CAPITULO I
Mientras más cerca me encuentro de mi destino, más fuerte comienzan a oírse las molestas voces de los demás. Aún no bajo del coche, pero aun así siento como recae sobre mí el peso de comenzar un nuevo año en una escuela pagada. «¡Mierda! Pero que molesto» Tan solo una cosa puede molestarme más que tener que fingir felicidad ante los demás y es utilizar una blusa con 40 °C irradiando sobre mi cabeza. Bajo del auto esperando mi maleta, permitiendo que mis padres lloren y me feliciten por lograr ingresar a una academia tan prestigiosa como esta, lo que me hace sentir incómoda. Detesto cuando actúan tan cercanos, pero se los permito con una sonrisa aún más falsa que mis pestañas. Me despido como cualquier hija normal e ingreso al que será mi hogar por todo un año. «¡Al fin soy libre de mis papás!»
La corbata me molesta, por lo que la desarmo mientras camino por los pasillos. Los chicos me quedan mirando, de seguro es la primera vez que ven a alguien con tal atractivo, así que no los culpo en lo absoluto, si fuese hombre probablemente también estaría enamorada de mí. Recorro como si fuese dueña del lugar, pero la verdad es que no tengo ni la menor idea de hacia dónde debo dirigirme, podría pedir indicaciones, pero prefiero que sigan contemplando mi belleza. Perdida, me detengo para leer el mapa que me entregaron al matricularme, cuando un grupo de tres rubias con actitud muy poco amistosa me empujan. «¿Pero qué mierda?» Pienso, sin darme cuenta de que estoy tirada en el piso, como una idiota.
Los chicos me quedan mirando con preocupación, pero por algún motivo nadie se me acerca para ayudarme, parece ser como si le temieran a algo o a alguien, pero ¿A qué? Furiosa ante tal humillación, decido comenzar a recoger mis cosas, pero una vez de pie una de las bravuconas regresa y vuelve a tirar lo que acabo de levantar «Esta perra acaba de ganarse mi odio» Pienso, obligándome a mantener la compostura.
—Deberías dejar la basura en donde va — dice sonriéndome, como si su rostro fuese lo que más añoraba ver en mi primer día, ¡PATÉTICA! —será mejor que no te metas con nosotras o te irá mal —mirando a los chicos a nuestro alrededor —además, no eres nada linda.
Sin decir ni una sola palabra, espero a que se retire, tomo nuevamente mis cosas con la intención de causar lástima en los demás y sonrío disimuladamente «no hay nada mejor que dejarlas a ellas como las abusivas». Faltándome tan solo el mapa de las instalaciones, veo como una mano la toma por mí, percatándome tras alzar la mirada de que es un chico. ¡Dios! Pero, ¿Quién es él? Es la primera vez que veo a alguien con tal belleza además de mí. Su cabello es rubio y sus ojos celestes como el de un actor de cine, puedo adivinar que tiene unos veinte y tantos, pero no quien es.
—¿Estás bien? —le oigo preguntarme con una voz varonil, la que estremece cada parte de mi cuerpo.
«Sus ojos son mucho más lindos de cerca, quiero comerlos»
—Si—respondo sonriente —no me intimida esa clase de chicas —siento como esto no fluye con la intensidad indicada, así que simulo ir apurada para luego tropezarme frente a él, es la oportunidad perfecta para tocar un poco más de la cuenta.
«¡Mierda, pero qué abdominales! Es como un dios griego o algo mejor. ¡Ya sé! ¡Un playboy!» Pienso, mientras me apoyo en su pecho y él me sostiene con sus grandes manos de basquetbolista.
Finjo avergonzarme y me disculpo por lo sucedido, dándole el paso a Jenny; mejor amiga de la infancia y cómplice de aventuras, a ingresar en la conversación. «¡MALDITA ESTÚPIDA! Acaba de arruinar mi coqueteo indiscreto» Sé bien que llevo años siendo amiga de esta pelirroja cabeza hueca, pero interrumpir un momento así con un Dios griego es peor que la traición.
—¡Jessica! Con que aquí estabas — se me acerca animosa —que tal profesor David —deja de mirarme para saludar al rubio junto a mí —veo que ya conoció a Jessica, es mi amiga de la infancia y ahora será mi compañera de literatura, por lo que pronto podrán compartir juntos —tomando mi mano —estas delicadas manos que ve aquí, fueron las creadoras de catorce relatos ganadores en los premios de literatura más importantes del país, de seguro los ha leído, ella...
—¡Jenny! —alzo la voz con fastidio, para luego fingir una sonrisa—no creo que al profesor le importen mis logros, mucho menos cuando pasaron hace más de un año.
—Te equivocas, me importan más de lo que piensas —mirándome de pies a cabeza —estoy seguro de que sería más que agradable conversar sobre ello más adelante.
—Claro yo...
