En los brazos de otro

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

No era nuestro momento, lo sabíamos. Estar juntos no era lo correcto. Pero, ¿Qué pasa cuando el deseo es más fuerte que la razón?

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
belnova4
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Sebastián



—Te espero en tu oficina.


Leo el mensaje por última vez y sonrío antes de abrir la puerta.


Estoy impaciente, la he echado de menos.


Me quedo desconcertado al ver a la hermosa trigueña sobre mi escritorio con las piernas cruzadas. No es que no la esperara, lo que me deja sin aliento es que esté completamente desnuda.


Lo único que lleva puesto son unos zapatos de tacón negro.


Cuando salgo de mi estupor aseguro la puerta. A esta hora el lugar está vacío, pero no podemos correr riesgos.


Me acerco y la envuelvo en un abrazo que ella corresponde.


—No esperaba encontrarte así —susurro en su oído—. Eres tan hermosa —digo apartándome un poco para admirarla.


El cabello castaño cubre sus senos; está más delgada, pero no ha perdido las curvas. Cintura estrecha, caderas anchas; y un abdomen que, si bien no es plano y tiene algunas marcas, adoro recorrer.


Sería un mojigato si no admito que ese buen culo y su cuerpo... ¡Joder!


Podría volverme loco.


Sujeto su rostro y lentamente la beso, queriendo expresar todo lo que no tengo permitido decir en voz alta. Un beso suave que ella corresponde, provocando miles de emociones en mi interior, avivando esa poca esperanza de que ella pueda sentir lo mismo que yo.


—No aguanté la espera, así que quise ahorrarte el trabajo—dice al romper nuestro beso con una sonrisa.


Esa sonrisa seductora que me cautivó desde que la vi.


—Parece que se te olvida cuanto disfruto ser yo quien te quite la ropa—acaricio su cintura y despacio deslizo mi mano hasta el borde de su seno, donde acaricio, provocándola.


Su piel se eriza, estremeciéndose y muerde su labio.


Deshace el nudo en mi corbata de una manera cautivante, me la quita tirándola a un lado y sigue con mi camisa; botón por botón. Mi polla se endurece anticipando lo que viene.


Se toma el tiempo, seduciéndome, me observa hambrienta y acaricia mi piel cada que pasa al siguiente botón.


Cuando termina, me saco la camisa y la dejo a un lado. Su mirada baja a mi entrepierna y sonríe con picardía al ver el bulto en mis pantalones, con la palma acaricia por encima y muerde mi labio inferior.


Podría follarla ya mismo.


Pero hay algo que disfruto aún más; verla perder el control y saber que soy yo el causante.


Abro sus piernas y deslizo un dedo por sus pliegues, abriéndome paso a su punto nervioso, donde acaricio en movimientos circulares. Su respiración se acelera, su cadera comienza a moverse buscando más y en cuanto meto un dedo a en su interior, jadea. Sé cómo le gusta y así la toco aumentando el ritmo. Introduzco otro y continúo entrando y saliendo mientras sus manos se aferran a mis hombros.


—Estás tan caliente—digo acariciando su clítoris con mi pulgar.


Su cuerpo se tensa, reclina su cuerpo hacia atrás, apoyando ambas manos en el escritorio.


Me tomo el tiempo con sus senos, apretando y acariciando uno, mientras mi boca juega con el otro; lamiendo, mordiendo y disfrutando la dureza de su pezón, junto a la suavidad de su piel. Me turno, proporcionándole a ambos placer.


Tiembla; sé que está lista para llegar, los gemidos cada vez son más altos.


—Espera—dice incorporándose.


Quita mi mano y cierra las piernas.


Ok, esto no lo esperaba.


Nota la confusión en mi rostro, suelta una pequeña risa y se pone en pie. Aun con sus tacones sigo siendo más alto que ella.


Se acerca y rodea mi cuello con sus brazos.


—Quería ser yo quien te sorprenda —susurra, rozando nuestras narices.


