In your eyes

Sinopsis

Bill ahoga las penas del amor en alcohol, pero una tormenta en medio del bosque y un nuevo estudiante con mirada salvaje le sacudirá el alma y el corazón. Fandom Harry Potter. AU no mágico Fenbill (Bill Weasley x Fenrir Greyback)

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Completado
Capítulos:
1
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5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1


Ya se lo había dicho su terapeuta, sentía debilidad por los cabrones: Chicos emocionalmente inestables y con fobia al compromiso. Chicos tóxicos incapaces de llevar y mantener una relación amorosa sana ¿Y por qué? Pues resulta que sentía poco o nulo amor propio y no creía ser merecedor de amor. La explicación había sido más larga y detallada, pero en resumen era eso. Bill llevaba a cuestas tres fracasos amorosos, una depresión de la que hacía apenas un año que había salido y recuperar el tiempo perdido de la universidad. Por eso, cuando al segundo trimestre apareció en su clase optativa un chico huraño y destilando «Si me tocas los cojones te mato» rápidamente giró el rostro hacia la ventana. Nada de chicos malos, nada de cabrones a los que desear con la esperanza de que cambien. Eso no significó que sus traicioneros ojos azules buscaran de reojo al nuevo.


¿Qué hacía alguien como él allí? El desconocido no tenía pinta de estar interesado en Egiptología. Ahora bien, Bill tampoco lo parecía, con su coleta pelirroja larga, sus pantalones desgastados y su cazadora de cuero. El desconocido bien podría encajar igual que cualquiera, la pasión por una cultura no entendía de fronteras, tribus urbanas o etnias.


Bill se juró no interesarse por otro malote, pero clase a clase se vio recabando información sobre él. Se llamaba Fenrir Greyback, no obtendría créditos por la asignatura así que iba de oyente, tenía veintiséis años y pertenecía a la carrera de veterinaria. Fenrir pisaba escalones como si fueran los cráneos de sus enemigos, gruñía mas que hablaba y siempre iba sólo, sin socializar. A las dos semanas le descubrió mirándolo y tragó aterrado refugiándose en sus apuntes. "Nada de cabrones, Bill, busca un buen chico que quiera una relación como tú y sea dulce" el problema fue contemplar el fuego en sus ojos. Fenrir tenía los iris color miel a la luz del sol y gimió de frustración al saber que se sentía atraído. Pero no importaba, no sucumbiría a unos ojos así, no.


Tres semanas después se le paró el corazón y ya de paso el de toda la clase.


Trabajos en parejas.


Bill buscó a una de sus compañeras de clase con la que solía compartir trabajos de este calibre, pues se entendían y era responsable. Silbó con la mano alzada para llamar su atención cuando lo vio venir, él y el resto del alumnado claro. Se plantó en toda su descomunal envergadura y frunció el ceño. Bill bajó la mano lentamente y subió la cabeza, se quedó como quien ve un extraterrestre y parpadeó.


—Hola —masticó sus maxilares con fuerza— ¿Harías el trabajo conmigo?


"Me he portado bien, no he buscado a cabrones y estoy decidido a quererme un poco ¿Por qué vienen a mí?" Se le aceleró el ritmo cardíaco y juró que las pupilas de Greyback se dilataron. Tenía que pensar en una manera de rechazarlo sin ser hiriente o brusco.


Nunca se había sentido tan, pero tan atraído por alguien, eso sí; El estereotipo ante todo. Se le secó la boca y le sudaron las manos.


—Eh, verás, ya tenía pensado... —no pudo terminar su excusa, Fenrir apretó la mandíbula disgustado y desvió sus ojos con decepción—. Bueno, como veo que ya tiene compañero... —Bill se dio una paliza de muerte metafóricamente.


—No hay problema. —por lo visto no le había entendido y ya se disponía a volver a su sitio.


—No, no. Que digo que sí, que lo hagamos juntos. —Sonó a lo que la calenturienta mente de Bill quiso que sonara, lo mortificante fue que Fenrir sonrió creído y asintió a una pregunta no formulada.


—Bien.


