Prohibido enamorarse de Jack Crawford

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Los padres de Jack y Hannah han decidido mudarse a la misma casa con todo lo que ello conlleva. Obligados a soportarse ninguno de los dos quiere seguir aguantando esa situación por más tiempo y están dispuestos a cualquier cosa para recuperar sus anteriores vidas aunque para ello tengan que unir fuerzas y tramar un plan para separar a sus padres. Pero en el proceso es posible que surja una chispa inesperada...

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
robluelove
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Hannah

Una tipa me da un pisotón. Ya es el segundo de esta noche y empiezo a preguntarme porque hemos venido a este local. No me gusta ir a este tipo de garitos llenos de gente borracha, música altísima y que además huelen a cerveza y sudor. Pero hoy lo necesitaba. Aunque ahora pienso que el plan de Clare de quedarnos viendo pelis en su casa era, con diferencia, mucho mejor. Por lo menos mis pies estarían intactos y no sentiría ganas de vomitar.

— ¿Podrías quitar esa cara de ogro malhumorado? – pregunta mi amiga gritando por encima de la música.

— No puedo, esta es mi cara.

Ella frunce los labios en desaprobación a mi comentario.

— Llevas una semana así, por lo menos intenta disfrutar de esto y olvídate por unas horas de tu madre. Te recuerdo que la idea de venir aquí ha sido tuya, así que no te quejes.

— Y no sabes como me arrepiento.

— Pues ahora apechugas – dice y me pasa un vaso de cerveza. Le doy un pequeño sorbo – ya verás como no va a cambiar nada.

Me asegura refiriéndose a mi madre, el verdadero motivo por el que un jueves he decidido venir a este garito de mala muerte para ahogar las penas.

Nunca había tenido una discusión con ella, al menos no una de verdad. Me he enfadado con mamá cuando no me ha dejado ir a un concierto o cuando me ha castigado por suspender un examen. Me enfade cuando, con doce años, no me quiso comprar un set de maquillaje porque decía que yo todavía era muy pequeña para esas cosas. Pero todo eso eran enfados tontos que me duraban hasta la hora de la cena, jamás había tenido una discusión fuerte. Supongo que porque siempre he sido yo la inconsciente (es lógico, tengo diecisiete años) y en el fondo ella actuaba como debe hacerlo una madre.

Pero todo eso cambio cuando conoció a su último novio, Tom. Un estirado, relamido y un tanto insufrible. Y sí, la discusión ha sido por este y su decisión de irse a vivir con él. Porque irte a vivir con un tipo al que conoces desde hace unos meses es de ser una descerebrada. Ella me comunico de su decisión hace solo cuatro días, durante la cena y mi negativa fue inmediata “¿Por qué tenemos que mudarnos con él? Que coja el coche y venga a verte como ha hecho hasta ahora”

En ese momento salió su yo intolerante con su “Porque lo digo yo” “Es lo mejor” “Harás lo que te diga, para eso eres mi hija”

Así que aquí estoy, intentando olvidar por un momento que a mi madre se le ha ido la pinza y quiere que nos mudemos con su novio en menos de dos semanas.

— No va a cambiar nada, recuerda que ese tipo vive super cerca, vamos a seguir viéndonos como siempre – mi amiga interrumpe mis pensamientos.

Ella siempre sabe que decir para que me sienta mejor. No se que sería de mi sin ella, Clare siempre ha estado ahí. Cuando las otras niñas se metían conmigo en el colegio y me hacían llorar, cuando mis padres se separaron y ahora. Eso no va a cambiar. Lo sé. Pero me incomoda la idea de dejar mi casa, mi espacio personal para vivir con gente que no conozco.

— ¿Ves? Has sonreído, eso es porque sabes que no será tan malo. Y ahora vamos a pasarlo de muerte en este antro – dice con exagerado entusiasmo.

— Esta bien – le aseguro – pero antes voy a la barra para pedir un refresco, estoy sedienta.

— ¿Un refresco? Pilla alcohol del bueno, bebamos como cosacos.

Le echo una mirada de desaprobación.

— Hannah, te quiero pero eres una corta rollos.

— Yo también te quiero, vuelvo enseguida – y le lanzo un beso mientras me alejo.

Veo que esta se ríe y me adentro entre la masa de gente en dirección a la barra, quizás si habría sido buena idea lo de beber como cosacos pero en mi actual estado todo apunta a que no seré una borracha divertida sino la que llora y se queja de todos sus problemas.

Los dos camareros que hay tras la barra se mueven de un lado a otro y parecen no dar más de sí. Pasan unos largos minutos antes de que uno repare en mi presencia y me pregunte que quiero tomar, pero antes de que pueda contestar escucho una voz tras de mí.

