A tu manera
—¿Pueden prestarme atención un momento, por favor?
Miro el reloj antes de clavar la vista en Matthew, nuestro jefe, que alza la voz desde el otro lado de la oficina. Son las dos y cinco, justo cuando terminan los turnos de comida; la hora típica para anunciar un ascenso. Ha pasado mucho últimamente. Parece que regala los ascensos por doquier y eso me revienta. Principalmente porque la mitad de las mujeres, sí, mujeres (siempre son mujeres), no están listas para la responsabilidad que les da. Suelen ser unas estiradas con cuerpos perfectos que se pasean con vestiditos apretados y las tetas medio fuera. No es posible que conozcan los detalles de nuestras revistas llevando aquí solo unas semanas.
Cada vez que anuncia un nuevo miembro en el equipo de la oficina central, me pregunto en qué posición se habrán tenido que poner para que él aceptara subirlas de puesto. Aquí estoy yo, partiéndome el lomo cada día, casi doce horas diarias, cinco días a la semana. Solo para asegurarme de que el diseño de cada página de nuestras revistas semanales tenga el formato correcto, además de corregir erratas y faltas de gramática. Y todo para que alguien con mucha menos experiencia se lleve el puesto que yo merezco más. No es que tenga celos, y desde luego no estoy tan desesperada como para hacer lo que sea que haya hecho la última rubia tonta para conseguir ese ascenso. Me da miedo pensar con cuánta gente se ha acostado Matthew últimamente.
Su ambición en la vida debe de ser follarse a cada chica de los pisos de abajo para tener un departamento lleno de bellezas a las que mirar todo el día, listas para cumplir todos sus caprichos.
Yo conseguí mi trabajo cuando su padre estaba al mando, durante mi primer año de universidad. Por eso él no pudo cambiar los rangos de los empleados que ya estábamos cuando tomó las riendas tras la jubilación de su padre un año después. Pero está claro que se divierte mucho contratando a gente nueva y ascendiéndola para hacer hueco a otros polvos potenciales. El ciclo continúa. Quizás el tener que hacerse cargo del negocio siendo tan joven no le ayudó a ser profesional al principio. Dudo que su padre se dé cuenta de que deja que la gente llegue a la cima a base de polvos. Supongo que es sexo fácil siempre que quiere con muchas voluntarias, pero me pregunto cómo serán las entrevistas para entrar en la empresa. Es algo de lo que me encantaría ser testigo. Quizás.
—Por favor, denle la bienvenida a Millie, la nueva integrante del equipo editorial —dice Matthew. Su voz me saca de mis pensamientos y señala a la rubia flaca que tiene al lado. Va maquillada a tope y sonríe con timidez a todo el mundo, pareciendo muy nerviosa por ser el centro de atención.
No me sorprende que la eligiera a ella. Probablemente vio a un objetivo fácil y pensó que podría subirle la confianza con un poco de tiempo a solas, profundo y significativo. Pobre Millie. Espero que se dé cuenta de dónde se ha metido y de quién es él de verdad. Es incapaz de amar a nadie; lo único que quiere es poder y dinero. Por desgracia, ya tiene ambas cosas y lo sabe perfectamente. ¡Gilipollas!
—Sé que solo lleva unas semanas con nosotros, pero ha demostrado mucha promesa y determinación para ayudar a que esta revista sea la mejor posible. —Le agarra los hombros con suavidad y ella parece sonrojarse un poco mientras le devuelve la sonrisa.
—¡Sí, la promesa de que se desnudará cuando él lo crea necesario! —Chloe y Kacey, mis dos mejores amigas y colegas, se ríen por lo bajo a mi lado.
Hago lo posible por ignorarlas aunque tengo ganas de reírme con ellas. Al fin y al cabo, tienen razón.
—¿Oye, Rosie?
Finalmente las miro; ambas contienen la risa. —¿Qué? —pregunto, bastante segura de lo que van a decir. Siempre es lo mismo cuando traen a alguien nuevo al equipo.
—¿Cuándo vas a pedir un ascenso? —pregunta Chloe con una ceja levantada.
