Al compás de una canción

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Sinopsis

Vivían y Gael enfrentan una relación prácticamente imposible. En el pasado, compartieron una amistad, un romance, y una carrera, pero hoy en día pueden considerarse rivales. A pesar de haber consolidado sus carreras por separado, la vida los ha unido una vez más, reviviendo sentimientos que nunca expresaron en el pasado. Doce años después de su dolorosa separación, se encuentran de nuevo en la ciudad donde todo comenzó. Gael ha alcanzado la fama como guitarrista de una banda de rock, mientras que Vivían es una talentosa solista, a pesar de su odio mutuo, el rencor y los secretos, la vida les da la oportunidad de reescribir su historia de amor y crear una sinfonía que fluya armoniosamente.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Yeri Quiroz
Estado:
En proceso
Capítulos:
16
Rating
4.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
16+

o b e r t u r a



VIVIAN



Me pasaba cada noche antes de salir al escenario, antes de que comenzara cualquiera de los conciertos pasaba, mis recuerdos hacían huelga y se apretujaban uno contra otro recordándome de forma dolorosa aquello que por años había intentado olvidar.

—¿No odias escuchar esa música? —me había preguntado, y en mi mente mantenía fresco el recuerdo de su figura recostada en el banco del piano—. A mi me da una pereza, que ¡Dios mío! Podría hasta tomar la siesta.

—A mi me gusta —había dicho, una y otra vez teníamos esa conversación—. Scheherazade es una de mis composiciones preferidas —insistí, cuando él se movió del banco solo para darme una mirada incrédula—. Algún día voy a dirigirla al frente de una maravillosa orquesta.

Dolía especialmente recordar eso, que nuestros destinos parecían tan lejanos desde el comienzo que pese a tener tal destino en frente nunca lo tomé muy en serio.

—Y mientras tu das conciertos aburridos en un teatro con maravillosa acústica, yo estaré abarrotando estadios con mi banda —predijo con convicción.

Nunca había tomado muy en serio sus promesas, esas bromas acerca de que nuestros destinos involucraban música pero en lados opuestos, y por ende nunca me había preparado para verlo suceder.

—Si solo usaras tu talento en algo más que sacar las melodías de las canciones de The Doors —me quejé, pero le sonreí a la vez—. Tienes un oído impresionante.

Prácticamente tenía lo que en música llamamos oído absoluto, además de memoria eidética, talento que yo le envidiaba y que en una carrera como la nuestra resultaba más que útil, pero contrario a mi, que amaba hasta la médula las viejas melodías clásicas, él amaba la música nueva y soñaba con llegar al público de una forma diferente.

—Y tu una voz preciosa, pero no estoy diciéndote todos los días que deberías ser la vocalista de mi banda y no una aburrida pianista —renegó.

—Tu crees que tengo una voz preciosa —solté una carcajada y terminé de cerrar mi mochila—. Y quién dice que no cante contigo un día, si te portas bien, podrías convencerme—él sonrió más ampliamente—. Venga, tengo hambre, llévame a la cafetería.

Si me esforzaba en cerrar los ojos, lo recordaba, el tacto de sus manos en mis mejillas, su mirada de un suave color avellana y ese aroma tan característico de su loción.

—¿Ya te dije hoy lo talentosa que eres? —le oía preguntar en mis recuerdos—. Vamos, puedes meter tus manos en mi bolsillo, ¿olvidaste los guantes, no? Odio que hagas eso.

—Bah, no empieces a regañarme, tu nunca los usas.

—Yo soy descuidado, tu eres frágil y hermosa, debes cuidarte más que yo, yo entro en la categoría de asno —decía, él me hacía reír, me hacía reír con una facilidad que me preguntaba si por él es que a la actualidad casi no sonreía—. ¿Cuándo es tu examen?

—La siguiente semana ¿pusiste atención a mi interpretación? ¿qué opinas?

—En técnica eres impecable, yo solo diría que un poco de sentimiento no viene mal, sabes que la música debes sentirla —insistió, bajando conmigo los escalones—. No eres un robot.

—Si, lo sé —solté una risita y apreté mi agarre en su brazo—. Podría obtener el lugar para el Conservatorio Nacional.

Ese recuero me dolía especialmente, y mi subconsciente parecía querer revivirlo siempre, o con insistencia las noches de concierto.

—¿Siempre caminos separados, no Vivian? —entonces esa me había parecido una pregunta tonta.

—No seas tonto, siempre estaremos juntos —le había dicho como toda ingenua—. Hemos sido los mejores amigos desde siempre, sabes que será así aunque tu llenes estadios y yo dirija orquestas.

A veces no confiaba en mi memoria, no confiaba en si al oírme decir aquello había sonreído, o si la sonrisa que dibujaba mi mente era porque no había tenido lugar y yo simplemente no había querido verlo.

—Yo sé, lo único que se interpone entre tu y yo, siempre será la música —alegó, pero entonces no le creí.

—No se interpone, solo, amamos la música tanto como nos queremos —admití algo nerviosa, porque en ese momento me parecía una locura ver a Gael como algo más que mi mejor amigo, mi confidente, mi Gael—. Y seguirla del modo en que la amamos nos llevará a escenarios diferentes, a públicos opuestos quizá, pero no cambiará lo que somos —aseguré—. Al menos sé que a mi el hecho de interpretar Rachmaninov no hará que te quiera menos —bromeé.

Ahí el volvió a sonreír, casi de manera genuina, para ese entonces nuestros destinos ya estaban escritos.

—Siento interrumpirla —la puerta de mi camerino se abrió, sacándome del bucle de pensamientos—. Es hora.

Me di un ultimo vistazo en el espejo, recomponiendo en un parpadeo la mirada cristalina y el rubor inapropiado, todo eso se desvaneció y me puse de pie.

—Ah, querida, estamos listos ¿por qué tardas? —Elías apartó a la joven del staff y se acercó a observarme—. Buena elección, ese vestido me gusta.

—Parece una tontería que te preocupes por eso —tomé la pequeña toalla que me ofrecía la chica y avancé por el pasillo.

No presté atención a su parloteó hacía el escenario, seguramente estaba enlistando la prensa presente, en lugar de oírle, volví a sumergirme en mis memorias.

Crees que un día llene salas de concierto, ¿de verdad lo crees, Gael?

No sabía porqué pero ese recuerdo seguía clavado en mi memoria, podía oír su risa ante mi pregunta, podía sentir sus brazos rodeándome, podía oír su voz:

Llenarás las salas más grandes de cada país a donde vayas, serás la mejor, la más aplaudida, la más virtuosa su voz había sido sincera, terminante y un poco más suave cuando añadió—. Serás la más hermosa.

Di un suave asentimiento al director de la orquesta cuando me encontré con él a un costado del escenario, el gesto firme entre sus cejas era un claro recordatorio de que esa sala de concierto no era cualquiera y la orquesta que dirigía tampoco.

Elías finalmente se esfumó y esperamos hasta que la luz roja anunció la salida del director y los aplausos no se hicieron esperar.

Uno.

Dos.

Lo dices porque te gusta tomarme el pelo recordé haberle dicho.

Cuatro.

Cinco.

Lo digo porque lo creo.

Siete.

Ocho.

Nueve.

—Y tu serás una estrella de rock, lo sé le había dicho.

La luz titiló en verde y salí al escenario, el director hizo un gesto hacía mi dándome la bienvenida a su orquesta y yo saludé al publico que me aplaudía con una pequeña inclinación.

Y para cuando tomé mi lugar frente al piano, el recuerdo finalmente paró.


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