Heal |DabixLectora|

Sinopsis

Dabi es un héroe, ella una quirkless. Estuvieron separados durante cuatro años por miles de kilómetros y también por un malentendido, pero vuelven a encontrarse una noche. Los sentimientos siguen ahí, el amor está tan vivo como sus corazones, pero ambos necesitan sanar y lo harán juntos.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Daynight

Cada mañana despertaba con la respiración agitada y con el cuerpo empapado en sudor. Llevaba a penas tres semanas de regreso en su departamento y aún así seguía teniendo miedo de abrir los ojos y encontrarse en aquel estúpido cuarto de mala muerte que la Liga de Villanos le había ofrecido como su "habitación".


El tic tac del reloj le hacía sentir más relajado, le recordaba que ya no estaba en aquel sitio y que ahora todo iría mejor.


Su terapeuta lo llamó "estrés postraumático". Dijo que era normal que tuviese secuelas psicológicas después de haber estado viviendo por años bajo circunstancias deplorables junto a la Liga, y sobre todo por la enorme culpa con la que el pelinegro vivía día tras día.


Y aunque él intentaba fingir y hacerse el fuerte, sentía que en el fondo se estaba derrumbando. Sin embargo, aún y con esa ola de sentimientos que lo golpeaban diariamente, despertaba con la misión de cumplir su objetivo; ser un héroe y salvar vidas.


Se quedó ahí recostado mirando el techo, regularizando su respiración y limpiando el sudor de su frente. Con cuidado, pasó por su rostro la manga larga de la camisa de dormir, cuidando que esta no se enganchara con las grapas que sujetaban los parches a su piel.


Giró un poco la cabeza para observar el reloj minimalista que los secuaces de la agencia de Hawks le habían obsequiado por su regreso. Marcaba las 8:45, el cielo gris de Musutafu se reflejaba a través del enorme ventanal que estaba frente a la cama del pelinegro, anunciando una probable lluvia próxima y de los finos labios del ojiazul se escapó un bostezo.


Seguido de haberse estirado en la misma posición en la que estaba, se puso de pie para dirigirse al cuarto de baño y cepillar sus dientes. Hoy tenía cita con el estúpido cirujano plástico que Mirko le recomendó, puesto que durante una reunión con otros héroes, Fatgum le aconsejó frente a sus amigos que debía deshacerse de sus parches para volver a su vida "normal".


Y Dabi le respondió rodando los ojos. Su vida no era normal, y jamás lo sería.


Desayunó un cuenco lleno del poco cereal que quedaba. El departamento estaba en completo silencio y podía escuchar un zumbido en sus oídos ante tanta tranquilidad. ¿Así serían sus días siempre?


Probablemente las cosas serían diferentes si no hubiese sido un imbécil con la única persona de su vida que había sentido amor real por él. Y no un amor cualquiera, sino uno auténtico.

Al principio estar por su propia cuenta no era algo que le preocupara al contrario, consideraba estar acostumbrado a ello ya que así fue como vivió después de despertar del coma hace años.


Pero ahora que el tiempo había avanzado, de cierta forma alcanzó un tipo de madurez que le hizo darse cuenta del semejante error que había cometido y del cual se arrepentía.


Y se preguntaba una y otra vez si de no haber cometido esa estupidez, ¿___ estaría aquí para llenar su vida de felicidad?


El cirujano plástico le había realizado distintos tipos de pruebas para determinar si era candidato viable para la cirugía que planeaba hacerle. Dabi no podía hacerse a la idea de despedirse de la apariencia que tenía ahora, ya estaba acostumbrado.


Y volver a verse como antes, era algo de terror.


Se hacía más o menos una idea de cómo luciría, bastaba con basarse en las selfies que su hermano Natsuo subía para darse cuenta. A veces la curiosidad de saber como estaba su hermano favorito le ganaba y en secreto espiaba sus redes sociales. Siempre fueron muy parecidos y sobre todo, de los cuatro hermanos Todoroki, ellos dos eran los que más se parecían a Enji.


Y volver a lucir así como él, le aterraba.