—No voy a hacerlo. —Niego con la cabeza y vuelvo a mirar a Matthew y Millie, que hablan con unos cuantos que les están dando la enhorabuena. —¿Para qué? —Me vuelvo hacia ellas, que ahora sonríen de lado—. No voy a caer tan bajo solo por un ascenso. Además, me da pavor pensar hasta dónde tendría que llegar para ser la editora jefa de toda la compañía.
—¿Pero no haces ya básicamente eso, solo que por mucho menos dinero del que deberías ganar? ¿Por qué no te da el cargo y el sueldo que te corresponden? —añadió Kacey—. Tiene que haberse fijado en todo lo que haces por esta empresa.
—Porque es un imbécil al que solo le importa que su cuenta bancaria sea enorme. —Vuelvo a mirar mi ordenador e intento concentrarme en mi lista de tareas para el resto de la tarde. Ignoro las felicitaciones que ocurren a mis espaldas, pero Chloe y Kacey son a veces una mala influencia. No puedo evitar estirar el cuello para mirar a Matthew otra vez y él parece sentir mi presencia. Desvío la mirada rápido y juraría que le veo una pizca de sonrisa burlona.
—Apuesto a que su paquete es enorme. —Chloe le echa un vistazo mientras Kacey y yo compartimos una sonrisa divertida—. No se puede negar que es guapo, aunque sea un capullo que solo asciende a la gente si puede echárselas al hombro primero.
—Y ese es el problema con los tipos como él. —Suspiro profundamente y me quedo mirando la pantalla otra vez—. Quizás deberíamos renunciar todas y montar nuestra propia revista. —Lo digo en broma, pero su entusiasmo me hace apartar la vista del monitor.
—Esa es una buena idea. —Kacey se acerca más—. Rosie puede ser la gerente, nosotras seremos las editoras jefa y solo contrataremos a gente que esté cualificada para el puesto.
—Pero aún podemos contratar a tres tíos buenos para nuestro uso personal, ¿verdad? —Chloe nos mira a las dos y todas nos echamos a reír.
—¿Y qué dinero tenemos para empezar este negocio? —Las miro y asiento cuando no responden—. Exacto: ¡ninguno!
—Solo ve a hablar con él —se queja un poco Chloe—. Además, a lo mejor puedes convencerlo de que te deje participar en las decisiones de los ascensos. Así daríamos los puestos mejor pagados a la gente que se los merece. —Se señala a sí misma y a Kacey—. A nosotras —dice sin voz, haciéndonos reír de nuevo.
—Sí, seguro que podrías convencerlo sin tener que revolcarte con él. Él te escucha —interviene Kacey, aunque suena algo menos convencida.
Suelto una risita burlona. —Lo dudo. Probablemente solo me ofrecería un puesto más alto para conseguir lo que quiere.
—¿Y eso sería tan malo? A lo mejor te hace asistente del CEO de toda la empresa. Piensa en el dinero que ganarías. —Chloe se queda mirando a la nada, probablemente imaginando qué se compraría con toda esa pasta.
—Y los increíbles beneficios personales que tendrías con él. Ni de coña te dejaría tener un puesto así sin pedir algo a cambio. —Kacey se une al mundo de fantasía y sé que tengo que sacarlas de ahí pronto.
—No hago este trabajo por dinero. —Ambas vuelven a centrarse en mí—. Y desde luego no me voy a acostar con él para trepar. Me gusta mi trabajo, me gusta encontrar el diseño perfecto para que todo encaje. Y aunque no lo crean, me gusta encontrar erratas y faltas de ortografía.
—Bueno, pues a lo mejor lo que necesitas es un buen polvo —murmura Kacey y finalmente vuelve a su ordenador, al igual que Chloe, zanjando la conversación.
No digo nada, pero niego con la cabeza con una leve sonrisa. Sin embargo, no puedo negar que se me ha pasado por la cabeza alguna que otra vez. El problema es que es un hecho conocido que cualquiera que haya sido ascendido recientemente es porque se ha acostado con el jefe. Pero claro, ese método suele ser para las empleadas nuevas y sin experiencia. Quizás, si yo pidiera un ascenso, me lo darían solo por mi trabajo. E incluso si tuviera que recurrir a comportamientos más pecaminosos, nadie sospecharía que yo pudiera conseguir un puesto de esa manera.
Miro hacia la oficina de Matthew ahora que todo el mundo se ha calmado y ha vuelto al trabajo. No estoy segura de lo que estoy pensando, pero sé que pase lo que pase, voy a conseguir ese ascenso de una forma u otra.