Y entonces su actitud cambió. Se sentó a su lado ocupando su espacio vital, y aunque era de pocas palabras se entreveía astuto. «Un cabrón en ciernes» Bill no cesó de recogerse la coleta nervioso y tocarse las pulseras de cuero de sus muñecas. Fenrir era intenso para hablar, para respirar y para sorber el alma, si es que el alma pudiera sorberse. Durante el resto de la clase se dedicó a soportar el ardor de su extrema cercanía y esos ojos que sondearon cada movimiento de labios y gestos. Para cuando esquematizaron lo que sería un preliminar del trabajo, Bill ya se sentía exhausto de tanta intensidad.


Aquella noche soñó con unos ojos color fuego, soñó con la silueta de un lobo recortada por la breve luz de un relámpago, soñó con la lluvia en plena montaña y la certeza categórica de sentirse observado entre la oscuridad. Bill despertó agitado, con el cabello pegado a sus mejillas sudorosas y el corazón desbocado. No había sido una pesadilla, lo inquietante fue sentirlo real, como un deja vù.




*



—Podemos utilizar-


—¿Te gusta la naturaleza? —preguntó Bill de la nada, una vez más sintió que su espacio vital era traspasado por Fenrir— ¿Ir de acampada a la montaña?


Greyback le miró tan intensamente que se quedó desarmado, le sonrió de lado y acercó su rostro a él.


—Sí, pero prefiero ir solo... —entrecerró los ojos y Bill juró que le había olfateado— prefería ir solo, ya no.


«Vale, tiene novia. Ya no tienes excusa para seguir babeando por él»


—Humm, interesante. —Sí, le había olfateado y justo ahora le estaba... Acariciando un mechón de la coleta.


Parpadeó congelado por su acción y le miró, el muy descarado sonrió más y continuó detallando entre sus dedos el mechón pelirrojo. «Parece... Un cabrón» resopló afligido cerrando los ojos y le quitó el mechón.


— ¿Te ha molestado? Perdón.


—No pasa nada ¿Continuamos? —Fingió indiferencia y respiró tratando de calmarse.


(...)


Bill se acostó a dormir agotado emocional y psicológicamente. No es que su compañero de trabajo fuera un incordio o irresponsable, era él sintiéndose atraído por Fenrir, que además le correspondía. Después del incidente con su pelo no comentó nada ni cambió su actitud, hablaron como si tal cosa y trabajaron en el proyecto.


Suspiró por milésima vez y gimió hecho un ovillo entre las sábanas, la excitación galopó hasta su sexo y se ramificó por todo su cuerpo. No saldría con chicos malos que pudieran romperle el corazón, pero nadie dijo que no pudiese masturbarse pensando en ellos. Bill se durmió sintiendo el pulso latente del orgasmo y su liviano efecto sobre los músculos. Oyó un trueno a lo lejos y comenzó a llover.


"—Es un-un maldito cabrón —Bill lloró sobre el hombro de su compañera de clase y bebió más cerveza, había perdido la cuenta de cuántas llevaba—. Lo encontré follándose a mi amigo, que ya no es mi amigo, y encima ni se arrepiente...


Dos horas después casi todos sus compañeros de clase se habían ido a dormir a las tiendas de campaña o miraban atolondrados el fuego. Una excursión a la montaña era lo que Bill necesitaba para olvidar a su ex, y Claudia le ofreció apuntarse. Se consiguió otra cerveza y fue a mear a un árbol. Hizo malabares para orinar y beber a la vez, oyó un crujido que le hizo estremecerse y buscó mareado entre la maleza.


"No me veo una mierda" decidió dar un paseo y despejar su borrachera, dormir ebrio no le sentaba nada bien. Entró en un bucle de tristeza recordando la macabra escena de su ex con su amigo, el muy insensible ni se lamentaba «Tengo necesidades y dos semanas sin follar es mucho...» se despachó a gusto llorando y bebió balbuceando del mal que se tenía que morir el indeseable. Se sentó en el lecho del bosque y recostó la espalda en un tronco grueso y húmedo. Terminó su cerveza y la desechó a un lado tambaleándose. Se sentía muy mareado y con náuseas, cansado y depresivo.


—Lo peor es que aún te quiero...