—Los injertos de piel te devolverán la apariencia que tenías antes de sufrir las quemaduras, podemos realizar la cirugía el mes próximo.


Dabi estaba perdido en sus pensamientos, ignorando lo que el hombre con bata blanca le decía. Luego reaccionó cuando escuchó el chasqueo de los dedos del doctor cerca de su oreja.


—Dabi, ¿Si me escuchaste?


—Si, perdón —aclaró su garganta —¿Cuánto sería el tiempo de recuperación?


—Un par de meses, eso depende de que tan bien responda tu cuerpo —el hombre se detuvo —.Sin embargo, el único problema es que...


—No podré usar mi quirk en ese tiempo —Dabi completó la oración.


El cirujano asintió.


Vivir temporalmente sin poder darle uso a su don era algo que representaba un enorme peligro para la vida de Dabi, y él era consciente de ello. Si aceptaba, tendría que vivir durante esos meses bajo el cuidado y custodia de otra persona. Y no había quien lo hiciera voluntariamente.


No contaba con el apoyo de su familia, y la razón era más que obvia. Ni siquiera estaban enterados de que él seguía con vida ni mucho menos sabían de su identidad. Así que contar con ellos no era una opción.


Tendría que pagarle a alguien que cuídase de él y la mera idea lo hacía sentirse inútil e insuficiente.


Un trauma más que agregar a la lista.


—Aunque ve el lado positivo —agregó el médico —.Con el avance de la ciencia y la medicina, tu nueva piel será mucho más resistente y no volverás a sufrir esas horribles quemaduras.


Eso sonaba tentador. Podría utilizar su peculiaridad sin limitaciones como lo ha hecho toda su vida. Sería un héroe con toda la extensión de la palabra, y podría verse como una persona común y corriente como el resto del mundo.


No recibiría más miradas curiosas de las personas que no lo conocían o que no estaban familiarizados con su apariencia. Sería algo genial.


—En ese caso, hagamoslo lo más pronto posible —respondió con entusiasmo.


Después de agendar la fecha de la cirugía, estrechó su mano con la del cirujano y salió del consultorio.


El resto de la tarde estuvo realizando las compras de la despensa, tanto su refrigerador como su alacena estaban vacíos y si quería sobrevivir a los próximos días, necesitaría comida.

Dentro del comercio, algunos clientes lo reconocieron y pidieron tomarse fotografías con él, por lo que tuvo que aceptar.


"

Ahora que estás ganando popularidad también ganarás fans. Así que debes aprender a ser amable y a interactuar con ellos."


Para Keigo era demasiado fácil decirlo, pero para Dabi era muy difícil hacerlo. Sonreír forzosamente en las fotografías, ser cordial y saludar siempre con amabilidad se le dificultaba todo el tiempo.


Hubo una época en su vida donde ser una persona amable le salía al natural.

Ser cariñoso, dar muestras de afecto y sentir amor en su cuerpo y alma formaba parte de su vida.

Pero por ahora esa era una versión de él mismo que quedó guardada en un baúl, cuya llave se encontraba a miles de kilómetros de distancia, en otro continente, en otra ciudad y con otra persona.


Terminó de guardar las compras en su respectivo lugar, sintió su celular vibrar en el bolsillo de sus jeans y leyó el mensaje que acababa de recibir.


Keigo

:

¿Ocupado?


Dabi

:

No, ¿por qué?


Keigo

:

Daynight, hoy 9:00 p.m. ¿okey?


Dabi se quedó inmóvil leyendo el mensaje. No tenía ganas de salir hoy, de hecho planeaba quedarse hundido en el sofá de la sala viendo películas y comiendo las botanas que recién había comprado.


Lo típico de sus viernes por la noche.

Pero comenzaba a agotarse de la monotonía de sus días, así que decidió decir que si.


Dabi

:

Bien.


Keigo

:

¡Genial! Paso por ti a las 8:30 😁


Dabi

:

👍


Dabi

:

Una disculpa, error mío🖕


En punto de las 8:30 de la noche un auto deportivo rojo se detuvo al pie de la acera del edificio donde Dabi vivía. De el auto salió Keigo con una sonrisa satisfactoria y una expresión en su rostro mostrando lo contento que estaba con su más reciente adquisición.