Aprieto su culo con ambas manos y la pego a mí, quiero que sienta lo duro que me pone.


La atracción entre nosotros siempre ha sido fuerte. En cuanto estamos juntos, nada más importa.


Devoro su boca, perdiéndome en sus labios, sintiendo la pequeña lengua que me ha demostrado tantas veces las maravillas que puede hacer.


Un beso jodidamente desenfrenado, lleno de pasión y con ganas de más.


Sus uñas recorren mis brazos, hombros y por último van a mis omoplatos donde rasguña mi piel. Gruño en su boca.


Sé que podría acostarme con otras, pero no es algo que quiera, nadie se iguala a Dalhia.


Aunque ella no quiera admitirlo, lo sabe; sabe que no importa el maldito título, no importa el tiempo; tarde o temprano pasa, nuestros cuerpos se aclaman.


Nos separamos por falta de aire. Sus manos se pasean por mi cuello y lentamente deja pequeños besos recorriendo mi pecho. Continúa bajando hasta que se pone de rodillas. Sus ojos conectan con los míos y sin apartar la mirada, desabrocha mi pantalón.


Baja todo de una vez. Al ver mi pene duro frente a ella, relame sus labios. Lo rodea con una mano y lame la punta, saboreándolo. Con la otra mano acaricia mis testículos.


Mi polla está más dura, ansiando follarme esa pequeña boca.


Mueve de arriba abajo, masturbándome. Solo verla me calienta más; sus uñas rojas rodeándome y sus ojos transmitiendo pura lujuria.


Mi respiración se acelera y se me escapa un jadeo. Disfruto de su toque. ¡Joder! Disfruto todo con ella.


Toma lo que puede con su boca y levanto la cabeza soltando un gruñido. Su mano rodea lo que no alcanza. Comienza lento, pero a un ritmo constante, soltando pequeños gemidos demostrándome que ella también disfruta lo que hace.


Aumenta el ritmo. En la oficina solo se escuchan los pequeños jadeos que suelto y algunas frases sucias que sé cuánto la prenden.


Aun cuando no quiero que se detenga, la tomo de la nuca y la levanto. Por mucho que me guste, necesito estar ya en su interior.


La giro sobre el escritorio dejando su culo expuesto y listo para mí. Le doy una nalgada y suelta un grito que sale más como un gemido. Levanta más el culo y sonrío. Sé lo que le gusta.


Está tan mojada. Se lo meto sin delicadeza y ambos gemimos. Espero un momento para que su cuerpo se acople al tamaño.


Joder... Tan caliente.


—Muévete —demanda.


Enredo una mano en su cabello y con la otra sujeto su cadera.


Comienzo con fuerza, penetrándola una y otra vez, pero a un ritmo lento; torturándola un poco para que pida más.


Yo estoy muy dispuesto a complacerla.


Acelero; la embisto cada vez más rápido, sus gemidos son música para mis oídos al igual que el sonido de nuestros cuerpos chocando.


—Preciosa...—mi voz sale ronca—. ¡Joder! Te sientes tan bien.


—¡Sebastián! —gime mi nombre.


Tomo un seno y aprieto, al mismo tiempo que le doy más fuerte. Mierda, la vista que tengo de ella en este momento; su espalda, su cintura; mi cuerpo chocando contra el suyo cada que la embisto...


Siento como se tensa, su vagina está más apretada y suelta incoherencias dándole paso al orgasmo con un gemido más fuerte a los anteriores. Sus manos agarran con fuerza el borde del escritorio, arquea su espalda y tan solo verla me excita aún más. Pongo ambas manos en sus caderas y embisto más rápido y fuerte para terminar corriéndome en su interior.


Nuestra respiración sigue irregular, me dejo caer sobre su espalda y rodeo su cintura con un brazo. Entonces, susurro en su oído.


—No puedes engañarte a ti misma, sabes bien que ni él ni nadie te hará sentir lo que yo.