Se despertó por el ruido de un relámpago y miró desorientado a su alrededor que parecía engullido por la oscuridad. Se alarmó al no poder identificar o perfilar marcas para poder volver al campamento. Su instinto le dijo que algo o alguien le vigilaba, se asustó de manera inconsciente y levantándose con torpeza intentó caminar. No, no sabía dónde estaba, se había perdido. "Nota mental; no volver a internarse en la naturaleza borracho" durante todo el trayecto su piel se erizó alarmándole del peligro. Cada vez se oían más truenos y finalmente la oscuridad se tragó el bosque. A cada pocos segundos un rayo iluminaba con brevedad su entorno, no fue alentador. Unos ojos salvajes con el fuego ardiendo en su mirada le hizo tropezar y caer de culo, gotas gruesas de lluvia empaparon su rostro y Bill temió por su vida. La breve luz recortó la silueta de un animal y el corazón subió hasta la garganta. Los hombres no lloraban, pero Bill se había pasado la noche haciéndolo por un imbécil, así que llorar un poco más no pondría en duda su hombría. La silueta del animal se hizo hueco entre el follaje y se acercó con el lomo y la cabeza lineales. Bill se echó hacia atrás con pies y manos, el cuerpo le gritaba huir pero algo le dijo que peor era darle la espalda a un depredador. Así que se arrastró llorando de manera patética como en las películas de terror. Un lobo, la silueta de ojos ardientes era un lobo. Su corazón amenazó con colapsar: Sólo, medio borracho, en plena noche oscura lloviendo y perdido junto a un lobo delante de él. Bill dejó de arrastrarse y se rindió ante lo inevitable, se convirtió en un ovillo sobre el lecho del bosque y sollozó bajito esperando por su muerte. La lluvia arreció y se caló hasta los huesos pero el mordisco no llegó, no se atrevió a mirar.


Un hocico empujó sus manos y lamió su mejilla mojada, se encogió más notando el calor del animal sobre su cuerpo. El hocico volvió a empujar sus manos y lo arrastró por su oreja y pelo, no gruñía. Por fin se atrevió a descubrir su cara y vio al lobo sobre él, grande e intimidante. Cruzó el umbral de lo patético llorando ruidoso, pero el lobo simplemente le lamió y gimoteó como si sufriera. Entonces, y creyendo que aún estaba muy ebrio, aquella extraña bestia se transformó en un chico de gran musculatura y enorme. El siguiente relámpago iluminó al extraño cuya intensa mirada no había cambiado ni un ápice.


—Te vas a enfermar

,

bonito.


—Ah eh...

uh... —No podía hablar con coherencia, acababa de ver a un lobo transformarse en hombre—. Uh hum... —lo habría imaginado por el alcohol seguro.


—Te creía más elocuente, antes no parabas de hablar. —el extraño sonrió y entonces se percató de que era un chico desnudo encima de él.


—Había... había un lobo, creo que he visto un lobo... Y ahora... No, no sé dónde está...


— ¿A

,

no? —elevó una ceja y acercó su nariz chocando con la suya—. Hueles a tristeza y terror bonito, no temas, no te voy a hacer daño.


Nada tenía que ver, pero eso fue justo lo que su ex novio le dijo una vez y luego le rompió el corazón. Bill miró al extraño y rompió a llorar desahogando todo lo que llevaba dentro. Unos brazos le recogieron y se quedó de lado protegido por la lluvia con la cara pegada a un pecho desnudo. Estaba muy borracho, a punto de morir y se sentía patético, lo necesario para no pensar y permitirse el cobijo de un desconocido en plena tormenta.


—No llores —le acarició el pelo mojado y notó su nariz en la coronilla—. Tú mereces más.


— ¿Me-me has oído?


—Sí, llevo observándote desde que acampasteis por la tarde. —el desconocido acarició su espalda abarcando por entero su cuerpo, ya no sentía con tanta vehemencia la lluvia sobre él.


Bill subió el rostro hasta él y otro relámpago se iluminó a lo lejos, unos segundos después se oyó el trueno y él se quedó clavado en esos ojos ardientes. Ojos que se acercaron con cautela y besaron sus húmedos labios temblorosos. El calor lo envolvió frenando el frío de la noche, su tacto calmó el desasosiego de su corazón y por un momento se sintió libre. Correspondió al beso saboreando la lluvia y sus lágrimas, aspiró el aliento caliente del desconocido y se dejó llevar.