«¡Un momento! Él ¿acaba de observarme? Sé bien que los profesores están prohibidos, pero no me importaría pecar con tal de estar un poco más cercana a él»
—Bueno, ya es tarde —dice David mirando su lujoso reloj —será mejor que me retire, nos vemos más tarde —tocando mi hombro para luego retirarse.
Sonriente, Jenny me toma del brazo y arrastra energéticamente hasta nuestra habitación, la que no está ni a tres pasos de en donde nos encontrábamos. Me siento cansada, este comienzo escolar ha sido más que agotador, por lo que dejo mi maleta a un lado y me tiro sobre la cama esperando a saber más sobre quienes acabo de conocer, comenzando por la rubia bravucona y sus secuaces.
—Esa es Tracy, es una imbécil busca pleitos, le gusta ser el centro de atención, por lo que de seguro le fastidia que alguien más linda que ella haya llegado a la escuela —contesta Jenny entregándome el cigarrillo que acaba de encender —además, está profundamente enamorada del profesor David, pero él no está interesado en nadie, mucho menos en las alumnas, incluso muchos piensan que es gay.
—No parece serlo, pero si me llamó la atención como Tracy huyó luego de tirarme las cosas— sentándome en la cama para comenzar a fumar—¡ya sé lo que sucedió! —miro sonriente a Jenny —esa perra se asustó al ver a David cerca—sonrío con malicia — me pregunto qué haría si se enterara de que alguien se acercó a él más que ella en estos días.
—Han comenzado los días de iniciación, tan solo hemos estado una semana aquí y no ha logrado siquiera entablar una conversación con él —me queda mirando con seriedad, hasta que logra comprender lo que he dicho —¡carajo! ¡Ese alguien eres tú!
Enterada de mis futuros planes, Jenny se retira de la habitación para asistir a una de las clases interactivas, a la que claramente faltaré, aún me queda que fumar y tampoco tengo deseos de acalorarme en las afueras de las instalaciones. Sentada en la ventana puedo ver como chicas se juntan en el jardín, sus ropas son extrañas, pues a pesar de llevar puestos petos y faldas como las que utilizarían las porristas con normalidad, las tallas no parecen ser las adecuadas.
«Menuda manda de ridículas ¿Es qué no consiguieron uniformes de sus tallas? Un momento, ¿Esas no son Tracy y las gemelas de Alicia en el país de las maravillas?»
Alguien toca la puerta, de seguro es Jenny de vuelta para convencerme de ir con ella a las actividades, pero estoy dispuesta a negarme, no deseo saber de juegos para niños de primaria ¡Que ya estamos grandes para esas estupideces! Fastidiada por el ajetreo, abro la puerta sin tirar el cigarro, pero al ver que es el profesor David cierro rápidamente y corro con tal de arrojarlo por la ventana. Alterada, muevo mis brazos en el aire, intentando que el humo acumulado se vaya, una vez preparada abro nuevamente la puerta, fingiendo no haber sucedido nada.
—Lo siento, ¿estás ocupada? —pregunta, mostrando intenciones por ingresar.
—No, claro que no —respondo abriendo más la puerta —es solo que estaba desnuda, así que tuve que correr a vestirme —miento.
«¿Pero qué mentira más estúpida fue esa?»
—Lo entiendo —se me acerca para cerrar el botón de mi blusa que falta.
Mi corazón se siente acelerado, no sé qué está sucediendo, pero la verdad no me molesta en lo más mínimo. El inalcanzable profesor de literatura se encuentra encerrado conmigo en mi habitación, acaba de tocar más de lo que debería y me mira como si pudiese verme sin nada puesto. ¡Dios! ¿Qué es esta sensación?
—Dime la verdad —sonriente —estabas fumando, ¿no es así? —vuelve a acercarse a mí oliendo mis labios.
«¿Cómo es qué lo supo? Agradece que estás guapo si no ya te hubiese sacado de mi habitación»
—¡Claro que no! ¿Cómo se le ocurre? —finjo una sonrisa —pero las chicas de afuera sí que lo estaban haciendo, es por eso que estaba intentando cerrar la ventana, pero no pude.
¡Esto es perfecto! Culparé a las tontas bailarinas de mis acciones y así lograré meterlas en problemas, ¡Dios! ¿De dónde saque esta inteligencia tan malvada? Preocupada porque no hubiese humo en la habitación, olvidé asegurarme de que el cigarro cayera afuera, pero ya es tarde, puedo ver como el humo sale de entre medio de las rejillas del ventanal ¡Rayos! Ahora sí me castigarán. Veo a David con preocupación, pero al percatarme de como sostiene el arma incriminadora, con intenciones de fumarlo, olvido por completo que estoy frente a un profesor. «¿Qué rayos está sucediendo?» El atractivo hombre junto a mí me está mirando como si no fuese a molestarle lo que estaba haciendo, es más ¿Acaso me está ofreciendo continuar?