Las personas que caminaban por la acera miraban el auto sin disimulo y luego señalaban al rubio alado al mismo tiempo que murmuraban.

Dabi lo miró sin expresión alguna, era típico de él llegar llamando la atención.


Se acercó a la puerta del copiloto y antes de siquiera abrirla, Keigo lo detuvo chistandole.


—Hey hey, alto ahí costra –exclamó.


—¿Qué?


Keigo le arrojó las llaves, las cuales Dabi atrapó sin ningún problema gracias a sus mejorados reflejos. Las miró con confusión sin entender el porqué del comportamiento tan extraño de su amigo.


—Tu conducirás —demandó Keigo.


—Como digas.


Intercambiaron lugares y una vez en el interior del auto, Dabi notó que sobre el tablero había una revista, la tomó entre sus manos y pudo ver que en la portada había una enorme fotografía de Enji.


Miró a Keigo con desagrado, el fanatismo de su mejor amigo estaba llegando demasiado lejos.


—¿En serio? —cuestionó arrojando la revista a la parte trasera del auto.


—¿Qué tiene? La portada decía 10 cosas que no sabías de Endeavor y yo tenía que averiguar si conocía esos datos —se justificó.


—Eres un idiota —respondió el ojiazul —Y a todo esto, ¿Por qué compraste un auto si puedes volar?


Keigo se encogió de hombros.


—No sabía en que más gastar mi dinero.


Dabi bufó.


—Bueno, gastar tu dinero a lo imbécil siempre ha sido tu talento.


Puso en marcha el auto y no dijo nada más.


El trayecto al bar Daynight fue de apróximadamente 10 minutos gracias al poco tráfico de esta hora. No entendía bien el porque Hawks había elegido este lugar para venir si tenía una malísima reputación.

O bueno eso escuchó en las noticias.


Aunque también era conocido por las fotografías ridículas que los encargados del lugar le tomaban a sus clientes cuando subían al escenario para las competencias de karaoke. Las había visto en internet y se pegó unas buenas carcajadas con ellas.


Habían demasiadas personas en el interior del bar. La barra estaba a nada de desbordarse por tantas personas que estaban ahí bebiendo de sus copas como si su contenido fuese agua.

Y Dabi no los juzgaba porque él hacía exactamente lo mismo.


Los meseros caminaban de aquí para allá a toda velocidad y las mesas estaban completamente llenas.

Miró con desagrado a la multitud, seguramente terminaría tal cual como escuchó decir a una chica: "engentado".


—Ven, Mirko está por acá —dijo Keigo estirando a Dabi de su chaqueta.


Lo siguió caminando detrás de él.


Cerca del escenario, Mirko estaba sentada acompañada de Yu y otra persona que no conocía, un tipo que miraba embobado a la rubia y que sostenía una botella de lo que parecía ser tequila.


—¡Hey, por aquí! —exclamó Mirko.


Ambos jóvenes se acercaron a la mesa y luego de saludar a los presentes, tomaron asiento.

Dabi no dejaba de mirar incómodo al idiota que estaba a su lado y que casi estaba babeando por la rubia.


—Pensé que no vendrían –dijo Yu.


—¿Por qué no vendríamos? –respondió Keigo.


—Por su impuntualidad, tonto —se quejó.


Ay no,

pensó el pelinegro.


Ese par en cuanto intractuaban, comenzaban una guerra que además de ellos dos, Dabi sabía como terminaba. Ambos al ser de personalidades tan narcisistas, tendían a chocar.


Y no solo sus personalidades chocaban, sino también sus cuerpos cuando se daban sus buenos encerrones en los sanitarios de los bares a donde iban o en la casa de alguno de los dos. En fin, lo que estuviese más cerca o disponible.


Mirko al igual que Dabi los escuchaba atenta, pero esta decidió conversar con el pelinegro sobre cómo se había sentido últimamente y si ha tenido mejoras con su terapeuta.


—Me siento mucho mejor —mintió.