Perdió contacto y lo miró estremecido de satisfacción y calma. Fue acariciado con ternura y besado de nuevo con devoción. Se sentía muy bien, se sentía como nunca. Pero justo eso era la trampa de siempre, solo que más intensa. Apartó el rostro con ojos avergonzados, la lluvia volvió a caer sobre él, no se había dado cuenta de que el desconocido le protegía de ella.


—No voy a caer.


— ¿A qué te refieres?


No iba a confesarle como el patético arrastrado que era que se había prendado de un desconocido aún llorando por su ex novio. ¿Qué tan humillante era? Además de estar en pleno bosque en medio de una tormenta y su conciencia empujando a creer que era un lobo.


—A n-nada —agachó sus ojos con rostro triste.


Le obligaron a levantar la mirada, le acariciaron las mejillas y Bill percibió dolor en los rasgos del desconocido.


—Aún le amas. —declaró con certeza.


—Sí. —no solo le dolió inexplicablemente al desconocido, también a Bill.


—Está bien, esperaré.


— ¿Esperar a qué? —frunció confuso el ceño.


— ¿A qué va ser? A ti, a que tu corazón sea libre de ése imbécil.


—Sin ofender —sonrió por primera vez en aquél día—. Tú también pareces un imbécil, un cabrón de los de manual.


El extraño sonrió de lado arrogante y asintió dándole otro beso.


—Y lo soy. No necesitas que sea un buen chico, simplemente que no sea cruel contigo, y no lo seré... Pero supongo que he llegado demasiado pronto.


— ¿Pronto? —no podía apartar su mirada de él.


—Sí —volvió a besarle y sintió un suspiro de sufrimiento en sus labios—. Hasta que nos veamos, bonito.


Bill no recuerda cómo llegó al campamento ni cómo es que estaba seco y entero en su saco de dormir junto a Claudia. Tuvo que ser obviamente un sueño, un sueño loco y extraño."



Cuando Bill se encontró con Fenrir en clase el siguiente martes por la tarde, se estremeció ante el reconocimiento. Durante todo el tiempo que compartieron juntos en el aula le observó con atención buscando similitudes y nuevos recuerdos. Lo único que tenía claro era que ya se habían visto, que recordaba aquella noche en la montaña en plena tormenta y sus ojos ardientes. Al terminar la clase Bill sufría histerismo, Fenrir era ese extraño que lo consoló bajo la lluvia, el de suaves caricias y besos.


— ¿Te pasa algo?


Caminaron juntos, le tocaba cambiar de clase y a Fenrir irse de la facultad, pero no se iba.


—No. —contestó más seco de lo que pretendía con el miedo trepando y alojándose en su pecho.


—... —los pasos dejaron de seguirle y se detuvieron—. Ya te acuerdas.


Bill se paralizó ahí en medio del pasillo con toda la gente cruzando por su lado, se encogió de hombros y cerró los ojos.


—Nos hemos visto antes ¿Verdad?


Fenrir caminó despacio hasta él y desinfló los hombros con rostro preocupado.


—Sí...


Se giró lentamente y le miró a los ojos.


—Yo... Tú... Eh, eres un...


—Sí. —respondió firme con voz grave.


Bill calló, necesitó de unos segundo para asimilar la extraña verdad y se envalentonó.


— ¿Qué hacías en aquella montaña en plena tormenta? —no se atrevió a preguntarle por lo de ser un hombre lobo.


—Lo mismo que tú, vagar solo buscando consuelo. —Fenrir salvó la distancia y le acarició el pelo con cuidado— ¿Aún le amas?


Parpadeó centrándose en la pregunta y entonces supo a qué se refería.


—No —por primera vez lo dijo en voz alta y seguro de sus sentimientos—. Pero mi terapeuta me ha recomendado alejarme de los chicos cabrones, no lidio bien con un corazón roto. —quiso plantearse el porqué le confesaba eso a un perfecto extraño, solo que ahora no era un extraño.


Fenrir acarició sus pómulos y lo vio ampliar las aletas de su nariz aspirando el aire, sus ojos ardieron con intensidad y se estremeció, pero no de miedo.


