajo de él, se veía dulce con las mejillas sonrojadas y las mantas rodeando su cuerpo.
El nido era precioso y él solo quería besar al alfa y felicitarlo por el buen trabajo que había hecho. Olía como un pequeño pedazo de paraíso, coco y petricor.
Sin embargo, algo lo hizo frenarse. Su aroma estaba allí. Louis tenía prendas suyas en su nido.
Esa información volvió a su lobo completamente loco, y a él también.
“Eres increíble “ sonrió, comenzando un beso desenfrenado. “Te voy a tratar bien, amor.”
La respiración de Louis se aceleró cuando comenzó a presionar besos contra su garganta y tomó eso como una motivación para seguir adelante. Se detuvo en el lugar donde se encontraba su glándula olfativa, chupando hasta dejar un moretón porque sabía que eso dejaría su aroma impregnado en él.
Le quitó la sudadera que estaba utilizando, centrando su atención en sus pezones erectos, utilizando las yemas de sus dedos para presionarlos y sacarle jadeos al alfa que estaba entre sus brazos.
Continuó su trabajo, tomando el borde de los pantalones y de su ropa interior, deslizándolos por sus piernas hasta quitarlos por completo. Había quedado completamente expuesto ante él.
Harry admiró su piel caramelo, sus manos se anclaron a sus caderas, acariciando la extensión de la dermis, sintiendo la suavidad que ésta poseía en sus palmas.
Quería todo de él, quería besarlo hasta dejarlo sin aliento, dejar su aroma en cada pequeño espacio de su cuerpo, como si jamás hubieran estado separados.
Quería hacerle sentir su nudo presionando contra su estómago, unirse como si fueran un solo cuerpo.
Llevó las piernas esbeltas hasta sus hombros, formando un sendero de besos en la parte interna de sus muslos, sonriendo al verlo tan desesperado, disfrutando de las reacciones que tenía su cuerpo ante su toque.
Su cuerpo temblaba ligeramente entre sus manos, su piel se encontraba erizada, sabía que no se trataba del celo. Se trataba de lo receptivo que era el pequeño alfa ante los estímulos.
Sujetó su mandíbula con firmeza, los ojos azules aturdidos se enfocaron en él al instante. Su pulgar acarició suavemente los labios rojos y maltratados a causa de los besos que habían compartido anteriormente.
“Chupa” ordenó, su boca pecaminosa tomó sus dedos, succionó hasta dejarlos lo suficientemente húmedos, sin despegar su mirada de él. “Buen chico.”
Sus manos tomaron sus piernas para separarlas por completo, obtuvo un jadeo por esa acción. Louis quiso volver a cerrar sus piernas pero él se lo impidió.
“Abre tus piernas para mí, amor” demandó, mientras dejaba besos sobre el hueso de su cadera, descendiendo lentamente.
Louis obedeció, dejándolo penetrarlo con sus dedos para estirarlo. El alfa jadeaba mientras empujaba su cadera contra su mano, en busca de más contacto.
“No seas codicioso” dijo, deteniendo los movimientos de sus dedos. Louis protestó. “Te daré lo que mereces.”
Él asintió lentamente, dejándose hacer. Continúo así, hasta que finalmente ya tenía tres dedos en su interior. Sintiendo cómo Louis iba relajándose hasta desplazar la molestia del estiramiento.
“¿Ya se sientes satisfecho, cariño?” se burló “¿O aún necesitas un nudo?”
“Alfa” lo llamó, soltando un quejido lastimero. Él soltó un gruñido bajo ante el nombre. “Más, por favor.”
Sonrió ante las súplicas, retirando los dedos de su interior para quitarse los restos de ropa que quedaban en su cuerpo, presionando su polla palpitante contra la entrada que rogaba por su nudo.
De una sola estocada se introdujo en su interior, soltando un gruñido ante la calidez que lo rodeó de repente. Se enfocó en el rostro de Louis, en sus ojos azules luciendo perdidos, en sus mejillas rosadas y en los gemidos que se escapaban de sus bonitos labios rojos.
Algo dentro suyo se despertaba al verlo así, su lobo se removía inquieto en su interior. El saber que era el causante de aquel aspecto tan encantador lo incitaba a no parar hasta verlo completamente deshecho de placer.
Espero un par de segundos antes de comenzar a moverse en su interior, soltando gruñidos cada vez que daba estocadas contra él. Sus manos no dejaban de moverse por la extensión de su tersa piel, por la suave curva de su cintura, sintiendo el rápido vaivén que hacían sus costillas a causa de la agitación.
Tenía la necesidad de explorar su cuerpo, de apreciar cada una de las sensaciones que estaba teniendo, quería hacerlo sentir bien, quería complacerlo para que no volviera a pensar en nadie más que él.
Pasó su mano desde el centro de su corazón hasta la parte baja de su abdomen, viendo cómo los músculos se contraían de los escalofríos generados por sus caricias. Se veía absolutamente exquisito en aquella posición, como si perteneciera a estar debajo de su cuerpo, suplicando por su toque, temblando por sus besos.
Volvió a unir sus labios, el choque ya no era ni suave ni dulce, sus bocas batallaban en una lucha por dominio, buscando de alguna manera expresar aquello que no podían decir con palabras.
Siguió embistiendo contra él, queriendo escuchar esos bonitos gemidos salir de sus labios, seguir sintiendo su cuerpo casi febril entre sus manos.
“¿Te gusta esto, verdad?” gruñó “¿Te gusta tener a un alfa llenándote con su nudo?”