Utilizó las palabras adecuadas para que su amiga no se alarmara por él, y aunque la expresión en su rostro parecía la de alguien que no cree lo que le están diciendo, terminó confiando él.


—¿Si fuiste con el cirujano que te recomendé? —inquirió la morena.


Dabi asintió.


—Mi cirugía será pronto.


—¿En serio?, ¡Eso es grandioso! —exclamó la mujer alzando su copa —Brindo por tu salud, querido carboncito.


Dabi unió su copa a la suya, aceptando el brindis.


—Pronto dejaré de serlo.


La velada se volvió más divertida conforme el alcohol surtia efecto en sus sistemas. La escaladosa risa de Mirko hacía que el estómago de Dabi doliera por tanto burlarse de ella. Su risa era de esas contagiosas y bastante bastante ruidosa, sonaba como si tuviese un ser maligno en su interior.


Por otro lado, Keigo parecía estar a nada de perder el sentido. Fue quien más bebidas ingirió al igual que Yu. Ambos estaban abrazados intentando seguir la letra de la canción que los tipos sobre el escenario cantaban terriblemente.


Y el tipo del cual Dabi no conocía su identidad había juntado dos sillas y se quedó dormido.


Una, dos, tres rondas más de bebidas fueron servidas por el mesero. Si fuera por Dabi, se tomaría hasta diez rondas más, pero ante el estado de su estúpido amigo tenía que controlarse puesto que él iba a conducir para llevarlo a casa.


Mirko estuvo insistente con Dabi pidiéndole que subieran al escenario a cantar algo, pero el chico se negaba por dos razones:

1. No sabía cantar.

2. No quería que una fotografía de él cantando circulara en internet.


—Anda, vamos –insistió.


—Que no, si quieres sube tú —le dio un gran sorbo a su bebida, este era el último.


—¡Bien! –exclamó rendida.


Caminó en dirección a donde estaba el encargado del orden de presentaciones del karaoke y Mirko recibió una tarjeta con un número en ella. Dabi pensó que al ser la héroe número cinco le darían prioridad y la dejarían subir en cuanto antes, pero no.


Terminó en espera.


Mirko regresó a la mesa colocando su tarjeta sobre la mesa con el número 13 grabado en ella y Dabi la miró alzando una de sus cejas.


—¿Qué... qué vas a cantar, Mirkull?– preguntó Yu entre dientes.


—Es sorpresa –respondió ignorando que la rubia dijo mal su nombre de héroe.


Esto comenzaba a volverse emocionante, sería divertido ver una fotografía graciosa de su amiga por todos lados. Y al ser alguien tan popular, seguro se volvería una sensación y una buena fuente de memes para las páginas de sus seguidores.


Los que subían al escenario cantaban horrible. Dabi de vez en cuando cubría sus oídos ante los sonidos tan irritantes que eran expulsados de las grandes bocinas que estaban cerca de ellos.


Aunque bueno, agradecía estar cerca del escenario porque así podía ver con claridad desde su asiento y criticar como si él fuese un experto en música.


De nueva cuenta su celular volvió a vibrar en su bolsillo, lo sacó para revisar quien era y notó que un número desconocido había intentado llamarlo. Probablemente había sido una equivocación ya que la llamada sonó una sola vez.


Inexplicablemente un vago recuerdo de su memoria apareció en su mente al escuchar la canción que estaban cantando, esa era la canción que ___ siempre ponía cuando cocinaba y bailaba ridículamente. Aunque a él le parecía adorable.


Sonrió ante el recuerdo.

Prestó un poco de atención a la letra y en murmullos de vez en cuando la seguía.


Tú y yo seremos jóvenes para siempre


Por lo que sus oídos le permitan apreciar, las chicas que estaban ahora cantando lo hacían mucho mejor que todos los anteriores participantes.

Ya era hora de que alguien lo hiciera bien, pensó.


Me haces sentir como si estuviera viviendo un sueño adolescente


Continuó vagando en su celular intentando averiguar de quien era ese número. Le pareció bastante extraño recibir una llamada a estas horas de la noche y sobre todo, con una lada que no era de Japón.