***
A las nueve de la noche, horas después de que todos los demás se hayan ido, finalmente apago mi ordenador y recojo mis cosas. Apago la lámpara de mi escritorio y miro hacia la única luz que ilumina el lugar: la que sale de la oficina de Matthew.
Pasé el resto de la tarde convenciéndome y desconvenciéndome de hablar con él. Finalmente decidí no caer tan bajo. Hablaría con él por la mañana, como una profesional, pensando que será mejor cuando haya más gente cerca. Así no tendré la tentación de perder el control y entregarme a él por completo.
Doy un salto cuando su puerta se abre y finjo estar ocupada con mis cosas como si estuviera a punto de irme. Cuando Matthew apaga su luz, la oficina se sumerge en la oscuridad, así que vuelvo a encender mi lámpara para iluminarme.
—¿Rosie? Sigues aquí. Pensé que yo era el único que trabajaba fuera de hora. —La voz de Matthew me hace saltar y me giro para mirarlo.
—Siempre estoy aquí hasta tarde. Solo para asegurarme de que todo esté listo para mañana. —Cojo mi bolso del escritorio y me lo cuelgo al hombro—. En fin, mejor me voy. Mañana hay que madrugar. —Le sonrío a medias e intento salir, pero me detiene rápidamente.
—Siento si sientes que estoy ignorando tu potencial —dice Matthew en voz baja, lo que me pone un poco nerviosa.
—¿Perdón? —Doy un paso atrás, sin saber muy bien a qué se refiere.
—He visto tu cara antes, cuando anuncié el ascenso de Millie. Está claro que piensas que te estoy dejando de lado. —Se acerca a mí—. Y no querría que pensaras que no eres digna. —Me pone una mano en la cara y sonríe, mientras su pulgar acaricia suavemente mi mejilla.
—¿Digna de qué? ¿De acostarme contigo para subir de puesto? —Suelto una risa burlona y me aparto rompiendo el contacto, maldiciendo por dentro al chocar con mi escritorio—. No sé quién te crees que soy, pero no soy alguien que te vaya a dar sexo a cambio de una mejor posición en esta empresa.
—Rosie, ambos sabemos que lo has pensado. —Se acerca más y vuelve a pasarme la mano por la cara—. Hubo un tiempo, hace mucho, en que ambos lo pensamos.
Trago saliva, sorprendida de que incluso recuerde lo que casi pasó hace años, antes de que se convirtiera en quien es ahora.
—Mira cómo tiemblas. Te gusta, y hay mucho más de donde vino eso. —Se inclina hacia mí, dejando que pruebe un poco de lo que tiene para ofrecer—. Solo deja que esto pase. Nadie tiene por qué saberlo. —Me besa en el cuello lenta y pausadamente, solo una vez. Pero eso me enciende como si hubiera sido una ráfaga de besos, llevándome de nuevo al pasado, a cuando esto casi sucede por primera vez.
Lucho contra mis impulsos y los pensamientos de mi cabeza, y lo empujo. —Pero todo el mundo lo sabrá; es de lo único que se habla. Todos sabemos que esas novatas solo suben a nuestro equipo porque dejan que te les acerques demasiado por un puesto. Si de verdad te importara tu personal, elegirías a los que se lo merecen. —Me deslizo a su lado, poniendo distancia entre nosotros—. Si lo único que te importa es follarte a gente desesperada, entonces no me conoces para nada. Quizás es hora de que me vaya. —Mis propias palabras me sorprenden mientras él entorna los ojos confundido.
—¿Qué estás diciendo?
Respiro hondo y lo miro directamente a los ojos, sabiendo que cumpliré cada palabra, aunque no quiera tener que hacer esto. —¡Si no me das ese ascenso legalmente, renuncio!
Matthew parece considerar mis palabras con cuidado. —Está bien. A tu manera.
Parpadeo varias veces, sin creer lo que oigo. ¿De verdad conseguí el ascenso así de fácil? ¿De verdad era tan sencillo después de todo?
—Está bien, entonces. —Asiento—. Te veo mañana. —Me doy la vuelta y me marcho antes de que pueda decir nada más que me haga reconsiderar su propuesta original.