—Tu terapeuta hace bien en aconsejarte —Greyback posó sus grandes manos en sus caderas y pegó la nariz a su coronilla, Bill no era bajito, Fenrir era demasiado alto—. Pero como ya te dije aquella noche; No necesitas a un chico bueno, necesitas a un cabrón que no sea cruel contigo.


Entonces las manos lo guiaron para chocar con su pecho y la nariz lo olfateó. Bill escuchó su profunda respiración y el tronador latir de su corazón. El aroma a bosque golpeó sus fosas nasales y aspiró relajándose. Calor reconfortante emanó de ese gran cuerpo y se dejó abrazar sin entender qué hacía.


—Siempre son buenos y especiales al principio, luego todo cambia. —murmuró contra su pecho oculto. No debía caer en la eterna trampa, a éste ni siquiera lo conocía de verdad... Y era un... Un lobo.


—Entonces tendré que esperar un tiempo más. —oyó sus palabras como una reverberación a través de su tórax.


— ¿Esperar?


—A ti, tu corazón está libre, pero cerrado. —Fenrir suspiró.


Existía agonía en su tono, flojera en su cadencia y rendición en sus músculos. Bill sintió en sus propias carnes cómo la tristeza atenazaba el cuerpo que le abrazaba y le dolió.


— ¿Que no tienes novia?


—No, ni la tuve ni la tendré... A nadie.


Otro suspiro profundo y lastimero le obligó a apartarse un poco del abrazo y alzar el rostro para mirarle.


— ¿Qué haces en mi clase optativa? Eres de veterinaria.


—Estar contigo...


—Conmigo...


—Cuando te conocí amabas a otro y tuve que reunir paciencia y aguardar. Esperé y fui a buscarte, pero aún no estabas listo. Aguardé, hasta que creí que podrías corresponder,pero... —sonrió sin humor— de nada sirve si te recluyes.


—No te conozco, e incluso si lo hiciera no es garantía de nada



Sus palabras no eran sinceras, Bill temía precisamente porque la atracción y conexión con Fenrir era muy fuerte. No sabía si podía confiar en él pese a lo que su maltrecho instinto gritaba.


—Eso tiene solución —Se aproximó inclinando su rostro y juntó sus narices—. Este fin de semana hará buen tiempo y voy de excursión a la montaña, siempre voy solo pero como ya te dije; Ya no. Espero ir contigo si tú quieres.


—En calidad de...


—De nada, solo estar conmigo.


—Vale. —Ni lo meditó, tendría que ir más al terapeuta.




Cinco meses después.


Bill oyó un trueno a lo lejos y la tormenta amenazando su marcha hacia dónde estaban. Se levantó del suelo y oteó entre los árboles. Le quería junto al fuego con él, le necesitaba para guarecerse de la lluvia. Dejó que el viento arrastrara su olor de urgencia y a los minutos apareció. Un lobo negro inmenso de ojos ardientes se sentó junto a él mirando el fuego y en un instante Fenrir le abrazó desnudo.


— ¿Te dan miedo unos cuantos rayos? —se burló riendo a carcajadas.


—Me da miedo estar sólo en medio de la tormenta sin ti.


Las carcajadas se detuvieron de golpe y unos labios chocaron con los suyos. Bill se aferró a él respondiendo necesitado. Comenzó a llover y se recostaron en la tierra sin preocuparse de mantener el fuego.


—Perdón. —se disculpó el lobo alejando su cuerpo.


Bill le miró intensamente queriendo y no pudiendo confesar nada.


—Continúa. —respondió en cambio.


Los ojos de ambos vagaron por el rostro del otro y volvieron a besarse. El cielo se cubrió de luz y los relámpagos se propagaron iluminando todo el bosque, la lluvia arreció alcanzándoles desnudos y gimiendo juntos, sus cuerpos chocando en frenesí y aferrados el uno al otro como un bote salvavidas.


Ya lo sabía Bill, se resistió cuanto pudo. Pero al ver el fuego ardiendo en esos ojos honestos lo supo; Tarde o temprano caería por un cabrón, un depredador que se comportaba cruel con todos menos con él. Fenrir se lo prometió, se lo demostró y lo cumplió.








Fin.