— ¡Maldición, amo esa canción! – exclamó Yu al mismo tiempo que seguía la letra y Keigo le hizo segundas al igual que Mirko.


La forma en que me enciendes


—A la mierda —murmuró Keigo.


Dabi detuvo su investigación para voltear a ver a su amigo tras escuchar un tono distinto en su voz. Guardó el celular en su bolsillo y le golpeó el hombro al rubio, preguntando que es lo que pasaba.


No puedo dormir


—¿Qué? –preguntó el pelinegro.


Keigo no respondió, únicamente señaló con su dedo índice al escenario mientras que en su rostro la impresión estaba reflejada a niveles impresionantes. Dabi rodó los ojos, ¿Qué mierda estaba viendo?


Con la mirada siguió la dirección a donde su amigo estaba apuntando y vio a dos chicas sobre el escenario bailando y cantando alegremente la canción.


Vamos a huir y nunca mirar a atrás


La silueta de una de las chicas cubría por completo a la otra, quien era más bajita de estatura. La que más resaltaba por su estatura era la pelirroja de piel blanca, casi como la nieve y se movía de aquí a allá tapando a la otra de la vista de Dabi.


Así no iba a poder criticar a gusto.


Mi corazón se para cuando me miras


Fue entonces que la pelirroja en uno de sus pasos de baile dejó a la vista de Dabi a la otra chica, una castaña de piel aperlada que se movía al ritmo de la música y que sostenía el micrófono como si se le fuese a caer.


Pero no era el micrófono lo único que estaba en riesgo de caer al suelo, sino también la mandíbula de Dabi por la impresión.


Solo una caricia

Cariño, ahora creo que esto es real


De no ser por el golpeteo que Keigo estaba dándole a Dabi en el pecho, juraría que esto se trataba de una ilusión.

Ella estaba ahí, realmente ahí.


Una persona de carne y hueso, no un fantasma.


Sus mejillas estaban rojas por el esfuerzo del baile y probablemente por los nervios que estaba experimentando en este preciso momento al estar frente a tantas personas, tal cual como se ponía cuando hacía sus presentaciones de música clásica en la preparatoria.


Así que aprovecha la oportunidad y nunca mires atrás


La piel de su rostro estaba brillante por el sudor que expulsaba su cuerpo ante el esfuerzo y sus labios se movían con elegancia entonando la letra de la canción.

Su largo cabello danzaba armónicamente con sus movimientos y unos cuantos mechones rebeldes se escapaban después de que ella intentaba acomodarlos detrás de su oreja.


Quería ir y subir al escenario.


Tocarla para asegurarse de que realmente era ella y no uno de esos tantos sueños que tuvo después de que ella se marchara.

Simplemente quería corroborar que su mente no estaba jugandole sucio, no podía ser una ilusión.


No lo toleraría.


La letra de la canción había terminado y justo antes de que el sonido se detuviera, ambas chicas giraron sobre su propio eje para finalizar su presentación con una reverencia.

Los aplausos no se hicieron esperar. Lo habían hecho maravilloso. Y no lo pensaba solo porque se trataba de ___, sino porque esa era la verdad.


Las dos miraban sonrientes a la multitud de presentes que aclamaban otra canción interpretada por ellas. La castaña y la pelirroja intercambiaron miradas y luego hicieron contacto con el DJ encargado de las pistas, quien respondió alzando su pulgar aprobando la petición del público.


La pelirroja se acercó al DJ para pedirle la siguiente pista y la castaña recorrió al público con la mirada con entusiasmo, pero dicho entusiasmo se congelaría en el siguiente segundo.


Y de repente, los ojos azul zafiro de Dabi estaban haciendo contacto con los ojos esmeralda de la castaña. Tal cual como no lo habían hecho en años, tal cual como lo hicieron esa última vez en la habitación de la chica justo antes de que ella se marchara al otro lado del mundo.


Un escalofrío recorrió el cuerpo del pelinegro y de sus labios solo pudo escapar un murmullo, una palabra, un nombre que en todo este tiempo no pudo eliminar de su mente.


— ___...