— Una cerveza por aquí.

El tipo levanta la vista, asiente y se esfuma de nuevo tras la barra. Me volteo para ver quién ha sido el idiota que ha hablado y me quedo con la boca abierta cuando descubro que se trata del estúpido y arrogante de Jack Crawford. ¿No tengo ya suficiente castigo con tener que soportarle en clase que hasta aquí lo tengo que encontrar? Es lo que faltaba para terminar de amargarme esta noche.

— Oye, me estaba preguntando a mi.

— Haber sido más rápida.

— Llevo esperando un buen rato para que venga un listillo y se me cuele con todo su morro.

— ¿No te lo han contado? La vida no es justa – dice y en ese momento le da el dinero al camarero que acaba de llegar con su bebida. Este sonríe y se da media vuelta.

— ¡Gilipollas! – grito, pero no lo escucha. Ya ha desaparecido entre la masa de personas. Lo peor es que cuando me vuelvo de nuevo el chico que sirve se ha ido y vuelvo a perder la oportunidad.

La noche que debía ser para olvidar mis problemas va de mal en peor. Haber ido a un burguer con Clare habría sido mucho mejor. Decido buscarla para proponérselo consciente de que tendré que escuchar el resto de la noche que soy una aguafiestas. Busco el móvil y escribo a mi amiga para preguntarle donde se encuentra cuando tropiezo con alguien y siento como un líquido frío se derrama sobre mi, estoy totalmente empapada. Levanto la vista y no puedo creerme lo que veo. Una vez más el idiota de antes.

— Mira por donde andas – salta este y observo su camiseta gris seca a excepción de un par de gotas en la zona del pecho.

— ¿De qué vas? Eres tú quien me ha llenado de cerveza, deberías disculparte.

— Disculparme yo, ni hablar. Si no fueses mirando el móvil no te pasarían estas cosas

— Estás de coña ¿no?

— En absoluto. Que seas tan torpe no es mi culpa.

Estoy tan sorprendida que no sé que decir ¿Cómo puede tener tanta jeta?

Me doy cuenta justo en ese instante que varias personas se han volteado al escuchar la discusión y nos miran expectantes. También reparo en que a su lado aparece una chica con un vestido muy ceñido de color rojo. No debe de ser mucho más alta que yo pero lleva un tacón considerable.

— Jack, no pierdas el tiempo con esta niñata – dice esta mientras le toca el brazo.

Generalmente suelo ser una Hannah amable que no pierde los papeles y suelo ignorar a los tipos como este. Puede que se deba a que no he tenido un buen día, a la discusión con mi madre y a que voy llena de cerveza. Observo el vaso de Jack, apenas le queda bebida, por su puesto llevo el resto encima, pero también reparo en que la chica a su lado sujeta otro medio lleno. Avanzo dos pasos hasta quitarle el vaso de su acompañante y se lo vacío entero al imbécil presuntuoso.

— ¿Pero que haces? – por primera vez su perfecta sonrisa se descompone y eso me da una pequeña satisfacción.

— Tienes razón, soy una torpe. Disculpa. – respondo irónica. El tipo no da crédito, ahora está tan empapado como yo. La chica a su lado suelta un grito histérico y más personas que se voltean parecen alucinadas con lo que acabo de hacer.

— ¿Estás loca?

— Perdona, es que a veces no miro por donde voy.

Justo entonces aparece otro tipo con una camiseta negra y pintas de ser uno de los seguratas del local.

— ¿Qué está pasando aquí? – pregunta el tipo con aspecto de gorila.

Esta es mi oportunidad.

— Ese impresentable me ha...

— ¿Te está incomodando esta chica, Jack? – pregunta el armario empotrado, al parecer se conocen. No puedo tener más mala suerte.

— Lo cierto es que sí, esta tipa lleva un rato molestándome.

— No digas más – contesta y me mira – vamos fuera.

El segurata hace amago de irme a agarrar para sacarme del local.

— No hace falta, ya me iba – digo intentando sonar digna, pero aún así el tipo me acompaña empujándome el hombro. Me volteo una vez solo para ver al engreído con una sonrisa victoriosa resplandeciente (si no fuese por el segurata se la borraba).

Mientras me conduce a la salida veo decenas de ojos clavados en mi, hasta que doy con un rostro que reconozco, Clare me mira mientras se abre paso entre la gente para llegar a mí.

— ¿Qué diablos ha pasado?

Quizás sea por mi expresión o por la situación que no hace más preguntas hasta que estamos fuera.