Prólogo
Perdonar a otros es muy fácil. Perdonarse a uno mismo, es imposible. La redención puede venir de las manos menos esperadas, incluso, de aquellas que no pertenecen a la persona a la que le fallaste.
El perdón tiene muchas caras y ese fue mi caso. Encontré el perdón en los lugares menos pensados, y, sin embargo, me negué a él.
Mi culpa era gigantesca. Mi error, garrafal. Entonces, ¿Existía disculpa posible para mí? ¿Encontraría la redención en su corazón?
Mi dulce amor, te he arrastrado a un destino mucho peor que la muerte ¿Por qué decidiste permanecer a mi lado?