Louis volvió a gemir, apenas pudiendo asentir de lo abrumado que estaba. Pero eso no fue suficiente para Harry, así que tomó entre sus dedos su sedoso cabello y dio un suave pero firme tirón.
“Mírame cuando te hablo” demandó. “Responde, Louis.”
“Sí, sí…” respondió entre suspiros, haciendo un esfuerzo por encontrar su voz, que ya se encontraba desgastada.
“¿Sí qué?” preguntó, aún manteniendo el agarre sobre su cabello, inclinándose para tomar su labio inferior entre sus dientes.
“Sí, alfa.”
Esta vez decidió probar otra cosa, tomó el cuerpo de Louis entre sus brazos para cambiarlos de posición, con él sentado en la cama y con el alfa encima de él.
Sus ojos azules rodaron hacia atrás, en esa posición, las estocadas eran más profundas, más placenteras y las sensaciones eran más intensas.
“Móntame, Louis” ordenó, su voz sonando aún más ronca de la excitación que sentía. “Demuestra que te mereces mi nudo.”
Con sus manos lo ayudó a guiar el movimiento de sus caderas, que rodaban de arriba abajo y les sacaba gemidos a ambos de tanto placer que estaban sintiendo.
Maltrató su cuello con besos y mordidas, lo único que su alfa quería era marcarlo para que todos pudieran ver a quién le pertenecía. Y eso era lo que estaba haciendo.
“Alfa, alfa, alfa” gimió, completamente perdido. Ni siquiera tuvo que decirlo, él lo había captado.
“Córrete para mí, cariño” dijo, sintiendo que él también estaba cerca de llegar.
Ambos obtuvieron su orgasmo al mismo tiempo, soltando el nombre del otro, completamente extasiados por la sensación de la liberación.
Su nudo finalmente estalló dentro de Louis y la sensación era indescriptible, la vista de sus cuerpos unidos era maravillosa y él quería verlo todos los días. Podía ver la sombra que creaba en la piel de su estómago, estaba seguro de que si posaba sus manos allí podría sentirlo.
Pero ahora lo único que quería es que su alfita se sintiera bien, sabía que el nudo dolía así que se encargaría de distraerlo. Dejó más besos sobre su cuello, bajando por sus clavículas, marcando la piel brillante.
Besó repetidamente sus mejillas, la curva de su mandíbula y su nariz. Lo besó hasta que sus labios ardieron y el alfa comenzó a soltar pequeñas risitas dulces que sonaron como música para sus oídos.
Ahora que finalmente había conocido a Louis, estaba seguro de que jamás iba a tener suficiente de él.
El alfa se escondió en su cuello, dejando besos aquí y allá, volviendo a rodar sus caderas, ésta vez manteniendo un ritmo mucho más suave.
La excitación ya había bajado en gran medida, ahora simplemente disfrutaban el momento, de tenerse ahí el uno al otro, de poder sentirse como tanto lo habían deseado.
Louis estaba más que feliz, por fin había cumplido el anhelo de su corazón, por fin tenía a Harry. Y tenía un buen presentimiento, sabía que cosas buenas sucederían a partir de ese momento.
Estaba dispuesto a renunciar sus miedos si eso significaba tener una oportunidad con el alfa. Se enfrentaría al mundo si eso significaba que podía estar con él.
Una vez que el nudo bajó, se acostó en el pecho del alfa, no creía que su celo superara un día de duración, no con Harry a su lado. Ahora tan solo quería dormir acurrucado entre el calor de sus brazos.
Harry dejó dulces besos en su frente y su cabello, dándole caricias en su cintura y caderas. Así, lentamente se fue durmiendo, con el compás que hacía el latido del corazón de su alfa.
Su alfa, la frase llenó su pecho de calidez.
Cerró sus ojos, con los recuerdos de esa noche grabados en su memoria para siempre.
La mañana siguiente todavía se sentía como un sueño, Harry se despertó, encontrándose con el rostro dormido de Louis. Conservó ese momento únicamente para él, tomándose el tiempo de admirar cada una de sus bellas facciones.
Desde el flequillo pegado a su frente, enmarcando su rostro, a los pómulos que brillaban con la luz de la habitación, luciendo completamente irresistibles. Hasta posarse finalmente en sus labios, que estaban ligeramente abiertos y que lo incitaban a besarlos hasta el último de sus días.
Si no era amor lo que sentía por Louis, estaba muy cerca de serlo.
Lo que más le gustó fue cuando esos grandes y eléctricos ojos azules que le quitaban el aliento se abrieron para él. Regalándole la más bella de las sonrisas, sintiéndose el ser más afortunado al poder tener a ese pequeño alfa para él.
En ese pequeño espacio en el nido de Louis, ambos encontraron seguridad en los brazos del otro, con sus aromas rodeando el lugar.
El nido se había convertido en el lugar seguro de Louis y Harry.
Se sonrieron el uno al otro, tenían muchas cosas que decirse pero en ese momento no hacía falta, sus miradas podían decir más que mil palabras.
Louis se había cuestionado muchas cosas en su vida, muchas veces se había preguntado si estaba bien ser así, sentirse así, pero ahora, no tenía ninguna duda de que estaba haciendo lo correcto. Había encontrado su hogar en los brazos de Harry.
Y tenía la certeza de que se sería así para siempre.
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Holaa, ¿cómo están? Extrañé mucho estar acá y decidí volver con esta historia que fue de las primeras que escribí, esta vez volvió editada y reversionada.
Espero que les haya gustado. Voy a estar subiendo más cositas con el transcurso de los días. También pueden seguirme en instagram donde voy a estar subiendo actualizaciones.
Gracias por leer, que tengan un bonito día <3